Fanfic de Death Note por Ameban. Todos los derechos están reservados a Tsugumi Ohba, Takeshi Obata, etc...
Esto es solo desvaríos de una fan para pasar el rato. Yo no gano dinero con esto.
Esta segunda parte del capítulo-9 no contiene ninguna escena del manga o del anime. Debo darle las gracias especialmente a Skogul, médico de profesión y autora de fanfics en esta misma comunidad, quien me asesoró con detalle sobre la clase de tratamiento, heridas y cura que necesitaría Mello para curarse de la explosió que le dejó deformado. Muchas gracias por tu ayuda.
=Capítulo-9=
"Réquiem- 2ª Parte"
Madrugada del 11-Noviembre 2009
Dolor, esa era la única manera de definirlo. Mello no llevaba puesto ningún equipo anti-balas ni anti explosivos, sino sus habituales ropas de cuero y algodón más una máscara que si bien podía brinda algo de protección, solo servía para filtrar los gases. Por ello, a pesar de saber que desde su posición estaría a salvo de la onda expansiva, a pesar del peligro que entrañaba, Mello había calculado la dirección de escape y salió corriendo hacia la posible salida mientras se sucedían las explosiones los cascotes de ladrillo, cemento y azulejo volaron en todas direcciones haciendo impacto en todas partes, incluyendo su cuerpo; y también el fuego. Sintió como el lado izquierdo de su cuerpo que se encontraba desprotegido, ardía de puro dolor al recibir esos impactos; una de las lentes de la máscara, la que cubría el lado izquierdo de su rostro, estallaba a causa de la onda expansiva haciendo que los pedazos le cortaran la cara, y solo sus reflejos evitaron que el ojo se viera afectado; con el rostro desprotegido, su cara en ese lado también quedó afectada y la misma sensación de quemadura se adueñó de esa parte de su piel.
Y aún así, Mello había podido salir corriendo de allí. A pesar del intenso dolor, del calor, de los cortes en la piel de su brazo, cuello y cara, y del intenso y negro humo, corrió como tantas veces había tenido que hacer en los últimos años para protegerse. Sabía que esa era la única oportunidad que tenía para salvarse. Y afortunadamente, la adrenalina generada en semejante esfuerzo y deseo por sobrevivir, hicieron que el dolor fuera más llevadero.
Hasta que finalmente Mello acabó deteniendo sus pasos al esconderse en un descampado unos doscientos metros fuera del edificio. Las fuerzas le flaqueaban y ya no podía correr más; se giró y comprobó que el edifico, aunque seguía en pie, estaba completamente en ruinas, y presupuso que esos policías japoneses que le habían atacado siguiendo los planes de Kira, estarían demasiado ocupados como para buscarle ahora. Pero eso no resolvía su problema.
Mello volteó la cabeza y vio el estado de su brazo; fue entonces cuando se dio cuenta de lo mal herido que estaba y, consecuentemente, el dolor se intensificó. Ahora que sabía lo mal que estaba y habiéndose esfumado el efecto de la adrenalina en sangre, su cuerpo se colapsó ante el dolor y las heridas. Mello se sujetó la muñeca de su brazo izquierdo, haciendo presión y evitando que colgase por su peso; incluso el tirón muscular del mismo le causaba una gran agonía. No pudiendo controlarlo más, se quitó la máscara antigás que ahora le resultaba un verdadero estorbo, y luego tanteó como pudo los bolsillos de sus pantalones de cuero, ahora medios quemados y rasgados por lo que habían sufrido, hasta que consiguió extraer su teléfono móvil, que afortunadamente había salido indemne.
A tientas, marcó un número y esperó contestación.
—Maldita… sea, contesta…— musitó con voz quebrada. — ¡Contesta, joder!
Tras unos instantes que se le hicieron increíblemente largos, la llamada fue contestada.
—"Hola, Mello" —contestó la voz de Matt al otro lado del teléfono. — "¿Qué pasa? ¿No es un poco tarde para que me llames? Menudas horas"— preguntó.
—Matt… —balbuceó, — Ven… ayúdame.
—"¿Cómo?"— preguntó Matt al otro lado de la línea sin comprender— "Mello, ¿qué pasa?"—
—No hagas tantas preguntas… y ven, rápido…. Código 000— insistió con urgencia el joven de cabellos rubios. — Necesito ayuda médica urgente.
—"¡Joder, Mello!"— exclamó Matt, —"Ya me contarás que ha pasado… Dime donde estas para que vaya y llame a una ambulancia."
—No… ambulancias no. Es… muy peligroso. Ven tú solo.
—"No me jodas, Mello."— replicó Matt cada vez más nervioso. — "Si estás tan mal como me parece que estas, necesitas ayuda ya mismo."
—Ambulancias no... No deben saber que estoy vivo—respondió Mello. — Pero por favor, ven ya.
—"¡Qué cabezota eres, Mello!"— replicó Matt intentando controlar su preocupación, —"Está bien, dime donde estoy que voy para allá."
Mello se alegró de no tener que seguir discutiendo con Matt sobre si debía traer o no una ambulancia, y a continuación le dijo donde estaba y como llegar.
—"…De acuerdo, estaré allí en 10 minutos"— asistió Matt.
Mello suspiro pesadamente, sabiendo que Matt le socorrería, pero al mismo tiempo sintió que el dolor volvía a invadir su cuerpo, y finalmente se colapsó sobre sus rodillas junto a una tapia.
Tal y como había dicho, diez increíblemente largos minutos más tarde, Matt hizo su aparición conduciendo una vulgar ranchera; ese tipo de vehículos resultaba mucho más barato y menos llamativo que otros de los coches que poblaban las vías de California, así que no llamaría la atención en un lugar como ese. Matt bajó del vehículo y salió corriendo hacia la tapia del descampado en donde encontró a Mello.
Pero no podía creerse el estado en que estaba.
Al fondo se veía una espesa columna de humo negro y polvo que surgían de un derruido edificio en llamas, y frente a él se hallaba una tapia de cemento cubierta de grafitis y con una decaída figura apoyada en ella que Matt reconoció al instante. Mello se encontraba tendido en el suelo, con la espalda apoyada en el muro de bloques de cemento, y sujetándose la muñeca del brazo izquierdo para evitar que colgara; sus ropas negras estaban raídas y llenas de polvo y quemaduras, salvo el rosario de su pecho que colgaba en un estado sorprendentemente bueno, a su lado también se encontraban los restos de una máscara de gas que debía haber llevado puesta. Pero no eran sus ropas lo que asustó, sino el estado del propio Mello. Sus cabellos aparecía sin brillo, quemados, y toda la piel de su brazo izquierdo estaba cubierta de cortes y ampollas, evidencia de al menos quemaduras de segundo grado. El polvo y los escombros habían hecho impacto sobre su piel abrasada y eso agravaba el estado de las mismas, y Mello no podía más que gemir por el dolor y boquear como si le faltara el aire.
