"Mi madre tuvo un montón de problemas conmigo. Pero creo que ella lo disfrutó." Mark Twain.


Diez Años Después.

Una pequeña niña de largos cabellos rubios peleaba, tirando de la escoba de juguete que el otro niño también sujetaba con fuerza del mango.

- No seas tonto. No es así. – la niña tenía cuatro años pero ya era una pequeña mandona.

De tal palo, tal astilla.

- ¡Trae! ¡Es mío! – exigió James, frunciendo el ceño y tirando con más fuerza.

- Que no... – Cressida tiró con más fuerza, y James cayó al suelo.

- ¡Que sí!

Y por supuesto, el niño no se quedaba atrás. Un tirón de pelo, y la niña comenzó a llorar. Por Merlín.

- ¡Tía Ginny, James está molestando!

- ¡Mentira, mamá. Fue ella!

Con todos los gritos, Lily despertó y su llanto se oyó desde la cocina.

- Basta, los dos. – dijo Ginny, mirando severamente a los niños, con las manos en las caderas – James, deja de molestar a Cressida. Y Cressida, princesa… ¿por qué no vas con Teddy y Albus? Ellos están en la sala, y seguro que Teddy si quiere jugar contigo.

- ¡No, Teddy jugará conmigo! – protestó James.

- James Sirius Potter, tú te quedas aquí hasta que vuelva con tu hermana, ¿me has oído?

James bajó la cabeza.

- Si, mamá.

Ginny fue a la sala, donde Lily dormía en una pequeña cuna, y la cargó en sus brazos. La niña, que ignoraba los intentos de Teddy para entretenerla, dejó de llorar al instante.

Era sólo una tarde, pero Ginny empezaba a compadecer enormemente a su madre, que había tenido que cuidarlos a todos ellos sola. ¿Cómo le habría hecho con los gemelos, Ron y ella a la vez?

Las cosas acababan así cada vez que Cressida venía a jugar con James, pensó ella suspirando. Uno de los dos niños exigiría ir a jugar con el otro, pero al cabo de una hora estarían peleando. Era una suerte que Albus fuera mucho más tranquilo que su hermano mayor, y que se contentara con jugar sobre la alfombra. Recoger los juguetes tirados aquí y allá era algo que se resolvía en un segundo luego, pero hacer que los dos mayores dejaran de pelear…

- ¿Quieres pastel, Teddy? – le preguntó a su ahijado.

- ¿Pastel de frambuesa? – preguntó el niño con entusiasmo.

Con diez años, se parecía increíblemente a su padre. O al menos, Ginny estaba segura de que así se debía haber visto Remus cuando era un niño. La única diferencia, además del cabello azul eléctrico que salía disparado en puntas, era que en Teddy no había ese rastro de congoja que había caracterizado a Remus durante el tiempo que ellos conocieron al hombre. Todos habían cumplido en honrar la memoria de Tonks y Lupin, y su hijo era tan alegre y feliz como un niño podría ser, a pesar de que extrañaba a sus padres y constantemente pedía a Ginny, a Harry o a cualquiera de los amigos de la familia que les hablara de ellos. Teddy sabía que sus padres fueron unos héroes.

- Por supuesto. – dijo Ginny sonriendo. Sabía que ese era su favorito, y Teddy se podría devorar uno entero si se lo permitieran.

Lily ya estaba tranquila, jugando con los cabellos de Ginny y tirando de ellos con todas las fuerzas de sus pequeñas manitos – dolía bastante -, así que Ginny fue a ver qué estaba haciendo ahora James, ese niño…

Por suerte, sólo pasó media hora más hasta que Harry y Draco llegaran a la casa, y entonces Ginny se permitió suspirar aliviada, y al momento en que finalmente pudo acostarse a descansar, se sintió en la gloria.

Merlín, qué difícil era. Y cada día resultaba algo nuevo, justo cuando ella pensaba que ya nada podría sorprenderla.

Claro, ella quería trabajar – aunque eso debía dejarlo de lado la mayor parte del tiempo-. Y claro, ella quería estar en casa con sus hijos – imaginar perderse los increíbles momentos, como cuando James dio sus primeros pasos o la vez en que Albus dijo "mamá" por primera vez, era algo que ella no admitiría nunca -, ver crecer a sus hijos no tenía precio. Pero Ginny Weasley, la increíble Ginny Weasley que todavía era admirada como una heroína de la guerra y como la capitana que había llevado a las Holyhead Harpies a la cima, la Ginny Weasley que un día pudo echar abajo mortífagos con relativa facilidad, la Ginny Weasley que soportó crecer dos hermanos mayores, entre ellos Fred y George… bueno, esa Ginny Weasley había descubierto que ser madre era una tarea demoledora. Constantemente, quería y decirle a su madre lo mucho que la admiraba, y que era su más grande ídolo.

- ¿Estás bien? – le preguntó Harry.

- Si, sólo… - bostezó – sólo algo cansada…

- Ven – dijo él, haciéndole espacio entre sus piernas – un masaje siempre ayuda.

Ella sonrió y se colocó de espaldas frente a Harry, dejando que sus manos hicieran todo el trabajo. Era justo lo que necesitaba en ese momento, y por supuesto él lo sabía.

- Y entonces… ¿qué ha pasado hoy?

- James consiguió un detonador trampa, se lo dio a Albus y por suerte lo descubrí a tiempo, porque si no… ¡cuando vea a George, lo mataré! ¡Se suponía que lo iba a cuidar, sólo por una mañana! ¿Cómo puede ser tan descuidado? Fred y Roxanne también son tan pequeños…

Harry frunció el ceño.

- Bueno, creo que ya sabemos al menos con qué tío no dejarlo.

Al menos hasta que James tuviera trece años. Por lo tanto, por mucho, mucho tiempo.

- Y como siempre han peleado, Cressida y James…

Si seguían llevándose de esa forma, Ginny no sabía cómo funcionarían las cosas. Harry, Draco, Hermione y ella habían sido amigos por la mayoría de su tiempo en Hogwarts, y cuando nacieron sus hijos, habían pensado que siempre habría un dúo Potter-Malfoy. Amigos inseparables, debían ser. Tal vez las cosas mejoraran con los años, cuando se hicieran mayores.

Ginny siguió desahogándose y contando cada detalle de su día. De vez en cuando, necesitaba aquello y Harry lo entendía - había días en que él también regresaba del trabajo cansado o de mal humor -, porque ambos podían dar y recibir era que funcionaban perfectamente juntos. Cuando acabó, se sentía menos cansada.

James era un niño muy especial. Y Albus. Y Lily. Eran tan maravillosos que le costaba creer que habían nacido de ella. Y al fin de cuentas, cuando acababa el día, si tuviera que elegir de nuevo cómo quería que fuera su vida, no cambiaría absolutamente nada.