Pairing: Grissom/Sara
Rating: NR -18
Capitulo X. Sábado.
X- A. Vamos a hablar de cerdos.
Cuando Gil Grissom dejó aquella noche en su cuarto al Dr. Murphy pensó seriamente en pasarse por la habitación de Sara, pero ya era muy tarde y a primera hora tenían una charla que ofrecer a uno de los auditorios más exigente del país. Además¿a quién quería engañar?, la magia de aquella noche se había roto y saber que su profesor no iba a dormir mucho al otro lado del muro de la habitación de Sara tampoco ayudaba a mantenerla.
Por otro lado, se recordó que antes que nada debía decir a Sara que él también la quería, con el suficiente convencimiento y buen aspecto como para que ella le creyera. Así que se fue a dormir con la firme idea de levantarse un poco antes de lo que tenía pensado con anterioridad, ir a buscar a Sara y hablar seriamente con ella mientras desayunaban, si se podía elegir, en la intimidad de su habitación.
Por su parte Sara se había duchado y había esperado a que Grissom volviera a llamar a su puerta, supuso que no pasaría pero esperó un poco, no mucho la verdad, ya que poco después de recostarse en la cama se quedó dormida como un ángel sintiendo aún los labios de Gil contra los suyos.
Aquel había sido un día lleno de emociones y tal vez Grissom no le hubiera dicho nada aún, pero tenía la completa convicción de que ya tampoco necesitaba oírlo. Estaba encantada de la vida y convencida de los sentimientos de su jefe.
Por primera vez en su vida Sara Sidle supo lo que era la fe.
Grissom, como había planeado el día anterior, madrugó un poco más aquel sábado, se duchó, se arregló y llamó a la puerta de Sara conteniendo la respiración, pero Sara no abrió la puerta.
Lo malo de ser policía, y aún más siendo policía científica, es que antes se te pasan por la cabeza cientos de atrocidades cuando una puerta no se abre que la razón más simple de todas. Sara no estaba al otro lado, había madrugado más que él.
Aunque para llegar a esa conclusión tuvo que llamar en otras dos ocasiones a la puerta de su habitación, desquiciarse al comprobar que el móvil de la joven estaba apagado o fuera de cobertura, para al final acabar por llamar casi 20 minutos después a recepción donde le aseguraron que la Sta. Sidle ya había salido aquel día de su habitación y que se la había visto camino de la cafetería.
Así que Grissom cogió el camino hacia la cafetería con la esperanza de aún encontrarla allí, pero Sara ya había terminado de desayunar y había levantado el ala. Así que Gil pensó en desayunar o seguir su búsqueda. También pensó en si todo aquel cúmulo de circunstancias era fruto de la casualidad o si Sara se habría vuelto a enfadar con él por no haber vuelto aquella noche a su cuarto y le estaría huyendo.
Le pareció raro tener ese golpe de lucidez femenina y mientras se preocupaba y pensaba y le daba más vueltas de lo normal, entró en la cafetería el departamento de entomología al completo de la Universidad de Princeton y ellos decidieron por él que es lo que todos desayunarían.
Quedaban 15 minutos para el comienzo de la conferencia cuando Gil se consiguió librar de un antiguo compañero de promoción, en aquel momento jefe de departamento de no había prestado mucha atención qué universidad, y entrar en la sala Henry Rosovsky. Había cosas que hacer.
- Hola – y la sonrisa que le dedico Sara mientras le saludaba desde la palestra fue suficiente para darse cuenta de que no estaba enfadada.
-¿Dónde te habías metido? – no pudo evitar mostrar su sorpresa y una sonrisa tonta se marco en sus labios mientras seguía el camino hasta la joven- Te he estado buscando.
-He estado con los técnicos – y la joven hablaba como si se encontrará en una nube- Si no les vigilas bien te pueden dar un proyector que cojea o un mando sin pilas. Quería que todo fuera perfecto.
Grissom echó un vistazo a toda la estancia, a punto ya de llegar a donde la joven se encontraba. No había ni un detalle que no se pudiera considerar perfecto, el ordenador conectado al cañon, perfectamente encuadrado y ya encendido. Las diapositivas colocadas y fotos a tamaño bestial por todo el aula con imágenes de diferentes tipos de larvas de mosca y otros insectos. Sara incluso había colocado una tira amarilla de la policía, de las de prohibido entrar, alrededor del atril.
