Aclaraciones: Las cursivas son recuerdos o flashbacks, y las frases subrayadas son frases exactas del manga real.



Capítulo 10: El ladrón y la asesina

Ya eran las nueve de la noche cuando un inmenso escalofrío recorrió la tez de Hiroshi Agasa al leer la breve y absurda carta del ladrón más perspicaz e inteligente de nuestros tiempos. El astuto timador se había llevado el antídoto que tanto ansiaban encontrar y que les devolvería el cuerpo a Shiho y a Shinichi. Habían esperado tanto tiempo en encontrarlo, que perderlo en estos momentos significaba el fracaso, la desesperación, y daba una sensación de impotencia por no poder hacer nada por sus amigos. Sin embargo, Kid había dejado el veneno original sobre la mesa llevándose solamente el antídoto.

Lo que más le fastidiaba al anciano era eso, no poder ayudar a su amigo Shinichi. Él había sido la única persona con la que podía hablar tranquilamente, su único amigo junto con Shiho. Agasa no podía soportar la impotencia que suponía no poder desarrollar el antídoto.

Fusae Campbell, que se había dormido en el sofá mirando la película, abrió un párpado tras sentir el hedor y la tensión que propagaban su actual novio y la joven muchacha. Se levantó estirándose los brazos junto con un bostezo y se dirigió preocupada hacia el recibidor.

-- ¿Ocurre algo, Hiroshi?

Éste, sin querer preocuparla, intentó esquivar la pregunta, pero si había algo peor que preocuparla, eso era engañarla. Así que decidió contárselo.

-- Al parecer nuestros problemas no terminan aquí. Kaito Kid ha robado el antídoto que los devolvería a su estado original.

Fusae parecido preocuparse y se llevó una de sus manos a la boca.

-- Y eso no es todo, profesor –apuntó Shiho acariciándose la barbilla–. No es normal en Kaito Kid robar algo sin previo aviso. Y mucho menos si no se trata de una joya. El dibujo que deja como firma parece auténtico, pero en todo caso es demasiado extraño. Se ha llevado el antídoto de la APTX 4869 pero no el veneno en sí. Comprobaré si su firma es auténtica, tengo escaneadas todas sus cartas. Si la firma es idéntica a alguna de ellas, significará que aquí no ha habido tal Kaito Kid.

-- Quizá sólo quiera fastidiaros. Es su especialidad –propuso Agasa lo primero que se le pasó por la cabeza.

-- Quizá… pero si quisiera fastidiarnos se hubiera llevado ambos frascos¿no cree, profesor? –cuestionó Shiho.

-- En fin, el caso es que tenemos el veneno aquí, el que devolverá a los niños a su estatura natural –terció Fusae participando en la conversación–. ¿Por qué no lo desarrollas ahora que aún lo tienes?

Agasa se quedó paralizado "¿Ahora que aún lo tengo?"

-- ¿Cre..crees que puede intentar robarlo también? –tartamudeó.

-Bueno, ahora dejemos de pensar en esto –dijo Shiho–. Tenemos que avisar a Shinichi para que dé su punto de vista sobre esta cuestión.

Tras haber asentido el profesor Agasa y Fusae, Shiho se dirigió hacia la habitación del profesor, que era donde estaban los futones de ella y Kudo. Alzó la mano cuando llegó a la puerta y con breves movimientos de muñeca produjo tres suaves toques en la puerta.

-- Kudo, sal de ahí por favor –le pidió Shiho–. Kaito Kid ha robado el antídoto.

Shiho estaba segura que Kudo al oír esas palabras saldría como un poseso a investigar qué había ocurrido, sin embargo, no parecía que hubiera respuesta alguna. Llamó varias veces más pero nadie salía de la habitación.

-- Kudo –repitió Miyano empezando a impacientarse–. Kudo, sal de ahí de una vez. ¡Kudo!

La paciencia de Shiho se agotó finalmente y abrió la puerta de par en par. Y tras girar la pared vio a Shinichi acostado en la cama con unos auriculares puestos en los oídos.

-- ¡Kudo! –chilló Shiho con la vena del cuello hinchándose–. ¡No me ignores!

Shinichi pareció despertar en ese momento y se incorporó en la cama.

-- Ah, Haibara, eres tú. ¿Qué ocurre que chillas tanto? –refunfuñó metiéndose el meñique en la oreja.

Al límite de la paciencia, Haibara le lanzó la nota de Kid a Shinichi.

-- Kid ha robado el antídoto.

