Libro. 1: "Harry Potter y la piedra filosofal"

Cap. 10: Castigo. Unicornios. Centauros.

Filch los llevó al despacho de Snape. Que estaba furioso. Minutos después, apareció McGonagall, con Hermione.

-¡Harry! Escuche que Nott iba a acusarte de tener un dragón. Te iba a advertir-dijo Hermione.

-Nunca habría creído esto de ustedes. Cuatro alumnos fuera de la cama a la una de la mañana…¡Y en la torre de astronomía! Quiero una explicación-dijo la profesora.

-Creo… que tengo una idea…de lo que pasa, profesora-hablo Snape. Con su monótona voz-El señor Potter se inventó esa historia del dragón para hacer que el señor Nott, que lo ha estado molestando, se metiera en problemas.

-Puede que las cosas resultasen así. Pero, eso no quita que estén fuera de sus camas a altas horas. Por lo cual, se le será descontado cincuenta puntos. A cada uno.

-¿Qué? Profesora, eso nos dejara de cuartos en la copa de las casas-dijo Hermione-

-Es una verdadera lástima. La próxima vez lo pensaran dos veces.

-Vuelvan todos a cuartos. Ya veremos en qué consistirá su castigo-dijo Snape.

Esa noche, ninguno pudo dormir. Esa noche se le había sido descontado ciento cincuenta puntos a Slytherin. Aun estarían en el primer lugar, pero con más posibilidades de perder la copa.

Sorprendentemente, los Slytherin no los trataron diferente. Solo le decían cosas como: "Preocúpate por la Snitch y eso bastara" o "Realicen bien las pociones" Harry había descubierto que esa era la forma en la que las serpientes se daban ánimos.

Una mañana, Draco, Hermione, Harry y Nott, recibieron una carta, una idéntica.

"Su castigo tendrá lugar a las once de la noche. El señor Filch los esperara en el vestíbulo de la entrada.

Prof. M. McGonagall"

A las once de aquella noche, subieron al vestíbulo. Allí ya estaba Hermione junto con Filch.

-Síganme. Seguro lo pensaran dos veces antes de romper otra regla. ¿Verdad?

Cruzaron el oscuro parque escuchando a Filch hablar sobre cadenas y torturas antiguas. Terminaron llegando a la cabaña de Hagrid.

-¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero comenzar de una vez.

-Piensan que van a divertirse con ese papanatas, ¿no? Es al bosque a donde van, y me habré equivocado si vuelven enteros.

Draco se detuvo de pronto.

-¿El bosque?-la máscara de los Slytherin se derrumbó-hay toda clases de cosas allí… hasta hombres lobos.

-Es su problema, ¿no?

Harry se acercó a él rubio y le tendió la mano. El chico la tomó.

-Está bien. Estas conmigo.

-Vaya, llevo esperando una hora. ¿Todo bien, Harry, Draco, Hermione?

Luego de que Filch dijera unas cuantas palabras despreciables y se fuera, Nott se giro hacia Hagrid

-No iré a ese bosque-dijo y todos notaron el miedo en su voz

-Lo harás. Si quieres quedarte en Hogwarts. Escúchenme bien, lo que vamos a hacer es peligroso. Tengan cuidado.

Los condujo al borde del bosque.

-¿Ven eso de allí? Lo que brilla. Es sangre de unicornio. Alguien esta dañándolos, en este momento debemos encontrar a este pobre herido.

-¿Y qué pasa si el que los hirió nos encuentra primero?-dijo Draco, aferrándose más a Harry.

-Ningún ser en este bosque los dañaría si están conmigo o con Fang. Ahora, no separaremos en dos grupos y seguiremos las huellas de sangre en distintas direcciones. Hermione y Harry vendrán conmigo y Draco, Nott y Fang serán el otro grupo.

-No-se apresuro en decir Harry-Yo iré con Draco y Fang.

-¿Seguro?

-Jamás estuve más seguro.

-Bien, entonces, andando. Si están en problemas, lancen chispas rojas con su varita.

