Hola a todos!

Como siempre reportándome aquí, con un nuevo capítulo. Aunque en mi país sean las tantas de la noche, aquí os traigo la conti.

Ahora contaros. Ya se que dije que comenzaría a actualizar cada semana, y que seguramente lo haría los viernes, verdad? Pues ha habido un cambio de planes. Aunque el actualizado entre semana sigue en pie (mucha pena por mi parte por que adoro actualizar dos veces por semana), las actualizaciones serán puestas para el viernes, que el el momento donde tengo más tiempo y puedo subir el capítulo sin problemas.

Este capítulo no me ha quedado como deseaba. Entre que no tenía la suficiente inspiración y que me he puesto enferma (maldición! Jodido catarro ¬3¬) he tenido un fin de semana algo malo. Pero en fin!

Ahora, como siempre, agradeceros a todos por vuestros queridos reviews, follower y favs! Os amo con locura! Haceis que mi vida tenga sentido (y esta faceta de emo que me salió?

OS agradezco a mis anónimos que, aunque no podais seguir la historia, estais al pendiente de cuando actualizo. Sois los mejores!

Y, sin más que contar, os dejo la historia.


Capítulo 10: Sorpresa.

Año 450. Cuartel general de las Tropas de Reconocimiento. Comedor.

Tres semanas. Tres interminables semanas de entrenamiento. Un periodo en el cual todos los soldados que se encontraban en la legión tuvieron que pasar. Ángela podía llegar a ser muy dura en cuestión a entrenamientos. Dylan suspiró con cansancio. Cuando la joven se ponía no había quien la parara. Era estricta y no soportaba ver a nadie holgazaneando. Según oyó en cuanto entró en la legión del norte, la muchacha era una persona muy parecida a Rivaille, el mejor soldado de la humanidad. Aunque lo único en que se parecían era con respecto a su temperamento frío y sin escrúpulos.

Cuando entró a su tropa, tuvo que pasar el peor de los entrenamientos. No había tenido piedad con él. Incluso siendo menor que él, la muchacha parecía haber vivido más de una calamidad en su infancia. Aunque nunca se lo hubiera contado, los pequeños rumores que circulaban por la legión eran que había perdido a su familia cuando era pequeña y que fue vendida en el mercado negro de Shina hasta que la legión del sur la rescató.

El chico miró a su sargento mientras terminaba de tomar su desayuno y se dirigía a la cocina a desechar los platos. Parecía mentira que alguien con aspecto tan frágil pudiera ser tan fría y distante. Terminó su desayuno y siguió a su sargento, la cual estaba esperándolo para idear el nuevo plan de entrenamiento.

Al parecer hoy sería entrenamiento cuerpo a cuerpo. No es que odiara ese tipo de entrenamientos. Para nada. Le gustaba. Pero la sargento se lo tomaba demasiado enserio. Suspiró resignado. Rezaba por aquél al que la sargento le echara el ojo para desquitarse un rato.

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-Buenos días… mocoso.

Eren se despertó con la suave voz del sargento en su oído. Sintió sus manos recorrer la piel desnuda de su cintura y un sutil beso en su cuello. Adoraba el trato que Rivaille le daba por las mañanas. Llevaba durmiendo en el cuarto del sargento desde hace tres semanas. Aunque al principio se negó en rotundo, Rivaille prácticamente le obligó a trasladar todas sus cosas, por pocas que fueran, al cuarto de su superior.

Sintió de nuevo otro beso en su cuello, el cual ascendió hasta su mentón y posteriormente a sus labios, el cual recibió con gusto. Rivaille podría ser estricto, serio, incluso frío con todos. Pero con él era todo lo contrario: cariñoso, caprichoso… parecía un niño pequeño en comparación consigo mismo. Se separó a regañadientes de sus labios. Sabía que si continuaba acabarían haciéndolo de nuevo. Y no se encontraba precisamente como para tener otra ronda después de las cuatro que tuvieron anoche. Ese hombre era insaciable.