Gil no pudo por menos que mirar a la joven como si fuera un tesoro que acababa de descubrir mientras levantaba la cinta policial y subía a la palestra para estar junto a ella. Sara no lo pudo evitar y se sonrojó hasta la punta del pelo tal vez por primera vez en su vida.
-Todo es marketing – dijo la joven de forma casual mientras veía como Gil se acercaba a ella de manera insinuante.
-Crees que podríamos hablar a solas unos minutos – susurró mientras la acercaba hacia él tras agarrarla por la cintura.
-No hay un chisme de esos en toda la facultad – la puerta se abrió sin avisar y la voz de Kris junto con su cuerpo entro por ella. Gil y Sara se separaron al momento por instinto y Kris se quedó parada a apenas dos pasos de la puerta.
-Pues lo encargué hace tres días – reaccionó Sara rápidamente, aunque Kris hizo como que no la escuchaba y plantó su mirada descarada en el hombre, con una sonrisa cómplice tras haber oído a lo largo de toda la mañana cómo acabó la noche para su amiga y su antiguo profesor.
-Doctor.
-Kris.
-Yo si fuera tú – volvió Kris a dirigirse a su amiga con toda la seriedad de la que disponía- protestaba al departamento de audiovisuales. Ya sabes, papel amarillo con protesta formal, no más de 500 palabras, al jefe de departamento y el rosa con la firma del jefe de departamento a la vicerrectora, el azul se dará unas cuantas vueltas por las oficinas hasta que llegue al cubo de la basura, pero desde la facultad te agradecerán tu interés – y entonces se dio la vuelta y se dirigió a la puerta - Por cierto – una sonrisa se podía imaginar en su rostro mientras hablaba-, las puertas se abrirán al público en un minuto.
-Gracias – dijo Sara lo suficientemente alto como para que Kris, que ya había salido de la sala, la oyera. Entonces la joven se volvió hacia Gil con una sonrisa cómplice - Ha venido a ayudarme.
-Ya lo veo. Es increíble todo lo que habéis hecho -dijo mientras se acercaba de nuevo a Sara.
-Pues aún no has visto la presentación- dijo Sara todo satisfecha a apenas unos milímetros de su jefe, pero pocos segundos después, antes de que sus narices se pudieran rozar de nuevo en menos de 12 horas, la puerta se volvió a abrir y jóvenes, y no tan jóvenes, entraron dispuestos a escuchar una de las conferencias que más interesante se prometía de todas las que se ofrecían en aquellas jornadas "La entomología como ciencia contra el crimen. Vamos a hablar de cerdos".
Sara sonrió con picardía y se alejó de Grissom, guardando desde ese momento la distancia que se consideraba políticamente correcta en una situación como aquella. La joven se había esmerado muchísimo en aquel trabajo y por nada del mundo quería estropearlo, aunque lo cierto es que tenía demasiadas ganas de quedarse a solas con Grissom para que no se la notara. Sin embargo, necesitaba que Gil confiara en ella, era algo que siempre había necesitado y aquella conferencia que prácticamente había preparado ella, era su prueba de fuego.
X - B. Te quiero.
La conferencia fue un verdadero éxito. La afluencia de público cumplió de sobra las expectativas y durante más de una hora una de las salas de Harvard se convirtió en una prolongación del laboratorio criminalístico de Las Vegas con Grissom y Sara paseándose por su interior.
Hubo unos cuantos que tuvieron que salir de la sala cuando se mostraron las fotos más escabrosas de la descomposición del cerdo. Nada que no estuviera previsto.
Las preguntas fueron más de las que Grissom hubiera deseado en aquel momento y la lista de oyentes que se acercaron al final de la conferencia a hablar con Grissom era mucho más larga de lo que Sara estaba dispuesta a soportar. Aunque efectivamente no le quedó más remedio que soportarlo ya que ella también recibió su tanda de preguntas, sobre todo por parte de los más jóvenes, mientras miraba de reojo a su jefe y este le devolvía el interés.