Shinichi no expresó ninguna preocupación al respecto, como si ya se lo esperara. Se levantó de la cama y salió de la habitación junto con Shiho.

-- ¿Qué opinas? –preguntó Shiho cuando se hubieron sentado ella, Kudo, Agasa, Fusae y Rena en el los sofás del salón.

Shinichi permaneció con su cara de indiferencia ante tal situación y no mostró ninguna expresión durante algunos minutos.


Al precipitarse al suelo el vaso que sostenía la actriz japonesa Yukiko Kudo, ésta dio un paso hacia atrás por instinto y su boca se entreabrió mostrando asombro.

-- Sha..Sharon…

-- Yu…Yukiko –pronunció la mujer que se acababa de levantar de la cama también sorprendida. A continuación, por temor a que la actriz intentara algo, buscó con la mirada algún objeto con el que defenderse.

Con un ágil movimiento, cogió la lámpara que había encima de la mesita de noche, la arrancó del enchufe con todas sus fuerzas y la empuñó como si de una espada se tratara.

-- ¿Buscas tu pistola? –preguntó Yukiko nerviosa pero con un tono desafiante–. No intentes nada con ésa lámpara –y de su bota sacó algo con un movimiento fugaz y lo apuntó hacia la mujer. Era una pistola–. No ha sido el hospital ni la policía quien te la ha quitado. Antes de llegar al hospital, te la quité por si acaso.

Chris, viendo en el callejón en el que se encontraba, decidió dejar la lámpara en el suelo y dio un paso hacia Yukiko.

-- Tampoco pensaba hacerte nada –confesó Chris.

-- ¡Quédate dónde estabas! –ordenó nerviosa y muerta de miedo Yukiko y sujetando la pistola con más fuerza.

-- Yu..Yukiko, yo… yo no… – tartamudeó Chris.

-- Supongo que te estarás preguntando cómo sé que tú, Chris Vinyard, eres en realidad la misma persona que tu madre, Sharon Vinyard –dijo Yukiko, armándose de valor, todavía con la pistola empuñada.

Chris Vinyard, empezando a sentir por primera vez en mucho tiempo temor hacia alguna persona, echó un paso atrás. Se sentía oprimida, como si quisiera soltarlo todo, todo lo que había estado ocultando durante tantos años. Y allí estaba su mejor amiga, quizá dispuesta a escucharle.

-- Su..supongo que te lo dijo Shinichi… –soltó Chris Vinyard sabiendo que Yukiko no se sorprendería.

-- Cuando Shinichi me contó que la que había organizado la fiesta de Halloween a destiempo era posiblemente mi mejor amiga, y que lo había hecho para alejarlo de Haibara y así poder atraparla, me sentí totalmente engañada e impotente –dijo Yukiko con la mirada fija en el suelo–. Me chocó por completo saber que tú eras Sharon, que no estabas muerta. Tú no sabes lo que sufrí yo el día de tu funeral…

-- Lo..lo siento mucho –susurró Chris lamentándose de corazón.

-Sharon –dijo firmemente mirando a Chris a los ojos–. ¿Por qué hacéis esto¿Por qué le quisisteis hacer daño a mi hijo? Y otra cosa que me escama más: si tú sabes que mi hijo encogió ¿por qué nunca se lo has dicho a la organización?

-- Yukiko…. –empezó Chris–. La organización mata a cualquiera que se interponga en su camino, y eso es lo que están intentando: buscar a Shinichi para eliminarlo. Por desgracia desde hace poco tiempo, ellos saben que Shiho y Kudo menguaron hasta tener el cuerpo de unos niños.

-- Sin embargo –dijo Yukiko impaciente porque la mujer no le había contestado a la pregunta–, tú lo has sabido desde siempre y nunca lo has dicho.

-- Exacto… Yo siempre he negado saber nada sobre el tema…


-- Pero antes quiero que me digas una cosa –había dicho Gin por teléfono después de la fiesta de Halloween a destiempo, mientras Chris estaba en la cabina telefónica–. ¿Conoces a un tal Shinichi Kudo?

Chris, consciente de que sabía perfectamente a quién se refería, alzó la cabeza cerrando los ojos y dijo: No… No me suena de nada…


-- ¿Qué tal las carreras?–había preguntado Conan con los brazos extendidos en otra ocasión, cuando había reventado la ventana de la agencia de un pelotazo–.

-- ¿Las carreras? –se extrañó Vodka desde lo alto de la azotea del edificio de al lado de casa de los Mouri.

