Hola a todos!!Qué tal? Espero que me perdonéis por la tardanza!!como compensación este capítulo es muy largo y tiene mucho contenido, espero que os guste :D gracias por los reviews a quienes los habéis dejado, y también gracias a Nick casi-decapitado, el Barón Sanguinario, la Dama Gris, El Fraile Gordo, Mirtle, etc por leer el fic!me refiero cono estos fantasmitas a aquellos que leéis y no me dejáis review jejeje

Bueno, como el capitulo en sí ya es largo de narices (40 folios de word han tenido la culpa), solo respondo un review y sigo:

Lili: Hola wapa!!Gracias por dejar siempre review aunque a veces te pille mal!Me alegro que te gustara ese paseo, yo disfruté muchísimo escribiéndole, ese James me acabó de enamorar jejeje Lily aún no se ha dado cuenta, pero ya se dará ya, tranquila jeje lo que pasa es que Mark también es un buen chico :P Remus sí se siente mal, lógicamente, para una vez que hace una locura mira la que lia!!jejeje y de Derek no puedo decir nada, tienes que leer este capítulo jejeje me encanta hacer líos, se nota?:P no puedo evitarlo, disfruto con los enredos, me parecen entretenidos jajajaja Me alegro que a todas os haya gustado la escena de la familia. Tenía muchas ganas de meterla, pues creo que sino les nombras parece que estén solucos en el mundo jeje además todo es importante para el fic. Tranquila que lo de las cajas no te digo nada de nada jejeje Ya te agregué al msn!haber si coincidimos algún día :D gracias por dejar siempre review!!un besazo wapa!!

Bueno, ya está. Espero que les guste el capítulo, que no se cansen al leerlo aunque sea largo. He intentado que sea emocionante, haber si lo conseguí :D

Como hay pocos reviews, he decidido agradecer a mi forma a los que me cuentan su opinión. Por eso os iré dedicando los capítulos, este se lo dedico a Dennu Black, por haber leído el fic desde el principio y porque en el anterior capitulo me dejó un review tan rápido que estuve contentísima jejeje un besazo wapa!!;)

Con todos ustedes... Mi fic:

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Capítulo 10: La curiosidad mató al gato

Había pasado una semana y ya todo Hogwarts sabía que Lily Evans estaba saliendo con Mark Bennet. El primero en tener la "suerte" de ser testigo de esa nueva relación fue James Potter que, al volver a su Sala Común esa noche tras estar con sus amigos, se encontró a la pareja en plena despedida.

También tuvo que verle a la mañana siguiente cuando fue a buscar a Lily, y a partir de entonces, se le cruzaba constantemente en la Torre de los Premios Anuales. El resto de Hogwarts se había enterado de la noticia del modo habitual en el castillo: prácticamente se hacía oficial un noviazgo cuando los novios entraban cogidos de la mano en el Gran Comedor. En la mesa de Hufflepuff hubo algunos murmullos, y la cara de Sam mostraba todo el odio contenido al saludar a Lily. En la mesa de Ravenclaw hubo algunas risitas aisladas. En la mesa de Slytherin ni siquiera se percataron de la novedad. Y en la mesa de Gryffindor hubo todas las reacciones posibles.

Gisele se derramó el zumo de calabaza encima de la sorpresa. Dio un codazo a Kate para que mirara, pero esta no hizo ningún tipo de gesto, seguía mortalmente seria como el día anterior. Frente a ellas, Grace estaba radiante de felicidad por su amiga y la hizo el gesto del triunfo con las dos manos. Más allá, algo lejos de ellas tres, Sadie abrió mucho los ojos y su mirada pasaba desde la pareja a James sin poder creerse lo que veía. Su hermano Jeff se había atragantado, al mirar donde todos tenían puesta su atención, y le lanzó una mirada de reproche a su hermana susurrándola:

- ¡Te lo dije! ¡Mira lo que has conseguido! –ella le respondió la mirada de reproche, pero también cargada con un poco de culpabilidad, y Remus, que había alcanzado a oír el comentario, alzó las cejas confuso-.

Lupin ya se sentía terriblemente culpable por lo ocurrido el día anterior con Sirius y Kate, y ese hecho y el ver la cara de derrota de James, le hizo apartar el desayuno y no tener hambre el resto del día. Dos de sus mejores amigos estaban pasando por un mal momento y era raro verles a los dos tan callados y serios. Paseaba la mirada entre James y Sirius preguntándose qué podía hacer para ayudarles. A su lado, Sirius sólo levantó un momento la mirada de su plato y luego la centró en su mejor amigo, intentando darle la poca fuerza que le quedaba en esos momentos. Frente a Remus, James miraba su plato con demasiada atención y mordía más fuerte de lo usual para controlar su frustración. A su lado estaba Peter que... no había notado el menor cambio...

Pero de eso ya había pasado una semana y estaban a viernes 23 de septiembre. Estaban en clase de Transformaciones que compartían con los Hufflepuffs. Desde que habían empezado a salir, Mark y Lily se sentaban juntos en todas las clases que coincidían, lo que la había dejado a Grace con la compañía de Sam, cosa que no las había hecho gracia a ninguna de las dos.

Esos días James estaba más atento que de costumbre, para responder antes que nadie a las preguntas de la profesora McGonagall. Se había cansado de ver la cara de admiración de Lily cada vez que Bennet recibía puntos, y cómo le cogía de un brazo con una sonrisa de felicidad. Los merodeadores estaban inusualmente tranquilos en clases esos días. En parte porque James se había propuesto superar a Bennet en todo, porque Sirius no tenía humor para interrumpir nada, y en parte porque Peter sin que esos dos le dirigieran, no se sentía con la suficiente confianza de hacer nada, y menos después del incidente de la Biblioteca que le había dejado ampollas en los dedos de recoger todo manualmente.

Remus y la profesora McGonagall no cabían en sí de la felicidad, y algunos compañeros no cabían en sí del aburrimiento. Gisele estaba desesperada por hacer reaccionar a Kate, que esos días se había convertido en una especie de mimo, pues apenas hablaba con monosílabos y casi no comía. Solo reaccionaba cuando se despedía con cualquier excusa y se perdía, Merlín sabe dónde, de seis a siete todas las tardes.

Sadie llevaba días queriendo hablar con James. Por un lado quería decirle cuánto lamentaba que sus planes hubieran fracasado y, quizá también debería disculparse por darle falsas esperanzas. Sin embargo, la morena nunca había sido muy buena con las palabras y menos con las de apoyo. Por otro lado estaba el tema que más la interesaba. Se había propuesto saber lo máximo que pudiera de Severus Snape y de Regulus Black. El primero se había pasado la semana mirándola por encima del hombro, con una sonrisa cruel y parecía analizar todos sus movimientos. No sabía qué había impulsado esa confianza en el chico, pero quería minarla cuanto antes. En el caso de Regulus, el chico no había vuelto a molestarla. Cuando se cruzaban se limitaba a hacer un gesto con la cabeza y continuar su camino. Pero Sadie no podía dudar que era él quien más la intrigaba. Él y su nula relación con su hermano.

Al acabar la clase, decidió que ya era hora de hablar con James. Este recogía sus libros con parsimonia y recibía felicitaciones por los puntos conseguidos. Esperó a que la mayoría se marchaban. Al pasar Lily junto a James, esta le sonrió abiertamente y le acarició la mejilla, guiñándole un ojo, a modo de felicitación. Sadie pudo ver cómo se amigo se tensaba ante el contacto y bufó.

- James ¿Podemos hablar? –le preguntó cuando sólo quedaban él y sus tres amigos-.

Lupin se la quedó mirando alzando las cejas, costumbre desesperante en él. James sin embargo, se encogió de hombros con conformidad, mientras le palmeaba la espalda a un Sirius que seguía devastado.

- Tú dirás... –la dijo cuando sus amigos se hubieron alejado-.

- Bueno, eh... –quizás lo mejor sería darle el pésame primero. "¿Pésame?" pensó "¿Acaso se le ha muerto alguien? ¡Que ñoñas son estos ingleses! bueno, con tacto..."-. Quería decirte que siento mucho que Evans haya preferido al soso ese después de todo...

Al ver la cara de James pensó que quizá el tacto no era lo suyo, y decidió seguir con el tema que de verdad la interesaba.

- Te quería pedir que me contaras todo lo que sabes sobre dos personas.

- Mira Sadie –suspiró James rodando los ojos y adelantándola-. Estos días no estoy para jugar a los detectives.

- ¡Ya vale Potter! –se enfadó la chica-. ¡Todos hemos visto a la pelirroja meterle la lengua hasta la campanilla al prefecto ese, pero no nos ha causado un trauma tan grande! Deja de comportarte como una nenaza y haz lo que haría cualquier tío en tu lugar: Te emborrachas, te lías con la primera guarra que te encuentras, y fuera penas. –James la miraba con los ojos abiertos, bastante confundido, muy pasmado y definitivamente impresionado por las palabras de la chica-. Ahora escúchame que esto es importante. ¿Qué sabes de Severus Snape?

James tardó unos segundos en reciclar la información. Esa chica siempre hablaba como si tener sentimientos fuera una vergüenza y una debilidad. A veces le daba miedo, pero era endemoniadamente sincera, eso era innegable.

- Quejicus, es decir, Snape, es un tío raro que le pirran las artes oscuras, que apenas tiene amigos y ha sido durante años el perrito faldero de Malfoy.

- ¿Malfoy? –preguntó interesada-.

- No le conoces. Acabó Hogwarts hace unos años.

- ¿Y su familia? ¿Sabes algo?

- ¿Su familia? ¡Yo que sé! Supongo que será un sangre pura y orgulloso de ello, como todos los gilipollas de su casa.

- Pareces saber poco de él, para ser tu enemigo declarado...

- Sólo necesito saber dos cosas para que no simpatice con él: que le encantan las artes oscuras y apoya completamente el movimiento de la limpieza de sangre de Quien-tú-sabes. Nadie que haga eso es una buena persona, igual que el hermano de Sirius.

Sadie calló ante estas declaraciones, y tras unos segundos, aprovechó para enlazar un tema con otro.

- Y hablando del hermano de Sirius, ¿Qué sabes de Regulus Black?

- Es el hermano pequeño de Padfoot, Slytherin, sangre limpia y futuro (o puede que presente) mortífago.

- Otro del que tampoco sabes mucho –bufó molesta, ¡Vaya fuente de información había encontrado!-.

- De este menos aún. De Quejicus, algo me he enterado por meterme tanto con él. Pero como Regulus es el hermano de Sirius no le metemos en las bromas. Simplemente le ignoramos, fingiendo que no existe.

- Ya...

- Sadie tengo prisa. A la tarde a las 5 es el entrenamiento de quidditch, no llegues tarde.

Y se marchó sin más ganas de hablar como el resto de los días.

OO—OO

Gisele estaba desesperada por recuperar a la Kate de siempre, y había pedido ayuda a Grace para hacerla reaccionar. Entre las dos la habían arrastrado a la habitación y la hacían un interrogatorio exhaustivo. Sin embargo, la ayuda de Grace no parecía dar buenos resultados, pues Kate parecía molesta con la chica, a la que hacía días que apenas hablaba y la miraba con dureza.

- Kate, ¿Por qué no te dejas de tonterías y vuelves con Sirius? –exclamó Gisele-.

- ¿Volver? ¿Entonces es verdad que habéis roto? –preguntó Grace abriendo mucho los ojos-. Pensé que era una pelea más y que alguna idiota se había emocionado y lo había ido contando.

- Pues ya ves que es verdad. Le he dejado. –dijo Kate con tono cortante-.

- ¿Pero...?

- Mira, tampoco es un tema de tu incumbencia, pero si te interesa saberlo, no le he plantado porque quiera. Yo soy la primera que quiere volver con él pero...

- ¿Pero? –la apuró Gisele pensando que quizás a la vigésima explicación le encontraba sentido-.

- Pero quiero que me respete, que me valore... no quiero estar con la duda de si me es infiel o no. ¿Tanto es pedir un poco de fidelidad? –preguntó a nadie en especial-.

De repente Grace estalló en risas, abrazándose con fuerza a un cojín. Sin embargo, paró en cuanto vio la cara de sus amigas.

- ¿Dónde está la gracia Sandler? –preguntó Kate molesta-.

Grace estaba demasiado ocupada aguantándose la risa para caer en la cuenta de que su amiga se había dirigido a ella por el apellido, pero sí lo notó Gisele, quien se tomó la cabeza con las manos, debido a la frustración que la causaba no saber qué pasaba por la cabeza de su amiga.

- En que yo creo que sí le pides demasiado. Un Sirius Black fiel es como un Snape con el pelo limpio... poco probable.

- Pues yo creo que no te ha puesto los cuernos nunca, Kate –dijo Gisele muy segura-. Es más, pondría la mano en el fuego –añadió lanzándole una dura mirada a Grace que la miraba con esceptismo-.

- Si tú lo dices... –murmuró Grace alejándose un poco para ordenar su baúl, mientras Gisele la seguía mirando mal-.

