Nada me pertenece los personajes son de Step Meyer y la historia de J Black
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Pecados Paternos
Capítulo Final
BPOV
Lo busque por todas partes Edward no estaba gruesas lagrimas corrían por mis pómulos mientras mi conciencia me reclamaba lo estúpida que había sido al no gritarle que lo amaba desde que el por fin soltó su corazón y me lo había dicho
—Estúpida. –susurré. —Soy una estúpida. -me dije a mi misma mientras aspiraba el aroma impregnado en la almohada de Edward.
Me acurruque como niño huérfano a la vez que descargaba mi tristeza en la cama, ¿Como haría para que Edward volviera? ¿Cómo lo recuperaría? En ese momento no tenía ni la más mínima idea. Las horas pasaban sin pausa y sin prisas, no supe en qué momento había caído la noche. Las bandejas con alimento que había traído Carmen estaban intactas y prácticamente no sabía de donde mi cuerpo había sacado tanto líquido para llorar como lo había hecho. ¿En qué momento me quede dormida? No lo recuerdo
Pasaron tres días en los que no tuve noticias de Edward. Tres largos días de agonía y reproche hacia mi misma, tome mi ropa y me marche de regreso a Seattle, de nuevo a mi apartamento.
Necesitaba estar sola.
Al llegar no pude evitar recordar esa primera vez que nos vimos. Aquí todo me lo recordaba a él. Todo. Los días pasaban, pero me sentía sin fuerzas para salir. Así que decidí quedarme en casa o mejor dicho en cama.
—Bella. -escuche que me llamaban levemente, mas no levante mi cabeza para ver quién era. —Oh, cariño. —reconocí la suave voz de Rose.
Debía estar delirando esa no era mi Rose
— ¿Rose? –pregunté levemente, mientras levantaba la cabeza. Vi a Alice mirarme a los ojos — ¿Alice? -dije dejando que me abrazara, comencé a llorar amargamente. —Se ha ido. Edward me ha dejado. –hipé.
—Jasper me lo conto. -dijo mi amiga, acariciando mis cabellos.
— ¿Y porque el bueno para nada te ha dejado estas ahí, echándote a morir? –esa si era Rose. —Anda Bella, ¡Arriba! Levántate de esa cama. Muéstrale a Cullen de que esta echa una Swan. –gritó.
— ¿Que quieres decir? -pregunté confundida.
—Alice, dile. –dijo Rose seriamente.
—Bells, esto lo hago por que en verdad te aprecio. Jasper me matara si se entera que te lo dije si su consentimiento. –suspiró y saco de su bolso una tarjeta para después extenderme el papelito. Justo cuando lo iba a tomar ella lo retiro. — ¿Lo amas? –preguntó.
Asentí tontamente, recibiendo como un gran abrazo de ella. —Has que valga la pena. –susurró.
Miré la tarjeta, había una dirección. No pude evitar que una pequeña sonrisa adornara mi rostro.
— ¿Qué haces ahí? Ve a bañarte Isabella. –dijo Rosalie, jalándome del brazo.
Reaccione de inmediato, me introduje al baño casi corriendo.
Edward tenía que saber que lo amaba antes ahora y siempre.
EPOV
Había pasado una semana y tres malditos e infernales días.
La extrañaba, su respiración mientras dormía, su aroma, el calor de su cuerpo junto al mío en las noches, nuestras pláticas en el estudio de la casa. Había salido a la habitación esperando que después de mi confesión ella dijera que me amaba, que deseaba poder formar un matrimonio normal. Me equivoque, al parecer no era asi, ella solo quería recuperar New Moon. Me di por vencido. Le entregue todo y Jasper se estaba encargando de los papeles del divorcio. Era obvio Isabella no quería estar junto a mí, no pensaba obligarla a soportar mi presencia.
Recogí mis pertenencias y llame a James para que tuviese el avión listo para mi, sí me iba a ir tenía que ser inmediatamente o me arrepentiría. Al pasar por mi estudio tenía ganas de entrar y hacer un último esfuerzo por salvar este matrimonio, pero no pude. Me quede como tonto recordándola mirando cada una de las hojas de álbum de fotos.
Solo Dios sabía cuántas veces yo había estado sentado en ese mismo lugar, haciendo lo mismo.
Al llegar al aeropuerto James no ocultó su sorpresa de no ver a Isabella junto a mí. Cuando intento decir algo lo calle levantando mi mano y subí al avión directo a Seattle.
No había vuelta atrás.
Trate de concentrarme en el trabajo de levantarme temprano y salir lo más agotado posible, pero al llegar a casa todo me recordaba a ella. Incluso trate de frecuentar los bares que antes frecuentaba, salir con chicas, etc. Todo fue inútil. Mi cuerpo no reaccionaba, le pertenecía a ella, solo a Bella.
