A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.
Diez: Sangre ganada.
26 de julio de 2019.
Buenos Aires, Argentina
Oficina de Asuntos Familiares de Magos Menores de Edad, Secretaría de Magia.
La República Argentina, uno de los países más grandes de América en cuestión territorial, se sentía orgullosa de sus políticas. Sus habitantes, además de tener en claro lo que significaba ser originario de ese país (donde el español, lengua oficial, convivía sin problemas con el guaraní), sabían de sobra que si dañaban a uno, los dañaban a todos. Actualmente, ese punto de vista tan solidario, era más seguido por los magos que por los muggles. Y es que los magos, cuando recibían ayuda, no olvidaban fácilmente.
La Casa Rosada, sede del gobierno muggle argentino, es una construcción que no puede pasarse por alto al visitar la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital de la nación. Con su característico color, ya da un primer motivo para fotografiarla y admirarla. Un paseo por la Plaza de Mayo, donde se encuentra dicho edificio, tampoco puede faltar, pero los magos argentinos rara vez pueden darse ese lujo. Cuando van a la Plaza de Mayo, no pueden ver mucho tiempo la fachada de la Casa Rosada, sino que tienen que irse directamente al callejón que está tras la misma, ir a una pequeña puerta blanca de madera y entrar por ella.
La Casa Rosada, en un ala trasera de considerables dimensiones, escondía la Secretaría de Magia de Argentina, lo que a algunos otros países acababa sorprendiendo en cuanto se enteraban. ¿Cómo podía operar la Secretaría sin ser detectado por muggles, siendo que desde la Casa Rosada se dirigía también su gobierno? Simple: el presidente y vicepresidente en turno tenían pleno conocimiento de la existencia de la Secretaría en el inmueble, pero se abstenían de contarlo y de saber sus asuntos. Se les había dicho que solamente se solicitaría su presencia cuando los muggles estuvieran en riesgo y eso no había pasado en los últimos ciento cincuenta años. Argentina, al igual que los demás países de América Latina, tenía políticas mágicas de resolución pacífica de conflictos y rara vez había consecuencias para los muggles.
Sin embargo, se había presentado una situación sumamente irregular. El Secretario de Magia argentino, hombre de armas tomar, había decidido a principios de esa semana tener una reunión con el presidente y el vicepresidente muggles para ponerlos al tanto de lo que ocurría en la comunidad mágica mundial, previniéndolos de posibles desastres futuros. Ambos hombres, si bien no se lo tomaron muy bien, agradecieron la advertencia y se pusieron a disposición del Secretario para lo que hiciera falta. Éste, a su vez, les prometió protección mágica si se enteraba de algún peligro para ellos. Los tres hombres se despidieron con un vago temor, pero en buenos términos.
Esa reunión ocupaba los encabezados del Añete (1), el periódico mágico nacional. Aquel último viernes de julio, los argentinos estaban sutilmente divididos: unos creían que el Secretario de Magia había hecho bien en avisarles a los gobernantes muggles de lo que podía pasar, mientras que otros afirmaban que no había valido la pena semejante amabilidad del Secretario.
—El señor Secretario Perón tuvo reunión de Estado con el gobierno muggle.
Una chica, del largo cabello oscuro y ojos color verde olivo, estaba sentada en un pasillo de la Oficina de Asuntos Familiares de Magos Menores de Edad, en la Secretaría de Magia argentina, a primera hora de la mañana. Prácticamente se había pasado la última semana en ese lugar, con viajes esporádicos a su casa y a caminar a la Plaza de Mayo, y empezaba a sentirse harta. Ahora, mientras leía su ejemplar del Añete, fruncía el ceño con evidente fastidio. La prensa, al parecer, estaba del lado de los que creían innecesario advertir a los muggles de posibles peligros.
—¿Qué dice el periódico, Pili?
La pregunta, hecha en inglés por un hombre delgado de cabello castaño entrecano y ojos claros, sacó a la joven ojiverde de sus pensamientos.
—El Secretario estuvo con el presidente y el vicepresidente muggles —respondió la chica en inglés, encogiéndose de hombros al mismo tiempo —Seguramente para ponerlos al tanto de lo del Pastoreo y para prevenirlos sobre lo que puede venir.
El hombre asintió, mirando el periódico de la joven de reojo. En la primera plana, además del titular (que cada cierto tiempo, cambiaba del español al guaraní), podía verse la fotografía de un hombre rubio con algunas arrugas surcándole la frente, sentado a una redonda mesa de madera con otros dos hombres, uno moreno y otro de tez clara, ambos vestidos de manera muggle. De fondo, en una pared, podía verse la bandera argentina.
—¿Eso es malo? —quiso saber el hombre, señalando la fotografía.
La chica, frunciendo el ceño ligeramente, negó al cabo de unos segundos.
—Los muggles tienen derecho a saber lo que les espera —opinó con sensatez.
El hombre asintió justo cuando la puerta de madera frente a ellos se abrió, dando paso a una bruja con una túnica negra que en la parte superior izquierda del pecho, tenía un círculo a rayas blancas y azul celeste, con las iniciales SMRA en amarillo. La bruja llevaba de la mano a una pequeña que no tendría más de nueve años, con innumerables rizos castaños en la cabeza y unos ojos preciosos, castaños con vetas doradas, que veían en todas direcciones con aire asustado.
—Buenos días —saludó la bruja en español —Ahí tienen a la niña —hizo una mueca de fastidio que no pasó desapercibida —No pude sacarle ni una palabra.
La muchacha ojiverde, Pili, intercambió una ojeada con el hombre castaño, quien a su vez, se veía sumamente sorprendido.
—Pero habla nuestro idioma —aseguro Pili por fin, en español.
—Pues no entendí nada de lo que dijo —rebatió la bruja con gesto de cansancio —Quiero ver si ustedes la pueden hacer hablar.
La chica, visiblemente contrariada por lo insensible que se estaba portando aquella mujer, se acercó a la pequeña, tendiéndole una mano.
—Hola —saludó dulcemente —¿Te acuerdas de mí?
La chiquilla, clavándole la mirada con intensidad, poco a poco mostró una sonrisa de alivio.
—¡Tike (2)! —exclamó, zafándose de la bruja y corriendo hacia la joven de ojos verdes, que la recibió con cierta sorpresa.
—¿Ves lo que te digo? —se quejó la bruja, negando con la cabeza.
—No sé porqué no puede entenderla —se extrañó Pili, sonriendo levemente al corresponderle el abrazo a la niña —¿No hablas guaraní?
Ante la negativa de la bruja, Pili se inclinó hacia la niña, le susurró unas cuantas palabras y enderezándose, se volvió hacia el hombre castaño.
