Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
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¡Hooola!
Antes de nada muchas gracias por todo el apoyo que me transmitís en cada capítulo que subo. Es magnífico y muy muy bonito leer cada comentario o ver las alertas de follows/favorites.
Os dejo con el primer capítulo de este nuevo viaje (si la memoria no me falla serán cuatro en total) comenzamos con un POV de Edward a ver si os revela algo del informe que os dejo un poco intrigadas. Sí me permitís os Spoilearé un poco… Jenks sí le dio el informe sobre Bella a Edward… Taaaxan.
Sin más os dejo con el capítulo.
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SE ESTÁ VOLVIENDO UNA NECESIDAD
EPOV
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-A casa de la Señorita Swan. Por favor. – le dije a Richard, mi chófer.
Normalmente conducía yo, pero cuando me iba de viaje o alguna reunión importante me gustaba que me llevara él, así no tenía que preocuparme del coche.
- Y Richard, cuando estemos cerca para en la primera cafetería. –añadí.
Era lo mínimo que podía hacer, conseguirle un poco de café a Bella. Conociéndola, como la iba conociendo, estaba seguro que no habría pegado ojo en toda la noche, intentando que todo este viaje relámpago estuviera lo más organizado posible. Comenzábamos la semana a toda velocidad y, prácticamente, sin descanso desde la comida familiar de ayer.
La comida había sido muy entretenida. Era todo un aliciente tener a Bella en ella. Pero sobretodo, lo mejor había sido el motivo de esa reunión. Estaba muy feliz por Jasper. Me sorprendía, y en cierto punto me preocupaba, que nunca se hubiese molestado en venir a hablar conmigo sobre su relación con Alice. Él sabía que había mantenido una breve relación con ella, nunca había tenido secretos con mi familia, y mucho menos con mi hermano. Tanto él como Emmet nunca me miraban con reparo o me juzgaban cuando les hablaba de mis fugaces encuentros o de mis noviazgos. Por eso me sorprendía que después de llevar tanto tiempo saliendo con Alice no se hubiera acercado a hablar conmigo. Por suerte, en un momento en el que nos habíamos quedado a solas lo hizo, confirmando mis sospechas de que no le importaba el pasado de Alice, sino, únicamente su presente y futuro. Algo en lo que no podía estar más de acuerdo. A pesar de todo, me aseguré de dejarle claro que tanto en mi mente, en mi corazón y en mis instintos solo había felicidad por ellos dos.
Finalmente, aproveché que estábamos todos juntos para explicarle a mi familia mis sospechas, confirmadas por los informes de Jenks, de la trama que estaban orquestando Black, Hoffman y Witherdale para hacernos perder poder, saboteando nuestras líneas de negocio emergentes. Todos coincidíamos que habíamos de ser muy precavidos a partir de ahora. No mostrar nuestras cartas más de lo necesario y, sobretodo, comenzar a hacer movimientos para asegurar los negocios que teníamos iniciados.
Bella se apoderó de ordenador y de la conexión a internet de mi padre y comenzó a organizar el viaje a las Bahamas. Descargó unos documentos de la nube de la empresa que nos sirvieron para crear una estrategia de acción entre todos y nos convenció que Alice sería de gran ayuda para la segunda parte del plan: Descubrir al topo.
Y todo eso sin despeinarse. Cada vez estaba más agradecido a Rose por convencerla para que trabajara para nosotros. Se me hacía complicado pensar como me las apañaba sin ella antes.
Al finalizar la tarde estábamos completamente listos para la acción.
Richard paró el coche devolviéndome a la realidad. Entré en la cafetería y compré tres cafés. Todos los necesitábamos. Era demasiado pronto para ser lunes.
Cuando llegamos a la puerta del edificio dónde vivía Bella, vi como Richard la llamaba para anunciarle que ya estábamos esperándola. No tenía ninguna esperanza que le cogiera el teléfono, la otra vez simplemente había bajado corriendo sin molestarse a perder el tiempo respondiendo la llamada.
