Disclaimer: KH Reborn es propiedad de Akira Amano, aunque cualquier día de estos le secuestro a la mitad de los niños.

Notas: Primero de todo, decir que siento mi desaparición la semana pasada. Estuve fuera sin posibilidad de conectarme, y no pensé en avisar con antelación. Mis disculpas.

Segundo... llegamos al final. El último siempre me parece el capítulo más difícil, pero está escrito con tanta o más ilusión que los otros. Espero que os guste.

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Marcas de propiedad

No entendía nada. Ni porque Hibari estaba tan enfadado, ni porque había golpeado a Tsuna, y mucho menos porque se lo llevaba a rastras de allí.

-Oye, Hibari, suéltame… me estás haciendo daño- se quejó Hayato, que por segunda vez intentó soltarse.

Si le había escuchado le ignoró por completo y se limitó a tirar de él con esa fuerza ridícula que a saber de dónde sacaba. Se le estaba quedando dormida la muñeca derecha allí donde le sujetaba. Enojado, dio un violento tirón que sólo le sirvió para notar un dolor agudo extendiéndose por todo el brazo.

-¿Pero se puede saber qué coño te pasa?- le gritó, frustrado y enfadado a partes iguales.

Hibari se dio la vuelta y le asió por el cuello de la camiseta, estampándolo contra el árbol que se encontraba detrás de él. Notó como el moreno temblaba de rabia mientras le sujetaba y pensó que ahora sí estaba acabado.

Kyoya entrecerró sus ojos azules y le dedicó una mirada acerada. ¿¡Cómo se atrevía ese herbívoro rebelde a colarse en su vida, ponerla patas arriba, y decir que lo más importante era alguien más?! No había estado tan enfadado en su vida, y le odiaba profundamente por hacerle sentir así. Antes si quiera de pensar en lo que hacía se inclinó sobre Gokudera, hasta cubrirle los labios con los suyos, en un beso tan demandante y furioso que su lengua irrumpió en la otra boca sin permiso y se hizo con cada uno de sus rincones. Pronto tuvieron que separarse porque la exigencia y pasión de aquel beso fue tal que no tardó en consumir todo el aire de sus pulmones.

Hayato se había quedado tan sorprendido que no acertaba a reaccionar. Hibari le estaba mirando fijamente, todavía molesto, desafiante, y con la respiración tan agitada como la suya propia. Y de pronto lo entendió todo, y los colores le subieron a las mejillas con violencia.

-No es importante en ese sentido, idiota- gruñó, terriblemente avergonzado. Kyoya ladeó la cabeza, todavía desconfiando - De esa manera… sólo eres importante tú- añadió muy bajito, sin acabarse de creer que lo que acababa de decir.

Kyoya pareció relajarse un poco ante esas palabras, aunque no perdió del todo la expresión irritada mientras volvía a acercarse a él. Gokudera reprimió el impulso de apartarse y a cambio fue recompensado con la suave caricia de sus labios. No fue un beso tierno, pero sí era muy diferente al anterior. No había rastro de enojo, sólo pasión y exigencia, y unas intenciones muy claras por parte de Hibari de dejarle claro que era únicamente de él. Sintió cómo se sonrojaba de nuevo al comprender lo que eso significaba. Parecía que Kyoya también estaba interesado en él, lo suficiente como para sufrir aquel repentino arranque de celos y posesividad.

Un carraspeo persistente a sus espaldas consiguió que Hibari se separase a regañadientes de él. A un par de metros se encontraban dos miembros de Cervello, que les observaban con la impasibilidad de siempre.

-Gokudera Hayato y Hibari Kyoya, parece que han completado su objetivo. Por favor, entréguenme todas las identificaciones para que lo podamos confirmar- dijo una de ellas con voz monótona.

Por la manera en que Hibari la miró con disgusto, Hayato temió que las fuese a golpear de nuevo, pero finalmente chascó la lengua y se sacó del bolsillo la colección de chapas que habían conseguido durante aquellos cinco días. Cervello las examinó una a una y finalmente se las entregó a su compañera.

-Confirmado, su objetivo ha sido completado. ¿Se quedarán en el terreno de juego para ayudar a sus compañeros o saldrán?- inquirió.

-Nos quedamos- dijo Gokudera.

-Salimos- repuso al mismo tiempo Hibari.

Los dos se miraron entre ellos, claramente disgustados con la respuesta del otro.

