La sensación de presentarse a un trabajo, una de las pocas cosas de las cuales debía ser sincero era que en su vida jamás había tenido algo así como una búsqueda laboral, pues su puesto en la corporación de los Rich le fue legada por su padre; ahora bien, en vista del terrible desempeño que tuvo el mes pasado en conseguir una fuente laboral, no podía sino recordar sus constantes fallos, errores que tuvo en cada entrevista, al principio fue bastante engreído con sus capacidades, hasta el punto de mostrarse superior a quien sería su jefe, lo cual era bastante seguro, mas eso no servía para satisfacer la necesidad de los ponis que serían sus superiores en cualquier cargo. Ellos deseaban un corcel que aceptara la cadena de mando y eso era algo que a él no se le daba ya que estaba acostumbrado a tomar las decisiones.

Luego su carácter había cambiado a fingir algo de humildad, pero todo se fue al garete cuando tuvo que optar entre dos empleados distintos, ciertamente el presidente de la empresa era de esos ponis que trataban a todos los empleados como si se trataran de miembros de su propia familia, aquel principio era bastante llamativo, pero poco productivo, pues la respuesta correcta para dicho principio hubiera sido optar por el talento y la capacidad más allá del estado social, emocional, familiar, etc. La prueba fue bastante concreta, debía optar por elegir entre una yegua con tres hijos, cuyo poni especial de la guardia real había sufrido una herida seria en sus alas, por lo cual debía estar en el hospital; si se la despedía las consecuencias serían un bajo en la alimentación y educación de los pequeños para mantener al pegaso en el hospital con las operaciones y el tratamiento de recuperación, obviamente, la familia tendría una pensión por parte de Equestria, pero esta no alcanzaría, ese no era su problema, aquella yegua, con sus problemas se volvería en un engranaje insuficiente dentro de la máquina. Por otra parte, estaba un unicornio joven, talentoso y sin una poni especial… ese tipo de personal era prometedor, en parte por la energía de la juventud y en parte porque no tenía dónde más utilizarla que en el trabajo. Al elegir productividad por cooperación y preocupación, firmó su carta de despedida.

Así pues, una de las entrevistas finales fue de director de venta de productos de belleza para unos ponis de aspecto pacífico, pero con carácter demasiado ligero como para poder tomarse en serio a una empresa como la que tenían ya construida, le comentaron algo de la ayuda que Rarity les prestó para publicitar el producto y salvar sus tierras. Debía admitirlo, el producto era sumamente prometedor así como de enorme calidad, pero la forma de llevar la empresa estaba destinada o bien a un fracaso a mediano o largo plazo o a un estancamiento que no dejaría crecer a dicha empresa, ni qué decir de su negativa ante la idea de comenzar con el proceso de industrialización del producto. En esa ocasión decidió marcharse por su cuenta, deseándoles suerte, pues a su juicio les hacía mucha, pero mucha falta.

El incesante tic tac de un reloj cercano, de un lápiz golpeando el escritorio con cierta fuerza, de la incomodidad que causaba en sus cuartos traseros el sofá entrado en años, de pinturas cercanas que nada tenían que ver entre ellas ni contrastaban la imagen del lugar… en definitiva dejaban al lugar como una falta de cualquier tipo de organización a la cual estaba acostumbrado a ver en su oficina. Era pues una gran cantidad de pensamientos, de sentimientos que se entrecruzaban, provocándose entre sí, arrimándose, fusionándose. ¿Qué le diría? ¿Cómo debía comportarse? ¿Necesitaba algún talento o fijación especial para el trabajo? ¿Era una mala broma?

De pronto una puerta corrediza de madera se abrió para revelar a Lavish Velvet vestido con un traje sencillo de una tela poco fina, pero eso sí, impecablemente presentable, ni una arruga, ni una mota de polvo ni de tela, de la misma forma, el cabello del corcel estaba finamente peinado. Este sonrió casi de inmediato para acercarse.

- ¡Puntualidad! ¡Eso dice mucho de cualquier poni! – Dijo en voz alta poco antes de extender un casco para tomar el de Filthy. – Me alegra mucho que usted viniera. Señorita, vaya por unos desayunos, avena al estilo Appleloosa para mí, ¿desea algo?