Ambos grupos se separaron. Draco en ningún momento llego a soltar la mano de Harry, éste sentía la gran necesidad de proteger al rubio.

-¿Crees…crees que sea un hombre lobo el que está matando a los unicornios?-preguntó Draco.

-No lo sé. Solo ruego a Dios que no nos encontremos con lo que sea que los está matando-dijo Harry.

-¿Dios?-

-Sí, es una expresión muggle. ¿Pasa algo?

-Lo sé. Solo, no lo digas, es raro, aquí todos decimos "Merlín, Circe, Morgana…"

-Que bien-susurró Harry

-¿Qué?

-Has dejado de temblar-respondió con una sonrisa. Draco enrojeció y se soltó de Potter, arrepintiéndose de separarse.

-No es que tenga miedo, ni nada por el estilo, Potter. Solo tengo frío-se cruzó de brazos.

-Vamos, Draco. Seguro que es eso, sí, debe ser.

-No utilices sarcasmo conmigo. Es molesto

-Pero si es divertido cuando tú lo haces, ¿no?

-Jamás lo he utilizado contigo.

Caminaron en silencio alrededor de media hora. Las marcas de sangre platinada se volvían más espesas a medida que avanzaban. Llegaron a un claro, más allá de un roble.

-Mi padre se enterará de esto. De cómo nos tratan como sirvientes-dijo Draco, pero Harry lo interrumpió

–Mira…-murmuró Harry, sosteniendo a Draco del brazo para que no avanzara.

Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más. Sí. Era el unicornio y estaba muerto. Era tan hermoso y tan triste.

Harry dio un paso al unicornio para cuando un arbusto, a lo lejos, se agitó…Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando como una bestia al acecho. Harry, Draco y Fan permanecieron inmóviles.

La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.

El grito de Draco fue ensordecedor. Y sin pensarlo dos veces se apego al cuerpo de Harry, ocultando su cara en el pecho de éste. Por su parte, Harry lo abrazó, sin despegar la mirada de la bestia.

La figura levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio chorreaba por su pecho. Se puso de pie y caminó hacia él. Harry estaba paralizado del miedo.

Entonces, un dolor le perforó la cabeza, uno que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose. Casi sin poder ver, retrocedió. Cayendo de espaldas y con Draco sobre él. Algo saltó limpiamente y atacó a la figura. El dolor pasó al cabo de unos minutos y podía oír la preocupada voz de Draco llamándolo.

Al abrir los ojos, la figura había desaparecido y un centauro estaba ante ellos.

-¿Están bien?-preguntó el centauro.

-Emm…Sí, ¿Draco?-

-Bien.

-Gracias ¿Qué era eso?-preguntó Harry al centauro.

El centauro no contestó, solo observo a los niños, deteniendo su azul mirada en la cicatriz que Harry llevaba en la frente.

-Tú eres el chico Potter. Debes volver con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época, en especial para ti. ¿Pueden cabalgar? Así sería más rápido…mi nombre es Firenze-bajó sus patas delanteras para que los niños subieran en su lomo.

Del otro lado del claro se escucharon más galopes. Y dos centauros más aparecieron.

-¡Firenze!-rugió uno-¿Qué estás haciendo? ¡Tienes humanos en tu lomo!¿No te da vergüenza?¿Es que eres acaso una mula ordinaria?

-¿No te das cuenta, Bane? Uno de ellos es el chico Potter. Mientras más rápido se vaya, mejor.

-¿Qué le has estado diciendo?-gruñó Bane-Recuerda, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?

El centauro restante dio una patada al suelo con nerviosismo.

-Estoy seguro que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible-dijo, con voz sombría

Luego de un intercambio de palabras por parte de los tres centauros, Firenze retomó su marcha para sacar a Harry del bosque. Draco era incapaz de decir una palabra, solo se dejaba apretar por los brazos de Harry que parecían no querer soltarlo.

-Harry Potter, ¿sabes para que se utilice la sangre de unicornio?

