Y porque debía ser así, les debía publicar al menos otro capítulo por mi tardanza la vez anterior. Espero que les guste mucho 7u7 habrá mas momento ricolinos Zilia, ya veras (*Se ríe maliciosamente saliendo de la escena*) Lo siento Falcon, puedes saltarte esos momento que te incomodan :,v jaja en fin. Disfrutenlo.
Victoria para Hyrule
-Capítulo X: El suplente de Link-
Habían pasado algunas horas desde que cabalgaban por la pradera de Hyrule. Zelda estaba centrada en la piedra Sheikah. Prunia y ella habían hecho algunos ajustes a ella en el pueblo de Hatelia, pero estaba claro que faltaba más, lo único que pudo hacer Prunia fue desactivar una enciclopedia, ampliar el espacio para fotografías y activar un sensor que permitía encontrar cualquier cosa que estuviera en la enciclopedia, y al parecer, también santuarios escondidos.
Zelda y Link ya habían olvidado que también debía encontrar todos esos santuarios, aquellos que en un principio habían sido designados exclusivamente para el héroe.
Se encontraban serenamente sobre la marcha, los caballos los mantenían en el camino con su suave trotar. Link se acercó a la princesa para ver qué era lo que hacía.
-Puede que la tableta debas llevarla tú de ahora en adelante. Después de lo que Prunia hizo con tu mano imagino que es tu destino portarla.
Link miro detenidamente a la princesa. De cierto modo sus gestos insinuaba no le gustaba la idea de apartarse de la tableta, pero a la vez que estaba segura de que Link debía llevarla consigo – El hecho de que tenga un mapa y otras funciones de exploración la hacen el objeto perfecto para embarcarse en una aventura de la que un héroe haría gala con sus habilidades.
Link frunció el ceño. Era como si dijera que tenía que dejarla por detrás. Eso no le gustaba para nada.
Claro que cuando era más joven viajó con permiso de su padre. Así fue como conoció a Daruk en su momento. Esbozó una sonrisa divertida cuando se encontró con el Goron. Daruk no podía creer que había terminado en seco con una panda de enemigos que se le habían acercado por su aparente "debilidad" sin saber que tras de ese pequeño cuerpo se hallaba un verdadero espadachín. Habían comido de todo, se habían llenado hasta reventar de alimentos, incluso tuvo la dicha de comer la famosa comida de los Gorons, el delicioso rocopernil. Vaya que por una razón clara los Gorons comían roca y Link ya entendía esa razón.
En ese momento estaba claro que ahora le importaba más permanecer al lado de Zelda, acompañándola y rezando por su bienestar. Con Ganon fuera del camino, habría sido una realidad, de no ser porque había nuevas señales que indicaban su retorno, o su resurrección, eso no le quedaba claro al rubio. ¿Qué fue lo que hizo Zelda con ese haz de luz? La bestia oscura desapareció en un "Pis-Pas" después de que aquella luz lo envolviera completamente.
No se atrevía a preguntarle a Zelda, no en estos momentos. Quizá después preguntaría, cuando hubiera más calma con el asunto, no iba a presionarle y eso le preocupaba un poco. ¿Qué haría ahora el rey con las malas nuevas?
Esta vez no se quedaría callado, aunque le quisiera cortar la cabeza por ir en contra de su autoridad. Estaría más que a la defensiva por cualquier cosa que quisiera decirle a su amada. Claro que tampoco se atrevería a faltarle al respeto, seguía siendo su rey. Pero si llegase a lastimar a Zelda nuevamente, hablaría sin descanso por defenderla. Esta vez podría hacerlo.
El castillo ya se alcanzaba a ver, igual que los pequeños poblados cercanos a la ciudadela, y las caballerizas. La princesa sintió alivio al virar que todo andaba en orden, y que casi nadie había salido herido del ataque de la noche anterior. Sin embargo, no se dio cuenta hasta que Link señalo que su padre venía en marcha, donde ellos, junto a otros soldados de la guardia. Esta vez con su traje común y no con la armadura. Parecía desconcertado y bastante molesto.
Bajó de su caballo en medio del camino para quedar frente a su hijo, que hizo exactamente lo mismo.
El hombre abrazó fuertemente a Link, intentando no llamar demasiado la atención.
-Estaba preocupado… se supone que llegarían ayer pero no había noticias de ustedes.
