CAPITULO 10
El silencio en su casa era demasiado para ser tolerado pero no podía hacer otra cosa más que vivir día a día con él. Todos los días sentía la necesidad de llorar, no por lo que podría parecer obvio, el abandono en el que había quedado; más bien era porque no sabía dónde estaba ella, si se encontraba bien o si pudiera necesitar su ayuda. Podría parecer exagerado pero la verdad era que la seguridad y felicidad de ella era más importante que la de él mismo. Porque la amaba, prácticamente desde el día en que la conoció y la amaría su vida entera; aunque ella no estuviera a su lado, aunque ella no quisiera que él la amara.
-Princesa …
Se encontraba a veces diciendo y cuando se daba cuenta de que no había nadie que lo pudiera escuchar se quedaba parado en el lugar a veces por minutos y a veces por horas, sintiendo que le faltaba la respiración y que su corazón dolía cada vez que latía.
-Amariel…
Decía por la noche cuando se acostaba en su cama que ahora le parecía inmensa y se quedaba viendo su lado de la misma, sintiendo el frío en las sábanas y era cuando desesperaba y aventaba lo primero que tenía a la mano, a veces un florero, a veces un cuadro y cuando se estrellaba y se deshacía por completo; se arrepentía por haberse dejado llevar por la emoción y ni siquiera se preocupaba por limpiar y se dejaba caer en su lado de la cama y abrazaba con fuerza la almohada y lloraba hasta quedarse dormido.
Había días que se negaba a salir porque cuando lo hacía todos con los que se cruzaba lo miraban con pena, tristeza y le dedicaban palabras de aliento para que no se sintiera tan mal. "Va a regresar" "ella te ama" "no desesperes", era lo que más escuchaba pero para él eran sentir que su corazón era herido una y otra vez. Por eso se quedaba dentro de su agujero hobbit y miraba el camino por más tiempo del que se daba cuenta hasta que comenzaba a sentir hambre pero la ignoraba porque hasta la comida estaba relacionada con ella. Recordaba hasta las cosas mínimas como cuando se quedaban moronitas de pan en sus labios y las lamía con su lengua. Las cosas mínimas eran las que más le importaban, el calor de su mano, su compañía, el sonido de su voz, la manera en que su risa se escuchaba por todos lados de su casa.
Toc, toc, toc.
El sonido de la puerta hizo que el corazón de Bilbo dejara de latir porque estaba seguro de haberlo imaginado.
Toc, toc, toc.
Cuando abrió la puerta la decepción fue evidente en su rostro pero Maggie no dejó de sonreír.
-Bilbo –dijo ella y la preocupación en su voz se hizo presente. Podía ver que no estaba comiendo bien, esta delgado y eso era imposible, le provoco mucho miedo por el hobbit y quiso poder ayudarlo, curarlo, hacerlo olvidar y superar.
-Es mejor que te vayas –dijo y trató de cerrar la puerta pero la chica se coló con velocidad antes de que pudiera hacerlo.
-No Bilbo, no puedo irme –dijo ella y en un movimiento rápido tomó su mano entre las suyas y trató de acariciarla, pero él la retiró casi con espanto por el acto. No, Amariel había tomado su mano la primera vez que estuvo en su casa y ahora que Maggie lo hiciera se le antojaba una imitación patética y desagradable para él.
-No quiero ver a nadie –dijo sin expresar verbalmente su turbación aunque era evidente. Maggie bajó la mirada y se quedó un buen rato viendo sus pies, había cruzado un límite y ahora se arrepentía. Pero de verdad quería ayudar así que un impulso dio media vuelta y se dirigió a la alacena, decidida a preparar algo tan sabroso que Bilbo no se podría negar a comerlo pero cuando entre los anaqueles no encontró prácticamente nada, no supo qué hacer. ¿Se había acabado toda la comida hace cuánto tiempo? De repente una idea horrible apareció en su cabeza y regresó rápidamente al lado de Bilbo que no se había movido de junto a la puerta.