—Le pedí que hable español —informó en inglés —Se asustó cuando la separaron de nosotros y se soltó hablando en guaraní. No os preocupéis, profesor. Yo os traduciré todo.
El hombre, visiblemente aliviado, asintió.
—Bonita —le dijo Pili a la niña en español —¿Puedes contestar las preguntas de la señora?
La pequeña, mirando alternativamente a la chica y a la bruja, asintió en silencio con la cabeza. La bruja, aclarándose la garganta un poco y con expresión un tanto avergonzada, inquirió.
—¿Cómo te llamas, pequeña?
El tono era serio, pero no brusco, así que la niña no sintió temor al responder.
—Jasy (3).
—¡Qué tierno! —se le escapó a Pili por lo bajo.
La bruja la vio con cara de pocos amigos.
—Perdón —se disculpó la muchacha en el acto.
Durante los siguientes cinco minutos, la bruja se dedicó a hacerle preguntas a Jasy, que eran respondidas de manera corta. Pili, cada dos o tres preguntas, se volvía hacia el Profesor y traducía la entrevista (que más bien parecía interrogatorio), con lo que se enteraron de varias cosas.
Jasy vivía en la provincia de Corrientes, lo que explicaba que supiera guaraní (en esa provincia, el mencionado dialecto era lengua oficial junto con el español) y que su nombre fuera de ese lenguaje. La Casa Hogar Santa María del Sol había sido su hogar desde que tenía memoria, y eso le llevó a Pili a comprender que era huérfana, igual que ella. Pero además, por lo que pudo escuchar, Jasy no consideraba del todo raro lo que había visto en Machu Picchu.
—He visto cosas más raras —confesó, respondiendo a la última pregunta que le hizo la bruja de túnica azul marino, ¿te asustaste con algo de lo que viste?
—¿Porqué dices eso? —quiso saber la bruja, frunciendo el ceño.
Pero Jasy torció la boca, negándose a hablar más. Por lo visto, la pregunta era de algo que no tenía intenciones de revelar. Pili, arqueando una ceja, se volvió hacia el Profesor, quien la interrogó con un movimiento de cabeza.
—No le extrañó mucho lo que vio en el Pastoreo —le dijo en inglés sin más.
El Profesor asintió, sacó su varita y dando un par de pasos, se acercó a la pequeña, quien al reconocerlo, le sonrió de manera cálida e inocente.
—Pili¿podrías traducir? —solicitó el Profesor.
La aludida asintió y se acercó, ante la expresión reprobatoria de la bruja de azul marino.
—Pequeña¿sabes qué es esto? —inquirió el Profesor con calma, mostrándole la varita a Jasy.
Pili repitió la pregunta en español y Jasy, inclinando levemente la cabeza, negó.
—¿Quieres sostenerla un poco? —quiso saber el Profesor.
La joven ojiverde tradujo la pregunta, un tanto extrañada, y su sorpresa fue mayúscula cuando Jasy, un tanto más emocionada que cuando la abrazó minutos antes, asintió con vehemencia.
El Profesor, sonriendo con cordialidad, le colocó la varita en la mano y Jasy se le quedó viendo al instrumento mágico con fascinación. La alzó un poco ante sus ojos, con una cara entre respetuosa y asombrada, y se sobresaltó cuando con un movimiento brusco, unas chispas doradas salieron de la punta de la varita. Tanto Pili como la bruja de azul marino dieron un respingo.
—Dile a la señorita que esta niña es bruja —le indicó el Profesor a Pili, luego de quitarle suavemente la varita a Jasy, quien en el proceso, se había aferrado a una de las manos del hombre —Las varitas siempre reaccionan con los magos, sean o no sus dueños.
Pili, un tanto nerviosa, le dijo a la bruja en español lo que el Profesor quería. Cuando terminó, la bruja torció la boca en un gesto desagradable, pero antes de decir algo, entró a su oficina para volver instantes después con un fajo de pergaminos que le tendió al hombre mientras dictaba con contrariedad lo que parecían órdenes.
Pili, que sí entendía lo que la bruja decía, se impacientó a medida que la bruja aumentaba el volumen de su voz. Cuando por fin la bruja terminó su discurso, dio media vuelta y se metió a su oficina dando un portazo, dejando a un extrañado Profesor con un montón de pergaminos en una mano y a Jasy prendido de la otra. Se giró hacia Pili, buscando respuestas.
—Ah… La señorita le da los documentos que pidió —comenzó la joven con timidez —Dice que… Allá usted si quiere una niña así y que… Bueno, que tardará al menos un año en conseguir cerrar el trámite, pero que la custodia temporal es suya si consigue una carta de recomendación de su gobierno. Disculpe que pregunte, pero… Profesor¿va en serio¿Se quiere quedar con Jasy?
El Profesor, dirigiéndole su clara mirada, asintió con convicción, para luego ver largamente a la niña que seguía tomándole la mano con fuerza, con sus ojitos viendo de un lado a otro como si esperara que en cualquier momento, se la llevaran lejos de aquel par de personas que se habían convertido tanto en sus héroes como en su manada.
La historia era larga, si es que no se tenía mucho interés en escucharla. El Profesor, pese a ser extranjero, fue tratado como local en cuanto el grupo de licántropos suramericanos del Pastoreo Lunar del mes regresó a la civilización por medio del pasaje subterráneo mágico de Machu Picchu. A todos los licántropos se les interrogó severamente, pues el rastro de magia en el valle del Pastoreo no pasó desapercibido para la Confederación Suramericana de Magos, en ninguna de sus sedes. Los hombres y mujeres lobo del grupo, reunidos en Cuzco, Perú, tuvieron que tolerar toda clase de trámites para deslindarse del desastre en las cercanías de las afamadas ruinas incas, además de que permanecieron incomunicados. Era por eso que Jasy se había abalanzado sobre Pili en cuanto la vio y no soltaba al Profesor: todo aquello de ser tratada como una licántropa era nuevo para ella y seguramente, los magos adultos con los que estuvo esos días de aislamiento no la habían hecho sentir bien.
Pero la separación forzada, mientras las distintas Secretarías de Magia de Suramérica resolvían el asunto del incendio en Machu Picchu, no evitaron que el Profesor se sintiera irremediablemente encariñado con Jasy. La niña tenía un aspecto dulce y desvalido, que invitaba a protegerla y consentirla, pero además, al Profesor le recordaba a alguien. Antes de separarse de ella, la había sostenido en brazos, dormida profundamente, y sonrió con nostalgia imaginando que esa pequeña era la representación perfecta de algo que daba por perdido: la posibilidad de tener hijos. Había que admitir lo obvio: ya no estaba en edad adecuada para ser padre. Por mucho que lo anhelara, sabía que no se haría realidad.
