El verano estaba llegando a su fin, y aunque en Inglaterra no era extremadamente caluroso, aún se podía percibir el buen clima: el sol solía brillar y calentar lo suficiente como para salir a la calle con camiseta de tirantes y pantalones cortos, las pocas piscinas públicas que había por la zona aún rebosaban de gente y los planes típicos veraniegos todavía se alargaban a esas fechas.
Clarke había decidido que sería un buen colofón para aquel verano el poder hacer algún plan con la pequeña Alycia, con Lexa acompañándolas: la pequeña adoraba estar con la morena, y, ¿para qué iba a mentir?, a ella también le encantaba tenerla cerca, sobretodo cuando sus ojos verdes la enfocaban y la desnudaban con la mirada, provocando que llamas se encendieran en su interior, avivando un deseo prácticamente imposible de apagar.
Ya hacía casi una semana desde que habían compartido aquellos momentos que tanto había ansiado, y aunque por problemas de horario no habían podido repetirlos, Clarke se moría por volver a sentir la piel de Lexa fundiéndose con la suya.
Si recordaba cómo la había cogido por los muslos y cómo la había llevado hasta su habitación, su entrepierna comenzaba a palpitar. Era increíble lo tímida y cauta que parecía en situaciones normales cuando Alycia estaba con ellas, y lo pasional que le había demostrado ser en su cama.
Sólo esperaba que pudieran encontrar algún momento para poder repetir todo aquello, porque no sabía si podría aguantar mucho más sin perder el control. En un principio había pensado que después de aquella noche, ese deseo disminuiría hasta desaparecer, pero lo cierto es que había ocurrido todo lo contrario.
Y allí estaba, intentando averiguar como si se tratase de una adivina cuándo sería la próxima vez que disfrutaría de las caricias de Lexa entre sus piernas.
Se había levantado bastante temprano para preparar el desayuno, ese día partirían las tres para un fin de semana de acampada y debían coger fuerzas, ya que el camino era largo en coche.
Tanto a Alycia como a Lexa les encantaba las tortitas con salchichas así que eso estaba cocinando, mientras estaba perdida en su mente, pensando en lo mucho que se parecían su hija y aquella chica morena que había aparecido en sus vidas para cambiarlas, a parecer a mejor, cuando sintió unas manos posarse suavemente en su cintura y acariciarla lentamente, avanzando hacia su abdomen.
Cerró los ojos disfrutando de esas caricias, estremeciéndose cuando unos labios buscaron la piel de su cuello, abriéndose para saborearla.
-Lexa... - Dijo en un gemido.
-No me pidas que pare - Le susurró la morena, bajando una de sus manos, acariciando su muslo por encima de la seda del camisón que llevaba la rubia.
-No, pero...
-Está dormida.
Clarke suspiró antes de levantar una de sus manos y colocarla en la cabeza de la morena para apegarla aún más contra su cuello, sintiendo cómo la lengua de Lexa entraba en acción y lamía aquella zona tan sensible para ella.
La mano de Lexa avanzó de forma descendente, llegando al borde del camisón de Clarke, invirtiendo el sentido de sus caricias, esta vez bajo la tela. Fue subiendo su mano despacio mientras la otra subía hasta su pecho, apretándolo con suavidad y luego introduciéndose bajo el camisón para sentir aquel pezón que comenzaba a volverse duro con tan sólo aquellos roces.
La mano que Lexa tenía en sus muslos llegó a un destino concreto y la morena no pudo evitar gemir cuando descubrió una cosa.
-Clarke... -Le dijo contra su cuello.
-¿Si? - Sonrió la rubia.
-Dios... - Lexa introdujo sus dedos en la entrepierna desnuda de Clarke, sintiendo cómo apretaba los muslos alrededor de su mano como reacción.
Investigó aquella zona caliente de Clarke, que a cada movimiento que realizaba Lexa en ella, se humedecía más.
-Joder - La rubia gimió, agarrando el cuero cabelludo de Lexa y llevando su mano libre a uno de sus glúteos para apegarla todavía más a ella.
La morena tragó hondo al sentir el trasero de la rubia directamente contra su entrepierna, y no pudo evitar mover sus caderas contra él, sintiendo su excitación crecer.