—Oh, my God!— exclamó Matt al verlo, — ¡Mello, Mello, por dios, ¿qué te ha pasado?!
—Maaaatt...— balbuceó el débilmente, — Fue una trampa… El Shinnigami nos traicionó… Kira me ha encontrado.
Ante la mención de Kira, Matt dio un respingo y miró a Mello con los ojos desorbitados. No sabía a ciencia exacta de qué hablaba ese chico que era lo más parecido a un hermano que tenía, pero sí que Mello también tenía el lado izquierdo de la cara abrasado y que la mención de Kira solo significaba problemas. Eso explicaría el estado actual de Mello.
—Mello, no hables más que lo necesario— ordenó Matt reuniendo sangre fría.— Voy a sacarte de aquí y llevarte a un lugar seguro.
A pesar de su rostro quemado, Matt pudo distinguir el gesto de alarma de Mello.
—No, a los médicos… de la mafia, no— pidió. —No tengo… ya poder sobre ellos… y Kira los encontrará.
— ¡Calla, yo sé lo que hago!— ordenó Matt, y luego le miró con atención. — ¿Te puedes levantar?
—Duele… duele mucho. No lo sé…
—Yo te ayudaré.
Y diciendo esto, Matt cogió a Mello por su hombro sano y lo llevó a rastras hasta la ranchera. Mello no estaba tan débil como para no poder andar, pero el dolor de las quemaduras y los cortes era una auténtica agonía. Matt le condujo lo mejor que pudo hasta el asiento del copiloto donde le ayudó a sentarse; no era la mejor opción considerando sus heridas, pero no tenía otra salida.
Matt volvió para recoger la destrozada máscara de gas del suelo para no dejar rastro y luego se sentó corriendo en su puesto y arrancó la ranchera a gran velocidad antes de que hiciera su aparición la policía o cualquier curioso con demasiado tiempo libre y les viera.
Mientras Matt conducía, la oscura carretera que salía del complejo industrial se le antojaba odiosamente larga. Tenía una idea clara de a dónde ir, pero primero debía hacer una llamada, y el gemido agónico de Mello, sentado a su lado, le estaba haciendo perder los nervios. Además, el aire en el interior de la cabina era enfermizo por el olor a carne y pelo quemado que emanaba de Mello; Matt intentaba a toda costa mantener la sangre fría mientras conducía, rehusando las arcadas que invadían su garganta.
—Tengo… sed…. — farfulló Mello, — Hace… mucho calor… y tengo sed.
Matt le miro de reojo y razonó que si Mello había tragado fuego y polvo era normal que tuviera sed. El problema era que no tenía botellas de agua a mano.
— ¡Mierda!— maldijo Matt y trasteó con su teléfono móvil, volviendo a repetir la operación que el propio Mello había hecho poco antes. Finalmente respondió una voz aburrida y molesta al otro lado del teléfono.
— ¿Horace, eres tú?— preguntó y Mello hizo amago de girarse hacia Matt al oír ese nombre. — Sí, soy Matt… Sí, Horace, sé que es muy tarde y no son horas de llamar a nadie… Precisamente, tengo una urgencia… ¡Pues que Mello está jodido, muy jodido!... No sé bien lo que ha pasado, pero parecen quemaduras… Sí, ha dicho que tenía sed… No, no puedo darle nada de beber… Horace, yo no tengo una ambulancia… Sí, sí, vale… ¡Por favor, ayúdanos! ¡Esto está muy mal!…. Ya sé que el hospital de Marvin es el más cercano pero no podemos delatarnos… ¿Vendrás a buscarnos?... De acuerdo, en el siguiente cruce a 50 millas al norte… Gracias Horace, de verdad.
Al escuchar la conversación telefónica de Matt, Mello pensó en decir algo, preguntar por ese tal Horace con el que había hablado Matt, pero estaba demasiado débil y atontado como para decir o hacer algo coherente, así que al final se rindió y dejó que Matt siguiera conduciendo hacia el lugar donde se supone que se reunirían con él.
Poco después Matt llegó al lugar del encuentro y detuvo la ranchera, aunque no apagó las luces para facilitar algo de iluminación en medio de la oscuridad nocturna. Junto al cruce donde había acordado, se encontraba aparcada una ambulancia de color amarillo con la característica cruz roja y el emblema de la clínica a la que pertenecía serigrafiados sobre sus costados; a un lado, aguardando con la puerta trasera abierta, había una figura de un hombre joven vestido con el mono de urgencias.
Matt salió a la carrera de la ranchera y fue al encuentro de la figura que allí les esperaba sin cerrar la puerta tras de sí; eso hizo que Mello, merced de su estado de hipersensibilidad, sintiera el frescor del aire nocturno en torno a él, un pobre alivio para su estado. Intentando ignorar el dolor, y confundido por los acontecimientos, hizo lo que pudo por identificar la figura con la que hablaba Matt; no le gustaba la idea de confiar su vida a un extraño pese a que sí lo hacía con Matt.
—Gracias por venir, Horace. — Exclamó Matt a la figura junto a la ambulancia. — Mello está dentro de la cabina.
—De acuerdo. — contestó ese hombre, y por la voz, vagamente familiar, Mello supo que era alguien bastante joven. — Le sacaremos entre los dos y le pondremos en la camilla de la ambulancia. Luego le llevaremos a la clínica.
— ¿Cómo?— exclamó Matt, — ¿Has venido tú solo? ¿No hay ningún enfermero aquí?
—No, claro que no. — contestó el tal Horace en tono de reproche, —Yo solo soy un médico interino que trabaja en una clínica de voluntarios. Y por las leyes de este país ni siquiera soy mayor de edad todavía… ¿No esperarás que pueda ordenar que una ambulancia vaya a socorrer a alguien sin dar cuenta a nadie? He tenido que venir yo solo Además, Kira se ha extralimitado esta noche y todos los servicios de urgencias están colapsados… Habéis tenido mucha suerte que yo estuviera tan cerca de vosotros.