-- Je… Yo diría que no tiene nada que ver con esto –dijo Chris con los brazos cruzados.

-- Matadlos –sentenció firmemente Gin con una maléfica cara–. A él y al crío

-- ¡Vale!

-- ¡Espera! No tenemos ninguna prueba –dijo Chris intentando convencerles–. Ese hombre tiene muchos contactos en la policía, y si le matamos…

Gin, con un movimiento casi imperceptible, se sacó la pistola y apuntó con ella directamente a Chris.

-- ¡Me tienes harto, Vermouth¿Tienes alguna relación con ese detective?

Chris, sintiéndose oprimida, esbozó una sonrisa.

-- ¿Y qué si la tuviera?


Yukiko alzó las cejas mostrando una expresión de comprensión.

-- ¿Es eso cierto, Sharon? –preguntó con dulzura.

A Chris le costaba admitir sus puntos de debilidad. Había estado demasiado tiempo entre la organización y su mente se había ido haciendo cada vez más malvada. Le costaba creer que aún había una parte de ella que aún podía ser buena.

-- No podía dejar que mataran al hijo de mi mejor amiga –empezó a contar Chris a la vez que salía su primera lágrima desde hacía unos años–. Cuando la organización me contó lo del muchacho que habían matado, me quedé congelada sin poder siquiera respirar. No podía permitir que el hijo de mi Yukiko fuese exterminado por ellos.

Yukiko estaba conmocionada. Estaba recibiendo toda esa información de un solo golpe y sabía que no podría soportarlo. Se estaba enterando de una verdad de la cual nunca hubiera imaginado. Se preguntó si habría algo más en su historia.


-- ¿Y bien? –preguntó Shiho cansada de ver a Shinichi sin decir nada–. ¿No encuentras nada extraño?

En los sofás y butacas del salón del profesor Agasa estaban éste, Fusae a su lado, Rena Mizunashi, Shiho y Shinichi. También esperando a ver si éste último decía algo.

Fusae, también cansada de esperar, se acercó a Agasa e hizo un muro con las manos.

-- ¿Es normal en este chico no decir nada? –susurró al oído de Agasa.

-- Pues no, la verdad –respondió sin que nadie les oyera–. Normalmente ya habría encontrado los puntos extraños y ya habría formado su hipótesis.

Shiho, que estaba sentada al lado de Shinichi, alzó una mano, la acercó a la cara de Kudo y usó sus dedos a modo de pinzas para cogerle la mejilla y estirársela.

-- ¡AY! –gritó Shinichi al instante–. ¿¡Pero quién te has creído que eres, idiota!?

-- Empezaba a dudar que estuvieras vivo…

-- Je je je ¬¬

-- ¿Y bien? –repitió Shiho.

-- Sí, es cierto que esta vez no es una joya y que Kid no ha avisado, pero no le veo más importancia. Quizá se le hayan cruzado los cables.

-- Ya –suspiró Shiho–. ¿Pero porqué no especulas o algo¡Si nos quedamos así no haremos nada!

-- ¡Yo hago hipótesis con pruebas, con pistas! –se defendió Kudo–. ¡Pero esta carta no significa nada!

-- Entiendo, pero… hay algo que no has dicho –arrebató Shiho–. Nos encontramos en una situación en la que es posible que alguien se haya hecho pasar por Kid para robarnos el antídoto. ¿No se te había ocurrido?

La expresión de Shinichi lo decía todo: no se había percatado de tal posibilidad.

-- Es sólo una posibilidad pero… podría ser que fuera cosa de 'ellos'…

-- No estés tan segura –pidió Shinichi–. Si fuera cosa de ellos no hubieran tenido forma de entrar en la casa.

Shiho se acarició la barbilla, pensando en otras posibilidades.

-- Por cierto, Ai –llamó el profesor Agasa–. ¿Dónde se ha metido ése chico de Osaka?

-- ¿Heiji? Es verdad, hace mucho rato que no lo veo –se extrañó Ai–. Salió de la casa tras vosotros, dijo que decidía acompañaros.

-- Pues con nosotros no vino…

-- Pero… ¿entonces¿Dónde está? –se cuestionó Shiho.

Volvió a llevarse sus dedos a la barbilla y pensó detenidamente. El comportamiento de Shinichi… la desaparición de Heiji… el robo de Kid…¡Claro¡Todo está relacionado! Shiho ladeó la cabeza y miró de reojo al aparente Kudo.