Dos de sus dedos se colaron en el interior de Clarke y su pulgar acabó masajeando su clítoris suavemente.
Clarke, al notar el movimiento de Lexa contra ella, no dudó en hacer lo mismo, intentando excitar a la morena aún más si cabe, sintiendo cómo ella misma estaba a punto de explotar por las caricias que le estaba regalando tanto en su entrepierna como en su cuello con esos labios de infarto y en su pecho.
El orgasmo la sacudió sin apenas darse cuenta y sonrió al darse cuenta que Lexa seguía moviéndose contra ella. Quiso darse la vuelta para corresponder al placer que le había regalado la morena pero esta la detuvo contra su cuerpo.
-No - Le dijo - Vamos a terminar de hacer el desayuno antes de que Alycia despierte.
-Ve a arreglarte, ya lo hago yo - Giró el rostro y besó sus labios, introduciendo su lengua en la boca de Lexa, que la imitó y ambas se miraron sonrientes cuando se separaron por la falta de aire, y la morena se alejó para subir a la planta superior a prepararse - ¿Lexa? - La llamó y la morena se volvió, mirándola. La rubia cogió la mano que minutos antes había estado en su interior e introdujo aquellos dedos largos e increíblemente sexys en su boca, lamiéndolos con ganas, mientras su mirada estaba fija en aquellos ojos verdes que la miraban de vuelta con la boca entreabierta.
-Me voy antes de que... - Sacudió su cabeza antes de mirar arriba abajo el cuerpo de Clarke.
La rubia rió maliciosamente y se volvió a terminar la tarea en la que estaba hacía unos minutos, no sin antes admirar el cuerpo de Lexa, cubierto por unos pantaloncillos muy cortos de pijama negros y una camiseta de color azul claro de tirantes, de espaldas mientras salía de la cocina.
Y es que menuda figura tenía.
Unas horas más tarde, Clarke se encontraba en el salón, mirando todas las bolsas que había encima de la mesa, preparadas con las cosas que necesitarían, comprobando que no faltara nada.
Lexa se encontraba en la planta superior, ya con todas sus cosas preparadas abajo, ayudando a Alycia a vestirse. La pequeña se había levantado hacía ya un buen rato y se le notaba bastante emocionada. Clarke no les había dicho a ninguna de las dos dónde se dirigían exactamente, pero lo que sabían es que esas noches las pasarían en tiendas de campañas y que debían llevar el bañador ya puesto.
-¿Y si vamos a la selva? - Preguntó la pequeña mientras Lexa introducía la camiseta por sus bracitos.
-¿A la selva? ¿Con los leones?
-¡Sí! - Hizo un gesto imitando al animal, acompañado con un pequeño rugido que hizo reír a Lexa.
-Chicas, ¿os queda mucho? - Oyeron desde la planta de abajo.
-¡No! Ya bajamos, Clarke - Contestó la morena.
Cuando Alycia estuvo perfectamente vestida y peinada, Lexa se arrodilló frente a ella, dándole la espalda, y la niña se colgó a su cuello, subiéndose a caballito.
-Nos vamos a caer - Dijo con algo de miedo cuando vio que Lexa bajaba las escaleras muy rápido con ella a su espalda.
-Si yo soy muy ágil, ¿ves?, no pasa nada - Le contestó una vez llegaron abajo.
Clarke se encontraba esperándolas en la puerta de la entrada, vestida con unos pantalones de color verde caqui y una camiseta blanca algo ancha que dejaba ver un poco de su escote, el cual Lexa no pudo evitar mirar, llevándose una mirada con la ceja alzada por parte de la rubia.
-Bueno, ¿listas? - Ambas chicas asintieron contentas y las tres se dispusieron a salir de la casa y subir al coche, y Lexa ayudó a Clarke con todo el equipaje.
Tenían aproximadamente una hora y media de viaje, pero empezó a pasar rápido cuando Clarke puso las canciones infantiles que siempre llevaba para Alycia y la niña comenzó a cantarlas, animando a Lexa y a su madre a que se unieran a ella, que así lo hicieron.
Pararon en una gasolinera tras un rato, puesto que Clarke tenía que repostar. Había una tienda muy grande en la que podías encontrar de todo, y mientras la rubia se encargaba de pagar por la gasolina, Lexa y Alycia fueron a dar una vuelta por el establecimiento.
