Cada vez se acercaban más. Podían notar el frente de batalla a escasa distancia de ellos. Cada paso que daban les aproximaba más. Hinata caminaba preocupada. Pensaba tanto en el hecho de que el nacimiento de su hijo estuviese próximo como en que Neji tuviese que pelear en la guerra. Él le había asegurado que cuando comenzase el parto él estaría allí, acompañándola, pero estando en mitad de una guerra eso podría ser difícil.

Caminaba abstraída en sus pensamientos, mientras Tenten la observaba. Hinata nunca había sido objeto de su devoción, no era una mala persona, era muy agradable, pero los últimos acontecimientos estaban logrando que un peligroso sentimiento de rabia creciese en su interior. Ella siempre había apoyado a Neji y siempre lo consideró un gran amigo, y puede que más de eso; pero gracias a Hinata su destino y su futuro estaban ya marcados.

Déjalo ya – dijo la voz de Neji, llamando la atención de Tenten. Todos estaban caminado y conversando de manera que la conversación no se divulgase.

¿Dejar el qué…? – preguntó Tenten, mirando a Neji con cara de fingida curiosidad.

Lo sabes perfectamente y no me gusta nada – respondió muy serio y con voz firme.

Yo no le he hecho nada – dijo Tenten desafiante.

Le estás haciendo sentir mal y sabes que eso no le conviene a nadie y menos a una chica embarazada.

Si ella se siente mal es por su propia conciencia… Hasta ella misma conoce la envergadura de lo que ha hecho… - dijo con rabia

Ella no ha hecho nada – dijo Neji de forma fría

Ella te ha atado con ese estúpdo matrimonio y por si fuese poco con un hijo…

Ni se te ocurra meter a mi futuro hijo en esto – le cortó Neji de forma tajante – Además ella no tuvo la culpa de lo sucedido, tomó la mejor de decisión para su clan…

¿A costa de tu felicidad? – añadió Tenten con rabia

No fui el único afectado – dijo Neji fulminándola con la mirada – además, nadie te ha dicho que yo no sea feliz.

Tenten abrió sus ojos debido a la sopresa de ese último comentario y miró a Neji sin poder dar crédito a lo que oía.

Además, su embarazo no fue a propósito, ni cosa suya, en eso participan dos personas…- concluyó Neji – Eres mi amiga Tenten, siempre te consideré así, pero debes comprender que ella es mi esposa y la futura madre de mi hijo y haré lo que sea para intentar que nadie la dañe, así que déjalo ya.

Neji el dedicó una última mirada de advertencia a Tenten y caminó un poco más hacia delante, donde estaban todos los demás.

8 meses y poco más, Hinata – dijo Sakura después de examinarla cuando pararon para descansar esa noche – Vete haciéndote a la idea de que dentro de poco tendrás a tu hijo…

Losé –dijo Hinata cabizbaja – El viaje nos está llevando más tiempo del esperado…

No te preocupes Hinata – dijo Sakura sonriendo – Estarás en buenas manos, solo estaremos o Tsunade o yo, no permitiré que cualquiera se te acerque

Losé y gracias – dijo sonriendo débilmente – pero el caso es, que me gustaría que Neji estuviese conmigo, y con todo el aspecto de la guerra…

No te preocupes por eso ahora – le cortó Sakura – Neji estará allí, no te preocupes más que vas a conseguir provocarte el parto – dijo sonriendo Sakura

Hinata sonrió no muy convencida.

Sólo espero que todo vaya bien – dijo cerrando su sudadera, la cual estaba a reventar prácticamente por el volumen de la barriga de Hinata.

Por supuesto que sí – dijo Sakura mientras preparaba algunas mantas para la noche – por cierto, hay algo que llevo un tiempo queriendo preguntarte… aunque la verdad es que no sé cómo hacerlo – dijo Sakura sonrojándose un poco.

Hinata se temía lo peor, ella no se ruboriaba fácilmente así que aquello que le iva a preguntar podría ser muy peligroso… Sakura se acercó a ella y le susurró al oído.

¿Cómo ocurrió? –

La cara de Hinata comenzó a coger un color rojo escarlata mientras se sobrecalentaba.

-¡Eso no! – rectificó Sakura- Eso ya se cómo, me refiero a, es decir, tú y Neji no os llevábais tan bien, y no me encaja, porque las fechas no coinciden con tu boda – reflexionó Sakura.

Hnata estaba sumamente roja pero aún así constetó en voz baja y temblorosa.

Tienes razón, el caso es que, nunca pasó nada en la noche de bodas…- dijo poniéndose cada vez más roja.

Ajám! Justo lo que pensaba pero entonces… ¿Qué pasó?

Bueno… - vaciló Hinata – lo cierto es que…

Llevaban poco más de un mes de viaje y habían sufrido algunos asaltos por el camino. Sin duda eran tiempos muy malos, pero gracias a los dos portadores del Byakugan no habían sufrido ningún tipo de daños. Eran simples bandidos que nunca se lo esperaban.

Cada día el cansancio aumentaba en el cuerpo de cada miembro del grupo, pero aún así los lazos parecían reforzarse, lo cual era un gran punto a favor. Lo mejor era el trabajo en equipo.