En el aeropuerto de Narita acababa de aterrizar el vuelo dirección Tokio desde Shizuoka. El joven alto y de piel morena salió por las puertas de cristal y se detuvo a releer la carta que le habían mandado. Se tocó la tirita que tenía en la cara a causa del picor que le producía.

"Señor Makoto Kyogoku: reúnase conmigo en Tokio en (dirección) de nueve y media a diez de la noche. Se lo contaré todo cuando llegue.

Firmado: Shinichi Kudo."


En el Imperial Hotel Tokyo en Ginza, Sharon o Chris Vinyard le acababa de contar a la actriz japonesa Yukiko Kudo lo mucho que lamentaba que la organización quisiera matar a su hijo.

-- En-entonces… ¿quisiste protegerlo porque es mi hijo? –preguntó apenada Yukiko. Había pensado hacía tan solo unos segundos que quizá Chris no fuera tan mala como todos creían. Pero no era así, ella solamente no había delatado a Shinichi por el simple hecho de ser el hijo de su amiga.

-- No sólo por eso… –se defendió Chris como si le hubiese leído la mente–. Ellos me salvaron…

-- ¿Ellos¿A quién te refieres? –se extrañó Yukiko–. ¿Dónde ocurrió?

-- Fue en Nueva York… –respondió Chris con la cabeza gacha.

"¿Qué estás haciendo¡Agárrate a mi brazo!" gritó una voz difusa en la mente de Chris.

"¿De verdad necesitas una razón?" escuchó decir a otra voz en su cabeza "Cuando ayudas a una persona… no puedes explicarlo con la lógica."

-- Tu hijo… me enseñó algo muy valioso que guardé con todo mi corazón en mi memoria…

-- Entonces es verdad. Tú eras el asesino en serie –se lamentó Yukiko–. Decidiste hacerte pasar por asesino para cobrarte vidas tomándote la justicia por tu mano para no levantar sospechas sobre tu persona… Quisiste matar y qué mejor que disfrazarte para llevarlo a cabo…

-- Te equivocas… Escuché por las noticias que por las calles de Nueva York andaba suelto un asesino japonés de cabello rubio platino. Y en ése momento me llené de rabia. Yo odio todo tipo de situaciones desgraciadas, odio ése tipo de actos… Las desgracias no paran de sucederse…

"¿Crees en la existencia de Dios?"

"Si Dios fuera real… no permitiría que las personas que se esfuerzan en la vida sufrieran penalidades"

"A mí… los ángeles nunca me han sonreído. Ni una sola vez…"

Estas palabras llegaron a la mente de Yukiko al instante. Recordó perfectamente aquél infernal día en el que estuvo en Nueva York con su hijo y Ran. Nunca hubiera imaginado que aquellas palabras pudieran referirse a eso…

-- Y… bueno, en cierta manera sí es cierto que quise tomarme la justicia por mi mano, –continuó Chris–, pero no para disfrazarme del asesino y matar personas inocentes, sino para castigarle…


En Nueva York, concretamente en el teatro Phantom de Broadway, acababa de caer una armadura pesada que iba a ir a parar sobre Rose Hewitt si no fuera por la valentía de Ran, que la salvó de milagro. Ésta se acababa de dar cuenta de que tenía un rasguño en el brazo. En aquél momento Sharon Vinyard se acercó a la muchacha y se sacó un pañuelo.

"¿Ves cómo no hay dios?" dijo entregándole el pañuelo a Ran. Ésta quedó perpleja. "Si lo hubiera, no dejaría que pasasen cosas así…"

Sharon dio media vuelta repentinamente y dijo: - Me voy ya, Yukiko.

-- ¿Eh? –se extrañó ésta, que estaba detrás de Ran–. ¿No vas a ver la obra con nosotros?

-- Ésa era mi intención al principio –respondió Sharon alejándose–. Pero me ha surgido algo que no puedo posponer.

Se paró un segundo y miró fijamente a Yukiko.

-- Me temo que esta noche va a ser muy tormentosa. Procurad que se calme un poco…

Pasaron unas cuantas horas y Sharon ya había recopilado información sobre el asesino en serie que amenazaba las calles de Nueva York. Había visto una fotografía de tal asesino y se había provisto del disfraz necesario para hacerse pasar por él. Tenía casualmente por casa una peluca de color rubio platino, y pensó que le vendría de perlas. Ahora se encontraba junto a un edificio abandonado y se las había apañado para encontrar al asesino. Estaba allí, e iba a pagar por lo que había hecho.

