¡Hola!
Bueno, finalmente terminé de escribir este capítulo, de hecho fue el sabado, pero tuve que pasarlo a la computadora y eso, y aunque estan cortos, toma su tiempo! Ayer lo hubiera actualizado, pero no pude, porque terminé muy tarde de transcribirlo! Espero que les haya gustado mucho el anterior, y tengan paciencia porque ya se esta acercando lo bueno. Jacob ya apareció en escena.
Y alguien por ahí me dijo que le pareció tonto o ilógico que Jacob no le dijera a Sam que la idea había sido de Bella (de ser "amigo" de Edward) porque al convertirse en lobo, lo sabría. Tiene razón, así que lo corregiré en otro capítulo :) Gracias por el detalle.
También esa sesión de besos, WOW, jajajaja pero eso solo va a ayudar a Edward a darse cuenta que le urge cazar, por eso y otras razones.
La verdad que los pongo más cariñosos, porque acaban de regresar, se necesitan el uno al otro, así que por eso los pongo así. Además que siempre quise a un Edward un poco más atrevido, así que... espero que les guste, y no crean que me estoy saliendo de la personalidad de Edward! Porque yo creo que no.
Disfruten entonces, y gracias por los reviews de personas sin cuenta! Y claro que voy a seguir la historia hasta el final, aunque nos tardemos más de lo previsto! :)
DISCLAIMER: todos los personajes e historia que reconozcan de Crepusculo son obra de Stephenie Meyer, lo demás es mío!
Capítulo 9. Bajo Vigilancia
Habían pasado unos pocos segundos desde que Bella se había separado de mis labios, desesperada por un poco de oxígeno que entrara hacia sus irritados pulmones por la falta de ese, cuando igual de desesperada, y algo feroz, estampó sus cálidos labios contra los míos nuevamente. Sus manos se aferraron con más fuerza a mí cabello, acariciaba mis mejillas, la fría piel de mí cuello, como si se le fuera la vida.
Ya una cuantas risitas habían escapado de entre nuestros unidos labios unas cuantas veces al sentir su implacable e interminable deseo.
En ese segundo, pensando precisamente su deseo, y como sí quisiera hacérmelo más claro, sus manos bajaron a mí pecho, tras un rastro de inconfundible fuego por su tacto.
Solo abrió dos botones – no es como si la hubiera dejado abrir más – y sus manos tocaron la fría y dura piel.
Bella se estremeció, y para mí puro placer, gimió también de placer; antes de que yo pudiera erróneamente creer que había sido por mí frio.
Su corazón y nuestras demasiado entrecortadas respiraciones hacían eco en el silencio de la habitación.
Ni siquiera había tiempo para pensar en Charlie y lo que pasaría si nos descubriera por sorpresa. No podría obligar a mí espaciosa mente a dedicarle un huequito a nadie más que no fuera Bella. Alteraba mis sentidos, mí lógica, mí todo; y a mí me encantaba.
De nuevo, fue ella quien rompió el beso; jadeando con un gran esfuerzo.
Sus ojos chocolate marrón no vieron mí rostro por demasiado tiempo, se distrajeron con la abertura que había dejado en mí camisa.
La comisura de sus labios se elevó en una sonrisa tan hermosa, que de haber podido, me hubiera dejado sin aliento.
"Hay algo que tengo que decirte," le susurré, esperando que sus ojos se encontraran con los míos.
Sacudió ligeramente a un pensamiento que no podía escuchar, y se acercó más a mí, sentándose en mí regazo. La abracé, y ella cerró sus ojos, suspirando.
"Bella, yo-"
En un movimiento sorprendentemente rápido, se volvió a mí y me silenció.
Tomó una de mis manos, que descansaban en su cintura, y la desplazó por debajo de su blusa, haciéndome que tocara esa parte de su cuerpo y su piel que yo me tenía prohibida.
Mis labios se congelaron y todo mí cuerpo se tensó. Mis ojos se abrieron de golpe de par en par.
