Adaptacion de Lorelei James y personajes de S. Meyer
CAPÍTULO 10
Isabella no tardó mucho tiempo en estar lista e impaciente, de modo que dejó el reducido cuarto del motel para ir en busca de aire fresco y cielos azules. Al estar en una ubicación elevada, el sol ya había calentado rápidamente el aire fresco de la mañana, de manera que hacía calor, pero aun así la falta de humedad lo hacía soportable.
Su entrada estaba en la taquilla tal y como se lo habían prometido. Exploró la arena y espió las gradas al lado de las tolvas. Antes de ir hacia su asiento vio como comenzaba la acción en la arena
El equipo que cerraba la competición casi había terminado. Esta actuación la fascinó, ya que los equipos con los mejores tiempos eran los que más experiencia tenían, cuando en la mayoría de competiciones los más jóvenes conseguían las mejores posiciones. Los dos hombres y la mujer que estaban en ese momento en la arena rondaban los cincuenta. Había separado los tres terneros que llevaban marcado el número cuatro más rápido que el equipo más cercano por unos buenos quince segundos.
¿Eso significaba que Edward podría competir en el rodeo durante otros veinte años? ¿No se cansaría de ello? ¿O era una obsesión para toda la vida, cómo otros deportes?
Isabella compró un par de botellas de agua. Cuando estaba buscando se libreta en el bolso, sonó su móvil. Contestó distraídamente sin comprobar quién llamaba.
— ¿Hola?
— ¿Isabella? ¿Eres tú?
Se le revolvió el estomago.
— ¿Quién más podría ser, mamá?
— No tienes por qué ser tan irascible.
— Lo siento. —Inhaló despacio.— ¿Cómo estás?
— Estoy bien. ¿Y tú?
— Simplemente genial. —Vamos. Ve al grano. Lo único bueno que tenían las llamadas de su madre, era que no alargaba la conversación con cháchara sin sentido.
— Eso es bueno. Bien, te llamo porque he recibido noticias muy interesantes —pausa— ¿Recuerdas a tu amiga Rosalie Hale? Ella y su encantador prometido, Royce, se escaparon a Aruba y se casaron el fin de semana pasado. ¿No es maravilloso?
— Espléndido, —dijo ella dulcemente.
— La madre de Rosalie estaba impresionada, porque habían reservado la catedral desde hace meses. De todas maneras, como Rosalie y Royce se saltaron la ceremonia formal de boda, han alquilado el Gregory Art Museum donde harán una gran recepción el próximo fin de semana. Por supuesto, le aseguré a Rosalie que irías.
Isabella hirvió de ira. Tenía veinticinco años, su madre no tenía ningún derecho de hablar en su lugar, pero esto no era nada nuevo en su vida, y era la mayor razón por la qué había escapado de esa vida. Se preguntó si alguna vez sería capaz de volver.
— ¿Habrás terminado con tu pequeña rebelión para entonces, verdad?
Cuando mencionó la palabra rebelión sonó pintoresco, pero menos siniestro que haber escapado con el rodeo.— Tal vez. Ya veremos.
Silencio sepulcral.
— Espero que aunque no vuelvas para celebrar con tu amiga el comienzo de su nueva vida, llegues a tiempo para preparar tu mudanza a…
— He dicho que ya veremos.
Otra pausa de desaprobación.
— Isabella, tu padre se metió en muchos problemas para asegurarte una posición de profesora en Palmer. Sabes cómo se vería si tu…
— Sí, Madre, soy consciente de como se vería. Y Dios sabe que yo nunca haría nada para manchar el todopoderoso apellido Swan.
Su madre resopló.
— No sólo no me gusta tu tono, sino que además no estás actuando en absoluto como la niña responsable a la que crié. No entiendo que te ha pasado.
Crecí, maduré y comprendí lo jodido que está todo en tu pequeño mundo, y he decidido que no quiero formar parte de ello.
