Bueno, tarde (por un día) pero seguro, aquí está el capítulo #10, no es muy largo pero espero que les guste. Sin más rollo… ¡a leer!
La puerta se abre. Un hombre de piel morena, pómulos marcados y llamativos ojos verde limón entra en la habitación con algo colgando de su brazo. Una amplia sonrisa se forma en su rostro al momento en que deja un elegante vestido color verde sobre la cama. La joven rubia de piel pálida, ojos perdidos y dientes delanteros más grandes de lo normal, estaba sentada sobre la cama con un libro entre las manos pero al verlo entrar se arrima hasta la cabecera y flexiona las rodillas como protegiéndose del intruso.
La habitación era digna de una mansión, después de todo era ahí donde estaban: la mansión Riddle. Con sus tres pisos de altura, su enorme vestíbulo, su tétrico comedor, una gran biblioteca, varias habitaciones con baños que bien podrían ser otra habitación; la mansión Riddle era toda una obra arquitectónica en la que cualquiera gozaría estar, a menos claro que no pudieras salir de la recámara en la que te tenían cautiva. Una recámara de 10x10 que incluía una pequeña sala de época, una mesa con dos elegantes sillas, una cama adosada, un librero con interesantes libros pegado a una pared, ventanas clavadas imposibles de abrir con pesadas cortinas de fina tela y una puerta que sólo se abría dos veces al día para darle comida. Esa era su prisión, aunque si no fuera porque no podía salir estaría satisfecha con el lugar.
Según las anotaciones que había hecho en uno de los libros para llevar el conteo de los días, tenía poco más de un mes secuestrada, pero esa era la primera vez que aquel hombre de ojos verdes entraba y el vestido también era una novedad.
—Señorita Slughorn, el señor Riddle quiere que te presentes a cenar con él —habla el moreno, mirando a la rubia.
Eleanor no dice nada, aquel hombre no le inspiraba confianza.
—Pero como no puedes presentarte en esos harapos te mandó esto —el moreno señala el vestido—, así que cámbiate y trata de lucir decente, vendré por ti en una hora —dicho esto camina hasta la puerta para irse.
—Espere —lo llama la chica—, ¿quién… quién es el señor Riddle? ¿Quién es usted? —pregunta, pues desde que estaba en ese lugar no sabía que pasaba, lo único de lo que estaba segura era de que la habían secuestrado por su abuelo, pero no sabía quién.
—El señor Riddle es el jefe —el moreno mira a Eleanor—, y yo soy sólo un trabajador más —inclina la cabeza con elegancia y termina por salir de la habitación.
¨ ° º O º ° ¨
— ¿Malfoy? ¿Qué demonios haces aquí?
—Este es un país libre y yo soy un actor famoso así que puedo estar donde yo quiera —responde el rubio girando y dando una calada al cigarrillo que aún se mantenía entre sus dedos anular y medio.
Hermione, con los brazos cruzados y el ceño fruncido ante el humo que el rubio deja salir de su boca, lo mira molesta, pero antes de que pueda responder, su azabache amigo la interrumpe.
— ¿Astoria? —pregunta Harry al ver a la rubia ahí.
—Hola, Harry —saluda Astoria.
—Conoces a Malfoy —dice Harry más asegurando que preguntando. La rubia sólo asiente entendiendo su tono y Draco, quien hasta ese momento había estado en un duelo de miradas con la castaña, lo mira al escuchar la mención de su apellido—. Tendremos que hablar sobre esto —anticipa con voz de mando, de jefe.
—Si, lo sé —concuerda Astoria bajando la mirada, pues la mirada del ojiverde parecía molesta por haberle ocultado el hecho de que conocía a alguien que era investigado en el departamento.
— ¿Y quien eres tú? —pregunta Draco, mirando altivamente al azabache, ¿que derecho tenía ese tal Harry de recriminarle a Astoria el que se conocieran?
El ojiverde mira al rubio entendiendo lo que quiere decir con esa pregunta, pero antes de que responda alguien habla.