-Bilbo –dijo ella casi susurrando- ¿te vas a dejar morir?
Las palabras de Maggie golpearon a Bilbo, ¿era cierto? No había comido en días más que una fruta o un trozo de pan que aún había en la alacena y no tenía la más mínima intención de ir al mercado a comprar nada.
-No puedo vivir sin ella –dijo y el peso de eso parecía que podía enterrarlo. No podía vivir sin ella, sin su presencia, sin la seguridad de que iba a regresar y que en cualquier momento podía entrar de nuevo en la casa y estar a su lado.
-Pero Bilbo, ella no es la única, hay alguien más que te quiere –dijo Maggie sintiendo que no era lo correcto para decir pero que era la verdad. No soportaba verlo así, tan vencido, sin intenciones de prácticamente nada, parecía hasta un acto supremo de voluntad el hecho de que se vistiera para iniciar el día.
-Vete –dijo firmemente, no quería que nadie lo quisiera, estaba vacío sin ella, no podría ofrecerle a nadie más otra cosa que no fuera su tristeza por su ausencia. Maggie salió porque sabía que no obtendría ninguna respuesta o reacción de Bilbo, esperó a que cerrara la puerta y tomó una decisión. Definitivamente no iba a dejar que Bilbo desapareciera nada más porqué si; en el fondo no creía que Amariel se hubiera ido voluntariamente, algo debía haber sucedido que hizo que desapareciera de esa manera. ¿Pero y si estaba muerta? El pensamiento hizo que Maggie se detuviera por el camino y dedicara unos segundos a tranquilizarse. No, eso no era posible, no podía ser posible, Bilbo lo sabría.
La madre de Amariel había pasado días inconsciente para cuando ella llegó acompañada de los enanos y Lord Elrond hacía todo lo posible por evitar que las heridas se infectaran. Ella estaba a su lado día y noche en una habitación a la cual no los dejaban pasar, por lo que Fili y Kili habían tenido que gastar el tiempo en la contemplación, del lugar, de la vegetación, sin otra cosa qué poder hacer.
Habían escuchado la historia aunque se les hacía increíble que algo así pudiera suceder por las veces que tanto Elrohir como Elladan habían repetido que no había precedentes. Claro, siempre había habido orcos y wargos en las cercanías y los elfos les daban caza eficientemente pero jamás había orquestado un ataque como aquel, con un objetivo tan claro. Les había caído tan de sorpresa que estuviera a punto de matar a la madre de Amariel quien al parecer había defendido a dos niños que estaban a su cuidado. Algo en esa historia no dejaba muy tranquilo a Fili. Sabía del ataque contra Amariel y contra ellos mismos que terminó tan mal que tuvieron que rescatarlo como a un bulto. Y ahora esto, parecería que era algo en específico contra la familia de Thorin y el menos enterado era el mismo Thorin. ¿Quién podría saber de su hija y de su esposa?
Habían pasado horas sentados entre los árboles, situación que consideraban más tolerable que dentro de alguno de los edificios viendo pasar a los elfos sin poder leer sus expresiones. Kili se levantó de repente y salió corriendo, era obvio que sabía a dónde ir, sólo tenía que seguir el latido de su corazón.
-El paso de las Montañas está cerrado, para llegar a él tendríamos que luchar contra demasiados orcos, todos se han retirado hacía ese lado y parecerían estar esperando que hiciéramos justamente eso. Lo considero demasiado arriesgado
Su voz, Kili la había escuchado perfectamente como si la tuviera al lado y necesitaba alcanzarla y tomarla entre sus brazos.
-Demasiado arriesgado –repitió la voz de Elrond.
-No tenemos otra opción que confiar en tus habilidades como sanador
Kili entendía perfectamente lo que decían, durante mucho tiempo y en secreto, Itariel le había enseñado el élfico, pero jamás lo había podido pronunciar o leer pero lo entendía y eso era más que suficiente. Abrió la última puerta y los encontró parados unos junto al otro, Elrond con el rostro cubierto con las manos e Itariel con la expresión más preocupada que le había visto en años y habían pasado por muchas situaciones difíciles.