- Kate –la susurró aprovechando que se habían quedado algo apartadas-. ¿Se puede saber dónde vas todos los días de seis a siete?

Kate enmudeció unos segundos, y fijó la mirada en Grace por si las oía. Sin apartar la mirada de la rubia dijo:

- A pasear.

- ¿Sola? –preguntó su amiga con esceptismo-.

- ¿Qué te importa Gis? ¡Déjame en paz! –estalló tumbándose en su cama y dándole la espalda a la chica y a Grace que había vuelto la cabeza al oírla-.

OO—OO

- Lily, espera, que viene McGonagall.

Y la pareja se separó en el mismo instante en que la profesora pasó por su lado mirándolos reprobatoriamente. Cuando ya estuvo lejos, ambos comenzaron a reír.

- ¡Pobre profesora! ¿Qué habrá pensado de mi? –dijo Lily riendo bajito-. He pasado de ser su alumna modelo a montar exhibiciones en los pasillos con mi novio.

- Que bien suena eso –susurró Mark en los labios de su chica-. Y yo que pensaba que jamás te fijarías en mí... –la dijo antes de volver a besarla. Sin embargo, Lily se despegó de él-.

- ¿Acaso no veías las señales? –preguntó riendo-. Más evidente no pude ser.

- A veces creía ver algo, pero me convencía de que era mentira. Y más después de lo que decían...

- ¿Qué decían? ¿Quiénes? –le preguntó-.

- La gente. Decían que ahora que os habían hecho premios anuales, sólo era cuestión de tiempo que Potter y tú acabarais saliendo.

Lily rió ante la ocurrencia de la gente.

- ¡Qué imaginación! Ni a mi me gusta James, ni yo le gusto a él. Es un amigo estupendo, el mejor, pero sólo es eso.

- Eso espero... –susurró Mark antes de volver a besarla-.

OO—OO

Los merodeadores estaban en los jardines aprovechando los cuarenta minutos libres que tenían entre clase y clase. El césped estaba húmedo, pues esa noche había caído un chaparrón y el terreno aún no se había secado. Peter lanzaba piedras al lago, llenándose las botas de barro sin importarle, pero sacando una mueca de disgusto en Remus quien pensaba en cómo quedaría luego la habitación. Este estaba apoyado en un árbol, sin poder ni querer sentarse y observando en silencio a sus amigos mientras engullía una tableta de chocolate. Sirius, por su parte, se había subido a una rama y contemplaba desde allí la torre de Gryffindor, esperando ver acercarse a su novia, perdón, ex novia, por una ventana. Tenía el ceño funcido y, sin proponérselo, hacía pucheros. James se dedicaba a conjurar una piedra, igual que había visto hacer a Lily el día que esta había empezado a salir con Bennet.

- Me aburro –dijo Remus rompiendo el silencio-.

James le miró, e hizo una mueca que aquellos días podía considerarse una sonrisa.

- No hemos estado muy divertidos estos días, ¿Eh Moony? –le dijo-.

- ¡Que vergüenza! –le siguió Remus-. Los Merodeadores convertidos en unos colegiales aburridos.

- Eso tiene fácil remedio. ¿Y si incordiamos a Snape un ratito? –propuso Peter dejando las piedras-.

- No tengo ganas... –dijo James-. ¡Dios Mío! ¡He perdido las ganas de molestar a Quejicus! –comenzó melodramático llevándose las manos a la cabeza-.

- ¿Quién eres y qué has hecho con Prongs? –le siguió Remus el rollo cogiéndole de los hombros y agitándole-.

James soltó un carcajada, que le hizo sentirse como nuevo. Pasó su brazo por el hombro de Remus y le revolvió el pelo, agradecido de poder contar con unos buenos amigos.

- Yo creo que Snape nos agradecerá un descanso –informó Remus-. Pero siempre podemos hacer otra cosa para distraernos...

- ¡Ese es el espíritu! –exclamó Peter cansado de tanta inactividad-. ¿Qué dices Padfoot?

Pero Sirius no les escuchaba. Continuaba mirando hacia la torre muy metido en sus pensamientos que cada vez le hacían fruncir más el ceño.

- ¿Pad? –intentó Remus. Nada-.

- ¡Ey hermano! –siguió James. Y al tener el mismo resultado decidió ser menos sutil, y tirarle la piedra que había estado embrujando-.

- ¡Au! –exclamó Sirius-.

La piedra le había dado en un costado y le había hecho perder el equilibrio, aunque no llegó a caer del todo. Consiguió sujetarse con las piernas y quedó colgado boca arriba y la túnica se le subió a la cabeza.

- Y aquí Sirius Black nos presenta la colección de otoño en calzoncillos Gryffindor. Por supuesto rojos. Si llega a ser verde le habríamos expulsado de nuestra habitación. –dijo James imitando la voz de las cajeras de supermercado-.

- Te voy a dar una ostia, Prongs –amenazó Sirius gruñendo a la vez que se ponía de pie y se bajaba la túnica. La risa de un grupo de chicas que estaba cerca y lo había visto todo, no hizo más que molestarle, pues volvió a gruñir-.

- ¡Padfoot has vuelto! –exclamó Peter, feliz por primera vez en su vida, de ser testigo del mal humor de Sirius-.

- No me he ido Peter. Solo es que me han jodido.

- Lo solucionaremos –dijo Remus, pues el sentido de culpabilidad le carcomía-. Hablaré con ella todas las veces que hagan falta hasta que me escuche.

- No te quejes Pad –dijo James pasándole un brazo por el hombro-. Al menos sabes que Kate te quiere a ti y no a un cerebrito, pijo y rubio...

Ahora los chicos habían decidido que era tiempo de levantarle la moral a James, pero Peter interrumpió la conversación.

- James, ¿No es esa tu lechuza? –preguntó señalando al cielo-.

- Pues sí parece. –dijo James viendo a la lechuza gris volar hacia ellos-. ¡Nela, ven chica!

Y la lechuza voló directa a él posándose en el dedo que James la había levantado y picándolo cariñosamente.

- ¡Qué rápido te ha contestado tu padre! –exclamó Remus-.

- Ya ves... esta semana está rarísimo. No sé qué le ha dado tanto escribirme y querer saber qué hago. –respondía este quitando el pergamino enrollado en la pata de Nela-. No tengo ninguna golosina –dijo buscando en sus bolsillos-. Remus, dala un poco de chocolate.

- ¡Ni hablar! –exclamó este ofendido y alejándose-.

- Espera que creo que tengo aquí algo –dijo Peter buscando en sus bolsillos y sacando dos galletas sucias de polvo. Le tendió una a la lechuza que la cogió contenta para después irse, y la otra se la metió en la boca-.

- Vaya pues no es de mi padre –dijo James abriendo la carta-. Es de mi tío.

Querido James,

Confío en que no te moleste que haya cogido prestada tu lechuza para mandarte esta carta. La vi rondar la casa, supongo que buscando a tu padre, y decidí utilizarla. Últimamente tu padre se ha propuesto vigilar mi correo.

Supongo que te extrañarás de su comportamiento en la última semana, pero es que ya ha sabido que te he hablado de la Orden del Fenix, y como preveíamos, no le ha gustado en absoluto. Te agradecería que no le comentaras que me he puesto en contacto contigo.

Quiero pedirte algo relacionado con la Orden. Por supuesto, te repito lo orgulloso que estoy que quieras involucrarte en la causa y entrar en la organización. Estaré encantado de apadrinar tu ingreso, cuando llegue el momento. Pero eso no será hasta que acabes tus estudios.

Sin embargo, hay una forma de que puedas ayudarnos individualmente. Te contaré la situación: Dumbledore nos ha dado a cuatro miembros una caja diferente a cada uno. No nos ha explicado qué contienen las cajas ni para qué sirven, pero ha insistido en que las guardásemos dónde nadie pueda encontrarlas, y las cuatro separadas. Nos ha prohibido expresamente abrir las cajas, pues según dice, podría resultar muy peligroso. Lo que quiero preguntarte es, si estarías dispuesto a guardármela en Hogwarts, ya que es un lugar dónde no sospecharían jamás.

Eres mi mayor esperanza, y no te pediría esto si no fuera muy importante y no supiera que te lo vas a tomar muy en serio. Por favor, mándame lo antes posible con tu respuesta.

Un abrazo.

Adam.

- ¿Orden del Fénix? ¿Qué es? –preguntó Remus mirando la carta-.

- ¿Por qué no me has hablado de todo esto Prongs? –siguió Remus-.

- ¿Qué es eso de involucrarte en la causa? ¿En qué estás metido? –continuó Peter-.

- Chicos, luego os cuento toda la historia. Antes debo ir a contestarle cuanto antes.

Y marchó corriendo a la lechucería a buscar a Nela. Iba subiendo por las escaleras de la Torre cuando oyó unas voces que salían de la estancia. Se escondió rápidamente a escuchar cuando vio que eran Slytherins los que bajaban de la lechucería.

- ¿Duncker? ¿Estás seguro? –preguntó una voz a la que reconoció como Regulus, el hermano de Sirius-.

- Completamente Black. Son ellos.

- Sigo sin verle sentido Avery –dijo un tercero-. No se comportarían así...

- Estoy de acuerdo con Snape. Si fueran hijos de Bernard Duncker se habrían puesto en contacto con nosotros de inmediato. –dijo Regulus-.

- No si deben estar de incógnito. Pensadlo bien. –y bajó el tono de voz, de modo que James tuvo que esforzarse mucho por oírle-. Si el Señor Tenebroso les ha pedido infiltrarse en Hogwarts, no vendrían corriendo a hacer amistad con nosotros, pues ninguno del otro bando se fiaría de ellos.

- Avery, tu teoría está muy bien –dijo Regulus con un bufido-. Pero si el Señor Tenebroso tuviera ese plan nos lo habría hecho saber. Aunque solo fuera a mi familia. Mi prima Bella es su mano derecha, cualquier plan de ese tipo siempre es de su conocimiento. Por cierto, -dijo mirando a Snape-. Me han comunicado que vuestra iniciación coincidirá con la próxima salida a Hosmeade, para que Dumbledore no pueda echar en falta a nadie.

- ¿Cuándo será? –preguntó Snape ansioso-.

- No lo sé pero no tardarán en poner la fecha. –y mirando de reojo a Avery añadió-. Y por cierto, entre los invitados a reunirse con el Señor, no hay ningún Duncker.

- ¡Pero igual están aquí para espiar a Dumbledore!

- Imposible –dijeron Snape y Black a la vez dando por terminada su discusión.

Cuando Avery hubo bajado las escaleras tras sus compañeros, James salió de su escondite en silencio. ¿Dónde había oído él el nombre de Bernard Duncker? Estaba seguro que le sonaba de algo pero no recordaba dónde lo había oído...

- Luego les pregunto a los chicos que seguro Moony sí se acuerda. –se dijo a sí mismo en voz alta, mientras cogía un trozo de pergamino de la pared y le daba la respuesta afirmativa a su tío-. ¡Nela! ¡Baja! –la lechuza estaba durmiendo en una de las perchas más altas y ululó molesta por la falta de consideración del chico-. ¡Vamos! Ya sé que estos días te he cansado mucho, pero lleva la carta al tío y te compraré una jaula más grande.

Nela, que era orgullosa pero no tonta, aceptó el trato bajando de la percha y picándole una oreja a su amo cuando este le ataba la carta a la pata. Después la llevó a uno de los ventanales y la lechuza se perdió en el cielo grisáceo en cuestión de segundos.

OO—OO

Grace había salido de la Torre algo ofuscada. Entre que Lily se pasaba los días con Mark, Kate que estaba triste por su relación fracasada y Gisele, que se pasaba el día pendiente de ella, la verdad es que se sentía bastante sola.

Podría haber aprovechado a pasar más tiempo con Derek, pero últimamente este desaparecía muy a menudo y no la decía a donde iba ni le dejaba acompañarle. Se imaginaba que no se fiaba de ella con respecto a sus "grandiosas" ideas para el quidditch... Se estaba hartando de esa situación.

Precisamente, como si le hubiera invocado con el pensamiento, su novio la alcanzó por la espalda. La tapó los ojos con una mano mientras ponía la otra alrededor de su cintura. Grace le reconoció de inmediato, pues el chico llevaba la colonia que ella le había regalado al hacer los tres meses de noviazgo.

- ¿Quién soy? –la preguntó al oído-.

- Vamos cariño aquí no, que nos puede ver mi novio –bromeó Grace quitándose la mano de los ojos-.

Sin embargo, Derek no entendió la gracia de la frase y la fulminó con la mirada.

- Derek era una broma. Sabía que perfectamente que eras tú –al ver que el chico continuaba mirándola mal añadió-. He olido tu colonia desde el principio.

El chico cambió un poco su expresión. Chasqueó la lengua y la sonrió con arrogancia.

- ¿Quedamos a la noche en los jardines? Cuando acabe el toque de queda... –a medida que hablaba se iba acercando a ella, arrinconándola entre él y la pared-.

- ¿Y si nos pillan? –preguntó ella juguetonamente-.

