Ayyy ~ Último capítulo. ¡Al fin tengo tiempo de subirlo! Pues hasta aquí llega este fic… Espero que disfrutéis de este capítulo final. Como siempre, dejar claro que ni Hetalia me pertenece, ni este fic. Los derechos quedan reservados a Himaruya y la autora del fic en inglés Karuka Ikashi.
Capítulo 10
Un área concreta situada en la frontera entre Francia y España estuvo realmente tranquila esta tarde. La brisa de verano era cálida, y los únicos sonidos que se podían escuchar eran los de la misma naturaleza –los pájaros cantando animadamente y el sonido del viento arrastrando las hojas gentilmente contra los árboles. Sin embargo, esa paz solo podía durar tanto tiempo cuando un hombre se encontraba en mitad de una misión. Una misión increíble. Una misión de… venganza.
De repente, el claro quedó en completo silencio y entonces, el aire se llenó de desagradables y ruidosas carcajadas de alguien que aparecía montando en un vehículo gigante. El suelo crujía bajo sus pesadas ruedas y la hierba había sido arrancada como por aquel gran camión de cemento; entonces, se detuvo justo al lado del profundo pozo de piedra situado en el centro. Un par de botas golpearon el suelo y tras algunos ajustes, una sombra cayó sobre el borde del pozo mientras un hombre observaba sus profundidades.
"¡Se acabó para ti, kesese! ¡Ya has hecho todo el daño que ibas a hacer! ¡Ahora tus días de arruinar vidas han terminado".
No importaba que estuviera hablando a un objeto inanimado. Era demasiado genial como para preocuparse de eso. Mientras Prusia vertía el cemento dentro del abismo de aquel maldito pozo en el que había estado atrapado una semana, decidió que nunca se había sentido tan noble. Ese su servicio a la socieda- ¡no! ¡Al mundo! ¡Había liberado a la Tierra de esa abominación, nunca más tendría la ocasión de pronunciar todas aquellas palabras que nadie quería escuchar!
Se apoyaba sobre el borde, sintiéndose muy orgulloso de sí mismo, cuando de repente, una voz gritó detrás de él.
"¡Prusse!"
El albino saltó, tambaleándose precariamente sobre el borde sobre el que se estaba apoyando. Dejó escapar un gritó mientras comenzaba a caer hacia el centro, pero una mano se acercó y le agarró, regresándolo a una zona segura.
"Vamos, vamos, mon ami", rió el otro hombre. "No es necesario que se repita de nuevo".
"¡N-no iba a caerme!" Prusia se quedó sin aliente, reprimiendo un 'otra vez'. "Soy demasiado impresionante como para caer en la misma trampa dos veces, ¿sabes?"
"Bueno, estaré aquí de pie, solo por si acaso", sonrió Francia. "¿Qué demonios estás haciendo, Prusse?"
El prusiano se enderezó y sonrió, con el orgullo volviendo a su rostro y brillo en los ojos.
"Estoy haciendo un favor a la humanidad", afirmó con audacia. "¡Este pozo no volverá a decir ninguna verdad nunca más! A partir de ahora, los secretos de la gente estarán donde deben. ¡Escondidos!"
"Todo eso está muy bien", rió Francia. "Pero sería una vergüenza terrible si fueras sacrificado en el proceso y para siempre encerrado en aquello que causa tu perdición".
"Tsk. ¡No te preocupes! ¡No te daré motivos para que tengas que venir a salvarme otra vez! ¡Puedo cuidar de mí mismo!"
Si tenía que ser honesto consigo mismo, en primer lugar Prusia tendría que admitir que estaba avergonzado de que su amigo tuviera que acudir en su rescate. Pero todavía había una parte de él que estaba secretamente agradecida, y era una suerte que Francia le entendía lo suficiente como para saber que esa parte existía. El francés sonrió, descansando sus manos en el hombro del otro hombre.
"Sé que puedes", contestó el rubio. "Pero a nadie le hace daño tener un poco de seguridad".
Le dio un apretón al hombro de Prusia, y éste le dio una fuerte palmada en el brazo como respuesta, con un brillo en los ojos que decía: 'gracias'.
