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Capítulo 10: Roto, no destrozado (Parte2)
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Sintió el frío por todo su cuerpo.
Tanto que tomó la idea de taparse la cara.
-Cuando regresemos, ayúdame a hacer una máscara para que el viento no me reseque el rostro. –Toothless asintió mientras seguía volando. –Lo sé, no se escuchó muy masculino que digamos.
Stormfly seguía el paso, o mejor dicho el vuelo, también estaba emocionada por ver a su jinete. –Pronto regresará a Berk, Storm… sé paciente.
El muchacho, estaba de mejor ánimo. Pero le preocupaba la situación de Astrid, es decir, ya habían pasado varios días en Berserk y ella no había intentado comunicarse salvo por la carta que prácticamente se aprendió de memoria con leerla una vez.
Hiccup:
Sé que te decepcionó la decisión que tomé.
Debo admitir que fue bajo amenaza de Dagur, el Desquiciado de Berserk.
Me ha dado unos polvos que usan en los esclavos y en las bestias del campo para que obedezcan a sus amos; me ha nublado los sentidos y por más que intenté negarme, algo me prohibió resistirme por lo que tuve que hacer cada una de las órdenes que él me dio.
Amenazó a mi tía Gylda a quien casi mata, envenenó a Stormfly, por eso la deje en Berk a los cuidados de ustedes, y esa tarde en la que hablamos en el bosque, había más de veinte flechas alrededor de la cala, apuntándote a ti.
Lamento cada palabra que dije, cada acción que cometí, y me arrepiento del dolor que te causé al hacerte creer que mi lealtad no está en Berk.
Daré mi palabra de que no estoy en amenaza, pero esa será un orden que él me da, por lo que debo obedecer por seguir bajo el efecto del polvo de esclavos; pero te aclaro que no es así, que no he aceptado desposar a Dagur Deranged de Berserk, ni filtro información a los cazadores, ni elijo a nadie con quien compartir mi vida salvo por amor.
Lamento haberte rechazado, no creo que seas patético ni un perdedor, eres una maravillosa persona de quien tengo el honor de ser su amiga y aliada, por lo tanto, en nombre de ese lazo especial que nos une y nos ha unido de una forma inexplicable desde el día en que nacimos, te pido que me ayudes a volver a Berk, mi hogar.
No quiero que la isla tenga problemas con los tratados ni las alianzas, sé que podrás encontrar una manera de ayudarme, y si acaso no puedes, entenderé y gustosa romperé mi corazón con tal de salvar el tuyo para que siga latiendo por muchos años más.
Con sinceridad, Astrid Hofferson.
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No imaginaba cómo se sentía Astrid con todo eso. La culpa, la carga que no debía tener y la falta de atención de él, ¿cómo no vio eso?
Se había enfocado en su dolor sin percatarse que Astrid sufría más.
Vagamente le recordó la experiencia de sus padres, el valor que su madre tuvo que tener para romperle el corazón a Stoick, era parecido a lo que su lady había hecho en él con tal de salvarlo.
Ya habría tiempo de sobra para autocastigarse, de momento debía llegar a un farallón o islote pequeño cercano a Berserk antes de que anocheciera, sin embargo, mientras se aproximaba a Berserk, notó un barco dirigiéndose al sureste.
-Creo saber de quién se trata. –murmuró el castaño después de ver a través de su catalejo. –Aterriza en ese barco, Toothless. –el dragón empezó a descender. –Stormfy, revisa el perímetro, después también colócate allí.
La dragona también obedeció.
Cuando se acercaron, el navegante sonrió feliz, recibiéndolos con los brazos abiertos.
-Es un gusto verle. –saludó con cortesía.
Hiccup bajó de su dragón y se acercó al dueño del galeón. Sonrió amablemente y muy relajado de ver a un amigo en ese terreno desconocido para él.
-También es un gusto… Johan.
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La tormenta había pasado.
