CAP.10 SACRIFICIO.
En el capítulo 9 L se prometió atrapar a Kira y no dejar que Light jugase con él, pero estos muros se vieron derrumbados una noche cuando, encadenados el uno al otro, no pudieron evitar dejarse llevar por la pasión, y fue después cuando Ren se manifestó en la habitación y le dijo a Light que amara a Misa, pero Light no estaba dispuesto a obedecerle, y mucho menos volver a hacerle daño a L. Fue a la mañana siguiente cuando L anunció a Light que su padre estaba en peligro.
Fuera el sol se encontraba tras las nubes, era como si ocultara algo, como si quisiera que el mundo lo dejara de mirar, en cambio, las nubes parecía que querían llorar, se sentían cómplices de algo que el sol había hecho mal, y se arrepentían de ello. Pero eso no le importó a Light, corría lo más rápido posible hacia el coche que les llevaría hasta su padre, y no muy lejos, concretamente en el otro extremo de la cadena, se encontraba L. Montaron rápidamente en el coche, ignorando ambos el cielo que les cubría, una vez dentro, Watari pisó a fondo el acelerador y comenzó a atravesar las calles de una forma tan rápida que daba miedo. L y Light se encontraban en la parte posterior del coche, lo más lejos del otro posible, pero unidos. Mientras que Light intentaba no pensar en nada, la mente de L se encontraba llena de pensamientos, tantos que no sabía a cuál prestarle atención, por un lado se alegró al sentir que tenía algo parecido a una familia, aquello era lo que se solía hacer la gente cuando un miembro estaba en peligro, pero aquella felicidad quedó cubierta por una capa de tristeza, ya que estaban corriendo para evitar, de algún modo, que el padre de Light muriera. Este mira a Light de reojo, procurando que no se dé cuenta, y le ve esconder su cabeza entre sus brazos, y entonces L piensa que Light era como el sol que se escondía tras aquellas nubes.
Cuando llegaron, Light volvió a correr lo más rápido que pudo, olvidando que L le seguía, olvidando que a su alrededor se encontraba una multitud de personas que buscaban también a sus seres queridos, pero eso a Light no le importó y se dispuso a atravesarla cuando de repente, algo le cogió de la mano: era L. Este dijo algo que Light no pudo escuchar, pero acto seguido cogió a Light de la mano y le dirigió escaleras arriba, y fue allí donde se sorprendió al ver personas heridas por todos lados. L no parecía verlas, o al menos, ignoraba mirarlas, ya que corría rápido con Light todavía de la mano. Pero Light no podía parar de mirar a su alrededor, y de algún modo, era como si viera a sus víctimas antes de morir; allí se encontraban hombres intentando no morir desangrados, algunos incluso con palos de hierro que atravesaban sus extremidades, otros simplemente tenían la mirada perdida o lloraban porque ni si quiera podrían despedirse de sus seres queridos, pero todos tenían algo en común: la muerte. De repente sintió cómo L le soltaba la mano, y seguía subiendo escaleras lo más rápido que podía, entonces Light quedó paralizado en aquel lugar, incapaz de moverse, observando cómo un gran charco de sangre bajaba lentamente las escaleras, entonces, una cara familiar se reflejó en aquél charco de sangre de víctimas, Kira.
-Esto es lo que mereces. –pudo escuchar a su lado.
Con la respiración acelerada y el corazón golpeando su pecho, Light gira sobre sí mismo en busca de Kira, pero solo escuchaba gritos de dolor y llantos de pérdida. Tenía que encontrarlo, sentía que de esa forma podría salvar a su padre, podría salvar a L. Entonces nota un tirón en su mano que le saca de sus más profundos pensamientos y cae al charco de sangre, y supo, de alguna forma, que tenía el mismo destino que aquellas personas que le rodeaban, que ese era su sitio, donde debía estar. De repente, ve a L bajar las escaleras rápidamente con expresión de preocupación diciendo algo que Light nuevamente no consigue escuchar, ya que lo llantos y gritos de dolor inundaban su mente. Este se pone a su lado y le levanta, llenándose así también de sangre la camisa blanca que siempre llevaba, L le gira la cara rápido con ambas manos y le mira fija y seriamente, entendiendo sin una palabra lo que le pasaba a Light por la cabeza, ya que lo le pasó el brazo por encima de su hombro y con una mano le tapó los ojos. Lentamente, L le guía hasta la salida, y de algún modo, sintió que aquella pesadilla que tuvo hace tiempo, en la que le apartaba de Kira, se hacía realidad.