Se levantó de la cama, pero en cuanto su cuerpo se elevó, sintió como un enorme mareo le recorría el cuerpo. Dios, que vértigo. Unas ganas tremendas de vomitar le recorrieron. Salió corriendo hacia el baño que Rivaille tenía en su cuarto y se adentró en él, dejando a un Rivaille desconcertado y con cara de no entender lo que sucedía.

El sargento se levantó de la cama, importándole poco su desnudez, y se acercó al baño. Tocó levemente.

-Eren… ¿Estás bien? – preguntó intentando no sonar muy preocupado. Los sonidos que Eren soltaba por su garganta eran desagradables. Una mueca surcó sus labios.

-Si… estoy… bien… - volvió a vomitar todo lo que había cenado ese día.

Joder. Era la cosa más desagradable del mundo. Aquello que, supuestamente, deberías de echar por otro sitio, después de haber pasado una digestión de dos horas, estaba siendo expulsado por su boca, haciendo que el ácido de su propio estómago le quemara la garganta. Qué asco.

-Eren… voy a entrar – Rivaille abrió la puerta decidido, encontrándose al castaño arrodillado frente a la taza del wáter, con los brazos cruzados entre sí sobre la taza y la cabeza entre estos.

Rivaille se arrodilló frente a él.

-Eren… - le llamó, mas no obtuvo respuesta. El cuerpo del menor calló hacia atrás de forma lenta, a lo que el sargento le agarró en el trayecto. - ¿Eren? ¿¡EREN!? – Lo zarandeó un poco, pero el castaño no reaccionaba. Estaba inconsciente.

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El cuerpo de Mikasa cayó desplumado en el suelo. La trayectoria que había sufrido su cuerpo en apenas un segundo había sido gracias a la potente llave que le había proporcionado Ángela. Todos miraban la escena estupefactos.

Hace apenas unos minutos, la rubia había retado a la morena tras ver su estilo de lucha. Aunque rudo y con poca precisión, el estilo de Mikasa había llamado la atención de la sargento, por lo que exigió que la asiática tuviera una pequeña confrontación con ella. La rubia, en cierta medida, había sido considerada con la morena, viendo que sus movimientos habían comenzado con potencia, pero que, a lo largo de la batalla, habían disminuido.

Ángela miró desde arriba como Mikasa se retorcía por el fuerte golpe en su columna vertebral, haciendo que pequeños alaridos, casi imperceptibles salieran de sus labios. La rubia sonrió de lado, posicionándose a la altura de la morena, la cual había logrado levantarse y ponerse de rodillas.

-Eres buena, Ackerman. Pero no lo suficiente. Hay que pulirte bien. – la cogió del carrillo derecho. – Te dejas guiar mucho por tus emociones. – la soltó y se sacó el polvo que tenía de los pantalones. Ese lugar era una cochinada.

Mikasa la miraba con cierto rencor. Nunca, jamás, a excepción de Annie, la había superado en artes marciales. Era una de sus especialidades. Por algo la habían elegido como la mejor de su generación. Frunció el ceño. La espalda la dolía a horrores.

Armin, como buen amigo y compañero, se acercó a socorrer a la muchacha. Mientras, miraba como la sargento se alejaba y comenzaba a regañar a un par de soldados que no habían más que hacer el indio. Una gota de sudor le resbaló por la sien. Ese par se iban a pasar la tarde haciendo trabajos forzados.

-Vamos Mikasa, te llevaré a la enfermería. – Ayudó como pudo a la muchacha hasta la entrada del cuartel. Pero uno de los soldados del escuadrón del norte se chocó con ellos.

-¡Ah! Lo siento. – Armin se quedó mirando como el soldado se acercaba corriendo a la sargento y la hablaba entrecortado. La mirada de Ángela se agrandó.