- Sí, cebada, con cubierta de rosas y manjar de durazno. – Solicitó el corcel, pudiendo percatarse de inmediato de la diferencia enorme entre los gustos en cuanto a desayunos que ambos tenían, ciertamente cualquier poni podría haberse percatado de ello.

Moviendo la cabeza, Lavish invitó al corcel dentro de su oficina, la cual no difería mucho de la sala de espera, la alfombra parecía de terciopelo, pero al sentirla con sus cascos, supo que no era de ningún tipo que hubiera conocido antes, era más fina, con cierto calor y de una espesura mucho mayor.

- Muy bien mi estimado Filthy Rich, no soy de los que van con rodeos; te he buscado para pedirte que formes parte de una rama nueva de mi empresa, de hecho sabrás que he invertido más de cuarenta por ciento de todo mi dinero en ella, así de grande es mi fe en este nuevo negocio.

Asombrado, Filthy no pudo evitar llevar sus orejas hacia adelante para catar mejor el sonido de las palabras de Lavish quien no hacía el menor de los intentos por ocultar su emoción ante la situación presente, con sus expresiones a tal grado, su vestimenta ahora sí comenzó a arrugarse. Pero no era del todo puntual en sus detalles.

- Pero estoy seguro de que ya de has dado cuenta de lo pésimo que soy en el mundo de los negocios, es por eso que mi empresa ha decaído en un tres por ciento en los últimos dos años. Estoy angustiado, angustiado mi amigo… - decía con tristeza el corcel poniendo ambos cascos frente a una ventana enorme, ubicada detrás de su escritorio con un aspecto realmente sólido, su mirada se perdía en el horizonte de la ciudad.

Las palabras de Lavish realmente demostraban el terrible empresario que era, jamás se debía mostrar las debilidades o momentos difíciles de una empresa, eso alejaba socios y posibles inversiones capaces de inyectar de vitalidad a la empresa, era un completo error creer que la sinceridad franca podía ser de ayuda en casos tan extremos como los comentados por el poni terrestre de ojos rojos.

- De hecho, no soy para nada capaz de sacar adelante esto por mi propia cuenta y créeme que me cuesta bastante trabajo admitirlo, tengo cierto deseo de independencia o quizás soberbia en lo que puedo y no puedo hacer… me lo han dicho muchas veces, pero solo ahora decidí escuchar esa crítica. – Continuaba el corcel desviándose del tema, cosa que Filthy notó con bastante inmediatez.

- Entonces, ¿qué espera exactamente de mí señor Velvet? – Cuestionó para poder poner el tema principal nuevamente como eje de la conversación.

- Te lo dije ayer, quiero que tomes el papel de jefe de la nueva rama y que me ayudes con las que ya tengo; acepto mi enorme defecto y sé que solo puedo aprender de los mejores, qué poni mejor que tú para eso… bueno, en principio, necesito una gran ayuda de tu parte, no se me dan esas cosas de los papeles ni contratos. Así que tendrás que hablar con unos cuantos ponis que trabajan para mí en ese aspecto y en muchos otros.

Era extraño, las puertas estaban abiertas y de hecho quien sería su jefe le estaba pidiendo mucho más de lo que cualquier empresario estaría dispuesto a pedir sanamente a alguno de sus empleados, por muy inteligentes o capaces que estos fueran, en menos de quince minutos había hecho una gala de enormes errores contra la estrategia empresarial que había visto en toda su vida. Cómo era posible que un sujeto así tuviera todavía una fortuna para amasar o invertir tal cual estaba haciendo. Pero todavía más, su contrato sería bastante amplio… aquellas cartas eran prometedoras, pero bastante confusas.

- No me dices mucho al respeto Lavish, no puedo tomar una decisión con esta información.

- Oh, corcel de poca fe, alguna vez tendrás la fe suficiente como para ver con buenos ojos las oportunidades en bandeja de plata frente a ti.

- No es que no le tenga fe, pero mis habilidades pueden resultar poco apropiadas para cierto tipo de negocios o activos, pero en parte seré igual de sincero que usted, ahora es como si me hubiera puesto en un pantano, no puedo ver nada más allá de las aguas turbias y adivinar de qué son los olores desconocidos.