Para cuando Light quiso darse cuenta, ya habían llegado a su destino y L apartó la mano de sus ojos, dejando ver una puerta blanca.
-Lo siento. –dice L por primera vez desde que le dio la noticia de su padre. –No debí…-pero sus palabras se vieron interrumpidas, y Light no supo cuánto hubiera deseado que no lo hubieran sido.
-¡Paso, por favor! –la puerta se abre de golpe, dando un portazo tan fuerte que desconcha la pared. – ¡El paciente ha vuelto a entrar en parada! –y por delante de ellos pasaron varios médicos alrededor de una camilla, en la cual se encontraba su padre, con un aspecto de derrotado, de vencido y de dolor, tan distinto que incluso creyó por un segundo que aquella persona no era su padre, al menos, no el mismo. Corrieron lejos de allí, esquivando pacientes y doctores.
Light sintió un dolor profundo en mitad del pecho que le hizo querer coger aire. Aquello era por su culpa, era el precio a pagar por todo, por sus víctimas, por L. Observaba la camilla en la que se encontraba su padre alejarse de allí, alejarse de la vida, y para su sorpresa, una voz inundó su mente con la respuesta a aquello: "cuaderno de muerte". Light se dobla sobre sí, sintiendo que el aire de sus pulmones corría tras aquella camilla, dejándole sin fuerzas, sin esperanza. Y eso último, era lo que le deseaba poder intercambiarse con su padre.
-Light –escuchaba el eco de la voz de L. -¡Light!
"¡Cuaderno de muerte!" gritó una voz en su cabeza. Y por un momento, lo vio todo claro, y el aire volvió a inundar sus pulmones, teniendo claro su propósito para que el corazón de su padre, de algún modo, no se detuviera.
-L –le llama Light y este le mira preocupado. –Necesito estar solo… un momento… por favor. –le mira directamente a sus pupilas negras, esperando que le comprendiera.
-Por supuesto, -responde. –lo entiendo.
En aquél momento Light se sintió miserable, estaba mintiendo y traicionando un vez más a L, quien le acababa de salvar y seguramente estaría dispuesto a hacerlo mil veces más. Pero no tenía elección, no le quedaba de otra. Juntos, se dirigieron al baño, L sacó la llave de su bolsillo, ahora sabía lo que le había dado Watari, la introdujo en la ranura en la cadena y esta hizo un "click" que anunciaba su apertura y al mismo tiempo, que se separaba de L. Light miró a este por unos segundos, sin querer perder tiempo, sin querer llegar tarde, y a este le pareció ver a L asentir levemente con la cabeza, pero no lo supo realmente, pues la puerta se cerró y L desapareció tras ella. Tras aquello, L mira la cadena que había rodeado la muñeca de Light y la aprieta con fuerza, se apoya en la pared y se deja resbalar por ella, quedando sentado sobre el frío suelo, por primera vez, de una forma normal, lleva la mirada al techo y con una esperanza desgarradora pero con un miedo atroz dice para sí:
-Sálvale, Light.
