Advertencia: al igual que el capítulo anterior, este viene calentito.

"– Delphine… – dijo contra sus labios mientras acariciaba su espalda. – ¿Te acuerdas de la primera vez que hicimos el amor?"


Capítulo 10: Pasado.

Un mes en el campamento y era la persona más feliz del mundo porque, aunque no lo hubieran formalizado ni dicho nada oficial, se podía decir que Delphine y ella eran novias. Novias. Qué gran palabra para referirse a las dos.

Durante el día seguían actuando igual delante de todo el mundo, porque Cosima decía que a ver si la iban a cambiar de cabaña si se enteraban los monitores. Y no quería que le cambiaran de cabaña, y la razón era muy potente: por las noches era el momento de las dos, el momento de los besos.

Cosima se dio cuenta que eso de masturbarse estaba muy bien para los momentos en los que la rubia la excitaba y la ponía a cien, que eran todas las noches. Acababan siempre ambas masturbándose y regalándose besos mientras tanto. Dormían juntas, pero antes de que saliera el sol intentaban siempre estar cada una en una cama, por si se quedaban algún día dormidas y entraba algún monitor dentro.

Pero es que ya eso de masturbarse estaba ya quedándose pobre, porque la morena estaba teniendo otras necesidades, necesidades muy fuertes, necesidades que tenían nombre. Lo que necesitaba era a Delphine. Y necesitaba tocarla, y necesitaba notar si ella estaba igual que ella, si ella también la ponía a ella a cien. Y es que, al principio era fácil controlarse, pero ahora no.

La francesa la estaba besando sobre su cuerpo, de esa forma que ella besaba, su lengua dentro de su boca explorándola y jugando con la suya. Las manos de la morena agarraban su cintura, levantaba sus caderas intentando buscar contacto entre sus cuerpo. Había sudor, había jadeos, había gemidos… Sus dedos jugaron con la camiseta de pijama de la rubia, sus yemas tocaron piel, notó que estaba algo húmedo su abdomen, quería subir, pero volvió a bajar su mano.

El beso se rompió, escuchó la respiración agitada de Delphine, y una mano agarró la suya, haciendo que se colara bajo su camiseta, Cosima intentó recuperar el aire que de repente parecía que había desaparecido. Esa mano la guió hasta uno de los pechos de la rubia que gimió en respuesta al roce. Apretó sobre su mano, haciendo que su mano apretara el pecho, y sintió como iba endureciéndose un pezón tras el gesto.

– Si quieres tocarme, tócame. Puedes hacer lo que quieras conmigo. – repitió las mismas palabras que la morena le dijo la primera vez que se besaron en esa cama.

Cosima movió sus dedos, y empezó a investigar el pecho que caía sobre su palma. Buscó con su dedo el pezón, acariciándolo, estimulándolo, haciendo que se pusiera aún más duro. Lo pellizcó, volvió a acariciarlo. Escuchando como Delphine hacía un sonido o un movimiento diferente dependiendo de cómo lo hiciera.

Notó que la rubia se quedaba sentada sobre ella, agarró sus manos, y puso una en cada uno de sus pechos. Delphine no llevaba camiseta ahora. Delphine no llevaba camiseta. Tiró de sus brazos para que Cosima se sentara también y con habilidad consiguió agarrar sus labios con los suyos. A veces sospechaba que tenía visión nocturna, eso o la vista de la morena estaba hecha una mierda.

– ¿Quieres lamerlos? ¿Quieres meterlos en tu boca? – susurró contra su boca, mientras sus manos se colocaron en su cuello, y la boca se le hizo aguas, tragó saliva antes de contestar.

– Sí… – voz de idiota, pero ahora no tenía tiempo para procesarlo porque Delphine la invitaba empujando ligeramente con sus manos su nuca hacia delante.

Su cara se topó con uno de los pechos de la rubia, y abrió su boca, y buscó el pezón con sus labios, y lo agarró con ellos, y notó como la mano de su nuca se tensaba, como el cuerpo de la morena se arqueaba hacia ella, lo bien que se sentía contra su lengua el duro pezón.

Lo lamió todo, todo el contorno de su pecho, y buscó el otro, haciendo la misma acción, notando otro jadeo de la francesa, notando como las manos de ésta bajaban por su espalda para agarrar el final de su camiseta.

– ¿Puedo? – preguntó casi sin aliento.

