Disclaimer: La saga Twilight, no es mía, es de la maestra y majestuosa Stephanie Meyer, yo solo hago una travesura con los personajes, porque mi musa ha estado furiosamente al lado mío, mientras voy escribiendo. No me maten es mi primer fic. ¡Bienvenids!

Recomendación musical: La cosa más bella – Eros Ramazzotti


Decimo capítulo:

Mi pesadilla endulzante.

POV Edward.

Trabajo y más trabajo revestido en él para olvidar mi pesadilla diaria que me persigue con mucho valor, para torturarme día a día acabándome, y no encontrar una luz o esperanza tratando de salir de este embrollo. Nuevos amaneceres ganaban a mi presencia, empapado de sudores y temblores mientras martillaba mi mente para borrar los episodios que atormentaban sin perdón. Escuché el sonido de un celular haciéndome salir del aturdimiento mental, la melodía que acompañaba mi cuarto era de Bella.

-Mi vida- manifesté en forma sensual.

-Edward…- respondió un poco ruda.

-¿Qué te sucede mi diosa?- pregunté preocupado.

-Puedes venir hasta donde Ánge ya, se me desmayo y no responde- contó acongojada.

-Ya voy mismo para allá, estoy cerca, estoy allí en unos minutos.

-Te espero.

Salí de la casa corriendo para llegar al destino de Bella con mi volvo, llegué en menos de cinco minutos, timbré y enseguida abrió la puerta mi diosa, cargaba un semblante pálido y preocupado, me invitó al segundo piso donde sabría que estaba Ángela. Subí con ella, entré al cuarto guiada por Bella, y realmente estaba inconsciente, así que la levante con cuidado y bajé con ella para llevarla a la clínica, mi diosa entró en la parte trasera del volvo para cuidar a su amiga. Yo arranqué lo más veloz que ofrecía el carro, arribamos frente al lugar y cargué de nuevo a Ángela, entramos en él, mientras bella buscaba una camilla y la colocaba con delicadeza en ella, apareció una enfermera, ella nos pregunto por la desmayada, Bella se limitó a responder las preguntas y nos sentamos mientras rellenaba un formulario, le di un beso en su suave y tersa mejilla, olí profundamente su aroma natural, ella giró su cabeza para admirar mi semblante, un dedo surcaba bajo mis ojeras notorias con una caricia. Preguntó por mi expresión cansada, le contesté con gentileza sobre mi trabajo del día de hoy. La acompañé mientras llevaban a su amiga a una habitación, refugié a mi Bella en mis brazos.

Ella en mis extremidades la sentía tan frágil humana, delicada y acongojada, reverenciaba tenerla de vuelta para mi, adoraba su calor humano, sus latidos del corazón como sinfonía para mis sentidos, ella despertó con tranquilidad que había llegado el doctor a atender a la paciente. Bella pacienzudamente respondió las preguntas realizadas por el doctor. La admiré con intensidad, me acerqué ligeramente a su rostro para besarla, sentía esta necesidad de tener un mimo afectuoso con ella, nos separamos, ya que ella quería seguir vigilando a su amiga. En unos minutos regresó la enfermera para atender a la paciente, le pasó el algodón bajo su nariz y ella reaccionó suave. Habló entrecortado con mi Bella, se desesperó en un momento porque se sentía perdida tratando de levantarse, pero mi diosa la había consolado, regresó nuevamente el doctor y le hizo unas interrogaciones. La pregunta más terrible al hacerle a la paciente arrojó unas lágrimas y Bella la abrazaba calmándola y felicitándola, yo me acerqué para darle un abrazo y felicitarle por su nuevo miembro en la familia que vendría.

Con Bella nos despedimos de ella, porque deseaba que nos marcháramos a descansar, avanzamos hasta la salida y luego nos dirigimos hasta mi volvo, abrí la puerta del lado derecho para que entrara mi diosa, cerré a su vez la puerta encaminando hacia mi lado, entré y arranqué hasta la casa de Ángela. Admiré su semblante cansado y adquirí una sintonía dudosa.

-Yo me sigo quedando aquí Edward- afirmó decidida.

-No hay problema princesa- asentí con tristeza.

-Pasa buenas noches cariño- me abrazó dándome una caricia melancólica en mis labios. Amaba y añoraba esos locos labios rosados y apetitosos

-Tú también hermosa, aunque no las pasaré bien- conté acongojado.

-Tú puedes cariño, esta separación también la hago es para arreglar mi situación con Jacob.

