Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.
Este capítulo puede contener vocabulario obsceno, preferible para personas maduras. No apto para cardiacos.
"Más que Apariencias"
Cap.10
—¿Llevarme contigo?, ¡te has vuelto loco! —Le dijo mientras se ponía de pies para poderlo enfrentar.
—¡Tú me perteneces!, y he venido a reclamarte —la voz varonil la hizo estremecer.
—No te pertenezco, jamás te he pertenecido y nunca te perteneceré —le gritó desesperada.
—Eras mí prometida, hasta que ese… —le causaba daño hablar de eso.
—Tú lo has dicho, lo era; ya no. Mi esposo es Inuyasha Taisho, y le pertenezco sólo a él —jamás pensó que diría eso.
—Pero tú no lo amas, ese matrimonio ha sido arreglado, tú padre ha explicado todo. Por eso he venido a por ti —le comentó el chico de cabello castaño.
—No necesito que vengas por mí, no quiero ir a ningún lado —le explicó la muchacha.
Kagome decidió explicarle la situación. Ella no dejaría a Inuyasha por que no deseaba que sus familias rompiesen el trato que tenían para proteger a su tierra natal. Esperaba un poco de comprensión por su parte.
—Se me hace imposible entenderlo, ¿cómo puedes entregarte a un hombre que no amas?, acaso te… ¿obliga? —temía por su respuesta.
—No, Inuyasha no es como tú crees. Él… me ha respetado —le murmuró.
—¿Quieres decir… que sigues siendo virgen? —su curiosidad le mataba.
—Sí —musitó por lo bajo.
—¡Eso es perfecto, Kagome! —ella no entendía que quería decirle—. Si eres virgen quiere decir que el matrimonio no se ha consumado, por tanto es como si nunca te hubieses casado —le explicó tratando de mantener la calma, porque la situación lo tenía más que excitado.
—Pero, yo… —él la interrumpió.
—Sé que quieres proteger a Okinawa, pero… ¿Qué pasó con tu felicidad?
Sabía que Hoyo hablaba de su felicidad más que de la suya, estaba al tanto del afecto que él le tenía. Se había enamorado de ella cuando eran niños, y a pesar del pasar del tiempo su afecto aumentó en vez de disminuir, sin embargo este no era correspondido. Decírselo heriría sus sentimientos así que optó por no mencionárselo, aunque el no hacerlo le estaba constando muy caro.
—Mi felicidad no importa. Si mi matrimonio ayudará a derrotar a Naraku, lo demás no interesa —No se inmutó ni un poco con su comentario anterior.
—Pero Naraku ni siquiera se ha visto por allá.
—Entonces deberíamos estar más que preparados, pues debe estar planeando algo realmente siniestro —trató de explicarle su punto.
—Vendré por ti —le dijo luego de un extenso silencio—. Sólo mantente doncella, no se te ocurra entregarte a él —la miró fijamente.
—¿Qué estas planeando? —le preguntó asustada debido a su expresión sombría.
—Derrotar a Naraku para luego venir a reclamarte.
—Inuyasha jamás me dejará ir —le explicó ella.
—No he dicho que le "pediría" tu libertad —ella se asustó aún más—. Pienso demostrar ante la corte tu inocencia, así el matrimonio quedará anulado y serás libre.
Kagome no pudo evitar pensar en su libertad, casarse con un hombre que realmente la amase, su tan añorado príncipe azul.
—Tú y yo nos casaremos legalmente, y podremos ser felices —terminó él; pero ella no estaba contenta con la última parte.
Antes de que pudiese darle su opinión, se escuchó una voz varonil llamarla.
—Me están buscando —el miedo se hizo notar en su cara —. ¡Vete!, si mi esposo se entera de nuestra conversación, te matará y luego me matará también —le advirtió.
—No puedo irme hasta saber tu opinión.
La voz volvió a llamarle.
—Por favor —le suplicó.
—¿Te casaras conmigo después de liberarte? —le preguntó por fin.
—No puedo responderte eso —le dijo más que asustada.
—¿Porqué?
La voz la llamó nuevamente.
—Porque aún no tengo mis sentimientos claros hacia ti —trató de no herirlo.
Él agachó la mirada.
—Está bien, piénsalo y cuando te hayas decidido habla conmigo —le murmuró antes de perderse entre los árboles.
Esta vez, cuando la voz llamó, ella contestó:
—Aquí estoy.
Se escucharon los pasos acercándose.
—¡Por fin!, no sabe cuánto la hemos buscado —le comentó agitado el pelinegro.
—He venido a distraerme, no quería causar problemas —le comentó por lo bajo.