Sharon, aún sin haberse disfrazado, puso su mano desnuda en el pomo de una puerta, la abrió, entró en una de las habitaciones del edificio. Y se encontró cara a cara con el asesino. Permanecieron de pie los dos como si el otro no estuviera presente, pero sin embargo, mirándose fijamente a los ojos. Cuando el asesino hizo ademán de sacar una pistola, Sharon hizo lo mismo. Y el uno apuntó al otro.

-- ¿Crees que tienes derecho a provocar desgracias? –cuestionó Sharon con una voz profunda.

-- Je, Sharon Vinyard, supongo –arrebató el asesino con seguridad–. No puedes matarme. Alguien tan famoso en esta situación no debe ser muy agradable¿no crees? Si me matas, te mancharás las manos de sangre.

-- Ya las tengo manchadas, créeme –contestó Sharon entendiendo la metáfora–. Precisamente me ocupo de eliminar todo rastro de asesinos sin escrúpulos de la faz de la Tierra. Matáis sin razón alguna y os jactáis al ver que no os pillan. Sois unos miserables.

-- No creo que tú, Sharon Vinyard, te diferencies mucho de nosotros, los asesinos – dijo el criminal–. Te tomas la justicia por tu mano y arrebatas vidas sin ton ni son. Al fin y al cabo, no somos tan diferentes.

-- Hay algo que nos diferencia –dijo a su favor–. Tú matas a personas inocentes por placer, y yo mato a asesinos para evitar que maten a personas inocentes.

-- Hablas de matar asesinos como si se tratara de una profesión –dijo el asesino con tono cortante–. ¿A caso sueles matar mucho?

-- No mucho, la verdad –contestó Sharon–. Hay desgracias en este mundo mucho peores que los asesinatos que vosotros cometéis. Ésas son las desgracias que Dios ha dejado sobre la tierra, si existiera tal ser. Pero los asesinatos… los asesinatos lo cometen personas, y éstas son las únicas que yo puedo castigar. Y contestando a tu pregunta: comparado con el número de desgracias que hay, mis asesinatos son más bien pocos…


-- ¿Y qué pasó a continuación? –preguntó Yukiko al ver que Sharon no continuaba.

-- Le disparé.


Con la pistola firmemente empuñada, Sahron Vinyard apuntó directamente al asesino.

-- ¡Contesta! –gritó–. ¡Dime que te arrepientes de haber cometido tales asesinatos y dime porqué matas¡¿Tienes alguna razón?! –y a continuación le disparó a un costado.

El asesino notó la bala atravesando su costado y sintiendo un dolor terrible cayó al suelo de rodillas. Levantó la cabeza, miró a Sharon y con una mueca de dolor dijo:

-- ¿Y qué me dices de ti¿Te arrepientes de los que tú has cometido?

Sharon, absorbiendo cada palabra que salía del asesino, se llenó de ira y tragó saliva para no admitir que el asesino tenía parte de razón.

-- ¡CALLA! –gritó casi con las lágrimas a punto de estallar y con la pistola con su silenciador apuntando a la cabeza del asesino. Sharon no pudo más y apretó el gatillo.

El cuerpo del asesino cayó al suelo.


-- Entonces me vestí de él para que no vieran salir a una famosa actriz. Decidí dispararme por si algún testigo me veía, para que luego no fuera extraño que el asesino tuviera dos disparos. Pero cuando salí de esa habitación…


-- Veamos, el pañuelo, el pañuelo… –decía un joven, hasta que la vio. "El… el asesino japonés"

Sharon se quedó paralizada. Era Shinichi Kudo, el hijo de Yukiko. Lo único que podía hacer era escapar y evitar que descubriera que en realidad era Sharon Vinyard.

Salió por la puerta que daban a las escaleras de emergencia y empezó a bajar los escalones de dos en dos. Pero para su sorpresa, vio a otra persona.

"¡Ran!"

En aquella situación, Sharon no podía aparentar ni un momento debilidad. Debía desempeñar su papel de asesino sin tener que matarlos. Estaba acorralada. Delante estaba Ran, asustada, y detrás estaba Shinichi Kudo.

-- ¡¡Corre, Ran!! –gritó Shinichi desde un piso más arriba–. ¡¡Es el asesino al que están buscando!!

Sharon estaba allí, sin saber qué hacer. Pero era una actriz y había llegado el momento de actuar.