-La decisión debe ser unánime, aclárense por favor- pidió la segunda mujer.

-Nos quedamos- se obstinó Hayato.

El moreno resopló sonoramente pero no dijo nada más, así que el jurado lo tomó como una confirmación y, tras decirles que podían moverse libremente y sin restricciones para ayudar a los suyos u obstaculizar al resto, desaparecieron con el mismo sigilo con el que habían llegado. En cuanto se quedaron a solas, Hibari le miró acusatoriamente.

-He tenido suficiente de manadas para todo lo que queda de año- protestó, claramente molesto con la decisión del peliplateado.

-Vamos, un par de peleas más no te van a hacer daño- le aseguró Hayato.

-Hmph…- masculló Hibari, reticente a darle la razón. El maldito herbívoro parecía conocerle demasiado bien para su gusto. Antes de darse cuenta, le estaba siguiendo cuando comenzó a caminar de regreso al lugar donde se habían encontrado a Tsuna.

No tardaron mucho en alcanzarles y Tsuna les estaba poniendo al corriente de su situación cuando Mukuro imprevistamente tiró del cuello de la camiseta de Hayato. Sonrió con malicia al ver varias marcas amoratadas y señales de dientes que acababan de quedar al descubierto.

-Lo suponía- murmuró el ilusionista, a quien al parecer le hacía bastante gracia la situación.

-¿El qué?- inquirió Tsuna con ingenuidad, ajeno totalmente a la situación entre sus dos guardianes.

-Métete en tus asuntos piña estúpida- se quejó un abochornado Gokudera al tiempo que se apresuraba a recolocarse la prenda de ropa. Luego cambió totalmente de actitud para dirigirse al castaño-. Nada importante, Décimo.

-¿Cómo me has llamado?- preguntó Mukuro, dando a su voz un tono de lo más espeluznante.

Al ver que el ilusionista hacía aparecer su tridente, Hibari pareció también interesarse en la conversación. Se había quedado a un par de pasos para mostrar su desagrado con el grupo, pero ahora los ojos le brillaban mientras se acercaba.

-¡Ya basta!- se quejó Tsuna, levantando ambas manos a los lados e interponiéndose entre los tres- Centrémonos en lo que hay que hacer. Como estaba diciendo, nuestro objetivo es reunir todas las espadas que se encuentren en el terreno de juego. Nos falta la de Yamamoto, que se reunirá con nosotros cuando lance dos X-burners seguidos hacia el cielo para indicarle que sólo nos queda la suya… y también la de Squalo- se lamentó con un escalofrío de temor.

-No te preocupes Décimo, Hibari y yo ayudaremos en la pelea- le intentó tranquilizar Hayato. Confiaba en que podrían ganarles, pero el mejor dúo de Varia siempre dejaba considerables bajas.

Tsuna negó con la cabeza.

-Necesito que tú te encargues de otra cosa, Gokudera-kun. Todo esto de los objetivos requiere una complicada coordinación- se quejó el castaño-. Ryohei y Yamamoto necesitan todas las identificaciones del sol. ¿Podrías encontrar a Reborn y traerlo hasta nosotros? No he conseguido cruzarme con ellos un solo día…

-Claro, lo que necesites, Décimo- le aseguró Hayato, con una confiada sonrisa que se tornó en una mueca de suspicacia cuando se volvió hacia los otros dos-. Procurad no mataros mientras no estoy- advirtió a los dos guardianes más problemáticos antes de partir.

Le llevó más de media hora dar con Lambo y Reborn. De hecho fue Uri quien los encontró. Su gato había salido del anillo y, tras darle unos cariñosos golpecitos con la cabeza, había salido correteando de lo más decidido. Hayato, que empezaba a creer que tenía un gato bipolar, se apresuró a seguirle. Se llevó una grata sorpresa cuando vio que se detenía al inicio de un claro, meneando alegremente la cola, y vio que más allá se encontraba el dúo que buscaba. Aunque pronto palideció al ver el panorama que les rodeaba y corrió hasta ellos.

-Dioses, ¿Enma-kun? ¿Julie?- llamó a los dos Shimon, que estaban tirados en el suelo, completamente inmóviles. El pelirrojo tenía una alarmante mancha de sangre en su camisa.

-Tranquilo, sólo están inconscientes- le calmó Reborn. Se inclinó sobre Julie y le quitó el anillo que llevaba en la mano izquierda-. Y con esto…

No acabó la frase porque en ese momento llegó Cervello.