- Filthy Rich, es usted un corcel bastante puntual y firme en su posición; pero en vista de su pedido no me queda más que aceptar a comentarle la siguiente parte de esta plática. Verá, la nueva rama a la cual invertí tanto dinero es a la apertura de nuevas rutas de comercio fuera de Equestria por vía marítima.

El corcel levantó una ceja, ¿Sería capaz aquel corcel de ignorar los cientos de empresas dedicadas a un oficio tan arriesgado, pero enormemente lucrativos actualmente?

- Sé muy bien que no suena nada nuevo, pero espere que la mejor parte es que las rutas que tenemos solo las conocemos nosotros, de hecho, estas rutas llevan a productos desconocidos, especias raras, objetos y adornos exquisitos. Esta ruta está asegurada por una de las tripulaciones más experimentadas; la seguridad de transporte de las mercancías es una de las más altas en vía marítima por distintas razones que le explicaré solo si acepta su nuevo puesto. Hoofbeard

- Supongo que tampoco me mostrará los productos hasta que acepte el puesto.

- Entiende que debo mantener esto en secreto, esa es la clave para que funcione, mantenerlo en secreto.

La expresión de seriedad de Lavish Velvet se impuso frente a un Filthy Rich todavía indeciso al respecto, tenía cierto temor a arriesgarse, tenía cierta reticencia a trabajar bajo órdenes de alguien más, ya tenía suficiente con su trabajo mal hecho en otros lares. Este era su elemento, su taller si se quisiese decirlo así, pero se sentía bastante extraño ponerlo a disposición de alguien más.

- Mira Filthy, debo decirte que tu trabajo será bastante amplio, tendrás todo tipo de circunstancias a las cuales estoy seguro que no te enfrentaste antes; aventuras, excursiones, tratos en momentos poco favorables, personal del más variado; por no decir que deberás hacer más de un libro de nuestras cuentas y asegurarte de incrementar las ganancias de la empresa, aunque eso es obvio.

- En ese caso solo tengo una cosa importante que decir.

- Cuál.

- Espero que la paga valga la pena. – Afirmó el corcel poco antes de extender el casco.

Con unas carcajadas más que audibles, Lavish Velvet estrechó su mano de forma conjunta con la de Filthy Rich.

- Señorita – advirtió al ver ingresar a la yegua a la oficina con ambos pedidos. – traiga un poco de la sidra de la reserva, hoy se escribe la historia de nuestra empresa. – terminó exclamando con enorme alegría el corcel sin dejar de apretar el casco de su interlocutor y ahora más importante socio dentro de la empresa.

Aquella energía era tan contagiosa que Filthy ni pudo sino estrechar una sonrisa igual de larga, manteniendo el ahora sacudón de cascos. Cuando Lavish paró, se llevó el mismo casco a la barbilla en clara muestra de que estaba pensando.

- Por favor, anote su número de cuenta en ese papel de allá, creo que una buena forma de comenzar con el trabajo será dándole un adelanto para que deje de preocuparse por comida, material de estudios y lo que requiera.

- Gracias… Lavish, creo que es momento de irme. – Señaló el corcel poco antes de terminar de anotar el último cero del número de su cuenta con una pluma ligeramente fina.

- Por cierto, tu trabajo inicia en una semana, hay que hacer algunos preparativos y creo que será bueno que conozcas al personal y todo el trabajo que realizan…

- Definitivamente, de hecho yo iba a pedir que me permitiera entrevistarlos, observarlos y ver sus diferentes trabajos dentro de la empresa.

- Perfecto, pero como no solo se tratará de eso, quiero que sepas que los libros que seguramente quieres ver lo más antes posible llegarán a tu departamento dentro de dos días. Por cierto pásate por aquí el viernes en la mañana, a esta misma hora. No está de más una charla antes de tu primer día de trabajo.

Extrañado por el pronto orden que el corcel parecía poner a las actividades que iría a realizar, Filthy Rich sintió curiosidad de pronto por dichas actividades.

- ¿Qué haré el lunes?