Ya hacía más de media hora que la charla se había acabado y aún había cola a la vera de Grissom, así que Sara comenzó a recoger con la ayuda de los técnicos, en este caso no por eficiencia, si no porque la impaciencia estaba a punto de acabar con ella. Sobre todo porque la Doctora Cabbano se acercaba más de la cuenta a Grissom y a este no parecía molestarle.
La joven cogió el proyector con más rabia acumulada de la conveniente y no calculó lo que realmente pesaba el aparato. Aquello hizo que el impulso dado fuera mayor al necesario y al girar mirando insistentemente hacia Gil, apoyara medio pie en la palestra y el otro medio en el aire. Al tener las manos ocupadas e intentar que no se le cayera el proyector perdió completamente el equilibrio y su hombro derecho acabó golpeándose contra uno de los asientos de la primera fila.
Antes de que Sara pudiese reaccionar, el estruendo hizo que la atención de todos los presentes se volviera hacia ella y antes de que se diera cuenta Grissom ya estaba a su lado insistiendo en ir a la enfermería.
Dos minutos después ya estaban en compañía de la enfermera. El lado bueno es que Sara se había conseguido librar de gente molesta, el malo es que el hombro la dolía horrores. El otro lado, el que estaba en el medio, correspondía al hielo que la joven enfermera le puso a Sara en el hombro. La mujer lo único que les pudo decir es que el hombro no estaba roto y que no parecía nada más grave que una contusión, pero que sería conveniente que fueran al médico a que le hicieran una radiografía.
Grissom insistió en ir al medico, Sara insistió en que ni hablar. Y así los dos, tras un rato en la enfermería esperando a que la inflamación disminuyera y el dolor se hiciera menos intenso, se dirigieron a la habitación de la joven para que ella descansara. Sara se sentía completamente avergonzada y enfadada consigo misma, ahora Grissom parecía tan genuinamente y paternalmente preocupado por su hombro que el brillo libidinoso de sus ojos había desaparecido sin dejar rastro.
Ambos entraron en el cuarto de la joven, Sara con el abrazo derecho sujeto al cuello con un pañuelo y medio en volandas, ya que Grissom la sujetaba como si se fuera a caer a cada paso. El hombre estaba siendo solícito y todo un caballero. La ayudó a sentarse en la cama mientras él entraba en el cuarto de baño en busca de algo y desde allí comentó;
- Quítate la camisa.
- ¿Qué? – la expresión de Sara era de pura perplejidad, oír esas palabras de la boca de Gil era… seguramente una alucinación.
- Que te quites la camisa – volvió a decir el hombre seriamente mientras salía del cuarto de baño con un frasco de crema en la mano y unas toallas en la otra.
Sara no pudo añadir nada más, sólo se dedicó a seguirle con la mirada por toda la habitación mientras él se afanaba en repartir las toallas por la cama sin percatarse en la mirada de la joven, quién empezó segundos después a juntar las piezas del puzzle y comentó, con una expresión indescifrable y un tono de voz neutro.
- Eso se puedo considerar acoso sexual.
Grissom levantó la cabeza de su afanosa tarea y la miró fijamente, intentando comprender el comentario, cuando vio que una leve sonrisa se escapaba de sus labios.
- ¿Quieres ir al médico o quieres que el hombro te deje de doler? – parece ser que Grissom no estaba para muchas bromas.
- ¿Desde cuándo eres fisioterapeuta? – dijo la joven inquisitiva mirándole fijamente.
- ¡¡¡Dios Sara!!! – por un momento pareció que estaba perdiendo la paciencia, que había vuelto a ser el Doctor Grissom sólo y ante todo, que…- Nunca creí que me costara tanto quitarte la camisa – Sara sonrió ante el irónico cometario de Gil, pero Gil intentó seguir siendo firme en su seriedad. Realmente le molestaba muchísimo que la joven se hubiera negado a ir al hospital cuando claramente el hombro la dolía mucho. Sara era tan cabezota.
- Entiéndelo Gil – dijo la chica con voz infantil y ojos juguetones -Es que estas no son maneras de pedirlo.
Grissom intentó por todos los medios no reírse, estaba intentando ser la voz de la razón cuando su cuerpo no le estaba pidiendo razones desde hacia días.
- Sara, por favor. ¿Quieres quitarte la camisa y tumbarte boca a bajo en la cama? – dijo el hombre con la mayor seriedad de la que disponía. Sara pareció decepcionada, pero intentó hacer lo que la pedían. Lo cierto es que no eran momentos para jugar por mucho que la apeteciese.