—Él es el detective Harry Potter, jefe del departamento de policía de Londres y… mi jefe —presenta Astoria mirando a Harry.
Draco la mira a ella y frunce el ceño, después mira al azabache y por último, como entendiendo algo o, más bien, encontrando una oportunidad para molestarla, mira a la castaña.
—Tú conoces al jefe de la policía —le dice Draco a Hermione, acercando la mano con el cigarro a ella, señalándola—. ¿Y por qué estás aquí con él? ¿Quieres acusarme porque arruiné tu relación con tu estúpido novio? ¿O te diste cuenta de que ganarte al jefe es mejor que un simple policía de quinta? —sonríe de lado, divertido por la situación.
Pero a la castaña parece no causarle ni un poco de gracia porque da un paso hacia el rubio y mirándolo a los ojos responde:
—Estoy aquí con Harry porque quiero que me ayude a arreglar las cosas con Nathan.
— ¿Qué? ¿Arreglar las cosas? —pregunta Draco, incrédulo, tirando en cigarro al suelo— ¿Piensas arreglar las cosas con ese idiota? ¿Aún después de todo lo que te dijo? ¿Después de que dijo que eras una cualquiera y que no valías nada? —se acerca a ella y siente que los ojos se salen de sus órbitas, estaba molesto, muy molesto por eso, ¿cómo podía, esa tonta de Granger, querer volver con su maldito novio?— ¿Aún así piensas buscarlo? —exclama tomándola de los hombros, estaba molesto porque el policía de quinta había tratado pésimo a Granger y aún así ella quería estar con él, ¿cómo podía perdonarlo?
Harry trata de alejarlo pero la castaña le dice que no lo haga, que ella puede con él
—Si, si aún existe una mínima oportunidad de que las cosas vuelvan a ser como antes de que tú volvieras a aparecer en mi vida, la tomaré —dice Hermione mirándolo directamente a los ojos, no entendía porque se había molestado tanto pero no tenía ganas de averiguarlo, sólo quería que la dejara en paz y si para eso tenía que mantener la calma, lo haría.
—Eres una estúpida, Granger —dice en voz tan baja que sólo ella escucha.
¿Una estúpida? ¿Era una estúpida por querer volver con el hombre que ella quería? ¿Una estúpida por querer arreglar las cosas que él había arruinado con sus impulsos? ¡No! ¡Ella no era ninguna estúpida! La castaña se suelta del agarre del rubio e impetuosamente levanta un brazo para soltar una bofetada sobre su pálida mejilla; pero el camino de su mano es interrumpido por la mano de Malfoy que sostiene con fuerza su muñeca.
— ¿Piensas golpearme? —pregunta el rubio, alzando una ceja sin dejar de mirarla a los ojos y sin soltarla—. Que infantil —escupe, con ese gesto de desprecio que siempre había en su rostro al verla en el colegio.
— ¿Infantil? ¿Tú, un hijo de papis que cree que puede hacer lo que sea sólo porque es famoso, me dices a mí infantil? —suelta Hermione, sin ceder ni un ápice en el duelo de miradas que habían comenzado desde el primer momento en que se habían visto cara a cara.
—Draco, lo mejor será irnos —habla Astoria, notando la tensión entre el rubio y la castaña, pero ninguno de los dos parece escucharla porque ni siquiera se mueven.
—Hermione —la llama Harry, tomándola del brazo y separándola del rubio.
La castaña parece despertar de un hechizo pues parpadea y mira a su azabache amigo como tratando de entender que había pasado. Segundos después se recupera y su mirada se dirige al rubio.
—No vales mi tiempo —dice Hermione, para después dar media vuelta, tomar sus cosas de la mesa y caminar lejos del lugar.
—Tú y yo tenemos que hablar —dice Harry a Astoria, lanza una mirada a Draco que él no sabe cómo interpretar, y va detrás de la castaña.
El rubio siente el impulso de ir por Hermione, pero se detiene cuando Astoria se coloca frente a él con los brazos cruzados y una ceja arriba, como pidiendo una explicación. Draco la mira, en todo caso era ella quien tenía que hablar, él no tenía nada que decir; la rubia parece leer su pensamiento porque enseguida corta el silencio.
