Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto. Pero el drama sí me pertenece.
Los dos pares de ojos azules se prensaron unos a otros. Naruto, semidesnudo, se quedó inmóvil, viendo con casi terror a la rubia que parecía hierática ante su presencia. Dentro de la habitación se escuchaba la entonación de la canción "we are young", que pasaba por el radio. Los ojos de Ino pasaron por el pecho descubierto del Uzumaki y después volvió a su cara.
—¿Y tú qué haces aquí, Naruto?
El tono de voz de la rubia era tranquilo, pero con la duda impregnada.
—Ah, vine a ver a Hinata… —Respondió con el hilo de voz trémulo.
—Ya veo —Alzó una ceja.
La pelinegra, que no se había enterado por fin de quién había tocado la puerta, salió con la bata puesta para encontrarse con su queridísima amiga. Se detuvo, casi retrocediendo, cuando sus ojos chocaron con los de la Yamanaka. Hinata sintió que la sangre se le iba al suelo y al instante el temor se apoderó de sus facciones. Pero Ino no actuó de la misma forma que aquel par de amantes descubiertos. Fue algo más profundo, pues en su mirada se dibujó la fina percepción de una desilusión, hacia ella, hacia su amiga.
Desvió la vista, aún con los ojos incrédulos y entró al departamento, sin ser invitada. Tenía puesto un vestido rojo y un chal café encima, con mocasines negros. Así que caminó con aquel paso de galanía que tanto le gustaba imitar y dejó caer su bolso en uno de los sillones de terciopelo.
Naturo, que la siguió con la mirada, desconfió, y no quiso cerrar la puerta. Vio como la rubia tomaba asiento, en silencio, sin verlo a él, sólo viéndola a ella. También Hinata la miraba, cuando su cuerpo empezó a tiritar ligeramente, debido a la impresión de ser descubierta
—Así que tú eres la razón por la cual Naruto rompió con Sakura —Musitó, negando en desaprobación con un movimiento de cabeza.
Hinata expandió sus perlados ojos con miedo. Su garganta se amarró en un nudo, lo que impidió negarlo y gritar que estaba equivocada. La pena de saber que su amiga la estaba juzgando le caló muy hondo. No podía permitirlo. Pero por fortuna alguien se le adelantó.
—¡Eso no es cierto, Ino! Hinata no es la responsable de mi decisión. Tú no sabes nada de lo que pasó entre Sakura y yo. No puedes culpar a nadie.
—¡Claro que no voy a saber nada! —Chilló con ironía, dirigiéndose a él—. Si tú y Hinata se la han vivido escondiéndose de todo el mundo desde que terminaste con Sakura. ¿Y no quieres incriminar a nadie? Por favor Naruto, eso me dice más de lo que tratas de negar. Y ahora que lo pienso bien, tú no tienes nada que decir. Así es que ten la maldita cortesía de largarte de aquí, porque vine a hablar con Hinata, no contigo.
—No me voy a ir —El rostro de Naruto se endureció con firmeza, y miró a la rubia desafiante.
—Hinata, dile a este idiota que se vaya.
Hinata miró con temor a Naruto, cuando notó que empezó a enojarse. Se imaginó que algo malo iba a suceder si dejaba que ambos continuaran enfrentándose. Se sentía acorralada. Pero era mejor que ella arreglara las cosas con Ino. Ella había ido a buscarla a su departamento por alguna razón y pensó que era mejor conocer esa razón, a solas. Así que con mucho dolor, tuvo que elegir a alguien de ellos dos.
—Naruto, por favor, déjame a solas con Ino. C-Creo que ella y yo tenemos mucho de qué hablar.
Naruto no apartaba la vista de la rubia, aunque esta empezó a ignorarlo. Pero pudo recapacitar y entrar en sí a tiempo, viendo que su presencia podía perjudicar las cosas. La Yamanaka lo estaba odiando en ese mismo momento y era mejor que las cosas se enfriaran o algo descomunal podía suceder, por parte de ambos.
Tomó su ropa y las llaves de su auto, y antes de salir por la puerta se dirigió a su novia.
—Te llamaré mañana.
Una risita burlona escapó de los labios de la rubia. Naruto la vio con desdén, antes de cerrar la puerta tras su partida.
El radio seguía sonando con otra canción de moda. Hinata se sentó en una silla, frente a su amiga.
Los ojos de Ino no la perdían de vista. No lucía molesta, más bien parecía aprehensiva, calculadora, interrogante, como si pretendiera sacarla toda la verdad con la pura insinuación de una mirada. Pero Hinata no podía con eso, y prefería agachar la cabeza al suelo.
—No puedo creerlo... En serio, ¿y sabes algo? Yo sí me imaginé que el rompimiento había sido por alguien más. Alguna chica nueva, una de esas femme fatale a las que les gustan los hombres de otras, sólo por la sensualidad de obtener lo prohibido o por simple diversión liviana. Pero jamás en mi vida pensé que fuera una chica como tú.
La Hyuga levantó la cabeza, cuando sus ojos empezaron a verse vidriosos.
—Ino, no sucedió como piensas. Por favor, créeme —Una lágrima cayó sobre su mejilla.
—No, no lo hagas. No llores. Es lo que siempre haces y lo detesto. Y deja de temerme, por favor. ¿Qué acaso no me conoces?
Hinata observó a su amiga con sorpresa y cierto desconcierto. Temía, pero ahora no sabía de qué. En ese momento Ino se puso de pie, abrió el refrigerador para fisgonear, y después sacó una botellita de agua pura. Empezó a recorrer el departamento mientras le daba pequeños sorbos de agua a la botella. Era como si pretendiera buscar alguna pista o señal que le dijera que había sucedido antes de que llegara a interrumpir. Todo esto pasaba ante la mirada de incertidumbre de Hinata.
De repente se detuvo en una mesita, tomó algo que Hinata no podía ver. La rubia se rió y levantó un condón empaquetado aún. A la pelinegra se le puso la cara roja.
Nadie dijo nada más, pero Ino se acercó de nuevo a ella.
—Hinata, Hinata… ¿qué vamos a hacer contigo?
Volvió a sentarse. Se quitó el chal de los hombros para refrescarse con el aire acondicionado de la habitación, y volvió a tomar más agua. Hinata la miraba más tranquila, pero sin perderse ninguno de sus movimientos. Sabía que tenía que hablar para aclarar las cosas, aunque tuviera que perder a otra amiga más.
—Sé que debes estar pensando que yo le pedí a Naruto que dejara a Sakura, por mí. Pero no fue así.
—¿Entonces qué ocurrió realmente? —Ino no parecía molesta, mas bien se veía escéptica.
No sabía por dónde comenzar. La verdad es que sí la había dejado por ella, pero no como Ino pensaba. Sabía que de cualquier forma que contara los hechos, la iban a incriminar como la causa del problema. Es decir, que iba a parecer de todos modos que ella había sido la entrometida en el noviazgo de la Haruno y que por su causa, Naruto había tomado la decisión de dejarla. No estaba segura de cómo contarlo, porque la verdad es que no quería hacerlo. Aún así, no podía escapar. Ino le había cachado el teatro. Era imposible escapar de ella.
—Yo… —Empezó a costarle trabajo decir la verdad—. Le dije a Naruto lo que sentía por él.
—¿Lo que sentías por él? —La Yamanaka estrechó los ojos, incrédula—. ¿Y qué es lo que sentías por él?
