Renuncia del traductor: Declaro a todos que Harry Potter y todo su genial universo pertenece a J. K. Rowling, a las distintas editoriales que lo han publicado y a los estudios Warner Bros. Por tanto, no son obra mía, ni tampoco lo es este fanfic que publicó a continuación -cuya autoría es de Calanor-, pues tan solo he realizado su traducción del inglés al español.

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HARRY POTTER Y EL TÍTERE DEL TIEMPO

Escrita por Calanor y traducida por Johan Kira Expelliarmus

Capitulo Noveno (9º)

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Ginny no sabía lo que le estaba pasando. No podía sentir su propio cuerpo. Sus pensamientos se movían a paso de caracol y en su mayoría se disolvían antes de terminarlos. No tenía ninguna idea de lo que la rodeaba y no podía ver nada; era como si estuviera flotando en un vacío oscuro. Las únicas cosas que perforaban aquella neblina eran dos voces; una joven y otra mayor. Pensaba que a la voz joven la reconocía de algo, aunque no podía identificarla y era incapaz de comprender las palabras. El pánico comenzó a instaurarse, pero entonces un recuerdo se le apareció ante ella.

"Una luz roja... un encantamiento aturdidor... Draco diciendo que me ayudaría..."

Al instante siguiente, alguien comenzó a hurgar alrededor de su mente. Era una sensación desconcertante. Ya conocía esa sensación por todo lo que el diario había estado haciéndole, pero esta vez era diferente. El diario usaba sobre todo la fuerza bruta, sin preocuparse por el daño que le hiciera a su mente. Quienquiera que fuese el que lo estuviese haciendo ahora, lo hacía de forma muy precisa y cuidadosa, tirando suavemente por aquí y pinchando gentilmente por allá.

Después de un periodo indefinido de tiempo, la sensación cambió. Ahora había memorias al azar que estaban siendo dragadas desde el fondo de las profundidades de su mente y comenzaron a desplegarse ante sus ojos. Esos recuerdos iban desde los más insignificantes hasta los que llegaban a ser muy embarazosos. Muy pronto, la exploración de esos recuerdos fue reemplazada de nuevo por nuevos tirones y pinchazos, y viceversa, a veces con pausas entre ellos. Las voces sonaban cada vez más preocupadas y agitadas. Una vez más, Ginny era completamente incapaz de decir cuanto tiempo había trascurrido.

Cuando la última pausa terminó, sintió como la presión se acumulaba sobre su mente. Al principio simplemente era una incomodidad, pero al poco tiempo se convirtió en dolor, cuya intensidad crecía cada vez más. Ella podía sentir otras intrusiones, tirones y empujones. Finalmente, el dolor llenó completamente su percepción, borrando todos los demás pensamientos y sensaciones. Había mas dolor del que Ginny había pensado que podía existir; un océano, todo un mundo de dolor al rojo vivo. Se sentía como si estuviese siendo desgarrada. Si hubiese sido capaz de sentir o controlar su cuerpo, hubiese gritado sin parar. Por desgracia, había sido incapaz de hacer tal acción durante meses y tenía que conformarse con gritar mentalmente.

Sin ninguna transición, el dolor desapareció súbitamente y se encontró a sí misma en su cuerpo. Asimilando sus alrededores, Ginny vio que se encontraba en una sala escasamente decorada, de muros de piedra. Estaba sentada en alguna clase de butaca. Un anciano de aspecto totalmente exhausto, con un cierto parecido a Draco, estaba sentado en otra butaca con elementos decorativos tallados enfrente de ella, respirando con dificultad con los ojos cerrados. El propio Draco estaba levantado cerca y la miraba fijamente con una expresión preocupada, su boca abriéndose y cerrándose. Le tomó un momento para la niña aún mareada poder dar sentido a sus palabras.

"¿... escucharme, Ginny?"

"Si." -se las arregló para pronunciar en una voz ligeramente mal articulada, pero notaba como se estaba recuperando rápidamente. Sin embargo, sentía algo extraño en su mente.

El alivio se esparció por todo el rostro de Draco. "Está bien. ¿Puedes moverte?"

En respuesta, Ginny levantó su brazo derecho. Entonces parpadeó. No había sido capaz de mover su cuerpo por propia voluntad desde hacía meses. Esto tenía que ser un sueño. Un maravilloso sueño. Llevó su mano cerca de su cara, flexionando los dedos. El fenómeno persistía.

"¿Estás bien?" -preguntó Draco.

Ginny redirigió su mirada de su mano hasta al niño rubio. "Soy libre." -dijo ella, con voz aturdida.

Todavía no podía creerlo y en realidad no estaba prestando ninguna atención a lo siguiente que Draco le estaba diciendo. El chico cayó en el silencio cuando ella se levantó y probó su rango de movimientos. No había ninguna resistencia, ni ninguna sobrecogedora presión mental para obligarla a hacer determinadas acciones o impedirla que realizase otras. Su mente todavía se sentía afectada, algo extraña, como si estuviera en carne viva, pero podría tratar con ello más tarde.

Lentamente la comprensión de todo lo sucedido le llegó. Finalmente la pesadilla había terminado. El diario ya no tenía más poder sobre ella. Las lágrimas comenzaron a caer cuando el impacto emocional la golpeó de lleno. Había sido rescatada de un destino peor que la muerte; salvada ni más ni menos que por Draco Malfoy y por quien suponía que era su abuelo. No por Harry Potter, el Niño Qué Vivió, el héroe de su infancia y de las incontables historias que le había contado su madre antes de dormir. Ni por sus hermanos, quienes ni siquiera se habían dado cuenta de que algo profundamente malo le estaba pasando. Ni por el famoso Albus Dumbledore, el hombre por el que sus padres juraban que no podía equivocarse. Ni siquiera el claustro de profesores había notado algo. No, los únicos que la habían salvado pertenecían a una familia que su propia familia siempre había considerado irremediablemente malvada, entre lo peor de lo peor de todo el mundo mágico.