Las aguas estaban tranquilas y se pronosticaba un viento favorable para la navegación.
-Gracias por mostrar su ayuda en esta temporada de necesidad en la flota de Berk. –agradeció Gobber mientras terminaba de echar algunos de las provisiones que los burglars les dieron para el viaje de regreso a la isla.
-No tienen nada que agradecer, esperamos que sea una manera de mantener el buen trato con Berk, nuestra alianza es nueva con el resto de las islas, no tenemos buena fama por los antepasados piratas, muchos creen que seguimos robando. –comentó Essen, la jefa de la isla acompañada de su hija, quien se mostraba taciturna.
-Con esto, tienen una alianza segura con nosotros en Berk. –accedió Stoick. –Soy nuevo en el trono de mi isla, pero podré intervenir por ustedes cuando se hagan las firmas de tratados, para que los tomen en cuenta, evitando prejuicios innecesarios.
La reina le hizo una leve reverencia. –En un par de meses tendremos el festival a Freya, aprovecho para invitarlos.
-¿Festival? –preguntó Erick, entrometiéndose en la plática.
La mujer se rio un poco. –Es parte de una antigua tradición. Preparamos un banquete y muchas parejas jóvenes optan por comprometerse bajo la bendición de la diosa.
Erick observó a Bertha para ver su reacción y notó que había emoción en su mirada, esa chica había nacido para ser una jefa, y él no se interpondría para nada.
-Le deseo mucha suerte con el evento, mi lady. –sinceró, haciendo una reverencia a las dos.
Esa mirada no pasó desapercibida por la jefa, por lo que optó por separarse un poco del lugar y permitir que la muchacha se despidiera.
-Mi esposo se encuentra reparando un puente que se averió con la tormenta de ayer, me temo que debo irme para ayudar en la recolección de la madera. –se despidió la líder de la isla.
-¿Ocupa ayuda? –se ofreció Erick, dispuesto a colaborar, aspecto que le agradó a Essen.
-No, joven. Le agradezco, no pierda tiempo; debe regresar a su isla.
Se retiró a hablar con Stoick para ultimar detalles del viaje y dejó a la pareja en la orilla del muelle antes de que él abordara.
-Espero que… que puedas asistir al festival. –Bertha se ruborizó, llevando un mechón de su flequillo detrás de su oreja. –Les enviaré una invitación.
-Será un honor asistir. –Erick le besó la mano para después abrazarla un poco. –Espero que ya no le temas a los truenos de Thor.
La castaña se ruborizó durante la el gesto de él, sin pensarlo correspondió el abrazo. –No si tú le pierdes el miedo a enamorarte.
Erick ya no dijo nada, hizo una reverencia para alejarse levemente.
-Adiós princesa…
-Hasta pronto, vikingo.
Hofferson se le quedó mirando mientras ingresaba al barco junto al resto de sus compañeros.
Zarparon y se fueron, perdiéndose en el horizonte.
Bertha se les quedó mirando, tratando de arrepentirse de lo que había hecho, pero la verdad es que no quería, y esperaba que aquel objeto que había escondido fuera encontrado; y si la respuesta que quería era la correcta, todo cambiaría.
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Desde su habitación Astrid miraba las nubes del cielo, esperando que pronto se divisara algún dragón, halcón, águila o cualquier manera de recibir la carta, aunque también podía llegar por barco, así que alternaba su mirada entre los aires y el inmenso mar del que no se podía distinguir nada alrededor.
-Espero que Hiccup haya leído mi carta. –suspiró mientras recostaba su rostro sobre la compuerta que enmarcaba el espacio como ventana.
Llevaba horas así, no podía hacer nada más que eso. Se aferraba a esa esperanza y trataba de sobrellevar su segundo día allí en Berserk, hasta que notó a Karena ir fuera de la fortaleza, pasaba desapercibida en realidad aunque Astrid la había observado debido a sus habilidades de centinela. La siguió con la mirada y tomó un catalejo que había llevado desde Berk, para así poder vislumbrarla y ver si tenía algún problema; hasta que se topó con una gran sorpresa… estaba besando a un hombre.