Hinata la miraba, casi implorándole que la dejara, porque era muy difícil para ella sincerarse con alguien así, en respecto a sus sentimientos. Pero Ino no pensaba ceder.
—L-Le dije… q-que lo amaba —Su voz salió de sus labios como un susurro.
La rubia dejó de insistir por unos segundos y observó profundamente a la tímida Hinata.
—¿Qué lo amabas? —Cuestionó por aclaración, casi con la duda de que había escuchado lo correcto.
Hinata asintió con la cabeza.
—¿Desde cuándo se supone que lo amas?
—Desde siempre…
—¿Desde que lo viste por primera vez o desde que Sakura aceptó ser su novia? Explícate que no entiendo.
—Desde antes… —Susurraba con la mirada en el suelo—. Desde el primer día… Cuando él estaba jugando futbol en la preparatoria. Ese día cuando su balón cayó en el árbol donde estábamos sentadas nosotras y él fue a disculparse… Desde ese día.
Ino no podía apartarle la vista. Soltó una risa cuando recordó el día que Hinata mencionaba.
—Ya lo recordé. Fue ese día que Sakura lo insultó y le dijo que era un idiota que no sabía jugar futbol, ¿verdad?
Hinata asintió con un movimiento de cabeza, sin risas.
Ese recuerdo traía cierta nostalgia agradable para Hinata, pero a la vez le venía con desazón. Porque ese día Naruto puso sus ojos en Sakura y no en ella. A pesar de que la peli rosada había dejado muy en claro que él no le agradaba y que le parecía un tonto, para el rubio ella había sido algo así como una exótica flor de cerezo que no había visto nunca jamás en algún otro jardín. Y Hinata allí sólo había sido una orquídea que adornaba a aquel cerezo. Tan sólo un complemento que no impresionaba, a menos que no tuviera a una reina como aquella belleza rosada.
Ino pudo percibir los sentimientos que le traía ese recuerdo a su amiga. Y de alguna manera, lo lamentó. Pero seguía intrigada por lo que había hecho. Todavía le parecía un enigma que una mujer con la personalidad de Hinata hubiera sido la causa de un grave rompimiento donde su mejor amiga estaba pasándola horrible. Aún así detuvo cualquier pensamiento en contra de Hinata y prefirió indagar más al respecto.
—No entiendo, Hinata. ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué no nos lo dijiste antes? ¿Por qué no se lo dijiste antes a él? Tenías toda la libertad y el derecho. Sakura lo había rechazado tantas veces…
—Pero él seguía viéndola a ella… —La interrumpió—. Sólo tenía ojos para ella.
—¿Y qué acaso no es lo mismo ahora? No, más bien es diferente. Es peor. Porque ella ya lo había aceptado y tú ya habías perdido tu oportunidad con él. ¿Qué no fue peor que lo hayas hecho ahora que ellos dos se correspondían el uno con el otro?
—No, no fue igual —Respondió con debilidad.
—No debiste haberlo hecho. Por amistad, por hermandad, no debiste entrometerte.
—¡No pude evitarlo! —Hinata apretó los puños contra la seda de su bata de dormir.
Ino quedó pasmada con esa escena. Algo de todo esto le parecía irreal. No entendió sus argumentos. De ese modo no pudo culparla de todo el daño. Sabía que había algo más que no quería decirle porque posiblemente no se lo había dicho a nadie. ¿Qué secreto podía ser tan vergonzoso? No lo imaginaba. Y dudaba que se lo dijera en ese momento. Así que prefirió ahorrarse preguntas que no iban a ser contestadas. Estaba totalmente intrigada por haber descubierto el secreto de Hinata, y sentía que debía escucharla antes que cualquier otra cosa.
—¿Desde hace cuanto tiempo son amantes? — Preguntó sin aparentar molestia.
—Hace un par de semanas…
—Es decir que, Sakura y Naruto aún estaban juntos cuando tu y él… —Pausó, evitando decir algo inapropiado que pudiera ofender a la pelinegra.
Tardó en responder, pero con un movimiento de cabeza aclaró que sí, que lo había hecho a espaldas de Sakura.
Esto sí que sorprendió a la rubia, y en un momento preciso, desconoció a su amiga. No era la misma Hinata que había conocido en el bachillerato. Aquella dulzura que sin dudarlo compartía su desayuno con sus amigos cuando no tenían dinero, para que no se quedaran con hambre. O la que se las ingeniaba para pasarte la tarea a la mitad de la clase con tal de que no te regañara el profesor. Había cambiado. Había preferido su bienestar emocional sin importarle que otra fuera a sufrir por su errónea decisión. Lo más nefasto del asunto es que se trataba de Sakura, su mejor amiga.
Era increíble, y a Ino le dolía reconocer que su adorable Hinata había actuado tan bajo.
—Todavía me cuesta creerlo.
—Yo no quería lastimar a Sakura…
—No, no lo has hecho. Cuando ella se entere de lo que le hiciste, entonces allí si la lastimaras. Peor que eso, la destrozaras completamente.
Hinata levantó la cabeza con violencia, con temor, y su corazón le latió con fuerza. Ino leyó su pensamiento.
—No, tranquila. Yo no se lo voy a decir —Aclaró la Yamanaka.
La pelinegra suspiró por dentro, esperanzada, sintiendo que casi estaba a punto de cruzar la línea límite de volverse loca. Ni siquiera podía concebir ver a la cara a Sakura. ¿Cómo podía pensar en confesarle su vil acto?
—Pero tú si lo harás, créeme —Musitó la rubia de repente.
La Hyuga volvió a verla plagada de temor. Lo sabía, Ino no iba a quedarse como si no se hubiera enterado de nada. Ino y Sakura eran muy unidas. Y ella sólo era una mancha en su círculo de amistad. No podía hacerlo.
—P-Pero, no puedo decírselo ahora. Ella está pasando por un muy mal momento.
—¿Y de quién crees que es la culpa, eh? —Le restregó con ironía.
Hinata no pudo responder. Se sintió responsable. Alguien más se lo estaba diciendo. No tenía nada con qué defenderse. Sus ojos volvieron a ponerse vidriosos por el deseo de llorar.
—No llores, Hinata. No estoy tratando de inculparte. Tampoco estoy diciendo que se lo tengas que decir ahora mismo. Sakura tiene que ponerse mejor, tiene que olvidarse de Naruto, aceptar que se acabó. Posiblemente no tarde tanto. No lo creo. Pero tú tienes que pensar en cómo confesárselo en menos de un mes.
—¿En menos de un mes? —Cuestionó, casi con sufrimiento.
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Antes de que Ino se marchara, a Hinata se le ocurrió preguntar lo incuestionable.
—Y, ¿Cómo está ella? —Preguntó con intriga.
—Mal. La está pasando difícil. Aún no está totalmente convencida de los motivos de él por haber roto la relación. Pero pronto se compondrá. Pienso invitarla a salir de fiesta esta semana. De hecho vine a invitarte a ti también. Pero ahora como están las cosas, creo que será extraño. Para ti más que nada. Lo mejor será que le diga que tú andas con tus problemas de familia. Esta vez tu papá podrá servirte de coartada, ¿no es genial?
Hinata trató de fingir una sonrisa. Ino la observó antes de cruzar la puerta.
—Hinata, no voy a juzgarte ahora. Pero no puedo negar que, de cierta forma, me decepcionaste. Aunque qué importa mi tonta opinión. Yo sólo soy una espectadora en este enredo.