-¡Quiero esto! - Dijo Alycia, y Lexa, que estaba observando unas figuritas con formas fantásticas que había en una estantería, se dio la vuelta para ver cómo la pequeña sostenía entre sus manos un pequeño ukelele de color azul.
-Yo sé tocarlo, ¿sabes? - Le dijo mientras se acercaba a ella.
-¡Enséñame! - Le dijo entusiasmada.
Lexa rio cogiéndolo, y ambas fueron hacia la salida para pagar el instrumento. Clarke las miró con el ceño fruncido cuando las vio saliendo con aquella bolsa.
-¿Qué te ha hecho comprar? - Le preguntó Clarke.
-Sorpresa - Lexa le dijo con una sonrisa y la rubia tuvo que reprimir las ganas de abalanzarse sobre su boca.
Volvieron al coche para continuar con el trayecto que les faltaba por recorrer, y al rato Lexa observó por el retrovisor del copiloto que Alycia se había quedado dormida en su silleta, así que hizo lo que quería hacer desde hacía un buen tiempo: alzó su mano y la llevó al cuello de la rubia, que estaba concentrada en la carretera, haciendo que moviera la cabeza y encogiese sus hombros por la sensación.
-¿Quieres que tengamos un accidente? - Le sonrió de lado, mirándola de reojo.
-No, lo que quiero es otra cosa - Le dijo, devolviéndole la mirada.
-Lexa... - La rubia suspiró, sintiendo cómo su entrepierna respondía a las caricias y las palabras de la morena, que rió, apartando la mano y llevándose una última mirada de Clarke, puesto que no quería que Alycia despertase de repente y las viese en esa postura.
Llegaron unos cuarenta minutos después a una zona de aparcamiento, que estaba a la entrada de el sitio a donde debían llegar. Lexa bajó y fue a abrir la puerta trasera para sacar a Alycia, que todavía estaba dormida.
-Monito... - Le dijo haciéndole cosquillas sobre la barriga una vez llegó a ella - Hemos llegado - La pequeña abrió los ojos poco a poco y enseguida se despejó al entender que ya estaban en el sitio.
-¡Bien! - Rápidamente se deshizo del cinturón de seguridad y bajó del coche. Lexa ayudó a Clarke con todas las bolsas y la niña también colaboró llevando una pequeña mochila a su espalda.
Las tres comenzaron a andar, siguiendo el camino que les indicaba Clarke y entonces miraron a su alrededor, percatándose de la belleza de aquel sitio: no había nadie y el verde las rodeaba completamente. Había un mapa que mostraba toda la zona, indicándoles cuál era la zona dónde se podía acampar y andaron hasta allí, por suerte no estaba a más de cinco minutos a pie.
Clarke y Lexa montaron las dos tiendas de campaña que llevaban, una para Lexa y otra para las dos rubias, mientras que la pequeña curioseaba por el lugar sin alejarse demasiado por petición de su madre.
-No sé si estoy muy convencida de dejarte dormir ahí sola... - Le dijo Clarke cuando terminaron de montarlas.
-Siempre puedes venir conmigo.
-¿A dormir? - Alzó una ceja.
-O... a lo que quieras.
Clarke la miró desafiante y, tras comprobar que Alycia se encontraba entretenida mirando unas plantas que había a unos cuantos metros de ellas, se acercó a Lexa, hasta que sus labios casi rozaban.
-No quieres saber todo lo que te haría hacer con esta boca que tienes... - Le susurró mirándola directamente a sus ojos verdes, haciendo que Lexa jadeara automáticamente, separándose después con una sonrisa triunfadora en los labios, dirigiéndose a su hija.
Lexa tuvo que tomarse unos segundos para calmar el cosquilleo que la había invadido con las palabras de la rubia. Iba a ser una acampada realmente difícil si seguía calentándola de esa forma.
Se acercó donde se encontraban ellas y las tres juntas guardaron todo el equipaje dentro de una de las tiendas, cerrándolas luego con un candado, llevándose un par de mochilas con bocadillos y algo de bebida, y también toallas.
-Mami, ¿dónde vamos? - Preguntó la pequeña, una vez se pusieron en marcha.
