¡Hola! Mil disculpas por la tardanza, más de un mes. ;_; Pero he aquí la linda continuación de A Year Whitout a Rain o si prefieren Un año sin llover

Este es el capítulo central. Les pido por favor, lean sobre todo la parte que está en cursivas, que es algo extensa, creo que dos párrafos más o menos... ahí encontrarán el porqué el capi se llama Revelaciones. Lo aclaro, por si algunas personitas leen salteándose partes, sino lo leen, pues... adiós a la revelación. ;_;

Bien, ahora sí, ¡acercándose al clímax!

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A Year Whitout a Rain

By:

Annie Uchiha.

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Capítulo X

Revelaciones.

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Sus ojos se abrieron de sorpresa y no se molestó en ocultar su reacción.

—Sasuke-chan… —la voz femenina acarició su nombre con gran nostalgia.

—Madre…

Mikoto Hatake —no más Uchiha— estaba parada en su puerta. ¿Qué podía ser peor?

El silencio se instaló entre ambos. Mikoto no había cambiado mucho. Y pensar que no la vía hace tantos años. Su cabello negro seguía largo, su belleza no se había opacado por los años, sus orbes negros parecían dulces y anhelantes.

Parecían.

Sasuke estaba seguro que esa mujer no tenía nada de dulce. Las apariencias engañaban, él lo sabía muy bien. Había idealizado a su madre a tal punto que cuando ella se marchó, terminó totalmente destrozado.

—¿Qué haces aquí? —preguntó mordaz.

Mikoto bajó la mirada. No esperaba menos, sabía que su hijo no la recibiría con los brazos abiertos. Tenía la culpa, por haberlo dejado de aquella manera hace más de seis años en la mansión Uchiha.

—Hijo, yo…

—No me digas así —la interrumpió abruptamente—. No eres mi madre, jamás te comportaste como una.

La mujer ahogó un sollozo antes las frías y crueles palabras del muchacho. El pelinegro no pareció afectado por ese hecho, el rencor podía más en su alma.

—Por favor, hijo —susurró dolida—. Sé que merezco todo esto, pero déjame explicarte, en ese momento no podía llevarte conmigo.

—No me hagas reír, madre —lo último lo dijo con ironía—. Hn, de todas maneras ya no me interesan tus motivos. No después de más de seis años.

El silencio reinó entre ellos. Mikoto seguía en el umbral de la puerta, Sasuke en ningún momento la había dejado entrar. La mirada de la mujer jamás chocó con la del muchacho. Sabía que sería así, incluso se había preparado mentalmente para el rechazo, pero…

Para ella era muy doloroso aceptar que su hijo menor la odiaba.

Dicen que los hijos no pueden odiar a sus padres. Pero, jamás se comportó como una verdadera madre con su pequeño y amado hijo.

—Por favor, Sasuke —suplicó la pelinegra—. Lo que menos deseé fue lastimarte, nunca desearía tu mal —se quebró—, déjame explicarte. No deseé abandonarte, pero no podía llevarte conmigo.

—Preferiste tu paz, tu felicidad por encima de mí —replicó el Uchiha menor algo exaltado, se estaba tratando de contener—. No me importan los motivos, jamás olvidaré lo que me dijiste aquél día madre.

"No pienso arruinar mi vida por niño que juega a ser adulto"

—No fue mi intención herirte, hijo —sollozó la mujer—. P-Pero era necesario, de lo contrario, me hubieras seguido y yo no hubiera podido detenerte.

Sasuke la miró con furia. Aun así, todo aquello era muy cómico, sí, él era un ser retorcido. Le parecía gracioso que aquella mujer pretendiera aparecerse en su puerta seis años después, esperando que todo fuera como antes. Esperando que él haya olvidado.

Jamás nada sería como antes. Hn, ni siquiera lo deseaba.

Jamás olvidaría.

—Me importan poco tus motivos, Mikoto —la miró directamente a los ojos, y pudo ver en ellos el dolor al no llamarle mamá—. Nunca te comunicaste conmigo, ¿qué esperabas, que yo te estuviese esperando con los brazos abiertos? Hn, no me vuelvas a buscar, estoy ocupado.

Antes de que la mujer pudiera replicar, el de ojos negros cerró la puerta, dejándola atónita.