- Ahí está el riesgo. –sonrió de nuevo con arrogancia al tiempo que se separaba de ella retándola-.

- Allí estaré –respondió Grace con orgullo-.

OO—OO

James volvió corriendo a los jardines, donde había dejado a sus amigos, para contarles todo lo que había oído. Sin embargo cuando caminaba por el césped, un Sirius Black furioso se cruzó con él sin percatarse siquiera de que su mejor amigo estaba allí. Antes de que pudiera detenerlo y preguntarle qué le pasaba, Peter también pasó por su lado siguiendo a Sirius.

James esperó a que llegara Remus, que era el último, pues venía andando con más tranquilidad, para preguntarle qué sucedía.

- ¿Qué pasa Moony?

- Kate –dijo el rubio ante toda respuesta-.

- ¿Pero...?

James no necesitó formular más preguntas cuando vio el panorama que se presentaba a unos metros de él. Kate y otro chico parecían haber estado hablando hasta que Sirius les interrumpió, y ahora este trataba de agredir a ese muchacho. El pobre Peter casi no podía sujetar a Sirius que estaba dispuesto a lanzarse sobre el chico que le miraba extrañado. Kate, por su parte, parecía furiosa, pero, en contra de lo que pensaba James, no le reprochó nada a Sirius sino que se dio la vuelta y marchó dejándolos solos a los tres.

- Vamos a ayudar a Wormtail –propuso Remus avanzando-.

Sin embargo James le detuvo recordando algo.

- Remus... ¿A ti te suena el nombre de Bernard Duncker?

El rostro de Remus se comprimió de repente. Palideció de golpe, su mirada se volvió muy dura y miró a James con la boca abierta, sin creerse lo que oía.

- ¿Hablas en serio? –le preguntó-.

- Claro –dijo James sin comprender-. ¿Sabes quién es?

- Obviamente James. Y tú también lo sabes. ¿No te acuerdas?

- No... Solo he oído a Quejicus y su pandilla hablar de él, y como me es familiar... ¿De qué le conocemos?

- James tío –dijo Remus aún con la boca abierta y moviendo negativamente la cabeza-. Parece mentira... Bernard Duncker es...

- ¡James! –se oyó una voz femenina desde el castillo-.

Era Lily que corría hacia ellos. Tuvo que esquivar a Peter, que salió despedido con un movimiento de varita de Sirius. Este aprovechó para atacar a su víctima como es debido. La pelirroja se tomó un segundo de desconcierto mirando la pelea, pero decidió que el tema a tratar con su amigo estaba antes que una estúpida pelea entre colegiales.

- ¡James! –volvió a llamarle cuando ya llegaba a su lado-. ¡Hola Remus! James, te tengo que pedir un favor.

- Tú dirás –dijo James distraídamente, mirando hacia otro lado. En esa semana apenas había hablado con Lily, y se sentía incapaz de mirarla a los ojos-.

- Resulta que ha habido problemas con los horarios de las rondas. No me he dado cuenta y he puesto a Remus la semana que viene.

- ¡Lily! –protestó el aludido-. ¡La semana que viene es luna llena!

- Lo sé, acabo de verlo en el calendario. ¿Puedes quedarte en la Torre luego un momento para arreglarlo? ¿A las cinco?

- Lily a las cinco tengo entrenamiento, ¿No puede ser ahora?

- Tenemos clase en cinco minutos por si no te has enterado –le dijo ella alzando una ceja-. ¿No puedes retrasar un poco el entrenamiento? No tardaremos más de veinte minutos.

- De acuerdo, avisaré al equipo.

- Vale pues, ¡Vámonos a clase! –exclamó Lily cogiendo a James y Remus de las manos-. ¡Black, estás castigado por agredir a un compañero! –dijo cuando pasaba por su lado-.

- ¡Lily que está pasando una mala época! –replicó James corriendo al ritmo que marcaba la pelirroja-. ¡Por esta vez déjalo!

- ¡Y lo volverá a hacer!

- ¡Que no, que se controla! ¿Verdad Pad?

Siguieron con la misma discusión hasta que llegaron a la puerta de clase que ya se estaba cerrando.

- Por esta te libras Sirius –dijo Lily empujando la puerta-.

Entraron y el resto de la clase ya estaban sentados. James adelantó a sus compañeros y se sentó en el lugar que le correspondía a Lily, junto a Grace. Esa clase la compartían con los Ravenclaws, por lo que la rubia tenía como compañera a su mejor amiga, al menos en Encantamientos.

- James ese es mi sitio –susurró Lily molesta-.

- Espera un momento –la dijo. Luego se volvió hacia Grace, la pasó una mano por los hombros con confianza y la dijo al oído-. Tengo que retrasar el entrenamiento. A las cinco y media ¿de acuerdo?

- Vale, si veo que Sarah y Josh se lo diré. –susurró Grace-.

- Potter –dijo Derek que se sentaba justo detrás de ellos con un amigo-. No es necesario que te arrimes tanto a mi novia para hablar con ella. Además, la pelirroja te ha dicho que es su sitio.

- Tranquilo Rumsfelt, Lily sabe que no la voy a quitar el sitio. –le respondió con una sonrisa burlona-.

Y se levantó dejando sitio a Lily y sentándose junto a Sirius que seguía lanzándole miradas encolerizadas a Kate. Esta fingía ignorarle mientras retorcía su pluma con nerviosismo al notar sobre ella la mirada grisácea del chico. ¡Siempre causaba ese maldito efecto en ella!

- ¡Sadie! –le susurró James a la chica, que se sentaba unas mesas por delante de él con su hermano. Cuando, a la tercera llamada, ella volvió la cabeza, siguió-. El entrenamiento se pasa a las cinco y media ¿De acuerdo?

La chica hizo un movimiento de cabeza pero no dijo nada. Volvió la mirada hacia el pequeño profesor, que en ese momento intentaba subir en la pila de libros que le permitía ver a los alumnos. Su hermano se inclinó hacia ella y la susurró:

- Todavía me cuesta creer que estés metida en un grupo lleno de gente sociable. Al final sorprenderás a mamá y saldrás civilizada.

Sadie gruñó y le golpeó con unos pergaminos en la cabeza.

- Al menos yo no soy el fenómeno de la familia –le susurró cruelmente, dejando mudo a Jeff-.

OO—OO

Cerca de las cinco de la tarde, James llegó a la Sala Común de los Premios Anuales. Entró con paso lento y vio que la Sala Común estaba vacía.

- ¿Lily? –la llamó, pero no obtuvo respuesta-.

Se imaginó que aún no habría llegado y, para ahorrar tiempo, fue a su habitación a ponerse el uniforme y coger su escoba. Así podría salir hacia el campo de quidditch en cuanto acabaran.

Cuando bajó, Lily aún no estaba allí. Miró su reloj y vio que ya habían pasado las cinco.

- ¡Lily! –nada, la chica no estaba por allí. Subió a su cuarto, pero este estaba vacío. Sin embargo del baño salía vaho y se oía el grifo de la ducha-. ¿Lily?

- ¡James! ¡Estoy aquí! Perdona, se me ha hecho tarde. ¡Ahora mismo bajo! –le gritó desde el interior del baño-. ¿Puedes bajar los horarios de las rondas? Están en el escritorio.

James cogió los papeles que había sobre la mesa de Lily, donde también estaba una flor que la había regalado Bennet, y bajó a esperarla. Extendió sobre la mesa todos los papeles e intentó resolver el problema de Remus sin que la ronda le tocara a él, pues sino, no podría acompañarle.

Apenas habían pasado cinco minutos cuando Lily bajó corriendo la escaleras. Solo llevaba una toalla alrededor del cuerpo y el pelo le chorreaba mojando todo el suelo. Se sentó al lado de James, que se había quedado de piedra, y miró los papeles con la mayor tranquilidad del mundo. De repente James reaccionó y se apartó de la chica como si quemara:

- ¡Lily! –exclamó mirándola con los ojos muy abiertos-.

- ¿Qué? –pregunto la pelirroja levantando la vista. Luego se miró y a sí misma, al suelo y al sofá-. Tranquilo James, antes de irme lo seco todo.

- ¿Es una nueva moda esto o qué?

- ¿Eh? –preguntó extrañada. Después volvió a mirarse y esta vez cayó en la cuenta-. ¡Oh! Bueno, es que llego tarde, y si tienes que llegar al campo antes de y media... ¿Te importa?

- No... claro que no –dijo James, aunque su expresión daba claramente a entender que sí le importaba. Intentó concentrarse en los papeles que tenía delante-.

- ¿Crees que Susie, de Ravenclaw, podría hacer la ronda de Remus? –preguntó Lily-.

- Pues... no lo sé, tiene a la semana siguiente,-dijo James mirando otro papel-. Tendríamos que cambiar a otro para que no hiciera dos semanas de rondas seguidas... ¿y Bennet no puede?

- Esta semana está lo del club, por eso le puse la siguiente con Susie. ¿Tú podrías hacerlo James?

- Te recuerdo que si falta Remus, también lo hago yo. –la dijo cruzándose de brazos-.

- Es verdad... haber, Will no tiene hasta dentro de dos semanas. Le puedo cambiar, y que Remus vaya con Jane entonces. Así van dos Gryffindors juntos de todas formas...

- Está bien –dijo James mientras se levantaba y pasaba la escoba sobre su hombro derecho-. Yo me voy ya. Ponte algo más o cogerás un resfriado.

- ¡Gracias papi! –rió Lily mientras James pasaba por la puerta. Después se pasó una mano por su cabello empapado y miró el reloj. -. ¡Mierda! –exclamó mientras subía corriendo a su habitación-.

OO—OO

El entrenamiento había comenzado con algo de retraso, pero ya todos estaban en el aire practicando. Sadie, que se aburría muchísimo, se dedicaba a intentar tirar a Grace de la escoba. Sin embargo, la chica ya había aprendido de su experiencia en la selección y la esquivaba con facilidad.

De repente, la morena distinguió a su hermano corriendo hacia el bosque a toda velocidad. La verdad es que en ese momento no pensó mucho, sólo recordó la burla de su hermano esa mañana y que había prometido venganza cuando este había forzado su entrada al equipo. De esa forma, aprovechó que Jeff parecía distraído para lanzarle a él la bludger.

Como había previsto, este no se dio cuenta de nada, y recibió un golpe en la nuca que lo hizo caer al suelo inconsciente. La chica sonrió malignamente, pero al darse la vuelta vio que James la miraba alzando las cejas interrogantes.

- Las bludgers no se lanzan contra el publico, Sadie. –la dijo-. Y hay que tomarse muy en serio el entrenamiento, o Ravenclaw nos hará polvo en el partido.

- Se me ha escapado –le respondió intentando poner una sonrisa inocente, que al no ser lo típico en ella, provocó un escalofrío en sus compañeros. Después salió volando para recuperar la bludger que había desaparecido-.

- Esa chica es rarísima –le susurró Nicole a Josh-. ¿Has visto que sonrisa tan extraña tiene?

- Ya te dije que fue un error meterla en el equipo –le dijo Grace a Sarah-. Esta vez el capitán la ha cagado.

Para desgracia de Grace, James oyó ese comentario y decidió molestar a la rubia abusando un poco de su poder.

- Grace, vete a ayudar a Sadie a buscar la bludger, por favor. –la pidió sonriéndole inocentemente, cosa que él sí sabía hacer a la perfección-.

- ¡Pero ella la podrá encontrar sola! –protestó la chica-.

- O vas o pongo a Betty en tu lugar en el partido. –la dijo encogiéndose de hombros-. Ya sabes que está deseando dejar el puesto de reserva...

- Dictador –murmuró la chica mientras descendía con el escoba hacia donde había ido Sadie-.

Al principio la costó encontrarla, pues no veía ninguna escoba volar por los alrededores, pero al final distinguió en el suelo a la chica, que estaba de espaldas, y buscaba entre unos matorrales, al lado de los vestuarios, con la escoba tirada a un lado suyo.

- ¿Sabes Williams? Las bludgers suelen ir volando... –la dijo irónicamente-.

El comentario hizo que la otra chica se diera la vuelta bruscamente, la lanzara una dura mirada y continuara a lo suyo.

- Ha caído por aquí y no ha vuelto a subir, así que no puede estar muy lejos Sandler –la dijo al cabo de unos minutos-.

Grace suspiró y se acercó para buscar la pelota entre los zarzales.

- Sandler, no te necesito para esto –susurró Sadie con irritación-.

- Eso no es lo que opina James -dijo Grace sonriendo irónicamente-. O si no, no me habría enviado a ayudarte.

- ¿Quién os creeis que sois para molestarme? –exclamó Sadie subiendo el tono de voz-.

- Mira Williams –dijo Grace suspirando-. Debes hacerte a la idea de que en los equipos hay jerarquías, y si el capitán manda algo, se hace. Nadie hace nada para molestarte, todos pasamos de ti. Pero si estás en un equipo intenta fingir que no eres la reina del misterio y trata con compañerismo a los demás.