—Damnit, Horace — exclamó Matt, —Lo siento… Pero muchas gracias por venir.
—Ya me lo agradeceréis luego, Matt — contestó el médico. — Venga, hagamos algo con Mello antes de que se ponga peor.
Y diciendo esto, ambos se pusieron manos a la obra.
Mello no era muy consciente de lo que ocurría a su alrededor. Supo que ese joven hombre, que debía tener en torno a unos 20 años, le había tumbado en inmovilizado en la camilla para mantener el cuerpo recto y bien posicionado; luego le dieron de beber un líquido hidratante y le pusieron un catéter con suero en el brazo sano (al menos más sano que el otro), y le quitaron con cuidado algunas de las ropas quemadas que se habían incrustado en su piel. Mello se relajó al sentirse socorrido y aliviado al recuperar algo del líquido que había perdido cuando le administraron esas sustancias hidratantes, pero seguía demasiado atontado como para reaccionar. Solo sabía que Matt parecía confiar plenamente en esa persona que le estaba socorriendo, y que incluso había colaborado como enfermero de él siguiendo las indicaciones que le daba; Matt no tenía formación médica pero tuvo que hacer las veces de enfermero a falta de alguien más.
Finalmente, sin que Mello pudiera evitarlo, Matt les siguió en la ranchera mientras el tal Horace conducía hacia la clínica donde le atenderían.
Las siguientes horas se hicieron muy largas para Mello, de hecho tuvo la impresión de poder ver el amanecer a través de las ventanas de la clínica y para cuando acabaron de atenderle, ya era más de las 9 de la mañana.
Su mayor sorpresa vino cuando descubrió la identidad del médico al que Matt había pedido ayuda. Al principio, por culpa de su estado, no podía reconocerle bien, pero finalmente supo que el tal Horace era en realidad uno de sus antiguos compañeros de la "Wammy's House", amigo de Linda y compañero habitual de correrías de Matt y él mismo cuando eran niños y vivían en el orfanato. Horace había crecido y se había convertido en un joven post-adolescente que se había dedicado a la medicina, tal y como Matt le había explicado tiempo atrás. Horace se había quitado las gafas, muy posiblemente sustituyéndolas por lentillas y también se había cortado sus cabellos castaños de manera que ya no caían sobre su frente, además, ahora ya tenía la figura de un adulto, tal vez de la misma altura que Mello pero de constitución más ancha, así que no tenía problemas a la hora de mover su peso. Ahora Mello comprendía por qué Matt no había tenido problemas en dudar de su seguridad.
Horace, sin embargo, apenas habló con Mello mientras le curaba porque el estado de Mello no permitía distracciones. Con sus indicaciones, Matt fue hidratando a Mello para que recuperara líquidos mientras que Horace procedió a retirar todos los objetos que se habían incrustado en su piel; limpió las heridas de escombros, polvo, arenilla, trozos de cristal y otros usando un jabón quirúrgico y una solución salina al 0,9por ciento; a continuación desinfectó las heridas y aplicó un anestésico para aliviar su dolor. El problema no era tanto la quemadura sino todo lo que la onda expansiva había arrastrado sobre él y que podían haberle causado alguna conmoción o traumatismo a causa de los golpes. Afortunadamente para Mello todas sus heridas eran externas y Horace, con la ayuda de Matt, solo tuvo que encargarse de ellas.
—… Has tenido suerte, Mello — le dijo Horace sin perder su mecánica de trabajo producto del entrenamiento de la "Wammy's House". — Un poco más y las heridas de tu rostro se podrían haber infectado… Si eso hubiese pasado, habrías perdido el ojo. Pero ya no corre ningún riesgo.
Mello solo pudo suspirar aliviado a través de la máscara respiratoria que llevaba puesta.
A continuación, entre Horace y Matt, ambos aplicaron una pomada a base de sulfadiacina de plata con un espesor de un milímetro, y luego le envolvieron en vendajes de comprensión. Para cuando acabaron, Mello tenía envuelto en vendas gran parte de su cuerpo, especialmente el lado izquierdo de su rostro, su cuello y su brazo izquierdo, aunque como no sufrió ninguna rotura interna, no tuvo necesidad de entablillar algún hueso roto.
Mello habría hablado con ese joven que le había socorrido junto a Matt, pero la máscara de oxígeno que llevaba se lo impidió. Horace pareció adivinar sus intenciones y le dijo.
—Mello… Todavía no sé qué te ha pasado exactamente, pero no te preocupes porque aquí estás a salvo. Por ahora te quedarás así durante unas horas hasta que te mejores, y luego ya veremos. — Horace suspiró, —Ahora lo mejor que puedes hacer es descansar.
A su pesar, Mello tuvo que reconocer que tenía razón. Su vida había dado un completo giro en cuestión de minutos y en su estado actual no podía hacer otra cosa. Solo pudo quedar agradecido a Horace y caer en un profundo sueño.
Cuando por fin acabaron, Matt se encontraba esperando a Horace en una salita contigua a la sala de curas donde entre los dos habían atendido a Mello. Horace se dio cuenta que Matt estaba pálido y en estado de shock, todavía confundido por lo que había pasado y no solo por el cansancio; eso era normal porque Matt no era médico y además tenía una estrecha amistad con Mello, así que verlo en ese estado le causaba una gran aprensión, más cuando el propio Matt había tenido que colaborar en su cura.
Horace no tenía respuestas sobre lo ocurrido y supo que Matt estaría dispuesto a hablar.
—Ten, toma esto — dijo dándole una taza con una infusión.
Matt la tomó entre sus manos y la miró con desconfianza.
— ¿Qué es?— preguntó.
—Valeriana con azahar. Es relajante. — aclaró Horace sentándose a su lado. — Creo que necesitas algo caliente y prefiero prescindir de calmantes para medicar a alguien en tu estado… Ha sido mucho trabajo para alguien que no es médico, así que es normal que estés tan cansado.
—Sí… —asintió Matt con voz quebrada.—…Cuando le encontré, pensé que… se moría.
—Matt… Mello no habría muerto de algo así al no ser que no hubiese sido socorrido— explicó Horace. — Y los dos sabemos que Mello es demasiado cabezota como para rendirse.
—Sí, eso es verdad — sonrió Matt algo más animado.
—No te preocupes más por él. Te aseguro que ahora ya está bien… aunque le llevará un tiempo curarse del todo.
— ¿Cuánto?