-Bovino Lambo y Reborn-san, parece que han cumplido su objetivo. Por favor, permítanme que lo compruebe- indicó la mujer.

Gokudera les dejó con las formalidades mientras se arrodillaba junto a Enma y le presionaba la herida para detener la hemorragia. Su compañero de clase se quejó un poco mientras se revolvía en sueños.

-Te dije que te estabas excediendo, Reborn, maldita sea- le reprochó Lambo, que se había acuclillado junto a Hayato y estaba improvisando una venda para el pelirrojo.

-Tsk, si no me hubieras hecho perder el tiempo estúpidamente buscando tu cuerno no estaría preocupado por el horario y me habría podido moderar- objetó el asesino.

-Yare, yare, siempre es culpa mía…- se quejó la vaca.

Hayato se los miró a uno y otro con una ceja enarcada.

-¿Qué?- preguntó Lambo, un tanto incómodo ante el escrutinio.

-Os estáis llevando inesperadamente bien- hizo notar. Era cierto que estaban discutiendo, pero no había golpes, ni explosiones, ni lloros desconsolados como era habitual cuando ambos estaban en forma de bebé.

-Pa… para nada, Hayato-nii- aseguró nervioso Lambo.

En ese momento Enma abrió los ojos así que le dio la excusa perfecta para cambiar de tema. Gokudera se aseguró de que los dos Shimon estaban bien y contó a sus compañeros que el par de idiotas les necesitaba para completar su ojetivo, por lo que tomaron el camino de regreso.

Llevaban la mitad del recorrido cuando el cielo se vio iluminado por una impresionante columna de llamas del cielo. Paró y al cabo de varios segundos volvió a restallar de forma cegadora. Los tres comprendieron lo que eso significaba: Tsuna había ganado la pelea contra Varia. Aceleraron el paso de manera inconsciente, decididos a completar todas las misiones ahora que parecían tener la victoria tan cerca. Cuando llegaron al punto de encuentro, todo el resto de la décima generación ya se encontraba reunida allí. Cervello estaba confirmando que Tsuna había cumplido su objetivo y en cuanto Reborn le entregó su colgante a Yamamoto se escuchó por todas partes un pitido ensordecedor que daba un claro mensaje. Ya había un ganador.

La alegría de los Vongola estalló sonoramente, de forma casi unánime. Reborn sonrió con orgullo a su alumno.

-Sabía que podías hacerlo, Tsuna- le felicitó el asesino.

-Gracias pero… ¿Quién eres?- cuestionó el castaño.

Todas las miradas se dirigieron con incredulidad hacia el décimo Vongola. ¿Cómo era posible que no le reconociera? Todos lo habían deducido al momento, excepto Ryohei que parecía tan confundido como su jefe. Antes de que alguien pudiera sacarles de su ignorancia, Reborn alzó una mano, indicando que callaran.

-Esa vaca est… eh, Lambo- se corrigió el asesino para no sonar demasiado evidente- disparó a tu tutor con la bazooka de los diez años y yo he venido del futuro para sustituirle- explicó- Debe tratarse de algún fallo.

-Oh, vaya, entonces el arma vuelve a estar estropeada- dedujo Tsuna. Ya había pasado varias veces que sus disparos producían resultados imprevistos. Esta vez parecía que había traído a quien no tocaba porque evidentemente ese hombre tenía más de once años y no se parecía en nada a Reborn.

-Eh… Décimo- Gokudera estuvo tentado a sacarle de su error pero Yamamoto le dio un disimulado codazo y negó con la cabeza. Con un suspiro, lo dejó pasar.

-Bueno, muchas gracias por ayudarnos, seas quien seas- dijo un sonriente Tsuna a Reborn.

El asesino asintió con la cabeza.

-Parece que todo está hecho aquí, así que ya es hora de que volvamos a nuestro tiempo- indicó.

-Cuando se quiten los brazaletes, los cinco minutos seguirán contando- indicó una de las mujeres Cervello-. Enhorabuena por su victoria, ahora debemos informar de los resultados al resto de participantes- les explicó antes de marcharse junto a su compañera.

Reborn ya se había quitado el brazalete antes de que se fueran. Enarcó una ceja al ver que Lambo parecía estarse peleando con el suyo.

-No… no se abre… creo que se ha estropeado el cierre- explicó tímidamente el bovino.