- Conocerás al almirante wetbread y a su embarcación, aunque te prometo que si algo he aprendido al formar esta rama es que no hay experiencia suficiente para poder apreciar todos los detalles de buenas a primeras, es por eso que tus primeras tareas serán conocer a todo el personal de primera línea, por favor, entiende por primera línea a aquellos que tienen relación directa con exportación e importación de productos.

- ¿Quiénes serían ellos?

- Están incluidos el Almirante Wetbread, un ex trabajador de la fábrica de nubes de Cloudsdale: Red Tail. Y finalmente un viajero del desierto de nombre Yuk`Amil, básicamente los conocerás a ellos y a su personal propio. No puedo esperar hasta que los veas. Tienes pinta de caerle bien a Yuk`Amil y créeme que eso es bastante, bastante difícil.

Con cierta emoción contagiada, Filthy se despidió por última vez poco antes de salir de la oficina rumbo a su casa, aunque primero debía ir a un banco por algo de dinero.

Los pasos de Diamond Tiara eran seguidos de cerca por los de Sapphire Shores, un cosquilleo indescriptible, junto a unas enormes ganas de gritar de alegría luchaban por mostrarse; de hacerlo perdería el juego de inmediato, pues para ganar debía ser todo lo silenciosa y escurridiza que podría ser.

La artista por su parte no podía ver nada, un pañuelo blanco doblado en cuatro y puesto en sus ojos a modo de banda servía para evitar que viera la posición exacta de la pequeña, por lo cual debía contar con su oído y con una que otra vibración que sus cascos lograban percibir, obviamente, el olfato no le ayudaba mucho ya que estaban en medio de una habitación con objetos con un olor más fuerte que el de Diamond. Probando suerte hasta que el tiempo acabara, la yegua pisaba de forma suave evitando producir sonidos para así no bloquear los que fuera a producir la potranca.

Ciertamente el lugar no era lo suficientemente grande como para realizar juegos semejantes a aquellos, pero recorriendo unos sillones, levantando unos cuantos muebles y en especial utilizando estratégicamente el espacio restante, se podía tener un juego como el que estaban realizando.

De un momento a otro, sorpresivamente la yegua dio tres pasos al frente, acercándose a Diamond, para no dejarse descubrir, se agachó con gran suavidad para así no producir ningún ruido, estaba a tan pocos centímetros frente a ella que solo hacía falta que moviera uno de sus cascos de forma leve para tener contacto. Como estaba atrapada contra un escritorio viejo, detrás del cual no había más espacio para tratar de esconderse, con bastante precaución la pequeña trató de mover sus patas para impulsarse a la izquierda y tratar de alejarse del poni. Sin embargo, no fue lo suficientemente veloz, pues el casco de Sapphire pronto dio con su pata trasera derecha.

- Ajá, te tengo.

- No es cierto, pasó el tiempo. – Dijo de forma arbitraria la pequeña con cierta frustración; odiaba admitirlo pero ella era mucho mejor en ese juego.

- Ya quisieras niña, te gane limpiamente. – Advirtió Sapphire sacándose la venda de los ojos.

Era extraño, jamás le gustaron los niños, especialmente aquellos que tenían aspecto de ser bastante melindrosos, Diamond Tiara sin embargo era bastante diferente, era melindrosa, de eso no cabía duda. Pero tenía la capacidad de hacerla perder la noción de tiempo, jugar con ella era realmente un pasatiempo, tenía una que otra buena idea, pero enserio tenía una capacidad increíble para convencer de jugar cierto juego frente a otro; así como también tenía un carácter algo firme en sus gustos. Sin embargo, pese a ser un poquitín irritante en ciertos momentos tenía la capacidad de hacer preguntas puntuales y poco repetitivas; a diferencia de otros potros no parecía tratar de molestarla, de hecho ni siquiera le había preguntado de su vida como estrella del pop.

- Dime ¿Te gusta el mar?

- ¿El mar? Emm, no, lo aborrezco, no me gusta el balanceo que las olas provocan. Aunque me encanta pasear en la playa, es bastante relajante. – Respondía la yegua recordando que la pequeña no dejaba de ser una niña… - ¿Y a ti?