—Depende de cómo responda estas primeras horas, pero por ahora debe estar unos tres días en observación mientras le vamos curando. Esas quemaduras eran muy aparatosas pero no mortales a corto plazo… Lo único que no te puedo asegurar es cómo quedará cuando se cure.
— ¿Qué quieres decir?— preguntó Matt con desconfianza.
—Normalmente uno se puede curar de esas heridas teniendo tiempo, y si son muy feas, se puede hacer un cultivo de piel para luego hacerle un injerto y que no quede señal… o al menos que no se note tanto la cicatriz de la quemadura— explicó Horace, —Pero yo solo y aquí entre los dos, no te podría asegurar un resultado perfecto; tendría que trabajar en el hospital, pero empezarían a hacer preguntas sobre vosotros en cuanto ingresara a Mello, así que no podéis salir de aquí. Y además me imagino que en cuanto Mello se recupere lo suficiente, querrá irse.
—Yo también lo creo. — contestó Matt dando un sorbo a la taza y sintiendo como la valeriana empezaba a hacer su efecto. –Para Mello es más importante su objetivo que cualquier otra cosa.
—Matt, ¿Puedo preguntarte una cosa?— inquirió Horace y el joven de cabellos ceniza le miró inquisitivamente.
— ¿El qué?
— ¿Qué ha pasado?— preguntó. — Sé que Mello y tú os fuisteis a buscar a Kira y que estabais pisando… terreno peligroso. Pero honestamente…— Hizo una pausa, ordenando sus ideas, — La última vez que vi a Mello era un crío de 14 años que iba siempre descalzo a todas partes y que siempre se metía en todas partes, como todos los de la Wammy le recordamos… Y ahora me encuentro con ese veinteañero vestido con ropas estrambóticas, navajas automáticas ocultas en sus bolsillos y… con heridas que no son normales, que parecen causa de una explosión o de un incendio. He visto ya muchas heridas y gente que ha sufrido accidentes traumáticos como para no reconocer una en cuanto la veo. — Matt le miró fijamente. — Así que, ¿qué es lo que pasa? No me agrada la idea de ver a uno de nosotros en ese estado.
Matt miró el fondo de la taza que sostenía entre las manos, buscando una respuesta que darle.
—Horace… tú sabes que Mello y yo buscamos a Kira… y que Near está haciendo lo mismo como "L"… el verdadero— explicó aunque nada de eso era nuevo para Horace.— No te puedo explicar cómo, ni qué ha pasado para que Mello haya sufrido ese accidente… Pero sí que nos habíamos acercado mucho a Kira y que habíamos descubierto cómo mata a sus víctimas.
Los ojos de Horace, desprovistos ya de sus gafas de concha, se abrieron ampliamente al escuchar a Matt.
— ¿Cómo? – preguntó.
—No puedo decírtelo... y aunque te lo dijera, no me creerías — aseguró Matt. —Así que mejor déjalo estar.
Matt se pasó la mano por la cara en gesto de cansancio, apartando sus cabellos lisos de su frente y le miró en silencio, aguardando a que Horace se hiciera cargo de lo que acababa de revelarle.
— Pero después de lo que ha pasado y de lo poco que ha podido explicar Mello, parece que Kira le descubrió y que pudiera haber intentado matarlo…. Es por eso que tuve que recurrir a ti; no podemos permitir que Kira nos localice.
—Ya veo… Y por eso creéis que curándolo yo, Mello estaría a salvo — dedujo Horace. — Al final sí necesitasteis mi ayuda.
Matt se giró hacia Horace con gesto de sorpresa.
— ¿Por qué dices eso?— preguntó, —Desde el principio te dije que era posible que necesitáramos tu ayuda y los motivos de que yo lo hiciera.
—Sí, sí... Y eso no lo discuto — contestó Horace alzando las manos, — Ayudaros fue decisión mía, así que yo me atendré a las consecuencias. Pero si de verdad Kira puede matar a la gente sabiendo solo su cara, si de verdad mató a "L" y ha estado a punto de hacer lo mismo con Mello… Ahora mismo no creo que haya lugar en el mundo para que podáis esconderos.
—Supongo que… eso es cierto. Pero no podemos huir del mundo — contestó Matt haciendo amago de sacar un cigarro de su cajetilla.
— ¡Matt, nada de fumar en mi clínica!—ordenó Horace alzando la mano y también haciendo amago de quitársela.
— ¡Vale, vale!— se quejó el aludido. — Ya lo dejo.
Horace suspiró y tras una pausa, añadió.
—Matt…Hace unos días recibí un mensaje de parte de Roger… Es normal porque todos nosotros seguimos teniendo alguna clase de contacto con la "Wammy's House" — explicó. — Pero ese mensaje era una orden de parte de Near.
— ¿Near?— exclamó Matt olvidándose por completo del tabaco. — ¿Qué pasa con él?
—Nos ha dado un aviso a todos, incluidos los profesores y los puericultores del centro… Dice que es posible que Kira sepa la procedencia de "L" y por tanto de todos nosotros, así que nos ha puesto en alerta para que no demos ninguna clase de información a nadie. — Horace se pasó los dedos por sus ojos que parecían algo irritados. — Ha sido una suerte porque si no nos hubiese informado, todos nosotros estaríamos en peligro.
Matt esbozó una sonrisa triste.
—Near… Incluso se preocupa por nosotros después de todo.
—Matt… admito que Near nunca fue para nosotros un chico simpático, que era un chico raro que se pasaba el día encerrado mientras jugaba con sus cosas y que parecía que no le importaba nada de lo que dijéramos… pero en ese sentido todos los de la Wammy somos algo similares— confesó Horace. — Erais vosotros, los que estabais más cerca de suceder a "L", los que más importancia le dabais a vuestra rivalidad. — Horace suspiró, —Sin embargo, los demás, los que solo podíamos aspirar a puestos más bajos, siempre pensamos que vuestras peleas por rivalidad eran algo… exageradas. Comprendo que además Mello se lo tomara siempre como algo personal porque él si conoció a "L" personalmente, y todos nosotros sabemos que "L" era su ídolo y que quería llegar a ser como él… Pero la realidad del mundo es otra.
— ¿Qué quieres decir?— inquirió Matt con tono de sospecha. — Dilo de una vez porque llevas todo el rato así desde que empezamos a hablar.