-Tsk, vaca estúpida… cuando dejes de hacer el idiota te espero en mi casa- sonrió de manera retorcida- Tráete pijama, vas a quedarte a dormir- exigió justo antes de explotar en una voluta de humo.

Lambo se sonrojó al momento. Conocía muy bien esa sonrisa y lo último que el asesino tenía en mente era dormir. Mukuro también debió darse cuenta porque dejó escapar su característica risa.

-Kufufu… ahora lo llaman dormir…

Nervioso, Lambo intentó una vez más deshacerse del brazalete, aunque no había manera. Ryohei optó por ayudarle e intentó abrirlo de un violento tirón que lo único que logró fue que ambos acabaran de culo en el suelo.

-Maa, maa… esto no es cosa de fuerza, si no de maña- dijo Yamamoto, acercándose para intentarlo.

-Aléjate de aquí chico del beisbol, voy a abrir esto al extremo- gruñó el boxeador tirando con violencia del brazalete, ajeno a las quejas de Lambo.

Reborn, que acababa de regresar en su forma de bebé, les miraba con expresión de autosuficiencia.

-Lo que yo decía, un idiota es un idiota, con diez años menos o diez años más- murmuró, y nadie tuvo muy claro a cuál de los dos idiotas se refería. Luego recorrió con la mirada al resto de los presentes, con una expresión satisfecha en el rostro-. Estoy orgulloso de vosotros, chicos- les felicitó. No tenía ninguna duda de que habían ganado. Parecía que iba a añadir algo más pero en ese momento los lloriqueos de Lambo habían subido tanto de tono que era difícil ignorarlos.

-Vas a arrancarme el brazo, Ryohei-kun- protestaba.

Reborn resopló y disparó al brazalete, que se hizo pedazos al momento. Volvió a disparar al pequeño Lambo en cuanto apareció, sólo por desquitarse, y luego retomó su interrumpido discurso.

-Sobre todo de ti, Tsuna, tendrás tu semana de descanso- le aseguró. También tendría que hacer algunas llamadas para que Chrome pudiera visitar a Mukuro en la prisión de Vindice- Y por supuesto cumpliré mi parte del trato contigo- dijo a Hibari.

El guardián de la nube asintió con la cabeza y se acercó hasta él, con aquella sonrisa depredadora que pondría los pelos de punta a cualquiera.

-Dijiste que me concederías cualquier cosa que yo quisiera- recordó Hibari.

Reborn asintió con la cabeza. Kyoya miró a Tsuna un instante, con una expresión de superioridad en sus ojos azules, y luego se volvió hacia al arcobaleno.

-Quiero al herbívoro rebelde- anunció, señalando a Gokudera.

Reborn enarcó las cejas en una clara muestra de sorpresa, pero en seguida su expresión se tornó una sonrisa cómplice.

-Oh, así que ya estáis juntos… Me tranquiliza oírlo, no creo que esa vaca idiota hubiera podido guardar mucho el secreto- dijo. Después de pasar cuatro días en el futuro con ellos, resultó más que evidente el tipo de relación que había entre los dos.

Hayato, que todavía tenía la mandíbula desencajada por la inesperada petición de Hibari, pasó del sonrojo al enfado defensivo en cuestión de segundos.

-Oe, Hibari, no decidas esa clase de cosas tú solo- protestó- ¿Qué te has creído que soy, tu mascota?- cuestionó molesto.

-Mascota, novio, pareja… puedes llamarlo como quieras- replicó Kyoya con un indiferente encogimiento de hombros-. Eso no cambia el hecho de que eres mío.

La expresión de Hayato ante sus palabras no tuvo precio. No parecía tener claro si morirse de vergüenza, gritarle o golpearle, así que terminó por hacerlo todo a la vez. La risa de Yamamoto se escuchó por encima de los incoherentes murmullos del peliplateado.

-Viniendo de Hibari, creo que eso es toda una declaración- aseguró el beisbolista.

-Bien… por mí no hay problema, pero- se volteó hacia su pupilo- Hayato-kun es uno de tus guardianes. ¿Qué dices, Tsuna?

El castaño, que todavía estaba asimilando lo que eso significaba, buscó con la mirada a Gokudera. Evidentemente, la decisión era de él.

-¿Qué… qué dices tú, Hayato?- preguntó tímidamente a su amigo, y tuvo la decencia de sentirse claramente incómodo por estar hablando de temas tan personales.

-Yo… supongo que puedo aguantar al carnívoro caprichoso un poco más- murmuró un ruborizado Hayato.