Cediendo a un súbito y sobrecogedor impulso, Ginny saltó sobre Draco y le abrazó con fuerza, enterrando su cara en su pecho. "Gracias, gracias, gracias...,"

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Abraxas normalizó lentamente su respiración mientras era testigo del apuro de su nieto, viéndolo con diversión. La niña no parecía como si fuera a dejarlo ir en el corto plazo, y no es que él pudiera culparla de ello. Había estado sollozando incontrolablemente de alivio y se aferraba con fuerza al chico mientras Draco le palmeaba torpemente la espalda. Abraxas había visto una gran cantidad de los recuerdos de la joven Ginevra. Vivir atrapada dentro de su propia mente durante los últimos meses habrá sido una pesadilla continua para la pobre cría. Francamente, era un milagro que ella continuase manteniendo la cordura. Si se hubiesen retrasado algo más tarde, quizás podría haber sido demasiado tarde para ella. Incluso así, le había tomado casi todo un día poder analizar el problema y encontrar una solución.

Un rápido encantamiento Tempus le mostraba que ellos aún tenían algo de tiempo antes de que Draco y Ginevra tuviesen que regresar a Hogwarts. Si ellos hubiesen podido arriesgarse a sacarla del castillo durante más de un día, Abraxas lo hubiera hecho. Por desgracia, como estaban las cosas, se había visto forzado a emplear medidas más ásperas de las que hubiese preferido para desarticular los ganchos mentales que el diario había tenido sobre la mente de la pequeña Ginevra. Aquel objeto infame ya había hecho algún daño, y su solución había agotado demasiado la mente de la niña. No estaba seguro de si habría consecuencias a largo plazo y habría que hacerle algunas examinaciones en los próximos días.

Y mientras estaba explorando los recuerdos de la pequeña, había podido confirmar otra cosa: Draco había tenido razón. Simplemente no había manera alguna de que a estas alturas Dumbledore no hubiese identificado ya al culpable. La fallecida Myrtle combinado con la cercanía del lugar donde había ocurrido el primero de los ataques recientes con el lugar donde fallecía esa niña lo dejaba completamente claro para cualquiera que supiese algo sobre la última apertura de la Cámara de los Secretos, ocurrida durante los años 40. En ese tiempo Abraxas había estado muy ocupado combatiendo contra Grindelwald, pero incluso él había escuchado los rumores. Demonios, sólo con tener en cuenta el incidente de este pasado Halloween ya hubiese sido más que suficiente para colocar algunos encantamientos sutiles de alarma en los alrededores. Pero no, el estimado director de Hogwarts había dejado que los acontecimientos siguieran su curso por sus propias razones.

"Bueno, al menos eso me dará suficiente munición para mi planeado ataque público de este verano contra Dumbledore. Todo esto debería ayudarme a conseguir la custodia de Harry."

Abraxas decidió dar unos pocos minutos más a la pequeña. Y así también podía descansar un poco más. Este arduo trabajo le había agotado en gran medida; su salud, aunque había mejorado, todavía se encontraba débil. En el momento actual ni siquiera podía caminar sin necesitar ayuda y casi siempre usaba su silla flotante para moverse por la casa. En lugar de enfrentar a la chica, decidió permanecer allí, observando a la parejita.

A estas alturas, los sollozos de Ginevra habían disminuido en gran parte. Parecía que su nieto tenía un don para consolar a las chicas: al menos por lo que había escuchado de qué había sido Draco quien había conseguido que Aquila siguiese hacia adelante tras la muerte de Cassie y su propia enfermedad. En unos pocos años, seguramente se convertirá en todo un rompecorazones. Abraxas se había quedado muy sorprendido cuando descubrió los recuerdos del previo contacto de Ginevra con sus nietos, pero no le importaba demasiado. Cultivar contactos e incluso amistades en otras clases sociales siempre podía ser útil. Podías conseguir valiosas lealtades de esa manera. Apenas había sido capaz de reprimir las risas cuando fue testigo del primer beso, accidental por supuesto, de Draco y Ginevra. Narcissa sufriría un infarto si alguna vez llegaba a enterarse de tal evento.

Si no fuese porque ya estaba preparando sacar a su nieto del país en unos pocos meses, podría haber estado ligeramente preocupado de que algo más pudiese desarrollarse entre ellos, pero incluso si así fuese, no había necesidad de intervenir en estos momentos. Draco conocía sus obligaciones. Los años de Hogwarts eran la oportunidad para desinhibirse. El propio Abraxas había sido bastante pillo en su juventud y no podía vetar a su nieto la oportunidad de que consiguiese alguna experiencia y disfrutase de la vida por si mismo. A menudo el matrimonio era un asunto de necesidad política, no de afecto. Abraxas había sido lo suficientemente afortunado para que él y su difunta esposa se gustasen lo suficiente el uno al otro, pero eso no garantizaba que a Draco le sucediese lo mismo. Los propios padres de Abraxas habían tenido sus amantes. Mientras se crease un nuevo heredero de sangre Malfoy para continuar con el linaje familiar, no era importante los amantes o concubinas que se tuviesen por el camino.

Finalmente Abraxas decidió que ya había concedido suficiente tiempo a Ginevra para que recuperase la calma, así que se aclaró fuertemente la garganta.

Al oír esto, Draco asintió y la sacudió con gentileza. Cuando ella alzo la mirada, señaló en dirección a Abraxas. "Ginny, éste es mi abuelo, Abraxas Malfoy. Él fue quién realmente te liberó."

La chica giró la cabeza en su dirección, sin dejar narchar a Draco. "Muchísimas gracias. Pensaba que nunca podría escapar."

Abraxas dio una sonrisa amable a la niña. Parecía que ella todavía estaba un poco ida, pero había algunos asuntos por tratar. "No hay de qué, jovencita. Nadie debería estar sometido a eso. Si tienes algunas preguntas urgentes, ahora es el tiempo para que pueda responderlas. Los dos tenéis que regresar pronto a Hogwarts."