Aunque eso no le afectaba cuando estaba con Jasy. La chiquilla, hasta el momento, le había demostrado un gran afecto, y eso que ya había visto "su peor lado". Lado que por desgracia ahora compartían, recordó con pesar. Sintió ira contra Llaksa Yanakilla, ese ser que no merecía ser llamado hombre, pero al instante recordaba la delicada carita de Jasy y se decía que no valía la pena almacenar rencor. Mejor concentrarse en hacer feliz a la pequeña… O todo lo feliz que podía ser una licántropa a esa edad.
Pili, por su parte, detectó que el Profesor no bromeaba en absoluto. Ella había sido testigo de cómo el hombre procuraba que la niña estuviera bien cuando salían del valle, cuando abandonaban el pasillo subterráneo cuando la luna dejó de estar llena, cuando bajaban de la montaña y cuando llegaron finalmente a la Residencia Lunar (el refugio de los licántropos suramericanos en Cuzco para cuando terminaban el Pastoreo). Mientras las mujeres lobo se ocupaban de los niños y los licántropos se organizaban para avisar a sus respectivas Secretarías, el Profesor se había mantenido al margen. Sentado en un catre con una manta a rayas, entretenía a Jasy con unos sencillos trucos de varita, a los que la chiquilla siempre respondía con una sonrisa. Al quedarse dormida finalmente, en brazos del Profesor, a Pili no le cupo la menor duda que los dos habían simpatizado. Es más, si ella estuviera en el lugar de Jasy, hubiera reaccionado igual: también habría sostenido la mano de aquel amable caballero extranjero como si su vida dependiera de ello.
Y su vida sí que había dependido de ello. Jasy parecía que no resistiría su primera luna llena, pero el Profesor se había encargado de atenderla tan bien, que ahora la niña apenas si se veía con alguna lesión causada por el episodio. Eso había contribuido, en gran medida, a que cada vez que el Profesor la veía o le hablaba, Jasy le prestara toda su atención.
Justo como pasaba ahora.
Pili suspiró, entre cansada y resignada. A ella no le había tocado tanta suerte de niña, porque la habían mordido cuando tenía cuatro años y en circunstancias peores. Como que había sido el mismo Yanakilla quien la había convertido y casi matado en el proceso, de no ser porque el día se le vino encima y la dejó agonizante en un terreno baldío muy cerca de un arrabal de Buenos Aires.
Ahí había empezado su vida de desgracia. En primer lugar, quien la encontró no fue otra que su actual tutora, Imelda Jusid, que casi de inmediato reconoció a la malherida niñita como una bruja, así que la llevó a Raymi apareciéndose, encomendándose a un sanador amigo suyo. Éste, luego de darle el diagnóstico, aseguró que Pili viviría y se puso en contacto con la Secretaría de Magia argentina, que luego de hacer sus respectivas investigaciones, determinaron que la señora Jusid se hiciera cargo de Pili, porque debido a su condición, no podía seguir en su orfanato ni un día más. Sobra decir que a la señora Jusid, la disposición secretarial no le hizo ninguna gracia.
Imelda Jusid era una auténtica ermitaña. No hablaba con nadie ni dependía de nadie; hacía todo sola en la medida de lo posible. El mundo mágico parecía molestarle, así que vivía la mayoría del tiempo como muggle. Y Pili se había convertido en su carga más pesada, pues representaba todo aquello que la exasperaba más: compañía, magia y juventud.
Por eso Pili nunca la llamaba cuando el Pastoreo Lunar terminaba. Según las reglas de la Confederación Suramericana de Magos, cuando el Pastoreo concluía, los licántropos menores de edad eran recogidos por sus padres o tutores en la Residencia Lunar de Cuzco. Pero con Pili nunca era así. La primera vez que asistió al Pastoreo y éste acabó, la lechuza que le mandó a la señora Jusid nunca obtuvo respuesta. Tuvo que pedirle amablemente a un licántropo, argentino también, que la llevara a la Plaza de Mayo, inventándose que su tutora no había podido ir por ella.
Y hablando de la reina de Roma…
Una mujer avanzaba por el pasillo, haciendo evidentes movimientos para evitar el contacto con quien anduviera cerca. Vestía una túnica marrón deslucida, que no parecía combinar mucho con la bufanda a rayas blancas y celestes que le envolvía el cuello. Su cabello estaba entrecano y su rostro, surcado de arrugas por todas partes, sobre todo en las comisuras de los labios y cerca de los ojos pequeños y oscuros. Quien la viera, podía pensar que era una mujer mayor, sin nada llamativo a pesar del cuerpo bien proporcionado. Sin embargo, en cuanto alguien la trataba, saltaba a la vista que carácter le sobraba.
—Ahí va —musitó la muchacha, viendo cómo su tutora se le acercaba.
Pronto, la mujer de túnica marrón la tenía a dos pasos de distancia y se decidió a hablar.
—¿Se puede saber porqué no volviste a casa enseguida?
La pregunta tomó a Pili completamente desprevenida.
—Mandé una lechuza —se explicó de inmediato en español. A su lado, el Profesor la observó con interés, sin soltar la mano de Jasy —El Profesor necesita a alguien que le sirva de traductor —señaló al hombre castaño, quien al notar eso, esbozó un gesto cortés e inclinó la cabeza.
—Me importa un comino—espetó la señora Jusid —Me pone de muy mala leche que ignores mis órdenes, lo sabes perfectamente. Y más para hacerme venir a este atolladero.
Pili arqueó una ceja, sin impacientarse demasiado. Sabía que la señora Jusid detestaba las multitudes, pero si le seguía la pelea, las cosas acabarían muy mal. Suspiró.
—Pues lo siento, pero yo me quedo —se resolvió a contestar —Ya me iré a casa en taxi.
—¿Con qué plata, si puede saberse? —repuso la señora Jusid, triunfante.
Pili se encogió de hombros.
—Ya me las arreglaré.
No pensaba pedirle ni un knut a su tutora, de ninguna manera. La última vez que lo había hecho, Pili acabó pidiendo prestados los libros las primeras dos semanas de curso en Orixá, en castigo por gastarse unos cuantos sickles en una bufanda.
La señora Jusid estaba a punto de replicar cuando tras ella, se vio acercarse a un mago alto, moreno y de cabello claro, que se quedó mirando la escena con genuino interés.
—Nada, vienes conmigo, chica —la señora Jusid dio un paso hacia Pili, estirando una mano —Tenemos mucho qué hacer¿pues tú de qué vas? Las clases comienzan la semana entrante, tuve que recibir tus lechuzas y peor¡hacer tus compras! Por no mencionar a tus amiguitos, preguntándome por ti cada dos por tres. Y además…
—¿Porqué no me recogisteis entonces en la Residencia? —quiso saber Pili fingiendo inocencia, cruzándose de brazos y sin intenciones de ceder.