-¿¡Que Eren está donde!? – El rubio se alteró al ver pasar a la joven medio corriendo en dirección a la enfermería.

Y antes de que se diera cuenta, Mikasa había salido detrás de ella. Poco le importaba que el cuerpo le doliera a horrores. Cuando algo se trataba de Eren, su propio dolor pasaba a un segundo plano. Eren la necesitaba. O eso es lo que ella creía.

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El sargento sujetaba con fuerza la mano de Eren. Éste permanecía en la cama de la enfermería, aun inconsciente. Llevaban cerca de una hora allí metidos. Hanjie le había hecho una serie de pruebas al moreno, mientras revisaba de vez en cuando su cuerpo inconsciente. Eso desesperó a Rivaille de tal manera que obligó a la castaña a permanecer atenta exclusivamente a los resultados de las pruebas.

Volvió a mirarle detenidamente. Siempre había adorado el rostro sereno de Eren al dormir. Sonrió de forma casi imperceptible. Siempre que estaba con él, su lado tierno salía a flote. Aun siendo como era, el único que despertaba esa sensación era ese mocoso estúpido.

Tocó su mejilla levemente. Ante el contacto, los ojos de Eren se cerraron con fuerza, haciendo amago de despertar. Rivaille siguió de la misma manera, viendo como el castaño abría los ojos, dejando al descubierto su mirada verdosa. Aun estando confundido, se veía hermoso.

-¿Dónde estoy? – preguntó en un susurro.

-En la enfermería – respondió simplemente el sargento.

El castaño procesó la información lentamente. Hasta que llegó a la conclusión de lo ocurrido. Cuando estuvo en el baño había sufrido un fuerte mareo después de haber devuelto todo lo que había comido la semana anterior, ocasionando que de desmayara. Ahora entendía la mirada preocupada de Rivaille. Sabía entender cada una de las emociones que pasaban por sus ojos.

-Bien, chicos. – la castaña apareció por la puerta contigua, seguramente de su laboratorio. – Traigo los resultados de los análisis – canturreó contenta. Parecía que los resultados había ocasionado en Hanjie cierto interés en Eren.

-¿Pruebas? ¿Qué pruebas? – Preguntó el castaño con expresión confusa.

-Las que te he hecho hace un rato, Erencito – respondió Hanjie. Aunque la forma de llamarlo por ese diminutivo, hizo al menor fruncir el ceño.

-¿Me estás diciendo que me has sacado sangre? – Preguntó horrorizado. Solo de imaginarse aquella aguja agujerear su piel le hizo marearse de nuevo.

-Si, Eren. Aproveché mientras estabas inconsciente. Pero ese no es el caso. – movió la mano restándole importancia. – ¡Tengo que darte una buena noticia! – Exclamó con felicidad. Decir que de sus ojos salían estrellas era decir poco.

Eren se la quedó mirando unos segundos. Unos segundos eternos que le estaban carcomiendo el cuerpo.

-Habla de una vez, cuatro ojos. – Habló por primera vez el sargento. Parecía mentira que no le conociera. No tenía paciencia.

-Voy, voy. – Hanjie cogió aire en sus pulmones. – Enhorabuena, Eren. ¡Vas a ser mamá!

Eren abrió sus ojos como dos platos. ¿Estaba hablando enserio? ¿De verdad? ¿Estaba embarazado? Eso quería decir que Rivaille…

Miró a Rivaille, el cual permanecía a su lado con la misma expresión amargada de siempre. Pero en el interior del moreno la felicidad estaba haciendo meya en su ser. Iba a ser papá. No podía creérselo. Eren esperaba un hijo. Un hijo suyo. Porque era suyo. Eren no se había acostado con nadie más. Si no fuera así ya habría matado al bastardo que le hubiera tocado y mientras el moreno permanecería encerrado por el resto de su vida por haberle sido infiel. Pero ese no era el caso. Estaba esperando un hijo suyo. Joder, eso era algo que no se esperaría esa mañana. Un hijo.