-Ahora lo verás cariño, dame la mano para que no te caigas - La niña la obedeció enseguida, pero se quedó mirándo a su madre con el ceño fruncido - ¿Qué pasa?
-¿Y a Lexa no se la das? ¿Y si se cae? - La morena, que andaba unos pasos por delante de ellas, giró la cara para observarlas con una sonrisa, mientra Clarke reía.
-Creo que Lexa es mayorcita y puede ir sola, ¿o quieres que te de la mano, Lex? - Le preguntó divertida.
-Creo que voy bien - Les dijo volviendo a mirar hacia delante.
Tras un rato andando, lllegaron a una zona verde, frente a la que se habría un lago con una cascada al fondo. Alycia miró todo aquello con la boca abierta y empezó a chillar con emoción.
-¡Vamos a bañarnos! - Dijo con los brazos en alto.
-Oye, pero antes hay que comer, señorita - Le dijo Clarke, pues ya había pasado el mediodía.
Lexa pensó que aquel lugar era realmente una pasada, y que Clarke había elegido genial. Le encantaba estar allí con aquellas dos rubias y esperaba poder disfrutarlo al máximos.
Se sentaron a comer los bocadillos justo a la orilla de aquel lago, y Alycia introdujo los pies en el agua mientras mantenía su comida en la mano, pegando un gritito al notar el frío.
-¿Está fría, cariño? - Rió Clarke.
-Mucho - Se quejó la niña.
-Seguro que no es para tanto - Intervino Lexa, y la tocó con la mano, mientras hacía una mueca - O sí.
-Menudas dos me han tocado, que les gusta la pizza con piña y no aguantan ni el agua un poquito templada - Dijo Clarke, riéndose de ellas.
-Qué mala eres, mami - Le dijo su hija, cruzando los brazos y apretando los labios.
-Es una broma, tesoro - La acercó a ella y le dio un beso en la frente - Ahora nos metemos en el agua poco a poco, ¿vale? - La niña asintió y las tres se acabaron sus respectivos bocatas antes de comenzar a quitarse las ropas para quedarse en bikini.
Clarke fue la primera en estar cubierta solamente por las dos piezas, y a continuación observó cómo la morena se deshacía de su camiseta, dejando al descubierto su plano y atlético abdomen, así como los pantalones que cubrían sus piernas tonificadas, y sintió un calor recorrerla de arriba abajo.
-Mami, mami, ponme los manguitos - Le dijo su hija, dándole golpecitos en la pierna, haciendo que la mirara tras sacarla de su ensimismamiento.
-Cariño, se me han olvidado - Le dijo antes de girarse para observar a Lexa, que la miraba de vuelta con una sonrisa.
-No te preocupes, monito - Habló la morena - Yo te cojo.
La pequeña fue hacia Lexa con una sonrisa y ésta la cogió de la mano antes de caminar las dos hacia el agua, soltando un gritito idéntico cuando comenzaron a introducirse cada vez más en el lago, haciendo que Clarke riera a causa de sus reacciones.
Llegaron a una zona que era bastante profunda, en la que el agua llegaba a Lexa por la mitad del abdomen, por lo que tuvo que coger a Alycia en brazos, mientras las dos se iban acostumbrando a la temperatura del agua. La morena comenzó a jugar con la niña y la levantaba fuera del agua, dejándola caer con cuidado, haciendo que riera.
Clarke se quedó un buen rato observándolas, sentada desde la orilla, con una sonrisa en su cara dibujada, porque pensar en Lexa cuidando así de su hija le encantaba. La morena había resultado ser una persona increíble en muchos aspectos, y Clarke apreciaba eso, y además se podía ver enseguida lo mucho que la pequeña adoraba a la morena.
-¡Mami, ven con nosotras! - Le gritó su hija desde el interior, y la rubia asintió con una sonrisa. Se levantó con cuidado y fue andando hasta ellas, sorprendiéndose porque sí que estaba bastante fría el agua, aunque intentó no mostrar su reacción en su rostro para que no se rieran esta vez ellas.
Llegó cerca de donde estaban y Lexa soltó de pronto a Alycia en el agua, haciendo que Clarke se quedara en shock, pensando que la pequeña se comenzaría a hundir, pero en vez de eso, comenzó a nadar los pocos metros que la separaban de ella.