—Inuyasha está que echa humo, además se han reunidos todos los sirvientes a buscarle.
Kagome se sonrojó, todos estaban locos buscándola y ella hablando de lo más tranquila con su ex-prometido.
—Lo mejor será que regresemos —sugirió el muchacho.
Ella sólo asintió y caminó de regreso a la mansión.
Al llegar allí, se encontró con Midoriko en la entrada.
Al verla, la abrazó rápidamente, le comentó la preocupación que todos habían sentido debido a su ausencia y le hizo unas señas extrañas a Miroku que no pudo evitar observar.
—¿Dónde está Inuyasha? —preguntó desafiante.
—Bueno… él… está… —titubeó.
Vio como la cara de ambos se volvió pálida.
—¿Le ha pasado algo? —estaba preocupada.
—No, no. Mi niña, él está muy bien —respondió la anciana nerviosa.
—¿Entonces? —escuchó unos gritos proveniente de la planta superior, eran femeninos.
Sin pensarlo dos veces, Kagome subió las escaleras y se dirigió al despacho de su marido. Abrió la puerta de sorpresa y encontró una escena nada agradable.
"Su marido agarrando la mano de otra mujer"
—Inu-yasha —balbuceó.
—Kagome, puedo explicarte —soltó rápidamente la mano de la mujer.
La reconocía perfectamente, era la pelirroja de la fiesta.
—Hola, Kagome —respondió ella con una sonrisa falsa.
—Ayame, ¡lárgate de aquí! —le gritó él.
—¿Porqué no le cuentas a tu esposita sobre nosotros? —utilizó un tono seductor.
Kagome palideció.
—¡No existe un "nosotros"! —le gritó nuevamente.
—Si quieres negárselo, es tu problema —caminó hasta el lado de Kagome y le sonrió sínicamente—. Nos estamos viendo —le comentó arrogante mientras abandonaba la habitación.
Kagome pretendía marcharse, pero el ambarino la sostuvo del brazo.
—No puedo permitir que te vayas así —le dijo tiernamente.
—No tienes que explicarme nada, nuestro matrimonio no es de verdad, ¿se te olvidó? —le contestó irónica.
—Aún así, mereces una explicación —trató de sonar amable.
—¡No quiero que me expliques nada! —le gritó.
El ambarino la jaló hacia adentro de la habitación y cerró la puerta, debido a los "curiosos" que rondaban por allí.
—Por favor, escucha mi versión —le suplicó tratando de no perder los estribos—. Ayame fue… un amorío del pasado. Bebimos, ella era hermosa y terminamos… Bueno tú sabes lo que se hace.
Kagome levantó las cejas en señal de molestia.
—Exactamente lo que estuvo a punto de pasar entre nosotros.
—No, eso fue diferente —explicó nervioso.
—¿Cuál es la diferencia? —el sarcasmo en su cara era espeluznante—. No me vengas con historias chinas.
—La diferencia es que yo te deseaba; con Ayame sólo fue una noche de copas…
A Kagome se le sonrojó hasta el último mechón de cabello.
—Ella quería desposarse conmigo, pero yo nunca la tomé en cuenta —le continuó explicando—. Entonces hizo todo eso para obligarme, pero mi padre utilizó su poder para salvarme de eso.
—¿La utilizaste y evadiste tus responsabilidades?, ¡eres un bastardo! —estaba hirviendo.
—¡No!, ella me usó a mí; sólo quería mi dinero, además ni si quiera era doncella, sólo es una puta caza fortuna.
Kagome lo miró muy molesta. No le gustaba su forma de hablar de esa mujer.
—Si dices que no tienes nada con ella, entonces ¿qué hacía aquí? —le preguntó molesta.
—Está molesta porque me he casado, y se ha puesto a gritarme como una loca.
Ella dudó.
—No entiendo tu cara, has sido tú quien se ha perdido toda la tarde, dime ¿dónde estabas? —le juzgó.
—He estado en el patio todo el tiempo —le dijo nerviosa.
—No puedo permitir que hagas lo que te dé la gana —comentó algo molesto—. Desde hoy tendrás que avisarme antes de salir de la mansión —ordenó.
—¿Quién te crees? —le comentó verdaderamente enfadada.
—Soy tu marido, y no puedo arriesgarme a que… —decidió callar.
—No pienso huir —le comentó ella al entender su silencio—. Si lo hago, Okinawa pagaría las consecuencias y no estoy dispuesta a que eso suceda.
—No te tengo confianza, así que mientras vivas bajo mi techo, cumplirás mis órdenes —le comentó bastante irritado.
Ella le lanzó una mirada de ira y salió de la habitación repentinamente dando un portazo.