—Está bien, seré claro — contestó Horace e hizo una pausa para ordenar sus ideas antes de continuar hablando, hasta que por fin empezó a hacerlo.— Horace.-r empezamos a hablar.-todo el rato asNosotros… todos nosotros, fuimos educados de forma especial.— explicó Horace.— Se nos enseñó a desarrollar al máximo nuestras capacidades, fueran las que fueran que tuviésemos… Y también a luchar por ser como "L", a quien creíamos un héroe que lucha en las sombras por el bien de la humanidad o algo parecido.
—Eso es cierto… De hecho esa forma de definir a "L" se parece bastante al concepto que Mello siempre tuvo de él.
—Y el mismo que tú, que Near, que yo, e incluso Linda tenía de él — añadió Horace, — Es normal entonces que Mello sintiera tanto odio y pena cuando supo que su ídolo estaba muerto.
—Horace… eso ya lo sabemos todos nosotros.
—Sí… Pero lo que ni tú ni Mello os habéis dado cuenta es que ese es el concepto que se nos ha enseñado a creer. —afirmó Horace.
Llegados a este punto, Matt se volvió hacia el joven médico con gesto de sorpresa, uno tan grande que incluso el cansancio parecía haber desaparecido de sus ojos.
— ¿…Cómo?
—Cuando yo me fui de la Wammy y empecé a trabajar como médico voluntario, me di cuenta que "L" no era el centro de la vida de los demás, solo del nuestro y porque fuimos educados para pensar así. — confesó Horace, —Y me consta que Linda piensa lo mismo porque si no, no se habría dedicado a pintar sino que habría hecho algo más acorde para lo que fuimos educados y entrenados, o mejor aún, con nuestras propias personalidades.
—Ya, ya… ¿A dónde quieres llegar?
—Al resto del mundo no le importa tanto "L" — afirmó Horace con tono franco. —Puede considerar que "L", el verdadero y no ese tipo que ha ocupado su puesto, es alguien bueno o con una fama inmerecida… Pero a la hora de la verdad, para la gente de a pie, somos gente como yo, los que dedicamos nuestras vidas a los demás, los que realmente son "héroes". –Horace suspiró. — Mello en cambio sigue pensando en "L" como si fuera un héroe de cómic.
Matt terminó de beberse la taza de valeriana e hizo un nuevo esfuerzo por no echar mano de su cajetilla de tabaco, hasta que finalmente reunió fuerzas para responder.
—Tienes razón: Mello siempre ha visto a "L" como su héroe particular… y creo que tiene buenas razones para hacerlo, aunque no suele hablar mucho de ellas.
—No hace falta que me las cuentes. Eso es asunto suyo personal — señaló Horace.
—Bueno, yo también veo a "L" como a una persona admirable… Puede que no sea tan entusiasta como Mello en demostrarlo, pero es la verdad. Y ahora mismo no sabría hacer otra cosa que no fuera dedicarme a lo que fui entrenado… Y supongo que con Near pasa lo mismo, aunque nunca lo demostrara.
—Sí, así es… aunque ahora mismo, por ser quienes sois, quienes somos, todos nosotros estamos en peligro. — sonrió de nuevo, En realidad Near es tan hermano de nosotros en la "Wammy" como lo podemos ser tú, yo o nuestro amigo de la sala de curas. — Matt parpadeó, —Es por eso que os he ayudado. Ninguno queremos acabar como "L".
—Supongo que tienes razón… Pero Mello no piensa así. A pesar de todo querrá seguir intentando superar a Near y atrapar a Kira… aun después de lo que ha pasado hoy. Mello quiere… vencer a toda costa y convertirse… en el héroe que idolatraba.
—Para eso tendría que recuperarse bien primero —anunció Horace.
Mello había perdido la noción del tiempo después de pasarse varias horas dormitando en la cama de la clínica. Los calmantes que le habían aplicado y la rehidratación de su cuerpo le hacían sentir mucho mejor, además que el suero intravenoso le hacía no tener sensación de hambre. Fue por eso que cuando recibió la nueva visita de Matt y Horace, se encontraba mucho más tranquilo.
Además, parecía que después de todo Kira no había podido localizarle.
Horace comenzó a retirar los vendajes compresores que le envolvían las heridas y procedió a limpiarlas, de nuevo con la ayuda de Matt, quien se estaba viendo obligado a hacer las veces de enfermero y aprender procedimientos de cura de emergencia a marchas forzadas. El proceso fue el mismo que la vez anterior, solo que sin microcirugía para limpiar las heridas de objetos extraños, y ahora Mello volvía a ser envuelto en un ovillo de vendas hasta hacerle parecer una momia.
Lo único bueno fue que por fin le retiraron la mascarilla y podía hablar, o al menos balbucear cosas porque la piel quemada de la mejilla aún le irritaba.
—Bueno, Mello… Te alegrará saber que te recuperarás y que tu vida no corre peligro. Además, tu ojo izquierdo no ha sufrido ningún daño — explicó Horace. —Aunque necesitarás algo de rehabilitación en tu brazo izquierdo para que puedas moverlo bien otra vez… Las quemaduras no dañaron el tejido muscular, por eso te dolía tanto, pero sí que te hacen perder movilidad, así que tendrás que ejercitar las partes de tu cuerpo que se han quemado para quedar bien.
Mello suspiró pesadamente, aunque su gemido sonó a alivio.
—Y sobre tu piel… Llevaría algo más de tiempo pero se pude hacer un injerto de piel para poder recomponer las partes que se hayan quemado y no se regeneren bien por si solas.
Horace notó que Mello le miraba con dureza; él estaba acostumbrado a ver esa mirada en Mello, a ver reflejadas en su rostro cada una de las emociones de su antiguo compañero de juegos, pero no para esa mirada tan fría. Era como si Mello estuviese… endurecido, cambiado, y de alguna forma se le antojó que tenía delante de él a un extraño.
—No... hay tiempo. —respondió Mello con voz débil. —Debo comenzar a moverme en cuanto esté listo.
Horace suspiró y Matt simplemente observó a ambos; él no tenía veda en ese asunto.
—Imaginé que dirías eso… Pero bueno, tienes esa posibilidad. — contestó.
Mello sonrió y su expresión se dulcificó.
—…Horace, la última vez que te vi eras un cuatro-ojos que aspiraba a convertirse en dibujante y que iba siempre detrás de Linda — comenzó a decir, —Y ahora te has convertido en mi médico… Me has salvado la vida… Y te estoy muy agradecido.
Horace parpadeó sonrojándose ligeramente por los comentarios que acababa de escuchar; aunque sabía que Mello era buena persona, no era habitual en él ese tipo de confesiones.