Esto se estaba yendo hacia un camino peligroso si seguíamos.
Bella no abrió sus ojos.
"Solo tócame," murmuró en una voz ronca debido al deseo que hervía bajo su piel y corría libremente por sus venas. "Nada más."
Siguió besándome, su mano sobre la mía, hasta que sintió la tensión de mí cuerpo desaparecer. Y su mano volvió a mí pecho. No supe que había desabrochado todos los botones de mí camisa, hasta que sus brazos me rodearon y sentí el calor de sus manos sobre la piel fría de mí espalda.
Una corriente eléctrica corría por cada una de mis secas venas como si fuera la sangre bombeando en ellas, al sentirla tan cerca.
Definitivamente no quería parar. Aunque sabía que debía hacerlo.
Pero cuando Bella me empujó hacia la cama, y me dejé caer con ella encima de mí, supe con seguridad que el juego se estaba volviendo demasiado serio, demasiado riesgoso.
Estaba perdiendo control de mí cuerpo, de mí mente…
Detente, me gritaba, y aproveché el segundo que Bella tomaba para respirar, para dejarla a ella sobre la cama, sorprendiéndola por el bruco y repentino movimiento.
No podía creer la violenta manera en que el fuego me había quemado la garganta al inhalar el aroma, el dulce aliento de Bella. Aunque se había apagado tan rápido como había llegado al sentirla en contra de mí cuerpo.
Sentía como me faltaba el aire, por increíble que me pareciera a mí mismo, después de permitirme más de lo que debería.
Bella jadeó al sentirme sobre ella por un segundo antes de darle un beso en la mejilla, y recostarme a su lado.
"Tengo algo que decirte," murmuré a Bella cuando se calmó lo suficiente como para escucharme con atención y comprender lo que le decía.
Se tensó de inmediato, y no tuve el valor de asegurarle que todo estaba bien.
Nada estaba bien, cuando se trataba de Victoria.
"¿Qué pasa?" preguntó con la tensión de su cuerpo filtrándose en su voz.
Sacudí la cabeza.
A Bella no le agradaría en absoluto que le haya ocultado lo que había pasado al respecto con Victoria. Alice me lo había repetido una y otra vez; y yo había sabido que tenía toda la razón.
"Edward," Bella murmuró, acariciando suavemente mí mejilla. "Puedes decirme lo que sea."
Suspiré. No estaba del todo seguro de cuál sería su reacción.
"Es Victoria," me limité a decir.
Escuché como Bella sostenía el aliento al escucharme. Luego tragó saliva ruidosamente. Sus ojos se llenaron de miedo poco a poco, mientras procesaba lo que acababa de decirle.
"¿Qué?" su voz tembló.
Tomé sus manos en las mías, tratando de calmar el ataque de pánico que amenazaba con llegar.
"Ssh," murmuré en un tono tranquilizador.
Bella tomó un profundo suspiro, y levantó sus ojos de nuestras manos unidas a mis ojos nuevamente.
"¿Qué pasó?" su voz era apenas un tranquilo susurro.
Pestañeé, inseguro de cómo proseguir.
"Ha estado aquí," le respondí, tratando de mantener mí voz sin nada de miedo ante tal perspectiva, al pensar en que era lo que aquella vengativa vampira buscaba lograr al volver a Forks.
Atraje a Bella hacia mí sin pensarlo dos veces. De forma consciente, sabiendo que conmigo estaba segura, que no permitiría que nada le pasara.
Sin voz, Bella preguntó. "¿Cuándo?"
"Mientras estuvimos en Volterra, y uno o dos días después," fui honesto con ella. "No hemos encontrado rastro de ella recientemente. Pero Bella, te juro que no permitiré que te haga daño, ni siquiera que se te acerque, lo juro."
Bella se estremeció, y yo la abracé con más fuerza.
"No tengas miedo, amor," le rogué. "Acabaré con ella antes de que siquiera piense en tocarte."
Sollozó un poco. "Lo sé, Edward, lo sé."