— ¿Y? ¿No dirás nada?
—Me encantaría platicar, Astoria, pero no tengo tiempo ahora —responde el rubio, un tanto irónico, cruzando la calle para volver a su auto.
— ¿Años sin vernos y sólo me dices: no tengo tiempo ahora? —dice Astoria siguiéndolo de cerca—. Vamos, debes tener tiempo para platicar con una vieja amiga, ¿no crees? —la rubia se interpone entre él y su auto, con una sonrisa de suficiencia en el rostro. Tenía que hablar con él, teniendo en cuenta lo mal que parecía llevarse con esa Granger podría ayudarla a separarla de Nathan.
Draco la mira a los ojos, hacia cerca de ocho años que no la veía, después de su "huida" a América creía que no la volvería a ver, pero ahora ahí estaba, esa rubia que le había robado el corazón cuando era un tonto adolescente estaba frente a él.
—Está bien —cede el rubio—, pero sólo lo que tarde en llegar a mi destino —pasa junto a ella y sube al auto sin decir más.
Astoria rueda los ojos, pero acepta el trato, camina hasta la puerta del copiloto y entra, mira el interior del auto rápidamente y después al rubio.
—Esto es un desastre —opina ella.
Draco enciende el auto y antes de avanzar por la calle, corresponde a la mirada de la rubia y con una sonrisa cargada de egocentrismo, responde:
—Justo como tu vida.
La joven detective ríe con notado sarcasmo y después de un "sólo conduce, ¿quieres?", se da cuenta de que ese engreído rubio sigue siendo el mismo del que se enamoró cuando era una chiquilla y que de no haberse ido a América tal vez, sólo tal vez, aún estarían juntos; incluso casados, después de todo eso era lo que sus padres, de ambos, hubieran querido.
¨ ° º O º ° ¨
—Hermione, ¿que fue eso? —pregunta el azabache al alcanzarla y tomarla del brazo para que dejara de caminar tratando de escapar de él.
—No fue nada, Harry, sólo… sólo fue Malfoy —responde al fin la castaña, niega con la cabeza y mira a su ojiverde amigo—. Sólo… necesito estar sola —añade caminando hacia una de las bancas del pequeño parque al que habían llegado.
Harry la sigue y se sienta a su lado.
—Tú no necesitas estar sola, lo que necesitas es hablar con alguien —dice el azabache tomando una de las manos de la castaña en señal de apoyo— y para eso estoy yo aquí, así que… te escucho.
Hermione suelta un largo suspiro, baja la mirada y presiona la mano de su amigo.
—Harry, tú eres mi mejor amigo pero…
—Oye —la interrumpe él acercándose más a ella y tomando ambas manos con las suyas—, confía en mí.
La castaña lo mira a los ojos, esos verdes ojos esmeraldas que desde que tenía 6 años se habían mantenido a su lado. Cuando eran unos niños y en la escuela se burlaban de ella por ser una sabionda, Harry la defendía; aquellos días en que Ron había comenzado a salir con una empalagosa chica cuando ella ya gustaba del pelirrojo, esos ojos verdes habían estado ahí para reconfortarla. Cuando había empezado a salir con Ronald, Harry se había alegrado por ella pero también había advertido al pelirrojo de no hacerle daño, y cuando terminaron, esos ojos estuvieron junto a ella. El día que tuvo problemas con sus padres porque había decidido estudiar fotografía y no leyes, Harry estuvo ahí para decirle que después de todo esa era su vida y tenía que hacer de ella lo que de verdad quisiera.
Por supuesto que confiaba en él, más que en nadie en el mundo, incluso más que en Carrie, es por eso que cuando sus miradas se enlazaron supo que al final terminaría contándole todo. Desde el momento en que puso un pie en la casa de los gemelos, lo poco que recordaba de Malfoy llevándola a su departamento, sin incluir el supuesto encuentro entre ambos que había estado a poco de terminar como algo intenso; también le contaría su salida a comer hasta cuando volvieron y Nathan los vio protagonizando las fotos que esa mañana habían sido publicadas en esa revista de gran circulación en Londres. Se lo contaría todo, tenía que desahogarse con alguien y recibir una opinión objetiva; Harry era amigo tanto de Nathan como de ella, además de que era detective, así que podía pensar sin dejarse llevar por sentimientos o emociones.