Ginevra pensó por un momento. "¿Ya soy completamente libre? ¿Sabes lo qué es ese diario? ¿Qué me hubiera ocurrido?"

"Deberías de estar a salvo. He removido por completo toda la influencia que el diario tenía sobre ti. Te pido disculpas por el dolor causado, pero no había otro remedio." -el anciano asintió con gravedad y señaló al diario que descansaba sobre una mesa cercana-. "Este objeto es una infame muestra de magia oscura. No creo que necesites saber todos los detalles, pero basta con decir que te hubiese matado en poco tiempo."

"¿Qué le ocurrió a la Ginny estúpida?" -fue la segunda pregunta de la chica, considerablemente más pálida que antes.

Abraxas necesitó un momento para entender su significado. "¿Te refieres a la mente que tenía el control? ¿Es así como tú la llamabas?"

Ginevra asintió. "Era básicamente yo, pero estúpida y con partes importantes extraviadas. Podía escucharla pensar, pero nunca podía escucharme a mi."

Él suspiró. "Tuve que destruirla. Era una construcción hecha de tus recuerdos y tu mente, pero separada de tu consciencia. No estoy completamente seguro de lo que queda de ella; tu mente ahora está demasiada dolorida para arriesgarme a hacer nuevas intrusiones por mi parte. Tendrás que volver a visitarme de nuevo para que pueda asegurarme."

Juzgando por la expresión que reflejaba el rostro de la niña, ella realmente no comprendía sus respuestas, pero eso no era de extrañar después de todo por lo que había tenido que pasar. Bueno, tendría que volvérselo a explicar mañana. Afortunadamente Dumbledore estaría lejos de nuevo. Todo gracias al calendario de las sesiones del Wizengamot y de la Confederación Internacional de Magos, que era fácilmente accesible para alguien de la posición de Abraxas.

"Cuando se lo cuente a mi familia..."

"No." -dijo Abraxas enérgicamente.

Ginny se detuvo y le miró con sus grandes y, algo temerosos, ojos castaños.

Abraxas le clavó una mirada seria. "No puedes contar nada acerca de esto a nadie, y me estoy refiriendo absolutamente a nadie. Ni a tus hermanos, ni a tus compañeros, ni a tus padres, ni a mi nieta, ni mucho menos a los profesores."

"Pero el profesor Dumbledore..."

"Con casi toda seguridad el director ya lo sabe." -intervino Draco.

"¡¿Qué?!" -después de su arrebato, Ginny miró con incredulidad a Draco y Abraxas.

El anciano asintió con gravedad. "No hay duda sobre eso. Tendría que ser un completo incompetente para no descubrirlo a estas alturas. Ésta no es la primera vez que se ha abierto la Cámara de los Secretos, y la última vez que sucedió él ya era profesor en Hogwarts. Una niña llamada Myrtle murió en aquella ocasión. ¿Qué tan difícil crees que sería para un mago con las habilidades de Dumbledore establecer algunos mecanismos sutiles de vigilancia dentro y alrededor de esos baños del segundo piso? Después de todo, la gata del celador fue atacada allí. ¿O tal vez alrededor de las puertas de los dormitorios? No, jovencita, el director lo sabe y ha permitido que los ataques continúen."

Si Ginevra no estuviese aún bajo el agarre de Draco, ya se hubiese desplomado al suelo. Su rostro estaba mucho más pálido y ella se tambaleaba peligrosamente. "¿Él...? ¿Él lo sabía y simplemente dejo que sufriese?"

"Albus Dumbledore no se detendrá ante nada por sus planes, incluso si significa sacrificar a otras personas, jovencita. Le he conocido desde hace mucho tiempo y él está lejos de ser el inmaculado héroe que muchos queréis ver en él. No hay forma de saber lo que podría hacer si averiguase que has recuperado tu libertad."

Les tomó casi una hora poder calmar a Ginny. La cría todavía estaba bastante agitada, pero Abraxas pensaba que la habían convencido de que no dijera nada a nadie. Normalmente hubiese preferido asegurarse, pero considerando el estado de la mente de la niña, no se podía arriesgar a una nueva influencia mental. Podría provocarla un daño permanente y no se había pasado casi todo un día para salvar su mente solo para deshacer todo ese arduo esfuerzo con un inoportuno hechizo.

Después de que la pequeña y su nieto se marchasen, Abraxas pensó detenidamente en el diario. No estaba seguro de que hacer con ese maldito objeto. Le hubiese gustado destruirlo a la primera oportunidad (después de todo, era perfectamente capaz de conjurar el Fuego Demoníaco y tenía acceso a varias salas seguras para hacerlo), pero podría no ser la mejor opción. No, hasta que se ocupasen del basilisco de una vez por todas, lo mantendría intacto. De hecho, lo mejor que podría hacer es que Ginny lo mantuviese con ella tan pronto como estuviese lo suficientemente recuperada. No sería bueno que Dumbledore descubriese que el diario ha desaparecido. Y mientras Ginevra no volviese a escribir en él, no habría posibilidad de que sufriese otra posesión. No obstante, sería duro para la pequeña.

"Tengo que pensar las cosas con sumo cuidado."

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Ginny miró por la ventana del aula vacía, sin ver realmente nada. El sol había comenzado de nuevo a brillar débilmente sobre Hogwarts, pero todavía pasaría mucho tiempo hasta que el invierno abandonase definitivamente las montañas escocesas. Había pasado poco más de una semana desde que la liberaron del influjo del maldito diario y todavía tenía problemas para enfrentarse a su situación.

Su propia mente estaba sorprendentemente intacta después de todo lo que había ocurrido, pero no había escapado ilesa. Muchos recuerdos de su época bajo el control del diario estaban distorsionados y sus procesos mentales parecían haber cambiado a como los realizaba antes de que todo sucediera. Según el abuelo de Draco, el daño podía arreglarse conforme transcurriese el tiempo. El anciano era un hombre amable, incluso si era una figura imponente y ella estaba un poco asustada de él. Sólo había sido capaz de abandonar el castillo en dos ocasiones más, pero Draco la estaba enseñando varios ejercicios mentales para que pudiera usarlos por su propia cuenta. A juzgar por la forma en que su mente progresaba con esos ejercicios que le estaban funcionando lentamente, incluso podría aprender oclumancia de forma apropiada al mismo tiempo.