Por la oscuridad y las nulas lumbreras que había en la isla, ella no supo quién era, aunque después de la plática que tuvo se imaginó que se trataba del guardaespaldas, después de unos momentos en los que se internaron más aún en el bosque lo siguió con la mirada después de regresar… era el mismo vikingo que la ayudó a llevar unas cosas que Dagur le mandaba.
-Norberto…
Soltó el catalejo y sonrió por ellos, al parecer habían funcionado las pocas palabras de apoyo que les dio esa tarde. Prefirió mantener esa sospecha en secreto, ya después vería cómo reaccionar y si es que Karena confiaba en ella aun más, justo como lo había prometido.
Optó por dejar de lado la privacidad de la princesa y volvió a recostarse en su cama, que a pesar de todo era bastante cómoda, diferente a los duros lechos que había en Berk; sin embargo prefería esas duras tablas que la estadía en esa isla.
Intentó trazar un plan, pero ella requería a Stormfly o a cualquier otro dragón para poder escapar, y teniendo guardias fuera de su habitación y rondando la fortaleza, sería complicado.
Un rato después la hermana del jefe llegó a su habitación, estaba presurosa y bastante agitada.
-Disculpa. Sé que es tarde, pero tenía que hablar contigo. –llegó la muchacha, sonriendo y riendo de felicidad, claramente ruborizada.
-¿Qué sucede? –preguntó, a sabiendas de lo que estaba hablado, pero se hizo la desentendida.
Karena la abrazó de inmediato. –Gracias por el consejo.
Astrid correspondió de manera casi involuntaria. –De nada… sólo ten cuidado, así como yo te vi, cualquiera pudo verlos en el bosque.
La castaña se ruborizó. -¿Qué… qué viste? –preguntó nerviosa.
-Lo suficiente. –comentó con sinceridad. –Tu secreto está a salvo conmigo.
Deranged le sonrió feliz. –Pues necesitaré que guardes uno más especial aún. –susurró. Astrid asintió y dejó que Karena le tomara de las manos.
-Cuenta conmigo. –al menos su estadía en Berserk sería más agradable si se sentía útil de ayudar a otras personas.
-Se requiere de un juramento berserker. –comenzó, tocando su brazo, la rubia la imitó después de asentir. –Norberto y yo nos vamos a casar.
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Por lo regular le gustaba navegar. Se acostaba en cubierta y veía las nubes encima de él, o bien, se dedicaba a observar el horizonte, imaginando qué más había detrás de aquella curiosa y distante línea, pero eso era un segundo plano en ese momento, no le prestó atención a lo largo de todo el viaje.
-¿Y a éste qué le pasa? –preguntó Gobber al notar que no tenía ningún interés por notar otro tipo de distracciones.
-Ha estado así desde que zarpamos. –observó Finn, el fiel hermano Hofferson, quien había seguido las instrucciones de Stoick al pie de la letra en todo momento, reparando la nave en la que iban, sin meterse en problemas ni andar husmeando como Erick lo hizo.
El observado ni se preocupó de lo que hablaban de él, siguió viendo el horizonte en rumbo a dónde había dejado a la burglar. Ella sólo le hacía sentirse vulnerable, una sensación rara y agradable a la vez. Sentía un golpe en el estómago y otros más en su pecho… su corazón lo sentía diferente, era capaz de crear un ritmo perfecto y único ante cada pensamiento y recuerdo que tenía con ella.
-Eso debe ser. –se intentó convencer. –Sólo pienso en ella, por eso me debo sentir así… debo distraerme. –se dio un par de golpes en el rostro y fue hacia sus amigos y hermano con una idea loca en mente.