La señora Jusid hizo una mueca de repulsión que no pasó desapercibida para el Profesor.
—¿Pilar Asís–Rinaldi?
El llamado vino del hombre tras la señora Jusid, quien dio un respingo. Pili, extrañada, asintió, arqueando una ceja, pues la cara de aquel hombre le sonaba de algo. El Profesor, sin comprender, se colocó a espaldas de Pili, con Jasy aferrada a su mano y sus ojitos muy abiertos.
—Soy Benjamín Asís–Borges, miembro de la Confederación Suramericana de Magos, sede argentina —se presentó el hombre, sonriendo levemente antes de ponerse completamente serio —Se nos informó que no había ido a casa directamente desde la Residencia Lunar, señorita Asís–Rinaldi. ¿Se puede saber el motivo exacto?
Pili suspiró, resignada a contestar preguntas absurdas del sistema burocrático, cuando de pronto el señor Asís–Borges sonrió un poco más.
—Mejor no digáis nada, niña—pidió, agitando la mano izquierda, con lo que fue visible que en el pecho, de ese lado, había un círculo a rayas blancas y celestes con las letras SMRA —Ya nos dieron el pitazo de lo que está pasando con vos —se volvió hacia la señora Jusid —Mi estimada señora, me temo que acaba de perder a su tutelada.
—¿¡QUÉ!?
La exclamación fue idéntica, pero hecha en distintos tonos. Mientras que la señora Jusid sonaba indignada, Pili dejó translucir un dejo de alivio.
—¿Pero de qué va esto? —soltó la señora Jusid, sin poder contenerse más —Señor… Asís–Borges¿no? —el hombre confirmó que el apellido era correcto con un asentimiento, antes de seguir oyendo sus quejas —Yo no he hecho nada malo con esa niña¿qué se supone que pasa aquí?
—Simple, señora —el señor Asís–Borges, por alguna extraña razón, parecía contener a duras penas la risa —La Confederación monitorea cuidadosamente las actividades del Pastoreo Lunar, ayudándose con el personal de la Residencia Lunar de Cuzco, y sabemos de buena fuente que nunca ha hecho nada por la chica —miró a Pili con cierto afecto antes de seguir —Como que fui yo quien la llevó a la Plaza de Mayo después de su primer Pastoreo.
¡Claro, ahora lo recordaba! Y no se explicaba cómo había podido olvidarlo, si el tipo era un monumento, tal como seguramente lo llamaría su amiga Paty. Si hasta parecía actor de televisión.
Aunque claro, también el apellido compuesto debió darle alguna pista. En Suramérica, como en el resto de América Latina, los magos y brujas usaban oficialmente dos apellidos: el paterno y el materno, en ese orden. Sin embargo, por motivos prácticos solía nombrarse solamente un apellido en trámites y actos solemnes. Y en el caso de los licántropos de Argentina, su primer apellido era antecedido por "Asís", pues según las historias antiguas que todavía estaban vigentes, así se había llamado el primer hombre–lobo del país. En el caso de Pili y otros huérfanos licántropos, el apellido compuesto se convertía en sus dos apellidos cuando era necesario.
Pero volviendo al tema del señor Asís–Borges… Bien, era oficial: su amistad con Paty le estaba afectando el cerebro. ¿Cómo se le ocurría pensar que un hombre era atractivo con un novio tan cariñoso (y también atractivo, había que reconocerlo) como Paulo? En cuanto le escribiera a Paty, le prohibiría volver a hablar de esas cursis telenovelas muggles que a la rubia tanto le gustaban… Por los actores, claro. ¿Qué diría Pedro al respecto, por cierto, ahora que era el novio de Paty?
Cuando se dio cuenta que divagaba, Pili sacudió la cabeza, moviéndola de un lado a otro, y centró su atención en la discusión que había iniciado la señora Jusid con el señor Asís–Borges.
—Pero eso no es posible —renegaba entonces la señora Jusid —En ningún momento me llegó alguna queja de parte de la Confederación. ¿Está seguro de lo que dice? —escudriñó al señor Asís–Borges con la mirada, como buscando en su semblante alguna seña de una mentira.
El señor Borges, por toda respuesta, asintió.
—La Confederación encomienda los casos sospechosos a un delegado, que deberá hacer de espía —el hombre sonrió entre orgulloso y alegre, justo cuando la bruja que había interrogado a Jasy salía de su oficina. La bruja lo vio, sonrió de manera boba por el aspecto del hombre y acto seguido, se perdió por el pasillo apresuradamente —Y siendo el miembro licántropo de la Confederación¿quién mejor que yo para el trabajo? —se cruzó de brazos y borrando la sonrisa de su rostro completamente, clavó los ojos en la señora Jusid de manera acusadora —No se preocupa por esta niña, señora, y es inútil que siga fingiendo.
La señora Jusid, sabiéndose descubierta, solamente atinó a hacer un mohín de disgusto, dar media vuelta y salir de allí evitando a toda costa chocar con los magos y brujas que iban y venían por el pasillo. Al verla retirarse, el señor Asís–Borges se descruzó de brazos, emitió un breve suspiro y se volvió hacia Pili, que desde hacía unos segundos, tenía aspecto asombrado.
Y no era para menos¡de buenas a primeras, se había quedado sin tutora! No era que la señora Jusid le cayera especialmente bien, pero sabía que la necesitaba. ¿Dónde viviría ahora¿Quién le compraría lo que le hiciera falta para la escuela? En pocas palabras¿qué pasaría con ella?
—Enviaremos a alguien de la Secretaría a recoger sus cosas —dijo entonces el señor Asís–Borges, como si le hubiera leído el pensamiento —Lo que sea de usted, es presumible que se compró con el dinero que la República otorgó para su manutención. Señorita Asís–Rinaldi¿gustaríais informarme de lo que hay que recoger de casa de la señora Jusid?
Pili, suspirando, asintió y luego que el señor Borges sacó de sus bolsillos un pergamino arrugado y una pluma a vuelapluma azul, comenzó a enumerar las pertenencias que podía recordar: ropa, libros, objetos personales… No paró hasta que nombró lo último (una secadora de cabello muggle de color verde que le había regalado Pedro en su último cumpleaños).
—Veremos que no falte nada —prometió el señor Borges, guardándose el pergamino y la pluma —Mientras tanto, ira a vivir al Kuarahi (4)¿de acuerdo?
Pili asintió de nuevo, pero de manera vaga. El Hospital Mágico Multicultural Kuarahi contaba con un espacioso albergue para magos y brujas sin hogar. No era desagradable, pero Pili odiaba los hospitales. O tal ves eso tenía que ver con que la señora Jusid casi siempre la llevaba a centros muggles cuando enfermaba. Ya casi no se acordaba cómo era ser atendida por un sanador.