-¿Has visto? La he enseñado a nadar ahora mismito - Le dijo Lexa con una sonrisa, una vez que Alycia había llegado a donde estaba su madre y se aferraba a su cuello.
-¡Soy una nadadora! - Dijo levantando un brazo.
-La mejor nadadora - La abrazó su madre, dejando un beso en su mejilla.
Lexa salió a coger una pelota que habían llevado hasta allá y volvió al agua, subiendo a la pequeña a sus hombros, empezando a jugar con Clarke, pasándose la pelota, y así estuvieron un buen rato, entre risas y salpicones de agua.
-Oye, voy a investigar por aquella zona de la cascada, ¿vale? - Dijo de repente Lexa, dejando a Alycia con su madre.
-Ten cuidado, Lex - Le dijo Clarke, a lo que la morena respondió con una sonrisa.
Fue nadando hasta la zona que había indicado, no estaba muy lejos pero no sabía si iba a ser muy profunda. Se dio cuenta de que no llegaba con los pies, pero justo debajo de la cascada, había una pequeña roca a la que podías subir, y así lo hizo.
Se colocó justo debajo de aquel gran chorro de agua y pasó sus manos por su pelo, echándolo hacia atrás, mientras el agua caía por su cara. Clarke observaba desde algunos metros de lejanía la imagen, mordiéndose el labio inferior al ver aquello, y cómo el agua caía sobre el rostro y los pechos de la morena. Era una imagen demasiado sexy como para no sentir cómo su sexo se humedecía, incluso encontrándose ella dentro del agua.
Un rato después, tras haber salido del agua, y cuando ya estaban bastante cansadas y la tarde comenzaba a caer, recogieron todo y volvieron a la zona donde tenían las tiendas. A Clarke le sorprendió que no hubiese nadie más acampando como ellas, pero por otra parte así estaban más tranquilas y con más intimidad.
Lexa se encargó de preparar una hoguera a una distancia prudencial de las tiendas y poner en él algunas chuletas y mazorcas de máiz que habían llevado en una mini nevera, mientras que Clarke cambiaba de ropa a Alycia y la vestía con algo más abrigado, ya que comenzaba a hacer algo de fresco.
-¿Os está gustando el sitio? - Les preguntó Clarke una vez se sentaron alrededor del fuego en lo que era una especie de banco de piedra y comenzaron a comer.
-Es muy chuli, mami - Dijo Alycia, comiendo de su mazorca.
-¿Y a ti, Lex?
-Es genial, Clarke, gracias por traerme con vosotras.
-Gracias a ti por venir - Ambas compartieron un intercambio de miradas acompañadas por unas sonrisas cálidas, dibujadas en el rostro de cada una.
-Mami - Dijo de repente la niña, mirando hacia la zona de las tiendas - Sólo hay dos.
-Ya, cielo.
-¿Yo duermo en una y tú y Lexa en otra? - Preguntó muy seria, haciendo que Clarke abriera los ojos como platos y riera a continuación, con la morena imitándola.
-No, cariño, tú y yo dormiremos en una, y Lexa en otra, ¿vale?.
-Yo quiero dormir con Lexa - Respondió cruzándose de brazos.
-No la molestes, que ella querrá descansar bien.
-Está bien, duerme conmigo si quieres, monito - Le sonrió Lexa.
-¡Bien! - La niña se levantó de donde estaba y corrió a darle un abrazo, el cual la morena respondió, subiéndola a su regazo.
-¿Quieres que saquemos lo que hemos comprado hoy? - Le preguntó y cuando la niña entendió a qué se refería, asintió efusivamente, dejando ver una sonrisa muy grande, mientras Clarke las miraba sin entender muy bien de qué hablaban.
Lexa se levantó y fue en dirección a una de las tiendas, para sacar aquel ukelele que habían comprado aquella misma mañana ella y Alycia, y cuando volvió con él, Clarke rio.
-¿Eso es lo que habíais comprado en la tienda de la gasolinera?
-Sí, te vamos a dar un concierto privado - Le sonrió la morena.
-Oh, estoy impaciente por oírlo.
Lexa volvió a sentarse donde estaba antes, haciendo que Alycia se sentase sobre ella, y colocando el ukelele sobre la pequeña, poniendo algunos dedos sobre algunos trastes del instrumento, y luego cogiendo los deditos de la niña, para hacerlo sonar, moviéndolos por las cuerdas que quería que tocase.