Su nombre causó enfermedad al instante en mi cuerpo, el hombre quién sin interés la acompañó en su momento más delicado del accidente, fui muy egoísta reconociendo el error más estúpido que había tomado… alejándome de ella, también que me había dejado un mal sabor al saber que ella no me reconocería porque había mandado a investigar el estado de mi diosa. Afirmé desganado, se bajó del carro cerrando la puerta y agito su mano en señal de despedida, arranqué enseguida, mi alma se llenó de soledad al instante por no poseerla en mis brazos, expresé muchas maldiciones mentales odiándome cada vez más, manejando llegué a un lugar para ahogar mi dolor en alcohol, ansiaba embriagarme para perder una vez más mi pesadilla que acosaba cada instante mi alma.

Aparqué y entré a un bar, me senté en una de las sillas frente a la barra y pedí un trago de tequila al barman para iniciar, me dejaron la copa mientras servía de él llenándola, atrapé la copa y me tomé todo el líquido, mientras el néctar alcohólico quemaba mi garganta y mi esófago, mi mente se llenó de nuevo ese recuerdo maldito que me dejaba indefenso, escuché una voz… giré mi cabeza y divisé su persona.

-Hola…-susurró sensualmente.

-Hola- contesté con apatía.

-¿Cómo estás nene?- preguntó con más sensualidad arrolladora. Mi cuerpo no había reaccionado frente a la mujer, pero la palabra nene me hizo alucinar llenándome de ira, bajé mis manos escondiéndolas en mis piernas apretándolas duro porque deseaba pegar a alguien, descargar mi rabia que empezaba a acumular. Mi semblante reflejaba una seriedad absurda, no tenía ganas de platicar con aquella mujer. Contesté rudamente mirándola mal, enfrentó mi respuesta haciéndome una mueca visible en su rostro y se fue alejando y echando palabrotas murmurando.

-Otra copa más, por favor- pedí al barman ignorándola.

Me sirvió de nuevo otro trago mientras pensaba en el pasado, sus ojos achocolatados que habían cautivado sin permiso mi corazón, extrañaba terriblemente estar a su lado, pero todo por una mala decisión que había tomado y me había alejado de ella, mi alma se hallaba con cobardía por no haberla ayudado, y que este día no me lo perdonaba cuando había dicho a mi hermosa dama que viajaba nuevamente a mi país para reencontrarme con ella con ansiedad, por una llamada que le había hecho y negué su petición para vernos después de su trabajo el día más trágico e inofensivamente terrible saber que había tenido un accidente y yo estaba perdido en mi diversión inmunda. Tomé nuevamente de un sorbo el trago, como todo macho sin hacer muecas lo pasé recogiendo coraje en mi ser, mi cabeza empezaba ya hacer estragos suaves y movimientos haciéndome hundir más mi ser sintiéndome pequeño e inmoral.

Una fulminación dócil que atravesó en mi consciencia, recordando el color de sus ojos, su mirada natural y maravillosa me embargó una tortura por estar con deseos hacia ella nuevamente, tomé una decisión, pagué al barman, el momento que me había levantado de la silla, sentía mis pies que caminaban por el aire, pero mi humor estaba de patada, salí del lugar, era una noche sin estrellas, entré en mi carro y arranqué para llegar a su destino, manejé lo más leve y aparqué frente a la casa. Salí y encaminé hasta la puerta golpeando de ella enérgicamente, había admirado antes que estaba todo apagado, pensaba si era adecuado llegar a estas horas, había decidido venir hasta aquí estar con ella, necesitaba su oxigeno, moría cada día con una pequeñísima esperanza por aguardar y enfrentar mi pasado con ella.

Abrió la puerta a los pocos minutos y me contempló sorprendida.

-¿Qué pasó cariño?- preguntó casi sin voz.

Entré al territorio abrazándola fuerte, mientras sus brazos me rodeaban en el cuello. Ella se separó de mí apreciando un vacío en mi cuerpo, su calor calmaba mi dolor, prendió la luz.