—Ah, Pili, disculpa… —llamó tímidamente el Profesor.
La muchacha se giró hacia él, sobresaltada. Se le había olvidado que seguía ahí.
—Lo siento, Profesor —se disculpó —¿Qué pasa?
El Profesor vio de reojo al señor Asís–Borges, que parecía esperar algo, antes de hablar.
—¿Hay algún problema?
Pili negó con la cabeza, sonriendo levemente.
—No, con usted no —respondió —El señor le informó unas cuantas cosas a mi tutora… Bueno, a mi ex–tutora —se corrigió, encogiéndose de hombros —Si quiere mi opinión, es un asunto molesto en sumo grado. Quisiera que no hubiera tantas complicaciones en el mundo.
La frase le sonó al Profesor algo rebuscada, pero estuvo seguro de comprender a qué se refería. Para él, el mundo siempre era más complicado de lo que parecía para los demás.
—Disculpe —llamó de pronto el señor Asís–Borges, arqueando una ceja en tono interrogativo y dirigiéndose al Profesor —Señor¿usted es…?
Pili tradujo la pregunta, y el Profesor, luego de meditarlo por unos segundos, la autorizó a que contestara con la verdad. Verdaderamente extrañada, Pili obedeció.
—Es el profesor Remus Lupin, señor Asís–Borges. Vino desde Reino Unido a… a visitarme durante el Pastoreo y a… hablar con algunos de nuestros congéneres.
—¿Y de qué quería hablarnos, señor?
El que el señor Asís–Borges formulara la pregunta en inglés sorprendió notoriamente a Pili y al profesor Lupin, que solamente atinaron a mirarse, sin saber qué decir. Jasy, en tanto, no podía más que ver al profesor Lupin con gesto de extrañeza, queriendo saber qué ocurría.
—Tengo entendido, señor, que usted es inglés —siguió el señor Asís–Borges, adoptando poco a poco seriedad en su expresión —El Añete cuenta todo tipo de historias al respecto. Y no solamente nuestro periódico, sino los demás diarios mágicos del mundo. Con las cosas como están, no creo que le extrañe que los reporteros se den vuelo con una noticia semejante.
El profesor Lupin asintió sin mucha emoción.
—Si algo se le ofrece de nosotros, sus congéneres americanos, puede pedirlo —ofreció el hombre —Pero si es algo que la Confederación no debe saber… —prosiguió en voz baja —… será mejor que nos veamos en otro momento y lugar, para hablar con libertad. Sinceramente, no me agrada la actitud que pretende tomar la Confederación para con nosotros si efectivamente entramos en guerra, y quiero formar parte de la diferencia, si es que hay la oportunidad de una.
Después de eso, el señor Asís–Borges observó al profesor Lupin con determinación, dando a entender que hablaba en serio. Por su parte, el profesor no esperaba una respuesta así por parte de alguien con un cargo tan importante en ese país, así que le tomó algunos minutos recuperarse de la impresión. Pili, al ver que no era necesaria su intervención en la charla, se hizo cargo de Jasy, que veía a los adultos sin comprender ni una palabra de lo que decían.
—Señor —pudo decirle el profesor Lupin finalmente al señor Asís–Borges —Me alegra… Me alegra mucho que comprenda la situación. Y sí, abusando de su generosidad… quisiera saber si nuestros congéneres argentinos estarían dispuestos a ayudar en la guerra. Aunque de una forma que no es muy convencional.
El señor Asís–Borges asintió, y por la expresión de su rostro, se notaba satisfecho. De pronto, pareció acordarse de algo, porque giró levemente la cabeza hacia donde Pili se había sentado con Jasy en las rodillas, en espera de alguna novedad.
—Señorita Asís–Rinaldi —llamó en español, con tono cordial —Digame una cosa¿qué tiene pensado hacer de ahora en adelante?
—¿Perdón? —dejó escapar la muchacha, sobresaltando a Jasy.
—Es que tengo una excelente idea —anunció el señor Asís–Borges, con una sonrisa de niño malo que los otros tres licántropos (sí, Jasy incluida) captaron con asombro —Miren, matará dos pájaros de un tiro —el hombre adoptó el inglés para que el profesor Lupin también lo comprendiera —Usted, profesor Lupin¿es cierto lo que nos informó este departamento¿Que quiere adoptar oficialmente a la nueva licántropa?
Vio a Jasy de reojo, pero con tanta cordialidad que la chiquilla le dedicó una tímida sonrisa.
—Ah… sí, es cierto —respondió el profesor Lupin, extrañado —¿Pero eso qué…?
—Señorita Asís–Rinaldi —el señor Asís–Borges se volvió hacia la susodicha —Respóndame una cosa¿qué sabe de la adopción inversa?
Pili se quedó con la boca abierta. Literalmente.
—¿Quiere que inicie eso? —pudo preguntar finalmente.
—¿De qué están hablando? —quiso saber el profesor Lupin.
—Eso… es poco común hoy en día —procedió a explicar el señor Asís–Borges —En América Latina, cuando un mago o bruja menor de edad cumple quince años y es huérfano, tiene derecho a solicitar la adopción inversa; o sea, a ser ellos quienes adopten padres. Es un procedimiento similar al que usted acaba de iniciar con la pequeña —indicó a Jasy con una mano —pero más complicado, dado que para ello, tanto el menor de edad como la familia a adoptar son cuidadosamente evaluados por la Secretaría. Además, en este caso la adoptante inversa sería licántropa —frunció el ceño, como si de repente algo estuviera mal en su brillante plan —La familia a adoptar, a juicio de la Secretaría, tendría que estar muy loca o contar con medios para los cuidados especiales de un licántropo, porque si no…
—¡Remus! —llamó una voz femenina —¡Remus, aquí!
La voz venía del final del pasillo, a duras penas se oía entre el alboroto. El profesor Lupin levantó la cabeza todo lo posible, pero fue Pili, encaramada a su asiento después de dejar en el suelo a Jasy (quien se le quedó viendo a la joven con una débil sonrisa, antes de imitarla), quien descubrió el origen de los gritos.
—Profesor —llamó en inglés —Es su mujer.
El profesor no cupo en sí de admiración al distinguir por sí mismo la cabeza llena de rizos de Heather, abriéndose paso entre el gentío. Cuando por fin lo logró, recuperó el aliento con una gran bocanada de aire, antes de lanzarse a los brazos de su marido.
—¡Me tenías preocupada! —exclamó —Remus, cuando leí El Profeta pensé… ¿Nadie salió herido, verdad? —preguntó de pronto, al notar que su esposo no correspondía a su abrazo —¿Todos esos licántropos están bien, cierto?
