Dedicado a mi amiga Andrea, gracias chika por leer mi fic y darme tu opinión animo, como te dije el sabado "Dios sabe por que hace las cosas", tambien para todas aquellos que me han enviado un review
Nota Importante: Advertensia¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Este capitulo contiene algunas pedacitos de lime, no aptos para menores de 15 años, así que si alguien decido leerlo es bajo su responsabilidad
En el capitulo anterior…
Aquello tenía que terminar, se dijo Tomoyo mientras salía del taxi. No quería una relación real con Eriol. Desde luego, no la que él parecía estar proponiendo. Sonaba demasiado arriesgada. Algún día, tal vez. Después de todo, tampoco era totalmente estúpida. Algún día aparecería el hombre adecuado para ella.
Pero ese hombre no era Eriol Hiraguizawa.
Seguir jugueteando como lo había hecho durante la comida solo podía llevar a una cosa: al desastre total. ¿Y si empezaba a encariñarse con ella¿Y si ella llegaba a encariñarse con él? Uno de los dos acabaría sufriendo. Ella podría sobrellevarlo, pero¿y Eriol?
Acabaría por racionalizar su dolor. Ya lo había hecho con Kate Bennett. Pero aquello consumiría parte del apasionado destello que iluminaba su alma, el encanto y la protectora generosidad que tanto la atraían de él. Le haría cambiar. Y no para mejor.
No. Si era lista, mantendría su asociación tan alejada de lo emocional como le fuera posible. Debía asegurarse de que Eriol entendiera que su matrimonio debía consistir exclusivamente en un acuerdo comercial.
De ese modo, ambos permanecerían a salvo.
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Eriol sostuvo el teléfono contra su oído mientras miraba hacia el despacho de Tomoyo desde la ventana del suyo.
-"No entiendo el problema" -se apoyó contra el respaldo de su asiento-. "Habíamos quedado en mantener un romance arrollador cara al exterior¿recuerdas?"
-"Un romance arrollador, como tú lo llamas, implica flores, bombones, alguna cena ocasional... ¡no lo que tú ya sabes!" -replicó Tomoyo en un tono de voz más agudo de lo normal en ella.
-"Comprendo" -Eriol sonrió-. "Había gente a tu alrededor cuando has abierto la caja¿no?"
-"¡Claro que había gente a mi alrededor!" -Eriol casi pudo oír cómo rechinaban los dientes de Tomoyo-. "En concreto, había tres presidentes de tres empresas diferentes sentados en mi despacho cuando ha llegado tu regalo. Por su forma, he pensado que era una caja de bombones, y he decidido que abrirla delante de ellos sería un buen modo de hacer saber a la gente que estamos relacionados románticamente".
-"Deberías haberte dado cuenta de que era una caja demasiado liviana como para contener bombones".
-"Pues resulta que no me he dado cuenta". Eriol se irguió en su asiento y frunció levemente el ceño.
-"¿Y cómo es eso posible, pequeña¿Es que nunca te ha enviado nadie una caja de bombones?"
-"Nos estamos desviando del tema".
Al percibir la dolorosa vulnerabilidad que se había apoderado de la voz de Tomoyo, Eriol sintió el impulso de hacer cualquier cosa por suavizarla.
-"Discúlpame si te digo que ese es precisamente el tema. ¿Acaso están ciegos todos los hombres que has conocido¿O solo son estúpidos?"
Pudo sentir cómo se esforzaba Tomyo por mantener la compostura, y enseguida se formó una imagen en su mente, una que había visto numerosas veces desde que la había conocido. Al primer indicio de oposición, Tomoyo empujaba con el dedo índice las gafas sobre su nariz y alzaba la barbilla. Si hubiera estado con ella, también le habría dedicado una mirada cargada de determinación. Y luego, habría argumentado su punto de vista con innegable lógica.
Al principio, su fría y calmada fachada había bastado para engañarlo. Pero ya la conocía lo suficiente como para saber que bajo aquella apariencia latía oculta una sensibilidad muy femenina, una calidez emocional irresistiblemente atractiva.
-"No te he llamado para hablar sobre mis relaciones pasadas" -dijo Tomoyo con firmeza-. "¿Tienes idea de la reacción que se ha producido cuando he abierto tu regalo?"
Eriol permitió de mala gana que la conversación volviera al tema inicial.
-"Sé cómo habría reaccionado yo. ¿Cómo lo han hecho tus visitantes?"-Eriol tenia una sonrisa maliciosa en su cara
-"Ellos... ¡No importa cómo reaccionaran! Baste decir que lo han hecho tal y como esperabas. ¡Ya nadie puede poner en duda que mantenemos una aventura realmente tórrida!"
-"Perfecto".
-"No tiene nada de «perfecto». ¿Por casualidad recuerdas que una de las condiciones de nuestra relación es que yo seré la que mande?"
-"No".
Aquello desconcertó claramente a Tomoyo.
-"¿Qué quieres decir con ese «no»? La única condición que te puse fue que..."
-"Fue que tú mandarías en nuestro matrimonio. Pero, que yo sepa, aún no estamos casados".
La agitada respiración de Tomoyo llegó con toda claridad a través del teléfono.
-"¿Eriol?"
-"¿Sí, ciruelo?"
-"¿Estás en tu despacho?"
-"Sí, sentado y mirando por la ventana".
-"¿Estás mirando hacia mi oficina?"
-"La verdad es que sí. No sé exactamente por qué, pero últimamente lo hago bastante a menudo."