-- Había conseguido esconderme aquí, pero ese crío me ha encontrado –actuó mientras se sacaba el silenciador del bolsillo–. Je, je, je… Eso es, guapa. Me gustaría culpar a alguien de esto –dijo pensando en lo que acababa de pasar hacía un momento–. Pero creo que sólo me queda odiar a Dios.


-Pero entonces, por casualidades de la vida, la valla se rompió y si no llega a ser por Ran ahora estaría muerta. Me pregunté por qué, por qué me habían salvado. Yo que siempre había castigado no entendía el motivo de salvarme si yo aparentaba ser un asesino. Sinceramente yo nunca hubiera salvado a personas así. Pero tu hijo me enseñó esa noble lección que guardé para mis adentros.


-- ¿Por qué? –preguntó el asesino sin entender nada–. ¿Por qué me habéis salvado¿¡Por qué!?

Entonces el joven llamado Shinichi adoptó una expresión dulce y triste a la vez.

--¿De verdad necesitas una razón? –empezó el muchacho–. Yo no entiendo cómo puede haber gente que mata a otros. Pero cuando ayudas a una persona…–continuó mientras el asesino recibía cada palabra que emití–. …no puedes explicarlo con la lógica.


-- En aquél momento sentí que todo lo que yo había hecho estaba mal y me sentí por primera vez como una asesina. Por eso decidí 'matar' a Sharon de una vez por todas y seguir mi vida como Chris Vinyard…

-- Entonces fue por eso que me dijiste aquello por teléfono.

"Ah, sí. Quiero que le digas algo a Ran de mi parte… "Tenías razón. Yo también tengo un ángel de la guarda""

-- Ahora lo entiendo todo –dijo Yukiko con una voz dulce–. Por eso decidiste seguir como Chris… Aunque, lo que no entiendo es por qué seguiste matando como Chris. Antes matabas a asesinos y ahora matas a personas inocentes. No entiendo que satisfacción te da eso.

-- Mi mente se fue yendo hacia el lado oscuro y tuve que admitir que soy una asesina, por mucho que me pesase. Y al final me 'acostumbré' sin sentir culpa ni nada. Me había convertido en una asesina…


En casa del profesor Agasa seguía la tensión por las nubes. Shiho quiso confirmar sus sospechas y escaneó la carta de Kaito Kid para comprobar si había similitudes. Aún no había confirmado su teoría pero estaba casi convencida.

-- ¿Qué tal ha ido? – preguntó el profesor Agasa cuando Shiho subió al salón.

-- La carta es de Kid –sentenció Shiho–. No hay ninguna carta que sea idéntica a las que ya teníamos. Y el trazo de dibujo parece ser el mismo. Es decir, que con toda claridad la carta la escribió Kid.

-- Entonces insinúas que Kid entró mientras todos estamos distraídos, escribió la carta, robó el antídoto, y se largó. – dijo Agasa dudando.

-- Pero hay algo muy importante que no nos hemos preguntado –añadió Shiho–¿Cómo se supone que Kid sabía que teníamos el antídoto?

-- Un…un momento, Shiho… –temió Agasa–, entonces Kid… ¿está dentro de casa?

-- O eso… o alguien le ha ayudado desde aquí… –pronunció con un aire misterioso.

Fusae, Rena, y Agasa se sobresaltaron.

-- Sospecho que Shinichi fue tras Kid para capturarlo y pidió a alguien que se hiciera pasar por él, y así poder robar el antídoto dejando la carta que Kid había preparado previamente. De todas formas no sería la primera vez que lo haría, esto de disfrazarse –dijo Shiho segura de sí misma teniendo en mente la imagen del día de la obra de teatro–. ¿Me equivoco, Heiji Hattori?


En un lugar solitario de Tokio, concretamente en el puerto. Una sombra se dirigía entre la mercancía hacia el punto de encuentro provocando eco con sus pisadas. El joven llevaba una mochila de mano. Vio a lo lejos una sombra tras una farola. Cuando se adentro en el círculo de luz mostrando así su morena piel y su tirita, la sombra dio un paso adelante y dejó ver toda su faz.

-- Me llamo Shinichi Kudo –se presentó tendiéndole la mano–. Gracias por venir…

-- Encantado… –respondió el individuo de tez morena estrechándole la mano–. Me llamo Makoto Kyogoku.


-- Pues yo creo que te equivocas en algo, Shiho –se apresuró a decir Agasa cuando cayó en la cuenta de algo–. Has entrado en contradicción. Has dicho que Shinichi iba detrás de Kid, pero que éste antes había preparado una carta previamente. ¿Eso cómo se entiende? Es más, hay algo de lo que no te has dado cuenta.