-Bella…- la reparé perdidamente. Mi mente bailaba haciéndome perder con facilidad mi mirada, ella cogió mi rostro para observarme pero no podía controlar ese movimiento que se desviaba mis ojos y no los contenía, ya no tenía control sobre ellos. Cerró la puerta y me guió hasta el segundo piso caminando perdido, entramos al cuarto y me sentó en la cama, me quitó los zapatos, la chaqueta, la corbata y la camisa, me soltó un poco mi pantalón a la vez quitándome la correa, me acosté mientras mi diosa me arropaba con las cobijas, enseguida mis ojos no dieron tregua para tenerlos abiertos sino que automáticamente se cerraron sin trabajo para dormir, agradeciendo mentalmente por la atención de mi diosa, ella al rato se acostó a mi lado, ofrecí mi brazo para arruncharla conmigo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

En mi séptimo cielo había sentido un tacto endulzante en mi frente, abrí mis parpados lentamente hasta encontrar su imagen ante mí, un ángel hermoso, sus ojos achocolatados inmersos y llamativos que atraía mi mirada perdiéndome en ellos, asumí que estaba con ella haciéndome disparatar porque su reflejo, su aura tan esplendorosa pensando que era un ángel, ella con su voz arrolladora me calmo con un abrazo lleno de dulzura, luego sentí una punzada de dolor en mi cabeza quejándome intensamente.

-Me duele la cabeza- comenté con voz ronca.

-Si mi adonis, anoche estuviste tomando y llegaste aquí, ¿cómo lo hiciste?

Cerré mis ojos como si quisiera meterlos dentro de mi cabeza recordando la noche anterior.

-Ay Bella, perdóname por favor, no sé qué me pasó, recuerdo cuando fui a un bar sintiéndome como el ser más miserable del mundo, bebí pero no fue mucho.

-¿Porqué te sentiste así cariño?

-No puedo decirte, sólo me llegó el recuerdo y quedé destrozado nuevamente.

-Edward…- se paró de la cama bruscamente, su semblante ya recorría un haz de rabia.

-Amor…- susurré con desconsuelo.

-No, Edward, me estoy cansando de esta circunstancia, me pones entre la espada y la pared, te advierto, pronto necesito saber de tu desaparición en mi vida, nos vemos en estos días en tu casa.

Salió disparada del cuarto dirigiéndose al baño encerrándolo a su vez, caminé hasta allá para golpear y hablar con ella, pero mi dolor golpeaba mi alma desnutriéndola cada vez con mas violencia, insistí hasta más no poder, entré al cuarto y me coloqué el resto de ropa, terminé de ello y bajé para salir e irme. En definitiva, estoy perdido, no tengo arreglo, entré a mi volvo y puse andar, quería morir en este instante, manejé por la carretera desviando toda mi atención en llegar a la casa sino que deseaba ir a otro lugar y olvidarme que existo en esta vida, lleno de congoja mi alma, seguí conduciendo sin dirección, sin fijarme en el destino, el paisaje cada vez se volvía más gris, sin vida, frio, sin color, una mezcla de emociones agolparon mi ser al identificarme en él.

Aparqué el carro a la orilla de la carretera cerca de un mirador, salí y caminé hasta donde terminaba el observatorio, me acerqué hasta cerca del abismo, me senté, admiré el paisaje impávido y baje mi cabeza al mirar el vacio que daba el final del mirador, al divisar allí, mi corazón empezó a palpitar vigorosamente, mi ser se atiborró en un mar de conmociones que colisionaban una tras otra, inevitablemente mis ojos empezaron a arrojar gotas saladas y nublar mi vista, cerré apretando las ventanas de mis luceros, pase mis dedos en ellos, alcé la cabeza, los abrí suave y allí admiré un haz de sol ocultado entre las nubes, a la vez que golpeaba tiernamente a mi vista. Una imagen que tocaba avisando su existencia, sonreí tenue por esta personita, cuando pequeño ella me acogió en sus brazos en un momento trascendental y cruel de mi vida, Elizabeth Masen, su sonrisa me hizo regresar a la realidad, no deseaba llegar a la casa, más bien iría donde la mujer de las flores, conocía a Bella como la palma de su mano. Pasé mi mano al lado de mi corazón y lo sentía muy enérgico, mis latidos demostraban el sentido de la vida, me levanté y regresé al volvo, puse a andar regresando de nuevo a Forks.

Así pasaron horas también en el retorno, llegué al lugar deseado, sabía que siempre tendría los brazos abiertos para mí, situé de nuevo el carro al frente del local, y entré allí.

-¡Buenas tardes má!- saludé enérgico.

Se fue asomando desde el corredor hasta llegar, admiré su rostro siempre relajado pero con un aura maternal que derrochaba a miles de metros, me acerqué a ella para abrazarla, me rodeó de sus brazos desgastados y frágiles pero muy amorosos. Le sonreí mientras le regalaba un beso en su frente a la vez le acariciaba sus mejillas arrugadas pero todas son cumplidas por su madurez. Ya casi era el ocaso del día, así que mi má cerró el local para poder platicar con tranquilidad, ya que había percatado de mi depresión. Me miraba intensamente como si quisiera esculcarme en el fondo de mi ser, ella es una persona muy perceptiva, sabe canalizar energías y sintió la crueldad que cargaba mi energía. No tenía voz para hablarle, había agachado mi cabeza para que no me mirara mas, sabía que llegaba aquí y a veces sobraban las palabras.