"Espera a que todos vean esto. ¡Todo el mundo me lo agradecerá! Kesese."
Se apartó de Francia para obtener una mejor vista de su progreso una vez más, cuando de repente, el suelo comenzó a temblar. Prusia se quedó sin aliento, dando un paso hacia atrás y de repente, Francia de un tirón lo arrastró hacia al lado del camión de cemento mientras el Pozo de las Verdad Incómodas de repente estalló, enviando cemento húmedo volando por los aires como una especie de volcán. El francés lo sostuvo con fuerza contra el camión, y Prusia se encontró aferrándose a su amigo, muy a su pesar. Sus ojos se cerraron herméticamente por un momento y luego se asomó ligeramente, evaluando el daño que había causado. Maldita sea, era un desastre. Los charcos de cemento húmedo yacían por todas partes, y algunas de las piedras del Pozo desmoronado se encontraban sueltas, dejando la estructura con aspecto de ruina. Desde lo más profundo de aquellas paredes, una voz enfadada salió disparada hacia ellos.
"Todos los que hacen oídos sordos a la verdad se encontrarán viviendo una vida falsa. Mira y no te atrevas a intentar hacerme callar otra vez… Gilipollas".
Y con eso, el Pozo quedó en silencio. Francia y Prusia lo miraron silenciosos, todavía aturdidos por la súbita aparición. ¿Quién iba a saber que el Pozo se defendería? Fue solo tras unos momentos que se dieron cuenta de que seguían aferrados el uno al otro. Ambos no pudieron hacer otra cosa que estallar en carcajadas.
"¡Jaja! ¡Deberías haber visto tu cara!" Se burlaba Prusia, liberándose de Francia y agarrándose los costados de lo mucho que le dolían.
"Oh, pero dudo que fuera tan divertida como la tuya", replicó el francés. "Estaba seguro de que estabas a punto de mearte encima".
"¡Ni de coña haría algo tan poco genial como eso!" Gritó el prusiano, pero seguía manteniendo la sonrisa en su rostro.
"Bueno, mon ami, tus pantalones dicen otra cosa".
Los ojos carmesí se agrandaron repentinamente y se dispararon a comprobarlo inmediatamente, pero, encontrando su entrepierna bastante seca, Prusia frunció el ceño confuso y volvió a mirar a su amigo, solo para ver a éste sonriendo burlonamente mientras se acercaba a él y le pegaba en una nalga juguetonamente.
"Has mirado", rió Francia, disfrutando de la mirada de asombro de su amigo albino.
"Tú…"
Los dos hombres comenzaron a correr sin parar de reír.
Inglaterra estaba sentado en el sofá del salón de Estados Unidos, bebiendo de una taza de té que no era, ni de lejos, tan bueno como el suyo, pero lo agradecía. Después de todo, el más joven lo había hecho para él.
"¡Todavía no puedo creer que hicieras eso!" América echó a reír, sentándose a su lado con una taza de café en la mano. "¡Sabes que hay maneras más fáciles de conseguir mi atención! Maneras que no requieren que te desnudes… ¡Aunque no es que me esté quejando!"
El británico casi escupió el té.
"¡No estaba desnudándome para ti!"
"Oh, claro, ya estabas desnudo cuando saliste".
"¡Y-"
Inglaterra estaba perdiendo la compostura rápidamente, y tuvo que colocar de nuevo la taza sobre su platillo en la mesa de café para evitar que se derramase su contenido. Todavía estaba teniendo problemas para aceptar el hecho de que había seguido el consejo de Francia, de entre todas las personas; y había sido un plan ridículo y vergonzoso que había accedido a llevar a cabo. ¿En qué estaba pensando? La nación no podía creer que había estado tan desesperado como para salir de una tarta semidesnudo y bailar para captar la atención del americano. Si no hubiera sido por ese maldito Pozo y su propia falta de juicio…
"Me obligaron", finalmente llegó a esa conclusión.
Estados Unidos levantó una ceja.
"Obligado, ¿eh? ¿Y quién lo hizo?"