- ¿Yo reina del misterio? –exclamó la morena molesta-. ¿Quién es aquí la que va por el colegio creyéndose superior al resto? ¿De qué vas? –se acercó a la rubia hasta que la tuvo justo delante. La sacaba unos centímetros, y debía bajar la vista para mirar a los ojos, pero eso no pareció molestar a Grace-. Tu crees perfecta Sandler, con una vida perfecta, unos amigos perfectos, un novio perfecto, ¡y metiéndote en cosas que no te incumben!

- ¿Tú de qué conoces mi vida Williams? ¿Con qué derecho me juzgas desde el primer día si no me conoces de nada? ¡Yo llevo aquí siete años y tengo muchísimos amigos aquí que me quieren! ¡Tú solo has conseguido caer bien a los que te tienen lástima, pues todo el mundo piensa que eres una tía rara, grosera y maleducada! –la recriminó Grace alzando la barbilla para estar a su altura-.

- ¡Desde que tengo la desgracia de compartir habitación contigo no he visto en ti ni un rastro de humildad! –la espetó Sadie furiosa. En ese momento se oyeron unas risas y un conversación a gritos desde dentro del vestuario. Grace intentó averiguar quienes eran, pero Sadie no parecía haberse percatado de nada-. ¡Si tantos amigos tienes, fíjate más en sus vidas y sabrás que el mundo no es precisamente perfecto!

- Williams, calla un momento –pidió Grace bajando la voz e intentando escuchar la conversación que se producía dentro-.

- ¿Te has fijado, tal vez, que Gisele cada día sonríe menos? ¿O que Kate está más extraña que nunca, por lo que dice Lupin?

- Williams, espero que quiero oir...

- ¡Porque yo apenas les conozco y he ido notando cambios en ellos, pero claro, la señorita perfección está muy por encima de los problemas mundanos de la gente!

- ¡Williams cállate joder! –estalló Grace poniendo una mano en la boca de la morena y arrastrándola más cerca de la puerta del vestuario-.

Sadie al principio intentó librarse de la sujeción de su compañera que, al parecer, era más fuerte de lo que parecía. Blasfemó y la empujó repetidamente, hasta que el ruido de la conversación del interior también atrajo su atención. Grace la soltó y permanecieron agachadas, escuchando atentas la conversación de voces que tanto la sonaban a Grace. Se oían las duchas conectadas, y las voces eran todas de hombres.

- ¡Esta tarde tengo castigo con McGonagall! ¡La muy zorra me la ha vuelto a liar esta mañana! –se lamentaba un chico-.

- ¡Míralo por el lado bueno Tyler! –decía otro con sorna-. ¡Ni en tus mejores sueños pensabas que este viernes quedarías con una chica!

- ¡Cállate Hamilton! ¡Por si no te habías dado cuenta tienes la gracia en el culo! –le respondió el primer chico molesto-.

- ¿Y tú has quedado con alguien, Andrew? –preguntó un tercero-.

- ¡Por supuesto Dave! ¡Hoy es viernes! –contestó la segunda voz riéndose-.

- ¿Y tú, Derek? –volvió a preguntar el chico-.

- A la noche he quedado con Grace...

Grace se apretó más contra la pared cuando oyó la voz de su novio.

- ¿Todavía sigues con ella? –preguntó el chico llamado Andrew-. ¿Cuánto tiempo más la vas a aguantar? Pensé que cuando te la tiraras pasarías de ella.

Todos se rieron y Grace se sonrojó, pero no de vergüenza, sino de furia. Sadie la miró con el ceño fruncido ante de volver la vista a la puerta entreabierta.

- La chica se lo monta bien. Se merecía dedicarla unos meses en exclusiva –dijo Derek entre las risas de sus amigos-. Tenía pensado dejarla esta noche. Ya sabéis, después de echar uno de despedida.

- ¡Hay que saber despedirse a lo grande! –volvió a exclamar el otro chico riéndose-.

- Pues sí –rió Derek-. Ya me estoy trabajando a otra ¿Sabeis? Esa no tardará en caer. Es la tía más ingenua que he conocido en mi vida.

En ese momento Grace ya habría entrado en el vestuario gritando y pegando patadas a diestro y siniestro, sino fuera porque ahora era Sadie quien la sujetaba. La rubia no recordaba haber estado nunca tan furiosa.

- A mí Grace me cae bien –intervino el chico llamado Dave-.

- Ya he dicho que está bien –asintió Derek-. Sin embargo, no me apetece cenar las sobras de los Gryffindors...

- ¿Qué quieres decir? –preguntó el cuarto chico, que hasta entonces había estado callado-.

- No estoy seguro del todo. Pero creo que la dulce e inocente Grace no es tan inocente como creía. Cuando empezamos a salir, ella medijo que había estada más que liada con uno de los leones, y si mi intuición no me falla, y pocas veces lo hace, ya sé con quién lo estuvo, por mucho que lo haya querido ocultar...

Sadie notó como Grace se tensaba, y esta dejó de intentar zafarse para quedarse completamente quieta. La chica vio cómo la rubia palidecía de golpe mientras negaba imperceptiblemente con la cabeza. Sin embargo, dentro de los vestuarios la conversación seguía sin interrupciones.

- ¿Con quién estaba, Rumsfelt?

- Con Potter.

Hubo un momento de silencio y de golpe se oyeron cuatro risas que tapaban los comentarios de sus autores. Sadie se quedó mirando a Grace que había fruncido el ceño, preguntándose si era cierto aquello. Inclinó la cabeza para quedar frente a ella, aunque Grace solo la miró un instante. Fue suficiente para leer la mente de la chica y sorprenderse de la realidad.

- ¡Voy a cargarme a ese cabrón! –murmura Grace con ojos centelleantes-.

Sadie solo atinó a placarla y tirarla al suelo. La inmovilizó e hizo mirarla a los ojos.

- Sandler, si lo que quieres es vengarte de él, esa no es la manera correcta. –la susurró-.

- ¿Tú qué sabes Williams? ¡Déjame ir! ¿Tan mal te caigo que no me dejas ni tomarme la revancha en esto? –la espetó furiosa-.

- ¡Sé inteligente joder! Si entras ahí dentro y le montas un pollo delante de sus amigos, sólo conseguirás que pueda cortar contigo más fácilmente y encima, quedando como un gallito. Piensa en frío, y dale dónde más le duele.

Grace dejó de empujar a Sadie y la miró como si la viera por primera vez, con los ojos entornados.

- En su ego... –acaba completando la frase de la morena. Se lleva una mano a la barbilla pensativa, y una sonrisa malévola se asoma a sus labios-. Algo se me tiene que ocurrir...

- Aprovecha que hoy ha quedado contigo. No dejes que diga él la última palabra.

- Sí –dijo Grace aún pensando en el posible plan. De repente salió de su ensimismamiento y miró extrañada a Sadie-. ¿Por qué de repente me ayudas?

Sadie se encogió de hombros y la contestó:

- Porque acabo de descubrir a alguien que me cae aún peor que tú. –y se dio la vuelta para recoger la bludger-. Venga, volvamos que James debe estar echando humo.

OO—OO

Lily se encontraba en la eterna reunión del club de ajedrez mágico y, como es lógico, se aburría enormemente. En frente de ella, su novio llevaba diez minutos de reloj con la mano en la barbilla pensando su próximo movimiento.

Suspiró reclinándose en la silla y observando a su alrededor. Todos estaban callados y concentrados en el juego. La pelirroja rodó los ojos y acabó bostezando disimuladamente. Se habría borrado con gusto del club, sino quedara muy sospechoso que la novia del líder del club abandonara nada más empezar a salir con él.

Por aburrimiento comenzó a calcular cuántos días más necesitaría aguantar esas reuniones para que no quedara muy evidente su huída.

"Y yo aquí cuando tengo la tarea de Herbología sin terminar..." pensó la chica mirando ya molesta a su novio que no acababa de decidirse. Desvió su mirada hacia la ventana, donde podía ver parcialmente la montaña que había sobrevolado con James el sábado anterior. Sonrió con nostalgia recordando esa sensación de altura, ese paisaje tan basto y bello visto desde tan arriba, lo comprensivo que había sido su amigo con ella...

- ¡Lily!

Saltó sobre la silla y se sorprendió de ver a Mark mirándola.

- ¿No me escuchabas? –la preguntó-.

- Perdona –le dijo con una sonrisa tímida-. Me he distraído.

"Haber qué ficha muevo" pensó, "Bueno, la torre parece bonita..." pensó con desgana y procedió a mover la primera ficha que vio.

OO—OO

Remus preparaba sus cosas con nerviosismo. No era la primera vez que iba al Bosque Prohibido. No tenía nada que ver con que faltara menos de una semana para que su otro yo se manifestara. Y ,definitivamente, no le preocupaba que le había ocultado todo eso a sus amigos... No le importaba el peligro que él corriera, pero sí el que podría correr la otra persona. El día que tanto había temido había llegado, y Remus temblaba con solo pensar en que algo podría salir mal.

Cogió el mapa del merodeador. Se le llevaría él. No porque necesitara orientarse. El Bosque era su segundo hábitat, se lo conocía como la palma de su mano. Pero no podía permitir que nadie, ni siquiera sus fieles amigos, supieran quien estaría esa noche en el Bosque Prohibido. Aún no por lo menos.

Dejó la mochila escondida bajo su cama. Aún quedaban varias horas para la una de la madrugada, pero necesitaba tenerlo todo listo. Cerró la puerta del dormitorio y bajó las escaleras hacia la Sala Común.

No estaban ninguno de sus amigos, así que sus opciones eran mantener una apasionante conversación sobre qué debían ponerse las chicas para sus citas de esa noche, o sentarse en un sillón y fingir que leía algo. Tras una ardua decisión, tomó el Profeta y se sentó junto a la ventana.

Pasado un rato, se abrió el retrato y entraron por él Sirius y Gisele. El primero había perdido el enfado que tenía hacia unas horas, y la segunda le palmeaba a espalda susurrándole cosas.

- Ya se dará cuenta del error que ha cometido, ya verás –decía la chica-.

Remus se sintió culpable por haberse despistado tanto con su preocupación, que casi había olvidado el tema de Sirius y Kate. No había podido convencer a la chica en toda la semana, y el saberse responsable no hacía más que incrementar su sentido de culpabilidad. Él, que siempre era la parte reflexiva del grupo, había provocado un gran problema a uno de sus mejores amigos. Solo por una apuesta. Solo por divertirse. Pero es que se le olvidó que para hacer el loco como Sirius, hacían falta muchos años de experiencia.

- ¿Qué ha pasado ahora? –la preguntó a Gis en un susurro-.

- En realidad nada. Pero Kate es una cabezota. –le confió la chica-. Ha intentado hablar con ella, y ella ha vuelto a salir corriendo. No sé qué diablos pasa por su cabeza...

Sirius se sentó en el sillón que estaba al lado de Remus con un gran suspiro, pero sin perder su característica elegancia. Su amigo le dio una palmada en el hombro e intentó distraerle sacando un tema de conversación al azar. Gis, por su parte, a falta de un sillón se sentó en el pasamanos del asiento del moreno.

La chica no dejó de notar ciertas miradas sobre ellos. Había un pequeño grupo de chicas que la miraban bastante enfadadas. ¿Por qué? De repente se acordó que estaba sentada en el mismo sillón que Sirius Black y que, para algunas chicas de cursos inferiores, eso era todo un lujo que nadie merecía. Jamás había entendido esa obsesión de algunas. No es que fueran todas, ni es que fueran muchas siquiera. Y no la extrañaba que el chico tuviera éxito, pues tenía un físico evidentemente muy atractivo, de eso no había duda. Pero algunas parecía que quisieran encerrarlo en formol. Tanta alegría porque hubiera roto con Kate... ¿Cómo podían estar felices porque el chico que aseguran adorar estaba triste? Negó con la cabeza incrédula y, sin darle más vueltas, se unió a la conversación de los dos chicos.

OO—OO

Peter estaba en la Biblioteca cumpliendo su último día de castigo. Miraba hacia las ventanas, donde se veía parte de los jardines y el campo de quidditch. Sonreía con nostalgia, pensando en lo bien que estaría allí fuera y en lo mucho que se aburría colocando las estanterías.

En ese momento se arrepentía de haberle dicho a Sirius que no se inculpara él también. De esa forma estaría acompañado y no se aburriría tanto. Los dos estarían riéndose a escondidas de Madame Pince, pensando en alguna maldad contra los Slytherins. Seguramente Sirius habría tenido multitud de ideas a esas horas, le habría contado a él algunas con las que se habría reído, y habría guardado las mejores para contárselas a James.

Pero no, tuvo que ser precisamente entonces cuando a él le entraba la valentía y la responsabilidad y decidiese cargar con todo él solo. Se había sentido tan tranquilo al saber que no sería expulsado que cualquier castigo le parecía poco.

Así pasaba Peter la tarde, refunfuñando en voz baja mientras volvía a colocar todos los tomos en sus correspondientes estanterías. Miró para atrás y bufó más fuerte al ver todo lo que le quedaba. ¡Y la bibliotecaria le había dicho que ese día hasta que no terminara no se iba! Estaba perdido...

