Uff... ya se, tenía SIGLOS que no actualizaba, pero es que la universidad me tiene a full-time (para los que les interese, soy estudiante de veterinaria, jejeje... creo que eso dice mucho de mi y mi fic xD) en fin... mas vale tarde que NUNCA y aqui esta, tras meses de espera, la actualización de este peculiar fic.
A leer!
Capítulo 10
LAS CHICAS SÓLO QUERÍAN DIVERTIRSE
El televisor estaba encendido a medio volumen, mientras Itachi contemplaba en la pantalla el menú del videojuego con aire ausente.
Bip bip bip…
Sasuke le dio un codazo.
—¡Ni-san! ¡¿Vas a elegir armas este siglo o hasta el siguiente?! —apremió su hermano menor.
—Ya.
Itachi parpadeó distraídamente. Espetó un bufido corto y Sasuke se percató de aquello a lo que se refería su hermano. Hizo una mueca de desagrado… o más bien de recelo.
—¿Qué tanto miras hacia la casa de los Haruno? —gruñó el menor—Las chicas están bien, no tienes porqué tomarte el papel de guardián tan en serio.
Su hermano mayor se alzó de hombros.
—Sakura es mi responsabilidad… —explayó resueltamente. Tenía el rostro inclinado hacia un lado, percibiendo minuciosamente cualquier sonido o aroma proveniente del exterior. Su mirada estaba más concentrada en ello que en la partida de Bloody Ninja que debatía con Sasuke por séptima vez en la tarde.—…Además, la noche esta demasiado tranquila.
Sasuke sólo respondió con un "hump" y estuvo a punto de adelantarse en el videojuego y propinarle una buena tanda de golpes y combos al personaje elegido por su hermano, cuando un tronido abatió una de las cajas de fusibles del exterior de la casa, y toda la cuadra se sumió en tinieblas.
Itachi se había levantado hacia el instante, yendo hacia la ventana. Su mirada escrutaba el exterior y esbozó un gruñido bajo. Sasuke fue hasta donde él, intentando encontrar aquello a lo que su hermano se refería.
Y lo encontró. Fue sólo por un fugaz momento de casi dos segundos, pero estuvo perfectamente seguro de haberlo visto al igual que Itachi. Una sombra difusa y correosa había pasado, casi deslizado entre la barda divisoria que separaba al bosque de las casas de enfrente. Algo suficientemente grande como para pasar por algún depredador salvaje…
—¿Eso era…?
Itachi interrumpió la interrogante de su hermano menor.
—Creo que tenemos visitas. —aspiró profundamente el aire, mientras su garganta ahogaba un gruñido ronco y canino. —Ve y asegúrate que Sakura y su amiga estén bien, yo iré por nuestros padres.
Sasuke le vio ir resueltamente hacia el corredor de la entrada de la casa, quitándose la camisa y desabotonándose el pantalón. Una marejada de pelaje negro y grisáceo comenzaba ya a cubrir la espalda de Itachi.
—Para esta hora, papá y mamá seguramente estén a mitad del terreno del bosque —indicó Sasuke mirando la altura alcanzada por el cuarto creciente—Los Haruno también han salido de caza.
—Mejor aún, entre más seamos, más podremos cerrarle el paso a lo que sea que haya entrado a nuestros dominios —la voz se había convertido en un gruñido gutural, acompañado del crujido de huesos y tendones.
Itachi lanzó un fuerte resoplido y salió en dirección al bosque, perdiéndose entre los matorrales en pocas zancadas.
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Ya pasaba de la media noche, cuando un apagón puso en penumbra todo el vecindario suburbano de Konoha.
Antes de eso, Ino Yamanaka había estado pasando airosamente las páginas de una de las revistas de moda que había traído, junto con una pila de discos de música y demás chucherías traídas de casa.