-Edward… - vi que me llamaba mi chófer confundido – Me dice que el número de la Señorita Swan no existe… Es el mismo al que llamé la otra vez.
-Me bajaré a ver. – dije sorprendido.
Al llegar a la puerta de entrada vi que estaba abierta, igual que la otra vez. ¿Habría estado alguna vez cerrada? Entré y miré en los buzones. Isabella Swan Segundo B.
Subí hasta su planta. El edificio por dentro era igual de pequeño como aparentaba desde la calle, no había muchos vecinos por rellano. Toqué al timbre y enseguida escuché movimiento dentro.
Bella abrió la puerta con cara de sorpresa.
-Edward… ¿Qué...? – dijo a modo de saludó. Supongo que no era la mejor hora para pedirle a nadie locuacidad.
-Al parecer tú número de teléfono ha dejado de existir de la noche a la mañana – expliqué.
-¡Oh! – exclamó mientras se llevaba la palma de la mano a la cabeza – lo cambié la semana pasada y se me olvidó avisar a Richard… ¡Espera, cojo las cosas y bajamos! Pasa si quieres – me dijo dejando la puerta abierta mientras ella se adentraba en el piso.
El apartamento era pequeño, estilo estudio pequeño. Entrabas a un comedor relativamente amplio, aunque reducido, con cocina abierta. No era gran cosa, pero estaba muy bien amueblado. Se respiraba la personalidad de Bella por todos lados. Carácter e independencia. No perdería ninguna mano si la apostaba a que ella había comprado cada cosa que había aquí dentro sin ayuda de nadie. Al fondo se veía un pequeño pasillo con dos puertas. De una de ellas salió Bella cargada con una maleta y dos bolsos, su maletín de trabajo en el que seguro iba sus adorados portátil e ipad y el otro, su bolso personal.
-¿Nos vamos? – me dijo.
-Claro. Déjame que te ayude. – le contesté mientras le cogía el maletín y la maleta.
Vi que Bella apuntaba algo en un papel que tenía en el mueble de la entrada y salía de su casa, cerrándola con llave.
Al encontrarnos con Richard le dio el misterioso papel.
-El nuevo número. Se me olvidó avisar que te lo dieran desde Recursos Humanos– se excusó Bella con mi chófer con una sonrisa.
-No es molestia, Señorita Swan. – le contestó amablemente mientras abría el maletero para cargar las cosas de mi asistente.
-No te lo diré más, llámame Bella. – le amonestó Bella ante el divertimiento de mi chófer y mi indignación.
Cuando nos sentamos en el coche la encaré.
-Me siento discriminado. No te puedo tutear, no tengo tu teléfono y desde luego no me sonríes como a mi chófer cuando te pido algo… ¿Sabes que es de mi de quién depende tu sueldo, no? – bromeé con ella, aprovechando que aún no estábamos dentro de su horario de oficina y por lo tanto, según sus normas absurdas, podíamos hablarnos como personas normales.
-Discrepo. Si me puedes tutear, pero no en horario de trabajo. Seguramente no tengas mi teléfono porque no quieres, solo lo tienes que pedir a recursos humanos o a mí. Y no te sonrío porque siempre me estás pidiendo que corrija cosas que la mitad de las veces están bien. – me contestó siguiéndome la broma.
-Me haces arrepentirme de haberte traído este café, preocupándome por tus, seguramente, escasas horas de sueño – le dije mientras le pasaba el tarro. Juro que sus ojos se iluminaron ante la vista del café.
-Bueno… digamos que… por un día que sea el jefe el que se ocupe del café no hará daño a nadie – me contestó divertida.
En cuanto el coche ganó velocidad apuró el café para volverse a agarrar a la carrocería. Tenía tantas ganas de cogerle la mano. De que supiera que no necesitaba hacerse la fuerte.