"Francia, por supuesto, ¿quién crees sino?"
Era cierto. Más o menos. Estados Unidos se quedó mirando a la nación mayor por un momento antes de romper en carcajadas. La boca del británico se abrió por un momento antes de que la cerrara de nuevo para mirar al otro país con indignación.
"¡Lo sé! Fue un error ridículo, y no tengo ni la menos idea de qué me empujó a hacerlo".
"¿En serio? ¡Yo pensaba en lo increíble que fue!"
Inglaterra se quedó mirando al otro hombre, atónito. Desde luego, no esperaba oír eso.
"¿De… de verdad?"
"Sí, quiero decir… Nunca hubiera esperado algo así de ti. No creía que tuvieras las agallas".
Inglaterra frunció el ceño.
"Bueno, tal vez si sacaras tu cabeza de las nubes y empezaras a prestar atención a lo que te rodea, no tendría que recurrir a cosas como… como… ehm…"
El británico giró su cara enrojecida, mordiéndose la lengua y tratando de sacar esa ridícula imagen de aquel traje de bailarín de su cabeza. Iba a matar a Francia. El hombre debió haberlo hipnotizado o algo. Sí, esa era una perfectamente válida suposición. Tal vez Estados Unidos la aceptaría.
Se giró hacia el americano para terminar su declaración, solo para encontrar al otro alarmantemente cerca. Inglaterra dejó escapar un pequeño suspiro y se apartó de él con las mejillas completamente rojas.
"¿Q-qué estás haciendo?" Estalló.
"¿Qué estoy haciendo?" El americano echó a reír. "¡Te estoy prestando atención!"
"¡También quiero tener espacio personal!"
"¡No puedes tenerlo todo!" Respondió el otro. "Especialmente cuando las cosas que quieres se contradicen entre sí".
Envolvió su brazo alrededor del otro de repente, acariciando el hombro de Inglaterra, haciendo que este se tensara. Era algo vergonzoso e indigno, pero era… agradable también. Espera, ¿estaba realmente permitiendo esto? Casi podía oír la voz burlona de ese sapo francés en su cabeza burlándose de él. ¿No es esto lo que querías, mon ami? Deberías darme ahora las gracias… ¡De ninguna manera estaría agradecido a Francia! No después de lo que le había "hecho" hacer. Inglaterra trató de empujar a Estados Unidos lejos de él, pero sus esfuerzos no fueron suficientes. En cambio, él solo descansó las manos sobre los hombros del país más joven, agarrándose con fuerza. Sintió la mano de Estados Unidos a la altura de su rostro y como acariciaba su mejilla, sus dedos recorrían su cabello rubio arenoso. La cara del británico se enrojeció todavía más, incluso tenía problemas para alzar su mirada y encontrarse con los ojos azules que tenía delante.
"No tienes que hacer eso", dijo Estados Unidos, un poco más serio de repente. "Te he querido desde hace mucho tiempo, Inglaterra. Me hubiera esforzado más en acercarte a ti si hubiera sabido que querías. Siempre actúas como si me odiaras, pero sé que no es así".
Inglaterra tragó saliva pesadamente, todavía evitando su mirada. Se tomó su tiempo para responder, pero cuando finalmente lo hizo, las palabras acudieron a él más fácilmente de lo que hubiera esperado.
"Nunca te he odiado. Eres molesto, sí; cabezón y desagradable; y demasiado infantil también", ignoró el ceño fruncido en el rostro del otro, "pero siempre me he preocupado en qué pensarías de mí, y solo quería que… volvieras a mirarme de nuevo. Como solías hacer".
El joven rió, acercando un poco hacia él y sonriendo ampliamente a la nación que estaba a su lado.
"¿De eso se trata? ¿Querías ser el héroe? Bueno, ¡eso explica la capa! Siempre me encantaron los cuentos de superhéroes".
Inglaterra empujó al otro lejos de él, echando humo por las orejas.
"Estoy tratando de ser sincero contigo, jodido imbécil. Puedes al menos intentar respetar eso y tomarte las cosas más en serio por una vez".
"Jaja… Lo siento. De verd- O-oye, ¡espera! ¡Inglaterra! ¿A dónde vas?"