—Ino, tú eres mi amiga. Me importa lo que piensas. No quiero perderte, mucho menos ahora que posiblemente pierda a Sakura.
—No vas a perderme, tonta. Nos veremos más seguido ahora que todo se ha, aclarecido, un poco la situación.
Ambas sonrieron. Apenas iba a cerrar la puerta cuando Ino la interviene nuevamente.
—Lo olvidaba por completo. Tú y Naruto, ¿se están protegiendo con esos condones baratos?
Hinata se puso algo colorada y sonrió tímida.
—Más o menos. A Naruto no le gusta usarlos y siempre prefiere termina fuera de mí.
—Qué odioso debe ser eso —Hizo una mueca de desagrado—. Yo y… Sai, también odiamos los condones. Así que para que dejen de estar peligrando sus futuros, tú vas a venir mañana mismo conmigo a visitar a mi ginecóloga y así erigiremos tu anticonceptivo perfecto.
Hinata le dio un gran abrazo a su rubia amiga antes de que se marchara.
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Naruto había hablado con Hinata por la noche y ella le contó todo lo que pasó con Ino. No estaba muy contento con la noticia, pensó que era arriesgado que alguien más supiera sobre su relación. La verdad es que le atemorizó mucho que Ino pudiera llegar a decírselo todo a Sakura. Era un tipo de situación que quería evitar. No se lo iba a decir a Hinata, pero, a veces temía de la idea de reencontrarse nuevamente con Sakura. No sabría cómo reaccionaría ante ella. Y no quería saberlo.
Esa noche iba a ser "noche de chicos". Shikamaru le había llamado para avisarle que se iban a reunir en la casa de Choji a jugar Xbox y a tomar cervezas. Le agradó la idea de ver a sus amigos. Los extrañaba. Se lo dijo a Hinata y le dijo que pensaba ir hasta el día siguiente a su departamento.
Llevó su auto a la casa del Akimichi. Compró algo de licor para entonarse. En el sótano ya lo estaban esperando Shikamaru, Kiba y el regordete anfitrión. Los adultos viejos estaban arriba viendo televisión y no los molestarían en toda la noche.
—¡Naruto Uzumaki está vivo! —Chilló el Inuzuka cuando lo vio entrar.
—Hey, no es para tanto. Sólo estaba dándome unas vacaciones de todos ustedes —Comentó burlón el rubio.
—Ah, ¿de nosotros o de Sakura? Ya nos esteramos de lo de ustedes —Volvió a decir Kiba.
—Hey, déjalo en paz. Si no nos quiere contar sus asuntos, no lo hará y no nos importa —Esta vez fue Shikamaru, opinando mientras abría una lata de cerveza y se dejaba caer en el sillón, al lado del Uzumaki.
—No hay nada que contar. El amor se acabó y ya no se pudo hacer nada. Es todo — Aseguró Naruto.
—¿En serio? ¿Tan pronto? —Cuestionó Choji, sin creérselo.
—Para mí que ya hay una nueva señorita. ¿Sí, verdad? Dinos, ¿Quién es? —Insistió Kiba.
El rubio se tensó un poco. Se rió de lo que el Inuzuka parloteaba, con la idea de que era mejor fingir hasta que sea necesario.
—No hay otra, pero la habrá pronto —Dijo malicioso el Uzumaki, mientras Kiba chocaba las manos en aprobación.
—Y Sakura, ¿Está bien con todo esto? —Quiso saber el regordete anfitrión.
—Eso lo puede saber cualquiera, Choji. Las chicas actúan raro en los rompimientos. Posiblemente no esté bien ahora, pero lo estará pronto. También se conseguirá a otro idiota para usarlo y saciarse de él hasta que quede satisfecha y quizá sea otra relación la que se termine así de la nada —Musitó el Nara como única verdad.
Kiba frunció el ceño para evitar reírse de ese comentario.
—Ya, no se pongan raritos —Dijo el Inuzuka mientras se tiraba en una silla a tomarse una cerveza, cambiando el track de la canción que pasaba en el estéreo.
—Por cierto, Shikamaru ya tiene una nueva novia —Alardeó Choji.
—No, no tengo ninguna nueva novia. Sólo conocí a una chica que andaba por allí perdida y que era una arrogante, y es todo.
—Y Shikamaru se quedó con su teléfono móvil por error, por eso quedaron de verse hoy para entregárselo —Acentuó de nuevo el Akimichi, feliz, como si fuera él quien se vería con la chica.
—¡Así se hace, Shikamaru! Nee, ¿Y cómo está la señorita? —Abundó el Inuzuka, malicioso.
Shikamaru suspiró.
—Es otra rubia. Otra más que seguramente querría burlarse de mí.
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Después de visitar al ginecólogo con la compañía de Ino, y después de que le inyectaran ese implante en el brazo, con el cuál la doctora juraba que no tendría riesgos de embarazo por tres años consecutivos, ni ovulación, lo que quería decir, que automáticamente perdería su menstruación, Hinata había podido descansar. Ahora estaba trabajando en un proyecto escolar desde la mañana. En ese momento eran las seis de la tarde, así que pensó que Naruto estaría divirtiéndose con los chicos.
Se puso las pantuflas blancas y un camisón corto. El aire acondicionado llenaba la habitación de placer. Se había preparado un té negro con hielos y ahora terminaba de dibujar con colores pastel ese animal mitológico: un dragón místico, de colores púrpura, blanco y lila.
Su móvil vibró sobre la mesa de dibujo y se sorprendió de quien llamaba.
—¿Hola? —Preguntó como respuesta, aún dudosa de que fuera él.
—Hey muñeca —La grave voz del auricular la hizo estremecerse.
—¿Gaara?
—Él mismo. Por lo que veo aún me recuerdas —Denotaba que estaba sonriendo al otro lado de la línea.
—Ah, sí, claro que te recuerdo. Pero, no esperaba que tú me recordaras a mí… —Rió con timidez.
—¿Cómo podría olvidar esa cara de ángel que tienes? Imposible…
Hubo un momento en silencio, en el cual Hinata se ponía roja como tomate, y en el cual seguramente Gaara estaría sonriendo maliciosamente.
—¿Sigues allí? —Cuestionó el pelirrojo.
—Sí. Perdón, sólo… Nada, olvídalo.
—Quiero que vengas conmigo a una fiesta. Y prometo que esta vez no me iré de tu lado, ni aunque se estuviera acabando el mundo me separaré de ti.
Hinata sonrió. La verdad es que había olvidado lo agradable que era aquel pelirrojo. Internamente, estaba conmovida con el hecho de que él la recordaba y que la estuviera invitando a salir. Pero recordó que ya no estaba soltera. Tampoco era como si no pudiera hacer las cosas por su cuenta sin antes consultarlo con Naruto. Simplemente le parecía extraño que aceptara salir con un chico, cuando su novio tenía la certeza de que estaba en casa, como ella lo había asegurado.
—No creo que pueda salir —Declinó con cierto lamento —. Lo siento.
—¿No puedes salir o no te dejan salir?
—¡No, no es eso! Es que, no hay nadie aquí a quien pueda avisarle…
—Eso es mejor, ¿no? No hay nadie que pueda impedirlo. No hay nadie que pueda molestarse. Es genial.
Hinata volvió a reír.
—No, no es tan sencillo… En realidad sería agradable salir, pero no estoy en posición de hacerlo.