Y el informe de Jenks solo había hecho que aumentar esa necesidad. Mi intuición me decía que ella estaba volviendo a pasar por algo serio, alguna cosa la tenía preocupada... Este cambio de número de teléfono tenía que tener un motivo de peso detrás, de eso estaba seguro. Y me temía que todo estaba relacionado con su pasado.
Cuando subimos al avión de nuevo Mike estuvo a punto de desnudar con la mirada a Bella. Quizás era el momento de comenzar a cambiar de piloto… Definitivamente, Bella cada vez menos estaba completamente a salvo de mi mente e instintos, a diferencia de lo que le había prometido a Jasper con Alice…, Mi joven asistente cada vez ocupaba más mis pensamientos y mis instintos estaban casi fuera de control. Esta vez no estaba Jessica, sino Seth. Lo prefería a él. Ella no entendía un no como respuesta.
Me volví a sentar en el asiento de al lado de Bella. Cuando volamos a Seattle, al verla tan nerviosa me había resultado imposible no sentarme junto ella y ahora no me apetecía estar en otro sitio. Al menos me sentía útil.
Vi que volvía a hacer su ritual. Cerrar los ojos y respirar para relajarse. Cuando sintió la voz de Mike anunciar el despeje abrió sus ojos y no pude evitar sonreír esperando que eso la tranquilizara.
No me gustaba verla sufrir, pero era muy revelador ver esta parte suya. Sin lugar a dudas, esta Bella vulnerable era la base de la Bella independiente, fuerte y con carácter que yo veía cada día. Sin su capacidad para superar sus miedos, seguramente no sería quién es. Ella se había chocado con la parte dura de la vida y le había plantado cara.
Cuando sentí que los motores se encendían para el despegar alcé mi mano para que ella la cogiera como había hecho la otra vez. Realmente…me la había destrozado. Llegué a pensar que no podría volver a escribir durante una buena temporada de la fuerza que había hecho, pero supongo que era mi granito de arena.
Ella soltó una risita ahogada en su nerviosismo, pero juntó nuestras manos. Murmurando un gracias con sus labios.
Las Bahamas nos esperaban.
…
-Me puedes repetir de nuevo el plan, porque, últimamente, me siento más como Sherlock Holmes que como tu asistente. – me repitió Bella por enésima vez.
Íbamos en el taxi de camino a nuestro hotel.
Hacía bastante calor y Bella se estaba abanicando con los balances de nuestro hotel a pesar del aire acondicionado. Quizás si se quitara la americana su sofoco se mitigaría…
Sonreí por su agobio, mientras veía como una gota de sudor caía por su estilizado cuello.
Retiré mis ojos de su tentador cuerpo y me concentré en lo que ella me había preguntado.
-Intentaremos recabar toda la información antes de la reunión del miércoles con Black. Tenemos dos días y estoy seguro que los trabajadores de nuestro hotel tienen muchas cosas a decirnos – intentaba concentrarme en mis palabras para no pensar en la joven hermana de Emmet… - Al fin y al cabo, esto es una isla y vive del turismo, todos se conocen o tienen a alguien que conoce a alguien que… bueno, ya sabes.
-¿Lo que no entiendo es por qué es a mí a la que le toca hacer el trabajo sucio? – dijo quitándose finalmente la americana.
-Yo no diría que pasearse por un hotel de lujo hablando con los trabajadores sea precisamente algo sucio… - le contesté bromeando con ella.
-No se me da bien ser sutil… Es como decirle a Emmet que sea discreto. No tenemos ese gen. – me dijo mirándome un tanto desesperada.
Me reí porque ella sabía tan bien como yo que lo que acababa de decir era mentira. Isabella Swan era metodológica y si se proponía algo, lo conseguía. Incluso, ser sutil.
La miré sospechosamente. Y su única respuesta ante conocerse descubierta fue una sonrisa deslumbrante. Me estaba comenzando a hacer adicto a esta Bella relajada.