—No sé qué hacer, Harry, yo quiero a Nathan pero con todo lo que ha pasado con Malfoy… no sé si él me siga queriendo… —comienza Hermione, con la tristeza visible en el rostro.
Rostro que sin advertirlo era captado por alguien más, un joven castaño que ya veía ese rostro lleno de pesadez plasmado perfecta y artísticamente en uno de los lienzos que en su desordenado departamento esperaban ser utilizados.
¨ ° º O º ° ¨
—Bueno, ya tendré quien me saqué de prisión —dice Draco sin despegar la vista del camino.
Llevaban cerca de media hora de camino, Astoria no se había detenido ni un minuto en la historia de su vida desde que había llegado a Estados Unidos. Draco la había escuchado con atención mientras conducía, se habían abstenido de hablar sobre él pues la rubia le había dicho que ya sabía todo de su vida, después de todo no sólo era famoso en Londres sino en el mundo.
—Soy detective no abogada —aclara Astoria mirando por la ventana—. Pero… ya te conté mi historia, a grandes rasgos claro, ahora es hora de que retomemos nuestra gran amistad y me ayudes con un… asunto importante —dice viendo al piloto.
— ¿Qué asunto? —pregunta Draco mirándola un par de segundos, después pone la atención en la carretera de nuevo.
—Un asunto que involucra a… —piensa una palabra que pueda definir a la persona que estaba por mencionar— a tu agradable amiguita de la cafetería, Granger —termina la rubia, con notada ironía en su voz.
Draco alza una ceja, tratando de entender que tenía Astoria en contra de la castaña.
— ¿Qué te hizo a ti? —pregunta él con interés.
—Digamos que… arruinó mi oportunidad de ser feliz —responde Astoria con el semblante serio y la vista clavada al frente.
— ¿Qué? ¿Ella te obligó a irte a América y que te alejaras de mí? —dice el rubio divertido, deteniéndose en un semáforo en rojo, estaba a punto de llegar a su destino así que Astoria tenía que apurarse en contar de que iba aquel asunto porque no podía darle más tiempo.
—No, Draco, hablo de algo en serio importante —dice sin cambiar su actitud, lo mira—. Necesito que me ayudes a separarla de su novio —cuenta al fin, sin dejar de mirarlo.
— ¿Qué? ¿Por qué querrías separar a Granger de su novio? —pregunta Draco sin entenderlo al momento, pero después ata cabos rápidamente y hace una mueca—. Tienes que estar bromeando.
— ¿Te parece que estoy bromeando? —pregunta Astoria con un tono sombrío en sus ojos, tono que Draco sólo había visto cuando decidió irse de su casa a causa de sus padres—. Quiero a Nathan para mí —sentencia con una seguridad un tanto espeluznante.
El semáforo cambia a verde y el auto se mueve de nuevo sobre la carretera. La ojiverde mira por la ventana, con el brazo sobre el alféizar, dejando al rubio sólo con sus pensamientos. Al cabo de un par de minutos se detienen frente a un edificio con el nombre "Malfoy Transports" en una gran placa justo en la entrada, junto con su reconocido logo en la esquina superior derecha.
—Hasta aquí llegas —dice Draco, Astoria lo mira sin decir nada y baja del auto.
Segundos después él baja y la alcanza, la toma del brazo y la gira para que queden frente a frente.
—Te ayudaré —anuncia el rubio mirándola a los ojos, ella sonríe ampliamente y sin más lo abraza.
—Fue un gusto volver a verte, Draco —dice Astoria al separarse—, estoy segura de que ambos estaremos satisfechos con nuestro nuevo negocio.