-"Quédate donde estás. No muevas un músculo hasta que llegue¿de acuerdo?"
-"Tan claro como mi regalo".
-"¡Tu regalo es transparente, no «claro»!" -espetó Tomoyo y, a continuación, colgó.
Eriol sonrió y dejó su teléfono móvil sobre el escritorio. Interesante. Al parecer, su futura esposa estaba un tanto alterada. Estaba deseando conocer aquella faceta suya, suponiendo que no se le pasara en los pocos minutos que tardaría en llegar.
Desobedeciendo abiertamente su «orden», salió del despacho y se encaminó hacia los ascensores. A medio camino, oyó el chirrido de las ruedas de un coche deteniéndose ante la entrada. Algo en el estridente sonido sugería que podía tratarse de Tomoyo.
Efectivamente, era ella.
Tomoyo abrio la puerta con demasiada fuerza y casi atropella una pareja de ejecutivos pero realmente estaba furiosa con Eriol, como se le ocurría enviarle ese tipo regalo, se supone que su relación deberia de ser romantica, sutil, rápida y tal vez algo corta pero no tenia por que declarar que eran ¡Amantes! Y con su regalo no cabia la menor duda para los que lo habian presenciado, la cara se le ponía roja de vergüenza de recordarlo solo esperaba que su futuro maridito estuviera preparado.
Inconscientemente trato de acomodarse sus gafas pero con el enfadada que estaba con Eriol al salir de su oficina se las había olvidado, solo se había llevado su celular y su bolso ¡Maldición por que estaba tan ciega! Pero bueno viéndolo bien era una ventaja así no podría ver claramente los ojos de Eriol y caer ante ellos embelesada.
Tomoyo vio a un hombre fuerte de cabello negro hablando y riéndose con la recepcionista al parecer estaba muy feliz con ella ¡Demonios si no podia cumplir una orden que le había dado hace 5 minutos ¿Como seria cuando se casaran?¡
-"¡Oh señor Hiraguizawa no diga eso, me apena!" Contenso una joven de cabello rubio
Tomoyo se dirigio hacia él, como se atrevia después de haberle enviado un regalo tan comprometedor, ponerla en vergüenza y él muy campante coqueteando con la Recepcionista.
-"¡Eriol Hiraguizawa, te he dicho que no te movieras de donde estabas!"
Eriol oyó su voz incluso antes de verla.
-"Ho..la"
Eriol soltó el aliento en un prolongado suspiro. Maldición. Sin duda alguna, aquella no era una buena señal. Si Tomoyo aún no lo había visto, su saludo solo podía haber sido dirigido a otra persona. Llegó justo a tiempo de ver cómo tomaba con una mano las solapas de la chaqueta de Yamazaki mientras movía un dedo apuntando bajo su nariz. Chiharu se dirigía hacia ellos desde el otro extremo del pasillo. Eriol soltó una maldición y corrió hacia el grupo.
-"¡Ni me saludes!" -Tomoyo dejó de mover el dedo ante la nariz de Yamazaki y empezó a clavárselo rítmicamente contra el pecho-. "Quiero que me expliques por qué se te ha ocurrido mandarme esa ropa interior. ¿Se puede saber en qué estabas pensando?"
-"Er..."
Chiharu llegó primero. Enlazó su brazo con el de Yamazaki, apartó el puño de Tomoyo de la chaqueta de su marido y luego alisó esta con delicadeza.
-"Sí, explícate, Yamazaki" -dijo, con suma dulzura-. "A mí también me gustaría saber por qué mi marido envía prendas íntimas de regalo a una mujer que no es su esposa".
-"¿Yamazaki?" -repitió Tomoyo, desconcertada, tratando de enfocarlo con su mirada¡Malditas gafas, Definitivamente hoy no era su dia!-. "¿Eres... eres Yamazaki?"
-"Me temo que sí. Mi primo está ahí" -Yamazaki señaló a Eriol-. "Es el que tiene esa expresión tan furiosa". Tomoyo se estremeció.
-"Uh... oh..."
Había llegado el momento de intervenir.
-"Si no os importa, yo me ocuparé de esto" -dijo Eriol. A continuación, alcanzó a su futura esposa sin darle tiempo a volver a abrir la boca.
Aunque aquello no duró demasiado.
-"Hay una explicación lógica para lo sucedido" -dijo Tomoyo, retorciéndose entre sus brazos.
Eriol reprimió sus movimientos sujetándola con más fuerza. Ella soltó el aliento, sorprendida, y se dejó abrazar a la vez que su cuerpo se volvía suave, flexible y sensualmente femenino.
La boca de Eriol se tensó debido a la frustración. ¿Se daría cuenta Tomoyo de lo instintivamente que reaccionaba ante él¿Y no podría utilizar aquel instinto para distinguirlo de su primo?
-"Una explicación lógica" -repitió en tono cortante, harto de oír aquella frase-. "No me sorprende que lo pienses. Desafortunadamente, no vas a poder salir de esta situación con la lógica. También debo advertirte que tu lógica tiene la molesta cualidad de irritarme mucho. Sobre todo cuando estás equivocada".
-"Eriol..."
-"Ahora no".
-"Caty, por favor no me pases ninguna llamada y pasa la comida que tenia dentro de una hora para mañana, cuando termines puedes ir a comer"
-"De acuerdo Eriol, quieres que te pida algo de la cafeteria para ti y la señorita Daidouji"
-"No Caty eres muy amable, mi prometida y yo en estos momentos en la comida es en lo ultimo que estamos pensando¿Verdad Ciruelo?"