-Entonces – recapitulé mis pensamientos y redirigí la atención hacia nuestro trabajo, de nuevo –Mientras tú obtienes información suculenta yo me reuniré con los responsables de nuestro hotel, ellos deberían saber darnos otro tipo de información, pero lo que me digan a mí siempre estará pasado por el filtro. Soy su jefe y siempre van prevenidos con todo. Entre lo que consigamos y los informes de Jenks, podremos presentarnos más fuerte ante Black.
-Guau – sentí que Bella decía mientras miraba por la ventana del coche que nos llevaba hacía nuestro Resort.
Llevaba años acostumbrado a ver las monumentales construcciones que solían ser nuestros, y otros, resorts de vacaciones y me habían dejado de impresionar, por eso ver esa reacción tan genuina y sin filtros de Bella era tan preciado. Te hacía ver lo que normalmente podría sentir los clientes que se decidían por nosotros al llegar… pero sobretodo volvía a vislumbrar a la Bella inocente que aún tiene tantas cosas que descubrir de la vida. Hacía años que no me topaba con alguien tan puro como ella. Daban ganas de envolverla en papel de embalar y protegerla del mundo.
Bella era un cóctel de contradicciones.
A veces se me olvidaba que tenía veintidós años y tenía cierta inocencia aún, pero la vida la había hecho madurar mucho antes que a las chicas de su edad y su actitud conmigo siempre era extremadamente cuidadosa… Esa madurez y prudencia siempre conseguía distraerme de la realidad. Nos llevábamos catorce años de diferencia y era la hermana de Emmet. Aunque de esto último era muy consciente.
-¡Es enorme! Nunca había estado en un sitio así. – Me dijo con una mirada confusa. – Voy a tardar media vida en hablar con los empleados… cómo se supone qué voy a saber por dónde empezar. – me dijo alarmada. Entre el calor y la preocupación le daría un colapso.
No pude evitarlo y solté una carcajada. Ya sabía de dónde había sacado Ted su vena dramática.
-De momento concéntrate en disfrutar de este pequeño paraíso. – le contesté.
Ella sólo cabeceó tímidamente mientras se mordía el labio en silencio. ¿Desde cuándo Bella era así de tímida? Y sobre todo ¿Desde cuándo su labio era tan tentador?
Al bajar en la entrada del hotel pude notar la estupefacción entre los botones.
-Señor Cullen qué agradable sorpresa. – me saludó con sorpresa.
Lo saludé educadamente y entré al Hall, dónde los miembros de recepción nos recibieron de la misma extraña manera. Vi que salía el August, director del hotel rápidamente de su despacho cuando uno de los empleados fue a avisarlo.
-Señor Cullen, qué sorpresa… no le esperábamos. – me saludó igual de asombrado que el resto del personal.
-Ha sido un viaje no planeado, pero aun así mi asistente hizo ayer todos los trámites. ¿No es así Bella? – pregunté intentando sacar algo en claro de toda esta actitud. – por cierto, le presento a mi nueva asistente, Isabella Swan.
Teniendo en cuenta el motivo de nuestro viaje, podríamos decir que no era el mejor recibimiento. Comenzaba a sospechar hasta de mi sombra.
-Así es Señor Cullen, solo que con las prisas me debí confundir y ahora veo que hice las reservas a nombre de Marie Swan. Supongo que no habrá ningún problema, yo misma hablé con el personal y me garantizaron las dos mejores habitaciones disponibles. – dijo Bella sonriendo inocentemente, aunque todos los participantes de esta conversación a tres bandas sabíamos que no había nada de ingenuo en sus intenciones.
-Por supuesto que no, aunque si supiéramos que el Señor Cullen estaba de camino podríamos haber dispuesto las cosas a su gusto – le contestó August con un poco de acidez.
En ese momento pude ver como una chispa invisible saltar que solo serviría para encender el carácter de Bella. Ya había tenido una muestra de su temperamento en Seattle, y no deseaba volverla a desestabilizar, pero estaba deseando saber qué era lo que se traía entre manos, así que la dejé hacer.