-Em… ¿Rivaille? – la castaña pasó su mano por delante de los ojos del sargento, pero este no reaccionaba. – Creo que le hemos perdido.

-Rivaille… - Eren le llamó con su voz suave, mientras tocaba el brazo del mayor. El sargento reaccionó, mirándole a los ojos. Eren sonrió. – Esperamos un hijo. – Una lágrima de felicidad escurrió por la mejilla del castaño. La dicha corría por todo su ser.

-Con que… esta era la urgencia. – los tres miraron a la figura que se encontraba apoyada en el marco de la puerta. – Felicidades. – La sonrisa de Ángela se podía interpretar de dos maneras.

La primera, de manera falsa e hipócrita. Haciendo ver que eso era un tema demasiado delicado y que habría que tratarlo con cuidado. Fréderic no debía de enterarse de eso.

La segunda, de felicidad y alivio. Porque todos los planes que tenían destinados para ese bebé habían comenzado. Aun estando en el vientre de Eren, ese bebé sería el que salvaría a toda la humanidad.

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Mikasa miraba la escena desde atrás de la puerta. La noticia la había dejado soqueada, de igual manera que a Armin, aunque en menor medida. ¿Eren? ¿Embarazado? Eso era imposible. Los hombres no pueden quedarse embarazados. Era contra natura. Se tapó la cara con una mano. Eso era absurdo.

Aunque para Armin era diferente. Aun a sabiendas de que eso era imposible, algo le decía que tenía que ver con sus poderes de Titán. No era tonto, sabía leer entre líneas. Y sabía de antemano que esos poderes traerían consecuencias al castaño tarde o temprano. Miro a la morena unos instantes antes de volver a bajar la mirada. Ahora lo importante es que Mikasa no sufriera los estragos de esa noticia. De seguro estaba carcomiéndose por dentro.

-Mikasa… - La morena le ignoró por completo. Se separó de la pared donde se encontraba apoyada y se perdió por los pasillos de la legión. Necesitaba pensar con claridad las cosas.

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-El plan marcha según lo previsto. – La silueta de una joven encapuchada enfrente de una menuda y vieja se hizo presente en la noche oscura de principios de invierno.

-Bien… Esto es perfecto. – contestó la anciana. Era glorioso. Después de todo lo sufrido por fin un poco de luz asomaba para ellos.

-Nana – la anciana la miró. - ¿Qué piensas hacer cuando nazca el bebé? – la preguntó con voz seria. Pero en su interior se debatía entre saber la verdad o no.

-Todo a su debido tiempo, querida… - respondió.

La rubia frunció el ceño. Aun teniendo la suficiente confianza con ella, ya que la había criado como su propia nieta cuando sus padres murieron, había algo que nunca le gustó de ella. Que fuera tan misteriosa y retorcida.

Algo la decía que esto no terminaría bien del todo.


Madre mia! Por fin! Eren está embarazado! y consciente de ello =D

Hoy no quería hacer un capítulo triste (aunque mi estado de ánimo me hiciera poner cosas tristes, y tener que borrar y encontrar algo mejor) y esto es lo que me ha quedado.

Rivaille me ha quedado un tanto... amoroso? Es lo que tiene el amor, mi querido Rivaille, que te deja atontado! Y Eren muy adorable.

Ángela, tan odiosa como siempre (Por qué la odiais tanto? Yo no la odio... Será por que conozco sus verdaderas intenciones? o3o) No quise poner ninguna referencia entre Rivaille y ella, pero si un poco de por qué es así, aunque ínfima.

Y bien! Qué os pareció? Merezco un review que tanto amo de vosotros?

Un saludo y un besazo! Nos leemos en la siguiente actualización!

PS: Actualización para el viernes! A partir de allí todos los viernes (Que pena! T3T)