—H-Hijo… —la pelinegra no pudo contenerse más y explotó en llanto. Se dejó caer en el suelo, tratando de reducir sus sollozos, más no pudo. Le dolió, le dolió como jamás pensó el rechazo de Sasuke. Ella había creído que él la dejaría explicarse. Pero encontró indiferencia en su pequeño hijo.

No podía culparlo, por su culpa Sasuke…

—Mikoto-san, que sorpresa —exclamó una seria voz.

—Naoko-san… —susurró con sorpresa. La antigua nana de Sasuke le dirigía una mirada severa.

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Joder, de todas las personas, tuvo que ser su madre. La sorpresa lo había invadido cuando la vio.

No, más que eso. Los recuerdos comenzaban a atormentarlo, y por un segundo, había olvidado todo el dolor, para ser reemplazado por añoranza. Más aquel sentimiento había desaparecido, dando paso a un terrible rencor y resentimiento. Aún seguía enojado y aturdido por culpa de la Haruno. La llegada de su madre empeoró las cosas.

Se sintió incómodo al escuchar a su madre llorar a través de la puerta.

Incómodo… esa no era la palabra.

Se sentía culpable. ¿Pero, por qué? Su vida fue una completa mierda cuando ella lo dejó. ¿Acaso le había importado? No, esa era la respuesta. Y pensar que la esperó, soportó estar en esa casa, pensando que su madre regresaría. Hasta el momento en el que no pudo más y huyó a los Estados Unidos.

Se revolvió los cabellos visiblemente alterado, esto no le podía estar pasando. ¡No podía sentirse culpable, joder! Es más, ni siquiera había sido tan cruel, no como ella lo fue cuando lo abandonó con aquel que se hizo llamar su padre. ¿Cómo sabía que él estaba en Estados Unidos? ¿Acaso todo este tiempo lo había estado espiando?

No, eso no podía ser. ¿O sí?

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—¡Fue un gusto haberte conocido Sakura-frentona! —exclamó la rubia.

—Igualmente, Ino —la pelirrosa sonrió nerviosa. ¿Cómo pudo tomarle confianza tan rápidamente?

—Podríamos vernos después, pásame tu dirección y el número de tu móvil —sugirió la mujer de ojos azules. Una vez que intercambiaron información, el celular de Ino comenzó a sonar.

—¡Itachi-kun! Dónde estás amor, te estoy esperando —habló formando un puchero.

La Haruno se sorprendió un poco, no podía a alguien como Itachi Uchiha siendo llamado "amor". ¿Sería como Sasuke?

Sasuke… una horrible opresión volvió a apoderarse de ella. A unos metros de ella divisó a Itachi, sí, se parecía muchísimo a Sasuke, aunque su amado Uchiha era más alto, y para ella; más atractivo. Sus ojos se cristalizaron, y sin despedirse de Ino apresuró el paso a la salida del aeropuerto. No podía soportarlo más.

Ino no se percató de la silenciosa ida de Sakura, ya que sus sentidos estaban concentrados en encontrar a Itachi. Lo vio acercarse, aún después de tantos años, lo amaba como el primer día que lo conoció.

—¡Itachi-kun! —la rubia se abalanzó sobre él con notable felicidad.

—Te extrañé —murmuró el Uchiha mayor para después besar sus labios. Ino sonrió, Itachi no era muy demostrativo en público y ella lo sabía. Sin duda, sus palabras eran sinceras, estaba segura que él la había extrañado tanto como ella.

—Conocí a una persona muy agradable en el vuelo de regreso —le comentó la ojiazúl, volteó buscando a Sakura y se extrañó al no verla.— Qué extraño… Sakura estaba aquí hace un momento.

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—Y bien, estoy esperando, Mikoto.

Ante la mirada severa de la anciana, se sintió cohibida y abrumada. Después del terrible encuentro que tuvo con Sasuke, la antigua nana de su hijo la invitó a tomar té. Grande fue su sorpresa al verla allí, viviendo prácticamente con él. Siempre supo que Sasuke la había querido mucho, pero no imaginó que seguían en contacto. Acarició con sus yemas la pequeña taza, manteniendo su mirada en el líquido verdoso.

—A pasado mucho tiempo, Naoko-san —susurró nostálgica.

—Así es, desde el día en el tuve que dejar a mi querido Sasuke, cuando él tenía once años —habló la anciana—. Y pensar que cinco años después aparecería en mi puerta, pidiéndome ayuda, él era tan orgulloso… sufrió mucho para adaptarse.