- Sólo salido de tu boca un comentario así podría sonar tan poco sexy – acusó la joven.
- ¡Sara! – recriminó el hombre mientras veía como Sara intenta infructuosamente desanudar la atadura que detrás de su cuello unía el pañuelo que sujetaba su brazo.
- No puedo – constató lo obvio ante la mirada atenta de Grissom- Ayúdame– y aquello sonó como una suplica.
A Grissom un escalofrío le cruzó el cuerpo de parte a parte ante el comentario de la joven, a la cual no se molestó ni en contestar. Lentamente se puso frente a ella y con cuidado, y mirando por encima de su cabeza, le desató el nudo con delicadeza y le sujetó el brazo hasta dejar su mano apoyada sobre la cama.
A continuación paró un segundo y la miró directamente a la cara, era ese contacto directo el que llevaba intentado evitar un rato. Grissom se consideraba así mismo un caballero y en ese momento Sara estaba herida, pero él no dejaba de ser un hombre y la frustración sexual de los últimos días le tenía un poco alterado. Quitar la camisa a Sara no era algo que debería hacer si quería simplemente quitar el dolor del hombro a la chica.
Sin embargo con lentitud dolorosa se agachó y se puso a la altura de la joven aún sentada en la cama. Poco a poco sus manos se pusieron camino a los botones de la camisa de Sara mientras intentaba pensar en muertos e insecticidas, pero era imposible. Cada roce con la ropa de ella era como una corriente eléctrica que les afectaba a los dos.
Sara hacía unos segundos que había bajado la cabeza. Sólo miraba los botones, uno a uno, como se iban abriendo al paso de los dedos de Grissom. Ella intentaba centrar su atención en el dolor de su hombro, pero tampoco funcionaba.
Cuando todos los botones fueron correctamente desabotonados Grissom se levantó y con excesivo cuidado retiró la blusa del cuerpo de la chica, que se quedó frente a él en sujetador. El hombre, en cuento pudo, se dio la vuelta y con una respiración profunda pidió:
- Puedes tumbarte, por favor.
Sara no dijo ni palabra, no era capaz de vislumbrar un comentario que quitara tensión a aquella situación. Quería besarle, quería agarrarle con fuerza y sentir su cuerpo junto al suyo, pero se levantó con cuidado y con todo el control del que disponía se tumbó protegiendo su hombro boca abajo, donde Gil había colocado las toallas.
El hombre respiró hondo, una y otra vez, hasta que imaginó que Sara ya estaría tumbada, se acercó a la mesita auxiliar a coger la crema, aunque antes se quitó la chaqueta y se remangó las mangas de la camisa.
Reuniendo todo el valor y autocontrol disponible Gil Grissom se fue acercando a la cama, pero aún no lo suficientemente cerca como para dar un masaje a nadie. Desabrochó el sujetador de la joven y lo retiró a los lados y desde esa misma distancia intentó comenzar el masaje, pero esas no eran maneras.
Sara ni se movía. Aquella situación era demasiado surrealista como para ser cierta. Que aquella fuera la primera vez que aquel hombre la quitara el sujetador era demasiado para su psique en ese momento, sin embargo entendía a la perfección el dilema ante el que se encontraba Gil y no pensaba añadir nada.
Después de un rato Grissom terminó por aceptar que aquello o lo hacia bien y lo antes posible, o arrastraba de las orejas a Sara al hospital más cercano. Sabía que podía conseguir que el dolor disminuyese, pero lo de intentar ser profesional le estaba costando una barbaridad. Volvió a respirar hondo y en un ataque de lógica sin precedentes, comenzó a hablar con voz neutra mientras que, ante la sorpresa de Sara, se subía a la cama y colocaba sus piernas alrededor de su trasero, poniéndose de rodillas apenas sin apoyarse en el de ella.
- Esta es la forma más cómoda de dar un masaje, para tu espalda y para la mía – y esa fue toda la explicación que dio con respecto a ese tema – Ahora voy a comenzar a frotar y palmear toda la espalda y sobre todo la zona afectada para que ésta se caliente un poco...
