Nos cedamus amori
Después del duelo, dos noches después como lo prometido, dentro de una casa abandonada a las afueras de la ciudad, los ciudadanos sicilianos, napolitanos y cartagineses, estaban reunidos a la espera de la llegada de sus reyes; todos murmuraban ansiosos, otros con dudas y otros con la esperanza en alto, había pasado tanto tiempo desde la última ocasión que vieron su hogar, que no podían esperar más. En eso, entró Arias con Sigfrido, otro de los guardias reales de la corte de la reina Marina, Marina, Caspio y Pietro, se encontraban detrás de la puerta del podio, para que los pudieran presentar primero.
- Amigos de Nápoles, Sicilia y Cartagena, la espera ha terminado – anunció Sigfrido, quien estaba emocionado por lo que estaba por suceder – finalmente, después de quince años, nuestra libertad está muy cerca – la gente estaba ansiosa, sin saber qué es lo que estaba pasando – la promesa de nuestros reyes, se ha cumplido porque ellos llegaron a Roma hace unos días y están aquí para vengar nuestra libertad – la gente se sorprendió, habían escuchado rumores, pero todos tenían sus dudas si era verdad.
- Y ellos están aquí, para declarar la liberación de nuestros hermanos – continuó Arias, haciendo énfasis en su promesa – he aquí a nuestros reyes….. – señaló a la puerta, donde Marina, Pietro y Caspio, hicieron acto de presencia y la gente los recibió con una ovación muy grande, que nadie podía dejar de gritar y aplaudir, su libertad estaba muy cerca y nadie podría evitarlo; mientras tanto, los tres reyes, estaban sonriendo, habían soñado con este día tanto tiempo que jamás pensaron que los recibirían de tal forma. Luego de dos minutos, Arias logró que el público se calmara, para dejar que sus majestades hablaran.
- Pueblos de Sicilia, Nápoles y Cartagena, el día de hoy, venimos ante ustedes para decirles que el tiempo del Emperador Palpatine está por terminar – comenzó Caspio y la gente volvió a aplaudir – después de muchos intentos por invadir Roma, para recuperar a la princesa Lucinda, la reina Marina, hizo acto de presencia en Sicilia y con mucho esfuerzo, logró hacer que uniéramos nuestras fuerzas para acabar con los romanos – continuó con un tono de seguridad y de satisfacción, mucha gente estaba sentada y otros parados incluso afuera de las ventanas; había guardias alrededor para evitar que hubiera espías sospechosos – durante más de una década, los romanos se han aprovechado de nuestra fortaleza, se han burlado de nuestras tradiciones y de nuestros empleos, pero eso nos ha hecho más fuertes – Caspio sentía orgullo de su pueblo, no sólo porque estaban dispuestos a todo, para hacer pagar a Palpatine.
- Palpatine, sólo es un cobarde de muchos, pero debemos ser inteligentes, porque tonto no es – continuó Marina, cuando Caspio le dio entrada, los tres reyes debían dirigirse a todos sus pueblos, hacerles entender que unidos, podrán derrotar la tiranía de una buena vez – por lo tanto, no debemos subestimar su vejez ni su ambición, porque por más distraído que esté por su poderío; no dejará que nos rebelemos fácilmente – los otros dos reyes asintieron con ella y la gente quedó en espera de su decisión – los dioses, nos han dado una visión, Roma caerá…..de eso no hay duda, pero no podemos adentrarnos tan pronto en un ataque, si lo hacemos de ese modo, caeremos nosotros antes de siquiera poder entrar a palacio – la gente murmuró, algunos concordando con los tres, otros estaban dispuestos a arriesgarlo todo, con tal de quitar de encima a Palpatine y a su séquito – no se dejen caer por la ambición, los tres entendemos su angustia y ansiedad, pero no se rebajen al nivel del Emperador, ya que si él nos descubre, todos seremos esclavos para siempre y la bendición de los Dioses, se irá para una nueva época.