"Lejos de aquí. Nunca debí dejar que me convencieras de venir, en primer lugar", respondió la otra nación, ya caminando hacia la puerta. "¡Soy un tonto por pensar que tomarías mis sentimientos en serio!"
"¡Espera, no! ¡Inglaterra!"
El británico hizo oídos sordos y agarró el pomo de la puerta, pero a la vez, fue detenido por unos fuertes brazos que lo envolvían alrededor del pecho. Se quedó sin aliento por la sorpresa. No esperaba que su ex colonia se moviera tan rápido. Escapar era algo imposible ahora que el otro le abrazaba contra él con tanta fuerza.
"No te vayas, por favor".
Inglaterra bufó.
"No sé por qué debería quedarme. Dame una buena razón".
Fue entonces cuando sintió los labios de Estados Unidos presionar justo detrás de su oreja.
"Te puedo dar más de una", dijo la voz detrás de él susurrando y le besó de nuevo. El británico se sonrojaba intensamente mientras Estados Unidos se ponía delante de él para que pudiera ver su rostro. "Inglaterra, lo que te dije es cierto. Me gustas. Me gustas tal y como eres, así que no tienes que cambiar por mí. De verdad…"
Había honestidad en su voz y afecto en sus ojos al mirar al mayor.
"¿Estás satisfecho con esta versión 'aburrida' de mí? ¿Soy lo suficientemente interesante para ti después de todo?" Inglaterra preguntó con su habitual sarcasmo, aunque era difícil mantener el ceño fruncido ante una cara como aquella.
"Sí, estoy muy interesado en ti", respondió Estados Unidos, apoyándose, por lo que sus narices casi se tocaron. "Ahora, ¿vienes y te sientas conmigo para que podamos terminar nuestras bebidas?"
Inglaterra suspiró y finalmente aceptó ("¡No me vengas con esa cara de cachorrito, idiota!"). Y a pesar de su decisión anterior de salir de allí rápidamente, se quedó bastante tiempo, hasta mucho después de que aquellas tazas de té y café se acabaran.
Y, por último, en casa de España…
"¡La última caja! ¡Finalmente, estás oficialmente mudado, Roma!" Gorjeó España felizmente, dejando una gran caja de cartón llena de cosas de Romano en el suelo de su sala de estar.
"¡Todavía no, bastardo!" Respondió el italiano, recogiendo algunas de sus pertenencias y poniéndolas en su lugar correcto, poco a poco ocupando más de la mitad de la casa de su pareja. "Todavía tengo que terminar de desempacar".
Estaba poniendo algunas fotografías enmarcadas en la repisa de la chimenea cuando de repente, los brazos de España le abrazaron por la cintura. El aliento del italiano se detuvo por un momento, pero pronto se relajó, reconfortándose en el abrazo del que se había privado todas esas semanas y ocultando el rubor de sus mejillas.
"Estoy tan feliz de que estés en casa…" suspiró España, enterrando la cara en el hueco del cuello de Romano.
El italiano se quedó callado por un momento, un poco asombrado de lo mucho que había echado de menos la más simple de las caricias, la forma de la que el cabello de España le hacía cosquillas en la mandíbula , la voz del español vibrando cerca de su oído, la calidez de su cuerpo contra el suyo… Era un milagro que hubiera podido aguantar tanto tiempo sin esas cosas. No era de extrañar que su mes hubiera sido tan miserable. ¿Qué? ¡No! Él había estado bien… Era solo que tener todo aquello de vuelta no era del todo malo. Tal vez incluso maravilloso.
"Sí… Estoy… estoy feliz de estar en casa también", finalmente Romano respondió honestamente, hundiéndose en el abrazo.
España alzó un poco su cabeza, besando a su pareja en la mejilla y apoyando las manos en sus caderas.
"No vuelvas a dejarme, por favor, Roma", murmuró España, manteniendo su férreo control. "No sé lo que haría sin ti".