—¿C-Cuándo tenía dieciséis? —preguntó la pelinegra—. No sabía que desde entonces él ya estaba aquí —susurró.

—¿No lo sabías? —preguntó la mujer, sarcásticamente—. No seas hipócrita, Mikoto.

—No es así Naoko-san —contestó la de ojos negros—. Cuando yo me fui, Sasuke tenía catorce años.

—¿Te fuiste? —cuestionó la mujer, visiblemente confundida—. No puede ser, cuando Sasuke estuvo aquí yo hablé a la mansión Uchiha, tú me contestaste y explícitamente dijiste que no te interesaba lo que tuviera que ver con él.

—No fue así —susurró Mikoto—, quien debió contestarte… seguramente fue Kin, la mujer con la que Fugaku se casó un año después.

Naoko-san se quedó visiblemente sorprendida. En aquellos años, ella había notado cierta diferencia en la voz que aquella mujer, hizo caso omiso a ese hecho, y creyó que hablaba con Mikoto, ¡quien le había contestado no había sido otra que la madrasta de Sasuke!

—No sé qué decir… —la anciana se sentó en un pequeño sillón visiblemente afectada. Todos estos años, Dios, Sasuke creía que su madre lo había rechazado y olvidado cuando no era así. Pero, no tenía sentido. Si Mikoto se había ido cuando Sasuke aún estaba en ese lugar; eso quería decir que el Uchiha menor sabía perfectamente que la persona con quien habló por teléfono no fue su madre, sino su madrastra… entonces…

—Mikoto —habló la mujer—. ¿Qué fue exactamente lo que sucedió en la mansión Uchiha?

Ante la pregunta, la pelinegra se tensó visiblemente. Al notar el mutismo de ella, Naoko volvió a lanzar la pregunta.

—¿Qué sucedió? Necesito saberlo —insistió la anciana—. Sasuke no es el mismo, no queda nada de aquel niño vivaz y alegre. ¡Qué sucedió!

—Y-Yo…

—¿Es tan terrible? —se preguntó la mayor para sí misma —. Mi niño Sasuke, él estaba volviendo a ser mismo, poco a poco…

—¿Qué quieres decir Naoko-san? —preguntó anhelante Mikoto.

—Bueno, Sakura-chan, ella lo estaba ayudando a ser el mismo —comento la mujer, con una pequeña sonrisa—. Haruno Sakura-chan, llegó tan imprevistamente aquí, y así mismo, tan de repente a la vida de Sasuke. En pocas semanas logró acercarse a él más que nadie. Yo los observaba, Mikoto, podía notar como él no dejaba de mirarla de reojo, a pesar de quejarse de ella, siempre lo hacía con enojo fingido y una media sonrisa. Creo que él volvía a probar la felicidad, ¡estaban siempre juntos! Sakura-chan era la frescura y vivacidad que él necesitaba.

—¿S-Sakura? —murmuró la ojinegra, visiblemente afectada —.¿Ella estaba enamorada de Sasuke?

—Los viejos no nos equivocamos —habló Naoko, con un matiz de orgullo en su voz—. Estoy segura que así era. El sentimiento era recíproco.

—¿Recíproco?

—Sí, Sasuke está enamorado de Sakura-chan, lo veía feliz, aunque sus expresiones no lo demostraran demasiado, yo lo conozco —el rostro de la anciana adquirió un gesto de tristeza—. Pero, ha transcurrido casi una semana desde que Sakura-chan se fue.

Mikoto se levantó de la silla, visiblemente alterada.

—¿Una semana? ¿Sabes a donde, Naoko-san? —preguntó.

—No lo sé —respondió, algo contrariada por la actitud de la pelinegra—. Hace una semana, Sasuke regresó sólo de la universidad, le pregunté por Sakura-chan, pero me respondió que no se la volviera a mencionar nunca. Sakura-chan no ha vuelto desde ese día.

—No puede ser. Yo… volveré después, Naoko-san.

Mikoto cogió su gran abrigo negro, y colocándoselo salió de la habitación de la sorprendida anciana.

—Sakura, ¿dónde estás?