La pregunta, comprendida a la perfección por el señor Asís–Borges, era sorprendente. A él, al igual que muchos licántropos, le sorprendía sobremanera cualquier muestra de consideración de los magos y brujas normales. Y de pronto, escuchar a esa mujer preocuparse no solamente por el compañero de su vida, sino también por los congéneres de éste…
—¡Qué bonita! —exclamó Heather de repente —¿Es la nueva licántropa?
Se había quedado viendo a Jasy, que se había bajado de su asiento para ir a tomarle la mano al profesor Lupin, en tanto observaba a Heather con ojos muy abiertos y asustados.
—Sí, se llama Jasy —respondió el profesor Lupin, quien titubeó antes de proseguir —Ah, Heather… La niña es huérfana, así que considerando que la salvé y ahora parece que le agrado… —la niña se encogió cuando Heather la miró de nuevo, aferrada a la mano del hombre —Inicié los trámites de adopción internacional —soltó finalmente, con gesto cansado.
Contrario a lo que el profesor Lupin esperaba, Heather no se enfadó ni vociferó quejas. En lugar de eso, se arrodilló junto a él, para quedar a la altura de la niña, y le tendió una mano.
—Hola —saludó con una cálida sonrisa, para luego señalarse a sí misma —Heather —pronunció con claridad —¿Tú? —preguntó, indicando a la pequeña.
La niña, ladeando la cabeza con los ojos muy serios, frunció el ceño.
—Jasy —dijo, sin asomo de temor —¿Taita? —levantó la vista hacia el profesor Lupin, como queriendo saber qué era exactamente Heather de él.
—¿Eso qué quiere decir? —se extrañó Heather, viendo a su marido.
El profesor Lupin sonrió, acariciando los rizos de Jasy.
—Pili me dijo en Cuzco… que esa palabra significa padre. ¿Ves porqué me ganó por completo?
Heather, conmovida, regresó los ojos a Jasy e impulsivamente, le dio un fuerte abrazo.
—Disculpe —intervino Pili, dirigiéndose al señor Asís–Borges en español —Eso de la adopción inversa… ¿va en serio¿Sabe de alguna familia que esté lo suficientemente tocada como para… aceptarme de miembro sin poner muchos reparos?
El señor Asís–Borges, por toda respuesta, miró un poco hacia su izquierda.
—Creo que ambos sabemos quiénes podrían aceptarla —respondió.
Y al ver en la misma dirección que aquel apuesto señor, Pili supo que tenía razón.
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2 de agosto de 2019.
Buenos Aires, Argentina.
Hospital Mágico Multicultural Kuarahi.
Si había un sitio en la Argentina mágica que ofreciera calidez a quien fuera, era el Hospital Kuarahi. Con un total de seis plantas; jardín, cafetería y tienda de regalos incluidos, era muy parecido a un hospital muggle de lo más humilde. Las diferencias obvias estaban en la clase de pacientes que recibía a diario a través de sus cuatro puertas (una por cada punto cardinal), siendo la principal la que daba a la avenida 9 de Julio, la más ancha del país, que compite en dimensiones con el Eje Monumental de Brasilia, en Brasil, que oficialmente es la más ancha del mundo.
Y hablando de Brasil…
Un joven muy moreno, de cabello negro y vestimenta mayormente verde, entró por la puerta principal oriente (la que daba a la avenida 9 de Julio), cargando un ramo de flores. Tras él, tomados de la mano, un chico de ojos color miel y una joven de pálidos cabellos rubios con escandalosas puntas rosadas lo seguían, prestos, viendo por todas partes y riéndose bajito de vez en cuando.
—Por favor —rogó el joven de verde en un español pausado, dirigiéndose a la pareja que lo seguía —Compórtense. Es un hospital.
—¡A la orden, jefe! —bromeó el chico de ojos miel, haciendo un saludo militar.
—No, no —lo cortó la rubia —Acuérdate que es el campeón.
El chico de ojos miel, agitando su cabello castaño oscuro (que era un poco largo) asintió.
—¡Ah, sí¡A la orden, campeón!
El joven de ropas verdes negó con la cabeza resignadamente, y fue hacia un módulo de información a la derecha de unas puertas dobles enormes.
—Buenos días —saludó cortésmente —Disculpe¿el albergue del hospital?
—Cuarta planta —recitó una bruja de cabello muy largo y oscuro con cara de aburrimiento, vestida con una túnica amarillo pálido (como todos en el hospital) —¿A quién venís a visitar? —inquirió, tomando un fajo de pergaminos y examinándolos.
—A Pilar Asís–Rinaldi.
La bruja, acomodándose un mechón de cabello que le caía en los ojos, frunció el ceño.
—No tengo a nadie con ese nombre —sentenció con firmeza, haciendo el fajo de pergaminos a un lado —Debé estar buscando a alguien más.
El joven de verde, arqueando una ceja, negó con la cabeza.
—Vengo a ver a Pilar Asís–Rinaldi —repitió, un poco impaciente.
La bruja, suspirando con cansancio, hizo amago de revisar sus pergaminos a conciencia, hasta que su expresión pareció la de alguien que recuerda algo de improviso. Sacó un pergamino del fajo y lo leyó rápidamente.
—¡Ah, ya sé de quién hablás! —sonrió levemente —Disculpad, pero con los trámites, se me había olvidado el aviso. Cuarta planta, por favor. Preguntad por el señor Márquez.
El muchacho asintió, no muy convencido de lo ocurrido, y haciéndole una seña a la parejita que lo acompañaba (que se había quedado en la sala de espera, observando cómo un mago parecía sacar flores por la boca), cruzó las enormes puertas dobles junto al módulo.
—¿Porqué te ves tan serio? —quiso saber la rubia, que tenía ojos color azul verdoso.
—Dice la bruja que no hay nadie con ese nombre en el albergue —respondió el de verde.
—¡Debe estar loca! —espetó la rubia —Paulo, tío, Pilar no nos habría dicho que estaba aquí si no fuera cierto. ¿Verdad, Pedro?
El joven de cabello algo largo asintió enfáticamente, en tanto el moreno de verde asentía, acomodándose las flores que cargaba. Llegaron al principio de las escaleras que los llevarían a la cuarta planta y comenzaron a subir.
Paty Bombal, PedroValencia y Paulo Sabedoria no se reunían desde que habían regresado de Reino Unido, donde la Escuela de Magia Orixá, su escuela, fue una de las participantes en el Torneo de las Tres Partes. Paulo, de hecho, había sido elegido como campeón de la escuela, por lo que Pedro y Paty se divertían bromeándolo con el tema. Sin embargo, el motivo de reunión de los tres amigos era para saber de la persona ausente en el grupo de los "P": Pilar Asís–Rinaldi.