Ella rodeó, como pudo, sus brazos a mí alrededor, enterrando su rostro en mi pecho; su cuerpo se relajó un poco después de respirar profundamente algunas veces.
"¿Por qué no me dijiste antes?" su voz me reprochaba más que preguntar.
Una vez, suspiré. "¿Por tonto?"
Bella sonrió. "Te creo," besó la parte inferior de mí barbilla. "No lo hagas otra vez, ¿lo prometes?"
Esta me la ponía difícil.
No me gustaba mentirle a Bella, u ocultarle algunos detalles, ya fueran triviales o no, pero a veces era mejor. O quizá no.
Había tenido miedo, sí. Pero, ¿cómo no tenerlo? Se trataba de su vida. Aunque una vez más me había demostrado cuanto confiaba en mí al no entrar en pánico al asegurarle que yo la protegería de todo y todos.
Bella era más valiente de lo que yo creía, de lo que ya me había demostrado.
"Lo prometo," le aseguré en un tono solemne.
Solamente me sonrió, y se acurrucó a mí lado. Sabiamente, desistió de besarme. No estaba seguro de cómo hubiera reaccionado ante su ataque.
Coloqué un beso en su cabeza, inhalando de su aroma.
Y allí estaba otra vez. El fuego en mí garganta ardiendo por un instante antes de desaparecer.
"Duerme bien, amor," le susurré al oído, empezando a tararear su nana; mientras mí mente le daba vueltas al asunto de mí sed.
El monstruo había sido enterrado, acabado dentro de mí, desde el segundo en que, erróneamente, había creído que mí Bella – tensé mí abrazo en ella – ya no estaba en el mismo mundo que yo.
La sed, olvidada desde mucho antes, había caído al último y menos importante peldaño de mis prioridades.
Pero era consciente de que tenía sed. Que no podía seguir de esta forma, mucho menos a lado de Bella; necesitaba ser fuerte, no para resistir la tentación de su sangre, sino para cuidarla, ser capaz de protegerla, no solo de Victoria, pero de todo y todos. Incluso de los lobos; quería que mantuviera una "relación" con su mejor amigo, pero eso no significaba que confiara en que estaba segura con él, como ella confiaba.
Tenía que encontrar a Victoria, y pronto. Acabar de una vez por todas con ella. Como debió de haber pasado el verano pasado, junto a su amado James.
Gruñí debajo de mí aliento, al recordar aquellas horas, aquellas imágenes de Bella…
Me controlé cuando Bella se retorció debajo de mí abrazo, y seguí tarareando su nana.
Sabía que antes de que terminara de decirme a mí mismo que tenía que cazar, Alice ya lo habría visto y si era posible, toda la familia ya estaría enterada al respecto.
Emmett y Alice serian los más molestos. Pero si era honesto, extrañaba a mis hermanos, y la única forma de pasar algún tiempo con ellos, era yendo de cacería. Bueno, no me opondría esta vez a que me arrastraran a cazar. Claro que Bella tendría que estar de acuerdo, y de ninguna manera la dejaría durante la noche.
No sería yo la razón de que sus pesadillas no le permitieran dormir bien.
La noche pasó lenta y algo tortuosamente. No paraba de pensar que esto era una mala idea. Que Bella diría "Ve, adelante," pero estaría rogando que no me fuera, aunque nunca me lo diría.
Me escondí nuevamente en el guardarropa de Bella, cuando escuché a Charlie venir a checar a su hija, como todas las mañanas, especialmente cuando la dejaría sola para irse de pesca.
"Le debo eso, al menos," Charlie murmuró en un tono suave que no perturbara el sueño de Bella.
Luego suspiró y sacudió la cabeza.
No estuve seguro a que se refería, y por un segundo creí que me quedaría con la duda, pero Charlie volvió a murmurar. "El chico regresó a la vida a mí pequeña."
Tras otro suspiro se fue, y pude escuchar mí nombre mezclado entre más murmullos.
No me sorprendió el tono violento en su mente cuando pronunciaba mí nombre; lo que sí me sorprendió era que estuviera mezclado con algo de remordimiento.
