Capítulo 10:

-¿Se puede saber qué significa esto?-Jenna repitió la pregunta con un tono mucho más solemne, pero Elena no pudo escuchar más nada, solo oía un pitido de fondo que le avisaba de que todo se estaba desmoronando, las piernas le temblaban, el pulso se le acelera, y la respiración… simplemente no encontraba la forma de volver a respirar.

Jenna la miró firmemente, apretando con fuerza el álbum de fotos, se había levantado esa mañana, Jeremy le había preparado el desayuno y se había largado, se había quedado sola, con una única idea en la cabeza: no parar hasta averiguar qué le pasaba a su sobrina, no había querido indagar en su intimidad, era una cosa que nunca se le había pasado por la cabeza, pero mientras intentaba acabar una presentación sus piernas se movieron solas, primero para su cuarto para recoger unas fichas, pero su cuerpo, inconscientemente le había llevado al cuarto de su sobrina, y sin pensarlo mucho entró en él.

La habitación estaba como siempre, recogida e inmaculada, con los peluches y los muñecos repartidos por la cama, algunos cuadernos y libros en el escritorio e incluso en el suelo, las ventanas abiertas. Todo parecía perfecto. Y fue esa perfección la que le hizo reaccionar, y ponerse a buscar respuestas, registró su armario, algunos cajones, la mochila, la ropa, hasta que, cansada de no encontrar nada se dirigió al baño. Y su mundo se terminó ahí. Porque en ese momento las cosas tomaron otro color, le dio por registrar los cajones, e incluso coger su diario, pero antes de tomar el diario y romper la última barrera una caja le llamó la atención, una caja y un álbum que no había visto nunca, tomó la caja, encontrando unos tampax, frunció el ceño, ¿por qué los guardaba ahí? Hacía poco le había pedido que comprase una caja, no tenía sentido, dejándolo estar tomó otro aparato, solo con verlo el corazón se le encogió en el pecho.

Un test de embarazo.

Positivo.

Se llevó una mano al pecho, la caja cayó al suelo seguido del álbum que quedó abierto en una página, repleta de fotos, respiró con dificultad hasta que fijó la vista en él, lo tomó con dedos temblorosos y lo vio. En la foto reconoció a su sobrina sonriente, apartando lo que sería la cámara, vió como su sobrina se abrazaba a otro chico, le resultaba familiar, moreno y de ojos azules, ambos sonreían, un selfie, había diferentes fotos muy similares, el chico recostado en lo que era, ¿su sofá? ella estudiando, ambos tumbados en una cama, tomando helado, disfrutando.

No necesitó mucho tiempo para que el rostro del chico tomase un nombre.

Disculpe, me gustaría poder hablar con alguien de autoridad en este lugar, soy Jenna.

¿Damon? Disculpe, creo que no ha tenido un buen…

-No puede ser -negó con la cabeza, justo cuando oyó a su sobrina llegar, se pasó las manos por la cabeza, intentando recuperar la compostura, el control porque, si le valiese saldría al encuentro de Elena e iría a por ese aprovechado.

-Jenna -empezó la chica, despertando a la aludida de sus recuerdos, la mujer la miró fijamente, sin mostrar ni un atisbo de emoción, la castaña se removió inquieta, sintiendo que el mundo se le caía encima- Yo...iba a decírtelo…

-¿Cuándo? -preguntó tranquila, enseñándole la muestra del test- ¿¡Cuándo Elena!? ¡Porque ayer no parecía que tuvieses muchas ganas de hablar! ¡Todo lo contrario, querías evadir el tema!

-No es verdad…

-¡Mira no me vengas con estas! ¡No te comportes como una niña ahora! ¿¡No decías que te tratara como un adulta!? -se quejó con la voz en grito, no le importaba que sus vecinos volviesen a oírlas discutir, ya le daba igual lo que pensara la gente, lo que dijesen a sus espaldas, ahora mismo solo le importaba el futuro de su sobrina, lo que iba a perder por culpa del desliz de un idiota, solo de pensarlo le hervía la sangre.

-¡Es que no me comporto como una niña! ¡Iba a hablar contigo ahora! Pasa que ya es demasiado tarde -se encogió aún más, sintiendo mucho miedo, miedo y la decepción por parte de su tía.

-No no lo ibas a hacer, ya si eso me enteraba cuando la barriga se te notase, ¿no? Porque no tengo ni voz ni voto.

-No es verdad...

-¿Ah no?-sonrió, dejándose caer de nuevo en la cama- Muy bien, te escucho, habla ahora.

-Pero…-dudó, el ambiente estaba muy tenso, y Elena no quería seguir tentando a la suerte- Jenna ya...

-¡Que hables! -gritó, desgarrándose la garganta al instante

-Estoy embarazada -suspiró Elena y se colocó una mano sobre su vientre, como si quisiese impedir que su bebé escuchase esa conversación, Jenna vio el gesto, no era la primera vez que su sobrina reaccionaba de esa forma, ¿cómo no se había dado cuenta?

La escena era demasiado tierna, y Jenna no quería que esto le afectase a su decisión, no estaba dispuesta a que las emociones la afectasen aún más.

-¿Y esto? -le señaló el álbum-¿Me lo vas a explicar? ¿O prefieres que tome una decisión sin saber nada? Porque yo encantada de reventarle la cara a ese mamón.

-¡Jenna! -le replicó- Él es lo mejor que me ha pasado-le confesó muy bajito como si de un secreto se tratase, Jenna dibujó una mueca de disgusto en los labios, su sobrina no podía estar hablando en serio- Le amo.

Negó con la cabeza, acercándose a la ventana, tomó aire antes de decirle la verdad, esa verdad que su sobrina no quería ver.

-Elena cariño -se acercó a ella- Si yo te creo, ese no es el problema.

-¿De verdad? -se ilusiona, sus ojos brillaron por las lágrimas, pero el dolor se transformó en un instante en ilusión, su tía lo estaba aceptando. Jenna la abrazó unos segundos para después decirle lo que pensaba.

-Claro que te creo, sé que le amas -le sonrió con complicidad, como si aún fuesen esas amigas inseparables- Pero él no te ama a ti.

-¿Qué? -se apartó asqueada, empujando a su tía incluso- No, sabía yo que no...no podrías aceptarlo sin más, ¿verdad? ¡Me quiere! Si no me quisiese ya se fuese desentendido.

-¿Y no ves porque no lo hace? -quiso mantener la calma, pero la cabezonería de su sobrina la estaba matando- Porque no quiere que el prestigio del instituto, y su prestigio de profesor se vaya al garete por un calentón.

-No sigas por ahí -le amenazó- No me hagas esto Jenna, ¿simplemente no puedes conformarte? Confía en mí, por favor… -le suplicó llevándose sus manos al pecho, Jenna la miró con determinación, confiaba en su sobrina, en su palabra pero no confiaba en ese amor y mucho menos en un supuesto adulto enamorado de una cría, eso no le entraba ni de casualidad. Era improbable que un adulto fuese conquistado por una adolescente, pero claro si en medio le ponemos el deseo y la tentación todo tenía más sentido, era su sobrina la que se negaba a verlo.

Tenía que tomar otro camino para convencerla.

-Confío en ti, Elena, pero no puedo confiar en él. No pienso dejarte estar cerca de él, no quiero que te arruines la vida.

-Si alguien se la arruina aquí es él, Jenna, ¿no te das cuenta? Está conmigo pese a todo.

-Te alejarás de él, Elena. No me importa que creas que estás enamorada. Ya arruinaste tu vida lo suficiente.

-¡Jenna!

-Jenna nada. Me mentiste, Elena. Traicionaste mi confianza y transgrediste todas las normas revolcandote con un profesor ¡Y encima te quedaste embarazada!

Elena no dijo nada. Dicho así, sonaba terrible y mucho más si esas palabras salían de la boca de su tía. Jenna estaba por seguir gritándole pero la visión de una lágrima deslizándose por la mejilla de su sobrina la hizo parar. Suspiró, ya no podía hacer nada… el daño ya estaba hecho.

-Necesito que me cuentes todo, Elena -dijo suavizando un poco la voz.

-¿Todo?

-Todo sobre el embarazo, ¿cuánto hace?

-¿Desde…? -asintió- Unos meses, dos o así…

-¿Y has ido al médico? Elena dime que si.

-No, no he ido porque necesito tu permiso tía Jenna -se limpió los restos de lágrimas- Creeme te lo iba a contar ahora mismo.