Luego que lo sucedido en Machu Picchu saliera en prácticamente todos los periódicos mágicos del mundo, Paulo se preocupó bastante, como el buen novio de Pilar que era. No importando que estuviera en su casa en Brasil, en compañía de sus padres y dos de sus hermanas celebrando que hubiera vuelto entero (pues todavía recordaban el ataque terrorista a Hogwarts), se puso en contacto con Pedro y Paty, ambos en Chile. A Paty la encontró casi enseguida, porque tuvo el buen tino de mandar la carta con el hermano mayor de ella, empleado de la Secretaría de Magia chilena, porque de habérsela enviado a la joven directamente, era capaz de convertirla en un boceto para un nuevo y extravagante vestido muggle. En cuanto a Pedro, que su carta hubiera tardado en obtener respuesta era comprensible: la mayor parte de las vacaciones, su amigo estaba viviendo con sus padres en Raymi, pues su padre atendía personalmente su tienda de túnicas.
Lo que los tres habían decidido hacer era contactar a Pilar directamente, así que le enviaron una lechuza. La respuesta que recibieron fue un tanto extraña, tratándose de ella: en lugar de relatarles lo ocurrido a detalle, simplemente les pedía visitarla en el Kuarahi algún fin de semana antes de entrar a las clases. Así que ni tardos ni perezosos, los otros tres "P" se pusieron de acuerdo y viajaron a Argentina en traslador a primera hora de ese viernes. Y como llegaron a la Secretaría de Magia de ese país, fue pan comido pedir informes sobre la ubicación del hospital mágico.
—Llegamos —avisó de pronto Paulo.
Paty y Pedro, que venían tras él, arquearon una ceja.
Estaban ante unas puertas dobles de mimbre, en cuya parte superior había un letrero que decía simplemente Albergue Perón. En el mimbre, pintado con verdadero esmero, había una escena multicolor de un mago con cara bonachona, rodeado de varias personas de aspecto desamparado.
—Se nota que los Perón son importantes aquí desde hace años —comentó Pedro, indicando con un gesto el nombre del albergue.
—Bueno, bueno, vamos a por Pilar —indicó Paty con el ceño fruncido —Nos debe un par de explicaciones¿no les parece?
Los chicos asintieron y luego de inhalar profundamente, Paulo abrió las puertas dobles.
Al otro lado, el ambiente era alegre. La sala, llena de camas con base de mimbre, tenía espacio al centro para algunas largas mesas de madera oscura. En ese momento, como era hora del almuerzo, las mesas estaban llenas de niños y algunos jóvenes, en tanto los adultos les servían y se ocupaban de las personas mayores o muy enfermas que no podían abandonar sus lechos. Incluso había un lado dedicado a las madres solteras, que junto a sus camas, tenían sencillas cunas de mimbre dónde recostar a sus hijos, en aquel momento dormidos.
Luego de echarle un vistazo a toda la zona central, Paty sonrió de oreja a oreja al fijarse en una mesa a su derecha.
—¡Allá! —dijo, casi gritando —¡Eh, Pilar, amiga mía!
Una joven delgada, de cabello oscuro, se giró enseguida. Su rostro, ovalado y delgado, era adornado por unos ojos de color verde olivo que brillaron al darse cuenta de quién la llamaba. Se puso de pie, con una mano en alto, y los dos muchachos notaron que con la otra mano, sostenía el hombro de una niña sentada a su izquierda, que la veía con confusión.
—¡Eh, chicos, por aquí! —indicó Pilar.
Sus tres amigos obedecieron, teniendo que sortear a unas cuantas personas a su paso. Luego de un par de minutos, pudieron estar cara a cara con Pilar, notando que su amiga estaba un poco más delgada que antes, pero con una expresión más alegre.
—Me alegra que hayan podido venir —saludó en inglés, para sorpresa de los otros tres —Disculpen el idioma —explicó al instante —Es que no es bueno que Jasy oiga ciertas cosas.
Y meneó la cabeza hacia la niña a su izquierda, una muy bonita de rizos castaños que los vio con atención un segundo antes de, a una seña de Pilar, volver a concentrarse en su comida.
—¿Como qué cosas? —quiso saber de inmediato Paulo.
Y es que aquella situación no había iniciado como había esperado. Se suponía que hablarían de lo ocurrido en el Pastoreo Lunar del mes pasado, para eso le habían escrito en primer lugar, y ahora salía pidiéndoles discreción. Y en otro idioma, además.
—Esperen solamente un segundo —pidió Pilar, antes de agacharse hacia la niña. Habló en un dialecto indígena, seguramente, por la entonación y el acento de las palabras. Lo que sea que haya dicho, obtuvo una sonrisa y un asentimiento de parte de Jasy, que comió tranquilamente —Ahora sí, vengan conmigo. No tardaremos mucho.
Se encaminó a un extremo del albergue que daba a otras puertas dobles de mimbre, las cuales abrió de par en par con mucho cuidado. Los amigos de la chica se quedaron boquiabiertos ante la auténtica terraza a la que salieron, adornada con macetas aquí y allá, cada una con una exuberante planta tropical. Habiendo una mesa de jardín de hierro forjado con sombrilla en dicha terraza y sillas a juego, Pilar fue a tomar asiento. Sus amigos y novio la imitaron.
—Así, cualquiera vive aquí —comentó Paty en broma, para romper el silencio —Ahora, amiga mía¿nos puedes explicar porqué no contestaste la lechuza como acostumbras?
—Antes que nada, todo aquí tiene oídos —advirtió Pilar en inglés —Así que hablen en inglés, por favor. Lo que voy a contarles es… algo delicado.
—¿Delicado en qué sentido? —inqurió Pedro con curiosidad. Y tal como le había pedido Pilar, usaba el inglés.
Pilar suspiró y los miró a todos por turnos.
—Como sabrán, el profesor Lupin estuvo en el Pastoreo —comenzó, con un extraño semblante entre sereno y triste —Vino especialmente a charlar con los licántropos del continente acerca de la guerra que se nos viene encima a todos. No lo supe hasta que llegamos a Machu Picchu, porque…
—Un segundo —paró Paty inesperadamente, y al darse cuenta que hablaba en español, se aclaró la garganta antes de continuar en inglés —¿Lupin también cree que la guerra se le viene encima a todo el mundo? —al ver que Pilar asentía, la rubia resopló con fastidio —¡Ya anda hablando como Max! —se quejó, pero no parecía bromear en absoluto.
—Y mis padres no se quedan atrás —comentó Pedro en aquel momento —Mi padre quiere sacar sus negocios de Chile, pero mi madre le dice que no sea loco. Que de todas formas, la guerra nos va a alcanzar.
Los cuatro jóvenes se dedicaron miradas preocupadas. Claro que sabían de la guerra, de ese conflicto iniciado por Hugo Hagen en la Europa continental, pero nunca se imaginaron que tendrían con él más contacto que el que tuvieron en Hogwarts en junio. Pilar carraspeó, en señal de que seguiría su relato.