-"Muy bien" Contesto sorprendida y con una sonrisa juguetona
Algo en la voz de Eriol hizo que Tomoyo permaneciera callada. En cuanto entraron en el despacho, él la soltó. Ella alisó su traje de chaqueta, se colocó bien su bolso y luego se pasó una mano por el pelo. Eriol permaneció deliberadamente en silencio, con la espalda apoyada contra la puerta, temiendo ser incapaz de contener un torrente de fieras palabras si abría la boca.
Tomoyo se aclaró la garganta.
-"Dadas las circunstancias, protestar por tu regalo ahora no tendría mucho sentido".
-"Has confundido a Yamazaki conmigo" -las palabras de Eriol resonaron en el despacho como un trueno lejano.
-"Bueno, yo..."
-"Otra vez" -el trueno se fue acercando.
-"Lo dices como si lo hubiera hecho a propósito" -protestó Tomoyo—. "Por si no te has dado cuenta no llevo mis gafas por lo que no veo bien ademas tu primo y tu podrian pasar por gemelos. Es prácticamente imposible distinguirlos bien si no traigo mis gafas".
-"Va a ser muy difícil que convenzas a todo el mundo de que estamos locamente enamorados si no dejas de confundirnos".
-"¿Qué te parece si se ponen unas etiquetas?"
-"Supongo que eso es un chiste¿no?" -Eriol se apartó de la puerta, consciente de que aquel choque entre ellos había sido inevitable desde el principio.
Tomoyo se paso la mano por el pelo. Al margen de aquel gesto, logró mantener la compostura, cosa que impresionó a Eriol, aunque también hizo que creciera su empeño en exponer la pasión que latía bajo su fría actitud externa.
-"¿Has notado que vuelves a hablar con un acento diferente?"
-"¿Y eso te pone nerviosa?"
-"Bastante" -replicó Tomoyo, irritada, dejándose eclipsar un instante por Ciruelo-. "Supongo que eso te sucede cuando estás disgustado".
-"Es una posibilidad".
-"Por si lo has olvidado, he venido aquí a hablar de tu regalo, y no tengo intención de desviarme del tema".
La tensión crecía por momentos. Todo lo que hacía falta era una chispa para desencadenar una reacción en cadena.
-"Claro que vamos a desviarnos del tema. Cuenta con ello".
-"¿Ayudaría que me disculpara? Es cierto que te he confundido con Yamazaki".
-"Como ya te he dicho, eso no hace que me sienta mejor. No podrás convencer a la gente de que vamos en serio si no dejas de confundirme con mi primo".
-"¿Tienes alguna otra sugerencia?"
-"Sí, la tengo" -Eriol avanzó lentamente hacia ella y no se sorprendió al comprobar que Tomoyo mantenía firme en su terreno. No había duda de que era una mujer que no se dejaba intimidar fácilmente. Se detuvo a apenas unos centímetros de ella. Alzó una mano, le quito el bolso y lo arrojó al sofá-. "Sugiero que busques otra forma de distinguirnos que con etiquetas".
Tomoyo alzó la barbilla y sus ojos brillaron.
-"Como ya he dicho" -replicó en tono desafiante-, "¿tienes tú alguna otra sugerencia?"
-"¿Qué te parece esta?"
Eriol pasó una mano tras la nuca de Tomoyo y la atrajo hacia sí. Solo le dio tiempo a tomar aire antes de cubrirle la boca con la suya. Fue la chispa que estaba esperando.
Y de aquella simple chispa surgió la inevitable explosión.
Eriol consumió la boca de Tomoyo mientras la tormenta rompía sobre ellos. Fue un choque feroz de los elementos más primarios. Duro. Exigente. Primitivo. Desesperado. Tomó su barbilla en una mano y le hizo echar atrás la cabeza para situarla en un ángulo más ventajoso. Ella gimió con suavidad mientras él inhalaba su aroma, decidido a satisfacer cada uno de sus deseos.
Sus bocas se unieron y se separaron. Una vez. Dos. Luego se fundieron con una perfección que Eriol nunca habría creído posible. Tomoyo lo rodeó con los brazos por la cintura. Eriol fue hacia atrás y se apoyó contra la sólida puerta de roble del despacho. Luego, deslizó una mano hacia la redondez de los pechos de Tomoyo, hasta la curva de sus caderas, y más abajo aún, hasta el centro más íntimo de su cuerpo, un lugar que tembló bajo su caricia.
No fue suficiente. Empujó un muslo entre sus piernas, abarcó con ambas manos su delicioso trasero y la atrajo hacia sí. La falda de Tomoyo subió y dejó expuestas las ligas que sujetaban sus medias. Era preciosa en su pasión. Con la cabeza echada hacia atrás y la espesa cascada negra de su pelo rozándole los hombros, su cuello expuesto tentaba a Eriol más allá de lo soportable. La besó con apasionada dulzura desde la barbilla hasta el hueco de la base del cuello. Luego, tras luchar con los botones, le quitó la chaqueta color crema del traje y la arrojó a un lado. Cayó en el suelo, junto al sofá, como una bandera blanca de rendición.
-"Muéstrame lo que sientes, Ciruelo. Dime qué estás pensando".
-"Creo que estaba equivocada" -susurró ella con voz entrecortada.
-"¿Equivocada¿Equivocada respecto a qué?"
-"Eres encantador. De hecho, eres totalmente cautivador". Tomoyo estaba conmocionada ¿En que se estaba metiendo? Si era cierto que antes había tenido algunas relaciones pero ninguna de ellas había pasado de unos besos y ya, pero la intensidad y la pasión que percibía al estar junto a Eriol era la primera vez que la sentía. Era incomprensible.