—Hagamos un trato. En este momento son las seis de la tarde con cinco minutos. Yo te recogeré a las siete en tu casa y te dejaré de vuelta en la misma casa de donde saliste a las doce de la noche. ¿Qué dices? ¿Trato?
—No puedo Gaara.
—¡A las once entonces!
Él era tan ocurrente y ella no paraba de reírse con sus ingeniosidades. Le parecía una horrible ofensa rechazarlo. Tanto, que en ese momento empezó a dudar un poco de la posibilidad de salir con él. Estaba segura que el hecho de salir con un chico no estaba mal. Gaara era su amigo y se divertía con él. No iba a pasar nada más que despejarse un rato con el aire de la calle y después volvería a su departamento. Pero tendría que avisarle a Naruto, eso sí.
—Puedo estar afuera hasta las diez —Aceptó la pelinegra.
—No hay problema, muñeca. Es mejor que te alistes ahora mismo, porque ya voy por ti.
Hinata le dio la dirección de su departamento. Después trató de llamar a su novio un par de veces sin respuesta. No se imaginaba que él en ese momento estaba en una guerra con el Xbox. Optó por llamarlo después y fue a darse una ducha.
Se arregló con una falda de volados que le llegaba a las rodillas, color verde olivo. Se puso una blusa negra de botones, entallada al cuerpo, y se colocó unas zapatillas sin tacón, negras también. Dejó su hermoso cabello negro suelto, que le cubría toda la espalda. A las siete en punto, se asomó por la ventana y por coincidencia el vehículo de Gaara ya estaba allí. Con una señal de mano, le pidió que la esperara. Volvió a intentar contactar a Naruto, pero de nuevo, no hubo voz del otro lado.
Cuando atravesó la puerta que daba a la calle y cuando vio a Gaara recargado en su propio auto, no pudo negarlo: sintió una especie de cosquillas en el estomago. Posiblemente se debía a que la penetrante mirada que el muchacho poseía, siempre lograba ponerla un poco alterada y sonrojada.
—Hola otra vez —Dijo ella, viendo que él no pensaba hablar, mientras la observaba.
Él sonrió.
Le abrió la puerta del coche y ella entró.
Todo estaba como recordaba; el olor singular del auto, la música de rock no tan fuerte esta vez, y esa visión que Gaara representaba, como un chico de dulces facciones pero que de dulce no tenía nada. Hinata volvió a experimentar esa sensación de estar en un mundo alterno. Y no le desagradaba.
El vehículo tomó rumbo por la avenida y se perdieron entre las luces que empezaban a encenderse en la calle.
—¿Recuerdas a mi hermano? Kankuro.
—Oh, sí. Claro que lo recuerdo y todavía me da mucha pena —Se sonrojó al revivir la imagen de ella con resaca en la casa del pelirrojo.
—Descuida. Él cree que lucías muy linda con tu cara de desconcierto. Yo también pensé lo mismo.
De nuevo ese tipo de comentarios que si más no le molestaban, le sonaban un poco fuera de escena. Se sentía un poco inmoral cuando se sonrojaba con los comentarios mozos de otros, que no eran Naruto. Sabía que la idea de intimidar con alguien más era lo que la turbaba. Así que prefirió darle otro camino a la conversación.
—Entonces, ¿a dónde iremos?
—Pues Kankuro dará una pequeña fiesta en casa y nos invitó.
—Oh, ¿será en tu casa?
—No. No vivimos juntos. Él y mi hermana viven en la casa de mis padres muertos. Por lo mismo yo preferí la independencia prematura para huir de la tragedia. Es una larga y aburrida historia.
—Oh, no hay problema. ¿Y dónde está la casa de tus padres?
—Viven en la zona noroeste de Konoha.
Hinata se sorprendió con ese vínculo, pues su casa también estaba en la zona noroeste de la ciudad. Pero no quiso hacer preguntas incómodas y sólo se dejó guiar.
Y como lo presentía, la casa estaba a sólo ocho cuadras de la mansión Hyuga. Pero más sorprendida quedó por el hecho de que la casa de los fallecidos padres de Gaara era una mansión, igual o un poco más grande que la suya. Tenía un estilo muy oriental, con los techos en forma de cúpulas y grandes ventanales. El jardín era inmenso y la entrada estaba atestada de vehículos. Gaara decidió guardar su coche en la parte trasera del patio, bajo un tejado de madera, al lado de un quiosco.
Cuando Hinata bajó, no pudo retener su admiración.
—Gaara, tu casa es bellísima —Comentó al tiempo es que admiraba el bonito quiosco con asientos de cojines color rojo brillante.
—Esta no es mi casa. Es la casa que mis padres les dejaron a mis hermanos. Yo tengo mi propia casa y tú ya la conoces.
—Ah, sí. Perdón.
—No importa —Dicho esto, la tomó de una mano para halarla hacia la puerta de la entrada.
Hinata se sorprendió cuando se vio unida a él. Rápidamente, su consiente le dijo que no era correcto que se dejara tomar de la mano de otro hombre que no fuera su novio y que debía de soltarse. Pese a eso, su empatía por el chico fue más fuerte que su consciente moral, así que se permitió aceptar el amable gesto y no pudo rechazar su mano. Simplemente se dejó conducir por él.
Gaara entró a la casa que estaba por llenarse de invitados. Había por el momento unas cincuenta personas, y todavía faltaba más del triple de ellas. Los pares de ojos los vieron entrar con sorpresa; a él lo miraban como si no creyeran que fuera el mismo Gaara de siempre; a ella la observaban como si no comprendieran cómo una muchacha como ella iba acompañada de semejante tipo. Hinata sintió esa rara vibra, que cuando Kankuro apareció ante ellos, se borró.
—Hey, cabeza de tampón, pensé que no ibas a venir —Saludó el hermano mayor a su hermanito, y cuando descubrió a Hinata, se detuvo—. Oh, lo siento señorita. No la había visto antes. Bueno, si la había visto antes, de aquella mañana. ¡Oh sí, esa agradable mañana en la casa de mi hermanito menor!
—No la molestes —Le advirtió el pelirrojo—. Y por desgracia si te recuerda.
—Hola —Saludó con la mano la dulce pelinegra—. Y no fue una desgracia. La desgracia fue mi aspecto de esa mañana.
Kankuro rió. Definitivamente le agradaba esa chica.
—¿Dónde está Temari? —Preguntó Gaara, mientras miraba por su hombro a todas esas personas divirtiéndose e ingiriendo alcohol.
—Tuvo que salir. La pobre tontita perdió su teléfono móvil en un taxi.
—¿Y qué diablos estaba haciendo Temari en un taxi?
—No lo sé, creo que su coche tenía problemas. Por fortuna un idiota encontró el móvil y creo que en este momento lo está recuperando. No creo que tarde, la mitad de las personas que vendrán son sus invitados. Ah, por cierto, tus amigos están allá afuera, cerca de la fuente. Por conveniencia son muy puntuales, eh.
Gaara se burló de él. A Kankuro no le agradaban los amigos del ojiverde. Decía que eran indigentes que sólo servían para causarse complicaciones en la vida. La verdad es que estaba poco cerca de acertar, pues todos esos chicos tenían cierta manía de meterse en problemas y causar conflictos. Gaara creía que todos ellos sólo estaban un poco deprimidos de la vida y que estaban en busca de la paz espiritual.