Cosima se la quitó ella misma y la lanzó bien lejos, porque no la iba a necesitar en un rato. Las manos de Delphine no perdieron tiempo, encontraron su abdomen y empezaron a subir, encontrando sus pechos y haciendo con sus manos lo que había estado haciendo antes la otra chica. Luego la tumbó en la cama otra vez, y entonces sintió su boca. Su boca húmeda y cálida en su pezón. Y fue algo indescriptible, no podía explicarlo, sólo sabía que le estaba gustando mucho, y que fue muy corto porque ya no sentía lo húmedo y cálido.

Oh, ahora sí lo sentía otra vez. En su otro pecho. Subió su mano por la espalda de la rubia y enredó sus dedos en los rizos de su nuca, que eran sus favoritos, pero era un secreto. Y se arqueó contra esa boca que estaba provocando otra vez ese calor en su entrepierna.

Y quería que le tocara, ya te digo que quería, pero al mismo tiempo ¿y si estaban yendo muy rápido? Y al mismo tiempo, ¿cómo no van a ir rápido si solo queda un mes para que esto acabara? Entonces dejó que los impulsos controlaran su cuerpo.

Delphine estaba muy ocupada con su pezón derecho, tan ocupada que no sintió que su mano derecha fue raptada, y dejó de estar ocupada cuando sintió una calidez intensa en sus dedos. Dejó el pezón, miró a Cosima en la oscuridad, a penas viendo el brillo que desprendían sus ojos. Y apretó sus dedos haciendo que la morena gimiera.

Su mano estaba sobre el fino pantalón del pijama de la pequeña chica, Delphine intentaba controlar su respiración pero le estaba siendo complicado, y es que jamás había estado así de excitada. Nunca.

– ¿Quieres que te toque? – volvió a apretar sus dedos contra el material, y es que Cosima debía estar muy excitada también si logró sacarle otro gemido.

– Quiero que me toques…

– ¿Quieres que te haga el amor? – las palabras de la rubia hizo que sintiera algo caliente y muy húmedo junto a un pinchazo en su parte más sensible.

– Hazme el amor, Delphine. – la rubia la besó, pegando todo su cuerpo al de la morena, haciendo que la piel de sus torsos se tocara por primera vez, haciendo que ambas jadearan.

– Nunca lo he hecho con una mujer… – confesó Delphine, mientras movía de nuevo sus dedos contra la intimidad de la chica que había debajo de ella.

– Yo tampoco. – le costó decirlo por los gemidos que salían de su boca, pero lo dijo. La rubia paró todo movimiento, paró su beso, y encendió la luz de la lámpara que había en el suelo, buscando la mirada de la morena mientras quedaba sentada sobre ella. De repente ambas se sonrojaron, estaban sin camiseta.

– ¿Eres virgen? – preguntó intentando no mirar los pechos de la chica que había tumbada en la cama.

– Creo que eso de ser virgen es muy relativo en el mundo de las lesbianas.

– ¿Has hecho el amor alguna vez?

– Delphine, ni si quiera me había masturbado. – la morena también se enderezó en la cama para poder mirarla mejor a la cara, porque sus ojos viajan todo el rato hacia abajo.

– Eso no tiene nada que ver, puedes haber tenido sexo con otra persona y no haberte tocado.

– ¡No sabía ni por qué estaba tan cachonda contigo! – Cosima pensaba que era bastante obvio el que era virgen, no sabía por qué le daba tantas vueltas la francesa.

– Pensaba que era yo.

– ¿Qué eras tú?

– Sí, que era yo la que estaba haciendo que sintieras otras cosas, más fuertes.

– Joder, Delphine. No puedo comparar si es más o igual que con cualquier otra chica. Lo único que sé es que nunca he sentido esto con nadie. Que con solo besarme seas capaz de hacerme sentir tantas cosas… – Cosima la besó, no aguantaba más sin hacerlo, a parte, estaba medio desnuda frente a ella, el calor de su entrepierna no se había ido, se había incrementado con la visión de la rubia.

– ¿Ni siquiera con Emma? – Delphine cortó el beso y la miró a los ojos. Acercó su mano a la mejilla de la rubia y volvió a besarla.

– Sólo tú, ninguna chica con la que me he besado lo ha conseguido. Eso tenlo por seguro. – Se volvieron a fundir en un beso, las manos de la rubia en su espalda acariciándola y enredándose finalmente en su pelo, manteniéndola en el beso.