El italiano titubeó un poco, avergonzado por las palabras del otro y no muy seguro de cómo responder. No tenía ninguna intención de separarse de España, no después de todo lo que habían sido, y especialmente ahora que sabía la verdad acerca de lo que España sentía. Su usual duda e inseguridad habían sido superadas. No tenía motivos para cuestionar el amor de España por él, tal y como había hecho de manera intermitente durante siglos. Pero, ¿duraría? ¿Sería Romano capaz de no caer en la incertidumbre de nuevo?
"No lo haré", dijo. "No puedo. Yo… No voy a ir a ninguna parte, ¿está bien? No tienes que ponerte tan sensible por ello, idiota. ¿No ves que todas mis mierdas están aquí? ¿No ves que estoy aquí? Si no quisiera estar, no hubiera vuelto. No puedo irme de tu lado, bastardo. Y tú… Tampoco del mío, maldita sea".
Giró la cabeza y gritó en señal de protesta cuando España comenzó a achucharle con fuerza, casi asfixiando al pobre italiano.
"¡Eres tan mono! ¡Mi Roma! ¡Te amoooo!"
"¡CHIGIIII! ¡Suéltame, bastardo! ¡Todavía tengo que terminar de hacer esto, joder!"
Pero a pesar de todo el abuso verbal que lanzó a su amante, Romano todavía no lo empujaba a un lado. Gimoteó, insultó y se opuso, pero no hizo ni un movimiento para forzar que España le dejara. Y así, España continuó acurrucándose y alborotándole hasta que Romano finalmente se dio la vuelta y le dio un beso; y entonces, ambos terminar de desempacar las cajas del italiano juntos.
Una vez terminaron, España tomó a Romano de la mano y lo llevó hasta el patio trasero, entre los huertos de tomates.
"¡Vamos, Roma! ¡Tengo que enseñarte algo!"
"¿Qué pasa, cabrón?" Murmuró el italiano mientras su emocionado novio tiraba de él, pero no podía ocultar la curiosidad en su rostro.
El español no le llevaría muy lejos. Una vez estuvieron rodeados de tomates por todos lados, se detuvo y se giró hacia Romano, sonriendo ampliamente.
"¡Mira los tomates! Los he cuidado muy bien mientras no estabas. ¿No estás feliz, Roma?"
Romano miró hacia su alrededor para ver que, efectivamente, los tomates habían sido bien cuidados. No es que él esperara nada menos de España. El hombre amaba los frutos tanto como él y no había manera de que dejase que se marchitaran, incluso si Romano estaba por allí para encargarse o no.
"Pero… Casi mueren, ya sabes", dijo una voz de pronto, sacando a Romano de sus pensamientos. El italiano lanzó a España una mirada confusa mientras éste continuaba. "Después de que te fuiste, yo era un inútil… Olvidé venir aquí y regarlas. Ni siquiera vine ni una vez para comprobar que estuvieran bien. Pero luego me di cuenta –son nuestros tomates. Eran la última parte de ti a la que me podía aferrar. Así que las regué… Comprobé que estuvieran bien todos los días, dos veces al día, y los mantuve limpios de insectos y plagas. Todos el tiempo que estuve cuidando de ellos, pensaba en ti".
Romano le miró fijamente por un momento, extrañamente afectado. Nunca había pensado en cómo sería volver allí y ver que los campos que él y España habían mantenido durante siglos, se caían a pedazos. Se dio cuenta de lo mucho que le hubiera dolido eso. A pesar de que los campos habían pasado tiempos difíciles en el pasado, sobre todo durante la guerra y las hambrunas, siempre habían sobrevivido de alguna manera o resucitado. Estos tomates guardaban una gran cantidad de recuerdos para él, y no fue hasta ese momento que Romano se dio cuenta de lo mucho que le importaba verlos bien cuidados. Esto significaba que las cosas iban bien.
El italiano sonrió un poco, tomando uno de los frutos rojos en la palma de su mano y dándole un pequeño apretón, sintiendo el grado de firmeza que indicaba que estaba casi maduro, pero todavía le quedaba un poco. Recordó su impaciencia de pequeño, siempre queriendo comerse los tomates tan pronto como se volvían mínimamente rojos, pero España lo detenía, recordándole que la paciencia era recompensada y de vez en cuando, algunas cosas necesitaban tiempo para endulzarse.