Ambos cruzaron el largo pasillo que daba a un saloncito blanco, con muebles blancos, cubiertos de plástico, como si fueran a venderse o estrenarse. Salieron al patio trasero y se encontraron con Idate y el resto de los amigos del pelirrojo, todos bebiendo cerveza de una hielera, al lado de la gran fuente de agua, que tenía a dos mujeres desnudas de mármol, sujetando una gran corona de rey, de donde salía el agua a varias extremidades.
—¡Ya llegó Gaara! —Chilló Idate, dándole un abrazo, el cual Gaara trató de rechazar.
—¡Y pensábamos que no vendrías, dude! —Dijo otra voz del grupo.
—¿Y aún así aquí están? Son unos desgraciados gorrones —Musitó Gaara en broma.
Todos rieron.
El resto recordaba a Hinata, saludándola. Y allí ella sintió que el ambiente era más ligero y agradable. Estos chicos podrían ser unos antisociales con el resto, pero la verdad es que eran bastante sinceros. Así que les aceptó una cerveza y se sentó cerca de ellos. Siempre con la mirada de Gaara aguardándola. Estaba cumpliendo: no iba a dejarla sola.
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La guerra en el televisor le había dado un triunfo más al equipo de Naruto y Kiba en contra de Shikamaru y Choji. Los dos primeros celebraron dando gritos de gloria y bebiéndose la cerveza como trofeo.
Choji arrojó el control de videojuego a un lado. Shikamaru se rió de ese acto.
—Qué bueno que ya terminó esto. Ahora tengo que irme —Comentó el Nara apartándose la lata de cerveza de encima, mientras sacaba de la bolsa del pantalón una envoltura de papel y se trababa un chicle.
—¿Estás mal de la cabeza? La guerra apenas comenzó. Tú no te irás a ningún lado —Chilló el Inuzuka con el paso trémulo debido a la cerveza.
—Dejen que se vaya. ¿Qué no recuerdan que tiene una cita con aquella despampanante rubia? —Abogó por él el Akimichi.
—Es cierto, la que se le perdió el teléfono —Recordó el rubio.
—Oh no, ¿entonces nos abandonarás por una mujer? —Dramatizó Kiba con la intención de detenerlo.
—No seas idiota, sólo voy a entregarle el maldito teléfono y volveré —Añadió el de la coleta, ajustándose la chamarra encima.
—¡Se me ocurre una idea genial! —Chilló el castaño Inuzuka con un plan entre manos—. ¿Y por qué no vamos todos a esa mentada cita ficticia y así podremos conocer a esa belleza rubia? Míralo como una aprobación de gustos de tus amigos.
—Ahora tú eres el que está dañado de la cabeza. Ya te dije que sólo le daré el teléfono y volveré.
—¿Y cómo se supone que irás y volverás? —Preguntó Naruto, por mera trivialidad.
—Hay algo que se llama transporte público. Tomaré un taxi de ida y uno de venida.
—¿No crees que es caro gastar en taxis? —Quiso saber el Akimichi.
—No, yo tengo dinero. Caro sería pagarles el taxi a todos ustedes sólo para que vayan a acosar a una pobre chica.
—Podemos ir en mi coche —Se ofreció el rubio.
Todos miraron a Naruto, después a Shikamaru. De nuevo las miradas a Naruto.
—¡Sí! —Chillaron al mismo tiempo Kiba y Choji.
La verdad de la intención de Naruto para usar su coche, fue la idea de salir un poco a tomar aire. Desde que se había despertado, no se sentía muy bien.
Shikamaru sólo pudo rodar los ojos y maldecir a los dioses. Ahora sí, por culpa de Naruto, no iba a poderse quitar a esos tres.
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—Cierra los ojos.
Una Hinata sonriente obedeció y cerró los parpados, mientras era conducida a una parte del jardín de la mansión No Sabaku. Sentía el contacto de la tibia mano de Gaara sobre la suya, y de la otra mano sujetaba su segunda cerveza, la cual se iba consumiendo algo lento. Pero así quería que fuera, pues temía ponerse tan ebria, como lo hizo aquella noche en el departamento de Suigetsu.
Cuando sintió algunas ramas sobre su cabeza y sus piernas, se tentó a abrir los ojos. Gaara lo notó.
—Espera, aún no —Le pidió.
Hinata sonrió y dejó conducirse. Sabía que seguía en el jardín, pero se habían apartado del resto. Aún así confiaba en él. Hasta que por fin se detuvieron.
—Ya. Ábrelos.
Los ojos de Hinata presenciaron lo que parecía ser un pasadizo secreto en medio de árboles y arbustos, en el mismo jardín. No entendía bien que era todo eso, pues entre la oscuridad de la noche, sólo había ramas y arbustos abundantes entre ellos.
Gaara se apartó, y en dos segundos, uno de los árboles que parecían carecer de algo singular, se encendió con lucecitas de distintos colores, dando la impresión que se trataba de un pino de navidad. Ella abrió los labios, sorprendida y fascinada por tal maravilla.
—¡Es un árbol de navidad! —Chilló al mismo tiempo que se acercaba a él para admirarlo mejor.
—Era mi árbol de navidad —Acentuó el pelirrojo, sin perderse de vista el hechizado rostro de ella.
La dulce cara de ángel se acercó para darse cuenta que además de las cientas de lucecitas que cubrían cada rama y hoja de aquel árbol, también había decenas de peculiares adornos. No eran los típicos adornos navideños que uno podía ver en el típico pino de navidad. Este árbol tenía objetos simbólicos que le pertenecían a Gaara. Podía ver figuritas como notas musicales, un dinosaurio, un reloj de arena, estrellas de colores, etcétera.
—Es perfecto, Gaara. Nunca podría imaginar que tuvieras tu propio árbol de navidad, y es privado.
Soltó una risita y al conectar sus miradas, ya tenía a Gaara muy cerca de ella, tan cerca que no pudo evitar dejar caer la lata de cerveza y ser atrapada por aquellos fuertes brazos que la sujetaron, mientras sus labios habían sido aprendidos por los de él. Sintió la cálida temperatura de su boca infiltrarse por la suya, cuando abrió los labios y dejó que aquella lengua la acariciara. Sí, había cerrado los ojos un par de segundos cuando él la tomó, pero sólo fueron cortos los segundos para darse cuenta de lo que realmente estaba pasando. Gaara la estaba besando y ella le estaba correspondiendo.
Se separó violentamente de él, de su boca y lo empujó para separarse de su cuerpo.
—¡No! —Soltó por inercia, dándole la espalda, tapándose la boca y abriendo los ojos con desconcierto, por lo que acababa de suceder.
—Hinata… —Quiso acercarse él, pero Hinata fue más rápida. Giró en sus talones y le dio la cara.
—Tengo novio. Tengo novio y estoy enamorada de él.
Lo soltó, sin pausas, así de la nada.
Hinata vio, a través de las luces de colores que no dejaban de parpadear, que los ojos verdes del pelirrojo la observaban fijamente, sin emoción, carentes de algún sentimiento. Ella también lo miraba sin poder moverse, ofuscada. La diferencia es que ella se sentía fatal, por llevar eso tan lejos, quizá por esperanzarlo de algo que no tenía esperanzas.
Vio como él bajaba la vista, evitando que lo viera más. Hinata quería hacer o decir algo, pero no encontraba qué.