Aun así, pasaría mucho tiempo antes de que todas las huellas de la posesión se erradicasen. No obstante, no todo era negativo. La Ginny estúpida había muerto, pero parecía que había dejado algo atrás. Ginny no comprendía la teoría detrás de todo ello, e incluso el abuelo de Draco se había sorprendido cuando lo descubrió durante su última visita. La cascara de la mente de la segunda personalidad descansaba sobre la parte superior y anterior (en la medida en que tales descripciones fuesen aplicables) de su auténtica mente. Era la principal razón por la que Ginny aún se sentía extraña. Lo sorprendente era que podía hacerlo parecer como si la mente falsa fuese su mente real; aparentemente un legilimente tendría que excavar muy profundamente en su cabeza para poder descubrir la auténtica verdad. El abuelo de Draco sólo se había dado cuenta porque ya estaba familiarizado íntimamente con su mente a causa de su esfuerzo por liberarla. Después de un año o dos, aquello se fusionaría con su auténtica mente si continuaba realizando sus ejercicios mentales. Mientras tanto, le ofrecería cierta protección de urgente necesidad contra los intentos del director para sondear sus pensamientos.

"Es realmente difícil de creer algo así del profesor Dumbledore. Mamá y Papá siempre le han tenido en la mayor estima."

Ginny suspiró. Realmente no sabía que creer. Toda su corta vida Albus Dumbledore había sido presentado como la misma encarnación de la Luz y ahora se suponía que debía considerarlo como un villano y un enemigo. La joven no estaba segura de si podía manejar eso. Ansiaba poder hablar con alguien sobre su terrible experiencia, pero aparte de Draco no había nadie en que pudiera confiar en si Dumbledore era realmente tan malo. Durante los últimos días había estado seriamente tentada de hablar con sus hermanos y revelarlo todo. Pero nunca habría realizado tal acción. Después de todo, lo había prometido. Sin embargo, había otra razón para no hacerlo.

Un ligera mueca aparecía sobre su rostro cuando se le recordaba su ira. No estaba segura de si sería siquiera capaz de perdonar alguna vez a sus hermanos por no haberse dado cuenta de que algo malo le estaba pasando. Probablemente era injusto, pero su auténtico yo podía haber muerto sin que ellos siquiera se diesen cuenta. Sus compañeros de curso no la conocían lo suficientemente bien para percibir un comportamiento extraño. Pero sus hermanos eran otra cuestión. Era como si una grieta invisible hubiese aparecido entre ellos y Ginny, y ella no sabía como aquello influenciaría en su futura relación con ellos.

"Ya han pasado cinco minutos desde que Draco se marchó. Supongo que ya es hora de que salga. No quiero llegar tarde a clase."

Encontrar el tiempo para reunirse con Draco en secreto no era precisamente fácil, pero si le era posible. Bajo la influencia del diario, ella había pasado extensos periodos de tiempo a solas y ahora simplemente continuaba con ese rasgo. Cogiendo su mochila, Ginny abandonó la sala que les había servido como lugar de reunión. El peso le recordó que tenía algo con ella que esperaba que no hubiese tenido que volver a ver: el maldito diario se encontraba en su mochila. Odiaba tener que cargar con esa cosa, pero tanto Draco como su abuelo habían insistido en ello. Ginny no estaba segura de si les creía. Aún así, ambos la habían ayudado y sabían lo que estaban haciendo.

Draco era, sin ninguna duda, su héroe, incluso si él afirmaba que no lo era. Tenía sin duda la apariencia correcta para el rol de su caballero brillante. Un cálido sentimiento se esparcía por toda ella cuando pensaba en él. No creía que ella estuviese encaprichada por él cómo lo había estado con Harry Potter, sino que era más bien un sentimiento más elevado por alguien que se preocupaba realmente de ella como una amiga.

Desde aquel momento donde reflexionaba sobre esos pensamientos, el día parecía haber voladonte sus ojos. Ginny aún se encontraba de buen humor cuando esa tarde se estaba dirigiendo hacia la torre de Gryffindor. Estaba paseando a través de un pasillo desierto cuando una voz la detuvo.

"Señorita Weasley, me gustaría tener unas palabras, si no le importa."

Sorprendida, Ginny se dio la vuelta, encontrándose frente a frente con el director. "¿Señor?"

El viejo le transmitió una sonrisa triste. "Me disculpo por lo que voy a hacer, pero desafortunadamente es necesario."

Antes de que Ginny fuese capaz de reaccionar, el rayo rosa claro apenas visible de un hechizo la golpeó. La confusión la envolvió por un momento, pero entonces todo empezó a aclararse. El director era su mejor amigo y ella haría cualquier cosa por él. Al mismo tiempo, ella se dio cuenta de que eso era completamente erróneo, pero ya no podía controlar sus acciones de nuevo.

"¡No, no, no, no! ¡Otra vez no!"

"¿Tienes todavía el diario contigo, Ginevra?" -preguntó el envejecido mago tras un momento.

"Lo tengo en mi mochila."

Dumbledore asintió pesadamente. "Buena chica. No cuentes a nadie sobre esto. Lanza el diario a los servicios donde ronda Myrtle la Llorona. Entonces regresa a mi. ¿Puedes hacer eso?"

Ginny sintió como su propio cuerpo asentía. No le tomó mucho tiempo dirigirse hacia los baños de Myrtle y deshacerse del diario. Incluso se las arregló para salir de allí antes de que una chillona Myrtle emergiese, inundando el cuarto de baño en el proceso. A pesar de todos sus esfuerzos por resistir aquella coacción, regresó a donde estaba esperando Dumbledore.