-Finn, ¿le propondrás matrimonio a Gylda? ¿Así como habías dicho? –le preguntó abiertamente, dejando a los otros dos con la boca abierta.
-Gracias por guardar los secretos, hermanito. –le reclamó dándole un golpe después de ajustarse el yelmo.
-¿En serio? –preguntó Gobber, emocionado.
A Finn Hofferson no le quedó más remedio que aceptar. –Sí. –contestó con un suspiro. –No quería decir nada hasta que tuviera el regalo perfecto.
Los varones le dieron una palmadita en la espalda.
-Me alegra mucho, amigo. –sinceró Stoick. –El matrimonio asusta, pero es una gran felicidad si es con la persona correcta. –comentó el que ya estaba casado.
Erick rodó los ojos, iban a empezar a ponerse cursis.
-Te preguntaba porque recuerdo que en Escalofrío hay una isla cerca "La isla de los placeres", quizá sea interesante darte tu despedida de soltero.
-Por favor, Erick… no me agrada la idea, ya lo sabes; y menos esos lugares.
-Mi hermano merece una despedida a lo grande, además allí llegan muchos mercaderes, de seguro encontrarás un regalo digno de la bella y extrovertida Gylda. –opinó el rubio menor.
-La verdad es que Erick tiene razón, hay muchos mercaderes por esos lados. –sugirió Gobber rascándose la barbilla.
-Ah no, la última vez que fuimos te saqué de una casa de mala muerte. –recordó Finn. –Tú andas de flor en flor, hermano… a mí no me gusta ser así.
Hofferson rodó los ojos, molesto y los demás lo notaron.
-¿Hay alguna razón en especial porque quieras ir? –preguntó interesado el jefe de Berk.
El rubio se aclaró la garganta, intentando en pensar alguna excusa que fuera lo suficientemente buena como para que lo dejara ir allí.
-Hace unas semanas el mercader Johan comentó que en esa isla se consigue oro barato… quería ir para comprarle algo nuestros padres. –dijo de repente. –En una luna es su aniversario y quiero darles algo.
Stoick detectó que no era eso, pero al menos fue suficiente para creerle.
-Vayamos a la isla de los placeres… sólo por medio día. –aclaró firmemente. –Si no están antes del atardecer se quedan allí.
Erick sonrió landinamente, se había salido con la suya. Tal vez con la agradable compañía de una mujer se le olvidaría el sabor de los labios de Bertha.
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El mercader Johan ocultaba muchos secretos.
No era el momento de saberlos, pero en menos de un año todo el archipiélago se enteraría de la clase de hombre que en realidad era.
Pero en esas circunstancias cumplía con una encomienda que él mismo aceptó: entregar una carta mandada por Astrid.
-Amo Hiccup, la señorita Astrid me ha pedido mandar esta carta a Berk, estaba por tomar ruta hacia mi isla favorita. –dramatizó mientras entregaba el papel.
Hiccup miró a Toothless y a Stormfly emocionado. -Si es para mí, supongo que puedo ahorrarte el viaje, Johan.
La recibió de inmediato y se alegró por tener un plan en marcha.
-¿Qué dice la carta amo Hiccup? –preguntó interesado.
-Astrid está en Berserk porque la amenazaron. Es parecido a lo que me dejó en Berk. Vine por ella.
-Bravo, amo Hiccup, bravo. –alentó, queriendo abrazarlo, mientras leía la carta en un descuido del castaño. -¿Y qué es lo que hará primero?
Haddock lo pensó por un momento, no quería divulgar el plan que tenía, pero era necesario una segunda opinión.
-Debo mantener contacto con ella primero, después esperaré más indicaciones.
-Si desea puedo volver, y le entrego la carta yo mismo. Confié en mí.
-Confío, Johan, es sólo que creo que un correo de terror será más rápido. –señaló al dragoncito que estaba dentro de la alforja de Toothless.
