Enfermedad y Calor

El humo subió hasta el techo. El trozo de carne se había quemado. Ahora no tenían nada para cenar. Aquellas preguntas habían descolocado a su padre. No le supo contestar al instante. Ni él mismo las sabía. Era un misterio para los hombres. Acabo contándole como conquisto a su madre. Así olvidándose por completo de la cena. Era el gran momento de la charla entre hombres. La estaba esperando desde el día de su nacimiento. Estaba emocionado. Era el día.

Él, por su parte, se aburrió en la primera parte. Luego se asqueo un poco, pero era normal. No quería saber nada sobre la vida sexual de sus padres. Intentaría olvidarla cuanto antes. Su padre le dio uno cuantos consejos sobre la actitud de las mujeres. También le advirtió sobre esos días del mes. No le hacía falta. Ya conocía los síntomas de cerca, su madre. Después le intento sonsacar información. ¿Qué si le gustaba alguna chica? ¿Cuál era su nombre? ¿Qué edad tiene? ¿Es guapa? ¿Si es de su mismo colegio o si va a clase con él? Se negó a contestar a todas esas preguntas. Todo ese acoso, por una simple pregunta. Solo tenía curiosidad.

-¡Papa! –Grito fastidiado.- ¡Que no me gusta ninguna chica!

-¿Seguro hijo?- Su instinto paternal le decía lo contrario.- Has estado raro estos últimos días.

-¿Qué es ese humo?- Se escucho una voz femenina desde la entrada.- ¿Qué ha pasado aquí?- Ambos hombres de la casa se alarmaron. No se habían dado cuenta del desastre. Su madre había llegado a la cocina y traía mala cara.- ¿Qué habéis hecho vosotros dos?

Ninguno de los dos contesto. Ya lo veía ella con sus propios ojos. Dejo las cosas sobre la mesa. Solo eran su abrigo y el bolso. El paraguas pegable estaba empapado. Este lo dejo en el fregadero. Luego los miro con amenaza. Ambos hombres se alejaron de la cocina para no volver a entrar. Aquel territorio era de la mujer. Se vieron desterrados al salón.

Él aprovecho para huir. Se fue a su habitación. Así su padre no le acosaría a más preguntas. No dejaba de imaginarse a sus padres. Un escalofrió le recorrió todo su cuerpo. Eso le había dejado asqueado. Le quito las ganas de cenar. Se puso el pijama. Con poca gana hizo los deberes. Eran pocos. Solo debía corregir unos cuantos ejercicios. Los hizo volando. De pronto lo llamaron para cenar. Desde su puerta les grito que no tenía hambre. Después se desplomo sobre su cama. Ahí fuera seguía lloviendo. Pego un bote con un trueno. No se lo esperaba. Tenía algo de miedo a esa tormenta y no sabía el porqué.

La luz se fue en toda la casa. También en el resto de las casas del vecindario. A tientas camino por el pasillo. Al llegar a la escalera bajo despacio. No quería caerse. Iba a preguntar a sus padres que sucedía. Abajo encontró una hilera de velas encendidas en sucesión. Le parecía extraño. No podían haber sido tan rápidos en colocarlas. Siguió el camino hacia la cocina. Allí no encontró a sus padres, sino a la anciana de la gran trenza. Retrocedió del susto. La tenía miedo. Esa señora nunca le gusto. Siempre le producía pesadillas. Esa escena no era real. No podía ser. Estaba soñando y no podía despertarse. Se resigno un poco. No tenía elección.

Se acerco con precaución. La señora parecía estar leyendo un papel. No era eso. Escribía en extraños caracteres sobre el papel. Reconoció unos pocos de esos caracteres, pero no les ponía significado. En poco tiempo los vio claro. Eran nombres. Estaba dibujando un árbol genealógico. ¿De quién sería? ¿El de ella? No quería preguntar. No podía hablar. Nunca pudo. Solo podía escuchar y observar.