Y así continuó hablando, una palabra tras otra, centrándose en el dolor y explicando cada moviendo a Sara para estar entretenido y no pensar en distracciones. Tras un cuarto de hora utilizando esta técnica, y viendo que Sara se había relajado tanto que ya no se estremecía con cada movimiento de él, Grissom cogió el brazo de la chica, respiro hondo y con un movimiento rápido intento terminar su trabajo. Sara grito e hizo un movimiento brusco, queriéndose zafar.
- Lo siento – dijo el hombre manteniendo aún la voz neutra.
- Me has hecho daño.
- Pero ya no más – dijo en un susurro que atravesó la psique de Sara y siguió masajeando su espalda, pero en este caso sus movimientos nada tenían que ver con los anteriormente realizados.
Sus movimientos comenzaron a ser más lentos y lo único que intentaban era relajar a Sara, que se había cargado de tensión de repente. A Sara el dolor la fue desapareciendo poco a poco, apenas sin darse cuenta, mientras las manos de Grissom comenzaron a acariciar más que a masajear.
El hombre sabía que lo correcto en aquel momento era quitarse de encima de Sara, dejar de tocar su piel desnuda, dejar de acariciarla… porque aquello al dejar de ser un masaje serio y profesional, con un claro objetivo sanador, le estaba produciendo efectos secundarios muy peligrosos en el interior de su ropa interior.
Cómo podía estar ni tan siquiera planteándoselo cuando Sara por poco se rompía el hombro minutos antes, pero sin poder evitarlo o seguramente sin querer hacerlo, comenzó a acariciar los brazos de la chica desde el hombro hasta la punta de los dedos y en esa misma acción y poco a poco, se dejó caer sobre la espalda de la joven cerrando los ojos.
Sara gimió como efecto, al notar todo el cuerpo de Gil sobre ella, su boca en su cuello y sus manos intentado seguir camino hacia su vientre. La joven no pudo por menos que facilitar el paso de esas manos levantándose ligeramente. No sabía como habían llegado hasta allí, pero tuvo claro hasta donde pensaba llegar él, cuando sus manos retomaron camino, en esta ocasión hasta sus pechos.
- Esto se puedo considerar acoso sexual – dijo Sara jadeante.
Grissom abrió los ojos lentamente para encontrarse de frente con la mirada ardiente de Sara. Al final lo había echo mal, no había hablado con ella, no le había expuestos sus sentimientos, literalmente se había echado encima suya.
- Te quiero – las palabras de Grissom salieron con la mayor claridad de su garganta dada la situación – Sólo siento haber tardado tanto en decírtelo.
La boca de Sara dibujo una sonrisa de proporciones mayúsculas mientras intentaba recolocarse y así poder besar a Grissom, quien se levantó un poco y permitió a la joven darse la vuelta. Las palabras sobraban. Sara quería decir algo, pero no sabía qué, así que acercó sus labios a los de Grissom y selló su confesión con un dulce, largo y húmedo beso. Labio contra labio, cuerpo contra cuerpo, caricias furtivas y la eternidad del tiempo.
Sara, que hasta ese momento se había mantenido bastante tranquila, seguramente por el recuerdo del dolor en su hombro, comenzó a perder un poco la cordura cuando Grissom comenzó a besarla con más vehemencia que dulzura y a rozarse descaradamente contra ella. Con un gesto brusco la joven quiso agarrar la cabellera de su amante y así acompañar la nueva fiereza de él, pero un dolor punzante hizo que se le atragantará la acción aunque después de todo hubiera conseguido su cometido.
- ¿Te has hecho daño? – Grissom se separó un poco de ella al darse cuenta de la situación y preguntó con mirada preocupada.
- No – dijo Sara convencida y agarrándose del cuello de él con fuerza, consiguiendo llegar a su boca con la clara intención de demostrarle que estaba bien.
De todos modos Grissom no se quedó muy conforme y la apoyó en la cama para separarse un poco de ella y mirarla fijamente, preguntándose si aquello después de todo no habría sido un error. Sara se podía hacer daño en el brazo pero jamás lo reconocería dada la situación, prueba de ello es que en ese momento la joven aprovechaba para sacarle la camisa de dentro de los pantalones, mientras le miraba como una gata en celo. Grissom sonrió.