-Bien, entonces todo arreglado- afirmó Reborn, y con una sonrisa satisfecha en el rostro, les hizo ponerse en marcha hacia casa.

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Hayato se detuvo frente al edificio que se levantaba ante él, dudando. Hacía cinco días que había entrado allí por primera vez. La ocasión anterior se sentía terriblemente incómodo porque no sabía en qué punto se encontraba su relación con Hibari. Ahora se sentía posiblemente más violento todavía porque sabía exactamente donde estaban. Pareja, había dicho él, sin el menor rastro de vergüenza por ello. Después de eso había acompañado al grupo en un enfurruñado silencio hasta que se empezaron a separar. En cuanto él se había despedido de Tsuna, Hibari le había sujetado del brazo y se lo había llevado sin más. Habían parado apenas diez minutos para cenar algo en un puesto callejero de comida rápida y allí estaba, frente a su casa, mientras Kyoya le esperaba en la puerta con claras muestras de poca paciencia.

-¿Es que vas a quedarte en la puerta, herbívoro?- cuestionó.

-Si me sigues llamando herbívoro, posiblemente- replicó en actitud retadora.

Hibari perdió finalmente la paciencia y dio un tirón de su camiseta, haciéndole entrar. Hayato le siguió en silencio hasta su apartamento. Parecía el único nervioso de los dos, porque Kyoya se limitaba a dejar la mochila a un lado y poner la ropa sucia en un cesto como si él no estuviera allí. Cuando acabó de ordenar sus cosas le vio sacar el futón del armario y extenderlo ante ellos. Hibari empezó a desabrocharse la camisa, y le dirigió una mirada ceñuda al ver que no se movía de donde estaba.

-¿También tengo que traerte arrastras hasta la cama?- inquirió.

Gokudera dio un pequeño respingo y negó con la cabeza. Se deshizo de los pantalones y se tumbó en el futón. Hibari apagó la luz, pero la persiana levantada dejaba entrar suficiente claridad para que le viera llegar a su lado y colocarse a gatas sobre él. Tenía todo el aspecto de un depredador, y no pudo evitar ruborizarse al darse cuenta de que la presa era él.

-Con lo descarado que has sido estos días… ¿ahora te avergüenzas?- inquirió Hibari, ladeando una sonrisa socarrona.

Hayato abrió la boca para protestar, pero la volvió a cerrar. Era cierto que había sido él quien había tomado la iniciativa y quien le había invitado a dormir junto a él, pero tenía la sensación de que ese momento tenía una connotación muy diferente.

-Es que… esta vez es algo más que sexo- murmuró al fin.

-Hoh… ¿es que no lo han sido todas las demás?- se burló.

Hayato alzó la mirada para enfrentarle y se dio cuenta en ese momento de que tenía razón. Desde el principio había habido algo más. En esa época o en el futuro, Hibari no le habría dejado acercarse a él si no fuera así.

-Supongo que sí- coincidió, más relajado.

Casi no había acabado de hablar que Kyoya cazó sus labios en un beso hambriento. Hayato respondió al acto, concediéndole paso, enredando sus lenguas con tantas ganas que se le escapó un gemido bajito. Podría haberse perdido en aquel húmedo contacto para siempre, pero tuvo que interrumpir el beso cuando Hibari tiró con impaciencia de su camiseta. En cuestión de segundos la prenda estuvo olvidada en un rincón y las manos del moreno recorrían con avidez cada parte del cuerpo recién expuesto. Cuando llegaron a su entrepierna, su erección ya palpitaba bajo su prisión de tela. Gokudera se movió sin pudor, restregándose contra él, friccionando sus erecciones en una caricia que hizo que Hibari perdiera el control. Antes de que se diera cuenta, ambos estaban completamente desnudos. La respiración del mayor era acelerada; su mirada, velada de deseo y totalmente electrizante.

Gimió de pura impaciencia cuando Kyoya le pasó la lengua por el cuello, mordisqueando, succionando, abrasándole la piel. Las manos del moreno estaban entretenidas acariciando su erección, y sin previo aviso descendieron directas a su trasero y notó como un dedo se colaba en su interior. Siseó de placer, y de dolor, y de ganas de más. Le encantaba notar la impaciencia de Hibari, el deseo mal contenido que dejaba entrever cada uno de sus bruscos movimientos. Pronto se encontró alzando levemente sus caderas, pidiendo más. Otro dedo se unió al primero, explorando su interior, enviando descargas eléctricas a cada rincón de su ser.