Eriol rio roncamente.
-"No, pequeñaTú eres la cautivadora, la hechicera. Me hechizaste la primera vez que te miré a los ojos". Y era cierto tenia que admitirlo Eriol, a pesar de conocer a muchas mujeres que eran ambiciosas y tenían gran personalidad, debia reconocer que solo mirar los hermosos ojos amatistas de Tomoyo, al principio lo habían deslumbrado, pero sobre todo con el tiempo pudo percibir en ella una ternura y una inocencia que eran apabullantes, sin embargo lo que en realidad lo asombrada era la dualidad de su personalidad por momento parecia una joven inocente y vulnerable para convertirse en una mujer aguerrida, vibrante pero sobre todo apasionada. A él le encantaban todas sus facetas, pero sobre todo le gustaba que sus reacciones no fueran estudiadas si no que eran sinceras y podia confiar en que en ese preciso momento su deseo era permanecer entre sus brazos
Tomoyo lo miró, asombrado. ¿Eriol se consideraba hechizado por ella? Nadie le había dicho nunca nada parecido. Aunque tampoco nadie la había besado nunca como acababa de hacerlo Eriol. Era un beso que desafiaba la lógica, la razón y el análisis. No tenía ningún sentido... a pesar de lo mucho que le había gustado.
-"Por favor..." -incapaz de resistirse, alzó una mano, hundió los dedos en el oscuro pelo de Eriol y lo atrajo hacia sí-. "Un último beso".
-"Te estás engañando si crees que va a ser el último".
-"Discutiremos eso más tarde".
-"Mucho más tarde".
Murmurando una expresión cariñosa, Eriol tomó el labio inferior de Tomoyo entre sus dientes y tiró. De inmediato, ella se pegó a él. Sus lenguas se enlazaron, ardientes, luchando por la supremacía. Era una batalla que ninguno de los dos podía ganar, de manera que, cuando la batalla se transformó en una danza de apareamiento, Tomoyo supo que empezaba a tener problemas.
Aquello solo podía llevar a una cosa, y no estaba preparada para ello.
-"Eriol, por favor" -susurró-. "Tenemos que parar". Él alzó el cabeza, reacio.
-"La puerta está cerrada. Nadie nos molestará".
-"No es esto lo que queremos".
-"Sí, Ciruelo. Me temo que sí".
-"De acuerdo. Entonces no es lo que deberíamos querer. Y tampoco es la finalidad del ejercicio".
-"¿Ejercicio?" -Eriol alzó una ceja interrogante-. "Deduzco que Tomoyo ha vuelto".
-"Eso me temo".
Eriol soltó a Tomoyo y dio unos toques a su ropa para alisarla. Fue una caricia casi tan íntima como su beso.
-"Esperemos que este pequeño «ejercicio» haya tenido éxito y a partir de ahora sepas distinguirme de mi primo".
Tomoyo deslizó la lengua por su inflamado labio inferior. Aún podía saborear a Eriol, y una irresistible calidez se arracimó en la boca de su estómago. ¡Aquello no podía funcionar! No podía permitir que la afectara de aquel modo.
-"Es un comienzo".
Era mucho más que un comienzo, reconoció para sí. Estaba segura de que ya no volvería a confundirlos. Porque Eriol tenía razón. Si no dejaba de confundirlo con su primo, echaría por tierra todo lo que trataban de conseguir. Aunque al principio no había visto los beneficios de simular un romance, Eriol le había hecho comprender que era una táctica necesaria. Si se casaba de forma inesperada y forzaba de inmediato un cambio en la dirección de la empresa, destrozaría a su tío. Sin embargo, un romance público permitiría que William saliera indemne de la operación.
-"¿Es ese el único motivo por el que me has besado como lo has hecho?" -preguntó Eriol divertido-. "¿Cómo un ejercicio para distinguirme de mi primo? No me lo creo. Creo que quieres más que eso. Sé que es así".
Tomoyo negó con la cabeza a la vez que se esforzaba por controlar el pánico que amenazaba con apoderarse de sus emociones.
-"Eso no es posible. No es lo que acordamos".
-"¿Y si yo he cambiado de opinión?" -insistió Eriol con una mirada maliciosa-. "Ya te han advertido que no soy un hombre que haga honor a su palabra".
Tomoyo desestimó la última frase con un gesto de la mano. Pero la pregunta le intrigó.
-"¿Has cambiado de opinión?"
Eriol sonrió de un modo que le hizo sentirse como si hubiera saltado de un avión sin paracaídas.
Desafortunadamente, eso implicaba que acabaría por estrellarse.
-"Sé sincera, Ciruelo. ¿Crees que podemos vivir juntos durante meses sin llevar esto un paso más allá?"
El choque llegó antes de lo esperado.
-"Así que piensas que deberíamos hacer el amor porque es inevitable¿no?"
-"No. Deberíamos hacer el amor porque es lo que ambos queremos".
Tomoyo hizo un esfuerzo para apartarse de los brazos de Eriol y utilizar su razón en lugar de las emociones que la estaban controlando.
-"Nunca he dicho que quisiera hacer el amor contigo. Nos hemos besado. Ha sido... agradable. Fin de la historia".
Eriol frunció el ceño.
-"¿Agradable?"