-Bueno, dejemos eso, no confiastes en mi ni yo tampoco porque he registrado tu cuarto, borremos la tarde de ayer de nuestras mentes y centrémonos en que vamos a hacer, en que vas a hacer.

-No, te guste o no no, no estoy sola en esto. No voy a dejar a Damon fuera.

-No he dicho eso -alzó las manos.

-No pero lo has dado a entender que es mucho, no sé, mientras que estemos los tres juntos, nada importa.

-¿Vas a…? -la señaló- ¿Vas a tenerlo…?

Elena cerró los ojos al escuchar esas palabras. Ahí estaba de nuevo. Era como si todo el mundo, incluso ella misma en un principio, estuviera conspirando para alejarla de su bebé. Los dolorosos recuerdos de las primas semanas, cuando se sentía débil e incapaz de hacer algo como criar un bebé la asaltaron y se sintió terrible de solo recordar que por su cabeza había cruzado la idea de no tener ese bebé.

-Claro que lo voy a tener Jenna -dijo con determinación y se acarició con ternura el vientre, dándole calor y amor a esa cosita tan pequeña a través de su piel, Jenna la observó detenidamente ¿Cuándo había crecido así? Elena era toda una mujer hecha y derecha, negaría haberlo pensado pero incluso sería una madre de lujo, sonrió ante ese pensamiento, pero la mente se le nubló al recordar cómo habían llegado a ese momento, como ese chico, Damon se había aprovechado de su sobrina, tal vez no pudiese quitarle la venda a Elena, pero haría que la realidad le chocase de cara, hablaría muy seriamente con Damon, este no había conocido a un el genio de las Sommers, era una pena que Miranda no estuviese allí, juntas podrían haber puesto a ese profesor en su sitio.

El lunes llegó antes de lo que pensaba, ese día se había hecho eterno para Elena, tenía la cita con el médico esa misma tarde y estaba hecha un mar de nervios, se había pasado las dos primeras horas en vilo escuchando o intentando escuchar la clase que estaba impartiendo el profesor, pero por más que lo intentase su mente viajaba de nuevo al fin de semana donde casi había estado incomunicada, por suerte Damon también había estado ocupado, lo único que había recibido de él es que estaba ocupado con sus amigos y preparando las clases para la semana, le agradeció mentalmente que no diese señales de vida, porque tampoco sabía cómo contarle lo de Jenna, frunció el ceño al ver que Caroline le chistaba, se giró para enfrentarla cuando sintió una sombra sobre ella.

-Señorita Gilbert, ¿tan poco le interesa mi clase? -cruzado de brazos le miraba fijamente Connor, el profesor de matemáticas la observaba con un deje de superioridad y de enfado.

La chica se sintió incómoda en el asiento, se removió sintiendo todas las miradas clavadas en ella, le pareció escuchar unos murmullos procedentes de la zona de Genevieve, la odiaba, y más ese día.

-No es eso profesor, es solo que...no me entero muy bien de la binomial.

-¿Ah no?-señaló la pizarra- Que extraño porque me parece que estaba explicando la normal- Las mejillas tomaron un color más fuerte, se sentía una niña chiquita ahora mismo, miró la pizarra rápidamente y la fórmula de que x-N(0,1) marcada en tiza roja destaca en toda la pizarra, ¿por qué seguía utilizando las tizas?- Será mejor que salga fuera, a ver si el aire fresco del pasillo la espabila, y da las gracias de que no haga llamar a tu tutora.

Bufando salió de su sitio y se dirigió al pasillo, mientras se encaminaba a la puerta, sintió una fuerte punzada en el estómago, no le prestó mucha atención porque llevaba desde el domingo por la tarde con esos dolores, pero cuando agarró el pomo y le falló la vista verdaderamente se preocupó, se llevó una mano a la frente, estaba un poco caliente, ¿tendría fiebre?

-¿También necesita ayuda para salir al exterior, señorita Gilbert? -todos empezaron a reír a carcajadas, Elena se mordió la lengua para no soltar una estupidez, sin despedirse salió de la clase dejándose caer en el suelo, se cruzó de piernas y miró el techo. Un año divino.

Las siguientes clases no fueron mejores, cada vez se sentía peor, y agradeció enormemente que el profesor de la última hora antes del descanso estuviera indispuesto, se dejó caer en la silla, apoyando la cabeza en el pupitre, Caroline se sentó a su lado.

-Lena, será mejor que vayas a enfermería tienes muy mal aspecto -la chica negó con la cabeza sin ni siquiera levantarse o hablar, la rubia le pasó una mano por el hombro- ¿Problemas en el paraíso?

-Jenna lo sabe.

-Bueno en eso consistía, en que lo supiese -le sonrió creyendo que ese era el problema, Elena la miró durante un segundo y negó con la cabeza, no tenía ganas ni de explicarle eso.

Damon salió del tríptico con los alumnos de primero, era un quebradero de cabeza, sin pensarlo mucho les dio, la media hora que quedaba de la clase libre, y se dirigió al único lugar donde encontraría un poco de paz, se quitó las gafas y las guardó en su bolsa mientras buscaba su teléfono, Elena no le había dicho nada en todo el domingo, mientras pensaba en decirle algo, se dio de bruces con algo duro, estuvo a punto de disculparse cuando se vio atrapado por unos brazos. Ric.

-¿¡Qué mierda haces Ric!?-le estaba abrazando, bueno mejor dicho le estaba ahogando, tiró de él hasta uno de los banquitos-¡Que me sueltes…!

Le empujó, estaba recostado en el banquito, con un Ric muy sonriente casi encima suya, estaban llamando la atención, vale, no había nadie, pero estaba tocándole los huevos.

-Mariconadas las justas -le advirtió amenazante.

-Si, si, pero tu te vienes conmigo -tiró de su brazo, Damon intentó zafarse de su agarre hasta que comprendió lo que le quería decir- Mer me ha dicho que vaya a verla, y no me da la gana de tragarme su interrogatorio sólo, colega, o te mojas o cuento todo.

-¿¡Eso es una amenaza!?

-No -se frenó con una sonrisa de oreja a oreja- Es como me quede a dos velas por tu culpa poco va a tardar mi cerebro en funcionar, ¿entendido?

-Lo que yo he dicho, una amenaza en toda regla -Ric negó con la cabeza y lo condujo directamente hasta la enfermería, se acercó a su oído, Damon retrocedió unos pasos- ¿Qué hemos dicho de las muestras de afecto en público? -bromeó- Amor dejalas para casa, cuando Mer no esté al otro lado de la puerta -dijo pícaro, mientras le pasaba un brazo por la cadera, Ric le imitó y entraron a trompicones a la sala, Meredith, que los llevaba escuchando desde hacía un buen rato les esperaba sentada en la camilla con una taza de café tamaño XL.

Eran un par de críos, unos críos adorables, entraron llevándose por delante una de las sillas y el conjunto de sábanas limpias, pero seguían agarrados y dándose, o fingiendo darse pequeños besitos.

-¡Vale ya parejita! -les lanzó una goma de borrar, Ric se deshizo del agarre de su "amante" y se lanzó a vida y muerte por la gomita rosa, para después plantarle un dulce beso en los labios a su novia, Damon negó con la cabeza mientras recogía un poco el desorden que ellos habían provocado en unos segundos.

Se dejó caer en la silla, mientras sus amigos se abrazaban en la camilla.

-¡Pareja de babosos! -vociferó Damon formando un megáfono con las manos- ¡Estoy aquí! ¿¡Eh!?

-Ay Damon… -se apartó como pudo de su novio para abrazar a su amigo- Y bueno, ¿no tenías clase?

-Los he abandonado, son una panda de animales -bufó- Cualquiera les explica la Edad Media a esa panda de animales -rió- No quiero imaginarlos en Educación Física.

-Sería gracioso -coincidió Ric bebiéndose lo poco que quedaba del café de su novia, dibujó una cara de asco- A ver si le echas sacarina o azúcar a esto, que está amargo.

-¡Tu si que estás amargo! -le arrebató la taza- ¡Pues para no gustarte bien que te la bebes!

Dibujó una cara de inocente, levantándose de su lado para dirigirse a los papeles que tenía su novia en la mesa, un nombre le llamó la atención- ¡Deja mis cosas ahí! ¡Cotilla!

-Tienes los expedientes fuera.

-¿Y?