Malfoy no dice nada, sólo asiente mostrando que está de acuerdo, Greengass da media vuelta y se aleja del lugar, tenía que volver al trabajo.
¨ ° º O º ° ¨
— ¿Tony? —la voz de la rubia suena con obvia sorpresa ante la presencia del castaño—. Creí que no vendrías estos días —se acerca a él y sonríe ampliamente, feliz de verlo recuperado.
—Luna —responde Tony en algo que bien podría ser un suspiro—. El doctor dijo que estaba bien, que no hacía falta que tomara descanso así que… aquí estoy —abre los brazos, como si fuera a dar un abrazo, demostrando que estaba en perfectas condiciones, además de la sonrisa correspondiendo a la de ella.
Luna sin esperar invitación, o mejor dicho, malinterpretando el gesto del castaño, lo abraza por la cintura, pegando su cabeza a su pecho. Tony se paraliza al sentirla tan cerca, incluso sus mejillas se tiñen un poco de rojo, pero corresponde a su abrazo. Aspira el dulce aroma de la ojiazul, sus manos se pierden en el largo y suave cabello rubio de la chica y no se separa hasta que ella lo hace.
—Me alegra que estés bien —dice Luna, sonriendo y tomándolo de la mano—, de verdad.
Tony la mira con ternura y suelta un suspiro, pero ella parece no percatarse porque simplemente lo suelta y se aleja rumbo a su camerino. Pero quien si se da cuenta de todo es el joven director que miraba la escena con notada molestia, molestia que fue vista por una actriz que justo en ese momento pasaba a su lado, pero que bien podía ser advertida por todo aquel que le pudiera unos segundos de atención a la fría mirada que el director le dedicaba a Anthony Goldstein.
—Parece que te ganaron el premio, Nott —dice la castaña deteniéndose junto a él, mirando a la pareja a lo lejos.
—Cállate, Tracey, aún puedo matarte —advierte Theodore sin mirarla siquiera.
—Sabes que la gente adora a Maya, si la matas tus cifras se irían al suelo —recuerda la castaña, jugando con su cabello.
—Pero quieren más a Autumn así que no estés tan segura de seguir mucho tiempo más aquí —dice Nott por último, antes de dar media vuelta y alejarse en dirección contraria a donde Goldstein se encontraba.
—Mira, que Lovegood no te haga caso no es mi culpa, querido, así que no quieras desquitarte con mi personaje —dice Tracey siguiéndolo de cerca—. Pero lo que no entiendo es porque no haces algo para ganártela, ya sabes, invitarla a salir, una cena, después a tu departamento, lo de siempre.
—Parece que olvidas que ella es Luna Lovegood —Theodore se detiene, quedando frente a la castaña—, ella no es como las demás, ella es diferente.
— ¿Desde cuándo te interesa tanto? —pregunta Tracey, sorprendida ante su reacción y sus palabras.
Nott no responde a su pregunta, sólo da media vuelta y se aleja rumbo a su oficina. No era la primera vez que le preguntaban algo así, nadie sabía porque él estaba tan interesado en la inocente rubia, no entendían como era que de entre todas las actrices que trabajaban cerca de él y de todas las mujeres que podía tener tanto por su trabajo como por sí mismo, quisiera a esa rubia que parecía vivir en otro mundo. ¿Qué tenía ella que la hacía diferente, además de su rareza? Él lo sabía, él sabía porque Luna Lovegood era especial, recordaba ese día cada que la veía en el set y simplemente no podía olvidarlo, aunque ella parecía haberlo hecho…
La música sonaba fuerte por todo el lugar, los jóvenes bailaban frenéticos en la pista, el aroma a alcohol invadía de esquina a esquina, las luces multicolores causaban ese efecto de mareo y fiesta que todo antro necesitaba. Pero él no le prestaba atención a nada de esto, él sólo tenía ojos y manos para la atractiva morena sentada a su lado en la barra, llevaban cerca de una hora platicando de cosas superficiales con roces pícaros entre sus cuerpos. Él iba por su quinta copa y ella igual, pero ella ya no estaba tan consiente de lo que pasaba por lo que él estaba seguro de que sólo bastaban pocos minutos para que pudiera llevársela a un sitio más privado.