-No-

-¿Y tú?-le preguntó Firenze a Draco.

-La sangre de unicornio te mantiene con vida aun si estas al borde de la muerte.

-Exactamente, sin embargo, es un crimen atroz el beber su sangre. Y por ello se paga un precio alto. Desde el momento en que la sangre toque sus labios, conseguirá media vida.

Harry se aferró más a Draco.

-Pero ¿Quién estaría tan desesperado?-se preguntó en voz alta-Si te van a maldecir es mejor la muerte, ¿no?

-Es así-dijo Firenze-a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo necesario para tomar algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Saben acaso que es lo que está escondido en el colegio en este preciso momento?

-¡La Piedra Filosofal!¡Por supuesto…El Elixir de la Vida! Pero…¿Quién?

-¡Por Merlín, Harry! -exclamó Draco, notablemente asustado-Es algo muy obvio

Fue como si un puño de hierro cayera sobre la cabeza de Harry.

-¿Quieres decir-dijo con voz ronca-que era Vol…?

-¡Harry!¡Draco! ¿Están bien?

Hermione corría hacia ellos, con Hagrid resoplando detrás.

-Estamos bien-dijo Harry-

-El unicornio está muerto. En el claro de atrás-dijo Draco.

-Aquí es donde los dejo. Ya están a salvo-dijo Firenze y los chicos se bajaron de su lomo-Buena suerte, Harry Potter. Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que esta sea una de esas veces-dijo antes de desaparecer en las penumbras del bosque.

Harry le dijo a Hermione para encontrarse antes del desayuno a la mañana siguiente, con Ron, y así contarles lo que había sucedido.

Nott se había dirigido a su habitación apenas tocaron la sala común, en cambio, Draco y Harry se quedaron sentados frente al fuego, en un mismo sillón, con sus cuerpos lo más cerca que podían. Ambos por temor, necesidad y la inconsciencia. Ninguno se dio cuenta de su cercanía.

-Snape… no quiere la piedra para sí-dijo Draco.

-No…Voldemort ha vuelto. Y Snape planea conseguir la piedra para él. Y entonces Voldemort podrá venir y acabar conmigo.

-No…no digas eso, imbécil. ¿Qué haría yo si te mueres? Puedo ser el príncipe de Slytherin. Pero necesito a mi sirviente.

-Sí, yo también te extrañaría si mueres, mi amado príncipe-bromeó

-Entonces, prométeme que no morirás, pase lo que pase.

-Te lo prometo. Promételo tú.

-Un Malfoy jamás rompe sus promesas.

Y allí, en la muda conversación, en el intercambio de palabras a través de sus miradas, se transmitieron la paz y seguridad que ambos necesitaban del otro.

Al día siguiente, los cuatro jóvenes se reunieron en un aula vacía, cerca del Gran Comedor, y les contaron todo.

-Harry, todos dicen que Dumbledore es al único que Quién-tú-sabes siempre a temido. Con él aquí, Quién-tú-sabes no te tocará. De todos modos, ¿Quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos, y la profesora McGonagall dice que es una rama de la magia muy inexacta-dijo Hermione.

-La sangre su…-iba a decir Draco, pero fue detenido por la mirada de advertencia de Harry- Granger tiene razón. No deberíamos preocuparnos. Vamos a clases.

Los días pasaban, ellos estaban seguros de que Fluffy estaba bien. Harry nunca sabría cómo se las arreglo para hacer sus exámenes, cuando una parte de él esperaba que Voldemort entrara por la puerta en cualquier momento.

Tenían exámenes prácticos y escritos. El calor era insoportable, más que todo en las aulas. Harry intentó ignorar las punzadas de su frente, dolor que tenía desde que fueron al bosque. Sus pesadillas se intensificaron.

Ron y Hermione no parecían tan preocupados como Harry por la Piedra, Draco lo estaba, pero más por Potter que por la Piedra misma, los Slytherin eran observadores, y él se dio cuenta de la actitud de Harry y en la forma en la que ocasionalmente temblaba y fruncía el seño.