Sintió un tirón en su mano, por lo que Romano se dio la vuelta, sorprendido de encontrar a su amante arrodillado sobre el suelo.
"¿Qué estás haciendo ahí abajo, bastardo? Levanta ante de-"
El italiano se detuvo de repente, boquiabierto al darse cuenta de aquello. El español solo se apoyaba sobre una rodilla, y la mano que no estaba sosteniendo la de Romano estaba buscando algo en su bolsillo. Romano no forzó a que más palabras salieran de su boca mientras su pareja hablaba.
"Italia Romano", comenzó España, enseñándole una pequeña caja negra. Abrió la tapa para revelar un anillo de oro, grabado en su superficie con lo que parecía sospechosamente un pequeño tomate en el centro. "¿Dejarás que cuide de ti… para siempre?"
La garganta del italiano se tensó. Su mandíbula se movía hacia arriba y abajo en un intento de formas palabras, aunque esto era en vano. En lugar de eso, Romano se sentía como una especie de pez, completamente mudo y estupefacto. No esperaba eso en absoluto, y habiendo sido sorprendido con la guardia baja, era difícil para él saber exactamente cómo reaccionar. España lo miró con sus verdes ojos brillando, prácticamente radiantes y expectantes. El silencio era pesado, y Romano seguía teniendo su mano alrededor del tomate que había agarrado antes, aunque este ya no estaba adjunto a la planta. Lo apretó con fuerza, incapaz de contener sus emociones.
"T-tú… ¡maldito cabrón!" Finalmente estalló, y antes de darse cuenta, un tomate aplastado goteaba por la cara de España.
El español parpadeó, preguntándose si eso era un rechazo o simplemente un reflejo de sobreexcitación por parte de Romano, pero afortunadamente, la espera no fue demasiado larga. Un instante después, el italiano estaba de rodillas con él, con sus brazos alrededor de su cuello, quitando el zumo de tomate a base de besos.
"¿Eso… eso es un sÍ?" España se echó a reír cuando finalmente le dio un momento para respirar.
"Cállate, idiota", murmuró Romano avergonzado, pero su mano ya se encontraba alrededor de la caja del anillo. "¿Por qué siempre tienes que hacer estas cosas cursis, estúpidas y románticas?"
"Pensaba que te gustaban", contestó el otro con picardía mientras le daba un beso en la mejilla y le acariciaba el cuello. "Pero me gustaría que no terminaran conmigo siempre cubierto de tomate".
"Pensaba que te gustaba también", dijo Romano, sonriendo un poco mientras limpiaba algo de zumo de la cara de su pareja.
"Prefiero tus besos".
El italiano se disculpó presionando sus labios contra los de España, abrazándolo con fuerza y expresando toda su pasión de otro manera, no solo con palabras. Eran demasiadas las cosas que quería decir en ese momento, pero no sabía cómo hacerlas salir, joder. Por ahora, su boca hablaba más sinceramente a través de besos, y esta era la forma de la España mejor le entendía. Romano había aceptado su propuesta.
Más tarde esa noche, se acercó Veneciano, balbuceando excitadamente a su hermano sobre lo feliz que estaba de que España y él volvieran a estar juntos y sin cesar sobre lo bien que lo estaba pasado con Alemania hasta que Romano solo quería agarrarlo de la camisa y tirarlo por la puerta. Sin embargo, no lo hizo. En cambio, escuchó y fingió interés, poniendo más atención a España, que se reía en respuesta a los balbuceos de Veneciano pero acariciando el hombro de Romano y sosteniendo su mano en su regazo todo el tiempo. Ninguno de los dos mencionó su compromiso, preferían mantener el secreto para ellos dos un poco más de tiempo. España no dejó ir la mano del italiano hasta que llegó el momento de despedir a su invitado.
"Oh, ¿lo habéis oído?" Preguntó Veneciano mientras los tres caminaban camino de la puerta. "¡El señor Austria y la señorita Hungría van a celebrar un concierto la semana que viene! ¡A todo el mundo le encantó su actuación, así que lo van a repetir! Vendréis, ¿verdad?"