Una de las veces que miró por la ventana, se distrajo tanto que los libros que llevaba en el regazo acabaron esparcidos por el suelo. Sin embargo, Peter no oyó el ruido pues estaba muy ocupado mirando algo del exterior, o más bien a alguien. Allí estaba la chica que la última semana le había quitado el sueño (o al menos había conseguido que tardara más de diez minutos en dormirse). Peter no podía imaginar a una chica más perfecta que esa. Parecía una amazonas, atravesando el aire con la escoba como un rayo. Con su pelo recogido en una coleta que la hacía la cara más aniñada, y con ciertos mechones que se escapaban y volaban en todas direcciones, dándola un aire más salvaje.

El chico no paraba de preguntarse cómo acercarse a ella, cómo conseguir gustarle, cómo hacer que se percatara de su existencia... Los gritos de Madame Pince le sacaron de su pensamientos y se apresuró a recoger los libros que tanto dolor la daba a esa mujer ver en el suelo. Intentó ser rápida haber si así se callaba la muy pesada...

OO—OO

Había acabado el entrenamiento y Grace, que se había conseguido reprimir todo ese tiempo, salió escopetada a un lugar donde pudiera estar a solas. Sadie no había cambiado su opinión sobre ella, pero no pudo evitar ponerse de su parte tras oír semejantes barbaridades de parte del Ravenclaw. cuando la rubia pasó por su lado la susurró:

- Lo que le hagas que le duela mucho...

Le pareció percibir una pequeña y fugaz sonrisa por parte de la chica, que inmediatamente salió corriendo hacia un lugar solitario.

Al salir del campo, Grace se cruzó con Regulus, quien al verla tan apresurada la paró. Ya era la segunda vez que la encontraba mal en ese mes. A Regulus Black la mayoría de las cosas apenas le importaban, pero ver sufrir a Grace Sandler era algo insoportable para él.

- ¡Grace! ¿Estás bien? –la preguntó sujetándola un brazo-.

- Sí Regulus, pero tengo prisa. –le contestó ella intentando esbozar una sonrisa-.

- ¿Seguro que nadie te ha hecho nada?

- No que va, es que vengo cansada del entrenamiento. Hablamos en otro momento ¿vale? Tengo prisa. –y se soltó, pero en el último momento el Slytherin la volvió a coger del brazo para atraerla hacia él-.

- ¿Sabes que a mí puedes contármelo todo no? –la dijo mirándola directamente a los ojos-.

- Sí. –le dijo ella, olvidando la discusión que habían mantenido unos días atrás-. Pero ahora tengo que irme. Por favor, Reg...

No supo si fue porque ella usó el apodo con el que tanto le había llamado, o porque le suplicó, pero la dejó marchar sin preguntarle más. Ya averiguaría por él mismo qué la había ocurrido.

Sin embargo, poco más allá vio a Sadie Williams caminar con total parsimonia hacia el castillo, y se preguntó si no sería ella la causante de todo. La chica ya le había visto y sonreía burlonamente. ¡Dios mío cuanto le recordaba a su prima! Avanzó hacia ella y la encaró.

- ¿Qué ha pasado con Grace?

- Black, sino te lo ha dicho será que no quiere que tú lo sepas. –le contestó manteniendo la sonrisa-.

- ¿Has sido tú? –la volvió a preguntar saliendo de su habitual frialdad-.

Sadie enarcó una ceja y echó a reír ante la incredulidad del muchacho. Después le volvió a mirar, con su sádica sonrisa y la cara y la palmeó una mejilla.

- ¡Que sorpresa te llevarías!

Y le rodeó para pasar al castillo. Sin embargo, esta vez el Slyterin no iba a permitir que le dejara con la palabra en la boca. La tomó con fuerza del brazo y la empotró contra la pared, quizás con demasiada brutalidad. Sin embargo, la chica no pareció asustada sino que le miraba divertida. Regulus no estaba para bromas.

- Solo que te quede claro Williams, que lo que le pasa a Grace Sandler me afecta a mí. Y si algo la hace sentirse mal, yo lo destruyo. ¿Me he explicado con claridad?

Sadie no le contestó inmediatamente, sino que le miró directo a los ojos, y al cabo de unos segundos le dijo:

- Así que así es Regulus Black cuando se quita el frío caparazón ¿no?

Pilló a Regulus tan de sorpresa que no le contestó. Se limitó a responderla la mirada, justo a los ojos.

Así se tiraron un rato, hasta que otra voz les sacó de la concentración. Era Jeff llamando a su hermana. La chica apartó inmediatamente a Regulus y se dirigió hacia él, y pasó de largo esperando que su hermano la siguiera. Pero Jeff tardó unos segundos en reaccionar, pues intentó mandarle una mirada de advertencia al pequeño de los Black. De un momento a otro entrecerró los ojos y se volvió rápidamente hacia el camino tomado por Sadie.

- Un chico valiente... –susurró-.

- Yo no le describiría de esa forma –le dijo su hermana. Jeff se limitó a encogerse de hombros-.

- No debiste tirarme la bludger –dijo aparentado distracción-.

- ¿Qué pasa? ¿Te dolió mucho? –se burló su hermana-.

- No –contestó Jeff-. Pero yo iba al bosque porque había visto a Lord. Pero claro, con el golpe he perdido la pista de la lechuza...

Su declaración tuvo el éxito esperado y Sadie se paró aterrada. Le miró con los ojos centelleantes de furia, y exclamó al tiempo que salía corriendo:

- ¡Maldito pajarraco!

OO—OO

Grace se paró en seco al oir la voz de Derek en el pasillo. Se metió corriendo en un aula vacía y a los pocos segundos este pasaba acompañado de una chica. Iban hablando, ella le cogía a él del brazo cariñosamente, mientras él la hablaba seriamente. Grace se asomó un poco y, para su estupefacción, le vio fingiendo un llanto perfectamente. Y decía fingir, porque sabía que el chico jamás lloraba. De hecho, desde esa tarde dudaba que tuviera sentimiento alguno. ¿Quién podría ser la ingenua que se tragara esa escenita?

La respuesta la tuvo cuando la chica mostró su cara con un movimiento. Era Kate. Kate Hagman. Su compañera de cuarto, su amiga y hasta la semana anterior, la orgullosa novia de Sirius Black. ¡Un momento! ¿Había dejado a Sirius por esto? Grace ni siquiera podía creer lo que veía.

OO—OO

La mente de James estaba en blanco. De fondo oía a Nicole hablarle de las nuevas jugadas que quería comentarle y de la ilusión que la haría utilizarlas. Resopló... la chica era una gran buscadora, pero también podía llegar a ser muy pesada. Hacía rato que no la miraba, que no la respondía ni con monosílabos, pero aún así ella seguía hablando como un disco rayado. De hecho, estaba casi seguro de que ella tampoco le prestaba atención. Le hablaba como a una pared, sin esperar a que la contestara.

Entonces algo lo sacó de sus pensamientos. Se encontraba justo delante del retrato de la Dama Gorda. ¿Cómo había llegado ahí? ¿Tanto había aislado su mente que no se había dado cuenta que se había equivocado de torre? Cabreado pensó que si se hubiese fijado por donde iba, hacía rato que hubiera dejado de escuchar a Nicole.

Buscó el lado bueno, y es que, si su subconsciente le había llevado a la torre Gryffindor, no había nada malo en echar el rato con sus amigos. Justo al lado de la ventana vio a Sirius, Gis y Remus. Se despidió con rapidez de Nicole y se dirigió apresuradamente hacia ellos. Gis fue la primera en verle y le dedicó una amplia sonrisa, como era costumbre en ella. Remus también se alegró mucho de verle, pues si alguien podía animar a Sirius, ese era James. Este se dejó caer en el reposabrazos del sillón de Remus suspirando y miró a su mejor amigo hasta que este le devolvió la mirada.

Sirius vio a su amigo mirarle fijamente y después esbozar una sonrisa traviesa. Eso solo podía significar una cosa, y por eso Sirius también sonrió: James Potter acababa de tener una idea, y no tenía buenas intenciones...

- Hoy es viernes –dejó caer James, esperando que sus amigos pillaran la indirecta sin tener que decir algo delante de Gisele-.

- Y mañana no hay que madrugar –siguió Sirius quien ya lo había entendido todo y sonreía con tan malas intenciones como su amigo-.

- ¿Lo que significa que aprovechareis la noche para adelantar deberes? –preguntó Remus riendo y sabiendo por adelantado que la respuesta sería que no-.

James y Sirius comenzaron a reír por la ocurrencia de su amigo y se miraron con complicidad. James aprovechó que la chica estaba distraída mirando alrededor, para inclinarse hacia Remus y preguntarle al oído.

- ¿Te apuntas a una noche merodeadora?

- Me encantaría Prongs –respondió este-. Pero ya hice planes para hoy.

James le miró alzando las cejas y sonriendo más traviesamente. Remus rió y contestó a la pregunta no hecha.

- No me malinterpretes ¿eh? Ya te contaré.

James rio también y se levantó. Se sentó en el otro posabrazos del sillón ocupado por su mejor amigo y pasándole un brazo sobre los hombros le dijo:

- Hace mucho que no visitamos a Madame Rosmerta...

- Y seguramente ya nos echará de menos –terminó Sirius riendo-. Siempre consigues animarme tío.

- Bueno, para eso me pagas –contestó James bromeando-.

- ¿Qué susurráis vosotros dos? –preguntó Gisele sonriendo-. Nada bueno seguro...

- Gis –dijo James haciéndose el interesante-. Nosotros nunca preparamos nada bueno.

Y los tres merodeadores empezaron a reír contagiando a la morena.

OO—OO

- Lily –dijo Mark levantando su vista del libro de Encantamientos-. ¿Es cosa mía o esta última semana se te ha dado mucho mejor Encantamientos?

- Es cosa tuya –respondió la chica rápidamente y sin levantar la vista del pergamino donde escribía la redacción de Defensa Contra las Artes Oscuras que la habían mandado esa mañana-.

- Ya... –dijo el joven mirando a su novia intentando no dudar de ella-. ¿Quieres que repasemos un poco?

- No, no. Que tengo retrasado esto otro –dijo ella. Después levantó la vista y le sonrió-. Gracias de todas formas –añadió tocándole la palma de la mano con los dedos-.

OO—OO

Grace entró en la Sala Común de Gryffindor como una exhalación. Seguía enfadada y molesta, y desde luego no tenía ganas de hablar con nadie. Por eso hizo oídos cuando Gisele la llamó, y apartó la vista corriendo al ver a Black con su amiga y los demás. El haber visto con sus propios ojos que las palabras de su todavía novio eran verdad, que ya tenía a otra chica preparada para sustituirla, y que encima esa chica era la ex novia de su compañero, no le había sentado bien.

Ahora comprendía por qué Kate no las quería decir por qué había dejado a su novio. Pero le parecía increíble que la chica alegara que él le podía ser infiel cuando era ella quien lo estaba siendo. Desde luego era de tener muy poca vergüenza... Quizá Black debería saber el por qué del comportamiento de Kate, y que de esa forma dejara de comerse el coco por algo de lo que no tenía la culpa... "No, mejor no" pensó, "Black no se merece esa consideración".

Subió las escaleras de la habitación de dos en dos, entró en el cuarto y cerró de un portazo. Se tiró a su cama, cerrando las cortinas y miró el techo de su cama, pensando. Desde luego ese día había sido rarísimo. Descubría que su novio era el mayor caradura del mundo, que solo jugaba con ella, y además mentía sobre su relación. También descubrió a qué venía tanta insistencia en quedar esa noche fuera de los límites del colegio, y no pudo sorprenderse más al saber que ya tenía una sustituta. Y claro, la sorpresa fue a más cuando descubrió que esta era nada más y nada menos que Kate, ¡Kate! Encima, para el colmo a la ironía, resultaba ser la chica que odiaba la que la ayudaba a no quedar en ridículo.

Desde luego esa alemana era rara, muy rara. Pero Grace sabía que si había algo que se la diera bien, eso era el vengarse. Era una chica retorcida y sádica, borde y fría. Por un momento envidió esa forma de ser, pues con ella podría vengarse a lo grande de Derek. Pero ella también contaba con otras herramientas, ¡Ella era una Sandler! ¡Una Gryffindor! Pensó en qué haría su abuela en su caso, y sonrió traviesamente. Desde luego una Sandler no era fría y calculadora, pero también tenía sus artimañas para salir vencedora.

OO—OO

James y Sirius marchaban corriendo hacia la Sala Común de los Premios Anuales. Ni siquiera esperarían a cenar, ya tomarían algo en Hosmeade. Lo único que quería era coger la capa invisible del baúl de James y, marchar hacia allí. Tendrían que tener cuidado, pues Remus les había pedido llevarse él el mapa del merodeador, por lo que a la vuelta debían tener los ojos muy abiertos.

Cuando dieron la vuelta a la esquina del pasillo por el que se entraba en la Torre, James se paró en seco, haciendo que Sirius se diera contra él y perdiera el equilibrio. Este se sujetó a una columna para no caer y miró a su amigo que se había quedado serio de repente mirando al frente.