-Nada -sonrió- Podemos hacer algo entretenido mientras llega el recreo, me toca guardia -se quejó- No podré disfrutar de la compañía de mis dos amores.

-¿Qué hemos dicho antes? -preguntó sensual Damon, acercándose de forma tentadora a su amigo, Ric le imitó el gesto y le rodeó el cuello- Por lo menos dejas claro que eres la chica -dijo explotando en una carcajada.

-¡Gilipollas! -bufó Ric entre risas- Si tuviésemos que aclarar los roles, tú serías la chica…-se marcó un tanto, dio una media vuelta, y le apuntó con ambas manos- Ojos azules, piel suave...cabello azabache...suenas a blancanieves, Mer ¿tienes labial rojo?

Mer soltó una carcajada, se agarró el estómago, no se acostumbra nunca a ese dúo dinámico, cuando los conoció nunca pensó que llegarían hasta aquí, no después de esas idas y venidas, Damon bufó y farfulló algo ininteligible, mientras cruzaba las piernas en el asiento. Ric seguía comparando a Damon con artistas y princesas disney.

-O también podrías ser…

-¡Ya vale! -le golpeó el trasero, Ric dio un brinco ante el golpe- ¿Ves? Yo soy el tío en esta relación, eres tú el que no quieres verlo.

-Ya, ya, ya, puedo seguir así hasta la noche -le aclaró, Damon negó con la cabeza, emitiendo los sonidos típicos de un niño de cinco años.

-Nop, nop, nop, porque tienes guardia, ¿recuerdas? -dibujó unos pucheritos, mientras Ric rodaba los ojos y se dirigía a su novia, que se tronchaba de risa en la camilla, Ric y Damon se lanzaron una mirada de sorna, mientras Damon se levantaba despacio, Ric rodeó la camilla, ambos se hicieron una señal y comenzaron a hacerle cosquillas a Mer, la chica soltó una carcajada forzada, intentando frenar las manos de sus amigos- Así no te reirás de nosotros -Damon le guiñó un ojo a Ric, antes de agarrarla de los pies, mientras su amigo la agarraba de los brazos.

-¡Soltadme par de animales! -gritó entre risas, sintió como perdía el contacto con la camilla, y como Ric y Damon la balanceaban un poco- ¡Basta! ¡Por favor! -rió.

-¡No! -dijeron al unísono, ambos la soltaron a la de tres de un golpe seco, la chica se retorció en la camilla, y cuando consiguió recuperar la compostura, se lanzó a por su novio, saltando directamente a sus hombros, Damon soltó una carcajada ante la escena, como Ric quería deshacerse de las piernas de su novia y como esta se las armaba para tirarle de los cuatro pelos que tenía su novio.

-Vais a llamar la atención de todo el instituto -les dijo como pudo desde la puerta- No querría estar relacionado con vuestros...jueguecitos sexuales.

Meredith se apartó de Ric y corrió en dirección a Damon, el chico abrió los ojos como platos y se apartó como pudo de su amiga, el lugar no era muy espacioso y enseguida la morena alcanzó a su amigo, Damon gritó, o por lo menos lo intentó porque la chica le cubrió la boca con la mano.

-¡Ya te tengo! -sonrió triunfante pero rápidamente tuvo que soltarlo porque Damon le mordió la mano sin pensar- ¡Ay! ¡Que no me muerdas animal!

-Esto es acoso Ric -se apartó de ella, al ver que se quedaba mirando el mordisco, se montó encima de la camilla para alcanzar a su amigo- Deberías plantearte que nuestra relación se ve en juego por una psicótica.

-Si, ahora yo soy la psicótica -puso los ojos en blanco- Voy a tener que ponerme la antirrábica Ric.

-Ja, ja, ja muy graciosa -se cruzó de brazos- Más que la antirrábica deberías dar gracias porque mi saliva esté en tu cuerpo, es lo más cerca del sexo que estarás con este dios griego -señaló su cuerpo.

-¿Qué dios griego? -Meredith le sacó la lengua y Damon puso los ojos en blanco.

Estuvieron bromeando durante un rato más, pero fue mucho más relajado y cómodo para los tres, estaban comentando lo que hicieron el domingo cuando Mer recordó algo, no fue casualidad, cuando Ric le lanzó una indirecta a Damon sobre lo pendiente que estaba del teléfono, se dio cuenta de que él sabía mucho más de lo que ella podría saber y frunció el ceño. Esta se la iba a devolver a Ric.

-Podrías presentarnos a tu novia Damon -comenzó tranquilamente, y la mirada que se lanzaron los chicos le confirmó lo que más temía- ¡Lo sabía!

-¿El qué? -dijeron asustados, Meredith se levantó de su asiento y los señaló a ambos.

-De esta no os libráis -les aclaró- Hablad o…

-¿O qué? -bromeó el ojiazul.

-A ti no te hablo a nueva orden, y tú… -señaló a Ric, el cual tragó saliva ruidosamente, estuvo a punto de contarle su amenaza cuando el sonido de la puerta y la voz de una chica la sobresaltaron. Ric y Damon se lanzaron una mirada de alivio, y Mer puso los ojos en blanco.

-Pase.

Soltó sus cosas, cuando Elena dio los primeros pasos en la sala, Ric y Damon se quedaron pálidos, pero Mer le sonrió con ternura, pero no sin antes lanzar una mirada asesina al dúo que tenía ahí plantado.

-Si llego en mal momento…-señaló la puerta.

-No, son ellos los que sobran -le instó para que entrase- Vosotros dos, largo, ahora.

Elena entró despacio y dejó su chaqueta y su mochila en una de las sillas, no quería mirar a Damon para no llamar la atención ante sus amigos pero tampoco supo dónde concentrarse cuando todo su cuerpo le pedía a gritos mirar esos ojos azules.

-Encantados -musitó Ric, rompiendo el hilo del pensamiento de Elena, lo comentó lo suficientemente alto para que Meredith le escuchase, queriendo evitar que la situación se caldease aún más agarró a su amigo de la manga de la camisa y tiró de él para el exterior, evitando tropezar con algo en el camino. Damon, viéndose en una encrucijada, de nuevo, miró a Elena de soslayo, estaba muy pálida pero seguía igual de hermosa que siempre, sonrió débilmente y quiso pararse y darle un beso en la mejilla o simplemente preguntarle como estaba, pero no podía hacer nada de eso, no aún. Mer negó con la cabeza.

-Son como críos, ¿y bien Elena? -le señaló la camilla- Vamos a sentarnos y me cuentas cómo te fue, ¿quieres? -le ofreció un poco de agua, la chica lo aceptó encantada.

-Mi tía ya lo sabe todo -se sentó a su lado, Meredith escuchó atentamente todo lo que decía la chica, intentó confrontarla lo máximo posible, porque Elena realmente lo estaba pasando mal- Lo peor es que no acepta al padre por ser mayor que yo, y yo…

-¿Mayor?

Elena se calló al instante, estaba tan confiada y tan cómoda que no se acordaba de que estaba hablando con alguien diferente a Caroline o al mismo Damon, tragó saliva y miró para otro lado, no quería darle más explicaciones de las necesarias, Mer entendió su silencio y cambió de tema, preguntándole por la cita al médico.

-La tengo después de clases, Jenna me va a acompañar -sonrió, o por lo menos lo intentó- Gracias Mer por hablar conmigo.

-Gracias a ti, tienes mal aspecto ¿te encuentras bien?

-Si, más o menos -miró su reloj- Debo irme antes de que toque el recreo, gracias Meredith eres un cielo.

Le sonrió, Elena soltó el vaso y salió al exterior, se apoyó un poco en la pared, y se pasó una mano por el rostro, estaba un poco caliente, seguramente tendría unas décimas más de lo normal, no quiso darle más importancia, porque había leído que era natural en los embarazos, era mejor eso que las náuseas.

Se dispuso a ir a su aula antes de salir al patio, hoy no podía librarse de sus amigos, hacía mucho tiempo que no estaba con ellos en serio en su tiempo libre, y esa idea le provocaba un mayor dolor que cualquier otra cosa, con esos pensamientos dobló la esquina, dándose de bruces con unos brazos fuertes y musculosos, miró hacia adelante, cruzándose con esos ojos azules eléctricos que tanto adoraba, una sonrisa tonta se dibujó en su rostro.