—Muchas gracias, Mello. — sonrió Horace, — Yo no podría dejar morir a nadie, y menos a un amigo de la infancia.
—Bueno, ¿Y yo qué, Mello?— se quejó Matt desde el fondo de la habitación. — Recuerda quién te sacó de allí.
Mello rió con sequedad a causa de su estado.
—Tú también Matt… Sobre todo por ocultarme que estabas en contacto con Horace desde hacía tiempo— explicó, —No quería que nadie más de la "Wammy's House" se viera involucrado en esto y ya somos unos pocos.
—Mello, no quiero que te molestes porque Horace y yo estuviéramos en contacto… Comprende que gracias a eso has podido curarte y Kira no podrá localizarte… al menos por ahora.
Ante la mención de Kira, el rostro de Mello se oscureció.
—Kira me ha encontrado ya… —anunció en tono sombrío, —Incluso sabe mi verdadero nombre… Solo que no tiene mi rostro.
Al escuchar semejante afirmación, Matt y Horace dieron un respingo y le miraron asombrados.
— ¿Tu… tu verdadero nombre?— exclamó Matt, incapaz de ocultar su temor.
Mello asintió como buenamente pudo a causa de sus heridas y su posición supina.
—Kira… ya sabe quién soy, solo que no me ha visto — anunció de nuevo. —Debo ocultarme mientras intento descubrirlo.
—Dios mío. — musitó Horace, —Mello… Cuando por fin te veo después de estos años, te encuentro quemado en la cabina de una ranchera… Tengo que curarte para salvarte… y ahora dices que todo es por culpa de Kira, quien muy bien podría conocer nuestros orígenes. — el nerviosismo de Horace era más que evidente, — ¡Eso nos pone en peligro a todos! A mí, a Linda, a Olga, a Irina, a Marco, a William, a Orbe… ¡A todos!... ¿Se puede saber qué ha pasado?
Mello se giró hacia Matt, sabiendo que el chico de cabellos ceniza pensaría lo mismo.
—…Es por eso que ni Mello ni yo queremos que sepáis más de la cuenta, Horace. Por eso insistí en no darte explicaciones — Explicó Matt a modo de exculpa, —Mello ha conseguido salvarse, pero ahora que Kira nos encuentre a los dos es una posibilidad mucho más cercana… No queremos que más gente se vea involucrada en esto.
—Esto es increíble. — murmuró Horace paseándose por la habitación. — Si yo fuera… Bueno, si Linda estuviera aquí,… estad seguros que se encargaría de deciros algo.
Ante la mención de Linda, Matt parpadeó y Mello sonrió con nostalgia.
—Sí, es verdad… ella nos diría algo. Pero ahora no está aquí y no hay necesidad de que ella también se vea envuelta, ¿verdad?
Los días que siguieron fueron una sucesión de curas, vendas, sueros y pomadas cicatrizantes. Al tercer día Mello se había recuperado lo suficiente como para poder levantarse y caminar, y también como para ingerir alimento sólido de forma regular, aunque Horace insistió en que el "alimento sólido" fuese algo distinto al chocolate.
Aparte de eso, Mello comenzó su rehabilitación.
En principio se había negado en ponerse un injerto de piel en la superficie quemada de su brazo y cara porque eso llevaría demasiado tiempo y ni él ni Matt disponían de él; Mello anunció que se ocuparía por sus marcas cuando todo eso hubiera acabado, aunque Matt tenía la sensación que Mello tenía otra razón para obrar de esa forma. Otro tanto ocurrió con el tema de su cabello; la frondosa cabellera rubia de Mello se había quemado notablemente por la explosión y ahora era un amasijo de pelo de color rubio pajizo y sin brillo. Horace le aconsejó raparse la cabeza para que el pelo le volviera a salir nuevo y sano, pero Mello también se negó, aparentemente porque por un lado no quería verse con el pelo corto, y por otro porque el cabello sobre la cara ocultaría su rostro y su cicatriz, una medida habitual en las personas marcadas. En cualquier caso, tanto Horace como Matt evitaron pasar por el tedio de ponerse a discutir con Mello sobre esos temas.
La rehabilitación fue otra cosa. Mello debía recuperar la movilidad en los músculos que tenía bajo las quemaduras para que así no se quedaran rígidos después de semejante lesión, ya que con solo regenerar la piel no era suficiente. Aparte de los ejercicios de rigor que Horace le instó a hacer, los tres, Mello, Matt y Horace probaron otras cosas… como jugar a las cartas. Los numerosos movimientos de dedos y mano, las expresiones faciales y las posturas, ayudaron a eso mientras los tres pasaban un rato juntos como hacía mucho que no ocurría.
Fueron momentos felices para Mello, y también para los dos jóvenes que estaban con él. Después de tantos años viviendo en un mundo corrupto, Mello volvía a reír y jugar con sus antiguos compañeros de juegos de cuando era niño. Las burlas, las bromas, las chanzas y los recuerdos de infancia se fueron mezclando en esas sesiones, y allí, en torno a una mesa de una sala de espera, los tres volvieron a vivir sin preocupaciones.
—… ¿Recordáis la vez que encerramos a Jonh en el vestuario de las chicas?— preguntó Matt mientras descartaba dos de sus cartas. — Se enfadó mucho con nosotros.
—La que se enfadó fue Linda. — contestó Horace cogiendo tres cartas del montón, — Me echó la bronca en medio de clase de dibujo, y luego el resto de las chicas se unieron a ella y me rodearon entre todas para increparme. Si no fuera porque la profesora Anne intervino, me habrían acribillado lanzándome sus carboncillos y lápices todas ellas a la vez.
—Es que escapar de las broncas de Linda era difícil — añadió Matt mientras repetía la operación.
—Es cierto. Conmigo era igual… cada vez que pensaba que me habría sobrepasado en algo, ella me decía algo. — Sonrió Mello. — Ninguno nos librábamos.
Al contrario que los demás, él no se descartó de ningún naipe, pero perdió la mano.
…
—…El conserje Albert era bueno después de todo — dijo Mello con tono nostálgico mientras barajaba las cartas. — Siempre me curaba cuando me caía en el patio y me dejaba pelados los codos y las rodillas.
—Tú siempre has ido con las rodillas despellejadas a todas partes, Mello – contestó Matt contestó recogiendo las suyas. — No pasaba una semana entre que no te cayeras de algún sitio o te metieras en algún lío.