Esta vez me tocó suspirar a mí. Mí aliento frio golpeó la nuca de Bella, y un estremecimiento la recorrió. Pero en lugar de soltarme como debía ser o normal, se aferró a mí con más ganas.
Escuché a Charlie salir de la casa, con pasos pesados, arrastrando los pies. Como si no quisiera irse.
Arrugué la frente.
¿Charlie sin querer ir a pescar? Como si eso fuera posible. Pero lo parecía.
Sin importar exactamente cuál era su razón para arrastrar los pies, en lugar de correr, lo escuché entrar en su patrulla y alejarse en unos cuantos segundos.
En dos horas más, Bella despertó.
Su humor era muy bueno, al regresar al cuarto, después de haberse despedido para entrar al baño para bañarse, lavar sus dientes, cambiarse y salir fresca de regreso a mis brazos que la esperaban ansiosos.
La besé, pero la separé rápidamente. Milagrosamente, Bella no discutió, recordando probablemente nuestra conversación de anoche. Pero me mostró un tierno y demasiado tentador puchero.
"Vayamos a que desayunes algo," le dije sonriendo, y tomando su mano.
En lugar de tomar un tazón y servirse algo de cereal, se preparó algo más elaborado.
Levanté una ceja, cuestionándola.
Bella se encogió de hombros. "¿Qué?"
"Nada," le respondí, sin que la sonrisa desapareciera.
Me paré a un lado suyo, viendo hacia el tranquilo exterior por la ventana. Observé el lugar donde la patrulla de Charlie había estado estacionada esta mañana. No podía sacarme de la cabeza algún tonto "presentimiento". Algo que no me iba a gustar mucho, quizá.
Sacudí la cabeza. Sonaba como Alice, de repente.
El día estaba silencioso todavía. Era domingo, y aun era muy temprano. Todo eran sueños y mundos de fantasía a nuestro alrededor.
Algún molesto sonido empezó a sonar en mí mente, y luego escuché a Bella llamarme.
"¿Edward?" su voz sonaba más cerca que hace un momento. "Tu celular esta sonando."
Entrecerré los ojos, y voltee a verla antes de sacar el pequeño aparato del bolsillo de mí pantalón.
Sabía quién era antes de abrir el teléfono.
¡Alerta Charlie!
Arrugué la frente de nuevo. ¿Estaba regresando tan pronto? Eso no podía ser normal.
"¿Qué pasa, Edward?" su voz en mí brazo, sus dedos temblaban ligeramente.
"Tengo que irme," le dije después de un suspiro.
Bella no me soltó; al contrario, se puso frente a mí, exigiendo una explicación que por supuesto, le iba a dar.
Acaricié su pequeña arruga con forma de V entre sus ojos, con una sonrisa.
"Charlie viene de regreso," le expliqué y luego bajé mí mirada a mí atuendo. "Necesito mí auto y otro cambio de ropa, ¿no lo crees?"
Su corazón se aceleró cuando le sonreí de nuevo, y sus pupilas se dilataron, su respiración se volvió trabajosa.
"Estaré de regreso rápido," le prometí, inclinándome para besar por encima sus cálidos labios.
Bella asintió. "Pronto."
Salí de la casa dejando a Bella terminando su desayuno, corriendo a toda velocidad de regreso a la casa.
Alice me recibió. "No tengo idea de por qué volvió tan pronto."
"Lo sé, Alice," medio gruñí.
Ella sonrió. "Emmett y Jasper ya están planeando un viaje de cacería," me informó mientras veía algo de eso en su mente. "Y yo un gran día de compas con Bella. Necesita con urgencia un par de nuevos jeans y…"
"¡Alice!" le advertí.
Bella se quejará pero necesitará distraerse, me dijo en su mente, recordándome la razón por la que sometería a Bella a tal "tortura".
"Bien," literalmente gruñí, aceptando no de muy buena manera lo que me había dicho. Pero tenía razón, yo lo sabía, y ella también. Y Alice era insoportable cuando sabía que tenía ella la razón.