Una nube de polvo, pesadamente aromatizada, pasó llevando el olor a bosta de caballo. La asombró haberse acostumbrado tan rápidamente al aroma acre, que llegaba a calmarla. Eso era algo que nunca podría compartir con su madre, Renée Swan Dwyer se quedaría horrorizada.
— Mira, no quiero pelearme contigo, Madre. Cuando hables con Rosalie dale mis saludos.
— ¿Y?
— Y te llamaré pronto. Adiós.
Isabella terminó la llamada. No había cambiado nada. No encajaba en el círculo social de sus padres. ¿Alguna vez encontraría un lugar al cual pertenecer? Su mirada fija barrió las familias de rancho y entusiastas de rodeo que obstruían los pasillos y competían por llegar a la tribuna. Por mucho que lo deseará, tampoco pertenecía a aquí.
Su teléfono móvil volvió a sonar. Esta vez comprobó quién llamaba. Se rió. Era Edward.
— ¿Hola?
— ¡Eh!, dulce, solamente quería asegurarme de que conseguiste la entrada y de que sabes donde se supone que deberías estar sentada hoy.
— Estoy aquí, sobre la parte posterior de la arena. Justamente acabo de terminar de hablar por teléfono con mi madre y estaba pensando en ir a tomar una cerveza, o diez, antes de sentarme.
Él se rió y el sonido calentó aquel punto frío dentro de ella.
— Debe ser el día. Mi madre también me ha llamado.
— Apuesto a que tu conversación fue mejor que la mía.
— Probablemente. Aunque dudo que te echaran sal sobre las heridas. Como está afrontando tu caballo el viaje. Si estás comiendo bien. Si estás bebiendo demasiado. Y si estás usando ropa interior limpia.
Ella se rió.
— ¿Estas realmente bien, cariño? ¿No dijo nada para trastornarte?
¿Cómo había atrapado eso tan rápido?— Estoy bien. Estoy lista para el rodeo. Buena suerte, vaquero. Estaré aclamándote.
— No tienes ni idea de lo feliz que me hace escuchar eso. Probablemente no conseguiré un quiebre verdadero, así que te veré después de la cabalgada de noventa puntos.
Isabella reía cuando colgó.
Edward se coló por poco en la lista final de los cinco mejores de la competición de enlazar. Jasper también entró, pero Emmett quedó fuera.
Mientras otros eventos tenían lugar y Edward, Jasper y Emmett no competían, Isabella apuntaba observaciones en su libreta. Era una buena excusa no tener que hablar con nadie. Otra vez, tenía una repentina explosión de timidez.
Las otras esposas y novias la miraron un poco raro, pero hasta ahora ninguna se había aventurado a presentarse. Y se preocupó de que, en un acto de desesperación, ella hiciera el primer movimiento. No era como si no hubiera sufrido bastante rechazo en su vida.
Edward logró cubrir a su bronco para una cabalgada de setenta y siete puntos. El resto de los concursantes no lo hizo tan bien, lo que dejó a Edward en lo más alto de la clasificación y con un puesto asegurado en la segunda ronda.
De la misma manera Jasper y Emmett tuvieron una buena carrera y aterrizaron entre los cinco primeros, también garantizándoles un viaje de vuelta al día siguiente. Jacob y Brian terminaron en el primer lugar en el equipo de enlazada.
La comida del kiosco era grasa pura e Isabella deseó haberse llevado un almuerzo saludable al rodeo. Su estómago gruñó.
Una niña con trenzas de aproximadamente cuatro años, alzó la vista desde debajo de su sombrero vaquero rosa.
— Tu barriga suena como un oso rugiendo.
— Tal vez es porque estoy tan hambrienta como un oso.
La niña la observó, se movió furtivamente más cerca y luego rebuscó en su paquete de galletas de animales, pasando astutamente sobre la de un oso de circo.
— Aquis'ta lo que comes.
— Gracias.
