Liz: Sí los leo. No me he puesto a contestarlos personalmente, por falta de ánimos y tiempo, pero gracias por tus palabras :). Valen mucho. Como las de todos acá :).


Luego de oír las infinitas quejas de Snape, durante el tiempo de baño, este había terminado. Se sentía tan mal como Harry, cuando le decía que Snape resultaba ser mezquino y sin escrúpulos. Todo lo que había escuchado, le había dejado aturdida.

¡Sí que profesaba odio por sus venas, ese hombre! Iba a resultar imposible decir algo que lo hiciera reír, con ese humor que se cargaba encima.

En fin, ¡eso iba a tomarle toda una eternidad! Respiró pesadamente, mirando todo lo que había logrado anotar en el cuadernillo.

Neville leía esos insultos en su contra y bueno, saldría corriendo. Llorando. ¿Cómo iba a poder sacar una risa auténtica a ese hombre tan amargado?

Meditó mientras se ocultaba y esperaba por Snape, que se vestía. No necesitaba verlo, aunque estaba segura de que le había visto que aquella cicatriz que comenzaba desde su hombro derecho, terminaba en el mismo glúteo.

Un poco más abajo.

Resultaba... ¿atractivo? Dejó de pensar en eso, cuando Severus Snape se subía los calzones y Hermione se había puesto tan roja como una teja frente al sol de una calurosa tarde de verano. Negó varias veces con la cabeza. Esa imagen tenía que desaparecer de su cabeza.

Snape no podía ser atractivo. No para ella. Tenía dieciséis años, no podía pensar que ese hombre, a su edad, era atractivo.

Porque no se veía bien.

— Es hora de dormir. Una lástima que la paz dure tan poco. Ojala Minerva se los llevara de paseo toda la vida.

¡Y tenía que seguir! Hermione lo miró dejarse caer en la cama, despreocupadamente. Seguía en calzones y la vista era...

¡Por Merlín! ¿Por qué no se vestía? Claro, porque estaba dentro de sus aposentos y no tenía que hacer lo que ella quisiera.

Permaneció quieta mientras Snape llevaba sus brazos tras su cabeza y esperaba pacientemente, la mordida del sueño.

Y paulatinamente se había quedado dormido. Hermione suspiraba llena de frustración. ¡Resultaba aberrante, que una persona fuera como él! ¡Qué agresiva su forma de dirigirse y de pensar del resto! Meditó una vez más.

Hacerlo reír, lo que quería era golpearlo.

Patearlo por la forma en que se comportaba. ¡Como si el resto fuera escoria y lo demás no importase! Solo él tenía la razón.

Entonces, estaba lejos de su meta. Cerró su cuadernillo y buscó sus zapatos en la puerta del despacho. Antes de salir, ladeó la cabeza hacia la habitación. Dormía sin ningún tipo de preocupación.

¿Por qué tenía que ser así? Idiota.

— Lily... — escuchó que había susurrado, mientras se daba la vuelta hacia su lado. Suspiró y bien, se dijo que seguramente era alguna estudiante de la que se burlaba.

Pero no. De hecho parecía tenso, se movía de un lado al otro. Con mucha curiosidad, Hermione volvió a dejar los zapatos a un lado y se dejó caer en el suelo lentamente, en un rincón, para escuchar atentamente. Por si despertaba violentamente y la observaba.

Una tal Lily y decía "no" a cada tanto. ¿De qué se trataba aquel sueño? Quizá era una novia que tenía.

O quizá el profesor Snape, era casado.

¿Con hijos?

No...¡eso no!

Continuó escuchando en silencio, mordiéndose las uñas. El sueño se volvía cada vez más y más "movido". Snape parecía tener una especie de pesadilla, perseguir algo que se le escapaba de las manos. Con aquel nombre.

Pues entonces tenía que ser un romance.

¿En el presente? Sí claro.

Del pasado, tal vez.

— ¡Lily!— se había despertado violentamente hasta sentarse y ella había caído en el suelo, del susto. De forma aparatosa. Soltó un quejido suave y se llevó las manos a la boca, cuando recordó que estaba en un lugar prohibido. — ¡Más vale que te lleves a tu gata Filch. O yo mismo voy a matarla!

Gateó lo más rápido que pudo hasta sus zapatos, pero mientras gateaba casi sin darse cuenta del camino, había chocado con algo.

Duro.

Se llevó una mano a la frente y luego de sobarla, miró hacia arriba. Eso parecía ser...

¡Oh diablos!

— Granger...

Estaba castigada durante todo el invierno. ¡Lo veía venir! Snape se había inclinado hasta estar de su tamaño y susurraba de forma amenazadora.

— Voy a creer que acaba de llegar y que algo se le ha perdido, porque de lo contrario todos los puntos que Gryffindor logró "obtener" durante el año, se van a ir en su castigo. Le quitaré ciento cincuenta y ya sabe lo que sigue. ¿No?

¡Diablos que estaba castigada!

— ¿Estoy castigada durante todo el invierno?

— Iba a decir la mitad, pero sí. Ahora estará castigada durante todo el invierno. ¡Que lo disfrute!

¡Torpe! ¿Por qué ella? Estúpidos gemelos. ¿Y qué iba a decirle a Harry y a Ron en cuanto preguntaran, por qué se quedaba todo el invierno?

Merlín, eso era más complicado que todas las tareas que resolvía por sus horarios ajustados.

— Y espero una explicación, por supuesto. ¿Buscaba algo, Srta. Granger?

Sí. Su sentido del humor. Que no tenía. Para nada.

— Eh...

— ¿Sí?

— Nada, señor. Lo estaba espiando, la verdad.

¿Qué más iba a decir? Snape había sonreído ligeramente.

— Muy bien.

Estaba muerta.