-- ¿Y qué es si puede saberse? –dudó Shiho por un momento.

-- El comportamiento de Shinichi ha sido extraño, eso no lo dudo. Pero ten en cuenta que Heiji es idéntico a él en ése aspecto, hubiera empezado a sospechar en vez de quedarse callado. Además hay una cosa que prueba que el Shinichi que hay aquí no es Heiji.

Shiho se dio cuenta en seguida.

-- Sus… sus mejillas –se sorprendió–. Le cogí de las mejillas y no saltó maquillaje. Cosa que quiere decir que Heiji no se disfrazó de Shinichi usando maquillaje en polvo.

-- Ni en polvo ni en nada. Porque te vuelvo a repetir que este individuo no es Heiji.

-- Tienes razón… –dijo Shiho encajando por fin todas las piezas, se acababa de dar cuenta–. Ni Kudo ni Heiji no se hubieran comportado de tal modo. Sólo lo hubiera hecho alguien que no tiene ni idea de deducir nada. Y ahora sí que estoy segura de no equivocarme –dijo poniéndose de espaldas a Shinichi y mirándole de reojo–. ¿Tengo razón, señor detective¿O debería decir… Kaito Kid?

Shinichi se levantó con los ojos cerrados y con una ligera sonrisa levantó los brazos y se puso las manos en la cabeza empezando a revolotearse el pelo.

-- Vaya… me habéis descubierto…. –pronunció mientras se despeinaba el pelo–. No sabéis lo que me ha costado peinarme de esta manera… como para que ahora no haya servido de nada.

-- Me sorprende que con un movimiento de tu capa no te hayas cambiado de repente de ropa… –dijo Shiho–. Además, si te digo la verdad al principio sospeché que serías tú, por eso te pellizqué la mejilla. Pero al ver que no era una máscara descarté la posibilidad. No había pensado que tú y Kudo sois clavados exceptuando el pelo. Fui muy tonta…

-- Exacto, no me hizo falta máscara, pues Kudo y yo somos muy parecidos…

-- Por cierto, Kaito –curioseó Agasa–. ¿Para qué todo este montaje?

-- Bah, pregúntele a esos dos chavales. Me lían, me lían y al final acabo haciendo lo que me piden.


-- ¿Robando más joyas, Kid? –había preguntado el chaval con una mirada penetrante–. Juré atraparte algún día y me parece que ése día ya ha llegado…

-- ¿Estás completamente seguro, Shinichi Kudo? –subestimó Kid.

-- ¿Co..como sabes mi nombre? – se extrañó Shinichi.

-- Es normal que te conozca, eres bastante famoso… Pero no es por eso exactamente…

-- ¿Qué quieres decir?

-- Si te digo la verdad tenía muchas ganas de que me atraparas. Creo que yo puedo ayudarte a recuperar tu verdadero cuerpo…

Shinichi se quedó congelado.

-- ¿Sa..sabes lo de mi transformación?

-- Claro, tú eres el niño de las gafas que me molesta tanto. ¿Por qué crees que hoy no me he intentado escapar? Pues por que hoy eres mayor, y podemos actuar juntos…


-- Y entonces me contó este plan. Dijo que necesitaban inmediatamente el antídoto, que no podían esperar. Pero me dijo que sabían que usted, Agasa, no le permitiría actuar de ninguna de las maneras. Por eso me pidió que me disfrazara de él y robara a escondidas el antídoto. Cuando todos creíais que yo estaba en la habitación, en realidad había salido por la ventana para llevarles el antídoto a ellos: a Kudo y a ese tal Hattori. También dijo que en cuanto me descubrierais me reuniera con ellos.

-- ¿Cómo¿Entonces Kudo sabía que te descubriríamos?

-- Claro, sólo quería ganar tiempo y conseguir el antídoto.

-- Ahora lo entiendo todo… –dijo Shiho acariciándose la barbilla–. Ahora sólo hace falta saber qué es lo que traman esos dos… ¿Qué pretenden?

Shinichi…. Te estás metiendo en demasiados líos… se lamentó Agasa.


El frío aún permanecía en la isla de Hokkaido, pero Akako Koizumi había encendido la chimenea para poder evitarlo. Eran las diez y cuarto y ya habían cenado. Se encontraban en esos momentos en el gran comedor tomando los postres. Detrás de la anfitriona había una gran pantalla de televisor y a cada lado dos pantallas más pequeñas.