-Hibari…- susurró con la voz ahogada de deseo e impaciencia.

Éste se movió para colocarse entre sus piernas y sintió como se adentraba en él de una sola estocada. Hayato dejó escapar el aire con pesadez al notarle en su interior, caliente y palpitante. Dolía un poco pero no podía esperar más, y la manera en que se restregaba incitante contra su cuerpo se lo hizo saber a Kyoya, que no dudó en moverse con presteza. El peliplateado gimió y tembló, y le clavó las uñas en la espalda de puro placer.

-Hibari…- ronroneó al cabo de unos minutos- Aquí abajo no me puedo mover.

El moreno rió por lo bajo con su petición. Seguía siendo el mismo herbívoro rebelde de siempre que era incapaz de dejarse hacer. Rodó hacia un lado, y el movimiento les llevó fuera de la comodidad del futón, pero si alguno de los dos se dio cuenta de que estaban sobre el frío suelo no pudo importarle menos. Hayato se revolvió para poder acomodarse encima suyo y pronto se estuvo moviendo sin pudor sobre él. Levantaba un poco las caderas para luego dejarse caer de golpe y soltar un gemido bajito cada vez que Hibari se enterraba por completo en él. Era una visión hipnótica que le provocaba agradables escalofríos en cada célula de su piel. Llevó la mano hasta el miembro de Hayato, deslizándola por toda su longitud. En respuesta a sus caricias, el peliplateado se arqueó hacia atrás. Soltó un gruñido ronco al notar como su interior se contraía y apresaba su erección. Sabía que no aguantaría mucho más, así que en un movimiento brusco sujetó a Hayato de las caderas y volvió a rotar para quedar sobre él.

Gokudera soltó un quejido al notar el golpe contra el suelo, pero tan pronto como notó las embestidas de Hibari enroscó las piernas a su alrededor, buscando sus labios para besarle, acompasando sus movimientos, dejando que la pasión y el descontrol se apoderasen por completo de él. Kyoya le había colocado los brazos sobre la cabeza y se aferraba con fuerza a sus muñecas, transmitiéndole toda su necesidad.

-Hibari…- le susurró al oído en el momento en que el calor se tornaba insoportable y llegaba al clímax de toda aquella locura.

El moreno jadeó y el orgasmo le sobrevino en el instante en que Hayato se derramaba y notaba en su mano el resultado de su placer. Se dejó caer encima de él y el peliplateado rió con suavidad, enredándole los brazos tras su cuello, apretándole contra su cuerpo. Cerró los ojos y dejó que su respiración se normalizara mientras Gokudera jugueteaba con sus cabellos. Era una sensación tan agradable que sin darse cuenta se estaba quedando adormecido.

-Hibari- escuchó que le llamaba- Deberíamos volver a la cama- indicó. Empezaba a quedársele la espalda helada, y ya bastante adolorido tenía el cuerpo de la reciente actividad como para pasar la noche en el duro suelo.

El moreno refunfuñó un poco pero se quitó de encima suyo para que se pudieran meter juntos en el futón. Antes de taparlos se quedó mirando con seriedad a Gokudera.

-¿Sabes que me llamo Kyoya, verdad?- inquirió, un tanto desconfiado. Había susurrado muchas veces su apellido pero no había dicho su nombre ni una sola vez.

Su comentario consiguió arrancar una risa divertida a Gokudera.

-Y tú sabes que yo me llamo Hayato y no herbívoro, ¿verdad?- cuestionó con cierta malicia.

-Por supuesto que lo sé- replicó con suficiencia-. Eres demasiado rebelde, Hayato- se quejó mientras se acomodaba sobre su pecho y se dejaba vencer por un tranquilo sueño.

Lo siguiente que notó Hibari fue el roce de una mano sobre su mejilla. Sonrió para sí mismo y mordisqueó de manera juguetona los dedos que le acariciaban antes de abrir los ojos y darse cuenta de que ya era de día. Hayato tenía el pelo mojado, por lo que supuso que acababa de salir de la ducha. Estaba vestido y tenía la mochila echada al hombro.

-¿Te vas?- preguntó Hibari, sin molestarse en disimular un bostezo.

Gokudera asintió con la cabeza.

-Pasaré por casa de Kyoko-chan… Le pedí antes de irnos que me guardara los deberes de la semana. Quiero hacerlos antes de volver a la escuela- explicó.