-Me temo que los berserkers tienen la mala costumbre de matar dragones con sólo verlos, así que tal vez consiga otra manera. –sugirió, pidiendo ser él.
Hiccup miró el cielo, el frío estaba por llegar al igual que el anochecer, lo que necesitaba era tiempo, así que debía ahorrar el mayor posible.
-Gracias Johan, pero creo que me arriesgaré con el dragón. –hizo una seña a los dragones y les pidió que alzaran el vuelo. –De cualquier modo, gracias por la carta y será preferible que busques un lugar de resguardo, la helada está por llegar.
-Gracias, amo Hiccup, suerte con la señorita Astrid. –alzó la mano para despedirse.
-De nada, y eso espero. –al decir eso el jinete y los dragones se perdieron entre la niebla.
Cuando el jinete estuvo fuera de la vista el mercader sonrió y carraspeó. -¿Lo ves? Él intenta recuperarla.
La sombra misteriosa salió del camarote. –No lo logrará.
-No lo subestimes, Dagur. –le aconsejó Johan mientras lo encaraba.
El desquiciado se llevó las manos a su cabeza, desesperado.
-Debo adelantar la boda. –se dijo a sí mismo. –Necesito casarme con Astrid antes de que intente llevársela; no quiero que Berk sufra, sólo quiero que él lo haga.
Johan sonrió. –Si supieras… -se burló de una verdad que él conocía bastante bien, pero esa era otra carta que resguardaba para otra ocasión. –Hay un protocolo, como jefe debes apegarte a él. –insinuó.
-No me hables así, yo soy el líder de una de las islas más temidas. –reclamó. –Me casaré con Astrid y él sufrirá por todo lo que me ha hecho pasar.
El comerciante sonrió ante los impulsos de ese chico. Disfrutaría verlos confrontarse poco a poco.
-Gracias por mantenerme informado. –reconoció el jefe. –Cualquier cosa que sepas, dímelo de inmediato.
La sonrisa maliciosa apareció en él. –Tengo algo que podría interesarle. Cuando arribé en Berserk su hermana Karena me compró un antiguo botón burglar que tenía desde hace mucho tiempo.
-¿Y?
El de la barba puntiaguda sólo rio con cinismo. –Me parece curioso que ella buscara algo de la antigua isla extinta… de la que sus esclavos eran parte. Qué raro que una princesa le compre algo tan valioso para un simple guardaespaldas.
Ese comentario le hizo preguntarse lo mismo, ¿qué se traía Karena entre manos? Aún así no era hora de molestarse en pensar en su hermana, ahora ya sabía que tanto Hiccup como Astrid intentarían burlarse de él, y era algo que no iba a permitir.
Estaba por ordenarle que se acercara a uno de las crestas donde había dejado su galeón cuando notó algo que llamó su atención, curiosamente se trataban de unos libros.
-¿Qué es esto? –preguntó, aunque más bien fue una orden.
-Mis saqueadores lo robaron de alguna isla, tenía semanas con eso, eres el primero en verlo. Son pergaminos firmados por los oficiales que realizan las uniones vikingas. –parloteó.
-¿Son verídicas?
-Pues están firmadas, sólo hay que poner los nombres y quienes estén allí habrán sido unidos por el Valhalla mismo.
Dagur meditó un poco, quizá esto era lo que necesitaba para casarse con Astrid.
-¿Cuánto por ellas?
Johan sonrió con interés.
-Algo único merece un precio único.
El jefe se molestó, pero con tal de casarse con Astrid antes de tiempo pagaría cualquier cosa.
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Llegaron a una de las islas colindantes de Escalofrío, la famosa "Isla de los Placeres", su propio nombre intuía lo que ocurría allí en esa porción de tierra.
-¿Ya estás feliz? –preguntó Finn, molesto por su sentido de rectitud, pues a leguas se veía que las mujeres caminaban pavoneándose, y ofreciéndose por un módico precio.