Alycia sonrió efusivamente cuando reconoció la canción que Lexa había comenzado a tocar, y Clarke rio porque también la conocía. Repitió las notas varias veces, tal vez unas diez, hasta que Alycia supo de memoria qué cuerdas tenía que tocar en cada momento.
-¿Desde cuándo sabes tocar la canción de Bob Esponja con el ukelele? - Le preguntó Clarke sorprendida, pero divertida al mismo tiempo.
-Me enseñó un amigo hace bastante - Respondió - Y no es lo único que sé tocar - Cogió esta vez todo el instrumento ella sola, y Alycia, lejos de enfadarse, se dio la vuelta para observar cómo la morena tocara.
Entonó otros acordes, que al parecer Clarke sí reconoció, pero la pequeña no, aunque eso no parecía importarle porque disfrutaba de la música igualmente.
-¡Qué guay! - Exclamó.
Estuvieron un rato más allí, alrededor de aquel fuego, incluso quemaron algunas nubes que comieron todas encantadas, y unos momentos después la pequeña pareció empezar a tener sueño, porque se recostó sobre la morena hasta quedar dormida.
-Podemos dejarla en la tienda y quedarnos un rato aquí, si quieres - Propuso Clarke, a lo que la morena aceptó con una sonrisa, levantándose junto a la rubia para llevar a Alycia en brazos hasta la tienda.
Una vez la colocaron con cuidado, cerraron la cremallera que aislaba la tienda completamente y volvieron a donde se encontraba el fuego, esta vez quedando más cerca. Se miraron en silencio, observando el rostro de la otra con detenimiento, iluminadas nada más que por las llamas de la hoguera.
-Buen truco, el de la cascada - Dijo Clarke tras unos segundos.
-¿Qué truco? - Preguntó Lexa confundida.
-No te hagas la tonta - Rió - Echándote el pelo hacia atrás... dios, Lexa - Acercó su rostro al de la morena - ¿Eres consciente de lo que me provocas? - Susurró cerca de sus labios, haciendo que la morena sintiera el aire que salía de su boca al hablar contra la suya.
-¿Y tú a mí? - Contestó algo nerviosa por la repentina cercanía.
-Puedo notar cómo tiemblas cuando estoy cerca - Puso su mano en la rodilla flexionada de Lexa, acariciando su piel lentamente, ya que llevaba unos pantalones cortos - Y cómo tu piel reacciona a mí - Siguió susurrando.
-Clarke... - Fue capaz de decir en un jadeo.
La mano de la rubia fue subiendo, deslizándose hasta acabar en su entrepierna, por encima de la tela, observando intermitentemente esos ojos verdes y esos labios carnosos que le hacían desearla todo el rato. Notó cómo la morena respiraba de forma entrecortada, y sacó su lengua para lamer su labio inferior, provocando que los abriera, al mismo tiempo que, hábilmente, bajó la cremallera y desabrochó su pantalón, introduciendo su mano directamente por debajo de la ropa interior.
-Joder, qué mojada estás, Lexa... - Dijo contra sus labios, justo antes de que la morena la mirase para después besarla, introduciendo sin dilación su lengua en su boca, arrancando de ella algún que otro gemido.
Movió los dedos entre sus pliegues, notando cómo Lexa rodeaba su cintura con un brazo, pegándola a ella, y entonces decidió que aquello no era suficiente. Se separó de su boca con pesadez, y la miró con una sonrisa unos segundos, antes de levantarse y arrodillarse frente a ella.
-¿Qué...? - Fue lo que Lexa pudo llegar a decir antes de sentir las manos de Clarke subiendo por sus muslos hasta llegar al borde de sus shorts, bajándolos junto a sus bragas, sintiendo en todo momento esa mirada azul sobre ella, haciéndola suspirar.
-Deja que te disfrute - Le dijo Clarke con la voz más ronca de lo normal, haciéndole temblar de anticipación, y tuvo que contener el aire cuando la rubia separó sus piernas y desvió la mirada hasta su intimidad, esbozando media sonrisa antes de llevar su rostro hasta donde Lexa lo necesitaba.