Te dije que debías decírselo, Alice me recordó mientras me alejaba hacia mí recamara.
Afortunadamente, Emmett y Jasper no estaban en la casa; a Rosalie la había escuchado en la cochera, arreglando nuevamente su flamante BMW; y Esme estaba en el patio trasero. No había entrado, sabiendo a la perfección que estas venidas a casa eran rápidas y no para quedarme.
El agua cayó rápidamente sobre mí, igual que la información de las noticias inundaba mí mente.
"Dos jóvenes de 16 y 19 años desaparecieron la noche pasada después de salir de sus hogares para ya no regresar. Sus padres reportaron sus desapariciones, para horas después encontrar sus cuerpos asesinados brutalmente en el centro de la ciudad. Aun no se sabe la causa del tal ataque, ni quien lo hizo. Se dice que no se encontraron huellas dactilares ni pista alguna sobre alguna persona que pueda ser sospechosa…"
Sacudí la cabeza. ¡Aquellos eran niños, por el amor de Dios!
Me vestí rápidamente, e ignoré a Rosalie de la misma manera que ella a mí al entrar a la cochera para salir en el Volvo.
Al parecer su sentimiento de culpa y remordimiento ya habían pasado a la historia.
Salí de la cochera sin escuchar ni una sola palabra en su mente dirigida a mí. Estaba cien por ciento concentrada en lo que hacía con su auto y esperando el regreso de Emmett.
Conduje de regreso a una velocidad excesiva. Sonreí al imaginar la reacción de Bella de haber venido conmigo.
Llegué a casa, para notar con alivio, que Charlie aun no estaba de regreso.
Todavía no lograba imaginar que lo había hecho decidir regresar antes de tiempo – mucho antes – en un domingo de pesca. Me preocupaba un poco, sin estar seguro porque. Quizá intuía que no le agradaría verme aquí tan temprano, aunque su coraje por verme aquí, no por la hora.
La puerta del frente se abrió mientras yo me bajaba, y Bella me sonrió viniendo a mí.
Y como sabía que yo era más rápido, sus pasos eran lentos y marcados. Y antes de que pudiera pestañear, ya la tenía en mis brazos.
"Me alegra que ya volvieras," susurró contra mí pecho.
Sonreí. "Yo, también," tomé su mano y la volví hacia la entrada de la casa. "Vamos. Hay que esperar a Charlie."
Bella asintió, y caminó a mí lado.
Quizá esperamos unos diez minutos, antes de escuchar que Charlie llegaba a casa. Bella se sentó a mí lado, tomando mí mano; una posición más decente que mostrar a su padre, que la de ella recostada en mí regazo. A mí no me molestaba, pero a Charlie seguramente sí lo haría.
Charlie escuchó el ruido de la televisión encendida, y la llamó por su nombre.
"¿Bells?" en su voz se filtró un poco de su enojo, la misma que se había transmitido con sus pasos al adentrarse después de haber visto el Volvo estacionado fuera.
"Aquí estamos, papá," Bella le respondió con calma, sus ojos ni siquiera veían la televisión.
Audiblemente Charlie gruñó. "¿No tiene una familia?" por debajo de su aliento. Luego entró en la habitación donde estábamos, intentado fuertemente el no mostrar una mueca al verme en su casa.
"Buenos días, Charlie," lo saludé, con una nota de nerviosismo. No me sentía de tal manera, pero eso solo molestaría aun a más a Charlie.
Él solo gruñó, de nuevo, como respuesta.
"¿Qué están haciendo?" preguntó como respuesta.
Pensé rápido. Y en una milésima de segundo tuve la respuesta.
Eso sería mejor, y calmaría a Charlie un poco. Era algo a lo que había estado tratando de convencer a Bella de hacer; aunque tanto insistir no había funcionado, hasta ahora.
"Llenaremos algunas solicitudes para la universidad," le avisé a Charlie, y se calmó visiblemente, por el contrario que Bella, su respiración se detuvo y su cuerpo se tensó.