Hibari pareció complacido con su responsable actitud escolar, así que se dejó caer de nuevo sobre el futón, dispuesto a dormir un poco más aprovechando que era domingo. Hayato se inclinó sobre él y le besó fugazmente los labios. El moreno abrió los ojos al darse cuenta de que seguía inclinado sobre él.

-¿Qué?- inquirió con desconfianza.

-Yamamoto me ha enviado un mensaje para recordarme que esta noche estamos todos invitados a su restaurante para celebrar la victoria. Me preguntaba si… querías venir- aventuró.

-Hn, como si me interesara algo así…- ironizó- Debería morderte hasta la muerte por proponerlo- replicó, dándose media vuelta para dar por zanjada la cuestión.

-Hum, ¿de veras? Bien, volveré esta noche, para ver exactamente cuánto me puedes morder- fue la desafiante respuesta de Hayato antes de partir.

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El restaurante del padre de Yamamoto se había llenado por completo de risas y animadas conversaciones. Estaban casi todos los que habían participado en la competición, además de las chicas y Enma, a quien por suerte le habían dado el alta del hospital esa misma mañana. Hibari era la única ausencia, aunque a ninguno le extrañó. Yamamoto padre les había preparado una increíble cantidad de sushi y luego les había dejado solos en el local para celebrar su merecida victoria.

La fiesta estaba en pleno apogeo cuando Lambo se subió de repente encima de la mesa y, cogiendo dos palillos, se los colocó en los agujeros de la nariz, meneando alegre las caderas a un lado y a otro en un baile ridículo.

-Mirad, el gran Lambo-san puede convertirse en una morsa- gritó el pequeño, que se lo estaba pasando en grande.

-Iugh, eso es asqueroso, Lambo- se quejó Tsuna, llevándose las manos a la cabeza.

Lambo rió exageradamente, al parecer divertido con la incomodidad del castaño, y dio un paso amenazador hacia él.

-Tú también puedes ser una morsa, Tsuna-nii- decidió, sacándose los palillos de la nariz y haciendo el intento de colocárselos al aterrorizado décimo Vongola.

Se inclinó hacia él, con tan mala suerte que tiró algunas de las bebidas y éstas se derramaron por toda la mesa. Los que estaban más cerca se pusieron de pie, apartándose al momento para no ser manchados por el desastre que el pequeño acababa de provocar.

-Mira lo que has hecho, vaca estúpida- se quejó Gokudera, levantando a Lambo de la mesa para que su característico traje de vaca no se manchase todavía más.

El bovino, que tenía los pies colgando en el aire, pataleó entre sus brazos, molesto por el insulto.

-Lambo no es estúpido, Hayato-nii- se ofendió-. Vete a vivir pronto con Hibari, estás de mucho mejor humor cuando vives con él- dijo el pequeño con un enojado puchero.

Gokudera se sintió tan avergonzado por sus palabras que lo dejó caer al suelo de golpe, ante las risas generales de los demás. Después de eso Yamamoto y Haru recogieron el estropicio que Lambo había provocado y siguieron todos comiendo con el mismo animado alboroto de antes.

Las palabras del pequeño bovino habían dado que pensar a Tsuna, que estaba sentado frente a Gokudera. Miró con preocupación las visibles marcas que lucía su amigo en el cuello y en los brazos.

-Hayato… ¿estás seguro de que estarás bien con Hibari?- preguntó algo intranquilo, señalando sus muñecas.

El peliplateado se rió por lo bajo.

-Sí, no te preocupes, Décimo- le tranquilizó.

-Pero… si se pasa buscando pelea…- empezó a decir.

-Vete acostumbrando, Tsuna, porque esto va a ser siempre así- le interrumpió Reborn, sonriendo divertido ante la ingenuidad de su alumno, que parecía haber malentendido el origen de sus marcas.

Sin previo aviso se abrió la puerta del local, y todos se volvieron en silencio hacia la entrada. Es cartel de "cerrado" estaba visiblemente colocado en la puerta así que no esperaban a nadie más. Se relajaron al ver que se trataba de Hibari y siguieron con sus conversaciones. El único que se lo quedó mirando fue Hayato, que se había quedado de piedra al verle aparecer. Le vio acercarse con aspecto hastiado hasta donde estaba él, aunque en vez de sentarse junto al grupo separó una silla de la mesa que había a sus espaldas y sentó solo allí. Hayato levantó los ojos al cielo y tiró del respaldo de la silla, acercándolo hasta él. A regañadientes, Hibari se sentó entre él y Chrome, aunque se empeñó tozudamente en no participar en la conversación.