La noche cayó, y todos estaban algo inquietos.
Kagome por su parte, estaba pensando en la propuesta de Hoyo, que para bien o mal, le resultaba bastante atrayente. Por supuesto, omitiendo la parte de "casarse con él".
Inuyasha estaba muy enfadado, aquella mujer vino a reclamarle algo que ni venía al caso, además le molestaba que la pelinegra lo haya encontrado en pleno apogeo con la pelirroja.
Es que la chica estuvo perdida toda la tarde y tenía que aparecer precisamente en ese momento, parecía que nada le estaba saliendo bien con ella.
Mientras divagaba en sus pensamientos, escuchó que alguien tocaba la puerta de su despacho, que se había convertido en su escondite para distraerse. Dio la autorización y se encontró con su primo que no tenía una muy buena cara.
—¡Miroku!, toma asiento —le sugirió.
El chico tomó en cuenta su sugerencia y entonces le miró a la cara. Sin poder aguantarlo más, le soltó:
—¿Qué piensas de la señorita Kagome? —él ambarino sintió que le cayó un balde de agua fría en la cabeza.
Luego de un pequeño silencio, le contestó.
—Es… algo bonita, además de terca, fastidiosa, desobediente, criticona, gritona y… —dejó de hablar al ver la expresión de su primo.
Este escuchaba atentamente, pero al mismo tiempo jugaba con sus dedos en señal de nerviosismo.
—¿A qué viene esa pregunta? —su curiosidad por fin salió a flote.
—No lo sé—le contestó—. No es que piense mal de ella, pero… ¿no crees que fue muy extraño su extravío de hoy?
—Si lo fue, pero Kagome parece ser muy extraña, por eso no me ha sorprendido del todo.
—Creo que le estás dando demasiada confianza —le dio su opinión.
—Tampoco es que Kagome y yo nos llevemos muy bien —le recordó.
—Ya se ha comprobado tu apetencia hacia ella, y eso te pone en desventajas —le explicó.
—¿Apetencia?, no seas ridículo. Lo que pasó anoche fue un desliz. Ella es una mujer y yo soy un hombre, además estaba bajo los efectos del alcohol. Y sí, la desee, pero ha sido por un momento —trató de justificarse.
—¡No me engañas!, la señorita Kagome te gusta, te conozco —respiró profundo antes de continuar—. No has pensado que Kagome puede traicionarte después de que Naraku esté muerto.
Inuyasha arrugó las cejas.
—¡Explícate! —le comentó molesto por su altanería.
—Imagina que la señorita, luego de la muerte de Naraku, se conserva doncella y logra probarlo, tu matrimonio quedaría anulado, ¿entiendes? —trató de explicarle.
—Eso no estaría tan mal —comentó pensativo.
—No me vengas con eso. Sé que no soportarías otra traición —dijo.
—Si Kagome quiere irse, pues ¡que se vaya! —expresó.
Miroku le miró por un momento, sabía que los sentimientos de su primo hacia esa muchacha eran fuertes y que su traición podría devastarlo.
En la habitación: Kagome quería arrancarse los cabellos. Se debatía entre irse o quedarse. Realmente ¿sería capaz de abandonar a Inuyasha después de que ya no le fuese útil?, no lo sabía con certeza, pero ella había jurado ante Dios estar siempre a su lado. No soportaba la idea de abandonarle, y mucho menos después de lo que "casi" pasó.
Simplemente su corazón comenzó a volverse vulnerable, y no podía evitar pensar en sus besos cuando le veía la cara.
Comenzaba a quererlo…
La hora de la comida llegó y decidió cenar solo. Se quedó pensando en las últimas palabras mencionadas por su amigo:
—Si realmente la quieres y ella te quiere a ti, exprésale tus sentimientos y haz lo que tengas que hacer para asegurarte de que nunca se marchará de tu lado —comentó serio.
Luego salió de la habitación.
Lo estaba incitando a hacer algo que no era correcto. No podía negar que estaba extrañado por la reacción de su cuerpo ante la respuesta de la chica, ella le había correspondido y él se sentía en el paraíso, sin embargo eso no le daba el derecho a decidir su futuro.
Una vida entera a su lado…
No estaba seguro de que fuese lo mejor, al menos para ella.
Con ese debate en su cabeza se quedó dormido en un molesto sofá de su despacho; inevitablemente a las dos de la madrugada se levantó con un dolor de espaldas de infierno. Estaba molesto por tener que dormir allí, sólo para tener consideración con la intrusa que ocupaba su cama.