Me serví una copa brandy y me hundí en la silla frente de la chimenea mientras me preguntaba que hubiese pasado si no hubiese huido de la mansión, si en vez de irme la hubiera obligado seguir conmigo por el bienestar de su familia. Quizás era un pensamiento egoísta pero sería mía , aunque fuera la única forma de tenerla.
Era un infierno estar sin ella.
Recosté mi cabeza en la silla, observe que el cuadro de mis padres arruinaba la decoración en el segundo piso de la mansión. Lleve la copa a mi boca para beber un poco mas de brandy y casi me ahogo con lo que vi con mi vista periférica.
En las escaleras se encontraba ella.
—Isabella. –susurré, negándome a creer lo que estaba viendo mis ojos.
Empezó a abajar las escaleras, escalón tras escalón, hasta llegar donde yo me encontraba. Bella solo traía unos tacones de aguja color rojo, estaba completamente denuda. Se sentó en la silla justo frente a la mía colocando sus piernas en los reposabrazos de la silla de cuero. Dejando al descubierto su sexo.
Mis manos comenzaron a temblar de excitación. Coloque el vaso de brandy en la mesa que estaba a un lado de mi silla. — ¿Qué…? -mi voz salió ronca así que la aclare un poco, carraspeé. — ¿Qué estás haciendo aquí, Isabella? –dije con voz dura.
—No fue nada caballeroso de tu parte retractarte de nuestro acuerdo. -hablo muy seria, sin prestar atención al tono de mi voz. Su mano se deslizo hacia su centro, haciéndome tragar saliva ruidosamente, deseando que fuesen mis dedos los que pudieran acariciarla. — ¿Ninguna de esas ocho mil cláusulas tuyas contemplaba qué sucedería a mi incorregible marido si abandonaba a su esposa?-pregunto introduciendo sus dedos en su interior.
Mi miembro empezaba a endurecerse ante la exquisita vista y con concentración. —Es cierto –mi voz salió tan ronca como cuando hacíamos el amor, me levante de la silla tratando de retirar mi mirada de sus maravillosos pechos y su depilado coño. Mi polla dolía de lo hinchada que se encontraba. —No lo contemple.
La vi arquear una ceja. —Entonces, quiero que firmes un nuevo acuerdo mañana. Porque si me abandonas de nuevo...
No la deje terminar. —¡Yo no te abandoné! Pensé que no me querías. Además era lo mejor para ambos. –repliqué.
Ella levanto la voz para volver a hablar. —Si me abandonas de nuevo me reservare el derecho de...-pensó un momento- bien, no tengo muy claro que derecho quiero exactamente. Tendré que pensarlo. —no pudo evitar sonreír. —Podemos añadir la cláusula número cinco mil.
— ¿Por qué estás aquí? –pregunté, tratando de no soltar una carcajada ante su ocurrencia.
Ella suspiró teatralmente, como si fuera una mártir representando a toda la raza femenina y él yo varón descerebrado del bando contrario. Para mi sorpresa, sacó de detrás de ella una fotocopia de nuestro acuerdo matrimonial y con brusquedad comenzó a hojearlo.
—Según la cláusula 76, yo, la abajo firmante, me presto a ofrecer mi cuerpo como receptáculo del esperma de mi marido dos veces diarias, todos los días, mientras vivamos.
La miré sin entender cuál era su punto, me avergoncé por la manera tan dura en la que había redactado ese documento hacía ya más de 8 meses.
—Hace una semana y tres días que no me he ofrecido como receptáculo de tu esperma. –Pensó lo que iba a decir unos instantes. —Eso significa que te debo unos… 20 orgasmos. Y Yo para nada soy como papá. –ironizo. —Yo siempre cumplo mi parte del trato. -su intensa mirada encontró la mía.
Empecé a ver todo rojo, cuando la vi en mi casa creí que había regresado porque me amaba, no por cumplir un estúpido acuerdo.
—Entonces, ¿Se trata de eso es todo? ¿Simplemente estás aquí para cumplir tu palabra?—El dolor en mi voz era latente.
Su mirada se suavizo, sus ojos me miraban con… ¿ternura?—¡Por supuesto que no! –dijo con seriedad. Se levantó de la silla caminando hasta donde me encontraba, luego se sentó sobre mis piernas
— ¿Qué está pasando Isabella? –pregunté confundido, ella sonrió suavemente acariciando mi mejilla. Y fue en ese momento que las palabras que parecían casi imposibles de escucharlas salieron de sus hermosos labios.
—Te quiero, Edward. -murmuró. —Te he querido desde que era una niña y seguiré queriéndote durante todo el resto de mi vida. -sus manos se ciñeron a mis mejillas donde sin saber varias lagrimas habían escapado de mis ojos. —Si me hubieras dado tiempo para recuperarme del shock más grande de mi vida y no te hubieras marchado como si tuvieras cohete en el trasero, te habría dicho estas palabras hace una semana y tres días.
No pude evitarlo y sonreí como un tonto.