Isabella masticó la galleta. Se quedó pensando en si debía preguntarle el nombre a la niña, pero llegó a la conclusión de que no la contestaría. Todas las charlas sobre no hablar con extraños estarían rondando por su pequeña cabecita.
— Por eso que mi papá nunca come pollo. Porque no es un pollo.
Interesante. Tendría que preguntarles a Edward, Jasper y Emmett si todos los concursantes de rodeo seguían esa superstición todo el tiempo.
— ¿Cómo te llamas? —la niña preguntó como por arte de magia.
— Isabella.
— ¿Ella1? ¿Como una muñeca?
Repitió su nombre y la niña la miró fijamente con sus enormes ojos azules.
— Hablas de una forma realmente graciosa, chica.
— ¿Sí? Tú también, vaquera. ¿Cómo te llamas?
— Calliope Jane. Excepto que nadie me llama así, a menos que esté metida en problemas.
— ¿Cómo te llaman entonces?
— Callie. Mi padre a veces me llama Calamidad Jane. —Señaló hacia las tolvas.— Mi papá hace bulldogging hoy. —Entonces aquellos ojos azules la apuntaron como un láser.— ¿Qué está haciendo el tuyo?
Probablemente se esté acostando con su secretaria, pero eso no era algo que se le pudiese decir a nadie y mucho menos a una niña.
— ¡Callie!
Tanto Isabella como Callie se giraron para mirar a la mujer que se dirigía hacia ellas, su lazo púrpura saltando a través de los asientos de los bancos metálicos.
— ¿Callie, cariño, tienes que dejar a esta pobre señora sola, no te das cuenta de que está ocupada? —La madre de Callie gesticuló hacia el cuaderno abierto y la pluma colocada sobre el regazo de Isabella.— Lo siento, es una cotorra.
— Francamente, no me importa. Es agradable poder hablar con alguien para variar, no conozco a demasiada gente por aquí.
Ya está, ya lo había dicho y no había sido tan difícil.
La morena la estudió con la misma intensidad que su hija.
— Lo siento. ¿Nos hemos presentado?
— Creo que no. —Isabella extendió su mano y la mujer la sacudió calurosamente.— Isabella Swan.
— Mary Morgan. No te había visto en las gradas familiares antes. ¿Con quién estas?
— No va a decirte el nombre de su papá, Mamá, a mí tampoco me lo ha dicho, —dijo Callie haciendo pucheros.
— Eso es porque seguramente no está aquí con su padre.
Sus labios de capullo de rosa hicieron una O de comprensión.
Isabella ocultó la risa.
— Estoy aquí con Edward Cullen.
Las cejas de Mary se alzaron bajo su sombrero de paja.
— Entonces eres tú.
— ¿Soy quién?
— Esa de la que todas las mujeres cotillean.
— ¿Sí? —el corazón le golpeó contra el pecho.— ¿Cotilleos malos o buenos?
— Depende de con quién hables, —Mary resopló.— Eso me tiene sin cuidado, lo que está bien para la gansa está bien para el ganso, ¿sabes lo que quiero decir? Además, ahora que te conozco puedo decir que eres libre, blanca y mayor de dieciocho, por lo tanto puedes hacer lo que quieras, e ignora a todas esas viejas entrometidas.
Isabella abrió la boca, pero Mary aún no había terminado.
— ¿Acaso esto no ha pasado también en el rodeo de hace años? No te equivoques todos hemos oído las historias, además, ninguna de ellas dejaría pasar la oportunidad de actuar como una joven despreocupada, y liarse con un vaquero viril y caliente si pudieran. Te lo digo, tiro al pájaro.
— ¿Qué pájaro, mami?
Mary rió indulgentemente y tiró de las coletas de Callie.
— Eso a ti no te importa, chiquilla.