Como cada vez que se separaban, corrieron para abrazarse y perderse en los brazos del otro. El mundo podía caerse a pedazos y su tío podía explotar del enojo pero esta vez no habría poder que pudiera separarlo de ella.
Lentamente Lord Elrond salió de la habitación cuidando mucho de hacer algún ruido, se sentía bastante apenado por lo que acababa de presenciar y no le quedó otra opción que tratar de desaparecer.
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Amariel encontró el lugar bañado por la luz de las estrellas que parecían brillas con más intensidad en Imladris que en ningún otro sitio. Fili se había quedado dormido completamente vestido en la cama y no se veía por ningún lado a Kili. Ella sabía que ese mismo día Itariel había regresado sin haber podido cruzar las Montañas para solicitar ayuda a Lady Galadriel, había sido terrible, el saber que estaban de cierta manera incomunicados si no había manera de pasar hacía el otro lado. Pero los orcos debían retirarse en algún momento, de eso estaba segura. Por fortuna Itariel no había intentado pasar, podría haberle costado mucho. Ahora estaba de nuevo al lado de Kili y eso era algo bueno, a pesar de todo podía sentirse feliz por la elfa, se lo merecía.
Su madre estaba mucho mejor. No era la primera vez que le tocaba sobrevivir de esa manera, no se iba a romper tan fácilmente, pero le preocupaba aún. La verdad era que parecía estarse recuperando bastante mejor de lo que ella misma lo había hecho años atrás en casa de Bilbo, tal vez por el hecho de que ya anteriormente había recibido heridas por las espadas de los orcos o por los dientes de los wargos. Lord Elrond parecía preocupado por los días que llevaba sin despertar y por la extensión de las lesiones pero ella opinaba que estaba mejor que el día anterior.
Se subió a la cama al lado de Fili y el movimiento hizo que se despertara, sin pronunciar palabra se le quedo viendo como si no supiera si aún estaba dormido. Le gustaba esa mirada, como si la considerara parte de un sueño y se negara siquiera a moverse para no alterar nada. Sueños, no tenía idea en qué momento de su vida había comenzado a soñar con él pero cuando le contó a su madre la expresión de terror que vio en su rostro la hizo pensar que había hecho algo malo. Así que no le volvió a contar pero ella siguió soñando, lo veía dormido, despierto, enojado, riendo y claro, lo había soñado de esa manera en que la veía ahora, con amor, eterno amor. Amariel comenzó a besarlo, lentamente, disfrutando de esa sabor único que tenían sus labios, dejando que sus manos tocaran todo lo que podía, aprendiendo y memorizando su cuerpo, como tantas veces había deseado hacer desde que tenía edad para comprender que lo amaba.
Sus dedos encontraron la manera de pasar por toda su ropa y tocar la piel de su pecho, tan cálida, tan tentadora. Siguió besando sus labios, después su cuello, lo que hizo que él gimiera suavemente mientras las manos de ella habían conseguido bajar hacía su abdomen dejando que sus dedos recorrieran cada centímetro de piel y disfrutaran cada músculo. Era perfecto, todo él y era sólo para ella.
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Él la había estado esperando fuera del cuarto y al verla salir la siguió hasta que ella se dio cuenta de su presencia. Comenzaron a hablar, como siempre, más rápido de lo que nadie podía entender y en una extraña combinación de lengua común, élfico y khuzdûl que habían usado toda la vida.
Haleth los encontró así después de buscarla por todos lados, habían viajado a toda velocidad desde que llegaron a la conclusión de que no volvería y cuando la única información que obtuvieron fue en Bree sobre unos elfos que habían partido tan rápido como habían llegado. Así que ahí estaban de nuevo en Imladris y él tenía muchas preguntas que hacerle a su prima y en cierta manera hasta reclamarle por haberlos dejado atrás y sobretodo porque no entendía la manera en que había abandonado a Bilbo.