"¡Por supuesto, estaremos allí!" Dijo España feliz, abrazando a Romano con un brazo a pesar de las quejas del italiano. "¿O no, Roma?"
Romano frunció el ceño, pero viendo la cara resplandeciente de su hermano y sintiendo el brazo de España alrededor de él, decidió ceder por una vez.
"Claro", gruñó Romano, sonriendo un poco muy a su pesar. "Nos vemos allí, Vene."
Su hermano pequeño lo abrazó con entusiasmo y luego, deseando a España y Romano buenas noches, se fue camino de su casa. España soltó a Romano y cerró la puerta detrás de su invitado, volviendo la mirada a su pareja con brillo en los ojos.
"Estamos solo nosotros dos ahora", susurró con una voz sexy que provocó un cosquilleo bajo la piel de Romano. "¿Por qué no vamos arriba?" Dio un paso más cerca de su amante y envolvió sus brazos alrededor de él, abrazándolo contra sí mismo y plantándole pequeños besos, comenzando en sus labios y avanzando a través de su cuello. "Podemos irnos a la cama temprano", murmuró el español junto a su oído, "y puedo enseñarte…", le dio un beso en la mandíbula, "…cuanto…", murmuró, "…te eché de menos". España alzó la mano y la pasó por el cabello de Romano, enredando ese extraño rizo entre sus dedos y tirando de él lentamente. El italiano se ruborizó y se mordió el labio para contener aquel grito vergonzoso, pero España moviendo su cuerpo empujando a Romano hacia atrás hasta presionarlo contra la pared le hizo rápidamente perder todo su enfoque. Su amante se inclinó y presionó su frente contra la de él, con una amplia sonrisa, y le miraba con sus ojos verdes llenos de calidez. "Todo de ti." Tras esto, se echó hacia atrás y le dio un tirón a su rizo. Romano no pudo aguantarlo más.
"¡CHIGIIIII!"
Esa noche, mientras Romano yacía al lado de España, compartiendo su calor, se sentía más feliz y seguro de lo que se había sentido durante mucho tiempo. Ese era el lugar al cual pertenecía. El italiano sabía que podía sobrevivir por su cuenta. Formaba parte de un país independiente, fuerte a su manera, de una manera que solo pocos podían ver a veces. España definitivamente podía verlo. La forma en la que su amante lo atesoraba, lo anteponía a cualquier otra persona, y fue capaz de ir hasta tales extremos para mantenerse cerca de él fue suficiente para convencer a Romano de que realmente le importaba; era alguien importante que tenía un valor incalculable y poseía el corazón de un orgulloso y apasionado país. Era amado. Era de España. Y, a decir verdad, no había manera de que pudiera dudar ahora.
GOSH
FINAL, FINAL. No me lo puedo creer, ¡lo he acabado! Pffft, digo que por fin porque me sentía horrible por estar haciéndoos esperar tanto. ¡Aquí tenéis el final de esta fantástica historia! ¿Podéis imaginar uno mejor? Ays, que bonito todo.
Bueno, pues… ¡No hay más! Ahora me toca seguir con mis otras historias… Y otras muchas que tengo en mente. En realidad no tengo tiempo para escribir tanto, por eso tardé en acabar este (casi un año, si no recuerdo mal. O no sé, por ahí va la cosa).
En fin, ¿qué más puedo decir? Muchísimas gracias por el apoyo a lo largo de todos los capítulos. ¡Sois geniales y os quiero!
Y… Espero que os haya gustado, de veras. Como siempre, eso es lo principal. Tal vez me anime en un tiempo a volver a hacer otra traducción. No ha sido mala experiencia.