—Perdóname… Perdóname, por favor…
Esperaba que él dijera algo, porque no había dicho ni una sola palabra después de que ella se lo confesara. Pero para su sorpresa, él volvió a levantar esa impenetrable mirada, y volvió a hundirse en sus ojos; hizo una graciosa mueca con los labios, como si fuera un patito.
—¿Estás segura que estás enamorada de él?
No se esperó esa pregunta de su parte. Tartamudeó tratando de contestar, pero le parecía algo raro contestar eso. No estaba segura si Gaara se sentía mal por descubrir la verdad o si sólo se trataba de una de sus bromas. Cuando él dibujó una divertida sonrisa entre los labios, supo que se estaba burlando de la situación, y eso la hizo sentirse aliviada, así que se permitió sonreír un poco.
—No importa si tienes novio y si estás enamorada de él. Tú me sigues gustando igual.
Esto sí que no se lo esperaba, así que la sonrisa se le borró de los labios en un segundo. Empezó a sentirse rara, allí a solas con él, con aquella brillante luz de colores iluminándoles el rostro y las facciones. Desvió la vista a otro lado.
—Tal vez no es muy buena idea que estemos aquí —Susurró con cierto pudor.
—Como quieras —Se acercó a la conexión de las luces del arbolito y lo desconectó—. Salgamos de aquí.
Hinata asintió con la cabeza. Gaara pasó frente a ella esta vez, sin tomarla de la mano.
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El viejo oldsmobile se había estacionado frente a aquel expendio nocturno. Ya eran cerca de las ocho de la noche y no había luces de que aquella rubia llegara. Naruto dejó las luces del coche encendidas, mientras su copiloto, Shikamaru, revisaba su celular para checar la hora.
—Bueno, sólo faltan cinco minutos para las ocho en un punto; estoy puntual —Comentó el Nara al aire.
De pronto sintió como alguien le daba un empujón a su asiento, y un poco molesto, se giró al asiento trasero para ver como Kiba trataba de robarle un trago de la última cerveza a Choji. No quiso decir nada, sólo suspiró e imploró a sus adentros para que ese par no hiciera ninguna estupidez.
Naruto no decía nada, sólo observaba hacia la calle y lo que ocurría en ella. Algo lo tenía nervioso. Era ese mismo pensamiento lo que no podía liberarlo, y ese era el hecho de que Sakura iba a descubrir la verdad del porqué de su rompimiento. Casi podía visualizar a Ino contarle todo lo que vio en el departamento de Hinata. No quería imaginarlo, porque no quería verla más humillada. Seguramente nunca iba a perdonarla a ella, y mucho menos a él. Lo había fregado todo. La había humillado de una forma espantosa al abandonarla por su mejor amiga. Y no había reparo en ello, porque ahora él estaba con Hinata, y así quería que fuese.
—Ese debe ser su coche —Dijo Shikamaru un poco alterado, cuando vio un BMW del año, color café camello, detenerse al otro lado del estacionamiento.
Naruto salió de sus pensamientos cuando miró el otro coche, así que de inmediato hizo una seña de luces delanteras para que la chica los viera.
—¿Qué haces? Yo soy el que tiene que ir hacia allá, no ella hacia acá —Le regañó el Nara.
—No, deja que venga, quiero conocerla —Dijo Kiba emocionado.
—Olvídalo… —Apenas iba a abrir la puerta del coche, cuando vio que aquella rubia se bajaba de su coche y caminaba hacia ellos —. ¿Qué está haciendo?
Shikamaru se bajó de prisa del vehículo y dirigió su paso hacia ella, hasta encontrarse a la mitad del camino.
Naruto, Kiba y Choji no podían oír nada de lo que esos dos estaban hablando, pero sí pudieron admirar a semejante belleza. Era una chica rubia, tenía curvas, una llamativa delantera y una mirada perspicaz. La chica llevaba un vestido e iba arreglada como si fuera a una fiesta. Todos estaban sorprendidos y querían verla más de cerca, aunque dudaban de que pudieran.
Cuando vieron caminar a la rubia hacia el coche de Naruto, dejando atrás al pobre Shikamaru, sí que se sorprendieron. La chica asomó la cabeza por la ventana del copiloto y observó a los tres hombres allí, que se habían quedado sin decir nada.
—Hola muchachos. Me llamo Temari, ¿quiénes son ustedes? —Preguntó mirándolos a todos al mismo tiempo, con una gran sonrisa.
—Ah, yo me llamo Kiba —Salió del asiento para estirarle la mano con fingida cordialidad —. Él es Naruto y este de aquí es Choji.
—Encantada de conocerlos. Entonces, ¿todos ustedes son amigos de Shikamaru? —Cuestionó mientras el Nara aparecía detrás de ella, sin decir nada, sólo esperando a que ella terminara.
—Sí, todos somos sus mejores amigos —Respondió Naruto.
—¡Genial! Le decía a Shikamaru que era muy amable por haberme regresado mi teléfono, y por eso quería invitarlos a una fiesta. ¿Qué dicen? ¿Quieren venir?
Eso los había tomado por sorpresa. Shikamaru resopló a sus espaldas, como si se estuviera quejando.
—¡Yo sí! —Chilló el Inuzuka, ya con medio cuerpo en el asiento del copiloto.
—Yo no creo que pueda ir con ustedes —Comentó Naruto de repente.
—Si podemos Naruto, en casa ya no hay nada divertido que hacer —Habló el Akimichi—. Claro que sí, aceptamos tu invitación.
—¡Perfecto! Entonces Shikamaru se irá en mi coche y ustedes nos siguen, ¿está bien?
Todas las miradas se dirigieron hacia Naruto, y este se vio en una encrucijada. Tuvo que decir que sí. El resto aplaudió y la chica se despidió, llevándose a un sorprendido Shikamaru.
Naruto bufó por lo bajo. No tenía contemplado una fiesta. Se suponía que estaría con los chicos jugando videojuegos. Pero estaba atrapado. Así que encendió el coche y siguió a Temari por la carretera. A la vez pensaba en si debía llamar a Hinata para decirle donde estaría. Aunque pensó que era inadecuado y que quizá ella se entristecería. Digo, el divirtiéndose en una fiesta y ella encerrada en su casa. Mejor no se lo iba a decir.
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El momento extraño de aquel beso robado empezó a desvanecerse. En una realidad muy profunda e interna de Hinata, no podía reconocer lo que ese beso le había provocado. Aún no se explicaba el porqué le había correspondido. Lo recordaba en ese instante, y algo se alborotaba dentro de su cuerpo. Se sentía mentalmente retorcida por causar una unión de ese tipo con el pelirrojo. No iba a permitirse pensar si aquel fugaz beso le había gustado o no; eso sí que sería perverso.
Prefirió concentrarse en la charla de los amigos de Gaara. Y le funcionó.
Idate acababa de contar una grotesca historia de cuando tuvo que escaparse de la casa de una chica para que sus papas no lo descubrieran, mientras un pitbull lo perseguía. Ahora Hinata entendía ese punto de que estos chicos amaban meterse en problemas y vivían su vida al límite. Era algo que ella nunca podría hacer. No era su personalidad andar rompiendo reglas y leyes. De todos modos, admiraba a quienes tenían la gracia y el valor de hacerlo. Como Gaara; le parecía un chico enigmático que no le tenía miedo a nada. Que podía con todo. Que nunca se rendía. Y para ella eso era causa de admiración.
En ese momento uno de los chicos llegó tambaleándose con una botella para recargarse en el hombro de Gaara.