Tomoyo pensó de inmediato que no debería haber trivializado con tanta despreocupación los momentos que había pasado entre los brazos de Eriol. Al parecer, solo había conseguido que se enfadara una vez más. Suspiró. Los hombres eran unas criaturas tan quisquillosas...
-"De acuerdo. Ha sido más que agradable. Lo haces muy bien. Pero no tiene sentido convertirlo en un acontecimiento fundamental en nuestras vidas. Estoy segura de que has besado a muchas mujeres sin sentir la necesidad de llevártelas a la cama" -fue a ajustarse su falda -. "¿O estoy equivocada?"
-"No estás equivocada".
Antes de que Tomoyo pudiera adivinar su intento, Eriol la tomó de la mano y tiró de ella hacia sí. Sus cuerpos chocaron y el fuego del deseo se avivó al instante. Tomoyo se dijo que tenía que deberse a una reacción química. No podía haber otra explicación razonable. Algo en la química corporal de Eriol la afectaba de un modo inexplicable. Despertaba en ella un anhelo que nunca antes había experimentado, y le hacía responder de un modo primitivo, desesperado, irracional.
Era totalmente irresistible.
Trató de echarse atrás, pero Eriol la siguió hasta hacerle toparse con el brazo del sofá. Perdió el equilibrio, pero él la sujetó de manera que cayó en el sofá con ella encima.
-"Entrégate a mí, Ciruelo".
-"No puedo. No podemos".
Eriol le dedicó una mirada cargada de deseo y paciencia a la vez.
-"Entrégate a mí".
Tomoyo tomó el rostro de Eriol entre sus manos y lo miró a los ojos.
-"¿Y qué harás cuando me tengas?" -susurró.
-"Cuidarte".
Un temblor recorrió el cuerpo de Tomoyo ante la innegable sinceridad de Eriol. No podía escucharlo más, por mucho que le hubiera emocionado su promesa. Buscó su boca con precisión para hacerlo callar. Enseguida sintió que él empezaba a desabrocharle los botones de la blusa. Profundizó el beso para alejar la voz de la razón que la instaba a contenerse.
En lugar de ello, se dejó llevar.
Mientras sus lenguas se fundían, quiso reír, llorar y gemir al mismo tiempo. Eriol la desconcertaba, la deleitaba, la excitaba y, sobre todo, despertaba en ella sensaciones y anhelos profundos y desconocidos.
Cuando terminó de desabrocharle la blusa, Eriol tiró hacia abajo del borde superior del sujetador, liberando sus pechos. Estos le llenaron las manos, y sus pujantes cimas rozaron contra la palma de estas. Un gemido de incontenible placer surgió de la garganta de Tomoyo cuando él inclinó la cabeza y tomó con delicadeza entre los dientes uno de sus sensibles pezones.
-"¡Eriol!"
-"Sí, pequeña. Di mi nombre. Inhálame. Saboréame. Tómame dentro de ti. Quiero dejar mi huella en ti para que nunca más vuelvas a confundirme con otro".
-"No podría confundirte... No después de esto..."
-"Voy a asegurarme de ello".
Eriol apoyó las manos sobre los muslos de Tomoyo y le hizo separarlos. Ella se movió hasta colocar su parte más femenina sobre la prominente cresta del deseo de Eriol. Él deslizó una mano implacable entre sus muslos hasta encontrar con los dedos el borde de las braguitas. Sin detenerse, los introdujo debajo de estas y acarició la húmeda calidez que palpitaba debajo. Tomoyo soltó el aliento en un grito mudo.
-"No más2 -rogó, y dejó caer la cabeza sobre el pecho de Eriol, donde pudo sentir los poderosos latidos de su corazón-. "No puedo soportarlo más..."
-"Lo sé, pequeña. Yo siento lo mismo".
Ella cerró los ojos con fuerza, tratando de controlar su respiración.
-"Ya lo he notado".
Eriol la tomó por la barbilla para que lo mirara.
-"Ahora dime que solo ha sido «agradable», dime cómo vamos a conseguir que nuestro matrimonio sea tan solo un acuerdo sin pasión. Puede que no te guste la idea, pero lo que sucede entre nosotros es inevitable. Quedó decidido en el momento en que entraste en mi despacho para proponerme que nos casáramos. Lucha contra ello si eso hace que te sientas mejor, pero acabarás por rendirte. Ni tu determinación ni toda tu lógica podrán hacer que eso cambie".
Tomoyo no se atrevía a creerlo.
-"Estás equivocado. No me dejo controlar por mis emociones".
Eriol se limitó a sonreír.
-"Sigue diciéndote eso, Ciruelo".
-"No necesito decirme nada. Eres tú el que debe comprender".
Si no se iba de inmediato, sabía que acabaría cediendo a las emociones que, con tanta vehemencia, estaba negando. Se libró de las manos de Eriol y se levantó del sofá.
Al ver el estado en que había quedado su ropa, dio un pequeño gritito de sorpresa. Enseguida, se subió el sujetador, se bajó la falda y abrochó los botones de su blusa. ¿Cómo había podido permitir que Eriol la dejara en aquel estado? Evidentemente; aquel hombre era tan peligroso para su equilibrio personal como para sus ropas. Le dedicó una mirada de abierto desafío.
-"Esta discusión ha terminado, señor Hiraguizawa".
-"Ha sido meramente pospuesta, señorita Daidouji" -Eriol cambió de posición en el sofá e hizo una mueca-. "Odio decirte esto, pero puede que haya sido un error utilizar mi sofá".
Ella lo miró, desconcertada.
-"¿A qué te refieres?"
