Edward
Pase por la salida del instituto, pero Bella ya no estaba. Llame a Alice, enviado mi pregunta toda el tiempo. Fui a casa de Bella, pero no había nadie.
Me entro un pánico terrible. Fui a casa de mis padres, y me encontré con mi hermana.
-¿Dónde está? – le pregunte, sin ni si quiera preguntar.
-¿Quién? Emmet, en la cocina.
-Alice, te doy tres segundos para que me digas demonios esta Bella – levante la voz.
-En el médico – un dolor en el pecho, hizo estremecerme.
Tuve que obligarla de mala manera a que me diera la dirección. Salí enloquecido a buscarla. Casi atropello en dos oportunidades.
Entre ciego, buscándola en todas esas chicas. La vi sentada en la sala de espera. Quería matarla. Deseaba salir corriendo cuando me vio.
La agarre del brazo y la saque a jalones.
-Déjame, Edward – lo sentía por ella, pero no lo iba hacer.
-Acasos estás loca ¿Qué demonios pensabas hacer? – grite.
-Lo correcto – grito con lágrimas en los ojos.
-Te parece correcto dejar que mataras al hijo de la mujer que amo. La que deje todo por ella – se quedo sin palabras.
Estaba muy molesto con Alice, por apoyar a Bella con sus estúpidas ideas. Al llegar a casa de Bella. Alice y Emmet nos esperaban preocupados en la sala.
-Dime Emmet, si no estás de acuerdo con su embarazo. Me hare cargo de el cuando nazca, si no lo desean – el dudo.
-No, como crees es mi sobrino – dijo alterándose.
-Parece que tú hermana no o comprende – no iba a permitir ese crimen.
-¡Es mi vida! – grito Bella.
-Estúpida, no te atrevas puedo ser riesgoso.
-¿Por qué me hacen esto? – Ella no comprendía nada de lo que decían.
-Tú te lo buscaste – le reprocho su hermano.
-Emmet… - interrumpió Alice.
-Por favor Emmet no lo permitas – suplique – amo a Bella y más en estos momento.
Bella subió furiosa, refunfuñando en el camino a su cuarto. Su hermano subió y la dejo encerrada. Así no pudiera salir.
-No te preocupes Edward – no podía creer que tenía su apoyo. Me fui a casa más tranquilo.
Pasaron una semana, Emmet la llevaba y la traía al instituto. La encerraba nuevamente. Esa idea aun no se le quitaba de la cabeza. Alice tenía prohibida ir a visitarla.
Volví intentar verla, me gritaba "TE ODIO" desde su cuarto.
-Bella, déjame entrar – toque la puerta, a probar suerte.
-Vete, te odio a ti y a Emmet – gritaba.
-Entiende que te amo, por favor abre – se quedo callada, y dejo que entrara.
La estreche con fuerza entre mis brazos, la extrañaba y mucho. Necesitaba estar a su lado.
Acaricie su rostro y la bese.
-¿Podemos irnos? No quiero estar aquí – empaco unas prendas en su mochila y la lleve conmigo.
- ¿Por qué permitiste que me tuvieran en cautiverio? - frunció el ceño.
-Entiende amor, no quería que te hagas daño. ¿Ya cambiaste tu forma de pensar?
-NO, pero tendré que vivir con ella – el encierro le hizo pero.
Me dolía que hablara de esa forma. Pero era una niña inmadura y caprichosa. Debía darle tiempo a que lo asumiera.
La lleve a cenar y estuvimos dando vueltas por la ciudad.
-Quiero quedarme contigo – dijo de repente.
-Pero Emmet…
-Ese es tu problema amor – se rio. Estaba aprovechándose de mí.
Lo llame y estuve como media hora intentado convencerlo. Hasta que tuvo que intervenir Alice. Llegamos a al edificio.
Al subir en el ascensor Bella comenzó a desabotonar mi camisa.
-¿Qué haces? – me callo con un beso. Se froto a mi cuerpo. ¡Oh dios estaba poseída! Debía encerrarla más seguido.
No pude contenerme y respondí a sus deseos. Nos tocamos todo hasta llegar a mi piso.