Llegaron a una pequeña aldea, la cual tenía a penas unas pequeñas casitas con pocos habitantes, y el grupo decidió parar para pasar la noche allí. Buscaron habitación para poder dormir, pero encontraron una casita que una amable anciana les acomodó para pasar la noche. En ella había dos habitaciones sumamente pequeñas, por lo que el grupo debía dividirse si no querían acabar unos encima de otros.

¿Cómo lo haremos? – preguntó Mykoto

Hinata-sama y yo dormiremos en aquella de allí – dijo Neji – vosotros podéis dormir en la otra, creo que es algo más amplia…

No lo creo – suspiró Takaishi- pero bueno, habrá que tener fe. Mañana nos veremos aquí en este mismo pasillo en cuanto llegue el alba. Hasta mañana pues.

Ambos desaparecieron, quedando únicamente Neji e Hinata, la cual tenía una cara de vergüenza absoluta. ¡No se esperaba eso para nada!

Vamos- dijo Neji mientras señalaba con la cabeza a la habitación que se encontraba al otro lado del pasillo.

Hinata le siguió un nerviosa y jugando con sus dedos.

Se metieron en la pequeña habitación, la cual únicamente tenía un pequeño futón de aspecto bastante viejo aunque a la vez cómodo y una lámpara en una mesita pequeña.

Ambos colocaron bien el futón y se desprendieron de sus sudaderas y túnicas, metiéndose bajo una gruesa manta.

Hinata estaba al borde del infarto. Estaba acostumbrada a dormir muy cerca de Neji, pero solos en la misma cama era una historia completamente distinta.

Cuando ambos estaban tumbados dentro Neji habló en voz baja.

Es lo correcto. Como comprenderás, no podía dejar que mi esposa durmiese en una habitación distinta.

Un escalofrío recorrió la espalda de Hinata. Él tenía razón, pero aún así todo le provocaba demasiada vergüenza y su corazón aumentaba el ritmo cardiaco con el más mínimo ruido, sobresaltándose.

Si sigues así conseguirás que te dé un infarto – comentó Neji en la oscuridad de la noche.

Hinata intentó sosegarse, pero la cosa no mejoró cuando Neji la atrajo hacia sí, abrazándola.

Trata de calmarte, tienes que aprender a controlar tus emociones – dijo mientras acariciaba suavemente con la palma de su mano la espalda de Hinata, aunque su tono de voz seguía siendo frío.

Hinata pensó que tenía razón. Sus emociones siempre la controlaban y ese era un gran punto del su fracaso.

Si quieres comenzar a cambiar debes empezar por ahí – concluyó Neji.

"Cambiar". En el fondo era eso, tenía que cambiar y dejar de ser una inútil, una carga. Así la consideraban todos, el propio Neji, hasta él pensaba que debía cambiar.

Su corazón fue entristeciéndose poco a poco con las últimas palabras de Neji, las cuales traían recuerdos muy desagradables a su memoria. Todas aquellas escenas y situaciones vividas desde su infancia comenzaron a agruparse en cu cabeza, dañando su corazón. Intentó alejarlas, pero era imposible.

Poco a poco las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, aunque Hinata luchaba por remediarlo. Todo le dolía tanto. Sus hombros comenzaron a temblar ligeramente, suficiente para que Neji advirtiese que algo iba mal. Miró a Hinata y le preguntó suavemente.

¿Estás bien?

Hinata afirmó con la cabeza pero ningún sonido salió de su boca.

Hinata háblame, por favor – dijo Neji – intentando que levantase la cabeza, pero ella se resistía.

Neji suspiró. Cogió suavemente su mentón e intento que levantase la cara.

Mírame

Hinata obedeció temblorosa ante la insistencia de Neji, el cual pudo observar las lágrimas que brotaban finamente de sus ojos. Con su propia mano las limpió y colocó su frente junto a la de ella.

-¿Qué te ocurre? ¿He dicho algo malo?

Hinata movió la cabeza negativamente. Sabía que si comenzaba a hablar su voz se quebraría y ya nada podría pararla.

Pero Neji insistió más aún.

Por favor, habla-

Pero en el momento en que Hinata abrió la boca para intentar decir algo un sollozo rompió su voz.

Neji la abrazó de nuevo, con más fuerza aún.

Tranquila… - le susurraba al oído suavemente

Hinata permaneció llorando durante un buen rato hasta que los susurros y las caricias de Neji consiguieron apaciguarla un poco, o por lo menos lo suficiente para dejar de llorar. El cansancio era horrible, puesto que ella se sentía más sensible que de costumbre.

Neji la observaba en todo momento. Ella necesitaba eso, en cuanto se liberase de toda esa carga que llevaba dentro todo le iría mucho mejor.

Hinata levantó la cara con sus delicados ojos violetáceos hinchados por el llanto.

Neji los acarició y sin previo aviso o explicación sus labios se unieron. Al principio todo suavemente hasta que poco a poco el ritmo comenzó a aumentar y su ritmo cardiaco también.

Neji comenzó a acariciar la espalda de Hinata y comenzó a bajar hasta posar su mano en su torneado muslo. Hinata por su parte besaba a Neji acariciando su pecho fuerte tras sus duros entrenamientos. Ambos comenzaron a acariciarse mutuamente, creando un momento único, mágico. Poco a poco comenzaron a desprenderse de sus ropas, ni ellos mismo sabían porqué.

Conforme la noche de adentraba la pasión crecía y el calor aumentaba, hasta que ambos se unieron, terminando de sellar ese pacto que habían pronunciaron hacía un mes.