—Creo que Matsuri y sus amigas acaban de llegar, y ahora están recorriendo la casa.
—Por mí no hay problema. Seguramente Temari la invitó —Fue lo único que él pudo opinar de ella.
A Hinata le dio un poco de curiosidad esa extraña relación que él y Matsuri tenían. Recordó lo que la castaña le dijo en la fiesta de Suigetsu, sobre todo el tiempo que llevan conociéndose y eso que ella conoce de él, que nadie más sabe. Le intrigaba saber qué tipo de lazo los unía, si no era el lazo de la amistad ni del amor.
Cuando estaban más apartados del resto, se aventuró a preguntar.
—Tú y Matsuri, ¿eran novios?
Gaara se giró para clavarle la vista inexpresiva, pero muy fija. Hinata pensó que había sido mala idea cuestionar eso.
—No, no tienes que contestarme —Se ruborizó, apenada.
—No importa —Dijo mientras le daba un sorbo a su cerveza—. No, nunca hemos sido novios. Tampoco amigos, ella es sólo… una chica con problemas de atención.
—Creo que ella está muy interesada en ti.
—Tal vez. Aunque desde que se volvió una adicta, su interés se enfocó más a las drogas.
Los ojos perlados se expandieron al escucharlo.
—¿Ella es una adicta? —Preguntó con cierto pánico.
—Sí, desde hace algún tiempo. Y siempre busca el pretexto de verme para que yo le de las drogas.
—¿Tú? —Frunció el ceño, sin entender a qué se refería.
Gaara se le quedó viendo. Casi se podía leer en sus ojos que estaba a punto de confesarse sin tapujos.
—No soy un vendedor de drogas si eso es lo que piensas. Compro ácidos lisérgicos para hacer pruebas clínicas. Intento experimentar con algunos desordenes patológicos de la sangre… Es un asunto complicado de explicar.
La situación se había tornado seria. Sabía que en ese momento Gaara iba a hablar de su vida, y posiblemente era la única vez que lo hiciera. Así que Hinata lo tomó de una mano y lo encaminó hacia el otro lado de la fuente de mármol, para que pudieran tener más privacidad.
—Puedes decírmelo —Lo animó la pelinegra, acercándose un poco más a él para escucharlo mejor.
—Mi mamá murió de cáncer en la sangre. Ya sufría de una diabetes crónica muy avanzada cuando le detectaron ese tumor. Así que cuando se internó para intervención, le dijeron que no podía combatir la diabetes y el cáncer a la vez. Entonces los doctores le dieron a escoger… le dijeron: "¿Quiere morir de cáncer o de diabetes?"… Y mi mamá se puso a llorar. No pudieron ayudarla. No había remedio para ella… Yo tenía seis años, y ella me abrazó muy fuerte ese día que regresó del hospital.
Gaara se había perdido en un punto imaginario en la hierba del jardín, mientras relataba aquella lamentable tragedia familiar. Hinata no pudo soportarlo, y empezó a acumular lágrimas de dolor en los ojos. Podía sentir la pena y el dolor que esos recuerdos le traían a Gaara, y detestó no poder detener ese sufrimiento. Se sentía muy mal y quería compartir con él un dolor del que también era víctima.
Una gota de agua cayó sobre su mejilla.
—Lo siento tanto —Intentó contener la voz y evitar que se quebrara—. Sé lo que es ese sufrimiento. Yo sé lo que es perder a una madre por el cáncer…
Gaara levantó la vista serena, ladeada para observarla. Hinata no había podido detener las lágrimas.
—Yo tenía ocho años cuando mi mamá se fue… Y todavía la extraño mucho.
Los dos se observaron por instantes que parecían detenidos por el tiempo. Su rostro mojado, sus ojos temblorosos, sus labios fruncidos, la hacían parecer una muñeca de porcelana a punto de romperse en mil pedazos. Gaara podía ocultar bien las emociones que el recuerdo de perder a una madre le traía; pero no podía ocultar el sentimiento de quedar prendido a la mujer que tanto lo sorprendía. Así que intentó acercarse a ella, un poco más. Un abrazo, una simple caricia los podía confortar. Era lo único que anhelaba en ese momento.
—¡Gaara!
Unos delgados brazos amarraron al chico por la espalda, lo que los hizo volver a la realidad de balazo. Era Matsuri que acababa de llegar. Gaara se giró para verla y ella lo soltó, sin dejar de sonreír.
Hinata giró el rostro para limpiarse las lágrimas con las manos, evitando que la vieran.
Cuando la castaña vio a Hinata a su lado, su cara se contrajo por un momento. Enseguida, tranquilizando sus facciones, le dedicó una sonrisa.
—Hola Hinata, no sabía que tú estuvieras aquí. Pensé que tenías problemas familiares.
—Ella viene conmigo —Comentó Gaara, poniéndose al lado de la pelinegra.
La castaña se les quedó viendo a ambos, con una fingida mueca de agrado.
—¡Qué bien! Me agrada la idea de verla. También está aquí Sakura e Ino, están allá adentro. No saben que tú estás aquí. Ven, vamos a verlas —Le extendió la mano para llevarla.
El pulso de la Hyuga se agitó cuando escuchó el nombre de Sakura.
—¿S-Sakura está aquí? —Preguntó con temor, rogando que lo que escuchó no fuera verdad.
—Sí, ella está aquí. Vamos —Insistió la castaña.
—Déjala, nosotros después iremos adentro. ¿Por qué no te embriagas con los chicos? —Le dijo el pelirrojo, para que se fuera.
Dicho esto, a Matsuri no le quedó más que quitar su falsa carita de gentileza y lo miró con repudio. Pero a Gaara no le importó ni un ápice ese gesto de desprecio. Para él era mejor que lo odiaran y que se alejaran. Lo que sí hizo, fue tomar a Hinata por la espalda para hacerla caminar lejos de esa enfurecida castaña.
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El coche de Naruto se detuvo detrás de una despampanante camioneta de lujo. El coche de Temari se introdujo más al fondo, por otro camino —el mismo que Gaara había tomado—. Los chicos estaban asombrados con tremenda casa de ricos.
—La casa de Hinata está a unas cuadras de aquí. ¿Por qué no la invitamos? —Declaró animado el de las felinas facciones, mientras trataba de abrir la puerta del coche.
—No, ella debe estar con el resto de las chicas. Escuché que Ino las invitó a todas a salir —Comentó Choji.
A Naruto le pareció afortunado el comentario del Akimichi. Él sabía que su novia estaría en el departamento. Era mejor si nadie sabía nada de ella. Por el momento.
—¿Dónde está Shikamaru y la rubia? —Quiso saber Kiba, una vez que todos estaban caminando a la entrada de la mansión No Sabaku.
—¡Chicos! ¡Por acá! —Señaló Temari mientras sujetaba de un hombro al moreno de coleta, que en ese momento, ya no se veía tan desconcertado. Más bien lucía sonriente.
Todos la siguieron mientras entraban por las grandes puertas de madera al recibidor de la casa. Enseguida las personas se acercaron a la rubia, que recibía besos y abrazos de todos sus amigos. Ella a su vez presentaba a Shikamaru como su nuevo amigo y acompañante.
—¡Rayos! Esta fiesta se ve genial, y apenas son las nueve de la noche. Hay mujeres y licor por todos lados —Chilló excitado el Inuzuka, mientras se iba directo a una mesa llena de botellas.
—Lo sabía, Kiba sólo piensa en videojuegos, mujeres y tequila, ¿o no Choji?