Habían decidido acampar en el jardín del domicilio de la pelirrosa y ésta había accedido, trayendo consigo el televisor portátil, acarreándolo sin dificultad desde el ático y conectándolo con un cable extensor a través del enchufe que daba a la cocina.
La noche era apacible y realmente bien merecía un poco la pena salir fuera de casa aunque fuese momentáneamente. Con una brisa tenue e inusual tratándose de una noche de mediados de septiembre.
Y silencioso como una tumba. Ni siquiera se podía escuchar el eco de las cigarras.
¿La calma antes de una tormenta? , aquello surgió en la mente de Sakura mientras abría una tercera bolsa de frituras y escuchaba a Ino quejarse de la pésima distribución de tiendas en el centro comercial; con aquella vocecilla aguda y estridente abriéndose paso entre el sonido de la inestable transmisión del televisor.
Miró distraídamente sobre su hombro, notando por detrás de la perniciosa cerca del jardín, la casa de los Uchiha al otro lado de la calle, que permanecía también en silencio y casi a oscuras, a excepción del foco del pórtico y una de las habitaciones.
Se preguntó momentáneamente si habrían salido de caza también… o si presentían esa peculiar calma en el aire…
Y si tal vez…
—¡Oh por Kaaaaaaami! —el grito de Ino emergió de entre sus cavilaciones y Sakura casi dio un brinco.—¡Coooorre! ¡Corre idiota! ¡Esta justo detrás de tiiiii!
Notó a la rubia gritarle efusivamente a la menguada imagen del televisor, donde una muchacha de pantaloncillos cortos corría entre un sendero boscoso huyendo de un tipo con una máscara de hockey. Éste estaba a punto de arrancarle la traquea a la pobre víctima –cuyos gritos eran más moderados que los de la propia Ino- cuando la imagen se emborró en una abrupta pantalla negra.
Igual que el farol de la acera, la luz del interior de la casa y todo el alumbrado público.
—¡Aaaaaaah! —esta vez la ultrasónica voz de la joven rubia retumbó como un chillido augdísimo en el tímpano de Sakura, haciendo que ésta le diese un codazo a su amiga intempestivamente—¡Ouch! ¡Eh, eso dolió, frentesotaaaaa!
—No más que tus gritos esquizofrénicos, "cerda" —acusó la joven pelirrosa, mientras miraba de reojo hacia la ventana. Una penumbra sobrecogedora había caído en toda la calle, incluyendo en la casa de los Uchiha. Se levantó yendo hacia el interruptor de la luz alterna del jardín moviendo el switch sin obtener respuesta.—¡Rayos, justo lo que faltaba!
—¿Crees que haya sido un fusible o algo así? —Ino preguntó con la voz ahora en un hilo.
No es que estuviera nerviosa sino que simplemente la oscuridad era una de sus cosas menos favoritas… seguido del hecho de que estaban solas en una de las zonas más escampadas de la rural Konohagakure.
Ah, solas, a oscuras y justo a un par de días de la desaparición de un tipo en medio del área del bosque. Terriblemente propicio.
—No lo creo —Sakura intentó aguzar el oído, instintivamente por encontrar alguna pista, sin embargo todo cuanto podía escuchar eran los latidos nerviosos y la respiración tensa de Ino Yamanaka—… si fueron los fusibles no tendría por qué irse la luz en toda la calle. Tal vez fue uno de los generadores o…
—¡El tipo de la máscara de hockey! ¡Terminará su venganza y nos asesinaraaaaaa!
—¡Ino! —reprendió Sakura mientras miraba un tanto nerviosa hacia el oscuro sendero que daba al bosque, justo detrás de su casa. Volvió su atención a la rubia—Creo que deberíamos entrar a la casa.
—¿Y si mejor vamos a casa de tus adorables vecinitos? —la rubia intentó sonreír pícaramente, aun a pesar de la palidez de su rostro.—Apuesto a que por lo menos tendrán una lámpara de mano que les sobre ¿no?