Sin embargo no los interrumpió, estaban hablando por primera vez en años y eso era bueno, uno no debía pasar tanto tiempo sin hablar con la familia. Cuando por fin se separaron ella alcanzó a verlo al final del pasillo y caminó hacía él.
-Está enojado –dijo simplemente.
-Has estado fuera mucho tiempo –dijo Haleth. Amariel bajó la vista un poco apenada, era cierto, había estado lejos demasiado tiempo tratando de ser alguien por si misma pero había acabado refugiada con la única persona que la amaba y quería sin pedirle nada a cambio.
-Bilbo … -dijo ella sin atreverse a decir otra cosa.
-Lo único que quiere saber es si estás bien –le respondió él sabiendo que quería saber algo más pero él no le diría nada. La última vez que habían visto al hobbit era como una sombra, silencioso y en perpetúa espera y había sido demasiado para Haleth. En parte quería gritarle a Amariel pero en parte se sentía aliviado de que ella no hubiera unido su vida a la de Bilbo.
-No fue mi intención … -dijo ella. Claro, pensó Haleth, aunque no comprendía que estaba haciendo ella en Bree y por qué no había mandado un mensaje para avisarles y por qué parecía haber una brecha de varios días entre la última vez que la vieron y el día que aparecieron los elfos.
De repente una puerta se abrió a lo lejos y de ella salió el enano que habían rescatado años atrás en Ered Luin, uno de los príncipes de Erebor. Haleth lo entendió en ese momento y hubiera deseado no haberlo entendido.
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-Nos volveremos a ver aquí amor mío –dijo Itariel sabiendo que esta vez iba a cumplir la promesa.
-Si no estás aquí, si no me esperas, yo … -dijo Kili y ella lo besó. No, esta vez lo esperaría aquí pero él debía regresar a Ered Luin y ser parte del viaje que emprenderían los enanos para recuperar su hogar. La madre de Amariel había despertado y lo segundo que hizo fue pedir ver a ambos, a Fili y Kili, lo que se dijeron nadie lo supo, pasaron horas hablando y llorando porque después de todo, se habían conocido por años y eran familia.
Lo demás era ya inevitable pero la madre de Amariel confiaba en que Itariel cuidara de los hermanos, sobretodo de Kili le había dicho, pero en el fondo cuidar de Kili era cuidar de ambos. Sabían que Gandalf había entregado ya el mapa a Thorin y que habían fijado ya la fecha y el lugar de reunión y era momento que ambos hermanos regresaran a su casa para preparar el viaje antes de que Thorin se diera cuenta de su ausencia. Era imperioso que las cosas se realizaran con normalidad y que el camino que tomaran fuera el correcto. Ese camino incluía pasar por la casa de cierto hobbit que se vería involucrado sin querer en una secuencia de eventos de los que ya era parte sin saberlo.
-Estaré aquí amor y lo que suceda después, lo enfrentaremos juntos.
Pasaron esa última noche juntos, igual que lo hicieron Amariel y Fili pensando que nada podría interponerse en sus sentimientos, que nada podía ser tan fuerte para mantenerlos alejados por siempre y que si bien habían pasado años desde la última vez que se separaron, esta vez no sería así. Porque no había ya vuelta atrás, era inminente la necesidad de llegar a Erebor, de liberar el mal que ahí vivía y liberar a la tierra de su potencial peligro.
Bueno pues perdón por la espera pero entre el trabajo, administrar páginas de Facebook y la vida diaria pues no me había dado tiempo de casi nada jajaja.
Arkenstone, daya20, ady prime y Mariana: Gracias siempre por sus comentarios y por seguir leyendo. He tratado muy mal a Bilbo verdad? Bueno, los dos fanfics ya se están juntando, queda un capítulo más de cada uno e iniciaré uno nuevo con todos los personajes juntos. Sé que por lo menos a Mariana y a ady les ha hecho ruido la presencia de cierto chico de ojos azules en el otro fic (Una montaña, un hogar), lo encontraron?
Bueno, para que aparezca el siguiente capítulo no pasará mucho tiempo, gracias!