-- ¿Os ha gustado la cena que he preparado? –preguntó Akako, sentada en la punta de la mesa.

-- Ha estado deliciosa –confesó Ran–. Pero… creo que debería hablarnos del motivo por el cual nosotras estamos aquí…

-- Es cierto –corroboró Aoko–. Al entrar en la casa has dicho algo que me ha confirmado que tú eras Akako y que me supongo es el motivo por el que estamos aquí. Has dicho: Os he convocado a mi mansión de las montañas nevadas de Sapporo para comprobar que sois dignas de vuestros merecedores.

-- ¿Y qué quiere decir eso? –preguntó curiosa Kazuha.

-- Akako Koizumi es conocida en nuestro instituto por ser la mujer que atrae a todos los hombres –empezó a contar Aoko–. Pero hay alguien al que no puede cautivar: ése es Kaito Kid.

-- Entiendo. ¿Pero qué tenemos que ver nosotras en todo esto?

-- Je –rió Akako–. De todos los hombres a los que he intentado cautivar, todos han caído bajo mis pies. A excepción de cuatro personas…

Akako cogió un mando a distancia y apuntó a uno de los televisores.

-- El primero es Shinichi Kudo, estudiante de segundo de bachillerato y detective aficionado –y apareció su imagen en el monitor de la primera pantalla–. Intenté seducirle pero no cayó a mis pies.

-- ¡Shinichi no es tan burro como para fijarse en ti sólo por el exterior!

-- ¿Acaso crees que no se enamoró de ti por tu delantera?

-- ¿Cómo dices? –se levantó Ran cabreada.

-- En fin. Para eso hoy estamos aquí.: para comprobar que sois dignas de estos cuatro chicos –dijo–. El segundo es Makoto Kyogoku, practicante de kárate –y apareció su imagen en el segundo monitor.

-- Ma-Makoto… – pronunció Sonoko preocupada.

-- El tercero es Kaito Kuroba, de profesión oculta

-- ¿Cómo que de profesión oculta? –gritó Aoko–. ¡Estudia conmigo en el instituto!

-- Y por último otro detective aficionado, Heiji Hattori –dijo sin importarle lo que decía Aoko.

Ran, Sonoko, Kazuha, y Aoko se quedaron heladas.

-- Son… son nuestros respectivos compañeros de la infancia…

-- Exacto. Os he reunido para saber qué es lo que vosotras tenéis que atrae tanto a estos cuatro hombres. Hoy voy a descubrir quién se atreve a subestimar a la reina entre las reinas. … … No permitiré que haya nadie en la faz de la Tierra capaz de superarme en algo de este tipo…


En el puerto de Tokio estaba llegando el último joven que quedaba por reunirse. Sus pasos resonaban a más no poder y cuando llegó dónde estaban todos, se paró a respirar un poco de aire.

-- Bien, ya estamos todos –dijo firmemente Shinichi.

-- Vamos allá –pronunció Heiji.

-- Espero que me contéis que es lo que está pasando en algún momento –dijo Makoto preocupado.

-- Yo sólo espero que sepáis qué es lo que estáis haciendo… –dijo no muy convencido Kaito Kuroba.

Empezaron a andar hacia alguna parte, con los puños cerrados y sintiendo que se acercaban a su destino. Sobre todo Shinichi, que le partía el corazón tener que poner a alguien en peligro, había tenido que pedir ayuda. Aún no sabía exactamente qué debían hacer. Pero su destino se acercaba de manera acelerada. Y sabía que lo que iban a hacer no era nada importante, sólo arreglar un daño colateral, pero se sentía como si aquello le fuera la vida en ello.

Parecía irónico que la luz de la farola proyectara la sombra de los cuatro jóvenes mientras sus amadas habían sido reunidas a muchos quilómetros de allí, quizá luchando por no perderlos. Resultaba irónico que ellos se arriesgaran a perder la vida al mismo tiempo que ellas intentaban recuperarles de las zarpas de aquella arpía…


Notas: Bueno, pos este capi es bastante largo, eh?

Me he animado a ir publicando, pk mi querida amiga Jenn-neechan lo quería leer, y como hace mucho que no hablo con ella, a ver si así se acuerda de mí xD

Bueno, que eso que espero que os guste, y que entiendo que estamos en el curso y es dificil ponerse a leer. Yo mismo leo muy poco en estas épocas. Así que nada, suertes!!!