Eriol se irguió y buscó algo a sus espaldas. Un momento después sacaba las gafas de Tomoyo con las patillas totalmente doblabas. Al parecer al caer en el sofá el bolso se había abierto y en su interior estaban las gafas de Tomoyo.
-"Lo siento, Ciruelo, pero creo que tus gafas estaban en el bolso y mira lo que les paso".
-"Olvídalo. Al menos, no se han roto completamente solo uno de los cristales. Y serán un excelente recordatorio de lo que debo evitar en el futuro".
Tomó las gafas de manos de Eriol, estiró las patillas como pudo y se las puso. Por la sonrisa apenas contenida de Eriol, dedujo que debían quedarle ridículas, pero le ayudaron a recuperar su personalidad de mujer de negocios. Recuperó el control con una sensación de alivio que casi bordeaba la desesperación.
Eriol se sentó y se pasó una mano por el pelo.
-"Ya que te ha hecho cargar contra mí como si fueras el séptimo de caballería, sugiero que hablemos sobre el regalo que te he enviado".
-"Bien" -replicó Tomoyo. ¿Cómo podía haberlo olvidado?-. "Excelente. Respecto al regalo..."
-"No te ha gustado".
-"No es eso..."
Eriol se pasó una mano por la barbilla.
-"¿Elegí mal el color?"
-"No, no. Me gusta el color marfil. Es solo que..."
-"No elegí la talla adecuada" -Eriol frunció el ceño-. "Aunque ahora que he tenido la oportunidad de... de explorar la situación, estoy bastante seguro de que era la correcta".
-"¡La talla es perfecta!" -espetó Tomoyo, exasperada-. "Y deja de mirarme de esa manera". Él sonrió.
-"¿Te estoy mirando de determinada «manera»?"
-"¡Sí! Me estás recordando lo que..." -Tomoyo deslizó la mirada hacia el sofá mientras trataba de no ruborizarse-. "No importa. Pero déjalo ya".
-"Si no es la talla ni el color¿cuál es el problema?"
-"¡La elección del regalo! Durante el cortejo, las parejas se envían flores, o bombones..."
-"¿Durante el cortejo?" -Eriol se levantó y empezó a abrocharse los botones de la camisa. Luego, tomó su corbata del suelo y se la puso en torno al cuello-. "Qué curioso".
Tomoyo parpadeó, sorprendida. ¿Cuándo le había desabrochado la camisa y le había quitado la corbata? Aparte del vago recuerdo de haber apoyado su mejilla contra el duro y balanceado pecho de Eriol, no lograba hacer memoria. Pero debía haberlo hecho, ya que la evidencia estaba de pie ante ella.
-"¡Ya sabes a qué me refiero¿Cómo se te ha ocurrido regalarme prendas de lencería en lugar de flores o bombones?"
-"Yamazaki regaló a Chiharu flores y bombones. Oh, y plumas".
Eriol logró distraer a Tomoyo con aquello.
-"¿Plumas?"
-"Nunca llegué a saber con exactitud para qué eran, pero cada vez que se lo pregunto se ponen a reír. Y aunque Yamazaki consiguió excelentes resultados con su elección de regalos, yo he decidido no seguir sus pasos".
-"¿Por qué no?"
-"Porque quiero que nos distingas con facilidad".
-"Creo que ya te distingues lo suficiente" -murmuró Tomoyo en tono irónico.
-"Lo cierto es que me planteé enviarte bombones o una docena de rosas, pero decidí que eran regalos demasiado tópicos. Ya que estamos deseando que nuestro arrebatador romance se desarrolle a toda velocidad, elegí la seda y el encaje. Así nadie podrá confundir la naturaleza de nuestra relación".
-"En eso tienes razón".
-"¿Qué ha pasado cuando has abierto mi regalo?" Tomoyo cruzó los brazos sobre su pecho. Fue un gesto revelador.
-"Me he quedado tan sorprendida al ver lo que me habías enviado que se me ha caído la caja". Eriol entrecerró los ojos.
-"Creo que antes has mencionado que estabas acompañada".
-"Sí. Por tres presidentes de tres empresas distintas". Eriol sonrió.
-"Seguro que el regalo ha causado revuelo".
-"Creo que no se habrían sorprendido más si hubiera soltado a una serpiente cascabel en medio del despacho".
-"¿Qué has hecho?"
-"Me he levantado y he estado abriendo y cerrando la boca más o menos treinta segundos. Luego, he recogido todo del suelo. O lo he intentado" -Tomoyo apoyó las manos en sus caderas-. "¿Tienes idea de lo resbaladiza que puede ser la seda?"
La sonrisa de Eriol se ensanchó.
-"Sí, pequeña. Estoy muy familiarizado con lo resbaladiza que puede ser la seda. Me entristece que a ti no te suceda lo mismo".
-"Me gusta el algodón" -replicó ella a la defensiva.
-"Ya me he dado cuenta" -Eriol se percató de que su comentario no había sido muy acertado, y sospechaba que el siguiente tampoco iba a serlo-. "Tendremos que ver qué podemos hacer al respecto".
-"De eso nada. A partir de hoy, guárdate la seda y el encaje para ti. ¿Comprendido?"
-"Resultaría un poco pervertido¿no te parece?"
-"¡Eriol!"
-"Entiendo que eso sea lo que tú preferirías" -Eriol avanzó hasta donde había caído la chaqueta de Tomoyo y la recogió del suelo-. "Pero no es eso lo que va a suceder".
-"¿Y puede saberse por qué no?" Eriol alzó la chaqueta de manera que Tomoyo pudiera ponérsela.
