Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.


-9-

Jasper

Me sentí un poco mejor cuando hablé de aquel tema con Alice. Quería que supiera que tenía otras opciones y otras alternativas, y yo estaba seguro de que no tardaría en encontrar a algún hombre que la cuidara y que la hiciera feliz. De todos modos, había una parte de mí que no aceptaba aquello que acababa de decirle. Era mi parte egoísta, la que quería que Alice continuara llorando mi pérdida durante el resto de su vida, pero yo sabía que no podía pedirle tal cosa.

Ella conocería a un hombre que la haría reír cada día y que sabría cuidarla, pero estaba seguro de que jamás encontraría a nadie que la amara como lo hacía yo. De eso no me cabía ninguna duda.

La miré en silencio durante varios segundos y me percaté de que sus ojos estaban húmedos otra vez. No hice nada por consolarla. Lentamente solté nuestras manos –que anteriormente había entrelazado –, y volví a sentarme delante de ella. Me sentí mal cuando vi que comenzaba a comer de nuevo, a la vez que intentaba retener las lágrimas, pero de ahora en adelante debería entender que no me tendría nunca más a su lado, y opté por dejarla llorar si quería. Pero no lo hizo. Deduje que tal vez estaba cansada de pasarse el día llorando frente a mí, pero de algún modo u otro la entendía.

-¿No me vas a pedir nada más? –me preguntó de repente con la voz entrecortada mientras removía innecesariamente la ensalada.

-¿A qué te refieres? –le pregunté confundido. No había entendido a dónde quería llegar con aquella pregunta.

-No sé, he pensado que tal vez lo próximo que me pidas será que tire todos los recuerdos que tengo de ti para ver si algún día olvido que estuviste en mi vida –me explicó enfadada, dándole golpes al plato con el tenedor.

-Alice…yo jamás te pediría tal cosa.

-No, claro que no –se rió amargamente.

-Creo que has malinterpretado lo que te he dicho antes.

-No lo he malinterpretado. Me ha quedado muy claro.

-Yo no te he pedido que me olvides porque no quiero que lo hagas. Eso es lo último que deseo.

-¿Entonces por qué no te quedas conmigo? –me preguntó, y pude darme cuenta de que le temblaba la mano con la que sostenía el tenedor.

-No puedo hacerlo.

-¿Por qué?

-No lo sé –le dije, intentando evitar aquella discusión.

-Claro que lo sabes. Dímelo. Explícame por qué maldita razón no podemos volver a ser como éramos antes –estaba realmente enfadada, y me di cuenta cuando dejó caer el tenedor sobre la mesa y se levantó de la silla lentamente.

-No lo sé –volví a mentirle desviando la vista de su rostro.

-¡Dímelo! –me pidió gritando.

-¡Por que estoy muerto! ¿De acuerdo? –le respondí gritando también, levantándome de golpe de la silla en la que había estado sentado –Tú no quieres aceptarlo y yo tampoco, pero tenemos que hacerlo. Mañana ya no estaré, Alice. Ni tampoco pasado mañana, ni al otro, ni al otro, ni el mes que viene, ni el año que viene. Nunca más, ¿me has entendido? – supe que me había excedido con aquellas declaraciones cuando me miró asustada y con los ojos llenos de lágrimas, por lo que intenté arreglarlo: –Si por mí fuera me quedaría toda la eternidad aquí contigo, no me importaría ser un fantasma atrapado en nuestro apartamento durante el resto de tu vida, pero no puedo, Alice.

Nos quedemos en silencio durante varios minutos, hasta que su voz lo rompió al fin:

-Entonces vete –aquellas palabras fueron como un martillazo en mi cabeza.

-¿Qué?

-Si tarde o temprano te vas a ir para no volver jamás, lo mejor es que te vayas cuanto antes.

-No puedes estar hablando en serio –le dije sintiendo un nudo en la garganta.

-Te lo digo de verdad. Lárgate, Jasper.

Me había quedado atónito, por lo que lo único que pude decirle fue:

-No.

Me miró enfadada, aunque la tristeza se abrió paso en sus ojos.

-¿Por qué te empeñas en hacerme daño?

-Sabes que eso es lo último que quiero –le expliqué apretando mis puños a cada lado de mi cuerpo, reteniéndome para no comenzar a golpear cualquier cosa que se me pusiera por delante.

-Jasper…la noche que…te vi por primera vez después de que…murieses, la noche de ayer, yo ya había aceptado lo que te había ocurrido. Había asumido que ya no volvería a verte y que debería continuar sin ti.

La observé en silencio, preocupado e intrigado por sus próximas palabras.

-Pero ahora que te veo delante de mí…tengo la sensación de que todo lo que ha ocurrido en los últimos días ha sido una pesadilla. Me estoy engañando a mí misma diciéndome que has vuelto, pero ésta noche todo volverá a la realidad, tú ya no estarás y lo peor de todo es que no regresarás.

Entendí lo que le estaba ocurriendo, y me maldije cientos de veces. No debería haber vuelto, y tal vez lo mejor sería que me fuera cuanto antes, tal y cómo ella me había pedido. Pero no quería irme. No cuándo podía quedarme unas cuantas horas más con Alice. Y sabía que en el fondo ella tampoco quería que me fuera tan deprisa.

-Lo siento –le dije sinceramente.

-No me pidas más perdón. Sólo vete –me pidió mirando al suelo.

-No. No voy a irme aún, Alice.

Negó varias veces con la cabeza y comenzó a temblar.

-Te aseguro que no quiero causarte más daño, pero no pienso irme tan pronto sabiendo que puedo pasar más tiempo contigo –le expliqué acercándome a ella lentamente. –Y sé que tú tampoco quieres que me vaya aún.

-No quiero que te vayas nunca, pero estoy cansada de éste juego paranormal, sólo quiero estar tranquila, y mientras tú estés aquí no voy a conseguirlo. Así que, por favor, vete.

-No.

-Vete –volvió a pedirme por enésima vez.

-No.

-¿Qué diablos tengo que hacer para que te largues? ¿Tengo que gritarte más? ¿Golpearte? ¿Decirte que te odio? –me preguntó exasperada.

-Dime o haz lo que quieras, no me voy a ir todavía –le contesté con una pequeña sonrisa.

-Por favor, Jasper. Vete.

Negué tranquilamente con la cabeza, dando pasos lentos hacia ella.

-¡Que te vayas! ¡Lárgate y no vuelvas! ¡Vete! –comenzó a gritar desesperada, y como ya estaba a escasos pasos de ella, acorté la poca distancia que nos separaba, puse mis manos en sus mejillas, y sin pensármelo demasiado, la besé.

Se quedó quieta en el instante en que nuestros labios se tocaron, al igual que yo. No creía que pudiera sentir lo que sentí cuando volví a besarla después de varios días sin haberlo hecho, y menos en mi estado. Pensaba que no sentiría nada, que no notaría sus cálidos labios junto a los míos –que ahora estaban fríos –pero me equivoqué. Y jamás me había alegrado tanto de equivocarme


Son demasiado tiernos, no me lo podéis negar ^_^

Espero que os haya gustado el capítulo y que me dejéis vuestros reviews.

¡Nos leemos en el siguiente!

XOXO