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Para Namine drawing
La habitación estaba oscura, incluso más oscura que su propio corazón Miró de nuevo los cuerpos, de su madre y de su padre. Sus caras, deformadas con una eterna mueca de horror la miraban fijamente, con sus ojos vidriosos sin vida, muy parecidos a los de un muñeco. Y de nuevo apretó la mano alrededor del mango de madera, que sostenía firmemente. Alzó el brazo sin soltar el mango y lo bajó con fuerza, dejando llevar su brazo por la fuerza del viento y el de su propia ira. El sonido de carne y huesos rompiéndose bajo la cuchilla del machete rompió aquel silencio, jadeó recuperando el aire. Dejó de machacar el cuerpo muerto de su padre y se limpió el sudor pasando un brazo por su frente. Lo había logrado, había matado al demonio que estaba dentro de sus padres, había eliminado al mal con su propio puño. Justo como su abuela le solía contar "El mal toma muchas formas, muchos colores. Dios siempre está con nosotros y nosotros con Él. Es nuestro deber, eliminar el mal que habita en todos los pecadores." Lo había hecho, sus padres tenían al demonio bebiendo de su sangre y comiendo de sus almas. Los había purificado, los había salvado. El demonio estaba ahí afuera, con su rostro podrido y sus escasos dientes, comiendo carne que era de su propia raza. Humanos comiendo humanos. No era ninguna tonta, ella sabía que el demonio quería tentarla, quería seducirla y arrastrarla con él al infierno.
──Los salvé, ahora el demonio no podrá llevárselos al infierno── le dijo a los cuerpos irreconocibles que se encontraban en el piso. Nekie suspiró y se acomodó el cabello. Su padre había sido poseído por el demonio cuando uno de aquellos voraces bestias contaminó a su padre, mordiéndolo. Ella hizo lo que sabía que era correcto, separó su brazo contaminado de su cuerpo puro. Aunque no fue fácil, su padre se había negado a cortárselo, pero Naike, alias Nekie era una muchacha que se preocupaba mucho por la seguridad de sus seres queridos. Y ella no cedía cuando se trataba de la seguridad de su familia.
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Naike había dejado a sus padres descansando, ella sabía que estaban agotados por su "purificación" así que los dejó descansar en su habitación principal, aunque no sabía porque no despertaban, por más que ella los zarandeara, no despertaban. No quería que se quedaran ahí, no sería bueno para su salud, así que los ayudo a subir los escalones y ella les quitó los zapatos a su padre y a su madre. Le dio un beso de despedida a su mamá en la mejilla, antes de marcharse.
── ¡Mamá, papá voy a salir!── aviso antes de tomar sus llaves y cerrar la puerta. Como siempre que hacía cuando salía, se persignó y emprendió la marcha hacia el centro comercial. Tenía que comprar ropa nueva porque estaba sucia de un líquido rojo, que era muy frío. Sus padres se habían lastimado un poco cuando ella les ayudó. Necesitaba cambiarse de ropa, no quería molestar a sus padres haciendo ruido. Caminó con la vista perdida al frente, solo sintiendo que sus piernas caminaban automáticamente. Recordaba una y otra vez las enseñanzas de su abuela. "Mi preciosa flor de otoño*, tu eres la elegida para acabar con la maldad que el demonio arrojó contra nuestro mundo de luz. Dios quiere que seas la salvadora de nuestro mundo, un ángel que borra al mal.
Nekie sonrió al recordar a su abuela, pero cuando era niña, su abuela se fue al doctor. Sus padres la llevaban de vez en cuando, pero a ella no le gustaba ese doctor. Era un lugar en donde había muchas personas con batas blancas, con cara triste y hablando con alguien que ella no podía ver. Después su padre le contó que su abuela se tenía que quedar con ese doctor porque su abuela tenía un problema con su cabeza. Aunque a Nekie le parecía que su abuela estaba bien, ella era muy encomendada a Dios. Y Dios todo lo curaba ¿no?
Nekie recordó a Natsu, su primer amor y su primer novio. Natsu la amaba, la amaba con pasión. Ella sabía que Natsu estaría siempre con ella, así como siempre la amaría. Nekie terminó con Natsu cuando él se fue a la universidad, ella no quería tener una relación a larga distancia. A Natsu le dolió profundamente eso, ella lo sabía. Le dolió porque ella no le apoyó con su idea de estudiar la universidad, ella quería que se quedara con ella, solo con ella y con nadie más. Porque podría llegar a conocer a alguien más en la universidad. Una rabia de repente hirvió en sus venas.
──Preferiste irte en lugar de quedarte conmigo. Perro mentiroso── siseó con odio, ella recordó sus promesas, sus palabras de amor eterno y la pasión con la que le había hecho el amor por primera vez. Todo eso Natsu lo había olvidado.
Nekie apretó de nuevo el mango del hacha e inconscientemente decapitó a un muerto que pasaba al lado de ella, después con furia golpeo una y otra vez al cuerpo putrefacto que yacía en un enorme charco de sangre y vísceras.
── ¡Mentiroso! ¡MENTIROSO!── gritó golpeando el cuerpo con fuerza, con ira, con… sed de matar. Nekie siguió golpeando el ya irreconocible cuerpo cuando pensó que había desahogado su furia. Respiró profundamente y echó la cabeza atrás, se llevó una mano a la cara y la sintió mojada. Entonces supo que estaba llorando. Sonrió tiernamente, casi con inocencia.