Dicho esto… responderé a los últimos reviews. A los que dejéis (dejad, por fa!) tras este último capítulo, también os responderé, por privado of course. Sabéis que me gusta mandaros cositos también ;3;
Maddy Skellington Liddel: 1. Me gusta mucho tu nick. Así como dato. 2. SÍ, ES UN ALL THE FEELINGS CONSTANTE. POR ESO ME DA TANTA PENITA TERMINARLO. PERO YA ESTÁ. *Llora en soledad* ¿Qué sería de la vida sin azúcar? (He estado a punto de hacer un chiste malo, pero me he detenido justo a tiempo). Ays… Muchas gracias por pasarte a comentar. ¡Me alegro muchísimo de que te gustara la historia! A pesar de todo su pastelosismo ;_; Es presiosaaa. Espero volver a leerte por algún lado, ¿mh? Love ya ~
Ann Aseera: AHAHAHAHAH Me encantó tu mirada seria en cuanto al Spamano y que nadie debe tocarlo. Ya sabes… Opino igual *Mira hacia los lados cual mafioso* ¿A qué son muy monos? ;/; Y no, ese no era el último capítulo. ¡Quedaba uno final! Aquí lo tiene señorita, espero que lo haya disfrutado uwu. ¿Por qué nadie cree que Francia es un maldito pervertido violador? ¡Si se le ve en la cara! –okno, aún así es genial- . PUES MUCHAS GRACIAS POR HABERME SEGUIDO A LO LARGO DEL FIC (las mayúsculas expresan mejor todo mi cariño). Bueh, realmente te lo agradezco. Y espero volver a leerte por cualquier otro fic o lado. Love ya ~
Mary Foster: Que nooo, que aún quedaba un último capítulo. Don't worry! Ahora sí que acabó. Ays… ¡pero mira lo bien que acaba! Ahahah y te entiendo. Yo tengo esa misma sonrisa de fujoshi siempre que leo/veo Spamano, seguro. La miiiisma. Muchísimas gracias por leer el fic y pasarte a comentar. Nos leemos, ¿mh? Love ya ~
Yume-mint: Ayy, si te emocionaste eso es que hice un buen trabajo ;/; Muchísimas gracias por leer y comentar. ¡De verdad! Espero que te haya gustado este último capitulo y seguir leyendo reviews tuyos por algún otro lado. Love ya ~
Sunxdark: SÍ, SÍ QUE HAY ALGUIEN. AQUÍ ESTOY YO ESPERÁNDOTE, MI AMOR ;/3/;. Venga, voy a empezar con mi contestación a tu review que no tiene NADA que ver con el fic pero me encanta. No tienes que mendigarme amor, ¡yo te doy el que quieras cuando tú quieras! Y claro que me contento con tus reviews. Los hamo con H de Hard. Y eso es mucho. ¡Eres la mejor, damn! Así que ve preparando el banquete de boda y la decoración, que ya estoy mirando el vestido. ¡He dicho! Ù/Ú ¿C-cute? DDD/: ¡Ay, que me pongo tontorrona! Tú sí que eres lo más cute que he visto/leído ò3o ¡Ven a mis brazos ya, que te espachurro el día entero! EL FIC HA ACABADO Y NO PODRÉ LEERTE MÁS. QUE INJUSTICIA. NO LO ACEPTO. Pero tenía que acabar. ¿Te gustó? Espero que sí ~ Este último capítulo no es tan lacrimógeno como los demás, no te harán falta tantos pañuelos uwu. Ays… me da tanta penita no tener más capítulos que traducir… Siento que una parte de mí se va. ¡Pero gracias por seguirme durante todo el proceso! ¡Te quiero musho musho musho! Cofcoftodossabemosquealgúndí aelspamanoserácanonyesedíano scasaremostúyyo. ¿CÓMO QUE NO ES AMOR? Yo no ilusiono en vano. ¡Espera, no te vayas! ¡Vuelve! ¿Qué seré sin ti? –Drama para todos-
YYYYYY, ¿POR QUÉ SIEMPRE ME ENROLLO TANTO? BUENO, QUE ESTA ES VUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA FAVEAR, FOLLOWEARME Y DEJARME COMENTARIOS BONITOS. ¿A QUÉ ESTAIS ESPERANDO? ¡NO DESAPROVECHÉIS LA OPORTUNIDAD!
Us quiero muuucho.
¡Besitos!
Love ya ~
Kai.
Si, ahora dejo la firma. He ~