Dijo al tiempo en que buscó a tientas la linterna de mano. Revolvió las revistas, las bolsas vacías de patatas y estuvo a punto de tirar una de las botellas de dos litros de soda, cuando unos dedos se aferraron a su hombro.
Una mano nudosa y helada.
Esta vez el grito había resonado proferido por ambas chicas.
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Habían estado caminando en sigiloso y discreto ademán desde el último desvío rural hacia la descampada área del bosque, cargando una linterna cada una en la mano y la mochila de la escuela. Nada sospechoso, a la vista de cualquiera, sólo eran dos chicas que iban de excursión al bosque…
…la vieja cámara Sony en la mochila de Kin quedaría sólo un simple accesorio de viaje. Nadie tendría porqué preguntas y mucho menos revisar lo que hubiese en la cinta de ésta ¿o si?
La idea era vaga, sin muchos fundamentos y puede que hasta boba, si se mira con el ojo analítico de un adulto, pero para Tayuya, esto no sería sino el inicio de un largo camino de venganza y satisfacción personal, después de todo no había nada que le diese mayor satisfacción personal que la humillación de aquella gente patética que merecían un poco de disciplina "al estilo Tayuya"; y aquella alimaña de pelo rosa se lo había ganado a pulso.
Nadie le había humillado ni tan repetidamente ni con semejante descaro; la patada durante la fiesta, el empujón durante la clase de gimnasia y el lanzamiento borde con puntería homicida en aquella práctica de quemados había sido la gota que derramó el vaso… y Tayuya había llegado al límite.
Y el momento era preciso para el detonante de su advertencia. La peste pelirosa estaría sola –la rubia no importaba, era tan inofensiva como un insecto- y ella y Kin tendrían mucha ventaja. Un buen susto, aprovechando la negrura de la noche, la cámara sólo serviría como testigo fílmico de las reacciones de las aterradas chicas; Kin se encargaría de editar el video y hacerlo circular por toda la escuela, después de todo, para eso estaban las redes sociales.
Y ése sólo sería el inicio… el resto…
Craaap
El sonido fue ahogado, como el que se escucha al pisar un embutido o una bolsa con comida rancia.
Esto alertó a Tayuya, haciendo que dejara sus pensamientos de futura venganza y mirara inmediatamente al suelo, visiblemente cubierto sólo por altos hierbajos.
—¡¿Qué caraj…?! —Tayuya se había detenido abruptamente y Kin casi choca contra ella. Levantó el pie apenas notar que la suela de sus botas rozaba contra algo pastoso. Se limpió la suela airosamente contra una piedra plana—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
Un bulto amorfo reposaba justo debajo de su pie, y se extendía un poco más hacia delante de donde estaba. Oyó a Kin proferir un gritito corto. Tayuyá bajó la linterna, aluzando aquello.
De lejos, cualquiera podría haber notado que se trataba de un montón de trapos desperdigados, a no ser por la contextura húmeda y rojiza. Tayuya dio una patada hacia aquello y provocó otro ruido sordo, mientras algo escurrió más densamente de aquella masa. No eran trapos, no eran hojas secas… era el cuerpo de algo… o alguien.
Un medio torso, sin forma y sin cabeza o extremidad que siquiera denotase si fuese animal o humano. Sólo era una bola maltrecha de cartílagos y sangre, como si alguien hubiera agarrado lo que sea que hubiera sido cuando estaba vivo y lo hubiese vuelto al revés.
— ¿E-E-Eso es un… animal o qué? —apremió Kin con la voz en un murmullo, casi agudo, intentando ocultar el pánico en su respiración.
Tayuya parecía inmutada. Se inclinó cerca del cuerpo, para vislumbrarlo más detalladamente con la linterna. Había unos mechones de pelo y el vestigio de una garra felina en medio del revoltijo de tejidos. Inclusive le pareció encontrar un collar con cascabel hundido entre los jirones carmesí.
