Todos comentaban acerca de que era la primera vez que veían al famoso Tsuruga Ren, terminar haciendo el oso, y en consecuencia, como en muchos lados se dice, siendo el "privilegiado" receptor de burlas, comentarios y chismes que circulaban por toda la empresa. Debido al ranazo, trastazo, o como se le quiera nombrar, que el actor número uno se había dado, cuando, como hombre que era, y no fue el único, se quedó embobado viendo las piernas de su kohai. Y, es que siendo sinceros ¿quién no se asombraría al verla así vestida? Traía puesto un vestido negro de chifón con falda de guipur a medio muslo, una chaqueta de media manga beige con detalles cafés oscuros y zapatos de tacón del mismo tono que la chaqueta, con bolso a juego. Deslumbrante era la palabra que mejor la describía. Era la primera vez que veían a la joven con un atuendo como ese y maquillada tan natural que muchos comentaban lo hermosa que se veía. Si antes ella pasaba desapercibida era algo que nunca más sucedería. Estaba rodeada de varios jóvenes que, atraídos por su belleza pululaban a su alrededor, como abejas a la miel. Situación que no fue para nada bienvenida por el actor peli castaño, pues era para todos sabido, la forma que últimamente sobreprotegía a su kohai. Y verla rodeada de leones hambrientos habría sacado de sus casillas hasta al mismísimo Buda.
Kyoko, al verlo caminar hacia ella, le dirigió una enigmática sonrisa, que fue lo que en realidad propició el tan chismorreado accidente. Al sonreírle ella, Ren se quedó tan embobado en su expresión, que no se fijó en la cubeta y el trapeador que estaban en su camino y por más que su mánager intentó por todos los medios tratar de evitar la caída o aminorar el golpe, no tuvo éxito en su cometido, lo que ocasionó que el joven actor terminara en el suelo, empapado hasta los huesos, en un charco de agua jabonosa y con el trapeador de peluca. Kyoko, al ver a su senpai en semejante guisa, se dirigió a toda prisa hacia él, siendo detenida en el momento por el joven actor obviamente molesto, diciéndole que quedara donde estaba si no quería resbalar y terminar en el suelo con él debido al agua jabonosa. Al levantarse, con el orgullo más que quebrantado, se dirigió hacia los sanitarios con tal humor que quien pasaba cerca de él veía salir ciertas volutas de vapor de sus orejas y podía jurar que murmuró algo así como: "lobos detrás de un suculento corderito. ¿En qué lío me he metido?"
Su mánager siempre precavido, corrió tan rápido hacia el carro de Ren, por un cambio de ropa para su representado, que en el área de estacionamiento, el vigilante vio cómo una mancha borrosa medio rubia abrió y cerró tan rápido la cajuela del carro del actor, jura y perjura que se trataba de un fantasma. Habiéndose medio secado Ren en el baño, él y su mánager decidieron hacerle una visita al presidente de la compañía para abusar de su confianza y hacer uso de su baño personal que contaba con regadera. A quien sin duda ya le habían llegado los chismes de la aparatosa caída de Ren y su motivo. Al salir el joven bañado y cambiado, vio que en la sala lo esperaban sentados el presidente y su mánager muy entretenidos viendo algo en el celular del primero y aguantándose las carcajadas. Ren se acercó a ellos para enterarse de lo que los tenía a ambos tan absortos solo para percatarse que estaban viendo un video de su lamentable caída.
—Ren, cuando una vez te dije que no existía ningún chisme relacionado a tu vida amorosa, no me refería a esto precisamente —le decía mientras se limpiaba una lágrima del rostro completamente enrojecido por la risa.
—Presidente, no creo que mi caída sea motivo de risa —contestó muy enojado. No se la iba a acabar tan fácil. Pasarían semanas completas donde él sería motivos de cuchicheos y chismorreos por los pasillos y a sus espaldas.
—Tendrás que disculparme, Ren. Pero "esa" caída, sí es motivo de risa. ¿Me quieres decir con qué diantres te distrajiste tanto como para caerte así? Tú, el famoso y tranquilo Tsuruga Ren, que nada lo perturba, siempre tan confiado en sí mismo, terminó en el suelo en un charco de agua usando un trapeador por peluca, ¿y me dices que no es para reírse?, —dijo entre carcajadas. Ren solo volteó para otro lado para evitar contestarle algo de lo que después se arrepentiría. Ese era el hombre que lo había protegido desde que llegó a Japón y aunque era como un segundo padre para él, había ocasiones como esas, en las que preferiría verlo pero colgado de los pulgares.
—Presidente, si no tiene nada más que decirme, nosotros nos retiramos. Tengo un trabajo que hacer y apenas llegaré a tiempo —dijo mientras se ponía en pie.
—Ren, cuando termines tu trabajo, vendrás a verme. Me interesa mucho el motivo por el cual te caíste. Porque creo entender que tiene que ver con uno de mis miembros de la sección Love-Me ¿o estoy equivocado? —la voz con la que se dirigió a él no dejaba espacio a ninguna réplica.
—Presidente, bien sabe ya por qué me caí, ¿entonces de qué quiere que hablemos? —enfadado, le contestó por primera vez, dando a entender que desobedecería sus órdenes.