Light avanzó al centro del baño, el cual estaba misteriosamente vacío y llamó a lo único que podría ayudarle:
-Ryuk. –llama intentando aparentar tranquilidad, pero tras unos segundos vuelve a intentarlo. –Ryuk. –volvió a llamar al shinigami mientras maldecía por lo bajo, no solía tardar tanto en manifestarse, aunque claro, ya no tenía por qué hacerlo. -¡Ryuk! –alzó la voz y entonces piensa que, nunca antes había estado tan ansioso por el cuaderno, al menos no para salvar la vida de alguien. -¡Ryuk! –grita Light desesperado. -¡Maldito shinigami! ¡Ryuk! –se mueve nervioso por todo el baño, girando sobre sí mismo en busca de este. -¡¿Dónde cojones estás cuando te necesito!? –grita sin miedo a que L le escuche. – ¡Ryuk! – grita más fuerte y con todas sus fuerzas golpea la papelera situada al lado de la puerta. -¡No puedes hacerme esto! – pero entonces piensa: "¿y si no puedo verle? Pero no, la última vez le vio a pesar de renunciar al cuaderno" Entonces, su corazón palpita con fuerza en su pecho, anunciando cada segundo de la marcha atrás de la vida de su padre.
-3…2…1 –podía escuchar en su mente. -¡Fuera! –y descargaban la electricidad sobre el pecho de su padre, quien se doblaba, pero que seguía sin responder.
-¡Ryuuuuuk! –grita con fuerza. -¡Ryuuuuuk! –y sus ojos se llenan de lágrimas mientras siente que se queda de nuevo sin aire.
-Otra vez –anunciaba el médico. -3…2…1 ¡Fuera! –y el médico descargó sobre el pecho de su padre toda la potencia que le estaba permitido. Pero no ocurre nada.
-¡Ryuuuuukkkk! –Light se lleva las manos a la cabeza y cae de rodillas al suelo.
A otro lado de la pared, y escuchando los gritos de dolor, L se tapaba los ojos con las manos, derrotado.
-No…-aprieta con fuerza sus puños intentando coger fuerzas. –¡Ryuuuuukkk! –grita hasta dolerle las cuerdas vocales. Sentía que se acababa el tiempo, y no podía hacer nada. Recordaba a su padre sonreír orgulloso por estar con él en el caso y recordaba sus palabras de aquel día en el que le pedía que se retirara para que estuviera a salvo de Kira, le recordaba sonreír cuando llegaba del trabajo, cuando cenaban en familia, y también recordaba cómo esa sonrisa desaparecía poco a poco conforme aumentaba los asesinatos de Kira, la forma en la que él mismo había apagado la luz de los ojos de su padre. -No puedo permitir que muera por mi culpa… -se dice Light llevándose las manos a la cabeza, sintiendo cómo la impotencia y el arrepentimiento se apoderaban de él.- ¡No puedo permitirlo! ¡Todo esto es por mi culpa! ¡Nunca debí coger el cuaderno! –respira con dificultad y con lágrimas cayendo por su cara. -¡Nunca debí conocerle! ¡Él nunca será feliz conmigo! ¡Yo nunca podré permitirme quererle como él me quiere a mí! –Fuera de allí, no tan lejos, una lágrima se estrelló contra el frío suelo. -¡Nunca debí matar a todos aquellos criminales! Nunca debí cambiar... –intenta coger aire. – Ahora mi padre va a morir por mi culpa…
-No responde… -anuncia el doctor, mientras el pitido continuo cobraba fuerza en la mente de Light hasta tal punto de volverle loco y hacerle caer de rodillas al suelo.
-Por favor…no… -Ruega Light sin fuerzas, tan derrotado como el corazón de su padre. Pero es entonces, cuando escucha algo caer frente a él, y es cuando abre los ojos cuando visualiza el cuaderno de muerte, lo que le parece a Light una ilusión, pero al levantar la vista se encuentra con el shinigami, mirándole fijamente.
-Light, si tocas el cuaderno volverás a ser su dueño…-Ryuk habla despacio, como si estuviera haciendo algo que no solía hacer a menudo: ayudar a un humano. Pero este, impaciente, no sabía lo que quería decirle, hasta que: - …y él volverá a ti, y hará lo que antes no pudo. –Dijo refiriéndose a la persona que le esperaba tras aquella puerta.