—Era un gato… a lo mejor un auto lo arrolló o no se… —dijo resueltamente.
—O algo lo cazó… —musitó Kin—Estamos cerca del maldito bosque y sabes que hay toque de queda… ¿y si hay osos o pumas? ¡Un gato no termina asi si lo atropeyan!
Tayuya miró hacia un lado y hacia otro, con una sonrisa maliciosa en su semblante.
—Me vale un carajo, sin embargo puede servirnos.
—¡¿Qué?! —Kin retrocedió al instante—¡No jodas! ¡No voy a tocar esa cosa!
Como gesto perentorio, Tayuya sólo alzó la linterna directamente a la cara de Kin.
—No te estoy preguntando si quieres, estúpida. —increpó, mientras empujaba con el pie la masa sanguinolenta—Ayúdame a levantar esta porquería ¡ahora!
La chica de pelo negro lanzó un bufido de reclamo, y estuvo a punto de inclinarse para tocar aquella cosa, cuando oyó crujir unas ramas.
Algo se movía en la espesura, algo bastante grande.
—¿Q-qué fue eso…? —Kin se quedó quiera y helada.
Tayuya ladeó la cabeza a su vez, imitando a Kin instintivamente sin darse cuenta, y tendió el oído.
—A lo mejor otro puto gato…
—Eso fue… muy grande para ser un gato… —la chica de pelo negro tragó hondo y se irguió como si le hubieran electrizado—¡Yo me largo!
Tayuya estuvo a punto de agarrarla del brazo y detenerla a la fuerza, hasta que aquel sonido, al principio lejano, se tornó muy… muy cercano, iba hacia ellas de un modo alarmante. Kin sintió que el sudor le manaba de la frente y le resbalaba por las mejillas agrietadas por el frío.
Jadeaba… y Kin sentía que hasta podría sentir un aliento cálido cerca de su nuca…
Ahora ya no pensaba en un gato, o un oso o un puma...
Ahora ya no sabía en qué pensaba.
Y entonces, una ardilla pasó corriendo entre ellas, rodeó los restos del gato muerto y se perdió en la espesura de unos matorrales. Un silencio sepulcral reinó y ambas chicas quedaron enmudecidas, por una fracción de segundo. Tayuya rompió el silencio con una carcajada tosca y atronadora.
—¡Jajajajaja! ¡Idiota! —se burló lacónicamente—¡Solo era una puta ardilla! —le dio un codazo a su amiga, ésta aun estaba pálida como la cera—¡Una jodida ardilla hizo que te cagaras de miedo! ¡Ja j…!
Pero la risa murió en los labios de la joven de pelo magenta cuando una sombra, enorme y deforme se alzó, como una ráfaga de viento de invierno y empujó a su amiga. Tayuya soltó la linterna, esta se apagó al impactarse sobre la tierra, dejando todo en una infernal oscuridad.
Algo había empujado a Kin, quien fue derribada como quien tira una bolsa de basura. La mochila cayó, y la cámara rodó entre la maleza. Kin había proferido algo y Tayuya vio que estaba a punto de ponerse en pie… y de la nada, tras un grito entrecortado, desapareció en las penumbras de la noche.
Brotó un grito estridente y frenético que subía y bajaba de tono con histéricas oscilaciones taladrándole los tímpanos y helándole la sangre. La voz de Kin se quebró en un áspero cacareo como se parte una roca por una falla múltiple, subió en un chillido agudo y se cuarteó en un gorgoteo que, antes de apagarse del todo, sonó como un sollozo.
Para entonces, Tayuya había echado a correr, yendo en dirección contraria hacia el camino rural el cual habían estado bordeando. Todo estaba oscuro y apenas y pudo notar el pavimento de la carretera.
Siguió corriendo, corriendo y corriendo… mientras que la imagen de Kin desapareciendo a merced de la espesura del bosque se negaba a apartarse de su mente.
No deparó en la mochila de Kin, ni en la linterna… ni en la cámara.