-Las dudas- De repente hablo sin despegar la vista del folio. – También las tuvo ella.- Le desconcertó que hablara en pasado.- Umm... No, las tendrá. –Hizo una pausa.- Tu las vistes en ella.- Se refería a él.- Aunque no lo recuerdes. Fue y será tu otra vida.- Lo dijo en tono triste.- Si tan so…

El despertador sonó a su hora. Sus ojos se abrieron con pesadez. Quería enterarse de las últimas palabras de la anciana. No recordaba ninguna de las palabras anteriores. En realidad no recordaba nada sobre el sueño. Aquel olvido paso a ser un fuerte dolor de cabeza. Se levanto a pesar del dolor. Sus piernas no aguantaron su peso. Se desplomo en la cama. Debía ir a clase. Ese mismo día tenía un examen importante. Intento levantarse otra vez. Lo consiguió. Ando despacio hacia el cuarto de baño. Vio su mala cara en el espejo. No podía ir así. Si estaba enfermo de verdad, necesitaría una de las mascarillas de su madre. Siempre guardaba algunas en uno de los cajones del armario del lavabo. Se la puso. No antes, se lavo los dientes y la cara. No iba a desayunar. No tenía mucha hambre. Ya comería algo en uno de los descansos. Se puso el uniforme y se abrigo para salir. No se olvido de hacer la cama. La dejo así para cuando llegase a casa. Dormiría toda la tarde. Bajo hacia la entrada tambaleándose un poco. Se despido pegando un grito.

Caminaba cabizbajo y sin rumbo. No veía por donde iba. La luz del sol le molestaba. No iba aguantar. El camino hacia el colegio se le hacía eterno. ¿Cuánto faltaba para llegar? Sus compañeros pasaban de largo y rápido. No les prestaba mucha atención. Estaba concentrado en lo suyo. Tampoco se dio cuenta de la proximidad de su amigo Obito.

-¡Buenos días! - Su tímpano exploto al oírle. Le fulmino con la mirada.- ¡Anda! -Su amigo se fijo en su máscara. Tenía la impresión de haberlo visto en algún lado.- Me recuerda a... -De repente se calló.- ¿Has estudiado?- Cambio de tema.- Para que pregunto. Si tú lo sabes todo.- Se dio cuenta de que no le hablaba.- ¿Por qué no hablas? - Se preocupo al no ver a su amigo quejarse.-

-Porque no tengo necesidad de hablar.- Le salió la voz un poco ronca.- Además tu voz me da dolor de cabeza.

-¡Eh! Eso ha sido cruel.- Se altero y acelero el paso.- ¡Haberlo dicho antes!- Ya no te hablo mas.- Tras decir eso. No le hablo más y lo dejo atrás.-

Recorrió el último tramo solo. El dolor aun persistía. Su cabeza iba explotar en cualquier momento. Con cada paso que daba su visión se nublaba. No veía nada. No distinguía ningún objeto. Se detuvo no muy lejos de la entrada. Se apoyo contra la pared. La oscuridad inundo su mundo.

Una voz lejana le narraba una historia muy antigua. Era la voz de un cuenta cuentos. En cuanto a la historia, ya la conocía. Era caperucita roja. Su madre se la había leído muchas veces cuando era pequeño. Aun conservaba ese libro. Su mente recreaba cada una de sus palabras en imágenes. Él representaba al lobo. Su pelaje era blanco con tendencias al gris. Seguía una senda del bosque descrito en el cuento. Buscaba a la supuesta caperucita. ¿Qué apariencia tomaría? Tras imaginarse miles de rostros, un rugido espantoso despertó su miedo. Los arboles de alrededor temblaron. Eso no salía en el libro. Corrió buscando el origen de aquel ruido o alejarse de ello. Pronto lo encontró, la caperuza roja. Bajo ello se veía esos ojos dorados. Retrocedió instintivamente. Podía ser la anciana disfrazada. No lo era. Era una muchacha bajo una caperuza roja.