-Sólo iré a la parte del trueque. –Erick se encogió de hombros. –Es más, si quieren pueden irse, yo me iré después en un galeón.
Allí fue cuando los tres compañeros de tripulación observaron suspicazmente al menor de los Hofferson.
-¿Te quieres enredar con una mujer?
El rubio sonrió socarronamente. –No tiene nada de malo.
Finn torció la boca. –Hermano, esa no era la idea…
-Por eso les digo que si se quieren ir, adelante. Yo me iré, no me esperen. –descendió del galeón por el muelle mohoso y se adentró. –Salúdenme a todos en Berk.
Los tres amigos no supieron que hacer, mirándose para tratar de entenderlo.
-Yo me quedo con él y vigilo que no embarace a nadie. –se ofreció Gobber bajando también. –Ustedes vayan a la parte de las joyas, si es que le deseas dar ese regalo a Gylda. –mencionó, dirigiéndose a Finn. –Nos veremos al atardecer aquí.
Los hombres asintieron y cada quien fue a cumplir con la tarea. Aunque vieron el cielo gris de nuevo, anunciando una próxima tormenta.
-Esperemos que podamos estar en Berk antes de que llegue. –suspiró Stoick, quien aprovecharía para llevarle un pequeño detalle a su amada Valka también.
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Astrid se quedó pasmada cuando Karena le dijo que se iba a casar. Aunque intentaba hallarle sentido a la explicación que la princesa le daba, la verdad es que ella deseaba tener ese valor y agallas para hacer lo que su corazón le decía.
-¿Qué dices? ¿Me apoyas? –preguntó la castaña, con ojos soñadores.
La rubia nos sabía que decir.
-Karena, a penas y te conozco… esto que me dices es demasiado. –Astrid se levantó de su asiento, susurrando para que nadie le fuera a escuchar. -¿Estás segura?
La castaña asintió, esperanzada.
-Hace unas horas cuando entregué tu carta al Mercader Johan, le compré el regalo que le daré a Norberto. En serio lo amo y deseo estar con él.
Astrid trató de empatizar.
-Aquí nunca serás feliz. –le tomó de las manos.
-Lo sé, por eso… por eso es que vamos a escapar.
Otra gran revelación para ella. -¿Escapar?
-Sí, iremos a otra isla, lejos, lejos de Berserk. Donde nadie sepa quiénes somos ni nada. Formaremos una familia. Nos iremos con la abuela de ellos, Sotma, Norberto y otros sirvientes leales a mí. ¿Ya no suena tan loco?
Hofferson se impactó.
-De hecho suena más loco cada vez. –le regañó un poco. Karena se entristeció, pero Astrid no terminaba. –Pero si no haces locuras, no es amor. ¡Claro que te apoyo!
Deranged suspiró de alivio hasta que la rubia le abrazó. –Con una condición.
-¡La que sea!
-Asisto a la boda, y si para ese entonces sigo aquí, me voy con ustedes.
Karena le sujetó el brazo de nuevo, como un juramento Berserker. –Hecho.
A penas y susurraron el trato cuando un pequeño dragón se colocó en el umbral de la ventana, confundiéndose entre las sombras de la noche.
La castaña se asustó, no le agradaba para nada los dragones, aunque había convivido con ellos en Berk, no terminaba de acostumbrarse a ellos.
Astrid lo recibió, colocando su brazo para que el reptil alado se posicionara sobre él.
-¿Acaso tiene un rollo amarrado a su pata? –preguntó asombrada.
La rubia asintió y de inmediato le sacó el papel de su garra.
-Es de Hiccup. –susurró emocionada, quizá no estaría allí para la boda de Karena.
Entre las dos leyeron la carta y trataron de idear un plan, pero era obvio que necesitaban de mucho más, tenían que ser más inteligentes que el desquiciado.
