Aceptar un favor de un amigo es hacerle otro.
John Churton Collins
Caminé hasta la parada de autobús esperando que ocurriese algo que me hiciera devolverme. No sé para qué iba, podía haberle contestado a Mathias que estaba ocupado, era muy tarde, o derechamente, no asistir. Pero la duda era más grande. Además, era mi primera aventura sin avisarle para nada a Lukas. Antes siempre dejaba una nota "iré a tal parte" o "fui a comprar a la librería" avisando que me llamaran en caso de cualquier cosa. Pero ahora era distinto. Si me llegara a pasar algo, nadie se daría cuenta. Deseé que alguno de los chicos se figurara de mi ausencia desde el balcón. Andaba a paso lento, y tardé más de lo usual en llegar a la parada.
Finalmente, llegué a la parada. Al lado mío, había una vieja llena de paquetes, también esperando el autobús. Cerca de ella, una chica jugaba con su pelo. Un hombre parecía concentrado jugando con su móvil. Me senté en el asiento desocupado y esperé.
Al rato, vi que un auto comenzó a hacer luces en mi dirección. Las ignoré. Pasó un autobús y mis tres "acompañantes" se fueron. Me iba a ir al apartamento, pero el auto se acercó a la parada. Era caro, negro y lustroso Bajó su ventanilla y el que lo conducía era, naturalmente, Mathias.
-¿No era que no tenías automóvil?.
-En efecto Emil. No tengo.
-¿Lo robaste? –No sé por qué, pero de él puedo esperar cualquier cosa.
-¡Ahhh! No, no lo robé. Un amigo me lo prestó para que fuéramos a dar una vuelta. Los dos solos.
Mierda. ¿Y si en realidad lo único que quiere de mí son otras intenciones? Que eres ingenuo, Emil. Tranquilízate. Si pasa algo, puedes defenderte. Creo.
-¿Te quedarás afuera?
Ya. Ahora o nunca. Voy o no con Mathias a donde se le dé la gana.
Abrí el asiento del copiloto y antes de entrar, dirigí mi mirada al balcón del apartamento.
-Perdón, Lukas. –susurré.
Y entré al vehículo.
Si el exterior era lujoso, el interior lo era más aún. Los asientos forrados en cuero, un tablero recargado en aplicaciones que jamás había visto en mi vida, forma aerodinámica… Mathias debe tener buenos amigos.
-¿Perdiste tu bicicleta?
-Nop.
-¿Y entonces?
-¿Entonces qué?
-¿La razón de esto?
-¿Ese esto te refieres a qué?
Idiota. El auto, qué más va a ser.
-AHHH… ¿Te referías al automóvil? El hijo de mi jefe me lo ha prestado. Para que le diera un par de vueltas. Extremo cuidado. Él es de temer cuando destruyen sus cosas.
Hm…Revisé la guantera para ver si había algo de interés. Mathias no dijo nada. No sonaba la radio, así que el ambiente era silencioso. En la guantera había un par de postales, con sellos de los Países Bajos, junto a una fotografía de tres chicos. Uno era altísimo (claro que más bajo que Berwald), con una chaqueta caqui y una bufanda azul. Una chica de cabello corto, rubio y que vestía un bonito vestido blanco, sujetaba un enorme ramo de tulipanes rojos. Finalmente, el más bajito, supuse que no debía tener más de 14 años, era bajo, de cabello rubio ceniza, al igual que el otro chico, pero con ojos verdes. Mathias debió de verme con la fotografía.
-Esos son amigos míos. El de la bufanda es Vincent (el dueño de este auto). El hijo de mi jefe. Pero nos conocemos desde niños, cuando vivía en Copenhague. La chica con el ramo de flores es Gabriella. Un amor, pero cuando usé mis tácticas de conquista, ella… bueno me rechazó cortésmente. El niño es Alexandre. Vive para trabajar. Me recuerda un poco a ti, pero él es un poco llorón.
-Perdona. No debí intrusear de esa forma en un auto ajeno –dije y guardé las postales y la fotografía en la guantera.
-Créeme que Vincent me advirtió acerca de andar husmeando, pero, como verás, a mí me encanta investigar… -y sonrió- Si él no lo sabe, nosotros estaremos bien.
Entraríamos dentro de un rato a la autopista. El reloj marcaba un poco antes de las diez de la noche. Las luces pasaban fugazmente por mi ventana. Mathias entró a la autopista.
-¿Para qué es esto? ¿O sea, la razón de que me hayas llamado?
-Espera, pollito. Falta poco.
Decidí mirar la ventana; ya no se me ocurría nada mejor que decir. Por otra parte, decidía cuál era el mejor momento para agradecerle la salvada del día de lluvia. De tanto pensar confundí el ruido de los autos, y quedé profundamente dormido.
Desperté cuando el auto apagó el motor. Observé a mi alrededor para admirar el paisaje. Era, por lo visto, un mirador. Podías ver toda la ciudad, centellante bajo nosotros. Ningún vehículo nos acompañaba.
Comencé a tensarme. No es que fuera paranoico, pero la situación era muy sospechosa. Examinaba el automóvil para buscar alguna arma en caso de que el danés se comportara de forma indecente conmigo, pero lo único de utilidad eran las postales con la fotografía y para colmo, eso no contaba como arma. Comencé a rezar en mi mente. Si me llegaba a matar, que lo hiciera rápido. Y si quería hacer otra cosa, que me diera las fuerzas para enfrentarle.
-Oye, si piensas que te he traído aquí para tener sexo contigo créeme que estás muy equivocado. No soy pedófilo ni mucho menos. –El danés habló de improviso.