- Y si eso sucede, Palpatine nos forzará a establecer la Alianza al Imperio y no podremos poner excusas ni retrasar la ejecución de tal requerimiento – dijo Pietro, causando discordia entre la gente.
- ¿¡Cómo saber que no nos abandonarán otra vez!? – preguntó una mujer cartagena, que se puso de pie, la pregunta llegó a lo más profundo de los reyes, sabiendo que todos tendrían sus dudas sobre su lealtad hacia su pueblo – Nos dijeron que vendrían consejeros a negociar la unión a Roma, ¿cómo sabremos que no nos traicionarán? – la gente comenzó a gritar y a soltar sugerencias de atacar de una vez el palacio.
- Atacar no es una opción – contestó Pietro con voz gruesa y segura, sorprendiendo a Marina, quien nunca había visto a su aliado tan decidido – el rey Caspio y yo, compartíamos las mismas ideas, después de que la princesa Lucinda, mi hermana menor, fuera capturada por los soldados romanos, pero vean a lo que nos llevó los deseos obsesivos de venganza – la gente se quedó callada, sabiendo el fracaso que los conllevó a adentrarse apresuradamente – Cartagena y Sicilia, perdieron a más de la cuarta parte de su ejército por creer que podíamos llegar a invadir Roma, olvidando un pequeño gran detalle; Roma es un Imperio gigante con un ejército completo de todas partes del mundo, contra dos pequeñas islas….fue un error que nos costó muy caro y que jamás podremos borrar de nuestra mente, que casi nos lleva a la guerra entre ambas naciones – el público se quedó mudo, analizando por primera vez con la cabeza fría.
- De no ser por la carta que llegó de la reina Marina – Caspio señaló a Marina, quien los vio sorprendida – jamás hubiéramos llegado a tiempo, ella nos enseñó a ser pacientes, incluso mi esposa la reina Susanna, aprendió mucho de ella – Marina sonreía algo sonrojada, nunca había tenido el aprecio de nadie, más que de su consejo y pueblo – es su decisión querer pelear y su derecho también, pero los dioses saben lo que hacen y si ellos determinaron que hay que esperar, entonces ¡ESPERAREMOS! – dijo fuerte y claro, dejando a todos impactados – Si ustedes atacan pronto, será SU decisión, pero no nos culpen a nosotros ni a los dioses, porque fueron ustedes los que decidieron enfrentar el veredicto de los Dioses y eso, tiene un precio muy caro.
- ¿Qué debemos hacer, majestades? – preguntó Sigfrido, haciendo una reverencia, colocando una mano en su corazón, para demostrar su determinación – La armada siciliana está a su disposición – los tres reyes asintieron y Pietro cedió la palabra a Marina.
- He visto una señal por parte de los Dioses – todos quedaron impactados y ella continuó – un hombre esclavo, será quien ayude a convencer a todos los pueblos a que se unan a nuestra causa – los soldados asintieron – como deben saber, Nápoles, Sicilia y Cartagena, no sólo fueron los únicos conquistados por Roma, este hombre es de Cartagena y él, tendrá la fortaleza suficiente, para salvar de las crueles manos de Palpatine a la persona que más ama y con esa fuerza, hará que podamos juntar a todos los demás.
- My lady, ¿para cuándo será dicho ataque? – preguntó otro soldado de Cartagena, respetando la autoridad de Marina – Porque necesitamos tiempo para preparar a hombres y a mujeres para el ataque.
- Me agrada su previsión Cornelio – le respondió Marina – pero el ataque no será un enfrentamiento mano a mano – la gente volvió a murmurar, pero Arias logró callarlos, haciendo enrojecer a Marina – un fuego arrasará por toda Roma, distrayendo lo suficiente a Palpatine y al ejército romano, mientras performamos nuestra salida…..lo que sí requeriremos, es de la construcción de carretas y de la domesticación de caballos, bueyes y cualquier animal de transporte que sirvan para llevar a nuestra gente al mar.