-"Porque hemos acordado hacer todo lo que podamos para convencer a la gente de que somos una pareja. Y lo estábamos haciendo muy bien hasta que has asalto a mi primo".
-"Habías prometido que haríamos las cosas a mi modo".
-"Prometí que podrías mandar en nuestro matrimonio, no en nuestro noviazgo. Enfréntate a los hechos, Ciruelo. Ahora que has anunciado al mundo que Yamazaki se ha dedicado a enviarte ropa íntima de seda, voy a tener que trabajar el doble para convencer a todos de que lo nuestro va en serio. No quiero que nuestra relación vuelva a verse comprometida".
-"Eso no es problema. Cualquiera que me vea ahora mismo no tendrá ninguna duda respecto a lo que siento por ti" -Tomoyo se miró la ropa e hizo una mueca-. "Solo tienes que mirarme."
-"Estás preciosa" -dijo Eriol, pensando que tenía ante sí la mujer más salvajmente apasionada y vibrante que había visto en su vida, aunque eso ella aun no lo sabía.
-"Me has arrugado el traje" -lo acusó ella. Eriol rio.
-"Que nunca se diga que un Hiraguizawa no lo da todo" -Tomoyo fue a responder, pero él la interrumpió con un gesto de la mano-. "Relájate, pequeña. Las arrugas te sientan muy bien".
-"Eso es cuestión de opiniones". La sonrisa de Eriol fue sustituida por una expresión de fiero deseo.
-"Mi opinión es la única que importa". Tomoyo suspiró, impaciente, pero no se molestó en seguir discutiendo.
-"Basta de regalos escandalosos, Eriol. No hace falta que llenes mi despacho de sujetadores y braguitas de seda para convencer a la gente de que mantenemos un tórrido romance. Y también podemos hacerlo sin necesidad de que me arrugues toda la ropa".
-"¿Quieres regalos tradicionales? De acuerdo. Pero tengo intención de arrugarte la ropa tan a menudo como pueda. No solo es mi deber, sino que será un placer". ¡Oh si señor, seria todo un placer!
Tomoyo no se fió del brillo de los ojos de Eriol. Era evidente que planeaba algo y sospechaba que, fuera lo que fuese, no le iba a gustar. O quizá le iba a gustar demasiado, cosa que podía resultar aún más peligrosa.
-"Tal vez debería ponerme al tanto de tus planes antes de actuar".
Eriol se cruzó de brazos.
-"No me parece buena idea".
-"Sería más seguro".
-"Voy a dejarte controlar muchas cosas de nuestra relación, pero cuídate de presionarme demasiado. Puede que obtengas más de lo que esperabas".
-"Déjame adivinar. Eso no es una amenaza, es una promesa¿no?"
-"¿Lo dudas?"
Eriol no había movido un músculo y, sin embargo, Tomoyo dio un instintivo paso atrás. La agresividad masculina nunca le había preocupado, pero algo en Eriol despertaba sus facetas más femeninas. Había pasado por alto o ignorado el poder físico e intelectual de aquel hombre, y comprender que no podía dominarlo había supuesto toda una sorpresa para ella. Esperaba que él pudiera controlar sus propias fuerzas, porque ella ya había comprobado lo difícil que era hacerlo una vez liberadas.
-"Ahora que ya lo hemos dejado todo aclarado, me voy"-anunció.
Eriol sonrió peligrosamente.
-"Ten por seguro que terminaremos esta conversación"-dijo-. "Y cuando lo hagamos, no será precisamente en un despacho. Será en algún lugar privado donde nadie nos interrumpirá hasta que hayamos terminado y yo haya dejado probado mi punto de vista".
Tomoyo alzó la barbilla y mintió con aplomo.
-"Estoy deseando comprobarlo". Si se quedaba allí más tiempo perdería más de lo que esperaba ganar, de manera que se volvió, salió del despacho y avanzó hacia los ascensores con la cabeza alta.
Aquello podía considerarse una retirada, pero una retirada a tiempo era una victoria. Pulsó el botón del ascensor mientras le pasaban por la cabeza mil comentarios que podría haber hecho. Puntualizaciones devastadoras y argumentaciones lógicas. En cuanto estuviera de vuelta en su despacho, las escribiría. De ese modo, estaría preparada cuando Eriol volviera a tomarla en sus brazos para besarla.
Trató de alisar algunas de las arrugas que le había hecho Eriol, pero apenas tuvo éxito. Si al menos no le hubiera respondido a un nivel físico... eso habría dejado el asunto zanjado. Volvió a pulsar repetidas veces el botón. ¿Dónde diablos estaba el ascensor? Se quito las gafas y las guardo en el bolso. Escucho que una puerta se abria y por uno de los vidrios de los cuadros que había a un lado del ascensor pudor ver a "Eriol"
-"¡Ah no Hiraguizawa, no volvere a caer en tu trampa voy a demostrarte que soy inmune a tus encantos" Susurro para sí misma.
Tomoyo giró sobre sí misma y se encontró frente a "Eriol".
-"¿No te parece que ya has hecho bastante por un día?"
-"¿Qu…?"
-"Oh, déjate de miraditas inocentes" -Tomoyo decidió utilizar los pocos segundos de que disponía antes de que llegara el ascensor para hacer alguno de los comentarios que se le acababan de ocurrir-. "Al parecer, crees que solo necesitas tocarme para que haga lo que quieres. Pero estás muy equivocado y voy a demostrártelo".