"¿Te encontraste con algún problema?" -ella negó con la cabeza. El director respiró hondo y la miró con ojos afligidos-. "Me disculpo una vez más. Soportar todo esto debe ser duro para ti, lo sé, pero no hay otra forma. Pero necesitamos un héroe que nos libre de las tinieblas. Es por el bien de todos. Ahora sólo recordarás que finalmente querías librarte del diario para que así nadie más se pudiera poner en peligro. ¡Obliviate!"

Los recuerdos fueron borrados y unos nuevos se pusieron en su lugar... en su mente falsa. Tan pronto como Dumbledore estaba fuera de su vista, sintió como la compulsión se desvanecía, pero Ginny continuó caminando. No se podía arriesgar en caso de que todavía continuase vigilándola. Entonces el griterío de Filch por el estropicio que Myrtle había provocado alcanzó débilmente sus oídos, pero eso no era importante ahora.

Las uñas de Ginny se clavaban dolorosamente en sus palmas, de tanto cerrar sus puños. El director la había puesto bajo una compulsión y luego la había desmemoriado. Él sabía todo lo del diario. Su visión del mundo ya había recibido varios golpes fuertes durante este año, pero ahora se le derrumbaba por completo. Sentía como las lágrimas brotaban de sus ojos. Dumbledore era malvado. Todo lo que le había enseñado su familia sobre el mundo era una mentira.

"Tengo que contárselo a Draco. Él sabrá que hacer."

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Daphne observó divertida como la clase de Encantamientos era interrumpida de nuevo por uno de esos enanos para entregar otra tarjeta de San Valentín. Llevando puesto unas alas doradas y sosteniendo un arpa en sus manos, el enano de aspecto particularmente malhumorado y fuertemente musculoso, realizó una aparición ridícula. La docena de "cupidos" debieron de haber caído muy bajo para aceptar tomar este trabajo. La rubia Slytherin se preguntaba ociosamente donde los había encontrado el idiota de Lockhart. No había muchos enanos, al menos en Gran Bretaña. La mayoría fue víctima de una de las muchas revueltas de los duendes. La última gruta de montaña había sido destruida hacía más de un siglo.

El normalmente afable profesor Flitwick miró al enano después de que hubiese entregado su mensaje, pero la criatura rechoncha simplemente se encogió de hombros antes de abandonar la estancia. Ellos no harían nada que pusiera en peligro su pago por parte de Lockhart.

Flitwick se aclaró la garganta. "Como estaba diciendo..."

El diminuto profesor fue interrumpido una vez más por un enano que entraba al aula. "¡Eh, tú! ¡Daphne Greengrass! ¡Tengo un mensaje musical para entregarte en persona!"

Recorriendo su camino hasta su asiento, el enano aclaró su garganta antes de que comenzase a cantar:

Su pelo está hecho de hilos de oro,

La amo incluso si siempre actúa en frío,

Desearía que fuese mía,

Ella es realmente divina.

Daphne simplemente asintió y el enano ya se alejaba correteando. Ya le habían enviado varios mensajes y ella se los tomaba con calma. A pesar de lo absurdo de la situación, aquello no le haría perder la compostura. Además, los enanos podían ser realmente perversos si intentabas resistirte. Sabía que estaba desarrollándose y los chicos ya comenzaban a reparar en ella.

"Seguramente habrá sido otro estudiante de segundo o tercer curso. Realmente estoy contenta de que mis amigos tengan la suficiente clase para abstenerse de realizar tales acciones."

Su enano apenas acababa de abandonar la clase cuando otro entró; esta vez se dirigía hacia Draco. Su amigo ya había recibido más de una docena de mensajes de San Valentín; en concreto, tres menos que ella. Después de todo, era bien parecido y popular, y había cultivado una buena reputación de ser amable. Parecía que muchas chicas estaban enamoradas de él; o quizás fuese el dinero y el estatus de su familia, si uno lo observaba desde una perspectiva cínica.

Después de que aquel ser diminuto abandonase la estancia, la atención se desplazó hacia el profesor. Sin embargo, Flitwick no parecía que fuera a continuar la lección. Había sacado un libro y estaba leyendo. La frase "Clase cancelada a causa de la invasión de los cupidos" estaba escrita en la pizarra. Los alumnos comenzaron a murmurar y a mirarse entre sí, confundidos. ¿Flitwick hablaba en serio?

Blaise Zabini fue el primero en hacer la pregunta que todos se estaban haciendo. "Profesor, ¿de verdad la clase se ha cancelado?"

El profesor Flitwick alzo la vista de su libro. "Si, no voy a intentar enseñaros hechizos potencialmente peligrosos cuando estamos siendo interrumpidos a cada momento. Sólo tenéis que marcharos y tratar de estudiar en algún lugar tranquilo; si es que podéis encontrar un lugar así." -entonces devolvió su atención al libro que estaba leyendo.

Los primeros estudiantes reunieron sus materiales y salieron del aula, pero la mayoría estaba realmente triste de que la clase hubiese sido cancelada. Flitwick era un profesor muy bueno y sus clases siempre eran interesantes. Daphne ya se estaba yendo cuando notó que Draco le iba a la zaga.

"¡Eh! ¿Estás bien?" -preguntó Daphne.

Él la despidió con la mano. "Estoy bien."

Daphne estaba bastante segura de que Draco no estaba bien, pero no tenía ni idea de cuál era la razón. Esta mañana había estado bien. Pero eso cambió tras la pausa para el almuerzo. Se había ausentado por sólo unos pocos minutos, pero cuando regresó parecía enfadado por algo. Su estado de ánimo se hundió aún más cuando Potter fue acosado por uno de los enanos. Había sido un recordatorio de que era mejor aguantar la mala poesía que intentar escapar a lo inevitable (y salir dañado en el proceso). Tal vez no era más que frustración por aquel día de locos, pero le parecía que había algo más.

"Algún día descubriré lo que pasa."

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Draco observó a su abuelo. El anciano parecía estar muy despierto a pesar de lo tarde que era y parecía muy sumido en sus pensamientos. "¿Estás seguro de esto?"