-En realidad, padre – Link se apartó de aquellos brazos fornidos para quedar de frente, mirándole secamente – No quiero que causemos revuelo aquí, debemos hablar con Su Majestad de inmediato.
La princesa se había bajado del caballo, mirando a Sir Marcus, aunque ahora que era su futuro padre, tal vez debería llamarle por su primer nombre, Edward, pero no sabría si tenía el derecho.
El hombre se acercó hasta la princesa y se hinco sobre la rodilla.
-Espero que haya estado a salvo todo el tiempo, Su Alteza.
-No hace falta la formalidad, Sir Marcus, pronto podre llamarle padre también y usted llamarme hija.
El hombre sintió un escalofrió recorrer su espalda. Dentro de si hubiera deseado tener dos hijos. Link se parecía a su madre, pero de haber tenido una hija, seguramente esta hubiera tenido todavía más parentesco con su mujer, entrañando un recuerdo agridulce cada vez que la viese, pero no tuvo la dicha. En cambio, a pesar de las circunstancias, Zelda a veces soltaba esa aura de amor y gentileza que su esposa solía expresar a los demás.
La princesa se puso a su altura, ayudándole a pararse con tranquilidad y le abrazó fuertemente – No sabe cuánto sufrimos Link y yo de pensar que algo pudiese ocurrirle, padre.
El hombre volvió a estremecerse con dulzura y algo de nervios. Quizá ahora entendía porque su hijo estaba tan entrañado con ella. Era una mujer que la vieras por donde la vieras, hasta en sus peores momentos, podría demostrar un aura de paz y tranquilidad.
Zelda tomó la mano de Link al verle angustiado. Su padre notó que en un mano izquierda ya estaba puesto aquel aniño que antes le había pertenecido a su esposa y sonrió a escondidas de los demás.
Suavizó el gesto, Link pudo notarlo. Y sabía también porque. Tal vez se sentía orgulloso de ese hecho. Incluso con ese pequeño momento alegre no pudieron evitar sentirse asolados por un nuevo peligro.
Más tarde ya habían llegado hasta el castillo.
-¡Hija mía! – El rey Roham se abalanzó contra la princesa y posteriormente contra Link – Gracias a las diosas… Hijo, gracias por haber cuidado tan bien de mi querida princesa – comento el rey más aliviado – Por favor, cuéntenme…
-Padre, han sucedido cosas que no esperábamos volver a encontrarnos. La luna color rojo carmesí se presentó el mismo día que enfrentamos a Ganon… Link y yo estuvimos en grande peligro, pero salimos ilesos. Sin embargo, la espada que doblega a la oscuridad…
El joven mostro que no la tenía en su poder, los dos hombres y algunos presentes tenían la boca abierta de la impresión.
-La espada se desintegro entre mis manos. Yo… yo no merezco su agradecimiento, Su Majestad. Tabita, la hija de Desmond, nos salvó la vida – afirmó con una voz descompuesta y avergonzada.
-Link… - Zelda le tomó la mano con preocupación.
-Yo, como héroe y escolta que soy, campeón de Hyrule… me someteré a cualquier castigo por mi falta de audacia en defender a Su Alteza, la princesa Zelda. Es el juramento de los caballeros de la guardia.
El joven ya estaba inclinado en una rodilla, como debía ser. Zelda no estaba contenta con aquello, pero no podía hacer o decir nada.
-Hijo… – dijo Marcus en su tono más bajo, mostrando preocupación.
-En realidad, ser campeón tiene sus beneficios, muchacho. El juramente de la guardia no debe tener relación con el juramento que has hecho enfrente de las diosas. Además, ayudaste a mi hija a destruir al mal, salvaste a mi pueblo, y aunque hayan pasado por dificultades, la has traído intacta. No puedo pedir más – Dijo Roham con gratitud en el rostro y una voz tranquila.
Link se levantó del suelo y miro hacia abajo. No podía ni mirar al rey por su falla. El joven se levantó del suelo, ayudado por Zelda.
-Imagino que hay más cosas que contar – dijo el rey por la mirada inquieta de su hija.
-Sí, padre – respondió con pesadez – Hay más y considero que hablemos en privado.
Así como dijo Zelda, se dirigieron hasta el despacho de su padre, donde hablarían ella y él a solas.