—Díselo a ese pobre que cogiste por el pelo— rió Horace haciendo lo mismo. —…. Creo que aún debe tener pesadillas contigo.
— ¡Vaya, muchas gracias!
Y dejó el taco sobre la mesa, los movimientos de mano al barajar las cartas le resultaba muy complejos de hacer al tener la mano quemada.
….
—Yo apenas puedo quedar con chicas porque no pareamos— se quejó Matt apostando una pastilla de color azul. — Cada vez que conozco alguna, tenemos que salir corriendo.
—Matt… tú apenas sales nunca, así que no te quejes. — replicó Mello mientras revisaba las suyas, —Además, las únicas chicas que conoces son las de los foros de videojuegos y las guarrillas que añades a amigos en el Facebook para mirar sus fotos delante del espejo del baño.
—Mello… no me hagas hablar. — amenazó Matt.
—Vaya, los sucesores de "L" discutiendo sobre mujeres…— rió Horace. — Eso es totalmente nuevo.
—Supongo… pero tendrías que ver a Mello — replicó Matt, —Sobre todo a esa amiga suya que conocimos en Argentina… She's really hot!
—Matt. — dijo Mello con voz grave.
— ¿Sí?— contestó él con candidez.
—Cállate.
Horace rompió a reír.
—Full de Reinas, señores — anunció. —He ganado yo.
Sin embargo el ambiente relajado que los tres disfrutaron recordando cosas de su infancia juntos en el orfanato inglés, no duró mucho. Mello y Matt no tardaron en volver a planear sus movimientos, sobre todo después de ver en un artículo de la prensa local la noticia que un policía japonés había muerto en el hospital de Marvin a causa de varios impactos de bala tras un asalto a un grupo de mafiosos que se habían instalado en la zona. La noticia, por supuesto, no contaba todos los detalles sobre el tema, pero sí dio el nombre del policía y comunicaba que el cuerpo del mismo sería extraditado a Japón junto a su familia. No había foto pero Mello reconoció enseguida el nombre de Souchiro Yagami.
Mello no supo si alegrarse o sentir pena por ese hombre. Ese japonés había sido el causante más directo de su situación actual, él y su equipo habían acabado con todos los logros que había conseguido durante años en cuestión de minutos… y sin embargo, no podía odiarlo. Había hablado con Yagami incluso personalmente y lo que vio en él no era un mafioso sin moral como Gordon Dwhite, sino un hombre que realmente luchaba por lo que creía y que había seguido todas sus instrucciones para salvar a su hija, que a ojos de Mello seguía siendo totalmente inocente. Era por eso que Mello nunca tuvo intención real de dañar a ninguno de ellos dos, no lo merecían.
Pero al final se había revelado que Yagami se había aliado con Kira, que había luchado siguiendo sus directrices y que incluso había podido averiguar su verdadero nombre. Cada vez que Mello recordaba como Yagami pronunciaba su verdadero nombre y le amenazaba con la libreta anunciando que su vida ya no tenía sentido para él, se daba cuenta de cuán cierto era ese hecho. Y aún así, Yagami le seguía pareciendo una persona incapaz de colaborar con Kira, tanto que incluso había renunciado a su vida por lo que estaba pasando. Tal vez por eso no le había importado sacrificarse.
Eso solo podía significar una cosa: Kira estaba usando al cuartel de policía japonés con el que estuvo trabajando el verdadero "L" años atrás, lo que explicaría todas esas muertes tan oportunas como la del director del mismo, y también que Yagami hubiese podido saber su verdadero nombre. En vista de lo ocurrido, Mello valoró la posibilidad de que no supieran que Kira les estuviera usando, o bien que realmente estuvieran aliados con él. Al menos era una pista y ahora sabía sobre seguro que existía alguna clase de vínculo entre Kira y la policía japonesa, y no solo porque ellos tuvieran *uno* de los Cuadernos de Muerte que había en el mundo.
Pero primero debía discutir los planes con Matt ya que no quería que Horace se viera involucrado y quedó automáticamente excluido.
—…No tendremos problemas económicos— explicó Mello mirando por la ventana de su habitación. — Puede que la organización de Gordon haya desaparecido, pero yo sigo conservando memorizados los códigos de los movimientos bancarios y de todos los desvíos que hice a sus espaldas para nuestro fondo personal… Así que hasta que no sean expropiados, podremos seguir usando todo ese dinero.
—Entiendo... Al menos tenemos algo con qué movernos — asintió Matt, — ¿Vas a pagar a Horace lo de tu cura?
—Quisiera hacerlo… Pero eso también le dejaría en evidencia. Empezarían a preguntar de dónde salió ese dinero. — Mello bajó la vista, —Además, Horace no quiere que le recompense de ninguna manera.
—Me parece normal — respondió Matt, —Horace no quiere correr riesgos.
Mello no respondió, sabía que tanto él como Matt pensaban lo mismo.
—He estado hablando con Horace y me dijo que Near mandó un aviso a todos los integrantes de la Wammy. — añadió Matt
— ¿Near?— exclamó Mello, — ¿Se ha animado a decir algo?…No creo que lo hiciera si no fuera realmente importante. ¿De qué se trata?
—Creo que deberías tener más cuidado todavía, Mello — dijo por fin Matt.— Es cierto que Kira parece saber tu nombre, pero ha ocurrió algo más.
Mello dio un bote por el repentino cambio de humor de Matt, y se giró como un resorte hacia él.
— ¿El qué?, ¿Roger dijo algo sobre lo que estábamos haciendo?— intentó adivinar.
—Roger puede haberse rendido pero no es tan idiota, Mello. Él no hipotecaría nuestra vida sabiendo lo que ha pasado con la "Wammy". —Matt clavó sus ojos en Mello. — Al parecer hace unas semanas, vinieron dos policías japoneses a interrogar a Roger.
— ¿In… interrogar?— exclamó Mello. — ¿A tanto se han atrevido con tal de encontrarnos?
—Oficialmente era una inspección de rutina en nombre de "L", claro — contestó Matt. —Pero sabiendo lo que hablaron, está claro que no. Es por eso que Near se ha atrevido a dar una orden directa.
—Explícate. — ordenó Mello.
Matt podía comprender por qué Mello estaba tan asustado pese a sus continuos esfuerzos en ocultarlo; sabiendo que el farsante que se hacía pasar por "L" estaba cooperaba con la policía japonesa, quien a su vez parecía estar controlada por Kira sin que ellos lo supieran era lógico pensar que acabaran haciendo una visita a la "Wammy's House" y averiguando más datos sobre ellos. ¿O a caso no había sido el propio Yagami quien había dicho que lo sabían todo sobre él? Esas palabras ahora tenían verdadero sentido.