Él asintió. "Harry definitivamente tiene el diario ahora. Se lo vi entre sus cosas cuando uno de esos enanos le abordó."

Abraxas suspiró. "En resumen, Dumbledore obligó a Ginny a deshacerse del diario, que ahora está en manos de Harry. ¿Cuáles son tus conclusiones?"

"Creo que Dumbledore intenta maquinar una confrontación. Por lo que dijo Ginny, él quiere formar a Harry como un héroe. Siempre es el héroe quien confronta el mal, a menudo sin ayuda de los demás. Sé que es ridículo, pero es la conclusión más probable. Otra posibilidad es que él espera que Harry, de alguna manera, destruya el diario. Después de todo, según todas esas historias él derrotó de alguna forma a Voldemort."

"Concuerdo contigo. Alguien como Dumbledore probablemente dudaría en usar soluciones tan efectivas como el Fuego Demoníaco porque lo cataloga como magia oscura. No sé a qué libros tiene acceso, pero él podría estar malinterpretando completamente lo que es un horcrux y cómo actuar con uno." -Abraxas se acarició la barba, pensativo, antes de mirar a Draco-. "¿Qué propones para resolver este problema?"

Había comenzado a ser un hecho recurrente que su abuelo le preguntase sobre cómo proceder, en lugar de simplemente darle ordenes. Siempre analizaba y criticaba su curso de acción antes de decidirse por algo. Draco sabía que su abuelo le estaba preparando sobre cómo afrontar las situaciones cuando él ya no estuviese a su lado. Sólo quedaban unos pocos meses. Incluso si tenían éxito en su intención de abandonar el país, Abraxas no estaría con ellos por mucho más tiempo. Considerando las personalidades de Aquila y Harry, recaería sobre Draco preocuparse por ellos y defender sus intereses.

Draco ya había pensado en una respuesta. "Debemos recuperar el diario a la primera oportunidad y destruirlo. No se sabe lo que podría hacerle a Harry. Y entonces tendremos que ocuparnos del basilisco. Por último, necesitaremos convencer a Dumbledore de alguna forma de que su ansiada confrontación haya tenido lugar. ¿Tenemos objetos mágicos o hechizos que nos puedan servir de ayuda con eso?"

Abraxas reflexionó por unos casi cinco minutos. "Creo que tengo la solución. Acompáñame, Draco."

Con un gruñido de esfuerzo, Abraxas se levantó y abandonó la estancia. Draco le siguió. Su abuelo ya era capaz de andar de nuevo, pero todavía le hacía falta un bastón para caminar. Su golpeteo sobre la piedra era el único sonido en todo el complejo subterráneo. No era el único refugio secreto que había en las tierras de los Malfoy. Éste no era tan seguro como donde estaba guardada la roca neurálgica de los Malfoy; sino más bien era como un área de almacenaje. Ni Draco ni su abuelo habían querido colocar el armario evanescente demasiado cerca de los tesoros familiares más importantes y comprometer posiblemente la seguridad de esa manera. Por otra parte, la mansión también era completamente inadecuada para ello. En su lugar, habían seleccionado este lugar.

Era aquí, en estas bóvedas donde los Malfoy mantenían la mayor parte de su riqueza monetaria y los artefactos adquiridos a lo largo de los años. Ninguna de las viejas familias (ni nadie con una pizca de sentido común) confiaría en los duendes. Es cierto que todos ellos poseían bóvedas en Gringotts porque facilitaba mucho el poder hacer negocios, pero en su caso sólo contenían una pequeña parte de su dinero y, sobre todo, ningún artefacto valioso. En caso de que se produjera otra rebelión de los duendes, sus perdidas serían absolutamente soportables.

El padre de Draco sabía sobre este lugar, pero no tenía acceso a todas las áreas, e incluso ni siquiera sabía que existían. Abraxas no confiaba en que Lucius las usase de forma responsable. Y Draco no podía hacer nada más que estar de acuerdo con su abuelo. Si Voldemort resurgiese de nuevo, Lucius estaría más que dispuesto a comprar su favor de nuevo con dinero y artefactos. Su abuelo ya le había concedido pleno acceso, pero le había advertido en contra de explorarlo todo por su propia cuenta. Algunos objetos que guardaban aquí podían ser bastante peligrosos.

De repente, Abraxas se volvió hacia un lado y trazó una figura geométrica sobre una piedra en concreto. Un momento más tarde, la pared se deslizó hacia un lado, revelando una estancia de tamaño medio, llena de innumerables objetos. Draco miró a su alrededor con curiosidad. Ya sabía que éste era el lugar donde su abuelo guardaba la mayoría de los objetos que había adquirido durante su juventud, en sus aventuras por el Oriente Medio. Había más de dos docenas de cofres, varias alfombras, más de trescientos libros y un sinfín de otros objetos.

"Estoy seguro de que está por aquí, en alguna parte..." -murmuró Abraxas.

Draco aprovechó el tiempo para examinar los libros. Desafortunadamente no estaban escritos en ninguna lengua que pudiera leer. La mayoría de los ejemplares tenía notas adhesivas pegadas, ofreciendo una visión general sobre sus contenidos. Sin duda era un surtido interesante. Antes de su colapso en el siglo XIX, el Sultanato del Diamante había sido uno de los poderes mágicos más importantes del mundo. Por desgracia para ellos, se encontraban justo entre la Confederación Africana y los magos del Imperio Mogul, los otros dos principales poderes. Bueno, si no contamos con los nigromantes de Australia, pero ellos eran muy aislacionistas. Dado que ninguno de los principales actores estaba dispuesto a avanzar por temor a desencadenar una guerra total por la región, ésta se había quedado en tierra de nadie, siendo una excelente oportunidad para los magos de aventura.