La acerque a mis labios y la bese lentamente. Cuando nuestros cuerpos bramaron por falta de aire me separe de su boca suavemente. Nuestras miradas chocaron y uní mí frente a la de ella.
—Han sido los peores once días de mi vida. -admití.
—Los míos también. -Ella sonrió. —Pero olvidemos el pasado. Todo por completo. -dijo ella significativamente. Ladeando la cabeza. — ¿De acuerdo?
Respondí besándola, demostrándole con ese beso todo el amor que sentía por ella. La abracé, pegando su cuerpo más al mío. El beso se hizo más fiero, más intenso y demandante, nuestras lenguas se movían desesperadamente y el animal que habita dentro de mi bramaba por hacerla mía, por enterrarme en su ser, por unir nuestros cuerpos hasta ser uno solo. La escuche gemir, jadear y maldecir una y otra vez. Nos recostamos sobre la alfombra, frente al calor de la chimenea. Bella abrió mi camisa de un solo tirón, todos los botones volaron por la sala. Mis besos bajaron hacia su cuello y sus hombros, mi boca deseaba besar cada poro de su piel. Las manos de ella desabrocharon mis pantalones y saco a mi miembro de su prisión, su mano se deslizaba por todo mi eje rítmicamente.
—Bella. –gruñí, sus caricias eran demasiado placenteras.
Baje hacia sus dos cumbres, esos dos pechos que alimentarían a nuestros hijos, y mis labios siguieron descendiendo hasta llegar hacia su centro.
—Edward. –gimió.
—Dime qué quieres y lo conseguiré para ti. –hable contra su intimidad, mis dedos entreabrieron sus pliegues y me acerque a ella para que mi lengua recogiera el dulce néctar que salía de sus entrañas.
—Oh, mi Dios. ¡Edward! –gritó, con su espalda arqueada y sus caderas moviéndose constantemente—No sabes cuánto te deseo. –confeso. —Cuando era solo una adolescente me tumbaba en la noche sobre mi cama y fantaseaba con la idea de estar entre tus brazos, en tu cama.
La confesión hizo que dejara de sentir un gran peso sobre mis hombros, había pasado muchos días detestándola y adorándola a la vez. La deteste porque se suponía que no debía amarla tanto, por no conmoverme. La adore porque me alegraba mi vida, y este momento era demasiado real… tangible.
Y finalmente Isabella Swan es mía.
Y no por la fuerza.
Ella enredó sus manos en mis cabellos y tiro fuertemente de ellos cuando el orgasmo atravesó su ser y bebí de los fluidos que su ser me regalaba.
Mi miembro dolía y Bella tiro de mí para que uniera mis labios a los suyos. Separe sus piernas y me introduje en ella de golpe. Ambos gruñimos nuestros nombres y yo tuve la sensación de estar nuevamente en casa.
Deje de besarla para poder sus ver sus ojos mientras la embestía. —Seguro que no te interesa saber… —deje de hablar unos momentos para jadear. — ¿Cuántas veces has sido la protagonista en mis fantasías mientras me masturbaba? —pregunté antes de volver a atacar sus labios y pude sentir como ella sonreía, claramente encantada, con esa confesión. Rote sus caderas y volví a estrellarme de golpe contra su cuerpo. Bella empezó gemir mientas alzaba los pechos ofreciéndomelos.
—Me encanta que me chupes los pezones mientras me follas, -admitió casi sin voz. —Por favor, ¿Lo harías de nuevo?
No tuvo que pedírmelo dos veces, mi boca había capturado su pezón izquierdo y tiraba de él como un bebe hambriento.
Mis caderas oscilaban adelante y atrás mientras hundía mi polla en su interior una y otra vez. Las paredes internas de Isabella empezaron a contraerse alrededor de mí y su orgasmo fue más fuerte que el anterior, permitiéndome así liberar hasta la última gota de mi esperma sobre ella.
Caí agotado sobre su cuerpo, la gire rápidamente colocándola sobre mí. Tratando de regular mi respiración pensaba que no solo había conseguido colarme en la preciosa compañía de Charlie Swan, había conseguido algo mucho más poderoso, entre en la preciosa línea sanguínea del muy bastardo y además me había colado en el corazón de Bella y ella en el mío.
Finalmente todo era como tenía que ser.
— ¿En qué piensas? -preguntó levantándose un poco, sin dejarme salir de su interior. Solo pude sonreír. —Anda, dime ¿Qué piensas? —volvió a preguntar, esta vez con una sonrisa pícara y se sentó a horcajadas de mí.
—Te extrañe. -le dije sinceramente.
—Aún no hemos terminado. -dijo con voz ronca, mientras la sentía moverse suavemente sobre mi miembro semi erecto.
No paso mucho tiempo para que mi miembro estuviera nuevamente duro y completamente a su merced.
Olvidando de una vez por todo el pasado, enterrándolos en el baúl más antiguo de nuestra conciencia.
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Nos vemos en el epilogo!