-Hola, nena -susurró Damon y su voz fue como un bálsamo para ese tan horrible domingo y parte de la mañana, le sonrió, y se abrazó unos segundos a él- Wow, ya veo que me echas de menos -le devolvió el abrazo, comprobando que no hubiese nadie cerca.

-Te quiero Damon, te queremos.

-Yo también os quiero -le dio un beso en la cabeza, apartándola un poco pero sin soltarla, la miró fijamente buscando respuestas en esos ojos café que tan loco le volvían, la chica se sintió intimidada y agachó la cabeza, estaba empezando a sentir como se le ruborizabanlas mejillas- A estas alturas y que aún reacciones así… -bromeó- ¿Sabes que hay otra parte de tu cuerpo que toma ese color cuando…?

-¡Damon! -se quejó roja como un tomate, seguramente con un tono demasiado alto para el gusto del chico, que tuvo que acercarse más a ella para que nadie pudiese verlos desde ese pasillo- Lo siento… -susurró acariciando su pecho.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos más, el único sonido claro que se escuchaba era el latido de sus corazones y el de la respiración de ambos. Elena se sintió relajada, aunque la situación en la que estaban era tensa, estar en los brazos de Damon la calmaba por completo, se permitió pegarse aún más a su pecho, cerró los ojos para escuchar los latidos de su corazón, para oler su perfume, Dios estar con Damon era un poco de aire fresco, de vida… Sonrió contra su piel, se sentía en casa.

Damon, tras comprobar que no había nadie cerca, abrazó con más fuerza a la chica permitiéndose ese momento de intimidad, colocó su cabeza sobre la de Elena e inspiró su aroma, amaba como olía ese jabón de frutas que se echaba, pero más amaba su olor personal, el olor que desprendía su piel cuando estaban en su habitación bajo las sábanas, amaba ese olor al igual que amaba como reaccionaba ese pequeño cuerpo a sus caricias y a sus abrazos, tuvo que apartar esos pensamientos si no quería entrar al descanso con una gran erección.

-Nena -la chica bufó al sentir como Damon la separaba, el chico tomó su rostro entre las manos- ¿Por qué has ido a ver a Mer?

-No te lo vas a creer… -musitó- Mer solo…

-Dime.

-Jenna sabe que estoy embarazada -soltó rápidamente y bajó la mirada.

-Oh, mi pequeña -la abrazó de nuevo- Me hubiera gustado aguantar ese sermón contigo -la chica sonrió débilmente, iba a acabar aguantando ese sermón en cualquier momento, porque Jenna no era de las que se quedaba con los brazos cruzados aunque no habían dicho nada durante el domingo sabía que su tía preparaba el interrogatorio perfecto, la conocía demasiado bien.

-Damon…-le calló, el chico la miró sin comprender- No sólo sabe lo del embarazo…

-Oh.

-Lo siento, no sé lo dije yo -se explicó- Vio el álbum de fotos y… -jugó con uno de los botones de la camisa de Damon, se sentía por mal por darle esa noticia, su relación era lo más peligroso y ahora estaba en peligro por culpa de ella. Damon, ajeno a su debate interno, pensó en Ric, y en decirle a la chica la verdad.

-¿Y se lo ha tomado muy mal? -preguntó, olvidando por completo a su amigo y centrándose en esa chica que tenía entre sus brazos.

-Bastante… -suspiró, cogiendo una de sus manos para balancearla- Supongo que es normal -rió o por lo menos lo intentó, queriendo cambiar de tema, recordó la revisión de ese día- Tengo cita con el médico.

-Bien, pero claro, va ir contigo tu tía ¿no?

-Es lo normal -sonrió pero enseguida se dio cuenta de porqué lo había dicho, Damon agachó la cabeza y una sombra se apoderó de ese brillo tan característico del chico- Hey, ni se te ocurra -le cogió de las mejillas, el chico la miró a los ojos- Damon me encantaría que vinieses, pero te tienes que quedar hasta las cinco, ¿no? Por las tutorías.

-Si, aunque ese no es el problema del todo.

-Bueno a Jenna que le den, vas a tener que venir a las demás ecografías si o si, la pequeña no se va a perder a su papá, ¿a qué no? -se acarició el vientre, y al ver esa escena Damon olvidó por completo esa amargura que se había apoderado de él antes, tal vez no pudiese ir a verlas hoy pero otra vez sería- Damon.

-Si.

-Te amo -se acercó a él- Tengo que irme, ¿nos vemos luego?

-¿Y piensas irte sin darme un beso? -rió negando con un dedo, la chica puso los ojos en blanco, y se mordió el labio al ver las intenciones en esos ojos tan sexys y profundos, el chico tiró de su cadera hasta tenerla pegada a su cuerpo, ladeó la cabeza pasándose la lengua de forma sugerente por los labios, la chica se quedó prendada de ellos, era demasiado tentador, ambos por un momento, se olvidaron del exterior, sumergidos en su propia burbuja. Fue Elena quien se puso de puntillas y dejó que Damon atrapara sus labios entre los suyos. Jamás se acostumbraría al sabor de sus besos.

Elena había enredado los dedos en el cabello de Damon cundo de repente ambos dieron un respingo al oír unos pasos a sus espaldas, casi no tuvieron tiempo de apartarse, una mujer con bata blanca que ambos conocían muy bien se les quedó mirando con los brazos cruzados.

-Mer -empezó Damon acojonado por la mirada tan fría que tenía su amiga, pero para suerte o desgracia Meredith no había visto nada, solo los nerviosos que estaban ambos, lo cerca que estaban, no quiso darle más importancia y se acercó a Elena.

-Te lo dejastes adentro, cuéntame después como te va en el médico -le sonrió, la chica estaba roja como un tomate y respiraba de forma acelerada, gesto que no pasó desapercibido por la enfermera pero no dijo nada, le importaba más la reacción de Damon, que miraba fijamente un punto en la pared, pudo ver en sus ojos ese brillo tan característico, y como le temblaban las manos- Me voy chicos, luego nos vemos Damon, que tenemos con Ric una conversación pendiente.

-Tengo tutoría esta tarde.

-La tarde es muy larga -se despidió de ellos con paso firme, ambos, fijos en sus sitios miraron el lugar por donde se había ido Mer, Elena se llevó una mano al pecho, sentía que el corazón se le salía por la garganta, acababan de cometer un error, cualquier persona podría haberles visto. Damon tuvo la misma sensación porque se despidió de Elena con un suave y silencioso "te amo" pero casi sin mirarla.

Elena tardó un poco más en reaccionar.

Aún nerviosa por su encuentro Elena se dejó deslizar por la pared hasta terminar sentada en el piso. De repente, con los nervios por ser casi descubierta, sintió todo su malestar regresar. Se sentía dolorida por todo el cuerpo y estaba demasiado cansada y helada.

Bufó molesta, odiaba sentirse enferma, ya se había cansado completamente de eso. Estaba por irse a buscar a Meredith para que le dijera qué hacer con su malestar cuando sonó el timbre y los pasillos se llenaron de alumnos que salían a disfrutar del periodo libre. Elena se levantó con esfuerzo y justo en ese momento, sintió vibrar su teléfono: un nuevo mensaje de whatsapp.

"Porque sin buscarte, ando encontrándote por todos lados. Principalmente cuando cierro los ojos" -D

Con una sonrisa inmensa, Elena fue consciente de una sensación cálida y suave extendiéndose desde su pecho hacia todo su cuerpo. Las palabras… Damon lograba que las palabras resultaran para ella, una apasionada eterna de las letras, como una caricia suave en el centro de su alma. Compartían muchas cosas, de hecho cada vez más cosas, pero aquello que los había unido en un principio de su relación, allá por otros tiempos, lo que parecía ser casi otra vida, continuaba intacto.

Ese juego de citas… sonrió Elena acariciando tiernamente el pensamiento. Jamás se cansaría de jugarlo con él. Con una sonrisa, la joven respondió el mensaje.

Julio Cortázar ;) -E

Eres brillante, nena. Te quiero -D

Elena sonrió nuevamente, a punto de contestar, cuando un grito la distrajo de sus pensamientos.

-¡Elena! ¡Ven!-le instó la rubia de forma exagerada, Elena rodó los ojos.

Desde la puerta para salir al campus, Caroline la llamaba rodeada de un grupo de chicos y chicas. Sonrió con verdadera alegría al ver que sus amigos la miraban con una sonrisa, esperando que se uniera a ellos y sin dudarlo guardó el teléfono en su bolsillo y se encaminó alegre hacia el grupo con su malestar olvidado completamente por la alegría que le había causado, primero el mensaje de Damon, y después la perspectiva de pasar todo el recreo con sus viejos amigos.