Allí, a la entrada de la Sala Común y con los jugadores de pocker de espectadores, Lily y Mark se besaban apasionadamente. El rubio tenía abrazada a su chica por la cintura muy castamente, mientras que ella le acariciaba el cuello y el pelo con pasión. Sirius pasó un brazo por los hombros de su amigo empujándola hacia allí.

- Recojamos la capa invisible y salgamos de aquí cuanto antes –le dijo-.

Cuando llegaron a la altura de la pareja, estos se separaron tímidamente, y les dejaron pasar. Les saludaron pero lo único que tuvieron de vuelta fue un leve asentimiento de cabeza por parte de Sirius, que lanzó una mirada de profundo odio al Hufflepuff. James ni siquiera levantó la vista, y su expresión era indescifrable.

El chico no se paró en contemplaciones y subió corriendo a su habitación. Abrió el baúl con brusquedad y sacó la capa sin cuidado.

- ¿Vamos? –le preguntó a su amigo que le esperaba en la puerta-.

- En marcha –dijo Sirius mirándole de reojo-. Prongs ¿estás bien?

- Sí –dijo este andando más deprisa de lo normal-. Y en cuanto tome un whisky de fuego estaré perfectamente.

- Me apunto a esa ronda –dijo Sirius sonriendo-.

OO—OO

Sadie y Jeff estaban por la inmediaciones del Bosque Prohibido buscando a su lechuza, la cual no daba señales de vida.

- Vamos –dijo la chica adelantándose y entrando al bosque-.

- ¿Estás loca? ¡Está prohibido! –protestó su hermano-.

- ¡No hay más remedio Jeff! No sé por qué Lord fue a parar allí. A saber qué hiciste para que huyera hacia aquí –le dijo mirándole por encima del hombro-.

- ¿Qué voy a hacer yo? ¡Lo que pasa es que ese pájaro está viejo ya y no sabe ni para dónde va! –protestó Jeff-.

- Bueno, me da igual. Tenemos que encontrarla. Esa lechuza nos traía información importantísima, que si no nos llega puede echar a perderlo todo.

Jeff bufó pero se dispuso a seguir a su hermana al interior del bosque cuando una sombra inmensa les tapó la luz que les llegaba a sus espaldas. Al darse la vuelta vieron a un hombre gigantesco, muy peludo y con un rostro muy serio.

- ¿Qué hacéis aquí? –les preguntó Hagrid-. Esta zona está prohibida para los alumnos.

Sadie no le contestó, sino que le miró fríamente y se planteó ignorarle y seguir su camino cuando su hermano habló.

- Disculpe pero es imprescindible que entremos. Nuestra lechuza está ahí perdida.

- En ese caso me lo decís y yo la buscaré. Soy el guardabosques, conozco perfectamente esta zona. –le respondió Hagrid algo más amable ante la timidez del chico-. Si veo alguna lechuza por aquí os avisaré ¿De acuerdo?

- Va- vale –respondió Jeff muy poco seguro-.

- ¿Sois Gryffindors? –preguntó Hagrid al ver sus escudos en las túnicas. Ambos muchachos asintieron con la cabeza y Hagrid sonrió por primera vez-. ¿Conocéis a Gisele Mendes?

- Va a nuestro curso –respondió Jeff notablemente más relajado-.

- Una gran chica. La gustan mucho los animales –dijo Hagrid-. En fin –siguió recuperando la compostura-. Si veo vuestra lechuza la llevaré a la Torre Gryffindor cuanto antes. Ahora id hacia los terrenos permitidos.

Y se alejó de allí dejando solos a los hermanos. Comenzaron a andar hacia el colegio en silencio, cuando Sadie dio una colleja a su hermano.

- ¿Por qué me das? –preguntó Jeff irritado y tocándose la nuca-.

- Porque eres idiota. ¿Cuándo mamá dijo discreción tú estabas escuchando? Solo nos faltaba que un estúpido guardabosques encuentre a Lord y lea nuestra carta.

- Ha dicho que nos llevaría la lechuza, no que leería el correo.

- ¿Y cómo sabes que podemos confiar en él? –le preguntó furiosa la chica-.

- Pues...

- ¡Tenemos que encontrarla antes que él! –exclamó Sadie-. Después de cenar saldremos de nuevo y buscaremos por todo el bosque.

- ¿Pretendes pasar la noche en el Bosque Prohibido?

- No, pretendo que la pasemos los dos, o al menos hasta que ese maldito pajarraco aparezca.

OO—OO

James y Sirius entraban en las Tres Escobas vigilando que ningún profesor decidiera ir a tomar un trago para celebrar el fin de la jornada. El local estaba libre de intrusos y entraron confiados. Ya habían estado allí demasiadas veces, y Rosmerta jamás se había chivado de sus visitas a destiempo.

Los dos chicos se acercaron a la barra, y al verlos la mujer empezó a reír disimuladamente por sus travesuras.

- Veo que otra vez os habéis escapado –les dijo mirando a uno y a otro sonriendo-.

- James ¿Qué veo? –comenzó Sirius-. Hemos muerto y estamos en el cielo. De otra forma no me explico cómo podemos tener semejante ángel frente a nosotros.

- Es cierto Sirius. Seguramente una bludger me ha dado en la cabeza y estoy teniendo una visión de la mujer perfecta.

Madame Rosmerta comenzó a reírse complacida mientras los dos amigos se miraban sonriendo. Ambos sabían que con decirla a la mujer un par de piropos, ella no diría nada en Hogwarts y además les daría un buen whisky de fuego, además de una conversación agradable.

- ¿Qué quieren los caballeros? –preguntó Rosmerta sonriéndoles-.

- Dos whiskys de fuego y la conversación de la mujer más inteligente y bella del bar –dijo Sirius que siempre tuvo más facilidad de palabra, o menos vergüenza, que viene a ser parecido-.

La mujer les sirvió y estuvieron horas bromeando con ella, olvidándose las penas en Hogwarts y disfrutando del viernes de Hosmeade y la inconsciencia que provoca el alcohol.

OO—OO

En Hogwarts ya era la hora de la cena, aunque la mesa de Gryffindor estaba extrañamente silenciosa ese día. Faltaban varios de los alumnos de séptimo, y dos de los merodeadores, y eso se notaba.

- Remus, ¿Dónde están James y Sirius? –preguntó Gisele que se sentaba junto a una despistada Kate, la que por cierto bufó al oír el nombre de su ex.

- No tenían hambre. –respondió Remus secamente y sin ganas de hablar. Él estaba nervioso por lo que sucedería esa noche, y tenía miedo que se le escapase algo delante de Gis, pues esta querría acompañarle. Además, tenía que encubrir a sus amigos-.

- Hola –dijo Lily apareciendo en la mesa. Miró de un lado a otro y frunció el ceño-. ¿Grace no ha bajado?

- No –la respondió Gisele, al tiempo que Kate volvía a bufar-. No se encontraba muy bien.

- Ah –dijo Lily pensativamente. Quizás había pasado demasiado tiempo con su novio y había descuidado a su mejor amiga-. Ceno y voy a verla.

Algo más apartados, los hermanos Williams cenaban en silencio. Cuando una chica se quiso sentar a su lado, Jeff quitó del banco una mochila para dejarla sitio.

- ¿Para qué es? –preguntó Sadie sin apenas mirarle-.

- He traído unos abrigos –dijo Jeff mirando a la chica de al lado-. Por si luego tenemos frío.

- Siempre preocupándose por las tonterías –susurró Sadie molesta-.

En otra ocasión, Jeff la habría contestado, pero sabía que el humor de su hermana ese día era peor aún que el habitual. Se metió otra cucharada en la boca mientras veía a la chica de al lado servirse un poco de zumo de calabaza.

OO—OO

James y Sirius llevaban varias horas en las Tres Escobas y el alcohol les iba pasando factura. Los chicos se reían por cualquier cosa, y eran la sensación del bar esa noche. Todo el mundo estaba pendiente de su concurso de chistes, que a cada hora eran peores. Sin embargo, como los otros clientes también iban más bebidos a medida que pasaba el tiempo, reían a mandíbula batiente.

- Había una vez una ollita que no quería ser olla, y las otras ollas le insistieron y la presionaron tanto para que lo fuera, hasta que se volvió una olla a presión. –dijo Sirius provocando una carcajada general-. Te toca hermano.

Se bajó de la barra tambaleándose y dejó sitio a James que no podía parar de reir. Cada vez que intentaba hablar se volvía a reír, y el resto de la gente con él.

- Haber, este... – dijo por fin cuando consiguió controlar la risa-. Había una vez una señora que tenía un ataque de risa, y un ataque de risa, y un ataque de risa. Un día la señora se murió e inmediatamente fue traslada para hacerle la autopsia, ¡y no dieron con el chiste!

Todo el bar volvió a reír, y Sirius rió tanto que acabó cayéndose al suelo. Sin ganas de levantarse siguió el chiste desde allí:

- ¡Ey! ¡Escuchad este! Un niño le dice a su mamá: Mamá, mamá, que tienes en la barriga? -Es un bebé hijo. ¿Y lo quieres mucho? -Si hijo, lo quiero mucho. ¡¡Y por qué te lo comiste!!

Rosmerta decidió que los chicos ya habían pasado suficiente buen rato y salió de la barra. Levantó a Sirius del suelo con algo de dificultad, pues el chico no estaba muy dispuesto a cooperar. Y después fue hacia James, quien al ver sus intenciones se abrazó a la barra. Sirius se dio la vuelta sobre sí mismo para poder abrazar a la mujer por la cintura.

- Por favor Meeeeer, ¡que es viernes! –exclamó poniendo carita de cordero degollado-.

De mientras, James ya se había subido a la barra de nuevo y les preguntaba a los presentes si querían más chistes. Al oír el ánimo de la clientela, Rosmerta pensó que no la vendría mal hacer algo más de caja y les dejó continuar un rato más.

- ¿Entonces queréis más? –volvió a preguntar James-.

- Prongs ya te han dicho que sí. ¡Mira que gusta hacerte de rogar! –exclamó Sirius intentando sentarse en el taburete-.

- Este se le dedicó a mi hermano de otra madre, Padfoot tío eres un crack. Bueno, ahí va: Una familia tomo una foto sin flash y flash se fue enojado.

Todo el mundo volvió a reír mientras Sirius se secaba una lágrima inexistente y corría a abrazar a su amigo.

- ¡Joder tío que cosas me dices!

OO—OO

Remus miró la hora. Las doce y cuarto. Lo mejor sería marchar ya, pues el trayecto hacia el lugar donde habían quedado era algo largo. Se colocó su mochila a la espalda y salió de la habitación sin hacer ruido. Miró hacia el interior antes de cerrar la puerta, y vio que Peter aún no había llegado de su castigo. Sirius aún no había vuelto de su excursión de Homeade con James, y a Jeff no lo veía desde la cena.

Bajó la escalera y cruzó la Sala Común, que al ser viernes aún permanecía repleta. Intentó que las chicas no le vieran irse y salió por el retrato. Después comenzó a correr.

Todo iba bien pero cuando estaba por el vestíbulo tuvo que despistar a Peeves, quien insistía en tirarle encima unos globos de agua que llevaba en el regazo. Tardó un rato en poder librarse de él, y aún así tenía los bajos de la túnica empapados.

OO—OO

Sadie y Jeff ya estaban en las inmediaciones del Bosque Prohibido. Hubo un momento en que Filch casi los pilló, pero estos se libraron cuando Sadie agitó la varita, hizo aparecer unos globos de agua que dio al poltergeist del castillo e instándole a lanzárselos al conserje.

- Vamos –dijo Sadie tomando la delantera, seguida muy de cerca por su hermano, que llevaba la mochila a la espalda-.

Fueron andando poco a poco, introduciéndose en el bosque. Era una noche muy oscura, y la poca luz que emanaba la luna no entraba a través de las gruesas ramas de los árboles. Había un silencio absoluto, interrumpido a veces por los sonidos típicos de un bosque, que en esa oscura noche parecían más aterradores que nunca. De pronto un aullido cruzó el bosque y ambos hermanos se pararon de golpe.

- Sadie, ¿Tú también has oído que aquí hay hombres lobo? –preguntó Jeff mirando alrededor-.

Su hermana tardó un rato en contestar. Debía pensar en qué decir para no hacer ver que estaba asustada. Por supuesto que lo había oído. Eso y muchas cosas más. Tragó saliva ruidosamente.

- Me-mejor vamos por a-allí –dijo intentando controlar su voz y dirigiendo sus pasos al lado contrario donde se oían los aullidos-.

Al rato entraron en un claro, algo más iluminado debido a que por allí podía pasar la luz de la luna. Algo se movió entre los matorrales y Sadie pensó que era Lord que los estaba buscando y avanzó hacia el centro del claro. Sin embargo, Jeff la sujetó a tiempo que una figura humana salía hacia el claro. Ambos se pusieron tras un árbol para que no les pudiera ver. Vieron a la figura mirar alrededor. Era una persona de estatura media, quizá algo bajita, y bajo la capa se podía vislumbrar una delgada silueta.