—Lo que quiero saber es el motivo de que Mogami-kun sea ahora el tema de conversación. ¿A qué se debe el cambio en su vestuario? Que la verdad se ve muy hermosa, Ren, y si no te apuras, ahora que ya muchos se han dado cuenta de su belleza te la arrebatarán —el presidente estaba tan concentrado en su parlamento que casi no se dio cuenta de que Ren murmuró un "dígame algo que yo no sepa" y un "por favor déjeme de torturar, haciéndome imaginar más cosas de las que ya lo hago"—. Porque no solo es el cambio de vestuario, sino según he oído es más un cambio de actitud, se la ve más confiada y segura en sí misma, casi como tú en femenino. Le oí a los de contabilidad esta mañana que se veía muy seductora —dejó caer las palabras como quien no quiere la cosa para ver la reacción de su discípulo. La cual no se hizo de esperar, los rojos intensos de su rostro indicaban desde un enfado hasta el grado máximo de celos que podía existir en el universo entero. Porque si Ren creía que él no estaba enterado de que ambos actuarían en el nuevo dorama del director Ogata, estaba muy equivocado. Él siempre estaba al pendiente de su pareja favorita, aunque ellos aún no lo supieran que lo eran. A todo esto, Yashiro permaneció calladito, casi invisible, no deseaba que esos dos gigantes se acordaran de su existencia o sería él el perjudicado. Si por él fuera, se habría escurrido durante la plática hacia la parte de afuera de la oficina y esperaría a Ren en la sala exterior. Pero lo que no se esperaban al salir de la oficina, fue encontrarse a la culpable de sus noches en vela, de sus múltiples duchas frías y de su embarazosa caída.
—Ren, te estaba esperando. Me quedé preocupada ¿estás bien?, ¿no te lastimaste?
—Buenos días, Kyoko, ya casi tardes... —si el golpe no lo había atontado, verla así sí lo había hecho. Estaba despampanante y no le agradaba nada. No le agradaba que alguien más pudiera ver sus largas piernas torneadas por esos zapatos de tacón. No le gustaba que cualquiera viera lo hermosa que estaba.
—Ren —esta vez fue Yashiro quién le habló.
—...
—¡Ren! —subió el tono de su voz un poco sin llegar a gritar, lo que menos quería era llamar aún más la atención del personal de la empresa. Mucho tendrían que hacer Takarada-san y él para que el video no se difundiera a los medios de comunicación. A decir verdad, el presidente ya se estaba encargando de eso personalmente. Pero aun así, era su deber no dejar que su representado metiera más las cuatro.
—¿Sí?, ¿decías? —contestó aturdido.
—Kyoko-chan te estaba preguntado cómo te sentías —repitió moviendo negativamente la cabeza, si su joven amigo seguía pensando con la que no era, estaba en aprietos.
—Perdón, Kyoko. Estoy bien. No fue gran cosa. Solo tendré que soportar las bromas a cuesta. Por cierto te ves muy hermosa el día de hoy —la sonrisa que ella le regaló hizo que todo por lo que había pasado valiera la pena. Yashiro se fue alejando discretamente para darles a esos dos un poco de espacio pero no tanto como para no poder escuchar y estar atento por si alguien venía.
—Yo, yo... yo solo quería que tú te sintieras orgulloso de mí, Ren. Que vieras que he ido aprendiendo algo de lo que me has estado enseñando. Que debido a las clases de modelaje que me diste puedo portar con gracia y elegancia la ropa que me ayudaste a elegir para mí. Quiero que la gente me vea y vea que soy una kohai que crece y es digna de admiración. No quiero defraudarte —"quiero que me veas a mí, que te enamores de mí" fue lo que pensó. El leve sonrojo que apareció en su rostro en ese momento hizo que Ren sintiera ganas de tomarla entre sus brazos y besarla hasta que los dos desfallecieran. ¿Defraudarlo? Eso nunca sucedería, al contrario, él estaba muy orgulloso de ella. Kyoko era un diamante raro, único en su categoría.
—Yo ya estoy muy orgulloso de ti, Kyoko. Eres una mujer increíble. Desde que te conocí no has dejado de asombrarme. Aunque hubo momentos en los que no nos llevábamos bien, siempre admiré tu tenacidad, tu fortaleza, el hecho de que nunca te rindes, de estar dispuesta a dar siempre más. Pero más aún am... admiro tu bondad, tu capacidad de perdonar, tu franca sonrisa. Pero es tarde, debo irme, Kyoko. —Tonto, re-tonto y más tonto, estuvo a punto de decirle que la amaba. ¿Pero dónde diablos tenía ese día la cabeza? Y sin darle tiempo a responder, se dirige a su mánager y dice:
—Yashiro nos vamos. No deseo agregar a este día que sea la primera vez que llego tarde a un trabajo —y dándole un ligero beso en la mejilla, se despide de la chica, dejándolos a ella y a su mánager atónitos ante sus palabras y muestra de afecto en público, aunque nadie los había visto, Kyoko no sabía si Ren era consciente de ese hecho. Era la segunda vez que él la dejaba anonadada. Yashiro aún con la boca abierta y volteando a ver como su representado caminaba de prisa, por no decir que estaba huyendo de la escena del crimen y dejaba a la chica, iba tras él.