Tuvo que agarrarse como pudo a las piedras sobre las que estaba cuando notó la lengua de Clarke creando movimientos increíbles sobre su sexo, lamiendo de arriba a abajo, recogiendo sus fluídos, centrándose luego en su clítoris, al mismo tiempo que ella llevaba una de sus manos a su cabeza, agarrando su pelo, intentando no tirar mucho de él, pero no podía controlar su fuerza con Clarke regalándole aquella maravilla. Sus gemidos empezaron a ser más ruidosos y constantes, e incluso sentía la vibración de la boca de la rubia cuando ella gemía también contra su sexo, excitándola aun más.
Pocos instantes tuvieron que pasar hasta que sintió cómo el placer se iba acumulando en la parte baja de su vientre, y explotó haciéndola gritar mientras apretaba sus muslos contra la cara de Clarke, que la miró intensamente desde su posición, pasando sus manos por sus muslos suavemente, intentando relajarla después del orgasmo que acababa de tener.
-Estás deliciosa - Le dijo Clarke, aún de rodillas, una vez separó su rostro de entre sus piernas.
-No más que tú.
La rubia se inclinó y acercó su rostro al de Lexa, besándola con ganas, sintiendo las manos de la morena en su nuca, apegándola a ella.
-Deberíamos ir a dormir - Le dijo contra sus labios.
-Pero yo quiero que tú también... - No pudo acabar la frase porque Clarke volvió a besarla.
-Yo esta mañana ya he tenido un orgasmo fantástico, no te preocupes por mí, ve con Alycia ahora.
Ambas se pusieron de pie, sin dejar de mirarse, intentando entender en la mirada de la otra qué era ese fuego que despertaban entre ellas, y no parecían encontrar respuesta, así que volvieron a unir sus labios una última vez.
Se despertó sintiendo algo en su cara, y abrió los ojos poco a poco, aún sintiendo la pesadez del sueño, para encontrarse con la pequeña Alycia pasando una ramita por su cara.
-Qué dormilona eres - Le dijo la niña de forma divertida.
-Y tú qué madrugadora
-¡De eso nada! - Se escuchó desde fuera de la tienda - Que son las diez, venga señoritas, que hoy tengo una sorpresa para vosotras.
Lexa se incorporó, y cogió a Alycia para darle un beso en la frente mientras la niña sonreía.
-Buenos días, monito - Le dijo cariñosamente.
-Buenos días, Lex.
La niña abrió la tienda de campaña y salió de ella, y Lexa, tras tomarse unos segundos para despejarse del todo, la imitó. Fuera se encontró a Clarke, que estaba vestida con unos pantalones grises de chándal que se pegaban a sus piernas, y una chaqueta impermeable negra, con el pelo recogido en una coleta alta. La rubia la miraba con una ceja levantada y Lexa no pudo evitar sonreír, pensando en lo increíblemente preciosa que era aquella mujer, y recordando los momento compartidos la noche anterior.
La rubia le entregó un sobre a Alycia, que se había acerado a su madre, y ésta lo abrió, sacando unas entradas de él.
-¿Qué es eso, Aly? - Preguntó Lexa con curiosidad.
-No sé, no sé leer... - Se lamentó la pequeña.
-Ven, yo lo leo - Se acercó a la morena y le tendió las entradas, que la mayor enfocó antes de que una gran sonrisa se formara en su rostro, y volvió a mirar a la niña - ¡Nos vamos al zoo!
-¡Bien! - Ambas levantaron las manos emocionadas, haciendo sonreir a Clarke.
Lexa miró a la rubia, que le devolvió la mirada. Ninguna de las dos entendía qué diablos estaba sucediendo, pero lo que si sabían ambas era que no cambiaban aquellos momentos por nada.
¡Tachán!
Holi, he vuelto prontito, os echaba demasiado de menos como para no actualizar ya.
Se nos han ido de excursión estas tres, parece que lo han pasado bien, ¿no? *Guiño, codaso*
Dejadme que os diga que el verano está por acabar, Alycia vuelve al cole, y con él su rutina normal (dos semanas con mami Clarke, dos semanas con Nylah) ¿Qué pasará a partir de ahora? Espero vuestras teorías y comentarios.
¡Nos leemos pronto!
Twitter: humvnkru