Entremos casi desnudo al apartamento, ya en mi cuarto no trajimos ropas.
La senté en mi regazo, penetrándola, con placer. Extrañaba esa sensación. Se poyo en sus manos, arqueando la espalda. Comenzó a moverse de atrás y adelante. Mi miembro disfrutaba cada uno de sus movimientos.
Beses sus pechos erectos. Vino hacia adelante, la tome de los muslos subiéndola y bajándola. No paraba de gemir. Mordió mi labio con fuerza. Pero no sentí dolor.
Nos soltamos dos segundos para respirar, aproveche y la puse a gatas. Introduje mi miembro, haciéndola gritar de placer.
Bella se corrió dos veces. Me mentalice para que ella disfrutara.
Sus gemidos hicieron insoportable mi concentración. Un par de estocadas y me corrí dentro de su húmedo y estrecho centro. Disfrutando el momento.
Ella cayó rendida a la cama. Sin preguntar fui por dos vasos de agua, tenia seca la boca.
-Te encerrare mas seguido – le susurre al oído. Delatándome con todo su cuerpo desnudo, tendida en la cama boja abajo.
Tomo el vaso de agua, sin respirar. Sin dejar que me fuera, tuve que dejar los vasos en el suelo. La arrope con mis brazos, quedo totalmente dormida.
Acaricie su abdomen toda la noche, hasta que le hice compañía en sueños.
Bella
¡OH que bien me sentía! Era la primera vez que amanecía a su lado. Se veía tan perfecto en la mañana.
Me desperece, me levante, y me puse su camisa que se encontraba en la entrada. Me escabullí bajo las sabanas, y comencé a besarlo desde abajo. El sobresalto de la cama.
-Eres mi despertador que todos envidiarían – dijo somnoliento. Me sentía con más confianza, ahora estaba segura que me amaba.
Edward era solo mío.
El reloj marcaba las 8 de la mañana.
-¿Vamos a desayunar? – pregunte.
-No, Bella debo ir a trabajar ¿tú no tendrías que estar en el instituto?
-No, rendiré libre. Le dije al director que tengo una enfermedad y no iré a clase.
-Bella…
-No, Edward, no quiero que nadie sepa q, bueno tu sabes.
-Dios, Bella – suspiro.
Se fue a trabajar y me quede en su cama todo el día durmiendo.
Pasaron tres meses, ya había hablado con Emmet. Edward con sus padres y al mes más o menos nos casamos. Si lo sé, todo muy rápido. Pero así es el amor. Lo hicimos or civil, para no llamar la atención.
Amaba a Edward y el a mí, por lo tanto no fue un sacrificio. Lo bueno de esto es que tenía sexo todas las noches. El no me negaba nada.
De luna de miel no fuimos una semana a la campiña de Italia, fue hermoso y muy tranquilo. Me la pasaba en el hotel haciendo el amo, comiendo y durmiendo. Debía aprovechar el poco tiempo que me restaba para disfrutarlo.
Antes que no me reconociera frente al espejo. Edward no iba a quererme gorda, menos tener sexo así. Ag. Si yo fuera hombre ni ebrio tendría sexo con una embarazada. Me da…
Soy muy xenofóbicas con los embarazos, entienda, sin ofender a otras madres. Pero lo soy, no me vino la maternidad todavía.
Nuestro Dr. Cullen, el papa de Edward seguí el proceso de gestación, haciendo los estudios, controles, lo que se debe hacer. Me resultaba vergonzoso, aun no me encariñaba con "eso".
Tengo 17 años y "eso" no estaba en mis planes. La idea de ir a estudiar fuera, se esfumo. Con ello mi sueño de adolescencia.
Lo único que me tenía aquí, era el amor de Edward. No quiera desilusionarlo. Me brindaba toda la atención.
Alice y Emmet, estaban más entusiasmado que yo. Los síntomas eran la peor parte. Insoportable.
Odiaba que Edward me dejara, sola. Pero aprovechaba su ausencia par concentrarme en mis estudios. Solo me quedaban dos materias para "graduarme".