- Esta vez vamos a hacer las cosas bien – dijo, recordando que la prisa no les había servido de mucho con anterioridad y que aquello debía de ser, tras tanta espera, algo que mereciera la pena recordar y que no se estropeara por nada. Sara le miró desconcertada - ¿Tienes prisa? – preguntó Grissom con sonrisa juguetona.
- No mucha. A la conferencia de las 11 ya no llegamos. Tu mentor te va a odiar.
- Entonces – dijo él sin prestar mucha atención a la ironía de su compañera-, estate quieta.
Sara no entendía muy bien adónde quería llegar Grissom, pero como de nuevo se colocó encima suyo, atrapando sus piernas con las suyas, decidió no tentar a la suerte y hacer lo que la decían. Sara intentaba no moverse demasiado mientras Grissom tomaba su cuerpo como su juguete favorito. Besó cada parte de su cara y de su cuello, con dulzura, delicadez y lentitud, devolviendo las manos de Sara a su lugar cada vez que esta, sin poder evitarlo, intentaba tomar las riendas de la situación.
- Quieta – dijo con voz ronca mientras levantaba la mirada y la cruzaba con ella- ¿No querrás que te ate?
- Me lo prometes.
Ambos sonrieron y Grissom continúo camino por el cuerpo de Sara, sus manos pasearon por su torso y sus labios comenzaron a jugar con sus pechos. La joven recibió una descarga eléctrica al notar los dientes de Gil jugando con su pezón izquierdo y se arqueo ligeramente sin poder evitarlo.
Estaba tan excitada que la dolía y lo de no moverse lo estaba multiplicando todo por mil, pero casi murió cuando dejo de notar los labios de él en su pecho para comenzar a notar sus manos abriendo el cierre de sus pantalones.
- No crees que eres tú el que debería de perder alguna prenda – dijo ella con la voz entrecortada de placer.
- No.
Y una de las manos de Grissom se perdió en el interior de los pantalones de la joven, para comprobar que sus bragas ya estaban tan húmedas que eran una prenda inservible. Sara hacía unos segundos que había cerrado los ojos porque no tenía fuerzas ni para mantener abiertos los párpados cuando noto que sus pantalones y sus bragas iban directamente al suelo.
Estaba completamente expuesta, desnuda, excitada y sin derecho a moverse, con el hombre al que más había amado en su vida acariciando la parte interna de sus muslos. Si aquello no era el cielo debía de ser el infierno y en cualquier momento estallaría por culpa del placer.
Por un segundo dejó de notar las caricias de Grissom y se sintió sumamente vacía. Abrió los ojos con cadencia para ver como el hombre se acercaba a ella.
- ¿Me permites?.
Sara se quedó con ganas de preguntar que qué, o que qué más le podía permitir cuando hacia un rato que había perdido su voluntad, pero prefirió afirmar con la cabeza para descubrir asombrada que la levantaba con delicadeza de la cama y se ponía detrás de ella.
Grissom se sentó en la cama, apoyando su espalda contra la cabecera de la cama y apoyando la espalda de la joven sobre su pecho, las piernas de él quedaban ligeramente abiertas y en el centro de estas, ella.
- ¿Qué es lo que te propones? – susurró ella.
- Volverte loca – susurró Gil al oído de la joven mientras ella se dejaba caer completamente contra su pecho y él la susurraba lo muchísimo que le excitaba todo aquello y la de cosas que le gustaría hacerle por todo el día, lentamente. Mientras, con sus manos, hacía que las piernas de Sara se flexionaran para arriba y se separaran la una de la otra.
- Tienes que estar a punto de reventar – habló ella con la máxima claridad que la permitía la situación, mientras respondía con gestos a los besos de él. Y aquel no era un comentario casual, realmente Sara estaba preocupada. Aunque no pudiera parecerlo por el estado de Gil y es que podía notar el estado de Grissom a través de los pantalones de él, ya que parte de su cuerpo estaba rozando con una erección que debía de ser dolorosa.
- Sí, pero esta vez te toca a ti - y sin más comentarios una de sus manos se posó en el vello vaginal de Sara y empezó a acariciarla, mientras su otra mano jugaba con el pecho de la joven.