-Estoy segura que tratan a todos los huéspedes tan exquisitamente como lo hacen con el Señor Cullen, así que no habrá ningún inconveniente. Somos conscientes que a pesar de la imprevisibilidad del viaje todo saldrá a la perfección ¿No es así, Señor Cullen?– le replicó nuevamente Bella muy seria y sin dejarse amedrantar por nadie.
Cabeceé afirmando.
-Por supuesto… ¿Señorita? – preguntó August molesto por la actitud de Bella y con clara intención de menospreciarla. Si antes había hecho saltar una chispa, esto era lanzar gasolina al fuego.
-Swan. – me adelanté a Bella para evitar que machacara al pobre director de mi hotel que seguramente solo estaba contrariado por la sorpresa - August iría bien que lo recordaras, como te he dicho antes es mi nueva asistente y estará al cargo todo lo que necesite estos días.
August cabeceó y se fue a preparar todo lo necesario para que pudiéramos subir a nuestras respectivas habitaciones. Miré a Bella que lucía orgullosa de ella misma. Le puse una mano en la cintura a Bella para acompañarla hasta unos sillones que había un poco más separados, necesitaba aclarar unas cosas con mi rebelde asistente.
Como llevaba pasando desde hace una temporada cada vez que uno de mis dedos tocaba su piel, Bella dio un pequeño bote. Creo que ella pensaba que no lo notaba, pero era divertido e inquietante ver como cada vez que intentaba conducirla a algún lado con un sutil toque ella se adelantaba un paso para deshacerse de mí.
-Así que te confundiste con las prisas… ¿Marie? – le dije mientras nos sentábamos en unos cómodos sofás.
-Pensé que ya que veníamos de misión secreta, sería revelador sorprender a todo el mundo… Además, siempre va bien saber cómo te tratan cuando no eres el gran jefe todo poderoso. ¿no crees? – me contestó poniendo firme su espalda, siempre lo hacía cuando defendía alguna cosa de la que estaba convencida.
-¿Una misión secreta? Dime que no has traído una gabardina y una lupa en tu maleta – le contesté riéndome. Ella se encogió de hombros como respuesta.
-Lo siento si no te ha gustado, no lo he hecho con mala intención. Pensé que sería buena idea…ya sabes con todo esto de los topos… y como este es uno de los lugares que más batalla están presentando…- me dijo retorciéndose un poco las manos.
Conociendo como conocía a Bella, sabía que estaba siendo un trago amargo el reconocer que algo en lo que ella creía quizás no haya estado bien.
-Por una vez, y que no sirva como precedente, confieso que ha sido una buena idea. – su sonrisa se ensanchó en cuanto oyó mis palabras.
-¿Una vez? – me preguntó divertida.
-Bella… Bella… por mucho que al fin hayas decidido tutearme, no olvides que soy tu jefe y no es manera de hablarle a un superior – le contesté en el mismo tono jocoso que ella me había hablado.
-¡Yo no he decidido tutearte! – me replicó ofuscada mientras yo me levantaba al ver que August venía hacía nosotros.
Nos dio las tarjetas de las habitaciones y aunque se ofreció a acompañarnos personalmente, recliné su oferta. Lo mejor sería darles espacio a estos dos o me vería en medio de una guerra entre Bella y el director de mi hotel.
-Te espero en media hora en el restaurante principal, lo encontrarás fácilmente siguiendo las indicaciones – le anuncié sin darle tiempo a que se negara, esperaba poder disfrutar de esta Bella tranquila y con las defensas bajas un rato más.
…
Cuando bajé al restaurante ya estaba Bella allí. Se había cambiado. Llevaba un vestido ligero de flores y el pelo recogido en una trenza.
En cuanto me vio alzó su mano disimuladamente para que la viera… como si yo o la mitad de los hombres de este salón pudiéramos entrar sin percibirla.
-Hola – me dijo sonriendo.