Por otra parte, Link también hablaría a solas con su padre. Tal como Zelda, se dirigieron a un lugar privado: su antigua casa para hablar, cerca del castillo de Hyrule.
Antes Link vivía con su padre, cuando era parte de los caballeros. Hasta aquel día en que por instinto salvó a la princesa de un rayo de un guardián descontrolado con la tapa de una cacerola en la cara del mismo rey. Ahí fue donde demostró su eficacia si llegase a descontrolarse la situación. Él pensó en el joven para desempeñar el papel de guardia personal para su querida Zelda, y de cierta manera le estuvo vigilando. Ni siquiera se inmuto demasiado cuando escuchó que había sacado la Espada que doblega a la oscuridad.
-¿Tienes alguna idea de lo que pudo haberle pasado a la espada, hijo? Las cosas no se desintegran así como así… de hecho, tan sólo lo que se quema de forma abrazadora, sólo eso se deshace al tacto.
-Fue más como un montón de virutas de luz transportándose hacia el cielo. La señora de los Sheikah, Impa, dijo que podríamos hallar respuesta en el sitio donde encontré la espada. Eso haré, pero antes de irme, dejaré en manos de uno de los campeones a Zelda.
-¿Qué es lo que dices? La guardia sirve para eso, hijo – Le dijo su padre algo ofendido.
-La guardia es del rey. Los campeones somos servidores de la sacerdotisa de Hyrule. Ese es nuestro deber, velar por Zelda. No dejaré en sus manos el destino de mi futura esposa, no a ustedes solos.
El joven se dirigió hacia la salida, sin decir más. De cierta forma entendía perfectamente su sentimiento por velar por esa mujer de la que estaba enamorado.
Más tarde, el cartero pasó como se esperaba. Link había escrito una carta para Revali. Nunca en su vida se hubiera imaginado a el mismo pidiéndole ayuda al pajarraco, pero ni modo, la protección de Zelda valía cualquier esfuerzo, por más desagradable que llegase a ser.
La carta decía lo siguiente:
Estimado compañero Revali…
Sé que es difícil pensar que te estoy escribiendo
la presente carta, sin embargo es una petición
que espero puedas aceptar, y también sin demora.
Cómo sabrás, Su Majestad y yo, nos embarcamos
en un viaje para visitar a la princesa Mipha… pero
en el transcurso nos desviamos haca Hatelia, donde
encontramos algunas cuantas novedades que
pretendemos discutir en una reunión futura con
todos los campeones.
Sólo puedo decir una razón por la que te envió esta carta
Debo ir a una importante misión, sin la compañía de
la princesa, por ello me sería más apacible que
montaras guardia en mi ausencia.
Espero que no te genere ningún inconveniente, de
verdad necesito a alguien capaz de cuidarla.
Sé que tú entiendes que la guardia no
será suficiente.
Atte: Link Hermón
Pasaron algunos días, tres para ser exactos, Revali no había contestado. Link empezaba a perder las esperanzas, de no ser porque en a media tarde del cuarto día, el Orni se había presentado bien preparado. Con un pequeño equipaje, su arco y la carta que Link había enviado con permiso del rey.
De inmediato se acercó hasta Link y le miró fijamente.
-Veo que no llevas la espada como siempre – Link trago nervioso – Creo que tiene que ver con eso ¿No?
-Y muchas otras cosas, Revali. Zelda podrá tenerte al tanto, pero debes guardar silencio hasta que las cosas sean más amigables.
-Lo de la luna carmesí fue un fenómeno universal, así que supongo hay más que sólo la espada.
Caminaron hasta llegar con Zelda.
Link asintió, ya con su propio equipaje listo. Desde que había enviado la carta, esperaba impaciente a que llegase Revali, para poder emprender su travesía. Y si no aceptaba, siempre quedaba pedirle ayuda a los Sheikah, en este caso a Tifa.
Aunque no fue necesario, Revali se presentó ante los futuros regentes e hizo una reverencia, incluso hacia Link, sorprendiéndolo.
-He aceptado tu propuesta, campeón hylian. En nuestro juramento decidimos proteger a la princesa, nuestra líder en cualquier circunstancia, por eso he decidido aceptar la tarea – Se hinco en una rodilla – Estimada princesa, espero serle de ayuda. Lamento haber tardado, pero tuve inconvenientes antes de partir.
Ambos jóvenes mostraron una sonrisa, especialmente Link.