– ¿De verdad quieres que lo hagamos? ¿Quieres que sea yo la primera? – susurró contra sus labios.

– Sí, Delphine, quiero que seas tú.

La escuchó suspirar y le dio un corto beso antes de volverla a tumbar, empujándola con su cuerpo. Sus bocas se volvieron a encontrar y se dedicaban largos besos mientras sus manos se dedicaban a acariciar piel desnuda hasta que se acostumbraron a ella. Entonces Delphine agarró sus pantalones y levantándose de la cama se deshizo de ellos, quedando en ropa interior, y ayudando a Cosima a quitarse los suyos antes de volver a tumbarse sobre ella.

La escuchó murmurar algo contra su hombro, pero no la entendió y empezó a mover sus caderas, y ahora con tan solo la ropa interior se sentía todo mejor que con los pantalones. La pierna de Delphine entre sus piernas, su pierna entre las de Delphine. Y, Dios, qué mojada estaba la ropa interior de la rubia.

– ¿Puedo? – preguntó Cosima mirándola con su mano en el vientre de la chica. Y es que aun tenían las luces encendidas, veía esos ojos tan oscuros y un rizo mojado en su rostro que apartó con su otra mano.

La rubia se mordió el labio y asintió levemente dándole permiso. La mano de Cosima siguió bajando mientras continuaba mirando el rosto de la rubia, viendo como cerraba los ojos y separaba sus labios a medida que su mano se encontraba con su intimidad.

Mucha humedad, si hincaba sus dedos en la ropa interior podía notarla al completo a pesar de la barrera que creaba la prenda. Delphine cayó sobre su cuerpo y gimió contra su cuello. Empezó a mover sus dedos por su sexo, notando cómo la chica se movía contra su mano, cómo la estaba recibiendo.

Las manos de Delphine bajaron a su propia cintura, bajando su ropa interior aun con su boca pegada al cuello de la morena. Y se quedó paralizada cuando sintió en su pierna la humedad y los vellos de la francesa, era una sensación alucinante. Los dedos de la francesa alcanzaron la cintura de su ropa interior, las caderas de ella levantándose para facilitarle la acción y quedó desnuda también.

Entonces la sensación de antes no era nada comparada con ahora. Se miraban las dos, con sus cuerpos unidos y se abrazaron. Los rizos de Delphine en su cara, acariciándola y haciéndole cosquillas al mismo tiempo, el olor que desprendía, el sabor de su piel, su espalda desnuda, su respiración agitada… todo lo que estaba ocurriendo mantenían todos sus sentidos activos.

– ¿Quieres que lo hagamos a la vez?

– ¿Qué? – el aliento de la francesa le hacía cosquillas en el cuello. Movió sus caderas antes de contestar y sintió en su muslo otra vez la intimidad de la chica.

– Tú me tocas y yo te toco.

No le dio tiempo a contestar, la mano de Delphine se coló entre sus piernas y empezó a acariciarla. Por un momento se dejó hacer, el placer que estaba sintiendo la dejaba paralizada, disfrutando de todas las sensaciones que estaba produciendo. Y cuando pudo controlar otra vez sus miembros bajó su mano hasta poder sentir a Delphine por primera vez en directo, y ambas gimieron de nuevo.

Imitó los movimientos de la chica y sintió que lo debía de estar haciendo bien, por las reacciones que tenía y por cómo la notaba entre sus dedos. Sonrió porque parecía que Delphine sentía lo mismo que ella sentía. Se tensó cuando un dedo de la rubia intentó penetrarla.

– Relájate, no voy a hacerte daño, no te va a doler… – volvió a acariciar su clítoris mientras la besaba profundamente.

Gimió en su boca, porque ese beso merecía un premio, un óscar al mejor beso. Y estaba empezando a dudar que Delphine no hubiera estado con otra mujer. Y con una habilidad pasmosa metió un dedo dentro de ella, y la rubia tuvo que tapar su boca con su mano libre.

– Que nos escuchan, ma chérie... – susurró sonriéndole. Las manos de Cosima quedaron invalidas, ya no podía hacer nada con su vida, ese placer que estaba sintiendo con los movimientos que creaba Delphine dentro de ella la dejaban totalmente sumisa, sólo podía sentir.