- Dicho ataque, se estima de entre cinco meses hasta un año – continuó Pietro – por lo que pedimos a nuestras flotas, que lleguen unas semanas antes, con la excusa de traer un festival en honor a la "alianza con Roma" – enfatizó la parte de la alianza, para hacerles entender que no habría tal alianza – pero como dijimos, no podemos tener un margen de traición, si Roma empieza a ver que nuestra llegada, ocasiona disturbios en las calles romanas, pensará que somos "traidores" y no habrá más opción más que firmar el pacto.
- Es poco tiempo – comenzó Arias – pero haremos hasta lo imposible por lograrlo – dijo firme y luego miró a Marina.
- Nuestro destino, está en manos de ustedes y de los dioses, verán que dentro de poco tiempo, Roma será historia y no habrá rastro de nosotros de esclavos y todas las naciones, serán libres al fin y dejará de existir una alianza forzosa para todos – eso conmovió a todos, que recibieron una ovación de pie, dejando muy sonrientes a los soberanos rebeldes.
(Mientras en palacio)
Padmé, estaba acostada en su cama, desnuda después de una noche bochornosa con su marido Paolo, quien tenía el deseo de estar con ella después; pero durante quince años y después de múltiples intentos, Padmé no podía concebir un heredero y Paolo se estaba cansando, porque culpaba a Padmé de no ser fértil como Venus predisponía, pero él seguía aparentando y mantenía su relación física intentando fecundar a la princesa de Roma. Pero esa noche, Padmé sufrió los abusos de un Paolo muy ebrio, quien la obligó a acostarse con él, el sexo no fue nada agradable, nunca lo había sido, pero antes no era nada brusco; esa noche, fue todo lo contrario, la entrepierna le ardía e incluso, podía decirse que le sangraba ligeramente por la fiereza con la que Paolo arremetió contra ella, es más, podía decirse que en lugar de que Paolo tuviera rasguños por parte de Padmé, ahora ella tenía rasguños en los brazos y tórax.
- "Venus, ¿qué hice para merecer esto?" – pensó llorando, tratando de no sollozar para no despertar a su marido – "¿por qué no me concediste el don de dar un heredero? Paolo se vuelve más cruel con cada año que pasa y no sé cuánto tiempo me quede de vida, ya que si no concedo un hijo pronto, Palpatine me mandará desechar y no quiero morir aún" – así se pasó la noche, llorando viendo por el balcón la Luna, luego se levantó de la cama, lo más silenciosa que pudo, evitando que Paolo despertara; claro que con el estado de ebriedad en que estaba, era casi imposible que despertara, se puso una bata de seda encima y se dirigió al balcón, esperando a que las estrellas le otorgaran su bendición y que trajeran a su héroe, que la sacará de su miseria. Casualmente, mientras pensaba, un cierto gladiador alto, rubio y con ojos azules, cruzaba por su mente y se sorprendió de desear que él fuera quien pudiera salvarla, pero luego su mente le dijo que eso era imposible porque él la odiaba por ser miembro esencial de Roma y quién quiere a Roma en estos días – bueno, no es malo soñar ¿o sí? – se dijo en voz baja, volteando a ver si Paolo no había despertado, luego cerró los ojos y pensó en su gladiador, se imaginaba sentir sus fuertes brazos aplastando su cuerpo en el suyo, vio sus llenos labios y su forma tan espectacular que la llamaban para besarlos. Sabía que esos no eran pensamientos propios para una mujer como ella; pero acababa de vivir un momento nada agradable y completamente aterrador, con el monstruo de su marido, que a veces quería lanzarse del balcón porque ya no podía más, ya era suficiente con soportar los maltratos que su suegro y él le hacían a su pueblo y a ella, que ya no sabía qué era peor – "Auxilio, por favor" – volvió a acostarse reluctante porque no quería que su marido despertara y que no la viera a su lado. A la mañana siguiente, despertó con dolor en su vientre y en todo su cuerpo y volteó a ver a Paolo, pero afortunadamente no estaba, al parecer él se despertó y se había ido a algún lado.