Los roces en el interior de Sara no tardaron mucho en convertirse en otros mucho más íntimos y húmedos. Sara no hacía más que gemir intentando no subir demasiado la voz, no había olvidado donde estaba. La mano de Grissom no dejaba de entrar y salir del cuerpo de Sara, quien con movimientos involuntarios parecía estar haciendo el amor a la mano del hombre.
El rostro de la joven estaba completamente rojo desde hacía un rato, desde el mismo momento en el que había perdido completamente constancia de lo que estaba haciendo. Gil era muy bueno con aquello, mucho más de lo que ella hubiera esperado de un hombre con tan poca vida social, y es que ella en circunstancias normales y con la sequía sexual que arrastraba, no hubiera aguantado tanto.
Los movimientos cadentes y lentos de Gil conseguían ir retrasando el momento del clímax sin dejar que la excitación disminuyera. En otro momento la experiencia de Gil en tales menesteres la hubiera llamado mucho la atención y hubiera querido indagar, pero lo cierto es que necesitaba acabar.
No pudo evitarlo, su mano izquierda se dirigió a hacer compañía a la derecha de Gil en su propio interior. Gil pareció complacido.
- Guíame.
- Rápido – fue lo único que pudo decir la joven.
Y sin lugar a dudas el ritmo cambio, Sara comenzó a acariciarse el clítoris a una velocidad vertiginosa, mientras Gil intentaba seguir su ritmo introduciendo sus dedos en la vagina de la chica. El ritmo aumentó tanto que Gil comenzó a perder el control que había conservado estoicamente durante todo ese tiempo y empezó a embestir ligeramente a Sara por detrás. Por suerte para Grissom, si él no podía aguantar más, Sara tampoco y en una última envestida, la mujer se dejo caer como muerta sobre él.
Sara tardó unos cuantos minutos en reaccionar, estaba realmente muy cansada. Debía de haber sido muy buena en otra vida para que aquello la hubiera pasado, seguramente una de las mejores experiencias de su vida. Se dio la vuelta y se recolocó para tenerle cara a cara. Grissom seguía apoyado en el cabecero de la cama realmente desecho, ella seguía literalmente encima de él y su erección estaba justamente bajo ella.
- Ha sido increíble – dijo la chica con una sonrisa de oreja a oreja para comenzarle a besar como si su vida dependiera de ello. De repente el cansancio había pasado a un segundo plano y el dolor de su hombro casi si era un recuerdo lejano.
- Entonces¿estamos en paz? – dijo el hombre aprovechando que Sara despegó sus labios de los suyos un momento.
- Claro… que no – y la joven comenzó a desabrochar los botones de la camisa de Gil- así que más vale que estés preparado porque aún no he pensado qué y cuántas veces te lo voy a hacer – dijo mientras con la colaboración de él le quitaba la camisa- y no, no estas demasiado viejo – dijo la joven contestando a la velada afirmación que se había dibujado en el rostro cabizbajo de Grissom-, pero supongo que lo primero es lo primero – y acarició por encima de los pantalones la erección del hombre que ya apenas si se podía mantener dentro del envoltorio.
Sin alejarse mucho de su objetivo final Sara comenzó a desabrochar los pantalones de Gil, que prácticamente ni podía moverse, cuando su teléfono móvil comenzó a sonar.
- No lo cojas.
- Puede ser algo urgente.
- No lo cojas – repitió Sara- Claro que será algo urgente, tan urgente que te volverás a quedar a medias. Ya volverán a llamar
La verdad es que en ese momento de su vida Grissom no necesitaba mucho para ser convencido, tenía una necesidad imperiosa que quería saliera por fin de sus pantalones.
- Sea lo que sea puede esperar – intentó convencerse a sí mismo y Sara reafirmó su determinación con un gesto de afirmación.
Sara satisfecha volvió a su tarea de sacarle los pantalones a Gil cuando se comenzaron a oír ruidos en el pasillo, y segundos después comenzaron a aporrear en su puerta.
- Señorita Sidle, abra por favor – ni Grissom, ni Sara estaban muy animados a abrir- sabemos que está en su cuarto…abra por favor. Hay que desalojar la residencia. A habido un aviso de bomba.
Sara miró a Grissom, Grissom miró a Sara, la frustración se veía reflejada en sus caras. Aquello no podía estar ocurriendo, aquello era una dichosa pesadilla de mierda. Después de todo, parece ser que sí que había algo que no podría esperar.