Y vaya que lo siguió. No omitió nada, desde el brutal ataque de Yanakilla hacia Jasy hasta su encuentro con el señor Asís–Borges en la Secretaría de Magia, donde le había propuesto el inicio de la adopción inversa. Al escuchar eso último, Paty se llevó una mano a la boca y por primera vez desde que sus amigos la conocían, no tuvo un comentario ocurrente qué decir al respecto.
—Adopción inversa… —musitó Paulo al cabo de unos segundos —Una de mis hermanas trabaja en la Secretaría de Magia de Colombia y es experta en el tema. Pero Pilar¿segura que hay una familia dispuesta a…?
Se detuvo al ver la cara de su novia, que ostentaba una radiante sonrisa. Solamente la había visto así de contenta unas dos o tres veces, entre las que se incluía el día que le pidió que fueran novios. Se preguntó en qué estaba pensando.
—El señor Asís–Borges me ayudó a tramitarlo todo —explicó Pilar, sin desvanecer su sonrisa —Si todo sale bien, cuando inicien nuestras vacaciones de verano tendré una familia nueva. Y me iré a pasar las vacaciones con ella.
—¿Perdón? —se quejó de inmediato Paty —Pilar, siempre pasas las vacaciones de verano conmigo y con Max. ¡Nos la pasamos genial en Santiago! —la rubia hablaba de la ciudad capital de Chile, su país natal —¿De verdad te irás?
Pilar asintió con un aire de madurez y serenidad que los otros tres nunca le habían visto.
—Hasta que no sea mayor de edad, no me iré definitivamente —aclaró, al cabo de unos segundos —Saben que en Argentina, los magos alcanzamos la mayoría de edad a los dieciocho, así que permaneceré aquí y acabaré el colegio. Pero sí puedo ir a pasar las vacaciones con mi familia.
—¿Y se puede saber cuál es la familia que elegiste?
La pregunta de Pedro fue hecha con suma cautela. Todo el asunto, para él, tenía gato encerrado. Tras la adopción inversa que tramitaba su amiga, sentía que se escondía algo grande.
—Claro que puede saberse —Pilar volvió a sonreír, pero de manera más calmada —Se trata de los Lupin. Y sí, sé que se preguntan porqué ellos —añadió, al ver las caras de sus amigos y su novio —Y si prometen no contarlo, con gusto les diré mis razones.
Los otros tres, al instante, se miraron entre sí antes de ver a Pilar y asentir silenciosamente con la cabeza, llevándose la diestra al pecho, a la altura del corazón. La ojiverde se conmovió ante eso, pues hacía mucho que ella y sus amigos no recurrían a ese gesto, con el que juraban calladamente que no hablarían del tema aunque su vida dependiera de ello.
Y cuando Pilar les detalló las razones para convertirse en una nueva Lupin, los otros tres "P" supieron que si rompían su promesa, podían perder la vida en el proceso.
(1) Añete, en guaraní, significa verdad.
(2) La palabra tike, en guaraní, quiere decir hermana mayor.
(3) Jasy, en guaraní, tiene dos significados: luna y mes. Aquí se toma en cuenta el primero.
(4) La palabra kuarahi, en guaraní, quiere decir sol.
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7 de Enero de 2008. 6:40 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)
Ah… ¡Hola, gente hermosa! Aquí Bell, reportándose después de una largísimo espera. ¿Serviría de algo decirles que lo siento? Pues si no es así, de todas formas lo diré¡lo siento con el alma! No pude terminar este capi antes de manera satisfactoria, a pesar de tener la idea bastante clara, como adelanté en el capi anterior. Ahora sí, me dejaré de excusas y pasaré a las curiosidades.
En primera, que no le extrañe en dónde comienza el capi. Este asunto había que liquidarlo, por decirlo de alguna forma. ¡La nueva licántropa! Como ya vieron, su nombre es Jasy, y si todo sale bien, su apellido será Lupin¡qué linda! Aunque no lo crean, se parece físicamente a Heather nomás para que nuestra Flora se enternezca, jajaja. Y claro, para enganchar a nuestro licántropo favorito. Aunque me han dicho también que Pilar les cae genial.
Ah, Pilar… La explicación del apellido compuesto, con el Asís, me vino tan de repente, que al principio no sabía cómo colarla en este capi (porque tenía que salir en este capi), pero al final, después de un montón de cambios de tamaño de letra, de corrección de párrafos y demás, como que quedó lista. Lo que me recuerda… A Flormania, lectora de Potterfic's, le agradezco mucho que me ayudara con la forma de hablar de los argentinos. Flormania, por betear mi capi (y créanme, nunca había necesitado semejante cosa), muchas gracias.
Ahora, respecto a que Pilar sea una nueva Lupin… Eso ya lo tenía pensado desde la segunda entrega. Para que vean, que tengo las ideas claras respecto a algunos personajes cuando los saco a la luz. Lo que pasa es que en la pasada entrega, lo principal era el Torneo de las Tres Partes y presentar el inicio del conflicto (o sea, porqué Hagen anda de loquito atacando a tres cuartos de mundo, jajaja), así que ahí no había oportunidad de mostrar nada de lo que ahora se perfila como el inicio de una nueva y maravillosa familia. Lo que también me recuerda… ¡adiós para siempre, Jusid! Nunca me caíste bien y tus apariciones tan esporádicas solamente indicaban una cosa: te marcharías pronto de la saga. Lo siento por ella, pero así soy yo, jajaja.
Bueno, bueno, creo que es todo de momento. Ya me tardé demasiado en terminar este capi, pero al menos me sirve para acordarme de un par de cosas que tengo que escribir en esta época (en la del fic, que es ya el primer viernes de agosto… ¿A que nadie se acuerda qué está pasando en el fic, pero en otra parte del mundo?). Cuídense mucho, vivan la vida y nos leemos pronto.
P.D. ¿Cómo les fue en las pasadas fiestas? A mí de lo mejor. ¿Qué les regalaron en Navidad? A mí, dos libros, un cobertor con delfines, un mini juego de plumas, muchos dulces y no me acuerdó qué más, jajaja. ¿Brindaron bien y bonito en Año Nuevo? Yo sí, vaya que brindé, jajaja. ¿Y los regalos del día de Reyes? A mí no me trajeron nada, como que creen que ya estoy grande para eso, pero la rosca estuvo sabrosa, jajaja. ¿Preparados para volver este mes a clases? Yo no, porque hoy volví a servicio social (figúrense, "madrugar" para entrar al servicio a las 8 A.M., no se vale¿o sí). Y ya por último¿tendré listo el capi siguiente para antes del mes que entra? Ah… Mejor no pregunten, jajaja. ¡Adiosín!