Caroline, Bonnie, Rose, Matt, Kol y hasta Klaus la esperaron y la saludaron con gran alegría y luego todos se encaminaron hacia afuera hasta llegar a sentarse en el césped, a la sombra de un árbol donde solían juntarse siempre. Por lo menos antes de que la vida de Elena se viera tan enormemente cambiada.

-¡Es un honor tener a Elena, la desaparecida, de vuelta entre nosotros! -bromeó Klaus y ella le lanzó un puñado de pasto, Klaus rió ante el gesto y se tiró a descansar en la hierba.

-¡No sé qué tanto la criticas! Tú has estado tan interesado en las solicitudes de universidades que ni siquiera has mostrado la cabeza en semanas -contraatacó Caroline en defensa automática de su amiga.

-¿Qué pasa, cariño? ¿Me extrañas?-se acercó a ella de forma cariñosa, pasándole un brazo por los hombros para atraerla hacia su cuerpo, la chica se ruborizó, pero era demasiado orgullosa para ello.

-En tus sueños -respondió la rubia mordazmente, apartándole de un empujón, el chico soltó una carcajada ante el enfado de Caroline.

-Y en los tuyos tambien -le guiñó.

Todos rieron ante la infantil discusión de aquellos dos y Elena sintió que, aún luego de que llevara un tiempo sin reunirse con sus amigos, las cosas no habían cambiado nada.

-Voy a extrañar esto… -murmuró Rose melancólica.

Klaus y Rose eran mayores que ellos y ese era su último año de instituto. Kol y Bonnie, por otro lado, tenían la misma edad que las chicas y compartían con ellas la mayoría de las clases.

-¡Hey Kol! Quita esa cara de idiota -se burló Matt arrojándole una bola de papel- Al menos intenta ser un poco menos obvio colega.

Kol se sobresaltó al sentir que esas palabras iban dirigidas hacia él, miró en dirección a su amigo, odiándolo por haber dicho eso en voz alta, se sintió avergonzado, y lo primero que hizo fue lanzarse contra su amigo en un intento de desviar la conversación hacia otro lado.

De nuevo, todos rompieron a reír, menos Elena que se quedó afuera del chiste que no comprendía por la cantidad de tiempo que llevaba sin frecuentar a sus amigos. Kol se apartó de Matt, colocándose de nuevo en su sitio, fue en ese momento cuando reparó, otra vez, en aquella jovencita de ojos café, estaba abstraída, como decaída, una sonrisa pícara se dibujó en sus labios.

Ella se encogió un poco incómoda e inmediatamente sintió el brazo de Kol rodeándole los hombros en un gesto cariñoso.

-No entiendo -susurró Elena con las mejillas un poco sonrosadas y Kol le dedicó una espléndida sonrisa.

-Déjalos, son unos idiotas -se burló Kol y rápidamente el resto se enfrascó en una conversación sobre no sé qué tema del comité organizador de alguno de esos eventos que a Caroline le entusiasmaban tanto y que a Elena le parecían de lo más aburridos.

-Ya empezaron de nuevo… -se quejó Elena poniendo los ojos en blanco y frunciendo los labios y Kol rió ante aquella graciosa mueca.

-Admite que aunque sea insoportable algunas veces la Barbie si que sabe montar una fiesta.

Elena soltó una carcajada ante ese comentario y no pudo evitar asentir enérgicamente con la cabeza, incapaz de hablar por la risa.

-Eres tan linda cuando ríes -sonrió Kol arrancándo el color rojo de las mejillas de Elena.

-¡No seas idiota Kol! -se quejó Elena empujando levemente su hombro y el chico se balanceó cayendo en la hierba teatralmente como si su pequeño golpecito hubiera sido en realidad un empujón enorme.

Elena rió burlándose de él cuando Kol la miró con un puchero y se llevó la mano a la zona "dolorida"

-Eres un payaso -rió Elena negando con la cabeza.

-Me duele -se quejó- ¿Un besito para quitar el dolor? -preguntó alzando las cejas y Elena volvió a carcajearse ante la graciosa cara de Kol.

Tontear con Kol era algo tan normal en su amistad que Elena se había acostumbrado a aquellas estupideces sin interpretar jamás las palabras de su amigo como algo más que una broma inocente. Kol era su mejor amigo, lo había sido durante todo el instituto y siempre que estaba con él el chico lograba sacarle una enorme sonrisa.

-Eres un imposible, Mikaelson -soltó Elena poniendo los ojos en blanco.

-Lo que digas, pero un día te casarás conmigo, Gilbert -rió el joven volviendo a acercarse a ella para molestarla.

-En mis pesadillas más bizarras -contraatacó la joven guiñándole un ojo y Kol, fingiendo enojo, se abalanzó sobre ella haciéndole cosquillas.

-¿Ah sí? ¿Tan poca estima me tienes?

-¡Basta! -suplicó Elena entre risas por las cosquillas de Kol y rodó por la hierba para apartarse de él.

-Ya basta, par de idiotas, ¿No ven que estamos hablando de algo importante? -se quejó Caroline cuando Elena la empujó sin querer en su intento por escapar de Kol.

-Importantísimo, Barbie -dijo Kol fingiendo estar de acuerdo y cuando él y Elena volvieron a mirarse explotaron en carcajadas para disgusto evidente de Caroline que sintió su rostro ponerse colorado de la furia.

-Eres como un tierno tomatito hirviendo, amor -se burló Klaus para rematar la furia de Caroline que soltó un gritito agudo lleno de enojo y todos rieron aún más.

-Calma tomatito -rió Elena haciendo una pésima imitación del acento de Klaus.

-No queremos que te conviertas en ketchup -continuó Kol y él y Elena chocaron los cinco en un gesto de victoria cuando Caroline, frustrada y molesta, cerró la carpeta con los planes del baile que había sacado para discutir con sus compañeros.

-Extrañaba esto -sonrió Elena dándose cuenta por primera vez de lo mucho que había echado de menos a sus amigos en ese tiempo.

Las bromas siguieron circulando en la ronda de jóvenes por un largo rato hasta que, lamentablemente para todo ellos, tuvieron que regresar a clases.

Ya en el aula de historia, con la hora de su cita al médico peligrosamente más y más cercana y las risas del recreo completamente extinguidas, Elena volvió a sentirse cansada y molesta. Esta vez, el malestar llegó con más fuerza, causándole dolor de cabeza.

Elena se llevó los dedos al puente de la nariz y cerró los ojos con fuerza intentando despejar su mente y suspiró frustrada cuando no logró apartar el dolor. Caroline le dio una mirada preocupada, pero no pudo decirle nada ya que todos estaban en silencio escuchando atentamente la clase del profesor Saltzman.

Ric se dio cuenta de la desconcentración de su alumna y se sintió inmediatamente irritado. Desde que se había enterado de que la chica estaba en una relación en secreto con su mejor amigo casi cualquier cosa que ella hiciera le caía mal.

-Así que… Señorita Gilbert -la llamó interrumpiendo bruscamente la clase y provocando que la chica diera un respingo- ¿Cuántas se estima que han sido las víctimas del holocausto?

Así que a eso se debía tanto silencio… pensó Elena e inmediatamente se sintió mal consigo misma, un tema tan delicado de la historia como ese merecía un respeto y una atención que ella no le había prestado. La chica bajó la cabeza avergonzada y Ric se acercó a su banco de brazos cruzados.

-¿Y bien? -interrogó de nuevo.

-Aproximadamente fueron unos seis millones de personas, la mayoría de ellos judíos -contestó una voz pícara detrás de la joven que Elena inmediatamente reconoció como la de Kol.

-Gracias, Señorita Gilbert -soltó Ric algo molesto.

-De nada, profe -Kol le contestó haciendo una pobre imitación de la voz de una mujer y la clase explotó en risas ante ese estupido comentario.

-Concéntrate, Elena -dijo Alaric duramente, sin hacer caso a la risa general en el aula y la chica se encogió en el banco, intimidada por su profesor.

-Profesor Saltzman… -una voz ajena interrumpió desde la puerta del aula y los ojos de Elena revolotearon con ilusión hasta el lugar donde escuchaba la voz de Damon. Alaric no fue ajeno a la actitud anhelante de la chica y le lanzó una mirada reprobatoria.