-Hijo mio…- susurro como una armonía suave para mis tímpanos.

-Ma…- murmuré indiferente con la cabeza gacha.

Ella se levanto de su sitio para sentarse más cerca a mi lado, cogió con dulzura mi mentón con sus dedos, me divisó con tanta ternura y había comprendido que solo deseaba escucharme. Me armé de valor para iniciar el dialogo.

Al platicar, al comienzo comencé sin alientos, pero cada palabra que arrojaba al aire, sentía que mi alma iba descansando de una carga pesada, ella me daba la facilidad de relatar sin que me juzgara o recriminara sobre mis acciones. Solté todas mis amarguras, no me gustaba compartirlas porque era muy celoso de ellas, pero con mi má no podía renegar nada, inspiraba confianza. Su cara registró toda clase de emociones a medida que narraba todo los sucesos que en los pocos días había compartido con Bella. Me invitó que la acompañara a su cocina, la palabra cocina fue un golpe en mi estomago, ni en la mañana y en la tarde había alimentado mi cuerpo, ella me miró sorprendida por mi acto involuntario del canto de mi estomago, yo sonreí apenado.

-Edward…- me miró entrecerrando sus ojos.

Agaché mi cabeza para no observarla ya que realmente me había desolado. Levantó de nuevo mi mentón y me miró, me perdí de nuevo en sus ojos color azules intensos.

-¿Hace cuánto que no comes?- preguntó con sabiduría.

-Desde esta mañana- confesé.

-Entonces prepararemos una gran cena para alimentarte.

Asentí, la acompañé hasta la cocina, mientras se puso a hacer la cena, ella realmente comía poquito como los pájaros, pero haría eso por mí, platicaba y de vez en cuando me dejaba ayudar a preparar para agilizar el tiempo, terminamos en un lapso de media hora, y servimos entre ambos, llevamos hasta el comedor pequeño que había aquí e iniciamos con la comida sagrada, mi estomago se puso contento cuando comencé a comer mientras seguía platicando con mi hermosa dama que estaba al lado mío. Acabamos con la cena, le ayudé a lavar los platos, salimos a su sala que quedaba al otro lado de su casa hermosa y acogedora.

Estuvimos allí un rato, miré mi reloj y vi que ya era hora de partir, contemplé a má, ella me sonrió diciéndome que no se fuera y se quedara una noche con ella, lo cavilé y accedí al instante. Me ofreció el cuarto del huésped la cual sonreí, me despedí de ella con un beso en su frente, admiré cada rincón del cuarto con un color suave cremoso de índigo, me quité toda la ropa para bañarme y relajarme, entré al baño y me di una ducha rápida, busqué dentro del armario secreto, a veces venía aquí y me quedaba varias noches, lo cual guardo ropa aquí por si existía una emergencia. Me puse un pantalón pijama y me acosté, la cama aguardaba una cálida acogedora comodidad, que cerré mis ojos y enseguida dormité.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Durante el día de navidad acompañé un buen tiempo a mi má, para luego ir hasta mi casa donde estaba la otra familia. Habiendo salido un momento dándole entender que iba de compras de regalos para mi familia, ella accedió sin problemas, dejándola sola un buen rato y regresaría por ella, compré algunas cosas en Por Ángeles, almorcé allí en un restaurante tradicional y seguí buscando los otros regalos, regresé ya casi en el ocaso del día. Llegué al local de mi má, ya ella había preparado la cena, porque encontré su aroma que cautivó mis sentidos, sonreí internamente.

-Hola má- saludé enérgico.

-Hola mi amor- saludó dulcemente correspondiéndome con el abrazo que le daba.

-¿Cómo estas má?

-Bien mi amor- sonrió contestándome.

-Huele a delicioso- sonreí pícaramente abriendo más mis fosas nasales aspirando el aroma que liberaba por todo el espacio.