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Con un suspiro ahogado dejó caer su maleta en cualquier parte del lujoso apartamento donde vivía, en Shibuya, una de las zonas residenciales más exclusivas de Tokio, su trabajo le permitía darse ciertos lujos. Arrastró los pies por la alfombra, sin poder evitar que sus ojos se humedecieran ante el recuerdo de aquel odioso Uchiha. Eso no debía haber pasado, ¡ella no debió enamorarse de él! Recordaba muy bien la mueca de disgusto que había hecho cuando le hablaron sobre Sasuke.

"Un niño engreído, arrogante, mimado y débil"

Sí, ella había pensado eso. Por ello había aceptado acercarse a él y lograr establecer un contacto con Mikoto Hatake, la madre de Sasuke.

—Soy una estúpida… —mumuró.

Flash Back

—Sakura, estoy tan orgullosa de que hayas sido aceptada —exclamó maternalmente Tsunade Senjü, la directora del Hospital Central de Japón —.Ahora podrás hacer la residencia y convertirte en una gran cardióloga.

La pelirrosa no pudo evitar sonreír y agradecer sinceramente las palabras de su maestra, gracias a Tsunade, ella era lo que era ahora. Una médico recién egresada y con un puesto en el mejor hospital de su país, un puesto por los que muchos luchaban años y no lograban conseguir. La princesa de la medicina siempre había sido el más grande muro que tendría que superar, y trabajaría para lograrlo. Para ser la mejor cardióloga del mundo.

—Ahora te presentaré a la médico que te ayudará a adaptarte y te guiará —habló la rubia—. Pasa, por favor.

Una bella mujer de cabellos y ojos negros se hizo presente ante la mirada curiosa de la Haruno.

—Tú debes ser Sakura Haruno ¿verdad? —le preguntó dulcemente.

—Sí… —sin saber por qué la de ojos verdes se sintió algo apenada ante la mirada triste de aquella bella mujer.

—Soy Mikoto Hatake, seré tu médico-jefe. Espero que nos llevemos bien, no me gustan las formalidades, puedes tutearme —expresó.

—Gracias, Mikoto-sensei.

Después de aquel breve encuentro, pasaron algunos años, Sakura había demostrada incontables veces el por qué había sido elegida por Tsunade, era todo un prodigio, logrando concluir con su residentado, y ser la jefe del área de cardiología a su corta edad, dado que Tsunade era la directora. El tiempo no había pasado en vano, después de compartir meses de amistad y enseñanza, había logrado acercarse a Mikoto y ser su amiga, deseaba saber por qué ella albergaba dolor y nostalgia en sus ojos.

Uno de aquellos días, se dirigió a la habitación que compartía con Mikoto cuando se quedaban a hacer guardias, ya amanecía y ella deseaba volver a casa y tomar un baño, estaba exhausta por tanto trabajo. Antes de girar la perilla, oyó unos sollozos que provenían dentro de la habitación. Entró sigilosamente, y vio a Mikoto colgar una llamada, con los ojos aun empapados.

—¿Sucede algo, Mikoto-sensei? —interrogó, preocupada.

La mujer se sobresaltó y volteó a verla tratando de fingir una sonrisa, más al observar el rostro escéptico de la Haruno, supo que ya no podría engañarla.

La pelirrosa se acercó a Mikoto, ofreciéndole su apoyo, podía contar siempre con ella.

—Te confiaré mi más grande secreto Sakura —le dijo.

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Antes de ingresar a este hospital, yo no era Mikoto Hatake, sino, Mikoto Uchiha; era la esposa de jefe el grupo Uchiha: Fugaku. Nuestro matrimonio fue arreglado por nuestros padres, y a pesar de que al inicio no deseaba esa boda, terminé enamorándome de él. Nuestros primeros años de matrimonio fueron felices, a pesar de que Fugaku era serio, conmigo era diferente. Después… descubrí que todo había sido una farsa. Cuando Itachi, mi primer hijo, cumplió seis años, Fugaku dijo que ya no me necesitaba, que lo único que él quería era que le diese un primogénito sano. Lloré por sus palabras y le revelé que estaba embaraza, que estaba esperando otro niño. Él se enfureció y me pidió que abortara.

Sakura no pudo contener su asombro, jamás imaginó que Mikoto-sensei tuviese un pasado tan doloroso. ¿Qué clase de hombre le pedía a su esposa que abortara? Aquel tipo era un miserable.