Gran Bretaña y Europa eran insignificantes en comparación. No es que ellos fuesen lo que un muggle pensaría en llamar el tercer mundo, pero si decidiésemos denominarlo de alguna manera, incluso así seríamos de segunda categoría. La Guerra de Grindelwald en particular había causado un enorme daño a la población mágica, pero incluso antes los magos de Europa no habían poseído la misma preeminencia que sus homólogos europeos si habían tenido. Bueno, de todos modos no es como si los países muggles y los mágicos estuvieran emparejados. Bastaba con mirar un mapa político muggle del siglo XVII, cuando el Estatuto del Secreto de la Magia entró en vigor, para saber que tampoco era realmente representativo de los países mágicos.

"Probablemente sería muy divertido de ver el momento en que un nacido de muggles se daba cuenta de que no existían unos Estados Unidos mágicos y que la totalidad de Norteamérica era más bien un mosaico sin ley de clanes, reinos en miniatura y señores de la guerra de todo pelaje."

Era una falta de conexión que no se abordaba realmente en Hogwarts: la mayoría del enfoque histórico que se enseñaba se centraba en Europa en general, y en Gran Bretaña en particular.

La voz de Abraxas interrumpió la introspección de Draco. "Ah, aquí está."

Draco se volvió y vio como su abuelo estaba levitando una gran ánfora. Mirando de cerca, notó que toda su superficie estaba cubierta con una escritura que fluía, pareciendo conformar patrones complejos. "¿Qué es eso, Abuelo?"

"Este artefacto es la solución al problema de la puesta en escena de una apropiada confrontación. Lo conseguí de las ruinas del palacio de invierno del Sultán del Diamante. Se llama fantasmagóricon. Originalmente se usaba para propósitos de entretenimiento, similares a los del teatro. Tienes que detallar una escena o una historia. Más tarde se echa sobre la audiencia, provocando como si viviesen la fantasía. Combina magia mental con ilusiones y es completamente convincente si no sabes de antemano lo que hace." -explicó Abraxas orgullosamente.

El chico rubio observó aquella ánfora con un nuevo respeto. "Parece que nos será muy útil. Ya puedo ver toda clase de aplicaciones para un elemento mágico tan poderoso. ¿Por qué no lo has usado antes?"

Abraxas sacudió la cabeza con tristeza. "Por qué sólo podemos usarlo unas pocas veces más, quizás incluso sólo una más. El conocimiento de su creación se ha perdido. Ninguno de los encantadores que consulté pudo descifrar como funcionaba. Es cierto que aprendieron como usarlo, pero no como recargar el artefacto. Por cierto, lo usé durante la Guerra de Grindelwald con gran efecto, pero en realidad no es un arma. La ánfora es muy frágil y necesita ser cuidadosamente configurada de antemano."

Draco asintió, comprendiendo. Uno de esa clase de artefactos como el que tenía ante sus ojos sólo aparecía de vez en cuando, por lo general como la obra de toda la vida de un maestro encantador o que procedía de países extranjeros que tenían conocimientos mágicos diferentes. A menudo muchos de ellos desaparecían en algún lugar del Departamento de Misterios, para nunca ser visto otra vez.

"Tendré que enseñarte como usarlo, Draco. En cuanto a lo del basilisco... creo que nos será necesaria una visita a una de esas chatarrerías muggles, pero esa parte puede ser manejada por uno de mis testaferros. Una pequeña transformación, un hechizo encogedor y un encantamiento de peso pluma será todo lo que nos será necesario. La serpiente pronto será cosa del pasado. Por supuesto, querré tener las memorias de ello."

La sonrisa que acompañaba a esas palabras causó escalofríos por toda la columna vertebral de Draco.

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"¿Estás segura de que es el sitio correcto, Ginny?"

Ginny asintió. "Si. Acabo de recordarlo ahora, pero sé que hay otra entrada a la Cámara por aquí. Pero sólo la usé una vez."

Ella observó como Draco examinaba cuidadosamente el rincón. Era un punto remoto y poco conocido, probablemente la razón por la que el diario sólo la trajo aquí una sola vez. Había pasado más de un mes desde que ella había sido liberada y ya estaban en marzo. Su mente ya estaba mucho mejor ahora, pero cada semana Dumbledore conjuraba una compulsión para que ignorase el diario. Aparentemente el viejo se pensaba que ella seguía estando bajo el poder de aquel maldito objeto. La mayoría de las veces ni siquiera le veía hacerlo. Afortunadamente había aprendido a limitar esas compulsiones a su mente falsa, permitiéndole actuar contra ellas si tuviera que hacerlo. Por desgracia, no habían encontrado aún la manera de quitarle el diario a Harry. Ella temía tanto lo que esa cosa podría hacerle.

Sin embargo, ahora tenían otro problema. No podían usar la entrada principal a la Cámara de los Secretos para ocuparse de una vez por todas del basilisco. Seguramente Dumbledore la mantenía bajo estrecha vigilancia. Le había tomado mucho esfuerzo encontrar el recuerdo de otra entrada, especialmente porque ella todavía era una absoluta principiante con respecto a la Oclumancia. Después de todo, el basilisco tenía que moverse de alguna manera. Otro problema es que habían olvidado hasta hoy que desconocían si ella retenía la habilidad de hablar la lengua parsel. Ciertamente recordaba usarla, pero eso no significaba que pudiera reproducir los sonidos. Una lengua mágica no trabajaba de esa manera. Estaba segura de que no había sido capaz de hablar con las serpientes antes de que encontrase el diario, pero cabía la posibilidad de que algo dejado atrás en su mente pudiese mantener parte de esa habilidad.

Entonces vio como Draco había terminado su examen. "No hay tiempo como el presente."

"Espera un momento; quiero probar algo."

Ginny miró a Draco con curiosidad. Entonces el niño simplemente siseó a la pared. Ella iba a preguntarle lo que estaba haciendo cuando de pronto, el muro retumbaba a un lado. Los ojos de Ginny se abrieron al ver eso.

"¿Qué? ¿Cómo lo has hecho? ¿También eres un hablante de parsel?"