Tras aquellas palabras, Ryuk le proporcionó su bolígrafo, fue en tan solo cuestión de segundos cuando Light pensó en lo que le había dicho el shinigami; si al salvar la vida de su padre no estaba condenando la de L, si no estaría intercambiando sus destinos. Sabía que su padre no le permitiría salvarlo de aquella manera, pero también sabía que L le obligaría a hacerlo. Light coge el bolígrafo de Ryuk y con el cuaderno abierto por una página cualquiera dirige su mano hacia este. Pero entonces, "Hijo, ¿te encuentras bien?" pudo oír la voz de su padre de aquella vez, lo que hace que retire su mano y se sienta confuso. "¿Por qué quieres eliminar la verdad? Eso es acto de Kira, no de ti." le había dicho L, y su mano empieza a temblar. "Yo siempre voy a defender tu inocencia, porque sé que tú no eres Kira" dijo su padre en la puerta de hotel. "¿Qué quieres que te diga entonces?, ¿que no puedo parar de pensar en ti? ¡¿Qué deseo que no seas Kira?!" le había gritado L con lágrimas en los ojos. "Estoy…tan orgulloso de ti, hijo." Recordó el brillo en los ojos de su padre y se dispuso a escribir el nombre para salvarlo, pero… "Estoy enamorado de ti, Light" y siente como si se hubiera teletransportado allí, en aquella azotea mojada por la lluvia. Y Light, aún con el pitido continuo que indicaba el corazón parado de su padre, las voces de las dos personas que más quería en su cabeza y el arma que condenaría a muerte a uno de los dos frente a él, hizo lo que creyó correcto y escribió el nombre de su padre seguido de una fecha muy lejana.
Tras aquello este quedó rendido, no sabía si por escribir en el cuaderno de muerte el nombre de su propio padre, o por hacerlo por primera vez sin estar poseído por Kira, pero ya nada importaba. No sabía cuánto tiempo estuvo así, no sabía si quiera si había llegado a tiempo, si el corazón de su padre estaría latiendo aún, no sabía qué pasaría con L, lo que sí sabía era que vendría a por él, tarde o temprano. Cuando se encontró con algo de fuerzas se levantó, se apoyó sobre el lavabo y se sorprendió a ver que las pocas luces que alumbraban el lugar, comenzaron a parpadear, este se giró para mirarlas extrañado y cuando volvió a ponerse frente al espejo pudo verle, pudo ver a Kira.
-¡Aaaahhh! –grita Light de dolor al notar la mano de Kira apretar su cuello, había atravesado el espejo y golpeado la cabeza de Light en este. –Esta vez… -dijo con voz cansada y oxidada. –no voy a fallar. –Y miró a Light con unos ojos más rojos que nunca.
L se encontraba todavía sentado en el suelo, tratando de borrar los gritos de Light, tratando de no pensar en que le había dado permiso para que hiciera lo que este había fingido olvidar, tratando de buscar alguna excusa por la cual no entregarse a la policía.
-¿Es usted familiar del señor Yagami? –pregunta una voz femenina, sacándolo de sus pensamientos. L levanta la mirada y observa a la enfermera que se encuentra ante él.
-No yo soy…-y se sorprendió al pensar que iba a pronunciar unas palabras que nunca antes había utilizado para definirse a sí mismo. -…un amigo. –Y traga saliva, preparándose para las palabras que venían después.
-El señor Yagami se encuentra estable en la zona de vigilancia y cuidados intensivos. –L no puede evitar coger aire, se sentía como un criminar a punto de ser fusilado pero que, en el último momento, deciden perdonarlo. –Llevaba un rato en parada, el médico se había dado por vencido cuando de repente… volvió. –L no podía creer lo que estaba oyendo, pero era así, el señor Yagami estaba vivo. –Por favor, ¿podría informar a sus familiares? Nosotros estamos ocupados atendiendo a otros pacientes. –Informa, y sin esperar respuesta atraviesa el pasillo con paso rápido.
L quedó en shock un momento, analizando las palabras que acababa de escuchar y pensando si era posible que Light tuviera que ver con aquello, pero con alegría en el corazón se levantó lo más rápido que pudo y agarró el pomo de la puerta, dispuesto a entrar.