Yo jamás aceptaría abortar. Contra sus deseos, tuve a Sasuke, mi segundo hijo. Pero conforme pasaban los años, noté que Fugaku no le daba el mismo reconocimiento y cariño que a Itachi. A Sasuke lo relegaba, jamás le dio una palabra de afecto, para él, mi pequeño Sasuke nunca existió. Sin embargo… cuándo Itachi conoció a Ino Yamanaka, se volvieron novios y decidió luchar por sus sueños, él no deseaba las compañías Uchiha. Fugaku enloqueció en rabia, lo desheredo, y fue entonces cuando posó los ojos en Sasuke.

Sasuke-chan… él era dulce, sensible y amable, sabía que sufría por la indiferencia de su padre. Cuando llegó a la adolescencia, comenzó a tener problemas con las drogas y el alcohol, sabía que lo hacía para llamar la atención de su padre, algo que consiguió de la peor manera…

Los sollozos de Mikoto se habían incrementado. Al parecer revelar todo aquello era un consuelo para su alma.

Jamás fui una buena madre para Sasuke, no soportaba estar en la misma casa que Fugaku, no me preocupé por Itachi porqué él ya era mayor. También olvidé a Sasuke, preferí mi tranquilidad por sobre él, nunca estuve presente. Cuando me di cuenta de mi gran error, traté de acercarme, pero se había cerrado tanto… descubrí que quería ser médico, como yo. Su sueño era lo único que lo sacaba de aquella oscuridad, pero, cuando Itachi se fue… Fugaku se aprovechó de Sasuke, le negó su sueño. Y-Yo no podía hacer nada, mi palabra no valía. Más aun, cuando me enteré que él tenía una amante, y planeaba casarse con ella.

Recuerdo muy bien las palabras de Fugaku, y el por qué tuve que dejar a Sasuke en ese lugar.

¡No puedes alejarme de mi hijo! gritó, llena de rabia. El hombre le dirigió una mirada vacía, poco le importaba las desesperadas palabras de su esposa.

Hn, sabes que jamás te amé Mikoto. Ahora que tengo la oportunidad de casarme con ella no la desperdiciaré.

Entonces me llevaré a mi hijo conmigo, ¡Sasuke vendrá conmigo!

Jamás —siseó. Se acercó peligrosamente a Mikoto, ella retrocedió por inercia. El hombre clavó sus fríos ojos negros en los de ella—, lo necesito a él para que sea el próximo sucesor de la familia Uchiha. Después de Itachi se fuera… —escupió lo último con rencor.

Sabes que el sueño de Sasuke es ser médico, tú no puedes…

Claro que puedo. Estando Itachi, me importaba poco lo que Sasuke quisiera de su futuro, ahora es diferente.

¡No puedes! —le detuvo Mikoto.

¿Qué harás para impedirlo? —le preguntó con sorna.

¿Qué pasaría si los medios se enteran de que el gran Fugaku Uchiha tiene un amante? —habló ella, con toda la determinación que podía. Si quería proteger a Sasuke, tendría que hacerlo. La sonrisa de Fugaku murió al escuchar tales palabras.

Nadie te creería…

Quizás —lo interrumpió—, pero piensa en todos los escándalos, millones de yenes perdidos. Me iré, desapareceré de tu vida sin decir una palabra con una condición.

¿Cuál? —preguntó el patriarca.

Aún no es necesario que elijas al sucesor del grupo Uchiha, aún puedes dirigirla tú al meno por los próximos quince años. Deja que Sasuke sea médico, sino lo haces, lo revelaré todo y será tu fin, Fugaku Uchiha —la mujer no pudo evitar estremecerse frente a la furiosa mirada de Fugaku. Un profundo silencio se instaló entre los dos, Mikoto rogaba porque aceptara.

Bien… —aceptó—, ahora desaparece. Antes de irte, haz que Sasuke te odie.

¿Q-Qué? —tartamudeó. ¿Le estaba pidiendo… que Sasuke la odiara?

Muy sencillo —habló con cinismo y burla—. Sasuke es sensible, dile algo que lo hiera, algo que haga que te odie y no te busque. Hazlo, sino, nuestro acuerdo acaba aquí y ahora —amenazó.

Mikoto, con lágrimas resbalando por sus mejillas no tuvo más que aceptar. Sabía que Fugaku quería que hiciera eso para que así su pequeño hijo no la siguiera.