"Bien," Charlie dijo. "He estado insistiendo a Bella para que tome una decisión."
Asentí, sonriendo solo un poco.
"Iré por ellas," me levanté, diciendo. "Las dejé en el carro."
Charlie frunció el ceño, pero no dijo nada.
Me levanté del sofá, sonriendo a una Bella aun congelada por lo que acababa de hacer.
¿Por qué se tensaba tanto por esto?
Caminé por un lado de Charlie, y me dirigí hacia afuera.
Ni Charlie ni Bella pronunciaron palabra alguna en mí ausencia. Tomé rápidamente el montón de solicitudes que mantenía en el asiento trasero para en cuanto convenciera a Bella, no pudiera cambiar de idea.
Sacudiendo la cabeza ante lo terca que podía ser Bella, regresé a la casa, con las solicitudes y estampillas en la mano.
Entré a la pequeña sala, para encontrarme con Bella enfurruñada, sus piernas estaban dobladas en contra de su pecho, su barbilla descansaban sobre sus rodillas, y su frente arrugada.
Podía escuchar a Charlie en el segundo piso, en el cuarto de baño.
Le sonreí a Bella, y me senté de regreso a su lado.
Dejé el montón de solicitudes en la mesa de centro. "¿Qué pasa ahora?" le pregunté alzando su rostro por su barbilla para que me viera. "¿No crees que debes hacer esto, aunque sea para que Charlie no sospecho que planeas escaparte con tu novio?"
Bella entrecerró los ojos, pero una sonrisa se formó en su rostro…
"Bien, tienes razón," aceptó finalmente, sentándose bien. Me miró fijamente, con mirada decidida. "Pero tengo una condición."
Traté de no reír. Esto había sido muy fácil; lo que significaba que ya había pensando en esto durante mí corta ausencia.
Bueno, pues yo igual. Suspiré. "Yo, también."
No reaccionó a mí respuesta. "Tiene que ser una universidad muy lejos de Forks, para que Charlie no moleste queriendo que haga visitas en Navidad."
Asentí. "Me parece justo."
Ella también asintió, con aire victorioso. "Ahora, dime la tuya."
"Supongo que es algo obvia. No iremos a ningún lugar con más días soleados que nublados," alcé una ceja. "Nada de Hawaii o Florida."
"Me parece justo," murmuró, besándome. "No lo habría querido de otra forma."
Lo alejé, sentándonos "apropiadamente" al escuchar a Charlie bajar de regreso a vigilarnos y lo que hacíamos.
Saqué la primera solicitud y la estiré frente a ella.
"La Universidad de Alaska," le aclaré, Bella y yo empezamos a llenar los datos, después de que asintiera. Luego Charlie entró a la sala y se sentó con un gruñido en su silla reclinable, sin molestarse siquiera en encender el televisor.
Definitivamente fue el día más largo de mí existencia, y apostaba que uno de los de Bella, también.
Estuvimos bajo la feroz mirada de Charlie durante horas, observando con ojo de águila cada uno de nuestros movimientos. No pude besarla, ni tocar su mejilla, sus manos, no hubo abrazos, y hubo muchos suspiros contenidos durante el día.
Y mientras llenábamos más solicitudes, el tiempo pasaba y el sol bajaba lentamente, me encontré deseando que la noche llegara y Charlie se fuera a dormir después de sacarme de allí y creerme dormido bajo un diferente que el suyo.
Sonreí cuando el último rayo se apagó. Y por la noche que ya ansiaba tener para mí con mí Bella.
¿Les gustó? ¿Qué les gustó? ¿Qué no? ¿Tienen ideas? ¿Cosas que les gustaría hubieran pasado en Eclipse? Díganme, y veré si puedo incluir algo. Claro, sí quieren. No es obligación.
Gracias por leer la historia, y mucho más por dejar sus comentarios. Me dan ganas de seguir escribiendo, aunque no tenga tiempo por la escuela.
=D
