Hola chicos, muchas gracias por leer mi fic, que bueno, es algo medio retorcidón y aunque lo duden le quedan ya pocos capítulos, a partir de aquí viene un giro que nadie espera, disfrútenlo y pues gracias tambiéna todos aquellos que se han tomado la enorme molestia de dejar sus valiosas Review como saben es una forma de motivación, sin más los dejo y disfrútenlo... =D

Ya saben que la historia es lo mío, los personajes son de la maravillosa Stephenie Meyer... =D

CAPÍTULO IX

Futuro incierto

Diecisiete largos años han pasado desde entonces, diecisiete años de tristeza, de vacío, de mentiras… diecisiete años a lo lejos, como un simple espectador de un juego en la final. La vida sin Carmen se había convertido en algo insoportable, ella se había convertido en mi todo, era como un mugroso drogadicto que vivía únicamente por ella. Después de aquella tarda al conocer mi destino, mi cuerpo entero se paralizó; nunca había intentado morir y tal vez tampoco lo deseé, pero al verla partir, al presenciar esa separación, fue como si un alma se alejara de mi cuerpo, como si ya no pudiera controlar más nada.

Dimitri siempre ha estado conmigo, mi hermano me ayudó a salir del hoyo en el que el vacío me arrojaba. Aquél agujero negro pudo haber sido más hondo de no contar con amigos tan valiosos. Y tras estos diez largos años mi vida volvió a ser la misma monotonía previa a conocer aquél ángel que me martirizó. Carmen cumplió su promesa de enviar cartas, nunca pude contestar ninguna, pues constantemente estaban en movimiento, nunca permanecían lo suficiente en algún lugar como para que yo pudiera contestar. Era esperanzador leerla, conocer su alegría al vislumbrar nuevos lugares en el mundo, el arte, las diversas poblaciones, sus amistades tanto vampiras como humanas. Ella sin lugar a dudas estaba consiguiendo un sitio en el mundo.

Hace tres años dejé de recibir sus cartas ya que el destino me jugó bastante chueco. Unos vampiros estaban armando revuelos en las ciudades del sur de los Estados Unidos, al parecer ejércitos de neófitos eran el problema. Aro, consciente de la situación mandó un grupo con sus mejores hombres a llevar orden. Por supuesto eran miembros de la guardia con dotes extraordinarios: Javier y Félix por su fuerza; Anne con su habilidad como estratega, Jane y Alec para dividirlos; Dimitri por ser un excelente rastreador, y algunos más como nuestros "escudos" que morirían en caso de que algo saliera mal, dándonos oportunidad de escapar a los demás. Desde luego que yo debía ir, por si llegábamos a encontrar a alguien valioso, transmitirle nuestras vivencias y unirlo a la guardia.

Esa lucha fue bastante fuerte; perdimos a muchos compañeros en la batalla, entre ellos a Javier y a Anne; y también matamos a muchos neófitos y terminando heridos algunos de nosotros; sin lugar a dudas con los que más tuvimos conflicto fue con los pertenecientes al grupo de una tal María y un general Withloock, al desintegrar el grupo no supimos más de los líderes. Luego de acabar con la revuelta Aro y Cayo decidieron conveniente dejar a unos cuántos de nosotros en América para evitar más revoluciones.

Probablemente el trabajo me había mantenido lo bastante distraído como para recordar y sufrir por Carmen, pero justo ahora puedo sentir mi mejilla izquierda arder con el calor del beso de mi doncella alada. Jane se había convertido en más que una hermana para mí, quién hubiera dicho que aquella jovencita pequeña, con el dote de hacer sufrir y sentirte miserable, fuera más que un demonio. Ella se preocupaba tanto como por su hermano por Dimitri y por mí, nosotros cuatro nos quedamos en América, por ser los más útiles y en mi caso por resultar herido.

Jane cambiaba mis vendajes en las zonas profundas, puesto que a pesar de ser vampiro y sanar a la velocidad de la luz, si un trozo de tu cuerpo es arrancado, sana pero con tiempo. Cuando estuve mejor, ella me acompañaba a cazar para recuperar mis fuerzas. Las cosas eran lo suficientemente tranquilas en América como para volver a Europa y reportárselas a los Vulturi, pero había algo que me decía que no podía volver. Una mañana en la que mis hermanos salieron de caza, yo decidí salir y correr, una práctica que disfrutaba únicamente para disfrutar de la claridad de mi mente.

Me encontraba cerca de Nueva York, principios de enero de 1931, el invierno estaba a flor de piel, las calles embargadas de la nieve, de pronto la sed me embargó al penetrar el dulzón aroma de la sangre de un transeúnte. Mis instintos se apoderaron de mí y me dejé guiar hacia la penumbra. En aquél oscuro y tenebroso callejón tuve el encuentro con alguien que yo no conocía, alguien que probablemente el destino colocaba en mi camino para retorcerlo por completo….