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—N-No puede ser… —mumuró la Haruno, cohibida. Aún no podía asimilar tal situación. ¿Mikoto-sensei había sufrido tanto.

—Tuve que decirle cosas horribles a mi hijo —dijo la pelingra, con una triste sonrisa—, recuerdo que lo que más le dañó fue cuando le dije… No pienso arruinar mi vida por un niño que juega a ser adulto… Sufrí muchísimo, pero sé que él, sufrió cien veces más que yo.

—Mikoto-sensei…— preguntó vacilante—. ¿Sabe algo de su hijo menor?

—Durante varios años he tratado de seguirle los pasos a Sasuke… —.Contraté un detective privado, se ha vuelto un chico muy guapo —comentó, más luego, su rostro volvió a apagarse—. Él… está en Estados Unidos.

—¿Estados Unidos? —cuestionó Sakura.

—Para ser exactos, está en Nueva York. Escapó de su padre… Dios, no puedo imaginar lo que sufrió, seguramente Fugaku no respeto nuestro acuerdo. Ahora no sé más de Sasuke, no sé lo que estará haciendo, ¿estará comiendo bien? ¿estará estudiando…? —la pelinegra volvió a llorar.

La de ojos verdes la observó con profunda tristeza. Tenía que hacer algo para ayudarla, Mikoto había sido tan buena y generosa con ella, apoyándola siempre. Tenía que hacer algo, pero que…

—Mikoto-sensei… quizás yo le pueda ayudar a recuperar a su hijo —dijo con decisión.

La pelinegra levantó el rostro, aún perpleja por la proposición de la pelirrosa.

—¿C-Cómo podrías…?

—Trataré de acercarme a su hijo —la interrumpió—, procuraré hacer una amistad con él… así podré mantenerla al tanto de él. Aunque quizá sea un tipo bueno para nada y fracasado… —esto último lo murmuró, ella no podía imaginarlo de otra forma. ¿Qué podría haber logrado alguien que escapó a su suerte a otro país?

—¿L-Lo harías Sakura? —dijo Mikoto, anhelante—.Sasuke-han tiene un carácter difícil, seguramente sigue siendo igual de arisco.

—Descuide, Mikoto-sensei —exclamó Sakura con una gran sonrisa—, sé lidiar con los cabezotas. No se diga más, iré a Nueva York para ayudarla a recuperar a su hijo.

End Flash Back

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Sí, así había sido como había llegado a conocer a Sasuke. Si ella no se hubiera ofrecido a ayudarle a Mikoto-sensei, seguiría con su vida y esto jamás habría pasado.

Aún podía ver la vacía mirada de Sasuke cuando le dijo aquellas crueles palabras, había sido tan cruel… pero, la verdad la había estado matando. No podía ni imaginar la reacción del pelinegro al enterarse de la verdad. Lo mejor era volver al hospital y tratar de seguir, lo mejor era olvidar a Sasuke…

El teléfono de la Haruno comenzó a sonar.

—Diga —contestó sin ganas, más al oír la voz femenina al otro lado de la línea, se sobre-saltó—. ¿M-Mikoto-sensei?... ¡¿Está en Nueva York?

El teléfono resbalo de sus manos. ¡¿Qué diablos hacía Mikoto Hatake en Japón? Sin pensarlo dos veces volvió a coger su maleta y dando un portazo salió lo más rápido posible de su apartamento.

Los problemas apenas comenzaban…

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Yeah! ¡Ahora ya saben el motivo que llevó a Sakura a conocer a Sasuke! Hey, acaso ella dejaria su buena vida en Japón y de la nada iría a Estados Unidos... pues no. u.u

Mikoto no abandonó a Sasuke porque quiso, OMG, si ella lo quiere tanto. Y Sasuke-baka que la hace sentir mal. Hahaha, Sakurita acaba de bajar de un avión debe volver a subirse a otro inmediatamente.

OMG! Ya me acerco al desenlace, he estado alucinando con un apasionado beso entre esos dos desde hace un buen rato... ;_;

Espero les haya gustado, que aún faltan muuuchas cosas por resolver! Y ya saben, dejen reviews, denle click al botoncito de abajo, que cualquier personita así no tenga cuenta puede comentar. ;) Más reviews = Capi pronto. xD

Nos vemos!