Ni siquiera al llegar a la caseta de policía, cerca de una vieja estación de combustible. Las palabras habían emergido de su garganta pero no había consciencia en ello.
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Dos lobos; un macho y una hembra trotaban a cuatro patas, con paso largo entre los árboles, siguiendo el rastro de un ciervo. Éste se había escabullido ágilmente entre la maleza que daba hacia el camino rural, fuera de los seguros dominios del bosque.
En cercanía de alguna casa de campo, tal vez a tres kilómetros de donde estaban, un perro ladró y aulló escandalosamente al captar su presencia.
"Rayos" —gruñó Kizashi roncamente, aun intentando encontrar el rastro del ciervo—"¡Estaba a punto de alcanzarle si no fuera por ese escandaloso chucho! ¡Pero ahorita le muestro quien manda!"
"¡Cielo!" —apremió su compañera a espaldas de él.
Cerca, peligrosamente cerca, se oyó el bramido de una alarma, rugiendo como un río que corriera por el lecho del cielo. Las luces fluctuantes de dos patrullas de la cabina de guardabosques resaltaban en la cercanía con un aire casi espectral.
Cinco oficiales estaban alrededor de los vehículos, dos civiles y lo que parecía ser una joven, con las ropas revueltas en barro y tierra, hablando monosilábicamente.
"¿Qué diablos...? —Kizashi susurró roncamente, oculto tras unos matorrales junto a Mebuki—"Ya decía yo que tanta tranquilidad era demasiado bueno para ser verdad"
Otra silueta avanzó entre la maleza. Una loba de pelaje negro ébano, resollando apuradamente.
"Algo entró al territorio"—resopló Mikoto.—"Debemos irnos…"
Apenas habían avanzado medio metro, cuando una codorniz emprendió el vuelo, asustada de entre la maleza. Uno de los oficiales se volvió en redondo en dirección a aquel ruido. Había empuñado ya el arma. Los había visto y abrió mucho los ojos mientras apuntaba y apretaba el gatillo.
La pistola disparó, y un trozo de corteza saltó de un árbol próximo a la cabeza de Kizashi. El policía disparó otra vez, pero ninguno de los tres lobos estaba allí. Habían logrado escabullirse entre el espeso follaje, y la bala silbó afortunadamente lejos.
—¡Aoba-san! ¡Aoba-san! —gritó el palidecido oficial a su superior—. ¡Lobos!
El llamado Aoba Yamashiro, había empuñado su arma y la farol de vigilancia de mano, aluzando cuanto podía y sin encontrar nada.
—¿Lobos? —bufó Aoba—. ¡Por aquí no hay lobos! —bajó el arma, volviendo a activar el comunicador que daba hacia la central de guardabosques, encontrando sólo intermitencia al otro lado de la línea—¡¿Dónde diablos se mete ése tal Uchiha cuando se le necesita?! ¡Se supone que es el jefe de guardabosques! —colgó enfurruñado y miró despectivamente al oficial—¡Lobos! ¡Vah! ¡Cómo si en ese desolado bosque hubiese…!
—¿Qué clase de lobos, Aoba-san? —inquirió una voz a sus espaldas.
El aludido se dio la vuelta, encontrándose con un hombre mayor de cuarenta años, cabellera platinada y desgarbadamente larga. Una porfiada sonrisa asomaba de su rostro, despreocupado y adusto.
—¿Quién es usted? —Aoba interrogó distante.
El sujeto extendió una mano y su sonrisa se amplió.
—Jiraiya, escritor a medio tiempo, investigador y exterminador de plagas de mayor escala —se presentó escuetamente. Aoba estrechó la mano por reflejo—Ahora dígame, ¿De qué tipo de lobos estamos hablando?
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En la sala de su casa, ahora iluminada por la linterna de mano y un par de velas, Sakura apenas se repuso del susto provocado por Ino. Miraba desconfiada a Sasuke mientras éste aún se pasaba una mano por la sien, tratando de aliviar el tremendo moretón dejado por la pelirrosa.