— Callie me dijo que su papá es Luchador. —La Lucha con Novillo o Bulldogging, era otro evento por tiempo donde el vaquero debía perseguir al novillo y tirarlo al suelo. Pero en vez de usar cuerdas para coger al animal, el bulldogger (Luchador) se lanzaba desde su caballo, directamente sobre el novillo, mientras su compañero se aseguraba que siguiera corriendo en línea recta. Una vez que el bulldogger tenía un asimiento en los cuernos del animal, lo frenaba mientras hacía girar su cabeza para tirarlo sobre un lado de manera que despegue las cuatro patas del suelo. Los Luchadores con Novillo, por lo general, sólo competían en un evento, ya que el premio era cuantioso, pero también había muchas posibilidades de salir lastimado.
— Sí. Mike Morgan. Hasta ahora va segundo. Estamos esperando un gran triunfo aquí y en Valentine, entonces volveremos a casa por, aproximadamente, veinte minutos, antes de que lleguen los Días de 76 en el Deadwood. Después de eso nos dirigiremos a Cheyenne. El año pasado Mike lo hizo bien en ambos sitios y condujimos entre el Deadwood y Cheyenne cinco veces en una semana. Parece que cuando por fin consiga volver al rancho, ya no conseguiré ponerme al día.
— Debes viajar mucho…
— Si, al principio es divertido. La gente del rodeo es la mejor del mundo. Esto se parece más a una gran reunión familiar. Pero cuando llegamos a mitad de la estación de verano, solamente queremos volver a casa y tener una vida normal, si es que eso es posible con una niña y un rancho que llevar.
— ¿De dónde venís?
— De Buffalo Gap, Dakota del Sur. ¿Y tú?
Isabella se puso tensa.
— De las afueras de Boston.
— Oh, —Mary frunció el ceño.— ¡Vaya! ¿Cómo hiciste para liarte con Edward?
— Pura suerte.
— Te diré, —Apretó sus manos sobre los oídos de Callie y dijo en voz baja,— él es uno de los bribones, pero hombre, yo le tomaría, sin lugar a dudas, para una cabalgata de prueba a cualquier hora.
Isabella no sabía si sentirse celosa o halagada.
— No es que él me escogiera sin resistirse, a pesar de que se diga todo lo contrario, es muy exigente. No suele traer a ninguna mujer en sus viajes, más bien no trae a ninguna.
— ¿Entonces piensas quedarte en el circuito?
— Solo hasta Cheyenne.
— Está bien. Estoy segura de que nos veremos en los bailes y por ahí. ¿Irás al Wild Bronc esta noche? Podríamos echarnos un par de copas.
— Tal vez. Depende como le vaya a Edward hoy.
Mary hizo rodar sus ojos.
— No entiendo como la gente depende simplemente de lo que ellos hagan en la arena. Reza por no tener que saber cómo reacciona Edward cuando se hace daño. Pero, en algún momento, ellos siempre se hacen daño. Siempre. —Guiñó un ojo.—Vamos Callie, debes darte un baño antes de que le vuelva a tocar a tu padre.
— ¡Adiós!
— ¡Adiós!, Oso Ella. —Callie se rió tontamente y corrió.
Isabella también rió. Bien, al menos ya no era un paria total.
Se sentó impacientemente durante la Lucha con Novillo, Mike Morgan tenía el tiempo más rápido, y la carrera de barril. Tenía curiosidad por ver a Edward montar al toro, pero también estaba nerviosa.
¿Qué la había poseído para hacer tal trato con él? ¿Habría estado delirante, todavía aturdida por el asombroso sexo de la noche anterior?
No, hiciste el trato porque es lo que quieres. Incluso aunque esto te lleva al límite, encajas. Y realmente te sientes a salvo con él.
Se escabulló y se bebió una cerveza antes de que el último acontecimiento empezara, convenciéndose de que no era coraje líquido. La sección familiar no estaba cubierta por un toldo, por lo tanto el sol caía a plomo sobre el metal y el hormigón, lo que la hacía tan constreñido como una lata de sardinas. No había ni siquiera una ligera brisa. El sudor cubrió su piel e hizo que se le pegara el pelo a la cabeza debajo de su sombrero. La mayor parte de los otros espectadores ya se habían ido en busca de sitios más frescos.