- Bastante, aunque nunca estuve en un barco; deseo poder subir a una embarcación algún día y ya sabes navegar por el mar aunque no maneje el timón… quiero saber que se siente estar a flote sobre el mar. El balanceo de las olas… ver a las ponis sirena.

- ¿Has leído mucho las historias de la corsaria Sea Rose no es así?

- Sí, me encanta su valentía en altamar. – Afirmaba entretenida la pequeña haciendo el ademán de manipular el timón de un navío.

La yegua desde luego sonrió al ver las ilusiones y deseos reflejados en los ojos de la pequeña. Entonces un recuerdo repentino le llegó a la mente, en algún momento de su temprana edad también había tenido deseos alocados de viajar por toda Equestria para conocer todos los lugar y quizás algún día salir de Equestria para ver otras culturas, aprehender algo de ellas. Pero lo malo de ser una estrella del pop querida entre los ponis y alguna que otra nación era que era una estrella del pop querida… su libertad para explorar era bastante limitada, por no decir nula. Si pudo estar en casi todas las ciudades de Equestria, apenas había podido salir del escenario, el hotel o las entrevistas para las revistas de tendencia. Apenas si tenía algún respiro en sus giras. Ahora era uno de esos momentos.

¿Qué había pasado con la chica que se ponía las alforjas cada fin de semana para ver cuán lejos podía llegar a trote por los extensos caminos de su colorido pueblo cerca de Yanhoover?

Pronto aquello remitió con demasiada vehemencia hasta cierta melancolía, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, no sabía bien por qué, pero ese recuerdo le traía un terrible sentimiento de pérdida, de cierta pena por no ver más a aquella pequeña. En un espacio de apenas cinco segundos de estar completamente activa y con una alegría similar al de una potranca al jugar con Diamond Tiara, pasó a tener una depresión inexplicable en principio, tan fuerte que el juego cesó, sentándose sobre sus cuartos traseros pronto sintió cierta falta de aliento. Sus pulsaciones bajaban, su garganta comenzaba a escocer, sus orejas se posicionaron hacia atrás, sus ojos se entrecerraron, mientras que sus cascos delanteros se debilitaron, provocando cierto temblor lleno de nerviosismo.

- ¿Te pasa algo? – Preguntó de repente la pequeña dándose cuenta del terrible cambio que la yegua tuvo en un abrir y cerrar de ojos.

Sin prestarle atención inmediata la yegua se quedó petrificada mientras que la melancolía parecía obnubilarla dentro de ese recuerdo casi insuperable de su falta. Pero la insistencia, así como unos golpecitos de casco en su pata derecha pudieron regresarla a la realidad.

- ¿Sapphire?...

- ¿Ehh? ¿Dime? – respondió de forma torpe la yegua poco antes de llevarse un casco a la cabeza, pues un repentino pero leve dolor de cabeza fue lo primero de lo cual percatarse después de despertar del estado de trance en el cual la había mantenido aquel recuerdo.

- De pronto te pusiste rara… ¿Todo bien?

- Sí… solo… no, no es nada… - Respondió la yegua tratando nuevamente de levantarse sobre sus cuatro patas.

Y sin embargo, allí estaba, todavía palpitante en su interior, su expresión continuó cambiada, no le era posible sonreír… su rostro simplemente no obedecía la simple orden de fingir una sonrisa, un requisito más que indispensable para su trabajo.

Diamond Tiara no era ni ciega ni ingenua, a cada segundo podía percibir con mayor exactitud el cambio de la yegua, sus párpados se cerraban por periodos de tiempo algo largos, su respiración tenía cierta agitación, su casco derecho delantero todavía presentaba cierto temblor, incluso su voz había cambiado, más quebradiza, en nada se parecía a la voz melodiosa y sublime de sus canciones.

De pronto, la yegua desvió la mirada ante el sonido de una puerta abriéndose, siendo una invitación mucho mayor a regresar a la realidad. Hasta ese entonces no pudo notar la hora que era, ni mucho menos el hecho de que la pequeña la había llevado hasta su departamento.