- ¿Remus? ¿Eres tú? –dijo la figura con una voz femenina. Era dulce y tímida, y sonaba nerviosa y apremiante-.

Jeff quiso saber quién era esa chica, poder verla la cara, y porque llamaba a su compañero... Si sólo pudiera verla la cara un momento... pero Sadie no era de la misma opinión. Encontró un lugar por el que pasar y eludir a la chica que giraba a todas partes la cabeza tapada con una capucha. Tiró de la mano de su hermano y ambos se alejaron del claro.

OO—OO

Grace abandonó su cama una vez comprobó que sus compañeras estaban dormidas. A su izquierda Kate se agitaba en sueños. A su derecha estaba la cama vacía de Lily, ¡Cómo la habría gustado que se quedara con ella esa noche! Pero su mejor amiga se había ido hacía apenas un rato. A la derecha de la cama de Lily dormía Gisele, quien se había quedado dormida leyendo. Grace se acercó y la quitó el libro, señalando la página, para que esta durmiera más cómoda. A la derecha de la cama de Gisele dormía Sadie, cuya cama estaba vacía. Grace enarcó una ceja aunque no le dio más importancia.

La rubia bajó las escaleras despacio, casi con vagancia. Hacía mucho que había pasado la hora a la que había quedado con Derek, pero seguro que este aún la esperaba, y ella pensaba cobrarse cada palabra que había dicho el Ravenclaw de ella. Cuando llegó a la Sala Común que estaba vacía, oscura y fría, su animo volvió a decaer. Se sentó en uno de los sofás y metió la cabeza entre los rodillas, agarrándose del pelo. Rompió a llorar, como había hecho durante todo la tarde.

OO—OO

James y Sirius ya habían decidido que por esa noche ya estaba bien. En realidad, la que lo había decidido era Madame Rosmerta, pero los chicos no hicieron otra cosa que darla la razón cuando esta amenazó con avisar al director Dumbledore de que le faltaban dos alumnos.

Así que ahí estaban, intentando atravesar Honeydukes sin tirar demasiadas estanterías por el camino. Cuando los propietarios se levantaran encontrarían una tienda completamente desordenada, aunque a Sirius y James les hacía mucha gracia en ese momento. La verdad es que ya era un milagro que estos no hubieran aparecido con el estruendo.

- ¡Cuánto ruido hacen estos tarros Prongs! –se quejó Sirius tras haber tirado un frasco de Meigas Fritas-.

- Claro, serán los tarros –dijo James riéndose-.

- ¡Que sí, mira! –y tiró otro frasco al suelo que se rompió en un estruendo. A su vez, el chico aprovechó para coger unas cuantas meigas y metérselas en los bolsillos-.

- ¡Pues sí que son escandalosos! –exclamó James tirándose encima de la barra, pues las rodillas no le aguantaban de la risa-. Anda, esto es nuevo –y se guardó unas cuantas chocolatinas, cuyas marcas habían salido ese verano-.

De pronto oyeron ruidos en la parte de arriba de la tienda, donde vivían los propietarios y la voz de un hombre.

- ¡Martha, creo que alguien ha entrado en la tienda!

James y Sirius se miraron y echaron a correr hacia el sótano, parando de vez en cuando para coger provisiones, y es que el camino podía llegar a ser muy duro para los pobres. Oyeron como abrían la puerta y se precipitaron por la escalera. A Sirius se le abrió una caja de grageas de todos los sabores y estas cayeron rodando por la escalera, casi haciendo caer al dúo. James abrió la trampilla corriendo y, al darse la vuelta, vio a Sirius a cuatro patas e intentando recogerlas todas.

- ¡No Pad, déjalas! –le dijo tirando de él-.

- ¡Pero hay que salvarlas, no podemos dejarlas morir así! –exclamó Sirius con el mayor dramatismo que la borrachera le permitía-.

¡Son valientes, podrán vivir sin nosotros! –respondió James al dramatismo haciendo pasar a su amigo por el túnel y pasando él. Cerró la trampilla en el mismo momento que la luz del sótano se prendía, y dejaron atrás a un vendedor confundido-.

Atravesaron el túnel lo más deprisa que podían, y cuando llegaban cerca de la bruja tuerta, ambos se pararon a coger aire. Se miraron y comenzaron a reír de nuevo.

- ¡Ay madre mía! –exclamó James cuando se le pasó el ataque de risa-.

- ¡Ay madre tuya! –le respondió Sirius-.

James miró a Sirius intentando alzar una ceja, pero con la borrachera era incapaz de controlar sus músculos y hacía gestos raros que hicieron reír a Sirius. Cuando paró le dijo:

- Mira Prongs, nos lo estamos pasando genial y no me apetece acordarme de la bruja de mi madre... ¡Así que mejor pienso en la tuya que me quiere más!

James rió por el comentario, pero enseguida le vino la vena competitiva.

- A mí me quiere más –le dijo-.

- ¡Que va tío! Me quiere más a mí.

- Pad, es mi madre y me quiere más a mí, ¡tú eres el agregado!

- ¡Nada de eso! –respondió Sirius enfadándose-. Yo soy el hijo que siempre quiso tener, y tú eres el hijo con el que se tuvo que conformar.

- ¡Yo soy su niño bonito! –dijo James enrabietado-.

- ¡Y yo su preferido! –dijo Sirius sonriendo triunfante-.

Se miraron con odio durante dos segundos y volvieron a reírse a carcajadas.

- Tío igual tenemos que irnos –dijo Sirius-.

- Supongo... Si llego demasiado tarde seguro que la prefecta perfecta me echará la bronca por irresponsable –respondió James imitando una forma de hablar petulante-.

- No dejes que esa pelirroja te raye Prongs. No vale la pena... –le animó Sirius. Ambos volvieron a reírse, pues con alcohol es más fácil encontrar el lado divertido de las cosas-.

- Y tú no preocupes, que esto pasará pronto. ¿Cuándo se te ha resistido a ti una chica?

Sirius intentó componer su típica sonrisa de suficiencia, pero debido a la borrachera le salió una un poco absurda, que hizo reír de nuevo a su mejor amigo. Sirius se tambaleó y, sin más recursos, comenzó a alejarse mientras James seguía riendo algo descontrolado.

- Ahí te quedas... –le dijo mirando por encima del hombro e intentando retirarse elegantemente, cosa en que fracasó cuando tropezó con su propio pie y estuvo a punto de dejar su cara imprimida en el suelo de piedra-.

OO—OO

Remus llegó con algo de retraso al lugar dónde había quedado. Tenía muchos recuerdos de ese lugar, la mayoría empañados, pues se referían a sus periodos de transformación. Sólo hubo una vez anteriormente que había visitado ese claro como él mismo, y el maravilloso recuerdo que tenía de aquella vez le hizo sonreír, pese a las circunstancias.

Se mantuvo en las sombras y miró alrededor pero no vio a nadie. De pronto escuchó un crujido y unas voces acercándose. No se lo pensó, sino que se tumbó en el suelo con rapidez. Si algo había aprendido de las excursiones con los chicos, era que en el Bosque Prohibido se estaba más seguro en la copa de los árboles y en el suelo reptando.

Desde esa posición apenas podía distinguir mucho. Como mínimo allí había dos personas, y ninguna era ella. Pero de pronto se escucharon más pasos y pronunciaron su nombre en voz alta, llamándole. Esta vez sí reconoció su voz y tuvo el impulso de salir corriendo a su encuentro. Sin embargo, la prudencia le mantuvo en la misma posición hasta que dejó de oír los pasos que alejaban a los intrusos de ellos.

Se levantó con dificultad, clavándose espinas y ramas en las palmas de las manos, que sostenían su peso. Con cuidado pero sin detenerse se dirigió al claro donde una figura buscaba en todas direcciones.

Aunque iba tapada casi al completo por una gran capa negra de viaje, la reconoció al instante. Reconoció su figura, sus movimientos, su característico olor... Ella se dio la vuelta al percatarse de su presencia. Al llevar colocada la capucha, Remus no podía ver su rostro, sino que este estaba cubierto bajo las sombras. Él necesitaba verla la cara, mirarla a los ojos, y al parecer ella lo notó, pues se llevó las manos a la capucha y la bajó despacio.

Remus contuvo la respiración al mirar el rostro que hacía meses que no veía. La muchacha que estaba frente a él, le sonreía con una preciosa sonrisa, tímida y feliz, igual que el día que la conoció. Pasó su mirada por sus ojos, de color miel que estaban más rasgados de lo habitual por la sonrisa que mostraba. Los enmarcaban unas largas pestañas negras que daban algo de misterio a su mirada. Tras esto Remus observó su cabello. Era muy abundante, de color castaño muy rizoso, de forma de caracol, que solía llevar desordenado y suelto, como en esa ocasión. La había crecido el pelo desde la última vez, ya casi la llegaba a media espalda. Además la vio más delgada de lo habitual, cosa que no le sorprendió.

Ella parecía examinarle a él con la misma admiración que él a ella; y cuando ambos despertaron del shock, se volvieron a mirar a los ojos, se sonrieron y acortaron la distancia entre ellos para abrazarse.

La chica tiraba fuerte de su cuello hacia abajo, pues era considerablemente más bajita que él, pero eso a Remus no le importó. Tampoco consiguió descifrar qué dijo ella contra su pecho, pero tampoco se sentía capaz de pensar mucho en ese momento. Sentía las lágrimas al filo de los ojos, amenazando con salir. Tenía un nudo en la garganta y, cuando consiguió volver a pensar, se dio cuenta de a quien tenia en sus brazos y en lo muchísimo que la había echado de menos. La abrazó más fuerte.

- Rachel, Rachel, Rachel... –murmuraba una y otra vez sin pensar demasiado en qué más decir, solo pensando que, pese a todo lo malo, Rachel Perkins volvía estar junto a él-.

Se separó un poco de ella, y vio que ella también había derramado unas pocas lágrimas de emoción. La acarició las mejillas con los dos pulgares y, volviendo a encontrarse con su sonrisa, la besó con pasión.

Tras unos minutos, se separaron unos centímetros para respirar. Remus no podía dejar de acariciar su cara y su cuello con las manos mientras se perdía en sus ojos.

- Amor mío –susurró la chica contra sus labios-.

Remus volvió a besarla con mucha más pasión que la vez anterior. Si en ese momento apareciera el mismo Dumbledore pidiéndole que la soltara, desobedecería sin pensarlo. Había pensado mucho en le reencuentro durante esa semana y se había prometido controlarse. Pero la visión de esa chica a la que tanto amaba, le hizo perder completamente la razón.

- Te he echado de menos –susurró Remus abrazándola con fuerza-.

- Y yo a ti. Por momentos pensé que no te volvería a ver...

Remus rió levemente mientras depositaba en beso en la frente de la chica. Él también lo había temido todo aquel tiempo. Aunque no fuera tan evidentemente enamorado como James o tan dramático como Sirius, él había pasado esos meses en un silencioso calvario. Le superaba el saber que ella se iba, que tendría que estar escondida, y que quizá no volvería a verla nunca más. Y luego llegó esa carta, diciéndole que tenía que verle para contarle algo muy importante. Tan importante como para correr el riesgo de salir de su escondite y exponerse, tanto en el viaje como en su estancia en los terrenos de Hogwarts. Eso le recordó el por qué estaban allí.

- Rach, ¿Qué era aquello tan importante que no podías contarme por carta?

La chica levantó la cabeza que descansaba en el pecho del chico y le miró seriamente, analizando su expresión y posible reacción.

- Venía a despedirme...

- Pero... –comenzó el chico sin comprender-. Pero si ya nos despedimos en su momento y, ahora acabas de llegar.

- Es que –Rachel estaba nerviosa, Remus lo veía claramente. Ella comenzó a juguetear con un anillo que él mismo la había regalado, aunque no apartó los ojos de los de él-. Quería verte una vez más. Por si acaso.

- ¿Por si acaso, qué?

Rachel tomó aire y soltó la bomba de golpe.

- Me ha pedido algo, una especie de misión y tengo que viajar al norte.

- ¿Qué clase de misión?

- Tengo que infiltrarme usando mis... habilidades.

- ¿Infiltrarte, dónde? –Remus no acababa de entender nada. Ella le miró significativamente y entonces él comprendió, abriendo la boca incrédulo-. ¿Estás loca? ¡No lo hagas!

- Cielo...

- ¡Ni cielo ni leches! ¿No te has parado a pensar en lo que te están pidiendo? No, no puede ser. Ven –la cogió de la mano tirando de ella-. Vamos al castillo, hablaremos con Dumbledore. No pueden obligarte a eso.

Rachel se soltó de la mano del chico y le obligó a mirarla, estaba más seria que nunca.

- Dumbledore ya lo sabe. Fue él quien me lo pidió en cuanto le conté lo que sé hacer. Y tranquilo, –añadió al ver la cara de alarma del licántropo-, que no le he contado ninguna otra cosa. Le he dicho que es cosa completamente mía. Tenía que hacerlo. Les oí hablar sobre el ataque y quienes creían que habían sido.