- Buenos días, my lady – llamó Lucinda, quien entró con una jarra de agua, que le llevó para darle de beber algo – el príncipe Paolo, ya se había ido, dijo que su padre lo quería para una junta con los…. – no pudo terminar, porque escuchó sollozos a su lado y al ver a la princesa sacar lágrimas y que sus brazos tenían rasguños fuertes y frescos, tiró el vaso y corrió hacia la puerta, para llamar a Shmi - ¡Shmi, ven! – gritó cuando encontró a la curandera.
- ¿Qué pasa, Lucinda? – preguntó angustiada, al ver el rostro agitado de la joven princesa siciliana.
- Es la princesa – dijo tartamudeando, nerviosa de sólo pensar lo que el monstruo del príncipe le hizo a la princesa de Roma – cre..creo, que el príncipe…..la..la – no podía continuar, pero Shmi captó de inmediato y se dirigió con rapidez a la habitación real y de no ser porque se recargó en la pared, se hubiera caído – el…el príncipe, salió sonriendo, dando un poco de tumbos antes de que pudiera entrar a la habitación; pero….pero jamás…..pensé que él hubiera hecho una atrocidad así – dijo entrando después de Shmi.
- ¿Trajiste agua como te pedí, Lucy? – preguntó acercándose a la princesa temblorosa, quien al verla rompió en llanto, Lucy asintió y sirvió el agua en una vasija y la acercó a la cama con manos temblorosas – Bien, trae a Tabata, dile que traiga las hierbas medicinales y que prepare un baño tibio para la princesa y otra cosa…. – dijo antes de que se fuera – manda a Karina, necesitamos lavar estas sábanas – Lucinda asintió y salió afligida, aún sin salir del shock de ver algo tan terrible y más a la persona que la ha tratado tan bien aquí; inconscientemente, hizo todo lo que se le pidió, pero terminando eso, se quedó recargada en la pared del pasillo, sin saber qué hacer, paralizada por el asombro y la decepción.
- Y decían que Roma era un lugar hermoso y educado – dijo sarcástica, tan adentrada estaba en su trance, que no se había dado cuenta de que alguien pasó y la oyó en el camino – si el príncipe es así de cruel, ¿cómo va a ser Roma civilizada tan siquiera? – dijo limpiándose una lágrima que estaba cayendo, pensando preocupada por su bien, si el príncipe perdía interés en la princesa o algún soldado la encontraba atractiva, sería presa fácil y nadie estaría ahí para salvarla.
- ¿Lucinda? – la voz de un hombre, la sacó de sus pensamientos y ella temblorosa, levantó la cabeza para luego encontrarse con lo que menos se esperaba.
- ¿Ca…Ca..Casp? – no pudo terminar, porque Caspio, le tapó la boca y la hizo callar para evitar que alguien los escuchara.
- Shh… - dijo en voz baja, observando a todos lados – no podemos hablar aquí Lucy, podría delatar mi identidad y la de los otros – cuando Lucinda abrió los ojos, no pudo evitar reír y se la llevó rápido por los pasillos, tratando de no llamar la atención de los guardias, hasta llegar a la habitación de Pietro, quién se encontraba discutiendo con Marina sobre unos asuntos.
- ¿Caspio, pasa algo? – preguntó Marina, quien estaba viendo hacia ellos.
- Lamento interrumpir, pero encontré a alguien a quién Pietro querría ver – en eso, Pietro volteó lentamente, mientras Lucinda se le quedaba viendo sorprendida – adelante, Lu, hemos estado luchando por recuperarte y creo que él te ha extrañado más que a nadie – eso despertó a Lucinda y se acercó a su hermano mayor con lentitud, pero Pietro no podía esperar más…..había pasado más de quince años esperando volver a ver a su hermanita y la jaló para tomarla entre sus brazos otra vez; Marina sonrió contenta, sintiendo el aura de los dioses, dándole a conocer que estaban haciendo lo correcto, incluso sintió lágrimas de alegría, pero sintió cierta nostalgia, sabiendo que ella no podría sentir lo mismo con nadie, sus padres murieron cuando niña y no tenía a nadie más, quien le pudiera mostrar ese afecto.