Sonrió suavemente con afecto, se dirigió hasta la puerta de la entrada poniendo seguro y cambió de estado con el aviso indicando cerrado. Volvió enseguida y entramos a la cocina, la cual me había dicho que me sentara que ella servía la cena, sonreí de nuevo por su atención, me senté y esperé pacientemente. Ella regresó con dos platos planos y los colocó en la mesa, luego volvió para traer los platos, en ella venía pavo relleno con ensalada y puré de manzanas. Mi agua se hizo agua al ver el almuerzo que me brindaba mi má. Comimos con un gusto que me perdí en su sazón único para deleitarme de ella, seguimos platicando de temas interesantes que interveníamos a veces, finalizamos con un brindis de vino blanco deseándonos feliz navidad, agradecí el buen detalle que me dio de navidad, fui hasta el carro pidiendo permiso e internamente pensaba sobre el regalo de ella, salí del local y busqué en mi Volvo el suyo y regresé de nuevo allí, me acerqué sutilmente con una sonrisa le di mi presente, ella sentada todavía en su silla sin haberse movido, apenas sonrió donde se le asomaba una lágrima en su ojo ya casi sin brillo por su edad de tercera edad.

-Mi amor no tenías porque hacer eso- contestó dulcemente.

-No má, es para ti con mucho amor- respondí suave.

Lo destapó y sus ojos inmediatamente fueron arrojando gotas saladas inevitablemente, me acerqué y me agaché a darle un abrazo.

-Gracias má.

-De nada mi amor, es un buen regalo, me lo voy a medir a ver qué tal me sienta- dio un mimo cariñoso. Asentí, mientras se colocaba un suéter de color azul oscuro para damas lindas como ella. Me miró con afecto.

-Me gusta hijo, me siento cómoda con él, me lo dejaré puesto para estrenarlo hoy mismo- fue rodeándome de sus brazos frágiles pero lleno de ternura. Correspondí el estrujón cálido de brazos hacia ella. Miré el reloj cuando solté un brazo para hacerlo y me sorprendí por el tiempo que había pasado. Admiré su semblante, le di un beso en su frente.

-Má, debo irme, ya es hora de llegar a donde mi familia- expresé apesadumbrado.

-No hay problema mi amor, ve a disfrutar y ya sabes, fuerte con lo de Bella, ella merece una oportunidad para que tú le expliques todo con detalles y te comprenderá.

Asentí, asumiendo su razón, por su madurez y sabiduría que colmaba en su alma.

-Feliz Navidad má.

-A ti hijo mío, vuelve pronto- contestó contenta.

Afirmé nuevamente, mientras caminaba hacia la puerta del local de entrada y agité mi mano en forma de despedida. Salí de ella a su vez cerrando la puerta, encaminé hasta el automóvil, y lo puse en marcha para ir a mi hogar. Mi menté empezó a llenarse de varios recuerdos con Bella que habíamos tenido de estas fechas importantes, sólo una no pude con ella y fue el día anterior a un veinticuatro que tuvo el accidente… maldije nuevamente pero me prometí que no me torturaría más por mi má, ella tenía razón, yo tengo sentimientos, tengo vida y eso es lo que me está demostrando que tengo derecho a una segunda oportunidad con mi diosa, pelearía hasta el fin de mundo para volver a tenerla bajo mis brazos y forjar un camino juntos siempre, hasta donde el destino me lo permita.

Mi casa ya totalmente alumbrada y colorida con reflejos navideños, me arrancaba una sonrisa mientras paraba el auto frente a ella, salí de él y abrí la puerta trasera para sacar los regalos, caminé los pocos metros que quedaba para entrar al dulce hogar, mis padres y mis hermanos. Abrí la puerta y ya se escuchaba los sonidos de la navidad, entré con la bolsa, cerré la puerta y continué adentrando, oía las voces de la duende, el oso, Jazz, Emmett, papá, mamá y otras personas más, en la sala, extendí con mi camino hasta llegar al marco de la pared hueca, todos giraron sus cabezas a mi presencia, les regalé una sonrisa brillantina, y saludé a cada integrante con un abrazo, divisé que estaba la señora Renee y el Jefe Charlie, también los padres de Rosalie y Jasper, los saludé con cordialidad mientras me dirigía hasta el árbol y coloqué los regalos amontonándolos en la montaña de presentes que había allí. Me embargó una tristeza al no ver a la mujer de ojos achocolatados, la enana se dio cuenta y me hizo un gesto hacia arriba y asentí pidiendo permiso para ir hasta el tercer piso.

Cada paso que daba a la escalera era como si dependiera de mi muerte definida, mi corazón se sentía temeroso al no sentir la buena conexión con mi diosa, encontré la puerta cerrada de mi cuarto, di golpes suaves pero no recibí respuesta de la contraparte, puse mi atención para escuchar y oía era una respiración suave y acompasada, abrí con delicadeza la puerta, todo oscuro, me embelesé del sueño inocente de Bella, seguí caminando sin hacer mucho ruido, pase mis dedos en su mejilla, adoraba acariciarla y beberme de su aroma con mis hoyos nasales, abrió sus párpados con pesadez, miraba buscando mi figura.