-¿Necesita algo, Salvatore? -soltó Ric algo malhumorado.

-El director me envió a avisarle a la señorita Gilbert que su tía vino para retirarla, está esperándola frente al laboratorio de química.

Aliviada, Elena comenzó a guardar sus cosas con rapidez.

-No tan rápido, Señorita Gilbert. Necesito que me entregue la guía de actividades de la clase anterior.

Elena sintió sus mejillas volverse rojas como un tomate al recordar que tampoco había terminado de hacer la tarea y le dio a su profesor una mirada de disculpa antes de hablar.

-No la tengo, profesor. Lo siento.

Damon casi podía estar seguro de que percibió la satisfacción en el rostro de su amigo por humillar a la chica y en ese momento juró que solo por eso tenía ganas de partirle la cara. Elena estaba sentada en su banco con la cabeza gacha y expresión intimidada, solo de pensar que el hecho de que Ric la estaba pegando con ella por culpa suya le hacía sentir terrible.

-Entonces me temo que la señorita Gilbert tendrá que contestar algunas preguntas antes de retirarse -concluyó Ric para sorpresa de todos los alumnos, Alaric era un profesor conocido por ser comprensivo con sus alumnos en situaciones como aquella y esto estaba muy lejos de lo que estaban acostumbrados.

-Pero la están esperando -insistió Damon dejando filtrar algo de sus emociones en su tono de voz.

-Entonces será mejor que la señorita conteste rápido -concluyó Ric sin cambiar de opinión y recibió sin inmutarse la mirada cargada de enojo de su mejor amigo.

-¡Es injusto! -se quejó alguien desde atrás del aula.

-¿Usted también quiere dar una lección oral, señor Mikaelson? -retó Ric y un pequeño "ohhh" se escuchó generalizado en toda el aula.

-No -soltó Kol molesto.

-Recoja sus cosas, señorita Gilbert. La espero en mi escritorio para contestar las preguntas y luego puede ir en busca de su tutora -sentenció Ric- Puede irse profesor Salvatore, enviaré a la señorita Gilbert cuando esté lista.

Damon envió una última mirada severa a su compañero e intentó darle una sonrisa cálida a la joven disimuladamente Elena le sonrió a espaldas a Ric, una sonrisa débil e intimidada que le hizo tener más ganas aún de enviar a su mejor amigo a la mierda ¿Cómo se atrevía a tratarla así? Salió del aula de muy mal humor, iba a hablar muy seriamente con Alaric y no le iba a importar que su relación con Elena estuviese en peligro por ello, no pensaba permitir que nadie dañara lo que tenía con Elena.

Bajó las escaleras con pasos firmes, pero fue dar el primer giro hasta la zona donde esperaba Jenna cuando la realidad le dio de lleno. Tenía que enfrentarse a la tía de Elena. Damon suspiró intentando tranquilizarse. Luego hablaría con Ric, pero ahora debía tranquilizarse para enfrentarse a su primer encuentro con la tía de Elena en el que ella sabía la naturaleza de la relación que mantenía con su sobrina. Molesto, se apretó el puente de la nariz con cansancio, definitivamente no parecía estar siendo un buen dia.

Cuando llegó allí, la mujer estaba de espaldas, mirando su teléfono, seguramente pendiente de la hora que era, carraspeó un poco para llamar su atención y ella se giró con una pequeña sonrisa en los labios que desapareció al instante que se cruzó con Damon.

-Disculpe, pero la señorita Gilbert se va a retrasar un momento, el señor Saltzman tiene que hacerle unas preguntas de la clase-le sonrió con la mayor calma que fue posible la mujer no hizo ni dijo nada- Si me disculpa, que pase un buen día.

Se dio la vuelta, dispuesto a desaparecer de la escruta mirada de Jenna que aún seguía callada y expectante, pero su suerte estaba echada y no iba a librarse de Jenna tan fácilmente.

-¿No tiene clase señor Salvatore?

-No, ¿por?-una pregunta estúpida, y la satisfacción de la mujer le dejó claro el porqué de la pregunta, Damon se tensó al instante pero mantuvo el porte, y rezó porque alguien fuese a buscarle.

-No tengo nada en contra suya -empezó Jenna con seriedad- Todo lo contrario me han hablado maravillas de usted, mis sobrinos le adoran, Elena le admira.

-Y yo a ella, todos los profesores estamos muy contentos con su inteligencia, es una alumna que llegará muy lejos.

-Me alegro que piense así, Damon, ¿puedo llamarle así?-el chico asintió-Muy bien Damon, es normal que una adolescente hormonada confunda la admiración con el amor, pero ¿y tú? ¿confundir la admiración por amor? -soltó con desdén mirando a Damon de arriba abajo despectivamente.

-Creo que no es el mejor lugar para -comenzó el profesor, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para mantener la compostura y no responderle a aquella mujer de la manera que deseaba pero Jenna interrumpió acercándose dos pasos más a él prácticamente escupiendo fuego por los ojos y lo señaló acusadoramente con el dedo.

-Quiero que se aleje de mi sobrina, para siempre -aclaró en tono amenazante.

-Puede pedirme cualquier cosa, menos que me separe de Elena. Eso no va a pasar -contraatacó Damon desafiante.

-Si de verdad aprecia a Elena déjela en paz, por el bien de ella y también por su propio bien… ¿No es suficiente ya con haberla dejado embarazada? Arruinó la vida de mi sobrina sólo por un calentón -soltó Jenna con odio y Damon sintió sus palabras como un golpe físico.

-Le voy a dejar una cosa clara -murmuró aclarándose la garganta y su tono se volvió casi peligroso-: Amo a su sobrina, no es admiración ni tampoco puro deseo, las quiero a ambas y haría cualquier cosa para que fueran felices.

-¡No me venga con esas Salvatore! -le advirtió Jenna riendo amargamente ante la ridiculez que el profesor decía- No me cae bien, y si usted no le aclara a mi sobrina que esto que tienen no tiene futuro haré lo que sea para destrozarle la carrera, ¿¡me ha entendido!?

-No voy a alejarme de Elena y aún menos de mi hija. Usted no puede negarme eso -desafío Damon más que molesto.

-Soy su tutora y puedo hacer con ella lo que quiera. No tiente a la suerte, señor Salvatore. Si usted no se aleja de mi sobrina seré yo quien tenga que enviarla lejos de usted -amenazó.

Damon y Jenna estaban tan enfrascados en su discusión que ninguno de los dos fue consciente de la entrada de cierta jovencita que solo llegó a escuchar las últimas palabras de Jenna y se sintió hervir de la furia ante la simple mención de la posibilidad de que alguien quisiera alejarla de Damon.

-¿Qué vas a hacer qué? -preguntó Elena hecha una furia, aunque manteniendo el tono de voz bajo, cuidando siempre su secreto por sobre todas las cosas.

-Ya hemos hablado de esto, Elena. Te quiero lejos de él -dijo Jenna en tono cortante.

-Y yo ya te he dicho que eso no va a pasar, Jenna.

-Ya veremos… -Jenna entrecerró los ojos molesta y le dirigió una mirada de advertencia a Damon antes de volver a mirar a su sobrina- Ahora camina jovencita, llegamos tarde a tu cita con el médico.

Sin decir nada más, Jenna volteó y comenzó a caminar alejándose de allí y Elena no tuvo otra opción más que seguirla con la cabeza baja y una mirada triste en los ojos. Solo tuvo tiempo de voltear para saludar a Damon con una simple mirada triste y él hizo su mayor esfuerzo por devolverle una sonrisa, pero el gesto no llegó a sus ojos y, mientras la joven se alejaba detrás de su tía, Damon se encaminó desanimado a la sala de profesores para pasar su hora libre.

Cuando llegó a la sala de profesores, Damon se encontró con que esta se encontraba desierta y, aunque la perspectiva de pasar todo ese rato solo no le entusiasmaba especialmente, la otra opción que tenía era ir a ver a Mer y enfrentarse a su interrogatorio de tercer grado, algo que evidentemente no estaba de humor para hacer. Suspiró cansado y de mal humor, en estos últimos días todo había estado saliendo pésimo… Además, tenía que hablar con Elena y decirle la verdad, decirle que Ric los había descubierto.