Cuando la cabeza de Filthy Rich se asomó para hallar a su hija sentada frente a la yegua a la cual apenas conocía y que, sin embargo, le había salvado la vida era una extrañeza, ella no tenía más razones para verlo, más aun siendo una ocupada estrella del pop en Equestria. Algo impresionado ingresó dentro del departamento del cual Diamond Tiara era la única después de él que tenía una llave.

- Lo siento, estaba jugando con Diamond y de pronto me trajo aquí. – Se disculpó la yegua tratando de justificar las razones por las cuales había ingresado en la propiedad de Filthy Rich sin el menor de los permisos por parte de este.

Filthy se limitó a quedarse algo callado. No le veía el menor de los problemas, porque ella ya estaba allí, además, poco podría reclamarle a la yegua que le había salvado la vida.

- Descuida, cuando quieras. – Aquello sonó mucho peor de lo que tenía en mente.

- Creo que ya es hora de irme. – Le informó a Diamond Tiara poco antes de encaminarse hasta la salida del departamento.

- Te acompaño. – Afirmó el corcel mostrando los modales que una vida como la que tuvo inculcaron en él.

Sapphire se limitó a afirmar con la cabeza.

- Adiós Sapphire. – Fue todo lo que la pequeña pudo decir antes de ver salir a una amiga de juegos sin igual salir por la puerta de su departamento.

En el trayecto hasta el exterior del edificio, ninguno de los dos estuvo dispuesto a decir palabra alguna, no fue sino hasta llegar a los jardines de la calle que finalmente Sapphire comenzó la charla.

- Lo siento Filthy Rich, pero no recuerdo haberme divertido tanto desde que era una potrilla.

- Si es así, no tengo nada que decir al respecto, de hecho, me impresiona que una poni como tú, que no tiene tiempo pueda sacárselo para jugar con una potrilla con la que no tiene relación alguna.

- Usualmente no lo tendría, pero estas son mis vacaciones y enserio pueden llegar a ser aburridas.

- Pero ¿Acaso no puedes ir a entretenerte por la ciudad? Canterlot es la segunda ciudad con mayor entretenimiento. – Afirmó el corcel mientras ambos se quedaban expectantes en el jardín.

- Aunque no me lo creas, no suelo divertirme en las atracciones o en las aglomeraciones, al menos no siempre. – Espetaba la yegua manteniendo especial tono en su voz al pronunciar la palabra diversión.

- Ya veo, pero ¿Acaso no tiene usted alguna lista especial de cosas que desea hacer en su tiempo libre? Mi poni especial solía… - Un silencio sepulcral se manifestaba en Filthy Rich, hecho que fue notado al instante por la yegua.

- ¿Su esposa? – Cuestionó al no ver mayor acción en el corcel que pronto cambió de energía.

- Ella solía tener una lista de cosas que deseaba hacer… y las hizo. – Sentenció para finalizar nuevamente en aquel silencio.

Había algo con respecto a su poni especial; el cambio en la voz de Filthy Rich era importante, así como el hecho de que había bajado la cabeza levemente. Por lo cual la yegua pensó que era mejor dejar el tema.

- Es un buen consejo, lo seguiré. Bueno mi amigo, espero que nos veamos pronto.

- Sapphire… - Dijo el corcel ganándose la atención inmediata del corcel. – Gracias por lo de ese día.

- No es nada, yo sé que tú hubieras hecho lo mism…

- Enserio, gracias. – Se despidió el corcel tomando el casco de la estrella con su pata delantera izquierda para después besar el frente de dicho casco. Un acto de corcel que pocas veces era visto fuera de los palacios o eventos en ellos realizados.

Entonces, el corcel comenzó a marcharse rumbo a su no tan nuevo hogar, del cual ya se presentaba la ilusión de poder cambiar pronto.

- No… no fue nada. – Susurró una yegua tomada por sorpresa.


Y bien, después de una ausencia de más de un mes, espero me perdonen por la memoria, este tipo de retrasos suelen sofocar a los fics, pues los lectores olvidan las tramas, o simplemente dejan de interesarles; ese es el castigo para quienes no dan continuidad a sus actualizaciones, pero no por ello abandonaré este fic, así que levanto el pulgar a quienes todavía lo leen después de la ausencia que tuve, espero que se preparen para lo que viene; nos leemos pronto.