- Lu…Lu, hermanita – dijo entre lágrimas y besos que le daba a su hermana – estás viva – dijo sonriendo como loco – sólo los dioses saben cuánto tiempo he esperado este momento…..Caspio, ve por…. – pero más rápido intentó pedirle un favor, que más rápido se cumplió, cuando vio entrar por la puerta a su otra hermana – Su, mira quién está aquí – le dijo, cuando vio el momento sentimental entre hermanos y cuando vio que la joven volteó, sus sentidos se bloquearon y sintió que sus rodillas temblaban; Caspio la sostuvo para que no cayera – es Lucinda, Su, ella está bien… - dijo emocionado, tratando de contenerse, ya que no quería delatarlos.
- Susanna – llamó llorando Lucinda y después de unos segundos interminables, Susanna corrió hacia su hermana menor y la estrujó con todas sus fuerzas.
- Lucy, mi amor – le dijo como cuando era niña – estás aquí – sus lágrimas salían sin cesar, Caspio y Marina volteaban para no entrometerse en un momento mágico como el suyo – sabía que estabas viva, gracias a los dioses estás bien – mientras Lucinda y Susanna se abrazaban, Pietro se acercó a Marina y la acercó a su familia.
- Tenías razón, Marina…..gracias, gracias por convencernos de hacer esto – le agradeció sincero, jamás pensó que con algo de paciencia y fe, podría alcanzar su anhelo más deseado.
- Sólo es cuestión de fe, Pietro, yo no tuve nada qué ver – replicó Marina, pero Susanna la jaló al abrazó familiar y de repente, sintió una calidez que jamás había sentido, desde que sus padres fallecieron a causa de la enfermedad y se derritió en el abrazo.
- Claro que sí – se quejó Susanna – de no ser por tu idea, Caspio ni Pietro hubieran atravesado el mar Mediterráneo sin perder a todo nuestra flota – ambos asintieron entre lágrimas – gracias a ti, estamos cerca de liberar a nuestra gente y encontramos a nuestra hermanita a salvo, como tú lo predijiste – eso hizo estremecer de alegría a Marina, nadie la había apreciado a tal grado que incluso ella se sintió halagada por primera vez, por ser quien era y no por representar un puesto importante en su país.
- Yo…sólo hice lo que creía correcto, no valía la pena derramar más sangre de lo necesario – dijo secándose las lágrimas, cuando vio a la princesa temblar – princesa Lucinda, ¿pasó algo? – los otros voltearon a ver a la más joven princesa y Pietro comenzó a preocuparse, sacando su protocolo de hermano mayor y protector y la llevaron a sentarse en la cama de Pietro; Susanna le ofreció agua, para que pudiera calmarse un poco.
- Pad…Padmé, la princesa – empezó temblando y Pietro pensó lo peor.
- ¿Te hizo algo? – preguntó algo serio, pensando en que la dichosa princesa de Roma, no era tan blanca como parecía ser.
- No…no es a mí a quien le hicieron daño – dijo defendiendo a su ama, quien era más su confidente ahora – fue a ella quien se lo hicieron – continuó segura, tratando de olvidar la escena que tuvo enfrente.
- ¿De qué hablas, Lu? ¿Quién le hizo daño a la princesa? – preguntó preocupada Susanna, temiendo la respuesta de su hermanita.