- Pero...

- Yo puedo hacerlo Remus, sé que puedo. Y tengo que hacerlo. Se lo debo a mi primo. No espero que lo entiendas pero sí que me apoyes. Cuando me vaya necesito saber que pase lo que pase tú estarás de mi parte.

Remus se quedó unos segundos sin habla. No entendía nada. Pero jamás le había podido negar nada a la chica cuando ella le miraba de esa forma. Por eso, aunque con un nudo en la garganta, asintió con la cabeza y la abrazó.

- Yo siempre estaré aquí para ti.

OO—OO

Sadie se había adentrado demasiado en el bosque. Miró hacia atrás y se arrepintió de haberle sugerido a su hermano el separarse para buscar a Lord. Ya no se sentía tan valiente y fría cuando estaba sola en ese lugar oscuro y peligroso. No sabía por qué se sentía tan vulnerable y estaba furiosa consigo misma por no poder controlarse.

De pronto sintió que alguien la agarraba del brazo y tiraba hacia atrás. Sin pensarlo y darse la vuelta, la morena gritó de miedo. Al darse la vuelta, vio que no había nadie, sino que la túnica se le había enganchado en una rama. Suspiró de alivio, pero solo duró un instante, pues esta vez una indudable mano humana le tomó del otro brazo y la obligó a girarse.

- ¡Jeff! –exclamó asustada y enfadada-. ¿Se puede saber qué haces?

- ¡Eso pregunto yo! –dijo el muchacho con voz entrecortada como si hubiera corrido los cien metros lisos-. Tu grito se ha oído por todo el bosque, creí que te había pasado algo. –Sin embargo vio la manga de la túnica de su hermana, aún enganchada en el árbol y soltó una carcajada-. ¿No me digas que ahora te asustan los árboles?

Sadie no cayó en la provocación de su hermano, sino que se desenganchó con rapidez y pasó de largo con la cabeza bien alta. Pensó en algo hiriente con que contestarle, pero en voz de eso agudizó el oído pues acababa de oír un ulular conocido.

Jeff también lo había oído y miraba alrededor con los ojos entornados. Caminaron despacio intentando hacer el mínimo ruido posible en las pisadas. Cuando habían avanzado apenas diez metros, Sadie se paró de golpe mirando hacia arriba. Imitó el ulular de las lechuzas, y un ave descendió majestuosamente.

Sadie alzó la mano para que Lord se posara sobre ella. La lechuza, negra como la noche, se parecía enormemente a su ama, se veía altiva y fría. Sin ceremonias alzó una pata y Jeff desató la carta que estaba unida a ella.

El chico no hizo además de abrirla, sino que se la guardó en el bolsillo interior de la túnica y miró a su hermana.

- Vámonos al castillo. Con el grito que has pegado no me extrañaría que el guardabosques apareciera en cualquier momento. O quizá alguien peor...

Sadie solo asintió con la cabeza y le siguió rápidamente hacia el castillo, con Lord volando apenas dos metros por encima de ellos.

OO—OO

James llegó tambaleándose a la entrada de la Torre de Premios Anuales.

- Maldita gata –se quejaba cojeando, pues en su huída de la Señora Norris se había torcido el tobillo-.

Llegó al retrato de los jugadores de pocker, que dormían sobre la mesa al lado de unos vasos vacíos. Parecía que James no era el único que había aprovechado el viernes por la noche.

- ¡Eh! –gritó James sin ningún cuidado-. ¡Thestrals! –les gritó la contraseña cuando les vio abrir los ojos-.

Sin embargo, los hombres le miraron solo un momento antes de cambiar de postura y volver a dormir.

- ¿Me habéis oído? –dijo James empezando a cabrearse en serio-. ¡He dicho Thestrals!

- Le hemos oído señor Potter –dijo el calvo de la izquierda-. Pero esa ya no es la contraseña. La señorita Evans la cambió a media noche, como todos los viernes.

- ¿Con qué la señorita Evans la cambió eh? –dijo James imitando al hombre que se ofendió-. ¡Me pregunto qué contraseña habrá puesto la señorita Evans, ya que no ha tenido la decencia de avisarme –exclamó-. ¡Pero conociéndola supongo que será algo como: amor, Bennet o Hufflepuff! –les hombres le miraban asombrados-. ¿Alguna de esas es?¿He acertado? ¿eh? –James, sin darse cuenta, había ido subiendo el tono de voz de forma alarmante-.

- Pues no –dijo una voz tras el retrato, que se abrió y dejó pasar a Lily, con el camisón y la bata puestos y el pelo enmarañado-. La contraseña es "cerveza de mantequilla", pero veo que con eso no te has conformado hoy, ¿eh James? –ironizó la chica al ver el estado del moreno-.

- Déjame en paz –dijo James en tono bajo, pasando por el retrato y dejando atrás a Lily-.

Sin embargo, la pelirroja estaba furiosa y no le dejó avanzar mucho.

- ¿Dónde crees que vas James? –le paró poniendo una mano sobre el pecho del chico. Este miró la mano y después la dedicó una mirada de profundo enojo-.

- A mi cama Evans –él no estaba en condiciones para darse cuenta, pero Lily retrocedió cuando él la llamó por el apellido. Eso había sido un golpe bajo-. Resulta que quiero dormir y, que yo sepa, no hay ninguna tarea que hacer a estas horas.

- ¿Crees que es responsable venir a la Torre a estas horas y borracho como una cuba? ¡Eres premio anual! –le regañó-.

- ¡Lo mismo te digo! Tú tampoco eres una santa. –respondió él furioso-.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Para qué crees que el director nos puso una torre? –la preguntó subiendo otra vez el tono de voz-. ¿Para que la uses de picadero?

Lily abrió mucho los ojos y la boca, la cual volvió a cerrar para volver a abrirla otra vez-.

- Supongo que lo que vi esta tarde en la entrada –siguió James señalando la parte de atrás del retrato- era sólo el comienzo ¿eh? ¡Pues yo también sé jugar a eso!

Y se marchó lo más dignamente que pudo a su habitación, no sin antes chocarse con sillones, mesas y sillas, y tropezando con la alfombra. Si hubiera mirada hacia atrás, habría visto que Lily continuaba en la misma posición. Abriendo y cerrando la boca mirando fijamente su espalda. O quizá no lo habría visto, pues con la borrachera y el mal humor apenas acertó a tirarse en su cama y quedarse dormido al instante.

OO—OO

Sirius por su parte entraba en la Torre Gryffindor tambaleándose y riendo por lo bajo. Recordaba una y otra los chistes que habían contado esa noche, y que aún tenían gracia. La Señora Gorda no estaba con ganas de discutir, así que cuando le vio llegar directamente abrió la puerta que la dejara seguir durmiendo, pues este no se limitaría a sentarse en el suelo a esperar.

Entró en la Sala Común que estaba silenciosa y fría e intentó buscar el camino hacia las escaleras sin parar de reírse. Al pasar junto a un sofá, escuchó unos sollozos que le hicieron mirar a todas partes. ¿En Gryffindor tenían un bebé? No, ¿Pues quién lloraba? La respuesta estaba echa un ovillo en ese sofá, abrazada a sus piernas y meciéndose de atrás adelante. La melena rubia, más despeinada que nunca, le caía por la cara. El chico dudó pero decidió sentarse junto a la chica, que si le había visto, no había dado muestras de ello.

- Sandler, ¿Qué te pasa? –la preguntó-.

La chica levantó la vista y vio que un borracho Sirius la miraba con algo de pena. Hizo un puchero y le respondió:

- No tengo ganas de discutir Black, por favor –y volvió a enterrar la cabeza entre sus piernas. Sintió unos golpes en el hombro y volvió a incorporarse para ver que Sirius la ofrecía unas chocolatinas-.

- No son las mejores, pero es que James es un tacaño –respondió el chico a modo de disculpa-.

Grace no pudo más y se tiró al cuello del chico, abrazándole mientras sollozaba en su hombro. Sirius la acarició suavemente la espalda y la meció como a un bebé.

- Vamos Grace no llores, que me pongo triste yo –la dijo-.

La chica no dejó de notar que la había llamado por su nombre, por primera vez en años, lo que hizo que se aferrara a él más fuerte.

- Soy idiota –le dijo cuando por fin le soltó-.

- No, no lo eres –la dijo intentando secarla las lágrimas, pero estuvo a punto de sacarla un ojo con la puntería de la borrachera-. Yo sí que lo soy. Siempre lo estropeo todo –añadió con tristeza-.

Grace le miró durante unos segundos, pensando su respuesta, que no estaba segura de dar.

- No es culpa tuya Sirius, las cosas no siempre salen como pensamos.

Sirius la sonrió, contento de haber conseguido que dejara de llorar, y ella le respondió la sonrisa al darse cuenta de lo inocente que podía llegar a ser ese chico.

- Vamos –le dijo levantándose y olvidándose del resto-. Te acompaño a tu cuarto que estás como para que te deje por ahí suelto –bromeó-.

- Si sabes cómo llegar... –dijo el chico levantándose y volviendo a caerse en el sofá-. Porque yo no me acuerdo...

Grace rió y tiró de él hasta que consiguió levantarle. Se pasó el brazo del chico por le hombro y comenzó a andar con cierta dificultad, y eso que Sirius hacía todo lo posible para ayudar en la operación.

Subieron las escaleras y por fin llegaron a la habitación de los chicos de séptimo. Grace acompañó a Sirius a su cama y le dejó caer sobre el colchón. Sin embargo, el chico tiró de ella, que cayó tumbada encima de él.

- Yo duermo en mi cuarto, gracias –le dijo la chica riendo, adelantándose a una posible broma del chico-.

Pero Sirius no bromeaba en ese momento. Cambió la tornas, quedando tumbado él encima de Grace, que le miró confusa. Solo la aguantó la mirada unos segundos, pues su vista bajo hacia los labios de la chica, que estaban entreabiertos como toda una tentación.

Los besó con apremiante necesidad, pasando su mano por el cuello de la chica, que estaba demasiado sorprendida para reaccionar. Así siguió, cuando él continuó sus besos por la mandibula, el cuello, la clavícula e iba desabrochando poco a poco su camisa.

Lo cierto es que la mente de Grace se había parado desde que Sirius la besó. Se encontraba en shock, sin saber qué hacer o, realmente, sin saber qué quería hacer. Cuando esa noche había comenzado, su única intención era dirigirse al bosque en busca de su "novio" y vengarse de él de la forma más cruel posible. Pero llegado el momento, no pudo hacerlo, y ahora se encontraba en la cama de uno de los chicos más guapos de Hogwarts, mientras él la besaba y acariciaba con una sensualidad arrebatadora, teniendo el cuenta el estado del chico.

Estuvo a punto de detenerle, decirle que parara e irse a su cuarto a intentar dormir lo que quedaba de noche. Pero luego pensó en lo que hacía su novio con ella, en cómo la había engañado, y además había conseguido que a Sirius le dejara su novia, intentando jugar a dos bandos. En ese momento tenía dos opciones: irse a la cama a seguir llorando el resto de la noche, durmiendo junto a la chica responsable de que tanto a ella como a Sirius se les hubiera roto el corazón, y encima tener que fingir que no sabía nada, o también estaba la otra opción. Esa opción, era moreno, guapo, sexy y la estaba besando provocativamente el encaje del sujetador. Podía pasar la noche con él y olvidar durante unas horas, o ir a su cuarto a seguir torturándose.

La elección la hizo su cuerpo, cuando tembló bajo la caricia que el chico la estaba haciendo en el vientre. Un gemido salió involuntariamente de su boca, y cualquier razonamiento lógico brillaba por su ausencia. Agarró el cabello de Sirius y tiró de él hasta quedar a su altura y le besó con pasión, beso que el chico respondió gustoso. Pasó sus manos bajo la camisa de él, que ya comenzaba a estorbar, por lo que la abrió de golpe, haciendo saltar los botones. Él acarició su pierna, bajando con lentitud hasta el muslo, pensando en lo muchísimo que odiaba esos pantalones en ese momento.

Tan concentrados estaban el uno en el otro, que ninguno se percató ni preguntó, por qué ninguno de los otros tres ocupantes de la habitación estaban en sus camas.

O-oOOo-O

¡Tachán! ¿Qué os parecido? A algunos les gustará, a otros no... hay para gustos jeje yo he disfrutado mucho escribiéndole :D espero que os haya gustado o no, me dejéis vuestra opinión. Siento si la escena de Remus y Rachel fue muy empalagosa, pero el guión exigía algo de empalago, tened en cuenta que hacía mucho que no se veían... ¿Alguien se pensaba que iba a dejar a nuestro lobito sin chica? Muajajaja!! :p

Del resto ya me diréis, que la he liado más de lo que ya estaba jeje ya sabéis. Se acepta de todo menos avadas (fd-potter me llegó el crucio y dolió, asi que si lees este capítulo no quiero pensar en lo que me mandas jejeje

Un besazo a todos!!

"TRAVESURA REALIZADA"

Eva.