── ¿Ves lo que me haces hacer? Acabas de hacer que matara a una persona ¿Qué pensará Dios de mí ahora?── canturreó dulcemente, con un tinte siniestro decorando la dulzura de su voz con amargura. Lo que Nekie no sabía, era que el mundo había colisionado en terror y muerte y que su anterior amor estaba en esa ciudad, ojalá el destino no hiciera que aquel encuentro terminara en tragedia. No, sería terrible para Natsu, para él y para la joven rubia que había logrado captar su atención.
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Nekie lo escuchó, su voz seguía sonando fresca en su memoria. Era su amado Natsu que había venido a por ella. Salió de la tienda de ropa de donde se encontraba. Lo vio como lo recordaba, alto, su característico cabello rosa despeinado, su piel bronceada y sus ojos negros a veces parecidos a los de un dragón fiero y orgulloso. Siempre había pensado que a veces Natsu se parecía a un dragón, soportaba el calor y cuando se quemaba accidentalmente no se inmutaba. Natsu pensaba que era un poco fantasioso. Pero Nekie no lo pensaba así…
──Natsu── lo llamó acercándose, el muchacho la miró. Nekie saboreó la mirada sorprendida de Natsu con orgullo. Se abalanzó a él y lo abrazó, de nuevo, recordó su calidez y su olor característico de él. A tierra húmeda, a jabón. Aunque había algo más, un olor dulce que no era de él. Escuchó su propia voz, llamándolo sin parar y también que él le preguntaba algo, pero no le respondió de repente. Entonces la vio…
Una muchacha, de cintura pequeña, piernas largas, pecho bien dotado, cabello rubio corto y ojos marrones que la miraban con sorpresa. Vestía una blusa morada con tirantes, un pantaloncillo corto y unos calcetines largos. Pero hubo algo que le llamo su atención más que nada… una blanca bufanda rayada estaba envuelta en su cuello, descaradamente. Soltó a Natsu y se acercó a la extraña rubia, dispuesta a matarla con sus propias uñas por llevar esa bufanda. Pero lo único que pudo hacer, fue presentarse, no pudo matarla porque Natsu estaba ahí. Pero disfrutó mucho la mirada de terror que se reflejó en la puta rubia.
Natsu se acercó a ellas y empezó a caminar hacia enfrente, eso extraño a Nekie. ¿No se alegraba de verla? ¿Acaso no la había extrañado? Nekie miró de soslayo a la rubia que iba al lado de ella, pudo ver que trataba de alejarse un poco de ella. Seguramente esa puta le coqueteaba, por eso Natsu actúa como si no me hubiese extrañado. Nekie sintió de nuevo aquella oleada de ira calentándole la sangre. Apretó los puños con fuerza, apretando los dientes siguió caminando. Tratando de calmarse. Pero no lo logró…
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Había algo raro en esa chica, Lucy lo veía y también podía presentirlo de alguna forma. Había algo que no estaba bien en ella, puede que hayan sido sus imaginaciones. Pero no daba mucho crédito a ello. Nekie caminó lado a lado con Natsu y tomó su mano, como si fuesen una pareja caminando una tarde cualquiera por el centro comercial. Lucy se mordió el labio, reprimiendo las ganas de separarlos.
── Natsu, te extrañé mucho── canturreó balanceando su mano junto con la de Natsu. Natsu sonrió como pudo. Visiblemente incómodo.
──Yo… también Nekie.──no muy convencido, Natsu le respondió. Con la misma incomodidad de antes. Nekie sonrió estúpidamente. Lucy sintió ganas de darle una patada.
──Me alegra tanto que vinieras por mí.
──No vine por ti, Nekie. Vine a ver a mis padres.── le dijo Natsu sin mirarla y soltando su mano, se adelantó unos cuantos pasos más adelante dejando a Nekie atrás, con la mano extendida y una clara cara de sorpresa desagradable. Lucy la alcanzó al poco tiempo, trató de ignorar la mirada asesina de la chica, pero una mano la aferró con fuerza por la muñeca. Giró sobre sí misma y se encontró con la mirada dura de Nekie.
── ¿Le hiciste algo, verdad?── le preguntó, entre dientes. Lucy gimió de dolor cuando el agarre de Nekie se apretó más. La mirada que Nekie le lanzó… petrificó a Lucy completamente…
Un brillo malévolo brillo en los ojos cafés de Nekie. Lucy le sostuvo la mirada, tratando con todas sus fuerzas no desviarla. Después Nekie sonrió con infantil diversión, mostrando una dentadura con los dientes delanteros ligeramente separados, dándole un aspecto infantil pero a la vez peligroso.
──No te acerques a él, estúpida puta── le amenazó con un siseo, Lucy sintió que el vello de la nuca se erizaba. Nekie la soltó y dándole una última mirada vacía y demente. Siguió caminando detrás de Natsu, Lucy tardó un poco en seguirlos. Tratando de que no se desmoronara ahí mismo por el terror. ¿Realmente los zombis eran más peligrosos que los seres humanos? Tragando saliva con fuerza, siguió caminando. Procurando que esa pregunta mental no la afectara demasiado…
Notas de la autora: El nombre de Naike significa flor de otoño, por eso su abuela la llamaba así.
¿Por qué Naike lo escribo como Nekie? Porque es Nekie es un apodo.
Lo siento chicos por tardar, la escuela me pegó duro con su regreso. Un poco corto, pero espero e igual les haya saben, dudas, comentarios, sugerencias, criticas constructivas, son bienvenidas. Gracias por leer.