Hacía tiempo que no la veía tan contenta, quizás desde el cumpleaños de Ted. Sentí como un calor dentro mí. Me estaba comenzando a hacer adicto a esta sonrisa.
-Estás de buen humor. – le dije mientras me sentaba delante de ella.
Ella se apoyó en la mesa acercándose a mí mientras su sonrisa se volvía aún más amplia. Parecía impaciente por contarme algo.
-He descubierto que el camarero de la piscina tiene un hermano que trabaja para Witherdale Resorts. Pensaba que sería más difícil, pero tenías razón esto es como Forks, todo el mundo se conoce. – me explicó contenta.
-No pierdes el tiempo. Vamos a comer y olvidémonos un rato de todo esto. Después me lo cuentas con detalle ¿Te parece? – propuse mientras ella seguía contenta.
Bella estaba emocionada por pedir comida caribeña, así que la acompañé y nos dispusimos a comer un rico manjar.
-¿Cómo es no pasar nunca desapercibido? Porque desde que has llegado parece que todo el mundo está pendiente de nosotros– me preguntó Bella mientras se llevaba a la boca unas delicias de pescado frito que había pedido.
-¿Y tú me lo preguntas, señorita tengo a medio restaurante pendiente de mí? – le dije divertido mientras ella abría los ojos y miraba a su alrededor curiosa.
Me miró con un gesto desafiante antes de contestarme.
-Exageras. –se limitó a contestarme, seguramente porque aún no había recibido mi respuesta y no quería irse sin ella – Y, definitivamente, no sería por el mismo motivo.
-No, no lo sería. Hay mucha gente que me mira y me juzga simplemente porque soy su jefe y otra gente que me juzga como alguien a quién sacarle alguna ventaja, otras como un trozo de carne y después queda un pequeño número de gente que no me hace ni puñetero caso. –
-Qué pena me das – me dijo mientras se reía suavemente de mí. ¡Pequeña bruja!
Vi cómo se rascaba la zona de atrás de la oreja. Era el mismo gesto que llevaba viendo dieciocho años a Emmet y unos seis a Ted cada vez que querían pedir algo…
-¿Qué es lo que quieres? – dije sin pensármelo dos veces por costumbre.
-¿Cómo sabes que quiero algo? – me contestó sorprendida.
Sonreí de lado al ver que había adivinado sus intenciones. Era refrescante saber que al menos en esos pequeños detalles podía tener algo de ventaja con ella. Que no todo era desconocido o tenía que encargar un informe de Jenks para acceder a ella.
-Emmet y Ted también se tocan la oreja cuando están a punto de pedir algo –expliqué.
-oh… - estuvo un rato en silencio hasta que vi que se volvía a animar – He visto que el hotel ofrece clases para bucear y poder ver un poco del fondo marino… Me preguntaba… bueno… que si podría ir… Yo lo pagaré, es solo que no sé si te importaría que fuera teniendo en cuenta que estamos trabajando… - cada segundo que pasaba sin contestarle se ponía más nerviosa.
Me acordé de día del gimnasio cuando vino a advertirme sobre Alice y Jasper. Era diferente verla fuera de su área de confianza. No sé qué clase de imagen tendría de mí para sentirse tan insegura cuando salíamos de nuestra rutina normal.
-No digas tonterías, ni me importa ni lo tendrás que pagar. Es más… ¿te importaría tener compañía? – le propuse, esperando que accediera.
Quizás era lo que necesitábamos para ir rompiendo muros. Que Bella supiera que yo no tenía nada que ver con el tal Sam Ulley. Que no necesitaría nunca una orden de alejamiento. Que finalmente estaba a salvo.
…
Por suerte los dos teníamos conocimientos sobre submarinismo, así que fuimos directamente a una zona rica en fauna marina para disfrutar de la jornada.