-Mi diosa…- susurré gélidamente.

-Mm…

-¿Estás bien?- pregunté preocupado pero calmado.

Asintió con pereza.

-¿Podemos conversar?- cuestioné con esperanzas.

Nuevamente afirmó mientras se sentaba en la cama, yo me senté en la orilla de la cama.

-Perdóname por el mal rato en la mañana- musité con voz baja.

Negó intensamente con la cabeza.

-Lo siento Edward.

-Te comprendo.

-Por ser el día de hoy, prométame que te sentirás bien por tu familia y haré lo mismo, esta misma noche me tendrás una respuesta de una fecha para hablar juntos y arreglar lo nuestro.

Estuve meditándolo y consentí la propuesta. Distinguí mi reloj por la hora.

-Son las diez de la noche.

Abrió sus parpados con sorpresa, como si tuviera una pelea mental, ofrecí mi mano para que se parara pero sentí un poco su rechazo, lo ignoré para no demostrarle mi dolor, caminé con ella bajando hasta el primer piso, una suave melodía inundo mis tímpanos haciéndome sonreír con facilidad, admiré a ella la sorpresa que le hizo a su madre abrazándola por detrás, me separé ligeramente para dejarlas solas, me dirigí hasta donde estaban el resto de mi familia pero mi madre no estaba y tampoco la duende, platiqué con mi padre, mi hermano y con Jasper unos minutos, ya que mi madre nos aviso que pasáramos al comedor y poder cenar en familia.

El ambiente navideño que sacudía a mi vista lo atesoré algo como único y extraordinario, al frente quedó mi diosa acompañada de su madre, la cual se le veía radiante verla y admirarla por que ama a su familia, mi madre llegó con la cena y la duende también, íbamos cogiendo las bandejas para servir a nuestro gusto la comida exquisitamente placentera, comenzamos a comer todos entre risas y charlas, terminamos nuestra cena navideña y enseguida todos pasamos a la sala, donde mi mamá llevo copas dándonos a cada uno y llenándolo de vino, un momento Carlisle admiraba la ocasión y pidió escucha proponiendo un brindis. Dio sus palabras que llegaron a mis tímpanos haciéndome reaccionar la importancia de compartir con la familia, donde demostraba que amaba mucho estar aquí y todos reunidos. Al momento del brindis comenzó la cuenta regresiva de la navidad, cada integrante de la familia se animó a contar hasta que todos llegamos al número uno, hubo aplausos, risas, sonrisas, abrazos, y un momento de felicidad tenerlos aquí a todos.

La enana no pudo aguantar su energía para empezar a repartir regalos, de todos el que más me gusto fue el de mi diosa hermosa, unas entradas a una ópera, donde cantará Sara Brigthman, una mujer que cautiva con su voz perdernos en ella. Sonreí internamente, porque compartiría un momento exclusivo con mi ángel. Admiraba a Bella con cada regalo que recibía para darle su agradecimiento a cada integrante de la familia, con un abrazo lleno de agradecimiento. Se terminó todas las sorpresa de los presentes y fuimos despidiendo la familia Hale y los padres de mi Bella, la busqué entre el tumulto de personas con mi mirada y estaba radiante y feliz, seguí hasta su persona y la invité que subiera conmigo, ya que me había despedido de mi familia deseándoles buenas noches. Caminé con ella que había aceptado mi pedido porque deseaba platicar sobre su pedido especial, ya tenía mi respuesta para darla sin represiones.

Subiendo por las escaleras, llegamos al destino, sonreí para darle la bienvenida a mi cuarto como un caballero, ella se sentó en la cama y enseguida me hice al lado frente suyo tomando fuerzas para hablar.

-Bella, mi vida- sonreí mientras seguía platicando, -estás de acuerdo si me das el plazo de unos días o máximo un mes para contarte mi pasado oscuro- pregunté con timidez y atiborrado de miedo.

Ella asintió con suavidad mientras le ofrecía mis manos para sentirlas, sonreí cuando me correspondió acariciando sus manos con ternura y elegancia, me sorprendió cuando me robó un beso que me dejó sin alientos, pero la sorprendí con más ansiedad susurrándole a su oído.