—Roger habló con ellos antes de recibir el aviso de Near, así que les contó a "grosso-modo" todo lo referente a la Wammy's House y sobre "L". Le contó quiénes eran en realidad Wammy y "L" aunque no dio datos específicos sobre ellos — contestó Matt, —Y también les contó que "L" tenía dos posibles sucesores… Near y tú.
—Entonces… ¿es por eso que la policía japonesa sabe sobre mí?— preguntó Mello.
—Sí, lo más probable.
— ¡Mierda!— exclamó Mello.
—Aunque no es seguro que conozcan tu cara— añadió Matt, —Yo solo sé lo que Horace me ha dicho, así que no puedo saber qué les diría Roger a esos dos policías.
— ¿Sabía sus nombres?— inquirió Mello.
—Sí, aunque eran japoneses, ya sabes… Eran Tota Matsuda y Aizawa.
Al escuchar sus nombres, Mello soltó un gruñido.
—Estupendo… los que forman parte del cuartel general de Kira y que acompañaron a Yagami—Bufó, — Eso explica por qué estaban tan enterados sobre mi identidad.
—Y por lo que me has contado, está claro que ese tal Yagami debió hacer el Trato del Ojo —añadió Matt, —O si no, no se explica que supiera tu nombre real.
Mello se abrazó como si sintiera un escalofrío recorriéndole el cuerpo. Hasta ahora siempre se había ocultado de todo el mundo y muy pocos sabían su verdadera identidad, pero ya no era así y eso le posicionaba en el punto de mira de Kira.
—Al menos Near ha hecho algo bueno e informó a todos los de la Wammy para que no dijeran nada — anunció. — Ese bastardo arrogante algunas veces tiene buenas ideas.
—Sí… y en mi opinión Kira tampoco sabe nada sobre mí, ni siquiera Near.
Mello se giró hacia Matt y le miró con sorpresa.
— ¿Estás seguro?
—No, claro… No se puede estar seguro al cien por cien, pero yo creo que al menos hay un 70por ciento de posibilidades. Roger cree que me fui de la Wammy por las mismas razones que muchos otros, así que no habrá relacionado ese hecho con que yo estoy contigo… y por tanto la policía japonesa tampoco sabe que yo esté involucrado en esto. Lo mismo con Near… Ni siquiera creo que se acuerde de que existo al no ser que tenga una buena razón, y la razón que evita que lo haga es que Roger no le ha dado importancia.
El rostro quemado de Mello esbozó una sonrisa.
—…Al menos tú si tienes posibilidades de sobrevivir — exclamó.— Me alegro por ti.
Matt no dijo nada; sabía que desde el principio Mello no quería que Matt corriera ningún riesgo, pero no quería recordarle otra vez que eso era decisión suya.
Mello, en cambio, extrajo de nuevo una tableta de chocolate y le dio un mordisco; como siempre, estaba pensando cuando hacia algo así. Matt hizo lo mismo a su manera, y prendió un cigarro mientras reservaba sus opiniones para cuando Mello hablase; el joven del ahora rostro quemado era quien tomaba las decisiones principales de los dos.
—… Tengo que evitar que Kira reconozca mi cara como sea— anunció mientras masticaba el chocolate. –Y también tengo que encontrar apoyo para descubrirle.
—Dijiste que los policías japoneses no pudieron grabar tu cara porque apagaron sus videocámaras. No creo que hayan podido registrar ninguna foto tuya.
—Yo tampoco. Lo más probable es que Kira ya me hubiese matado si eso hubiera pasado.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Que sí existe una imagen mía, una foto. Y con eso bastaría para que Kira me eliminase.
— ¿Una… foto?— balbuceó Matt, — ¿Te refieres a… a la que tiene Near?— exclamó.
Mello asintió.
—Sí, existe esa foto… Pero no creo que Near se la vaya a mostrar a Kira o a la gente que trabaja con "L"—replicó Matt, —Near y tú no trabajareis juntos, pero Kira sigue siendo el enemigo común y no creo que Near se la vaya a mostrar a la policía japonesa si tiene las mismas sospechas que tú.
—Es posible, pero no quiero correr ese riesgo — contestó Mello. —Tengo que recuperarla para evitar correr riesgos.
—Para eso tendrías que poder localizarlo y entrar en su cuartel general — señaló Matt, —Y eso solo lo podría haber conseguido alguien como Weddy.
—No, existe otra forma.
— ¿Ah, sí?— exclamó Matt.
Mello asintió y apartó la mirada de él, como si quisiera esconder su rostro de la mirada de su amigo.
—Iremos a Nueva York… Allí localizaré a Hall— explicó, —Ella me ayudará a conseguirlo, aunque sea a punta de pistola.
— ¿Hall Lidner?— exclamó Matt, — ¿Vas a usarla a ella?
—No tengo otro remedio — contestó Mello mirando por la ventana, — Ya no tengo el cuaderno para seguir presionándola, así que tendré que hacerlo personalmente…— El tono de voz de Mello sonaba triste, como siempre que le contaba a Matt que debía usar determinadas artimañas para lograr sus objetivos.— No creo que me ayude voluntariamente, pero necesito su ayuda aunque sea por la fuerza.
Matt se guardó su opinión para si mismo. Sabía que Mello empleaba el secuestro, o sea, una forma de mostrarse a los demás, cuando veía que no tenía otras opciones y se veía obligado a usar las tácticas más radicales para lograr sus objetivos; era así como había logrado hacerse con el Cuaderno de Muerte. Pero eso también era igualmente arriesgado y Matt también sabía que a Mello no le gustaba involucrar a los demás en esa clase de acciones.
…Pero lo que no parecía saber Mello era que si Halle hubiese querido, haría tiempo que no le habría ayudado, aunque él no hubiese tenido el cuaderno.
N. de la A: Bien, así es como transcurre el rescate de Mello en esta versión mía de la historia. Se me ocurrió que debió haber contado con una ayuda totalmente inexperada y que no tuviera que ver con la mafia (tal y como se insinúa en el manga), así que pensé que una posibilidad era alguien más de la Wammy-House... Y ese era Horace, el personaje que menciono en el primer capítulo y que aparece de refilón en el manga. Le he dado su propio background.
La historia continua en el capítulo-10, "Romance".