Damon estaba tan distraído en sus pensamientos que no fue consciente de que tenía compañía hasta que alguien dejó ruidosamente su bolso sobre la mesa provocando que la taza de café que se había servido hacía unos minutos diera un pequeño brinco en la mesa y al alzar la vista se encontró con uno de los rostros que menos le apetecía ver en ese momento.

-¿Eres idiota? Casi me tiras todo el café encima -soltó Damon molesto.

-¿Se puede saber qué te pasa, Damon? No te reconozco-se cruzó de brazos mostrando claramente su decepción hacia Damon, el chico no le prestó atención alguna, aún seguía muy enfadado por el numerito de la clase de antes.

-¿Yo? ¿Qué me pasa a mí? La pregunta importante es qué mierda te pasa a ti con Elena, Ric -dijo despidiendo chispas por los ojos.

-¿Realmente vamos a caer en esta discusión estúpida? No seas ridículo, Damon.

-Hay una sola persona ridícula en esta habitación y no soy yo ¿Cómo se te ocurre tratarla así? ¡Ella no tiene la culpa de nada!

-¿A no? Te recuerdo que si tu carrera llega a arruinarse por esto, que es muy probable, la única culpable será esa mocosa-explotó, sin importarle que alguien pudiera oírles, Ric no lo había hecho a propósito, en ningún momento quiso hacerle ningún daño a la chica, pero al verla así de distraída no pensó, no fue razonable.

-Ya basta, Ric -murmuró Damon en un tono peligrosamente tranquilo.

-No, el único que tiene que decir basta eres tú mismo, Damon. Estás a punto de echar toda tu carrera a la mierda solo por pensar únicamente con la cabeza que tienes entre las piernas ¡Ella no se merece que te hagas esto!

-Escúchame bien, Ric, porque no voy a repetirlo de nuevo: todo el mundo me tiene harto ¡No voy a alejarme de Elena! Y me importa una mierda lo que tú o cualquiera pueda pensar. Y dejemos algo en claro: si hay alguien que no se merece algo aquí, ese soy yo -suspiró- Yo no me la merezco, pero por algún extraño milagro ella me quiere y no estoy dispuesto a dejar que nadie la aleje de mí.

Damon terminó su pequeño discurso con la respiración un poco agitada, estaba harto de que todo el mundo juzgara lo suyo con Elena.

-Damon… -intentó comenzar a decir Ric.

-Ni se te ocurra volver a tratarla mal -interrumpió Damon con tono amenazante. Dejando claro que no habría una segunda oportunidad, Ric pudo ver en su tono de voz que no estaba jugando, que estaba hablando en serio, y temió que su próximo movimiento fuese a salirle caro. Sonrió de mala gana, cruzándose de brazos.

-¿Me estás amenazando?

-Tómalo como quieras.

Antes de que Ric pudiera contestar, Damon salió de la sala dando un portazo dejando a Ric dentro bastante molesto pero, sobre todo, enormemente sorprendido.

Bastante más lejos de allí, en la sala de espera del hospital, Elena esperaba nerviosa que llegara su turno de pasar a la sala de ecografías. No le había hablado a Jenna en todo el camino y tampoco pensaba dirigirle la palabra. Además, cada vez se sentía peor y los nervios y la ansiedad tampoco ayudaban demasiado. Los ojos de la joven brillaron con un par de tímidas lágrimas cuando vio una pareja de jóvenes acercarse tomados de la mano y sonriendo hasta que se sentaron frente a ellas. La chica se encontraba en un estado de embarazo más avanzado que Elena, se notaba que tenía el vientre levemente abultado y Elena sintió como la tristeza la pinchaba desde adentro cuando el chico se inclinó a susurrar algo en el oído de su novia que sonrió y recibió con alegría el tierno beso que él depositó en sus labios. Cuando él acarició suavemente el vientre de la chica, Elena desvió la vista parpadeando rápidamente para apartar las lágrimas de sus ojos y se llevó una mano a su vientre, acariciándose con las puntas de los dedos. Jenna la miró con tristeza y sintió el deseo de tomar su mano pero antes de que pudiera hacerlo, Elena sacó su móvil y se concentró en la pantalla sonriendo.

¿Ansiosa? -D

Elena sonrió ante el simple mensaje de Damon que, aún cuando no estuviera allí, la hacía sentir mejor justo en el momento que lo necesitaba.

Yo diría un poco asustada… te extrañamos, papi -E

Y yo a ustedes, más de lo que crees -D

-¿Gilbert? -la voz de la doctora asomándose por la puerta del consultorio distrajo a Elena de su conversación y se incorporó algo asustada seguida de su tía.

Nos llaman, deséanos suerte -E

Suerte, nena. Las amo -D

Elena entró al consultorio con las manos temblando y se sentó nerviosa en la silla que la doctora le indicó, Jenna se ubicó a su lado y durante unos cortos segundos, se instaló un silencio incómodo en la habitación.

-Señorita… ¿Gilbert? -comenzó a hablar la doctora y Elena asintió algo intimidada- ¿Cómo te llamas?

-Elena… -susurró.

-Mi nombre es Camille O'Connell. Puedes llamarme Cami -sonrió la doctora y Elena asintió indecisa- Bien… ¿Alguna vez te hiciste una ecografía, Elena?

-No…

-Eso es lo primero que vamos a hacer. Primero te voy a contar en qué consiste…

Durante un par de minutos, la doctora habló con Elena hasta que ella se sintió un poco más cómoda y finalmente, cuando la chica parecía estar un poco más confiada, la hizo pasar a una pequeña salita contigua donde había una camilla y un complejo aparato con una pantalla que Elena reconoció como los de esos programas de médicos.

-¿Estás segura de que no duele? -susurró Elena algo intimidada mientras seguía las órdenes de la doctora de recostarse en la camilla y levantar un poco su camiseta para que su vientre quedara al descubierto.

-Tranquila, te aseguro que no duele -sonrió la doctora mientras se echaba un gel azul en las manos- Aunque quizás esto esté un poco frío.

Y sí que lo estaba. El gel estaba helado pero Elena no dijo nada y se quedó quieta y tranquila mientras la doctora comenzaba a pasar el monitor por la piel de su vientre. Elena estaba ansiosa y bastante asustada y Jenna, que miraba en silencio desde un lado de la habitación, notó esto así que se acercó a su sobrina y la tomó tímidamente de la mano. Las cosas no estaban demasiado bien entre ellas pero Elena no pudo negar el alivio que le dio sentir la compañía de una mano conocida apretando la suya, aunque no fuera precisamente la mano que deseaba.

-Todo parece estar bien, Elena -dijo la doctora con una sonrisa, sin apartar la vista de la pantalla donde hacía cálculos y medidas que ni Jenna ni Elena entendían en absoluto- Estás comenzando la semana número nueve y tu bebé tiene más o menos el tamaño de una uva.

Elena soltó una risita ante el comentario y miró la pantalla con ilusión intentando identificar alguna de las formas.

-Aquí -señaló Camile y, con un poco de imaginación, Elena pudo identificar la minúscula criatura.

-Parece un bichito -susurró Elena sintiendo sus ojos húmedos por la emoción.

-Ahora vamos a escuchar los latidos ¿Preparada, mamá?

Nadie la había llamado nunca mamá… Y, al contrario de lo que creía, la palabra le provocó una alegría inmensa, no le dio miedo ni incertidumbre. Se sentía tan correcto como que el sol salía todos los días por el este. Camille tocó un par de botones en el aparato y Elena sintió una lágrima deslizarse por su mejilla cuando el sonido de los latidos del corazón del bebé inundó la sala. Era un repiqueteo rápido, mucho más que cualquier latido que Elena hubiera escuchado en su vida, y a ella inmediatamente le hizo acordar al batir de las alas de un colibrí. Emocionada, Elena usó la mano libre para sacar su móvil y grabar una nota de voz que le envió inmediatamente a Damon. Eran los latidos del corazoncito de su hija, podría escuchar ese sonido por el resto de su vida…

-Tienes un bebé perfectamente sano, Elena. Te felicito.

La joven sonrió y asintió enérgicamente con la cabeza, demasiado emocionada para decir nada, mientras la doctora imprimía una informe y dos fotografías que le dio a Jenna mientras limpiaba el gel del vientre de Elena y ponía todo de vuelta en su lugar.

-Gracias -sonrió la joven mirando la fotografía que había tomado de la mano de su tía.

Durante el resto de la consulta, la doctora se ocupó de darle varias indicaciones a Elena y hablarle un poco del embarazo en general. Luego, la hizo pesarse y medirse y, finalmente le dio un termómetro para medir su temperatura.