- El príncipe Paolo – todos abrieron sus ojos por su afirmación, incluso Marina tomó asiento para soportar la noticia – Shmi, me pidió que le llevara a la princesa agua para que pudiera peinarla, Shmi se sentía mal de la espalda, después de un largo día de cargar y llevar cosas, a pesar de que uno de los soldados la ayudó en todo momento – tomó aire tratando de contener las lágrimas, al entrar, no había notado el desorden que había alrededor de su cuarto, pero me di cuenta…..cuando escuché sus sollozos, que cuando volteé a verla, ella tenía los brazos y parte del abdomen rasguñados con fuerza y no quise tan siquiera voltear más abajo, porque antes de entrar a la habitación….vi que el príncipe salió del cuarto de la princesa, dando tumbos, he visto varias veces al príncipe ebrio, pero creo que esta ocasión, estaba más que pasado de copas e hizo algo….algo imperdonable, a pesar de ser su esposa – terminó llorando y Susanna la envolvió en su abrazo maternal.
- Por Neptuno, esto es peor de lo que creíamos – dijo Caspio – si pensaba que Palpatine ya era un monstruo, Paolo lo es peor aún, pero son tal por cual, Palpatine seguro fue igual de joven.
- ¿Saben lo que eso significa? No es novedad que el Imperio sepa, que la princesa no le haya podido dar un heredero a ese tal príncipe – dijo temblando, recordando un cierto momento, en que Paolo la observaba con desengaño y cierto deseo en sus ojos – pero ha de estar tan desesperado, que al estar ebrio, puede volverse incluso más agresivo que lo que pensaba, tenemos que proteger tanto a la princesa como a cada mujer de este lugar; si lo que vio Lucinda fue horrible y con su mujer, en su búsqueda de heredero, sería capaz de acostarse o forzar a cualquier mujer a tener relaciones con ese hereje de príncipe – dijo volteando a ver a las dos princesas y Pietro y Caspio tuvieron la misma expresión de angustia y sobre todo, de alerta.
- No hay que dejar que se aproveche de nadie – dijo molesto Pietro – hay que encontrar la manera de parar sus deseos candentes o terminará por matar de tanta violencia a cada mujer en el imperio – cerró los ojos, queriendo ir a buscar a ese príncipe engreído y romperle los dientes, por el susto que le causó a su hermanita.
- ¿Pero cómo Pietro? – preguntó Marina, por primera vez sin ninguna idea en la mente.
- Tendremos que vigilar todos sus pasos, pero esta ocasión, sólo lo haremos los hombres – dijo Caspio seriamente, ganándose una mirada ofendida de su esposa y Marina – no es que no sean capaces de defenderse señoritas, pero por la forma en que salió esta noticia, Paolo se está volviendo más agresivo por cada día que pasa y más, si se trata de un Paolo ebrio y drogado – era cierto, Pietro lo vio drogarse con opio hace dos días, si ustedes se le acercan más, él podría tomar confianza con ustedes y se aprovecharía de su cercanía para hacerles lo mismo – suspiró cansado, la agonía de ver a su esposa y cuñada heridas por ese infeliz, le hacía hervir la sangre – sobre todo tú Marina, me he dado cuenta de las miradas deseosas de ese animal y hasta ahora, tú eres su blanco más cercano, con Susanna no se ha atrevido aún, sabiendo que yo estoy aquí, pero en ese estado de ebriedad, uno nunca sabe qué pueda llegar a hacer.
- Tiene razón – contestó Marina, interrumpiendo la queja de Susanna – Paolo y Palpatine serán familia, pero eso no significa que sus acciones sean las mismas, Paolo se vuelve más mujeriego con el paso de los meses, lo oí de unas cortesanas cerca de un pasillo – si nosotras le damos entrada, Paolo podría aprovechar cualquier instante para abusar de nosotras…..por lo tanto, la princesas Lucinda y Padmé, deberán estar vigiladas y cuidadas en todo momento, sin importar qué, Paolo no puede acercarse a ellas a más de un metro de distancia.
- Y con respecto a las pruebas, Caspio y yo, lo seguiremos y le haremos creer que estamos de su lado, para ocultar sus más oscuros secretos – incluyó Pietro en complot, sólo así podremos amenazarlo de seguir acosando a mujeres en el palacio.