—Tengo que… voy al tocador —dijo la morena levantándose y acercándose a él—, no tardo —murmuró en su oído para después darle una ligera mordida junto con una caricia nada decente en una parte nada pública.
Theodore miró a la morena irse, ladeó la cabeza con la vista clavada en su trasero que se movía sugerentemente; ni siquiera recordaba su nombre pero vaya que esa tipa estaba bien. Soltó un suspiro y se volvió hacia la barra de nuevo, tomó su vaso y se lo llevó a los labios.
— ¿Señor Nott? —escuchó una femenina voz junto a él, miró hacia donde provenía y se encontró con una rubia de grandes ojos azul cielo mirándolo con curiosidad, como siempre parecía mirar a todo el mundo.
—Luna, ¿que haces aquí? —preguntó Nott con sorpresa.
La rubia era la protagonista de la serie que él dirigía, llevaban grabando ya casi un año. Luna Lovegood, a diferencia de Draco Malfoy que estaba en la serie por él, había sido seleccionada por su gran talento como actriz; desde pequeña había empezado a actuar y sabían que por más que Draco tratara de meterse con ella no lo lograría porque era demasiado… extraña para el rubio. Pero para el joven director no era más que una rubia actriz con demasiada imaginación e infancia en su vida; por lo que verla en ese antro, a pesar de ser una lugar caro, le tomó por sorpresa.
—Acompaño a una amiga, terminó con su novio, quería salir a divertirse pero no sola así que me pidió que la acompañara —contó la rubia con una sonrisa que desencajaba con el impetuoso ambiente que reinaba en el lugar.
— ¿Una amiga? —fue lo único que Theodore preguntó.
—Si, Ginny Weasley —respondió Luna, mirando hacia la pista de baile donde su pelirroja amiga bailaba con un desconocido.
Theodore captó a la pelirroja, sabía quién era, pero nunca le había parecido una mujer muy atractiva así que volvió su atención a la rubia.
—Parece que si se está divirtiendo, así que… ¿qué te parece si te invito una copa? —propuso él, sin más intención que compartir un trago con la actriz que protagonizaba su historia.
—Claro —respondió ella como si no fuera nada, sentándose junto a él.
El barman se acercó a la rubia y le sirvió lo mismo que Nott estaba tomando, después de una sonrisa y un amable "gracias", miró a su director y levantó su vaso.
—Por una segunda temporada para New Age —brindó la ojiazul sin borrar la sonrisa de su rostro, haciendo que él se preguntara como es que podía mantenerla siempre.
—Salud —respondió Theo chocando sus vasos, para después enfrascarse en una de las pláticas más interesantes que hubiera tenido nunca con una chica.
La noche siguió, ambos salieron del antro después de que la pelirroja amiga de Luna se fue con el tipo que había conocido. Theodore llevó a la rubia a su casa, nunca le pasó por la cabeza la idea de llevarla a su departamento sólo para pasar lo noche con ella, en lo único que pensó fue en cómo era que no se había dado cuenta quien era Luna Lovegood. Habían pasado casi dos horas platicando sobre cosas interesantes y diferentes, habían tomado pero como a la rubia parecía no hacerle nada el alcohol eso no impidió que siguieran pasando un agradable rato. Cuando estacionó frente a su casa y ella besó su mejilla tan dulce e inocentemente que se sintió como un adolescente en su primera cita, supo que esa rubia de llamativos y expresivos ojos azules que trabajaba con él cada día desde hace casi un año, terminaría robándole el corazón; eso no le asustó, nunca se había enamorado, pero sí tenía que enamorarse de ella no tendría problema.
—Adiós, señor Nott —se despidió Luna al bajar del auto e inclinarse en la ventana.
—Adiós —respondió él mirándola como si la viera por primera vez—. ¡Luna! —gritó, pues ella ya llevaba la mitad de camino hasta su puerta— Ya no me llames señor Nott, dime Theo —pidió el moreno.