-¿Te has estado sintiendo mal, Elena? -preguntó un poco preocupada al ver el termómetro.

-La verdad es que hoy si… Un poco… ¿Enferma?

-Tienes fiebre -concluyó la doctora- ¿Puedo ver tu garganta?
Después de un par de minutos, concluyeron que Elena tenía una angina y eso era lo que le traía la fiebre pero, como no podía tomar nada excepto paracetamol y en pocas dosis, la doctora le recomendó mucho reposo y cuidado ya que si continuaba teniendo altas temperaturas por días podía llegar a ser peligroso para el desarrollo del bebé.

Después de eso, Jenna y Elena abandonaron la consulta y se encaminaron en silencio hacia el auto. Elena, un poco preocupada, se enfrascó en una conversación por mensajes con Damon pero a mitad de camino tuvo que dejarlo porque el dolor de cabeza comenzaba a molestarle cada vez más.

Cuando llegaron a casa se encontraron con una nota de Jeremy diciendo que se iba a quedar a dormir en casa de Matt Donnovan y Elena frunció un poco el ceño, Matt era su amigo, pero jamás había hablado mucho con Jeremy; de todas formas, no le dio mucha importancia, ya que se sentía cada vez peor y, luego de tomar un vaso de agua fresca, salió de la cocina y su tía, preocupada, la siguió unos momentos después.

-¿Te encuentras bien, Elena? -preguntó Jenna con cautela. Su sobrina estaba recostada en el sofá con los ojos cerrados, evidentemente era víctima de un fuerte dolor de cabeza.

-No -susurró la chica ya que de hablar más fuerte sentía que su cerebro iba a explotar.

-¿Puedo hacer algo?

La joven negó con la cabeza y se puso una mano en la frente. Hasta ella misma podía comprobar su alta temperatura. Suspiró molesta, siempre había odiado tener fiebre y eso empeoraba ahora ya que debido a su estado no podía tomar ningún medicamento.

-¿Quieres algo de comer?

-Déjame Jenna -soltó Elena molesta haciendo un enorme esfuerzo por contener su temperamento.

En silencio, Jenna abandonó la habitación dejando sola a Elena que después de intentar tranquilizarse por un rato abrió suavemente los ojos y prendió su teléfono.

Al abrir la conversación de whatsapp con Damon, no pudo resistirse a volver a reproducir la grabación de los latidos de su bebé. Se llevó el teléfono al oído para escuchar mejor y permitió que el sonido la invadiera de paz. Era una de las cosas más bellas que había escuchado en toda su vida.

Cuando la grabación terminó Elena estaba más relajada y justo antes de que escribiera el mensaje que estaba pensando, la pantalla se iluminó con un nuevo mensaje de Damon.

¿Cómo estás, nena? ¿Ya llegaste a tu casa?-D

Estoy en casa. Tengo fiebre, Damon. Me siento mal :( -E

En su casa, Damon imaginó el puchero que seguramente decoraba el rostro de Elena al escribir esas palabras y se preocupó al instante. Elena nunca se enfermaba y de solo pensar que no se sentía bien lo invadía el miedo. Tanto por ella como por su bebé.

¿Fiebre? ¿Te dijo algo la doctora? -D

Dijo que era solo un virus, nada de qué preocuparse. Pero la temperatura muy alta es peligrosa para el embarazo y no puedo tomar ni siquiera un medicamento antitérmico… Me duele la cabeza, odio estar enferma. -E

Damon suspiró preocupado. Recordaba perfectamente cómo era Elena estando enferma. Una vez hacía varios meses ella se había quedado en su casa a dormir y había despertado en mitad de la noche por culpa de una fiebre altísima. Era característico en ella tener altas temperaturas y, cuando tenía fiebre, era muy complicado hacer que le bajara. Y si además no podía tomar nada, lo único que quedaba por hacer sería intentar mantener la temperatura a raya con métodos antiguos como los paños mojados con agua fría…

Una vez más, Damon maldijo la situación en la que se encontraban. Daría lo que fuera por ser él quien estuviera a su lado intercambiando los paños de su frente e intentando darle una conversación suave para distraerla del dolor de cabeza y el malestar general que, como él bien sabía, la chica sufría cada vez que se encontraba enferma.

Tengo miedo de que por mi culpa le pase algo a la bebé. No quiero estar enferma, Damon -E

Elena envió aquel mensaje con lágrimas de verdadero temor en los ojos y llevó una mano a su vientre por debajo de la camiseta haciendo contacto directo con la piel que, como el resto de su cuerpo, se encontraba casi hirviendo.

-¡Jenna! -llamó Elena con voz débil.

Su tía entró casi corriendo a la cocina, por más que las cosas entre ellas no estaban cien por ciento bien, Jenna no podía negar la inmensa preocupación por su sobrina.

Cuando estuvo frente a ella se sorprendió de lo mucho que parecía haber empeorado en solo unos pocos minutos. Quizás sin que Elena se diera cuenta, su cuerpo se estremecía notablemente por el frío que sentía y su frente estaba cubierta de pequeñas gotitas de sudor, los ojos de la joven estaban rojizos y brillantes por culpa de la fiebre y cuando Jenna puso una mano sobre su frente se sorprendió de lo caliente que se encontraba.

-Elena, cariño, estás hirviendo…

-Es peligroso, tía Jenna, tengo miedo… -susurró débilmente Elena.

-Es solo fiebre, Elena. No te asustes -intentó tranquilizarla Jenna- ¿No te gustaría darte una ducha con agua fresca?

Elena asintió sin pensar mucho y Jenna la ayudó a subir al piso de arriba donde la joven se duchó estando semiconsciente de sus actos ya que la fiebre había ocupado parte de sus pensamientos haciéndola divagar por ideas que no hacían más que llenarla de miedo y ganas de llorar.

Cuando salió de la ducha, con la misma expresión que antes en el rostro, Jenna la ayudó a vestirse y luego a meterse en su cama dejándola sola por un momento para ir abajo a traer un poco de agua fría y un paño húmedo para intentar controlar la fiebre.

-No, no, no quiero -se quejó Elena cuando sintió el helado pedazo de tela en su rostro.

-No actúes como una niña, Elena. Necesitamos bajarte la fiebre…

-¡Que no soy una niña! -soltó la joven molesta y sus ojos se llenaron de lágrimas- Me siento mal, tengo miedo… -murmuró con los ojos entrecerrados y Jenna vio una lágrima deslizarse por sus mejillas.

-Tranquilízate, Elena -casi suplicó Jenna haciendo un esfuerzo por no perder los nervios, ese también había sido un día terrible para ella. Con cuidado, intentó ponerle de nuevo el paño frío en la frente.

-¡No quiero! ¡Está frío! -se quejó la chica revolviéndose en la cama.

-¡¿Y entonces qué quieres, Elena?!

Elena no contestó y sin que Jenna pudiera hacer nada para evitarlo, se echó a llorar en silencio, reaccionando violentamente cada vez que Jenna quería hacer algún esfuerzo por ayudarla.

Lo que Jenna no sabía pero que estaba peligrosamente cerca de averiguar era que, antes de salir de la ducha, su sobrina le había escrito un mensaje a un Damon que estaba casi desquiciado de la preocupación.

En medio del tenso momento que estaban viviendo ambas en la habitación de Elena se escuchó el sonido del timbre y Jenna salió corriendo escaleras abajo no sin antes advertir a su sobrina que se estuviera quieta y que regresaría en menos de dos segundos.

Antes de abrir la puerta, Jenna hizo un esfuerzo por arreglarse el cabello y componer una sonrisa y contó hasta tres mientras respiraba profundo en un intento por tranquilizarse. Pero todos sus intentos de tranquilidad se vieron frustrados cuando abrió la puerta y vio quién estaba del otro lado.

-¿No quedó claro esta tarde que te quería lejos de mi sobrina? ¿Qué haces aquí? -soltó Jenna sin ningún tipo de preámbulo.


Hola, el episodio más largo que llevamos espero que esto no suponga un problema, quiero preguntaros algo, ¿os gustan así de largos? No me refiero tan largo como este pero si como los anteriores, es una duda que nos gustaría ver si es un problema o no.

Gracias por leernos y por comentar o simplemente por los favs o follows. Y gracias a ti Luna, me encanta como nos está quedando todo. Se te quiere :)

Besos!