La pregunta de Naruto no fue contestada, pues su redondo amigo ya había desaparecido de allí. Lo más seguro es que estuviera buscando la cocina o la mesa de aperitivos. Así que solo en medio de tanta gente, prefirió darse una vuelta por la mansión. No tenía la pasión de divertirse como regularmente lo hacía en una fiesta, así que decidió ir a la parte trasera del jardín a respirar aire fresco.
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Ino la había visto pasar frente a sus ojos. Iba con aquel extravagante pelirrojo. Era ella, era Hinata. Sintió ligeramente que el pulso de su cuerpo se aceleró por unos instantes imaginándose lo peor de esa noche. Pero trató de pensar racionalmente, creyendo que si Hinata y Sakura se reencontraban no podía ocurrir algo tan trágico. Es decir, que Hinata tendría que fingir un poco para que la peli rosada no la descubriera.
Detestó haber aceptado la invitación de Matsuri para ir a esa fiesta de desconocidos. No tenía la menor idea de que la tal Temari era hermana de Gaara. Ni siquiera sabía quién era Temari. No sabía qué hacer. Podía convencer a Sakura para irse a otro lugar o podía decirle a Hinata que se fuera de allí porque era peligroso un enfrentamiento entre ella y la Haruno. Pero, no sabía que era mejor.
Estaba en la mitad de un salón lleno de personas mientras la música electrónica no paraba de sonar. Sakura había ido al sanitario. En ese momento vio a Matsuri entrar junto con una radiante pelirroja. Se imaginó que ella era la dichosa Temari.
—Ino, ven, conoce a mi amiga Karin —Las presentó la castaña.
—¿Karin? —Quedó perpleja al confundirla con la anfitriona de la fiesta.
—Mucho gusto, Ino. Matsuri me estaba hablando de ti y de tu amiga Sakura.
Ino frunció el ceño, extrañada por ese hecho. Matsuri, que ya se veía un poco liviana por el licor que había consumido, sonrió.
—¡No lo vas a creer! ¿Sabes quién está en la misma clase de Karin? —Ino negó con la cabeza—. ¡Nada menos ni nada más que Sasuke Uchiha!
Los ojos azules de la rubia se abrieron por la impresión.
—¿Sasuke? —Interrogó incrédula.
No lo podía creer. Después observó a la pelirroja, que sonreía arrogantemente, como si el hecho de conocer al Uchiha fuera motivo suficiente para sentirse superior a otras mujeres.
—Por cierto —Comentó Karin con cierto tono pícaro—, él vendrá esta noche.
«Dios Santo», pensó la rubia.
Sasuke Uchiha era una vieja leyenda adolescente que nadie del bachillerato de Konoha podía olvidar jamás en su vida. Si tuviera que contar la historia de ese tipo, tendría que involucrar a Sakura, a Naruto, a Hinata, a ella misma, y a las más grandes masas oscuras del mismo infierno. El susodicho había asistido a la misma escuela que todos y se había convertido en el hombre más codiciado e inalcanzable que cualquier chiquilla adolescente pudiera anhelar. Simplemente, Sakura había detestado a Ino cuando ambas se declararon fervientes enamoradas del Uchiha. Después, cuando apareció Naruto de intercambio de una escuela que nadie había escuchado nunca antes, este se convirtió en su némesis. Ino se había rendido del pedante Sasuke mucho tiempo antes que Sakura lo hiciera. Bueno, dudaba aún sí Sakura lo había olvidado. Cuando él se fulminó de la faz de la tierra a no sé qué país extraño con unos familiares lejanos, todos creyeron que por fin la paz gobernaría la tierra. Ahora, con su reaparición, Ino empezaba a creer que el apocalipsis estaba cerca.
La Yamanaka apenas iba a opinar algo sobre el desaparecido Sasuke Uchiha, cuando alguien aparece detrás de su espalda.
—¿Naruto? —Quedó tiesa de la impresión.
—Ino, ¿tú que estás haciendo aquí? —Preguntó con pánico, en medio de la algarabía del festejo.
—Yo vine con Sakura y Matsuri a una fiesta de una tal Temari. Más bien, ¿tú qué diablos haces aquí?
—Temari, la amiga de Shikamaru, nos invitó a mí y al resto de los chicos.
—¡¿Shikamaru está aquí? —Chilló alarmada.
—¡Naruto! —Esta vez fue una Matsuri ebria que se abalanzaba a los brazos del rubio.
El rubio no se esperó esa expresión de afecto de esa borracha castaña. Trató de sonreír con cortesía.
—Hola Matsuri —La separó de él con caballerosidad.
—¡Dime! ¿Por qué rompiste con Sakura? ¡No sabes cuánto te quiere y tú la despreciaste como si fuera un objeto viejo! —Decía mientras lo jaloneaba de un lado a otro.
Naruto no se había esperado un reproche de esa intensidad, mucho menos de una chica como Matsuri. Sabía que todo se debía a que estaba totalmente ebria. Aun así no quiso contestar esa imprudencia. Ino la agarró de una mano y la hizo a un lado, separándola del Uzumaki. Él se lo agradeció internamente. Pero no se fue limpio. Ino lo tomó de un brazo y se lo llevó a otro lado.
—Ven. Tú y yo tenemos que hablar.
Los dos rubios dejaron a Matsuri con la pelirroja Karin, y se mezclaron entre la multitud para buscar otro lugar y charlar. Salieron hacia el patio trasero, que también estaba repleto de invitados. Caminaron hacia una esquina que parecían sola. Ino respiraba agitadamente, como si hubiera vivido un momento de adrenalina.
—¡Maldita sea, Naruto! ¿Cómo se le ocurrió a Shikamaru y a ti venir a esta fiesta? ¡Todo esto está fuera de control! ¡Y por si no lo sabías, Sasuke Uchiha regresó! —Decía Ino exasperada.
—¿Sasuke? —El asombro fue igual para el rubio.
—Eso no es lo peor. Sakura está aquí.
—No fue mi idea. Yo no quería venir, pero el resto no quería perdérselo —Trató de defenderse—. Además, nunca pensé que Sakura iba a estar aquí.
—Aún así, fue una estúpida idea venir con Hinata. ¿No crees que sea demasiado obvio que los vean juntos en una fiesta…?
—¿Hinata? —La interrumpió.
—Sí. Ella anda por ahí paseándose con Gaara como si nada y no dudo que pronto va a toparse con Sakura.
—Espera… —Su cara se contrajo y la seriedad se tornó en sus ojos—. ¿Hinata está aquí?
Hola a todos, lectores y lectoras. Por cierto, la otra vez puse un arroba para dirigirme a ambos sexos, pero FF . com lo borra. Como sea. Lo que importa es que ya les vengo con algo nuevo. Les dejo este capítulo que ya viene fuerte y ahora sí, agárrense, porque lo sabroso está a punto de plasmarse en este y en el siguiente capítulo. Y ustedes pensaban que todo iba a ser color rosa para Hinata y Naruto, ¿verdad? Pues lamento decirles que no es así. Espero que disfruten este capítulo. Gracias por sus lecturas, nos vemos en la siguiente. Saludos a todos con aprecio y les pido que vivan la vida.
Pd. También se acaba de actualizar mi segundo fic, que continua llamándose "Sálvame", pero que en dos capítulos más cambiará de nombre. Los lectores de ese fic ya pronto sabrán porqué.
Miss K