-No te obligaré a que me digas que te pasa. Pero sé que tiene que ver con eso-le había dicho el rubio.

El último examen que tuvieron, fue Historia de la Magia. Para cuando terminaron, una hora después, Harry no pudo dejar de alegrarse.

Los dos Slytherin se fueron al lago y se dejaron caer contra un árbol. Viendo a los gemelos Weasley pinchar un tentáculo del calamar gigante que tomaba el sol.

-Una semana. Si mis exámenes no son perfectos padre me reprochará-dijo Draco, haciendo una mueca. Harry rió-Potter, madre se enfadará contigo si tus calificaciones no son, por lo menos, medianamente aceptables.

-Ya Draco, tus padres solo quieren que te esfuerces y todo eso. Cissa ya me advirtió sobre mis calificaciones y el riesgo de si quedo entre los peores.

Draco rió. No la risa falsa y arrogante que le mostraba al resto. Sino esa calmada y relajada que solo se permitía cuando estaba con él, Blaise, Pansy o sus padres y hermana. Definitivamente, eso le encantaba. Era música para sus oídos.

Sin embargo, el momento fue arruinado por el incesante dolor de su cicatriz.

-Mi cicatriz sigue doliendo. A sucedido antes, pero no tan seguido como ahora.

-¿Por qué no vas a que Madame Pomfrey?-se escuchó la voz de Hermione.

-No estoy enfermo. Creo que es un aviso… significa que se acerca el peligro.

-Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra estará segura mientras Dumbledore esté aquí. Además, solo Hagrid y Dumbledore saben cómo pasar a Fluffy-dijo Ron

Harry tenía una sensación inquietante. Vio una lechuza que volaba hacia el colegio con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas, a parte de la señora Malfoy. Él nunca traicionaría a Dumbledore. No le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy…nunca…Pero…

Súbitamente, se puso de pie de un salto.

-¿A dónde vas?-preguntó Ron

-No piensas dejarme con…ellos, ¿o sí?-dijo Draco.

-Ya sabemos que no somos de tu agrado, Malfoy, pero por lo menos aparéntalo-dijo Hermione, Draco la ignoro

-Ya…tenemos que ir a ver a Hagrid, ahora-dijo Harry.

-¿Por qué?-suspiro Hermione, siguiéndolo.

-¿No les parece raro que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón y que de repente apareciera un desconocido con un huevo en el bolsillo?¿Cuánta gente anda por allí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes mágicas? Qué suerte tuvo de encontrar a Hagrid, ¿verdad?¿Por qué no se me ocurrió antes?

-¿En qué estás pensando?-preguntó Ron, pero Harry echó a correr hacia la cabaña.

Al llegar, Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, desgranando guisantes.

-Hagrid, tengo que preguntarte algo…Cuándo ganaste a Norberto, ¿te acuerdas como era el desconocido?

-No lo sé. No se quitó la capa-dijo restándole importancia.

Los cuatro lo miraron asombrados.

-No es tan inusual, hay mucha gente rara en la Cabeza de Puerco. Podría ser traficante de dragones, ¿no? No llegue a verle la cara porque no se quitó la capucha.

Harry se dejó caer cerca del recipiente de guisantes.

-¿De qué hablaste con él, Hagrid?¿Mencionaste Hogwarts?

-Puede ser…me preguntó que hacía y le dije que era guardabosque aquí…me preguntó qué tipos de animales ocupaba…se lo explique…le dije que siempre había querido un dragón… luego me invitó a muchas copas y me dijo que tenía un dragón y podíamos jugarlo a las cartas…pero que tenía que estar seguro de poder con él… así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.

-¿Y él… pareció interesado en Fluffy?-preguntó Harry, tratando de conversar con calma-

-Bueno…sí… es normal…¿Cuántos perros de tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si sabias como calmarlo: tocando música se dormía enseguida…

De pronto Hagrid pareció horrorizado.

Y, sin prestar atención a lo que el guardabosque decía, los cuatros jóvenes se encaminaron al castillo.