La mañana del día siguiente partiría sin más preámbulos hacia el bosque Kolog. No quedaba muy lejos, pero tampoco demasiado cerca. Por ello debía hacer lo antes posible el viaje. Además no quería apartarse demasiado de Zelda.
Ya en la noche, Link miro con decisión a Zelda. Le acarició una mejilla levemente y esta suspiró.
-No me gustaría apartarme demasiado tiempo de ti – Dijo Link con algo de molestia en el rostro – Sé que Revali cuidará de ti tan bien, e incluso mejor de lo que yo…
-Link, clama – Esta vez, Zelda tomó la iniciativa a calmarle con un pequeño abrazo – Voy a estar bien. Más bien me pregunto si tú lo estarás. Recuerda que debemos ir al santuario de la vida y luego saber que hacer o que pasará. Pero hasta entonces debes calmarte…
La princesa retiro la camiseta de pijama del joven, poniéndolo un poco nervioso.
-¿Q-Qué está haciendo, p-princesa? – Preguntó con las mejillas coloradas.
Zelda, en la intimidad de la habitación, comenzó a besar su cuello delicadamente, sus mejillas y luego a masajear su espalda desnuda.
Poco a poco, bajo una de las mangas de su camisola para atraer la atención del joven que estaba conteniéndose lo mejor que podía, hasta ese momento.
-Te dije que me llames Zelda… pronto nos casaremos, tonto – Dijo esta con una sonrisa en el rostro, viendo como lentamente Link se iba a acercando a ella.
En un solo movimiento ya la tenía a su merced, nuevamente. Comenzó a hacer lo que antes había hecho Zelda y a colocar sus manos en lugares prohibidos. La princesa no se contuvo para dejar salir uno que otro sonido lleno de pasión y a mirar a Link lascivamente.
El campeón hylian se acercó hasta su boca y le beso desesperadamente, ella correspondió en la misma sintonía.
Sus labios comenzaron doler un poco, ardiendo con pasión. Suspiraron unos cuantos momentos para continuar con la labor.
No dijeron palabra alguna, se limitaron a sonreírse mutuamente cuando dejaron de besarse. Era una sonrisa dulce y amable. Zelda estaba tan impaciente como Link para descubrir horizontes nuevos en esa relación. Pero algo dentro del joven le hacía pensar que era bastante pronto. Sus mejillas ardieron nuevamente y calmó por todos sus medios las ansias nuevamente.
Zelda sintió un pequeño pinchazo al verle retroceder de repente. Apretó ligeramente su puño derecho, llevándose consigo una parte de la sábana. Link se levantó de la cama y con calma se encamino hasta las escaleras que llevaban hacia el laboratorio.
-Zelda… n-no mal interpretes mis acciones. Sé que en este instante te encuentras decepcionada – le hablaba de espaldas a la joven, sobando su brazo derecho – Pero… es que aún soy inexperto en el tema. No quisiera terminar arruinando nada.
La joven se levantó de la cama, con el humor un poco levantado tras sus sinceras palabras. Le abrazó por la espalda, reconfortando su nervio.
-Muy bien, tú ganas –dijo ella con un puchero – Sé que te pone nervioso. Yo también estoy confundida sobre el tema. Y me da nervio no saber qué hacer cuando estemos profundamente en ese punto. Si te soy sincera, no quiero empezar o saber de esa experiencia si no es contigo… yo…
Delicadamente le besa la frente a la princesa y le acaricia sus regordetas mejillas.
-Entiendo… - se miraron el uno al otro, intensamente. Sin saber cuándo o por qué, volvieron a la cama a continuar lo empezaron.
La princesa y el joven se dejaron llevar por el instinto, aunque no se culminó la tarea. Ambos pararon cuando comenzaron a llegar demasiado lejos y acordaron dejarlo cuando las cosas fueran más tranquilas.
Esa noche pudiera parecer bastante incómoda, pero la verdad es que no. La princesa durmió pegada a un abrazó del muchacho, cómodamente hasta el amanecer.
-"No sólo el hecho de arruinar las cosas con mi torpeza me impiden tomarte… si no también mi falta de capacidad al manejar la espada en Hatelia, me hace pensar que no te merezco, ni a la espada…" Pensó para sus adentros en medio de la noche, antes de pegar por completo sus ojos.
Mañana iría a encontrar respuestas a sus dudas.
Continuará...