La fiesta siguió sin incidentes, y casi habían terminado con la comida cuando Hayato y Tsuna chocaron sus palillos al intentar coger la misma pieza de sushi. Sentados uno frente al otro, se quedaron mirando durante unos instantes sin saber qué hacer.

-Ah, lo siento, Décimo- se disculpó Gokudera-. Es tuyo- ofreció, pues al parecer los dos habían ido a por el último trozo de salmón.

-No, no, quédatelo tú- respondió Tsuna, avergonzado-. De todas maneras ya he comido suficiente por hoy- aseguró.

-De ninguna manera- se negó Hayato, sonrojándose ante el amable ofrecimiento de su jefe-. Acéptalo, Décimo, por favor- insistió, acercándole los palillos a la boca para que se lo pudiera comer. Tsuna sonrió y se inclinó hacia él para recibirlo.

De repente Hibari se puso en pie, dando un sonoro golpe sobre la mesa, y Tsuna tuvo el presentimiento de que algo iba a acabar muy mal. Emitió un sonido agudo mientras su mirada se agrandaba considerablemente.

-Hiiiii, te aseguro que no hay nada entre Hayato y yo- juró, mientras gesticulaba exageradamente con las manos.

Hibari no pareció muy convencido porque entrecerró los ojos mientras se rodeaba de un aura amenazadora. Tsuna buscó la ayuda de su tutor, suplicándole con la mirada, pero éste se limitó a hacerle un despreocupado gesto con la mano mientras se llevaba a la boca una pieza de tenpura. Su expresión decía claramente "tus problemas los resuelves tú". Se giró hacia su guardián de la nube tan aterrorizado que casi tenía los ojos llenos de lágrimas. Dio un respingo cuando Hibari hizo un intento de acercarse hacia él, pero Gokudera le dio al moreno un fuerte tirón del brazo que le impidió avanzar.

-Oe, deja de intimidar al Décimo- reprendió Hayato, ignorando la mueca ceñuda que le dirigía Kyoya-, ya te ha dicho que no hay nada- le aseguró.

El molesto resoplido del moreno dejó muy claro que no estaba del todo convencido, pero tras unos segundos de tensión terminó por ceder y adoptar una actitud más relajada.

-¿Has venido porque te lo he pedido yo o para vigilar a Tsuna?- cuestionó Hayato, intentando contener una sonrisa. Y es que no dejaba de resultarle graciosa esa actitud infantilmente posesiva.

-Hmph- fue la esquiva respuesta del moreno, que jamás en la vida admitiría en voz alta que un poco de las dos.

Al final Hibari accedió a regañadientes a sentarse, pero el modo en que fruncía los labios en un enfurruñado puchero de niño malcriado dejaba muy claro que el tema no estaba zanjado en absoluto. Hayato suspiró. Parecía que así sería su vida a partir de ahora, evitar que su problemático novio la tomara contra su adorado jefe. No tenía la menor duda de que sería complicado pero… ¿para qué negarlo? Esa una complicación con la que le encantaba lidiar.

Fin

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Notas finales: Y hasta aquí llega esta pequeña aventura. Acabar un fic largo siempre me deja una sensación agridulce: la satisfacción de haber terminado, la lástima por cerrar una historia con la que he pasado tan buenos momentos, la inseguridad de si todo habrá quedado cuadrado y bien. Por eso agradecería mucho a todos los que lleguéis hasta aquí un comentario final con vuestra opinión.

Cómo podéis ver, no ha sido un final romántico al estilo tradicional, con te quieros y corazones por todas partes, porque ellos tampoco son una pareja usual. Pero creo que, a su estilo, tienen un toque de lo más tierno. ¿Qué os ha parecido?

Si alguien tiene interés en mis futuros proyectos, estoy maquinando otro 1859, muy diferente de este, que posiblemente tendrá también como pareja principal R27. Y es que aunque RxL es de mis parejas preferidas, hay otras que no me desagradan y con las que me apetece experimentar. Es posible que en un par de semanas empecéis a verlo por aquí, o si las musas se portan bien conmigo puede que la semana que viene y todo.

Muchas gracias por haberme acompañado en esta aventura y espero que nos volvamos a ver ^^