Draco se rió. "No, no lo soy. Fue sólo un disparo en la oscuridad. Tanto los baños de Myrtle como este rincón parecen mucho más nuevos que si tuvieran 1.000 años. Al menos el baño es una localización muy extraña para elegir. Ni siquiera estoy seguro de que existieran en los tiempos de Salazar Slytherin, y la entrada debería haber sido descubierta cuando reformaron el mobiliario. En cualquier caso, me preguntaba si alguien más, quizás un antiguo director, descubrió la Cámara y simplemente la mantuvo en secreto. Probablemente fue quien ordenó las reformas. Si tuvo ayudantes, sería incómodo tener que abrir personalmente las entradas cada vez que fuese necesario, o quizás no podía replicar el encantamiento parselparlante. Personalmente requeriría un siseo combinado con una intención mental. De esa forma, sólo la gente que conoce la Cámara podría entrar."

Ginny estaba un poco escéptica sobre aquella explicación. Le sonaba bastante traída por los pelos, pero no podía discutir con los resultados. "Creo que Draco sabe más de lo que revela, pero ahora no es el momento más oportuno para preguntarle."

Ellos iban a entrar por el agujero en el muro cuando Ginny lo escuchó.

"Matar esta vez... déjame rasgar... despedazar..."

"¡DRACO, CUIDADO! ¡EL BASILISCO ESTÁ SUELTO! ¡ESTÁ VINIENDO!" -ella se había olvidado completamente de que no había ordenado al basilisco que se durmiese de nuevo. Seguramente vagaba por los túneles todo el tiempo; había un encantamiento en la Cámara que conducía a los animales del bosque hacia su madriguera para alimentar al basilisco mientras se encontraba activo.

Al oír su grito, Draco se giró hacia el otro lado. Al momento siguiente, fue sacado del agujero, empujado por una serpiente descomunal. Ginny logró apretarse contra la pared lateral para evitar el mismo destino.

"No dañar a la gente con la hablante..." -escuchó ella antes de que el basilisco desapareciese por una esquina.

"¡Tenemos que alcanzarlo! ¡Ordénale que vuelva a dormirse!" -gritó Draco cuando se levantó.

Ginny ya estaba corriendo tras el basilisco, pero la criatura era rápida. Cuando alcanzó la esquina, vio que había encontrado a su siguiente victima. Una chica a la que había visto hablar ocasionalmente con su hermano Percy estaba tumbada en el suelo, petrificada, todavía sosteniendo un espejo de mano en su mano izquierda. Una polvera estaba agarrada en su otra mano. El basilisco se cernía sobre ella, aparentemente indeciso de si debería o no comerse a la muchacha.

"¡Cúbrete los ojos! ¡Vuelve a la Cámara y duerme!" -gritó Ginny a la criatura.

La serpiente inmensamente larga y grande se giro para mirarla. Afortunadamente había cubierto sus ojos con sus membranas nictitantes, librándola de los efectos mortales de su mirada.

"Déjame comerme a esta..."

"No. En nombre de Salazar Slytherin: Haz lo que te ordenó. Me acercaré luego para alimentarte más tarde." -dijo ella con la voz más firme que pudo reunir.

Por un momento el basilisco parecía como si quisiera ignorar la orden. Entonces hizo un movimiento de inclinación, como si asintiera, y fue deslizándose hacia donde se encontraba el muro abierto, pasando al lado de un aterrorizado Draco durante el proceso. Sin embargo, no le atacó.

Ginny se dejó caer, aliviada. Cuando Draco llego hasta su lado, inmediatamente se abrazó al chico sobresaltado. Ese encuentro podía haber ido mucho peor.

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Nota del autor: Muchas gracias por todos los reviews.

Personalmente encuentro improbable que en el canon, Ginny fuese capaz de tirar simplemente el diario después de haber estado bajo su influjo durante alrededor de unos cinco meses. Si tal cosa fuese posible, haría al diario muy poco adecuado para su finalidad prevista (tanto drenar la vida de su victima como mantener el control sobre ella para que ésta pudiera abrir la Cámara).

Del mismo modo, el hecho de que Ron imitase los sonidos de la lengua parsel durante el séptimo libro cuando sólo la había escuchado en dos ocasiones no lograba asimilarlo bien. Dejando a un lado que sea una lengua mágica, intentad imitar una palabra en una idioma fonéticamente hablando completamente diferente y sabréis a lo que me estoy refiriendo. En mi historia alguien abre la Cámara hace mucho tiempo y reemplaza los encantamientos sobre las entradas para hacerlas más fáciles de usar. Draco no sabía sobre ello, pero lo sospechaba.

Nota del traductor: Ante todo, quiero dar las gracias a todos aquellos que se han tomado el interés de leer esta traducción y, sobre todo, a aquellos lectores que también escribieron reviews -y que espero que sigáis mandándolos, y a los que no, mandalos por favor (¡Que eso me anima a publicar antes!)-.

¿Qué os ha parecido el capitulo? Espero que os haya gustado, con toda su trama: Ginny ya está libre del diario y ya conoce de primera mano las maquinaciones de Dumbledore, mientras Draco y su abuelo idean un plan para acabar con los ataques del basilisco, aunque la aparición final de la bestia no se la esperaban.

Por otra parte, concuerdo con la teoría mostrada por Calanor en su nota del autor al respecto de la facilidad con que Ginny, Harry y Ron -sobre todo, el pelirrojo, sabiendo todos nosotros como de "inteligente" es- entraron a la Cámara de los Secretos, y que explica Draco en este capitulo. No sé a vosotros, pero si lo pensáis detenidamente cuadra su teoría.

A su vez, esperó que quedéis contentos con la traducción que he decidido escoger para la palabra que escogió Calanor para denominar a ese artefacto que podrá teatralizar la confrontación entre Harry y el basilisco para satisfacer los caprichos de Dumbledore en convertir y moldear al último de los Potter en el héroe que salve el mundo mágico de Voldemort y compañía. En inglés esa palabra era phantasmagoricon y, basándome en la palabra phantasmagorical (fantasmagórico en inglés), he decidido traducirla como fantasmagóricon.

Bueno, espero seguir pudiendo actualizar tan a menudo como últimamente, pero no prometo nada por si acaso. XD

Saludos a todos y todas.