Estábamos en la barca que nos llevaría hasta la zona perfecta, Bella se había levantado para grabar y hacer fotos del paisaje. Llevaba el neopreno a medio cuerpo con un bikini debajo que me estaba haciendo perder la cabeza.
Cerré los ojos intentando sacarme esa imagen de la hermana pequeña de mi mejor amigo de mi mente.
-¡Edward mira! – escuché su voz llamarme desde la otra punta. Así no había manera de olvidarse de ella – Ya llegamos.
Me levanté para ir a su lado. Pronto comenzaría la inmersión no podía estirarlo más.
-Te caerás y no va a ser tan divertido sin el equipo contigo – le dije a Bella cuando llegué a su lado y la vi con medio cuerpo fuera de la barca mirando al mar.
Estaba tan contenta que la felicidad le desbordaba y le costaba estarse quieta.
Escuché como salía un bufido de ella antes de girarse.
-Edward he venido a divertirme y disfrutar del mar, no me contagies tu humor volátil – me dijo cuándo se giró poniéndose la manos como jarras en la cadera.
-¿Mi humor volátil? – pregunté curioso.
-Sí, tú y Jasper lo tenéis. Juraría que es marca de la casa. En un momento estás amable y contento y al minuto siguiente ¡voilà! tu mal carácter salpica a todo el mundo. Pero ahora te lo prohíbo. – me explicó gesticulando con sus manos de manera divertida.
-¿Me lo prohíbes? – Repliqué cada vez más entusiasmado con ella, olvidándome de todo lo que me preocupaba - ¿A base de qué?
-Bueno, ésta es mi excursión y yo te he dado permiso para que vengas. Así que tengo derecho a exigirte que traigas de vuelta a tu yo simpático, bromista y, aunque rozando lo engreído, amable y dejes de amargarme. Sino… Te tiraré por la borda. Sin equipo. Y no será tan divertido sin él – acabó con una mueca divertida en la cara.
Cuando iba a contestarle el monitor que vendría con nosotros nos interrumpió.
-¿Quieren una foto antes de comenzar?
- Ummm… ¿sí? – contestó Bella mirándome dubitativa.
-Por supuesto, no vayamos a irnos sin retratar el que puede ser mi último día en la tierra – bromeé mientras ella me dio un golpe en el brazo como respuesta.
Cuando Bella se acercó a mí para posar para la fotografía pasé mi brazo por su cadera inconscientemente. Noté como se tensó al principio, pero esta vez no se apartó. ¡Bendita foto! Nuestras pieles se tocaban, ya que los dos llevábamos el neopreno medio bajado. Piel con piel. Era casi como electricidad lo que sentía. No podía dejar de pensar en cómo se sentiría tocar cada poro de su piel… ¿Sería toda igual de suave?
Antes de lo que me gustaría nos hicieron la foto y nos separamos, haciéndome volver a la realidad.
Ayudé a Bella con su equipo y me preparé el mío mientras el instructor nos acababa de dar las últimas instrucciones y consejos. Con una última mirada hacía mí Bella saltó al agua, dónde le esperaba el primero de los instructores que nos acompañaban. Incluso a través de las gafas se podía ver la adrenalina y felicidad en su mirada. Sin pensármelo dos veces me lancé al agua. Estaba ansioso por empezar. No era la primera vez que hacía submarinismo en el Caribe, pero esta vez me hacía especial emoción. Nos habían contado que había ruinas de barcos hundidos y que no era extraño ver tiburones. Entendía la adrenalina que emanaba Bella, lo mismo corría por mis venas.
Sólo esperaba no tener ningún problema o Emmet me cortaría mis partes por poner a Bella en peligro.
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NA:
Esto es todo por hoy xD ¿Os ha gustado? ¿Os ha despejado alguna duda? ¿Soy yo o Edward está cada vez más cerca de su asistente? Jajaja
Espero vuestros comentarios con ansia, como siempre, me encanta leer lo qué pensáis sobre estos dos.
Subiré el próximo capítulo el viernes y os aviso que vienen curvas…
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