¿Sabes leer mentes Mathias? ¿Telepatía? ¿Superpoderes? ¿O desde el principio sabías que pensaría eso?
-Emil, Emil, Emil. Yo tuve 15 una vez, así que sé cómo se ponen los chiquillos de tu edad. Venga, salgamos afuera. No te atacaré ni nada. Además, si lo piensas de esta forma, si te hubiese querido hacer algo, lo habría hecho cuando estabas dormido. –Sonrió de oreja a oreja. Una sonrisa sin malas intenciones aparentes.
Mathias usa la lógica. Y yo que pensaba que todo en él era ilógico. Como sea, es un buen punto. Decidí salir. Si yo quise salir sin el permiso de nadie, era mi responsabilidad.
Suerte que ando con mi chaqueta. El viento acá es helado. Mathias usaba un chaquetón de cuero negro, lleno de tachas, jeans rojos y ahora calzaba botas militares. Nos apoyamos en la parte frontal del vehículo. Mathias rebuscó algo en sus bolsillos. Sacó un cigarrillo y me ofreció uno. Cortésmente le rechacé, odio beber y fumar. Cogió un encendedor y prendió la colilla.
-Estoy intentando dejar el hábito. Cuando pienso demasiadas cosas agobiantes me da por fumar. Vincent dice que lo que no haga la cerveza por mí, lo hará el cigarro.
-Odio fumar. Y beber. Cuando estaba en Inglaterra, la oficina de papá estaba cargada de humo de cigarrillo.
-¿Inglaterra?
-Dos años. Antes de vivir aquí. –respondí, mientras jugaba con mis manos.
-Es divertido allá. Las fiestas son las mejores.
-No me gustan las fiestas. Mucho ruido y pocas luces.
-Ya te gustarán. ¿Sabes que Berwald adora las fiestas? Es un tío que a simple vista parece hecho y derecho, pero con algunos grados de alcohol en la sangre… es impresionante cómo un par de copas transforman a alguien.
-¿Siempre te has llevado mal con él?
-No siempre. Cuando niños hacíamos todo juntos. Era como Lukas y tú. Pero cuando me vine aquí pasaron un par de asuntillos que hicieron que nos peleáramos. Lukas y tú son muy unidos. Estoy casi celoso, ¿sabes?…
- Él es mi única familia y le quiero mucho.
-¿Única? –El danés puso cara de desconcierto.
-No hablo nada con mi padre y mi madre murió hace años. De vez en cuando me comunico con mi madrastra, pero no es lo mismo. También están mis abuelos, o mis primos, pero viven en el campo, así que las comunicaciones son muy difíciles.
-La has tenido un poco difícil esta vida. Algo disfuncional. Yo no sé. Mis padres y mis tíos no son de los viejos que son comprensivos. Por algo me fui. Berwald es de los que soportan la orden más estricta, pero yo no soy así –exhaló una gran bocanada de aire- Pero sí que jamás viví en estrecheces y recibí todo lo que deseaba. Estoy agradecido por eso.
Iba pensando un poco en todo esto. Leyendo el ambiente. Este era el mejor momento para agradecerle. La ciudad brillaba bajo mis pies, y los automóviles parecían hormigas corriendo en el hormiguero. Antes de que Mathias tocara el tema que nos convenía, decidí que lo más apropiado era que soltara el tema que giraba en mi cabeza desde hace tiempo. Tragué una gran bocanada de aire y comencé mi perorata.
-Mathias… y-yo…
Para de tartamudear, pensé. Era ahora o ¿nunca?
-…te quería dar…
Ehem. Me aclaré un poco la garganta.
-¿Eh? –Mathias descruzó las piernas y me miró con sus ojos color cielo que tiene. –Emil, estás colorado como un tomate.
-¡Te quería dar las gracias! Digo… por el día de lluvia. Si no hubieras intervenido... estaría lleno de moretones y cabestrillos. No te lo dije antes por diversas razones, pero….
-Igual yo.
-¿Qué?
-Muchas Gracias. Por conocerte a Lukas y a ti. Pero aceptaré de forma total tus agradecimientos con una condición. De hecho, lo que te diré ahora fue la razón principal por la que te llamé hoy.
Cogió mi mentón y lo acercó a su cara. Podía sentir su respiración, el halo de calor que emitía su cuerpo y me llegaba al mío. Sus ojos cerúleos perforaban los míos, y aunque intenté desviar la mirada, no pude. Ni siquiera tuve tiempo de reaccionar, gritarle, empujarle y decirle que se alejara. Simplemente me quedé ahí, estupefacto.
-Es un favor muy simple, no te tomará menos de cinco minutos y cuando lo hagas puedes olvidarte de él. ¿Puedes hacerlo por mí?
Asentí, como un idiota, embobado por su mirada. Mathias sonrió. Tiritaba de pies a cabeza. Nunca he estado tan cerca de los labios de alguien. Que podíamos besarnos, ya ves.
-Es fácil. Como compensación y para que este asunto esté concluido, yo quiero…
…
Notas:
- ¡¿Qué Mathias? ¿Qué quieres decir? CLIFFHANGER OF DOOM. (Read it with emotion, please XD).
-Cameos: Holanda (Países Bajos), Bélgica y Luxemburgo (la descripción es de mi imaginación) Aún no sé si jugarán un papel importante en la historia como sí lo hacen Hong Kong, Rusia y Liechtenstein. Por lo tanto, siguen como cameos.
-Gracias a PukeRainbows, Nini, Aki-Tamashi26 y Ann Aseera por los reviews, además de todos los que han marcado el fic como story alert, favoritos, etc.