Entonces a su cabeza llegó una idea. Sabía que la cama era muy grande, lo suficiente para que ambos cupiesen perfectamente. Así que tomó la decisión de ir y dormir con su esposa; aunque fuese en un ladito de la sabrosa cama.
La pelinegra no podía dormir, su mente daba vueltas con la misma idea. Y es que trataba de olvidarse de ella y aparecían los recuerdos de la noche anterior con el ambarino.
Estaba molesta consigo misma por haber sido tan regalada, y además no pudo decirle a su ex-prometido que no lo amaba y que ni en sueños dejaría a Inuyasha para irse con él. Sin embargo la idea de casarse con un buen hombre la mantenía inquieta.
Sintió que alguien abría la puerta de su habitación. Se asustó mucho, pero decidió hacerse la dormida. Aquella persona trató de ser silenciosa, caminaba en puntillas y ella sentía que se estaba acercando. La inquietud estuvo presente hasta que sintió al lado del colchón que estaba libre hundirse poco a poco. Ya se imaginaba de quién se trataba. Abrió un solo ojo para cerciorarse, y su sospecha fue corroborada.
—¡Mmm!, ¡qué rico! —dijo él mientras se acomodaba en su cama.
Ella le miró completamente y contuvo una risita al ver su cara de satisfacción.
Luego de un rato comenzó a escuchar su respiración más calmada, así que se imaginó que ya estaría dormido. Ella en cambio tenía mucho en la cabeza y ahora debía agregar que estaba durmiendo demasiado cerca de "él".
Se levantó de la cama tratando de no ser muy brusca, caminó hacia la puerta y le echó un último vistazo antes de irse. Bajó las escaleras con mucha precaución y cautela, pues tenía en cuenta que todos estarían durmiendo.
Llegó a la cocina, agarró un pequeño vaso y tomó un poco de agua de un recipiente con tapa que se encontró. Lo dejó sobre uno de los mesones. Entonces miró por una de las ventanas.
La noche parecía muy hermosa. Le hubiese gustado verla mejor, pero no podía salir de la casa sin el consentimiento de su marido; además, estaba en dormilona y tampoco pretendía salir así.
Agarró el vaso nuevamente para tomar otro sorbo, cuando escuchó una voz varonil llamarle.
—¡Kagome!, ¿qué estás haciendo aquí? —debido a la impresión, la chica se distrajo y le cayó en la bata blanca todo el líquido que el vaso contenía —. ¿Estás bien? —le preguntó mientras se acercaba al ver su desastre.
—Sí, estoy bien —dijo mientras se agarraba la bata que precisamente se le empapó en todo el pecho.
—Perdona, no quise asustarte.
—Lo sé, fue mi culpa estaba distraída —le comentó ella tratando de verlo a la cara, le daba mucha vergüenza —vine a tomar un poco de agua —contestó su pregunta inicial.
—Ya lo veo —mencionó sonrojado y ladeando la cabeza para no mirarle de frente.
—¿Qué te pasa? —preguntó ella inocente al ver su reacción.
—Nada —contestó rápidamente.
—Estas rojo, ¿tienes fiebre? —le tocó la frente para cerciorarse, pero el chico seguía tratando de ser distante.
—Estoy bien —comentó el ojidorado tratando de alejarse de ella.
Entonces ella se percató de que él le estaba mirando el pecho.
—¡Qué sádico eres! —le gritó mientras se cubría con sus manos.
Debido a la humedad, su dormilona se volvió casi transparente; además se adhirió a sus senos dándole una vista muy placentera al chico.
—No puedo creer que me hayas estado viendo —le comentó ella mientras le daba la espalda para cubrirse de su mirada.
—No ha sido mi intención —su sonrojo no había desaparecido.
Ella le dio el frente de nuevo y sus manos seguían cubriendo su pecho. Le miró con el ceño fruncido.
—Es mejor que te cambies o te resfriarás —le comentó tratando de ser amable.
Ella lo siguió observando con el ceño fruncido.
—Si quieres te puedo ayudar… —sonrió pícaramente.
—"No aclares que oscurece" —le mencionó un poco irritada.
Salió del lugar sin decirle más nada.
Al verla así, no pudo evitar desearla. Miroku tenía razón, si realmente quería tenerla por siempre a su lado, entonces se aseguraría de que fuese para siempre.
Continuará
N/A: Buenas, queridos lectores.
He tratado de dejar el capítulo lo más rápido posible. Espero que de verdad les guste.
Muchas gracias por sus reviews, es el mejor pago que puedo recibir de ustedes.
Que les vaya bonito.
Me despido.
P.D.: Trataré de subir el siguiente cap próximamente. :D
¡Gracias por leer!