-Aquí Hiccup dice que encontró una falla en el tratado de mi compromiso con Dagur, pero para usar esa idea, debo salir de los límites de Berserk. –susurró, con miedo a que alguien más lo escuchara. –Pero no sé cómo salir, ni cómo hacer para que él renuncie al compromiso. Ahora todos en Berk saben que él me amenazó, pero sigo aquí.
Karena intentó ayudarle a pensar, pero Dagur siempre saqueaba pequeñas aldeas que apenas y empezaban a formarse con orden jerárquico; era difícil salir de su vista; hasta que una pequeña idea cruzó por su cabeza.
-Dile que quieres elegir tu regalo el Morgingjölf; coméntale que te hablé acerca de la tradición berserker.
-¿Qué tradición?
-Es algo loco, igual que todo lo berserker. Se dice que el novio debe ir lejos de la isla y buscar lo que la prometida desee, claro, en media de sus posibilidades, pide algo que esté lejano… hay una isla abandonada que ha sido saqueada por muchos, hay oro, pero la vida allí es imposible de llevar debido a que el agua está contaminada con azufre y lo volcanes que hay en ese lugar. Es perfecto para que elijas tu regalo, pide algo de oro… yo que sé, luego piensas en eso. Después cuando lleguen allí, donde Hiccup también lo esté, podrás irte con él.
No era una idea tan mala. De hecho era lo más acertado que podía pensar.
-¿Cómo sabes de esa isla?
-Es la isla de la que provienen Sotma y Norberto, de hecho.
Astrid confió en ese destino, explicó previamente el plan y lo detalló en la carta que enviaría a Hiccup en complicidad de la noche.
Quizá su corazón empezaba repararse.
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En esa área de la isla los burdeles abundaban demasiado. Era común verlo y vivir entre ellos. Muchos vikingos iban de paso, y otros más vivían allí, disfrutando de ese oficio.
Erick nunca había ido a esos lugares, incluso algo dentro de él deseaba no ir, sin embargo necesitaba urgentemente sacar a Bertha de sus pensamientos, y eso sólo ocurriría si pasaba unos momentos a solas con otra mujer.
Y fue lo que hizo. Una muchacha de cabellos castaños, ojos marrón y hasta de complexión distinta fue la que Erick eligió.
Ni siquiera pensaba en acostarse con ella, lo único que quería era borrar su recuerdo y opacarlo con otro.
-Verás que nos vamos a divertir. –le dijo mientras desabotonaba el chaleco del rubio, amenazando con besarlo, pero sólo bastó con que la muchacha acercara sus labios a los de él para que Hofferson se sintiera deplorable.
Giró la cabeza y el beso terminó recibiéndolo sobre una mejilla. Pero ese acto en lugar de borrar la esencia de Bertha, intensificó el deseo por estar con ella. Cuando a mujer incorporó sus manos por dentro del chaleco algo salió tirado al piso.
Por curiosidad (y para distraerse de los ásperos besos de la mujer que no le complacían para nada) Erick fijó su mirada azul en el objeto que hizo ruido al caer.
Era de metal, salvo que en esta ocasión no tenía cadena. Erick lo tomó con cuidado, desconcertando a la fémina.
-¿Ocurre algo, guapo? –preguntó coqueta.
El rubio no comentó más observó anonadado el emblema que tenía ahora en sus manos.
-Bertha… -susurró. En sus ropas estaba el Krage de la futura jefa de Bob Burglar, el Krage.
Sonrió como loco, ella le estaba pidiendo que se lo regresara, así como los días anteriores cuando coincidieron en la cala, buscando esa reliquia y encontrando algo mucho más valioso: el amor.
-Disculpa, bonita. No eres tú, es mi corazón, y ya encontró su dueña.
Tal vez había perdido el miedo a enamorarse.
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La noticia de la amenaza de Astrid se dio a conocer, Stoick prefería que todo se mencionara antes de que regresaran para que no hubiera tantas preguntas, aunque conociendo a las personas de Berk, era más que obvio que todo se iba a volver la notica del mes.