—¡Mi hermano tiene razón, tienes la mano pesada como un yunque!
—¡Ey, tú nos asustaste! —apremió Ino—¡Odio que me tomen del brazo así de la nada! ¡Además tienes las manos heladas!
—Oye…
—Ino tiene razón —defendió Sakura. Bajó un poco su aprensión—Y toda la cuadra está a oscuras, ¿Cómo iba a saber que eras tú?
Sasuke, aun resentido, sólo meneó la cabeza de un lado a otro.
—Olfato, "novata" —susurró, levantándose y escrutando en derredor—Revisé los fusibles, parece que el problema fue en uno de los conectores generales del vecindario.
Ino se llevó ambas manos a la cabeza en un gesto exagerado.
—¡Ay no… o sea que pasaremos a oscuras el resto de la noche…!
—Y posiblemente mañana también —completó Sakura. Ino gimoteó más estruendosamente. —Lo que no entiendo es porqué… no hubo tormenta ni…
Sasuke se dejó caer en el sofá, a un lado de ella, con las manos entrelazadas sobre el mentón.
—Arrancaron los cables. —murmuró —Alguien o algo los desconectó a propósito.
—¡El asesino de la máscara de hockey! —chilló Ino.
Sakura estuvo a punto de decir algo, cuando el eco lejano de dos truenos resonó en el vacío de la noche. No, no fueron truenos, la reververancia del sonido provenía de dos disparos.
Los tres jóvenes contuvieron el aliento, aun Sasuke pareció palidecer fútilmente. Ino se llevó los nudillos a la boca, ahogando un chillido más agudo aun.
—E-e-e… ¡¿Esos fueron balazos?!
Ni Sakura ni Sasuke fueron capaces de contestar. Sakura sintió un nudo en la boca del estómago y un escalofrío recorriéndole la nuca, hasta que un tercer estruendo abatió el silencio. El portón que daba hacia el jardín se abrió por lo que parecía un tosco y brutal empujón. La pelirrosa se adelantó por inercia seguida de Sasuke; y todo habría quedado como mero malentendido si…
…si Ino no estuviese allí.
Dos siluetas enormes habían entrado por la puerta trasera ahora abierta de par en par. Una tercera se le sumó, andando un poco más lento. Sakura les reconoció al instante.
—¡Mikoto-san! ¡Mamá, papá ¿Qué están haciendo aquí asi…?!
"Hay vigilancia por todo el bosque, parece que alguien más desapareció" —explicó brevemente Mikoto. Se dirigió a su hijo—"¿Tu padre y tu hermano aun no vuelven?"
Sasuke negó en silencio.
—Los disparos… escuchamos unos desde el bosque —completó Sakura.
"Si, uno de los subordinados de Fugaku, para variar ... ¡No hay peor cosa que un humano asustado y armado!"—aquejó Kizashi, siendo interrumpido por un grito agudo y corto desde la sala.
Sakura se giró al momento, notando a Ino pálida, balbuceante y al borde de un colapso nervioso.
—L..l…lo…lobos…
—¡Ino… p-puedo explicarlo… yo…!
Sakura intentó dar una resuelta y lógica justificación… aunque por respuesta lo único conseguido fue que Ino se desplomó inconsciente sobre el sofá.
Y eso sólo había sido el inicio de un cúmulo de problemas…
CONTINUARÁ
N/A: bueno, nuevamente estamos en el camino y... las cosas se complican un poco, Ino parece que ya se ha enterado del secretito de Sakura... ¿cómo lo tomara?
Esten al pendiente y sigan con la incognita de este fic que podria terminar en SasuSaku o en ItaSaku xDD (si soy mala, no se los diré! xDD)
y ya saben, comenten, que sus reviews son el mejor agradecimiento para esta ficker!