-Amor quisiera estremecerte, amarte, probarte de nuevo, adorarte, llenarte de besos y caricias…

Ella apenas jadeo y fue una melodía para mis tímpanos. Mi animal interior rugió con placer, la giré para ponerme encima de ella mientras la besaba con dulzura, ella me abrazaba aferrándose a mí sintiéndose poderosa, mis manos una vez recorrieron cada parte de su cuerpo sintiendo bajo las plantas de mi manos como un quemazón dulce y prohibido, extrañaba su ser, su olor femenino y sexual, mis labios estaban dando caricias bajo su cuello y ella gemía deliciosamente pero con una tortura evidente por mi ambición de tenerla de nuevo aquí conmigo. La fui despojando gradualmente de su ropa, mi vista no daba abasto de su inmaculado cuerpo y majestuoso monte de mujer, ella una vez me hizo girar y quedó encima de mí, mientras quitaba la ropa haciéndome un martirio lleno de miel, quedé en calzón, y ella también pero a su vez con el brasier y tanga, mi diosa que regresaba y llenaba mi corazón y mi alma de su ser. Benditamente amaba todo de ella, ni un lugar de su cuerpo sin conocerla, adoraba su sonrojo natural prendida y excitada.

Mis manos recorrieron cada poro de su epidermis enviándome descargas eléctricas haciéndome palpitar intensamente mi miembro ya erecto, desaté su brasier y encontré las gemelas dulces y blanquecinas, automáticamente una mano acarició su pezón rosadito haciéndolo endurecer asombrosamente, enseguida pasé como un dócil agasajo al otro punto y éste no dio abasto al ponerse duro y antojoso, agaché mi cabeza para besarlos sedientos de ellos, mientras chupaba uno el otro lo masajeaba con mi mano, hice lo mismo cambiando de seno, una de sus manos acariciaba mi cabello haciéndome jadear intensamente, bajé con un camino de besos por su abdomen hasta llegar su monte que expelía su olor natural del sexo, me llené de su fragancia deleitable, bajé su tanga con mis dientes, ella gimió dulcemente por el acto maravilloso que le hice.

Por sus piernas iban palpando mi mano dejando unas corrientes inofensivas mientras observaba que se le erizaba su piel, llegué con mis dedos agiles y saltarines hasta llegar a su monte, húmeda y palpitante. Besé sus piernas dejándolo rociados de mi saliva hasta que llegué a su centro, mi monstruo interior no aguantó y empecé a chuparla intensamente y beber de sus jugos que iba soltando por su humedad innata, jalaba con delicia su punto de placer y atendía sus gemidos y acariciaba mi cabeza mientras andaba perdido allí, me asombré cuando me jaló sexymente mi cabello hacia adelante y besaba mis labios urgentemente, eso fue el caos total de mi mente conteniéndome, excitándome al máximo, bajé mi calzón y salió libre mi pene que se sentía que lo ahorcaban con tormento.

Levanté mi miembro un par de centímetros y Bella tensó la pelvis en un estremecimiento de gratitud, agarrando la punta con los labios de su vagina. Nada más penetrarla, se relajó y dejó que se deslizara lentamente dentro su centro exhalando un suspiro interminable. Fue algo electrizante, perdí todo sentido de la penetración entre pene y vagina, y nos convertimos en un solo organismo dando por aquel órgano. Sus ciclos estaban perfectamente sincronizados con los míos, cuando yo cabalgaba sobre la cresta de una bola, dejándolo atrás y sintiendo sus efectos, ella se apuraba a imitarme y notábamos el impacto en el mismo instante, hasta que nuestras mentes se fundían y llegábamos a una especie de clímax mental, después tomábamos unos segundos de reposo y esperábamos la llegada de otra ola.

Bella alteró el ritmo que empezó a embestirme con todas sus fuerzas, al principio intenté resistirme y rodamos sobre el lecho; nuestros genitales y nuestros torsos chocaban violentamente entre sí. Ella aumentó la fuerza de sus embestidas y decidí rendirme, con lo que consiguió dejarme tumbado de lado y acabó haciéndome quedar de espaldas, se irguió igual que un gran lagarto que sale del agua para llegar a la tierra firme y apartó su torso del mío. Sus pechos cubiertos por una reluciente capa de sudor que colgaban ante mí y los pezones parecían desafiar mis ojos.