Por un capricho del destino, Edward era el último jinete de la monta. Él había escogido al Tuerto Jack, otro toro del Rodeo que no había podido ser montado en dos docenas de salidas, según Jacob. Pero la última vez que había sido montado, el jinete había anotado un registro de noventa y dos.
A petición de Edward, Jacob se había aventurado hacía las gradas para decirle a Isabella lo que podría esperar, aunque ella pensaba que simplemente era la manera de Edward de regodearse.
Sin embargo, el Tuerto Jack era también un luchador de tolva notorio, lo que planteaba un peligro para el jinete.
Isabella se abatió como los veinticinco concursantes que lucharon para cubrir sus toros. El índice de jinetes desmontados por el Tuerto Jack estaba jodidamente cerca del cien por ciento. Finalmente, el nombre y estadísticas de Edward fueron anunciados junto con el nombre del propietario del toro y su posición. Ella bajó de la grada y se colgó sobre el pasamanos, tratando de conseguir una mejor vista de lo que sucedía dentro de las tolvas.
Como Jasper habitualmente ayudaba a Edward a prepararse, estaba de pie detrás de él, aguantando la cuerda paralela al cuerpo de Edward, mientras este frotaba resina encima de la cuerda de sujeción con largas pasadas. No parecía que el toro fuera a presentar una gran lucha. ¿Sería a causa del calor? La esperanza de Isabella de que el animal de dos mil libras estuviera letárgico no tenía nada que ver con la apuesta, pero quería mantener a Edward seguro.
El brazo libre de Edward estaba envuelto alrededor de la puerta metálica. Se afirmó balanceándose de lado a lado, cabeceo con su sombrero hacía el juez de puerta, y hombre y bestia salieron a la acción.
Evidentemente el Tuerto Jack había estado reservando sus travesuras para la arena, no las tolvas. Las cuatro patas negras estuvieron fuera de la tierra desde el principio, luego de una rápida serie con muchos cambios, el animal estaba casi vertical. Edward colgado sobre él.
Otra vuelta difícil a la derecha, directamente a la mano de montar de Edward, pero él se mantuvo pegado al animal, aún cuando su cadera se inclinaba. Tres saltos más verticales, otra vuelta ladeada, seguida de una inversión rápida, cuatro vueltas rápidas, una última patada perpendicular y sonó el timbre. Había conseguido los ocho segundos.
Edward soltó rápidamente la cuerda, y liberó su mano. Se cayó de culo al suelo. El toro dio un salto buscándolo, pero el payaso de pista distrajo al Tuerto Jack, permitiendo a Edward correr a la valla. Incluso antes de que se girara para mirar en la pantalla su desempeño, por su expresión sabía que había montado bien.
Cuando un puntaje de noventa y uno fue anunciado, el confeti voló en la tribuna, la muchedumbre rugió su aprobación y él sacudió su sombrero en el aire con un chillido ruidoso y recogió su cuerda del suelo.
Entonces fue directamente hacia ella.
El aliento de Isabella se paralizó en sus pulmones mientras Edward se subía la valla, los flecos metálicos sobre sus chaparreras revoloteaban detrás de él. Aún no se había sacado el guante de montar. Con una mano asegurada sobre la valla, usó su mano libre para acercarla a él y la dio un beso húmedo.
Delante de todo el mundo, y volvió a hacerlo, está vez con un poco más de ímpetu, espoleado por los silbidos y los aplausos.
Cuando dejó de besarla, sonrió abiertamente y acercó sus labios a su oído.
— Hora de pagar, cariño.
1 Vale a ver en el original la prota se llama Channing por lo que la niña la llama China y yo como que no me cuadraba al cambiar el nombre y ahora me parece pesimo, dadme nuestra opinion de como la tandria que llamar Callie, por fissssss. Gracias por las alertas, favoritos y comentarios.