Luna asintió, pero el señor Nott tendría que pedirle eso muchas veces más antes de que ella aceptara dejar de llamarlo así, pero en el momento en que eso pasara él sabría que era hora de ir más en serio y hacer todo por conseguirla, porque fuera sólo para él; si, sonaba egoísta pero así era Theodore Nott, era un hombre que apreciaba mucho lo que era suyo y Luna Lovegood sería suya tarde o temprano, no sólo físicamente sino en todos los aspectos posibles.
¨ ° º O º ° ¨
Respira profundo, siente como empieza a temblar y no era por frío. Camina con paso decidido hasta la puerta con el número 207, mira el número unos segundos antes de atreverse a tocar. Sus nudillos se detienen a centímetros de la puerta, suelta el aire lentamente y sin más toca tres veces. Se cubre la mitad del rostro con la gruesa bufanda que cargaba en su auto desde el inicio de ese clima invernal y que no se había puesto sino hasta ese momento, mete las manos en su abrigo y muerde su labio internamente, tratando de controlar su temblor.
La puerta se abre, un chico de cabello oscuro y ojos azules como el mar que rodeaba su país la recibe con la incredulidad visible en el rostro. Ninguno dice nada, ninguno sabe que decir, Nathan se hace a un lado y la castaña entra al departamento. Hermione se sorprende al darse cuenta que hace casi tres meses no estaba en ese lugar, pero aún así lo reconoce; sus paredes blancas, sus muebles un tanto gastados, su sofá color claro, su televisión casi sin uso y su mesa llena de papeles provenientes de su trabajo, todo seguía igual.
— ¿Qué haces aquí? —pregunta Nathan a la defensiva, después de cerrar la puerta y deteniéndose detrás de ella.
La castaña da media vuelta, quedando frente a frente con su aún novio.
—Tenemos que hablar —responde Hermione, quitándose la bufanda y sosteniéndola entre sus manos, con nerviosismo.
—Sí, supongo que si —dice Nathan, señala el sofá y ambos se sientan, dejando distancia de un espacio entre ellos.
—Nathan… —comienza la castaña bajando la mirada.
El ojiazul la interrumpe tomándola de las manos, ella levanta la mirada sin saber cómo interpretar aquel gesto. Se miran a los ojos y él suelta un suspiro al comprender lo que pasa, sólo quedaba una solución.
—Esto se acabó —dice Nathan, pero no molesto o grosero, sino tranquilo y comprensivo.
Hermione abre los ojos sorprendida. Después de su plática con Harry había entendido que lo mejor era terminar pero no esperaba que él lo sugiriera primero. La castaña presiona sus manos y se acerca un poco a él, pone su mano sobre su mejilla, él pone una mano sobre la de ella.
—Es lo mejor —concuerda Hermione acariciando su mejilla.
Nathan asiente y se levanta. Le da la espalda, mirando la puerta y con las manos en los bolsillos.
—Tengo que volver al trabajo —dice el detective abriendo la puerta, sin mirarla.
—Claro —la castaña se levanta también y camina hasta la puerta, se detiene frente a él tratando de buscar su mirada pero sus ojos azules se mantienen clavados en el piso del pasillo—. Adiós —se despide y sale del departamento.
El ojiazul no dice nada, sólo asiente demostrando que la ha escuchado y cuando ella sale cierra la puerta lentamente. Hermione camina rumbo a las escaleras y las baja con pasos lentos pensando en que eso había sido lo mejor, pues como Harry le había dicho: "tú no lo amas y lo que pasó demuestra que lo suyo era más… costumbre que otra cosa, lo mejor será que se den un tiempo y si terminas extrañándolo de verdad entonces… tendrán que darse otra oportunidad."