Y cada vez era más rápido, sus caderas se empezaron a mover solas imitando los movimientos de la mano que la estaba volviendo loca. Un dedo dentro de ella, y otro estimulando su clítoris. No, esto debería estar prohibido. Prohibido por ley. Porque Cosima pensaba que iba a morirse allí mismo. Y sería una manera alucinante de morir, pero echaría de menos a la francesa.

Notó ese calor acumulándose en su vientre, sus dedos se hincaban en la espalda de la chica y su cuerpo entero se tensó para después relajarse. Sintió la sonrisa de Delphine en su cuello mientras intentaba recordar cómo era eso de inspirar y espirar. ¿O era al revés?

Delphine se apoyó en sus codos para mirarla, y Cosima sintió vergüenza, porque debía estar asquerosa. Su cuerpo estaba completamente sudado y, seamos sinceras, no se acordaba de cómo se respiraba, debía parecer un cerdo ahogándose.

– Confirmo lo de que las mujeres están aun más guapas tras el orgasmo.

– ¿De dónde has sacado eso? – la morena empezó a reír suavemente aun intentando recuperar el aliento.

– Lo leí en algún sitio. – contestó acariciando el pelo de la chica e inclinándose para besarla en los labios.

– Delphine...

Devolvía el beso a la francesa mientras hacía girar sus cuerpos. Era su turno, se moría por hacerle lo mismo que le habían hecho a ella. Delphine rodeó su cintura con sus piernas, y Cosima bajó su mano entre sus cuerpos, acariciándola, mirando las expresiones que le regalaba la chica.

Cerró los ojos al sentir otra vez la palpitante zona de la rubia y comenzó a acariciarla al mismo tiempo que su cuello era rodeado por sus brazos y la acercaba a ella en un abrazo gimiendo su nombre.

Buscó la entrada de la rubia y empezó a penetrarla escuchando un gemido más grave y lento saliendo de la garganta de Delphine. La sensación en su dedo fue increíble, estar dentro de la chica, como sentía las paredes de la chica rodeándolo mientras creaba un movimiento de entrada y salida.

– Usa otro más, Cosima… – susurró la chica que había debajo de ella.

Otro. Otro dedo. Joder. La morena sacó su dedo, para meter dos y escuchó otra vez ese gemido grave que hacía que un escalofrío recorriera su cuerpo y que murmuraba algo. No lo entendió. Pero fue muy excitante escucharla hablar en francés entre gemidos. Empezó a mover su mano mientras besaba su largo cuello notando las vibraciones que producía su cuerpo, la forma en la que le respondía con las caderas, con sus manos y con los sonidos que producía su garganta.

El cuerpo de Delphine empezó a sufrir unas leves sacudidas, Cosima se asustó y paró todo lo que hacía para mirarla con los ojos muy abiertos sin saber qué hacer.

– Mon dieu… No pares, Cosima… – gimió dolorosamente la rubia agarrando la muñeca de la morena haciendo que volviera a penetrarla, y ella con su propia mano empezó a acariciarse el clítoris mientras echaba su cabeza hacia atrás gimiendo largamente.

Wow, menuda visión estaba teniendo la morena ahora. Volvió a lamerle el cuello y aumentó sus movimientos con el brazo, que le estaba empezando a doler. Mañana agujetas. Y otra vez esas sacudidas, que apenas duraron unos segundos cuando Delphine dejó caer sus piernas y empezó a respirar profundamente.

Se tumbó a su lado, poniéndose de costado y empezó a contemplarla. Era preciosa, igual es verdad lo de que después de un orgasmo las mujeres son más guapas, porque el sudor de su piel le hacía brillar más, esa forma de respirar la hacían mucho más atractiva, su pelo levemente mojado, su cuerpo desnudo… Era como estar observando una pieza de arte en un museo.

– Ha sido increíble. ¿De verdad era tu primera vez? – Delphine giró la cabeza para sonreírle aun respirando agitada, y con su mano hizo que se acercara a su boca para besarla.

Cosima sentía su corazón latiendo muy rápido. La conexión que sentía en esos momentos con ella después de haber hecho el amor era muy fuerte, muy poderosa.

Se separó muy lento de los labios de la rubia para perderse en sus ojos avellanas y darse cuenta de que estaba completamente enamorada de Delphine.


Como siempre, espero que os haya gustado y gracias por leer, comentar, dejar favoritos y seguir la historia.

Nos leemos el jueves.