El jefe intentaba visualizar si algunos dragones se veían a lo lejos, pero no era así, el cielo lucía despejado, con las nubes llegando amenazantemente cada segundo.
-Si no llegan antes de la nevada no podré mandar una escolta de búsqueda. –susurró mientras veía el horizonte.
Lo que era peor es que él no podía llegar a Berserk a menos que estuviera anulado ese acuerdo que Astrid firmó.
Por un lado optó en revelar la identidad de Astrid, pero juró ante los padres de ella que jamás lo haría hasta que ella estuviera casada con el amor de su hija, y pese a lo poco que conocía era del acuerdo que tenía pendiente la isla de Bog Burglar con Berserk; trato que uniría aún más a Dagur y a Astrid, aspecto que no deseaba cumplir.
-¿Alguna novedad? –preguntó Gylda, acercándose al muelle mientras observaba que los pescadores descendían los últimos suministros para el invierno.
-Aún nada, me estoy empezando a preocupar. –exclamó el jefe.
La mujer rubia asintió. –Yo también.
Suspiraron, esperando que esos chicos llegaran pronto antes de que la nevada los atrapara.
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Hiccup intentaba trazar un plan, y la verdad es que sus opciones eran limitadas; pero aún así había sucesos que tenía claros:
1. Para llevarse a Astrid ella debía estar fuera de los límites de Berserk, de ese modo no violaría ningún acuerdo debido a que ella todavía no era berserker.
2. Berserk debía renunciar al tratado firmado con Berk.
3. Él no podía actuar en nombre de Berk, así que optó por regirse bajo la ley de "La Orilla del Dragón", siendo el jefe de la isla.
4. Debía llegar a un acuerdo pacífico para que no declarara la guerra.
5. Decirle a Astrid que la quería, que la quería en serio.
6. Llegar antes de que la nevada del año pisara el archipiélago.
Suspiró por no recibir noticia alguna, empezaba a impacientarse, y aunque Toothless y Sotormfly le motivaban a reír para mantener el calor que desaparecía en la noche, él seguía reacio sin quitar de vista la isla de Berserk, hasta que vislumbró el pequeño Terrible Terror que había enviado horas atrás.
Se posó sobre el hombro de Hiccup y posteriormente señaló una de sus patitas y mostró el papelito enrollado cuidadosamente.
-Astrid… -exclamó de alegría, a punto de dar un brinquito.
Aún con falta de luz logró leer rápidamente tratando de entender el plan que pondrían en marcha.
Sonrió feliz una vez que comprendió el plan de ella, mencionando a la tal Karena que ahora se había ganado la confianza de la rubia. Sólo esperaba que todo diera un buen resultado como lo esperaban, después de todo Berk apenas se recuperaba después del oro perdido.
-Vamos Toothless. –montó a su dragón mientras que el reptil sólo esperaba indicaciones. –Vayamos a esta isla que mi lady menciona.
El dragón asintió y alzó vuelo seguido de Stormfly. –Vamos a la isla dónde encontré el medallón con que le hice el collar a Astrid… La extinta tribu de Bog Burglar.
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Notas de la autora:
Como siempre, disculpas por tardar tanto en actualizar.
Espero que la historia les siga entreteniendo, por mi parte me encanta hilar las historias que ya tengo escritas con sucesos del pasado que sólo habían ocurrido en mi cabeza, en fin… un nota curiosa es que antes de saber que Johan era un traidor en Race to the Edge, yo había pensado en que traicionaría a los chicos en este fic, justo como lo vimos, pero al final me arrepentí porque era un aliado y lo cambié esa idea, de haber sabido le habría atinado a una gran secreto de la serie.
Gracias por leer
**Amai do**
-Escribe con el corazón-
Publicado: 21 de julio de 2018