Se escucha como un vidrio se rompe en el interior del departamento número 207, su dueño, el detective Nathan Roxwell, había aventado un vaso que se encontraba sobre la barra de la cocina contra la pared. Sus puños cerrados con tanta fuerza que sus nudillos ya estaban blancos, su respiración agitada y su mandíbula presionada haciendo sus dientes chirriar, dejaban ver como su escasa reacción ante el fin de su relación con la castaña había sido sólo una tapadera para su verdadero sentir. Toma un plato de la barra y lo tira al suelo, patea uno de los bancos altos de la barra, sus ojos se humedecen y golpea la pared; grita, grita molesto, enojado, pero sobretodo decepcionado porque sabe que él le falló a ella, pudo verlo en sus ojos.
Cuando sus miradas se habían unido notó que la joven fotógrafa que había conocido hace más de seis años no era la misma que tenía enfrente. La castaña había cambiado pero más que nada sus sentimientos ya no eran los mismos. Antes podía ver el cariño y calidez que ella tenía sólo para él, ahora no; desde siempre creyó que ese cariño terminaría por convertirse en amor pero no fue así, ese cariño fue creciendo hacia el lado equivocado, ella no lo amaba, lo quería, lo quería mucho, pero no sentía verdadero amor. Por eso la había dejado ir, no creía que tuviera algo real con Draco Malfoy, así que esperaba que le fuera bien.
Se deja caer en el sofá y respira profundamente tratando de calmarse, un aroma llega hasta su nariz y lo reconoce de inmediato: rosas, cerezas y vainilla, su mirada se clava en el causante, Hermione había olvidado su bufanda. Nathan la toma y la acerca a su rostro, aspira el suave aroma cerrando los ojos y se da cuenta de que aunque ella no lo ame, él a ella sí; abre los ojos y toma una decisión, le daría tiempo para que las cosas se calmaran, dejaría que el asunto de Malfoy pasara y trataría de calmar su conciencia respecto a lo que había pasado con Astoria, después de todo eso se volvería a acercar con la esperanza de recuperarla.
No podía perderla.
¨ ° º O º ° ¨
El Lago Negro era un oscuro pero caro bar en una peligrosa zona de Londres, aun así no había día que no estuviera lleno; delincuentes, traficantes, niños ricos que sólo querían sentir la adrenalina de estar en un sitio peligroso, ladrones de guante blanco, hombres de negocios, mujeres en busca de un buen prospecto, jóvenes que buscaban conseguir algo para consumir y divertirse; esa era la típica clientela del Lago Negro, todos lo sabían, nadie lo decía. Su dueño, el señor Bulstrode, tenía el dinero suficiente para no tener problemas con la ley. Era el lugar perfecto para reunirse a hablar el tema que les concernía.
—Aquí estoy —dice el moreno sentándose junto al rubio en la barra.
El barman se acerca para servirle pero el moreno niega con la cabeza, la verdad no pensaba quedarse ahí mucho tiempo.
—Lo haré, te estaré llamando esta semana para decirte lo que necesito —comienza el rubio, sin mirarlo, con la vista clavada en su bebida—, no quiero que nada salga mal —dice con voz dura, después da un trago a su vaso.
—Nadie quiere que nada salga mal, Draco, pero recuerda —el moreno pone su mano sobre su hombro— él señor Riddle no se anda con juegos —dice en voz baja.
—Lo sé, Blaise, lo sé —es lo único que sale de la boca del rubio antes de dar otro trago hasta terminarse el contenido.
Zabini lo mira, sabía cómo era Draco Malfoy por lo que sabía que fuera cual fuera el plan que estaba formando en su cabeza para conseguir la Espada del León sería exitoso; pero de igual forma sabía que ese actuar no pronosticaba nada bueno, el rubio se había metido en eso por algo más que el dinero, quería entrar en el grupo de Voldemort por algo importante, tenía que descubrir porque. Blaise le da una palmada en la espalda y sin decir más sale de ese lugar con su blanca sonrisa que siempre decía: no confíes en mí.
Bueno, hasta aquí llegamos por hoy, espero que el capítulo les haya gustado y me dejen sus lindos reviews. Por cierto, ¡feliz navidad! (atrasada pero meh…) y desde ahora también les deseo un ¡próspero año nuevo! Que se cumplan todas sus metas y les vaya bien. Espero subir pronto el siguiente capítulo.
X. Yiriz.