-Debes despertar lobito.- Le decía con un sonrisa en el rostro.- El cazador está por venir.

Una sacudida lo trajo a la realidad. Abrió los ojos tan pronto como lo sintió. Estaba en la enfermería. ¿Qué le había pasado? No recordaba como llego. El dolor si, seguía ahí, pero con menos intensidad. Se incorporo un poco sobre la incómoda cama. No estaba la enfermera. Estaba solo. Suspiro aliviado. Estaría tranquilo hasta… Miro la hora de su reloj. Se había pasado toda la mañana durmiendo. Era impropio de él. No podía permitírselo. Se había perdido el examen. Hizo un amago de levantarse.

-Yo que tu no lo haría. –Pego un bote al escuchar una voz a su lado. Era ella. Estaba sentada en el único sillón del lugar. – No me mires así.- Cerro de golpe un libro. Pudo ver el titulo. Era ella quien lo leía en voz alta.- Me han obligado a cuidarte. No, no era eso.- miro hacia la puerta. Había un par de cabezas asomadas.- Estoy aquí para espantar moscas.

-¿Qué me ha pasado?-Pregunto aun con la voz débil.- Tenia un examen importante a segunda hora.-

-No sé nada de los exámenes de tu clase.- Guardo el libro en la mochila para luego sacar su almuerzo.- Te desmayaste en la puerta principal. Ya te puedes imaginar lo siguiente.- Sonreía al decírselo. Aquello le recordó el incidente de hace unos años.- Nadie de tu club de fans, Si lo tienes, no te han violado.- Le parecía raro que su enemigo hablara tanto. Empezaba asustarse.- Aunque parecían tener ganar.- Tomo un poco de su almuerzo.- Pero al verme a mí, todas desaparecieron. Huyeron de mí.

-Yo lo haría.- Lo suelta bien bajito.

-¡Te he oído cara mono!- Le arrea una patada a la cama.- Tú te quedarías como un pasmarote.- Se levanto de un salto y se acerco a él- Como el otro día. Tu cara fue un poema.- El frunció el ceño. Te molesto la llegada del primo del enano, ¿Eh?

-¿Qué dices?- Le empezaba a incomodar su proximidad.- Me sigue doliendo la cabeza, ogro.

-¿Ogro?- Se aleja refunfuñando. Regreso al sillón con el libro.- Sera imbécil.

Estuvo escuchando sus maldiciones durante una larga hora. La estancia allí se le hacía pesada. Ella hablaba y hablaba. No iba parar nunca. Decía cosas que él no entendía. Ese día estaba muy rara. Normalmente le estaría llamándolo con sus apodos cariñosos o literalmente le ignoraría. Le estaba poniendo de los nervios. Resoplo molesto. La iba ignorar. El enfermo era él, no ella. Espero a que se callara o calmara. No sucedió ninguna de las dos. Seguía y seguía. Su dolor de cabeza nunca se iría. ¿Quién le había puesto a esta pesada a cuidarle? No quiso pensar más. Deja la mente en blanco. De esa forma lograría volver a dormir. Los recuerdos del cuento regresaron, más o menos. Lo veía todo en rojo. Era a causa de la fiebre. El cuerpo le ardía. Tenía la necesidad de quitarse la ropa. Un fuerte movimiento sacudió la cama otra vez. Ella le estaba mirando cabreada. Su rostro estaba algo sonrojado.

-No hagas eso.- Su parlotea había terminado.- Vas a empeorar. Dentro de poco vendrán a recogerte.- Hizo una pausa.- Yo no pienso vestirte, exhibicionista.

-¿Exhibicionista?- Esa palabra le dejo confuso. Era nueva y extraña al revés.- Tú eres una pervertida.- Se incorporo para volver a poner la ropa. Luego se rio al pensarlo mejor.- Estabas mirando.

[03/08/2016]