Tenía el vientre relajado y sus labios estaban tan flácidos como los bordes de una herida, se echó hacia adelante, igual que si estuviera patinando y su sexo se pegó a mi ingle, sentí como mi cabeza caía hacia atrás y con las rodillas apartándolas de la cama. Me entregué a ella sin vacilar, aprovechándola al máximo, dejando que me abriera un canal y permitiendo que mi cuerpo lo aceptase todo. Mi diosa tensó los hombros y su maravilloso sexo cayo una y otra vez sobre mí rodeando el aullar de mi pene para bañarle con sus jugos y su calor.

Alce las manos y empecé a tocarla por todas partes, metiéndole los dedos en su boca y agarrándole los senos.

-No, no, no- gritó.

Le puse las manos en el trasero y la atraje hacia mí, las nalgas tenían el tamaño perfecto para mis palmas y alejé que se movieran siguiendo el ritmo de la cabalgada, sintiendo el golpeteo de la carne al chocar contra a mis dedos. Mi ángel empezó a moverse cada vez más de prisa y mis dedos tamborileaban sobre su ano. Estaba a punto de correrse pero aún trataba de contenerse.

-Oh!, dame más duro- chilló con sorpresa.

La embestí más duro hasta que todo su cuerpo empezó a temblar incontroladamente, dejó escapar su último grito, se convulsionó y permitió que su centro cayera sobre mi pene tragándosela hasta el fondo y se corrió chorreando, estremeciéndose en una larga serie de gimoteos, desganándose el pecho con sus dedos.

Se quedó inmóvil durante un par de segundos que parecieron largos y acabo inclinándose lentamente sobre mí, la abracé estrechándola con todas mis fuerzas y sentí como el alivio y el miedo hacía temblar su cuerpo. Nos quedamos inmóviles en esa postura durante casi una hora, abrazados, me dio dormilón y acabé poniéndome de lado, haciéndola seguir mi movimiento. Ella me miró con una mirada de sorpresa y ternura. Mi flácido miembro seguía dentro de ella y empezaba a dar señales de la nada, Cuando se corrió me había concentrado en su mente para que ningún pensamiento turbara su clímax, olvidándome de mí, pero el semen sin descargar que llenaba mis conductos gritaba pidiendo ser liberado.

-¿Otra vez?- preguntó –No creo que pueda volver a hacerlo.

-No tendrás que hacer nada- repliqué con suavidad.

Y empecé a moverme lentamente dentro de ella, su vagina no tardó en levantarse, pero esto no era el fuego de la pasión, sino solo el suave calor causado por mi presencia. Tomo el cuerpo relajado, ella se puso de espaldas y separo las piernas, intuía lo que iba a suceder y estaba dispuesta a consentirlo. Necesitaba de su sexo pero solo como un receptor pasivo, algo que se dejara penetrar, su centro se abrió como una boca para acogerme, tensó su ano y subió un poco su vagina para que pudiera entrar y salir con más facilidad. Sentí la liberación cuando apenas llevaba un minuto moviéndome, lancé un prologando suspiro interno de felicidad y dejé toda mi provisión de semen saliese disparada. Olas de puro placer recorrieron mi pene, mis pelotas y mis dedos mientras sentía el lento ondular de los labios de su sexo chupándome mi pene. Salí de ella con calidad de ternura abrazándola fuertemente con un beso ansioso demostrándole mi amor loco por ella, ella a su vez acompañó con un beso y se arrunchó bajo mis brazos fuertes. Nos arropé, enseguida mi cuerpo descansó de tanta retención, y hacer el amor con la mujer que más amo en mi vida, escuché el suave acompasada respiración de mi Bella que había cerrado sus ojos sin piedad por el cansancio, ya que los había cerrado.


Gracias a las chicas que me alimentaron con un review, así mismo tomo buenas críticas constructivas, recuerden, eso forma parte del proceso de aprendizaje tanto para mi como para ustedes. Las que no me dejaron un rw no se preocupen, el hecho de visitarme y leer es un aliciente para mi. He visto que ya no comentan tanto como antes, no me voy a deprimir ante ello, pero si pediré especialmente a cada corazón latiente, ¿puedes recomendarme? agradezco que puedan hacerlo para apoyarme. Gracias de nuevo.

No tengo perdon por subir un nuevo capítulo, sinceramente a veces tenía bloqueo mental y escribía por raticos, como me sucedió con el capitulo anterior, esta vez exageré con el tiempo, pero en realidad no hallaba las palabras, ahora si sufría de amnesia temporal, tratando de escribir, no me salían, además de ello me ocupaba en otras cosas como la pintura, ni modos, eso me pasa por ser de todera xD. Bueno sin más cháchara, les dejo este capítulo, ya es un poco lemmon. SOLO POV DE EDWARD...

Chaiito, con afecto Kathy