(Devuelta con Padmé)
- Me siento sucia, Shmi – habló por primera vez con voz pequeña – siento como si la vergüenza más grande del imperio, se hubiera apoderado de mi ser y me estuviera rompiendo a pedazos – Shmi no pudo decir nada, no era la primera vez que atendía las heridas de la princesa, causados tanto por el Emperador, como por su marido; sin embargo, ésta era un dolor más profundo, que ninguna de las dos jamás haya vivido en su vida - ¿cómo es que mis padres decidieron meterme en esto? No es justo, yo no quise una vida de lujos, ni un hombre así.
- Hay cosas que no podemos prever ni prevenir, domina – dijo triste, pero tratando de ser fuerte para su princesa, casi podía considerarla como una hija para ella – y el matrimonio, es visto como un gran negocio que los hombres, creen que pueden usar a su gusto ese poder que les damos – recordó cuando el padre de Anakin, salió huyendo de su vida, al enterarse de que en su vientre, tenían al producto que era "producto de su amor", como ella lo consideraba – el padre de Ani, me engañó con palabras endulzadas y cuando quedé embarazada de él y se lo dije, él me dijo que no quería al niño que debía deshacerme de él, porque no quería tener la responsabilidad de ser padre y al negarme, él huyó como un cobarde y me dejó abandonada a mi suerte – la historia de Shmi y Anakin, hizo que Padmé se estremeciera, pero sintió un leve alivio, por saber que alguien compartía un dolor casi similar al suyo.
- Fuiste muy valiente al no rechazar la vida de tu hijo, Shmi, no muchas mujeres…..tenemos la fortuna de guardar tanta energía como para negarnos – dijo llorando un poco y Shmi le limpió las lágrimas.
- En el momento en que la partera me dijo que estaba embarazada, sentí la dicha que toda madre debe sentir cuando se entera que va a dar a luz a una nueva vida – dijo sonriendo de lado, haciendo que Padmé se levantara con cuidado, aún ardían las heridas del cuerpo y la entrepierna – yo no podía asesinar a mi nueva razón de ser y me enfrenté a su padre y él, cobardemente, salió de nuestras vidas más rápido de como llegó.
- Yo no sé si confiar en el amor, Shmi – dijo sollozando, mientras le ponían un vestido nuevo – ya he sufrido demasiadas decepciones.
- Créame, domina, que yo también estuve así, pero debe saber algo – hizo una pausa, haciendo que Padmé la mirara a los ojos – el amor, no es como lo imaginamos, dulce, encantador y lleno de rosas; sino que se sufre y se cae un montón de veces en el camino, pero sí sé que es incondicional, que a pesar de los errores, el amor es capaz de sobrepasar barreras y montañas, incluso es capaz de vencer al odio más profundo dentro del corazón del hombre – terminó cuando le cepilló el cabello, cuidando de no enredar el cepillo con sus chinos mojados – ¿domina? Sé que no es correcto de mi parte pedirle favores y menos ahora, pero hoy amanecí con un terrible dolor de espalda y por más que quisiera ir a ver a mi Ani, necesito recuperarme para seguir trabajando con usted.
- A pesar de ser un momento difícil, Shmi, en verdad, quiero alejarme de este lugar y creo que la ludus, me servirá de algo para evitar a toda costa a mi marido – dijo marido con desprecio, no soportando la idea de que ese monstruo ebrio, era con quien gobernaría Roma; hubiera preferido terminar en las galeras, que siendo la esclava de ese miserable – le mandaré saludos de tu parte, Shmi – y se encaminó a la salida, a pesar del inmenso dolor que sentía en su cuerpo y alma, el simple hecho de nombrar a Anakin, la hacía sentir segura y sin saberlo, querida; claro que Shmi, sabía lo que hacía, su dolor era terrible, pero sabía que tanto Anakin como Padmé, se necesitaban y no cabía duda, de que tal vez, ellos pudieran encontrar ese amor tan deseado por ambos.