Aferró a Eriol por las solapas de su chaqueta y tiró de él para bajarle el rostro hasta su altura. Sin darle tiempo a reaccionar, lo besó en los labios con todas sus fuerzas. Luego lo soltó y dio un paso atrás antes de que la incómoda química volviera a hacer acto de presencia. Y no lo hizo.
-"¿Lo ves?" -dijo, a la vez que se empujaba las gafas sobre la nariz inconsciente de que no las traía puestas-. "Nada de nada. Ni una punzada de placer".
-"Me alegra oírlo" -murmuró una tensa voz a sus espaldas-. "Me disgustaría averiguar que mi futura esposa ha disfrutado más besando a mi primo que a mí."
¡Oh, no¡Otra vez no¡Malditas gafas, desde mañana usaría pupilentes! Tomoyo se arriesgó a echar otro rápido vistazo por encima del hombro y se estremeció. Eriol no parecía especialmente feliz. De hecho, sospechaba que estaba a punto de tener otra «discusión» y que esta iba a acabar de manera muy distinta a la primera. Para alivio suyo, las puertas del ascensor se abrieron en aquel instante. Entró rápidamente y pulsó el botón de bajada.
-"Solo tengo una cosa que decir, Eriol Hiraguizawa" -dijo mientras las puertas empezaban a cerrarse.
-"Por lo tanto, unas mil menos que yo".
La boca de Tomoyo se curvó en una irónica sonrisa.
-"No lo dudo".
-"Adelante, pequeña. Te estás muriendo por decirme algo. Dilo".
-"Gracias a Dios no son gemelos". Y, a continuación, las puertas se cerraron por completo.
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El regalo de Topmoyo para Eriol llegó al día siguiente.
-"¿No vas a abrirlo?" -preguntó Yamazaki a su primo. Eriol estudió la caja con suspicacia.
-"Casi temo hacerlo".
-"¿Crees que con este regalo pretende vengarse del que le hiciste tú?"
-"Sin duda alguna". Yamazaki sonrió.
-"Vamos, ábrelo".
Eriol tomó la caja. Era mucho más grande y pesada que la que él había enviado a Tomoyo. ¿Qué le habría regalado su dulce prometida? Deshizo el envoltorio y levantó la tapa. Dentro había media docena de pequeños regalos, todos envueltos individualmente. Tomó el primero, un objeto largo y triangular. Al deshacer el envoltorio vio que se trataba de una placa de bronce con su nombre grabado en ella.
Yamazaki rompió a reír.
-"No hay duda de que es una solución. Aunque si quiere que funcione tendrás que colgártela del cuello".
-"Esto empieza a ser ridículo" -murmuró Eriol, malhumorado-. "¿Cómo voy a convencer a alguien de que estamos enamorados si no deja de confundirnos¡Y basta ya de risas! Te besó porque te confundió conmigo, y eso no tiene ninguna gracia".
Yamazaki suspiró.
-"Solo fue un beso rápido. Y ella misma dijo que no sintió nada".
-"¿Y se supone que eso me tiene que alegrar?"
-"Podría haber sido peor. ¿Y si le hubiera gustado?"
-"Sospecho que Chiharu habría tenido algo que decir al respecto".
-"¡Oh, Chiharu tiene mucho que decir!. Y precisamente nada agradable" -Yamazaki miró el interior de la caja-. "¿Qué más te ha mandado Tomoyo?"
Eriol sacó la siguiente caja y la abrió. Dentro encontró un llavero de oro con su nombre grabado. Su enfado se transformó en diversión. El siguiente paquete contenía un pasador de corbata, el que abrió a continuación, una pluma, y los dos últimos una cartera y un par de tirantes. Cada uno de los objetos tenía su nombre grabado en grandes letras doradas.
Empezó a reír.
-"Parece que Ciruelo tiene un auténtico sentido del humor"-aquello le alegró mucho. No habría podido tratar con una mujer que careciera de él. Había descubierto aquel detalle crucial durante su compromiso con Kate Bennett.
-"Hay un regalo más" -dijo Yamazaki, señalando el interior de la caja-. "¿Adivina de qué se trata?"
-"Sea lo que sea, seguro que lleva mi nombre inscrito"
Eriol abrió el último paquete y rio mientras sacaba unos boxers con su nombre grabado en la parte trasera en grandes letras negras-. "Cien por cien algodón" -informó a su primo con una sonrisa-. "Esa es mi futura esposa. Una mujercita de algodón".
-"Supongo que planeas vengarte".
-"No lo dudes" -Eriol giró en su silla para mirar por la ventana el edificio de Tomoyo-. "Aunque no con mi siguiente regalo. He prometido enviarle un regalo tradicional, y eso es precisamente lo que pretendo hacer".
Estaba deseando ver cómo reaccionaba su práctica, racional y lógica Tomoyo.
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El regalo llegó a la mañana siguiente al despacho de Tomoyo.
Ella echó un vistazo al interior y se enamoró al instante. Fue una respuesta totalmente práctica, racional y lógica ante lo que vio. O al menos, eso habría estado dispuesta a jurar con su último suspiro
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Nota Autora: Hola, gracias a todas por sus reviews, creanme que fue una gran sorpresa ver que tenia 77 reviews, sinceramente y de corazón muchisisimas gracias. (que esto no los detenga espero mas reviews de ustedes :P)
Todas sus dudas, comentarios, tomatazos o felicitaciones diganmelo en un review
Saludos
Verenike
P.D. Gracias a todas aquellas personitas que se han animado a escribirme un review
