Bishoujo Senshi Sailor Moon: La Alianza
Episodio 10: Una chica más, y van tres...
Un prolongado periodo de paz se produjo, y para ser francos, lo disfruté
bastante. Dos semanas sin tener que preocuparme de Dark Soldiers, Sombras o Hausers,
y en las cuales pude llevar a cabo un poco de vida social. Me di cuenta que en realidad
Ami también consideraba a Greg sólo como un amigo; lo quería mucho, pero ahí acababa
todo. Sólo era cuestión de ver cuál de los dos era más astuto e inteligente. Ahora
que para mí estaba un poco más difícil pues tenía un pequeño problema llamado Makoto.
Me iría a sentir algo culpable pues yo sentía que le agradaba a ella.
En uno de esos días hablé largo y tendido con ella, sobre nuestra misión, claro
está.
"Oye", le dije yo, mirando nerviosamente el plato de deliciosa comida que ella
había preparado especialmente para mí, "no sé porque, pero siento que a Sailor Mars no
le agradamos. ¿Tienes alguna idea?"
"Ah, eso... Pues... yo tampoco lo sé muy bien. Ha estado comportándose muy raro
últimamente...", luego se calló, como si hubiera dicho algo que no debía decir.
"No te preocupes", dije, calmándola. "No tengo interés en saber quién es ella.
Sólo quería saber por qué ella sospecha de Unicorn y de mí."
"No sé, pero creo que ella teme que ustedes son una amenaza para nuestro planeta."
"Es natural. Las Outer Senshi tampoco confían en nosotros."
"Sí, pero con ellas es diferente", respondió, mientras se ponía de pie para ir a
la cocina a lavar unos platos. "Ellas son muy... demasiado devotas a su deber. No me
sorprende que ellas los ataquen, pero Mars... es demasiado extraño."
Noté que le incomodaba mucho hablar sobre eso, así que decidí olvidar el tema.
"Está bien, Makoto. Si no quieres hablar sobre eso lo entiendo."
"Gracias", dijo ella, dando un suspiro de alivio.
Empecé a ayudarla en la cocina. Entonces ella salió con el tema de Elías.
"Es muy raro que no hayamos vuelto a ver a ese chico, ¿no?", me preguntó.
"¿De quién... ¡Ah! Elías... Sí, es muy raro. Parece como si hubiera sabido lo que
iba a pasar, y se presentó en el momento justo para defenderme."
"Es una pena. Él era tan guapo", dijo, suspirando.
Genial. Olvídate de mí. Es lo que necesito.
"¡Nakago! Tengo una idea. ¿Por qué no salimos este fin de semana?"
Ugh.
"¿Sólo... nosotros dos?"
"¡No, tontito! Creo que sería bueno que todos salgamos juntos. Hemos estado teniendo
tanto tiempo sin combatir y lo hemos desaprovechado. ¿Qué tal si vamos a una discoteca? Sé
que a Ami le gustaría..."
Por alguna razón, Ami y la palabra discoteca no quedaban muy bien juntas. Era
como imaginarla riéndose a carcajadas... (gomen)
"¡¿Ami en una discoteca?! No, no me imagino..."
Ella se quedó pensativa por un rato, y luego se le ocurrió algo.
"Hagamos que Julian vaya también. Así ella no se sentirá tan incomoda."
Hmm, parecía buena idea. Un momento de relax y diversión y una oportunidad de tratar
a Ami más a fondo. Las únicas veces que le hablaba era para pedirle un lápiz o un libro, y
ya estaba harto de eso.
"¡Claro! Mañana en el colegio le diremos a todos."
Caminaba por los pasillos de la escuela junto con Usagi y Makoto. Makoto y yo le
dijimos lo que habíamos planeado, pero ella dijo que no podía.
"¿Salir este fin de semana? No, lo siento. Ya tengo planes con mi Mamo-chan"
"¡Pero Usagi!", protestó Makoto. "¡Llévalo a él también!"
"No importa", dije yo. "Es mejor que no vaya. Ya sé lo que irá a ocurrir si ella va."
"Ah, tienes razón...", dijo Makoto.
Usagi se nos quedó viendo con una cara de los mil demonios. Pero prima, si tú vas, no
nos vas a dejar tranquilos a Ami y a mí y lo vas a arruinar todo.
Era la hora de recreo. Regresé al salón para hablar con Julian y Ami, y al entrar,
casualmente choqué con el hombro a uno de mis compañeros de clase. Él se quedó aterrorizado,
como si hubiera cometido el error más grande de su vida.
"Di... ¡disculpa! ¡Disculpa! ¡No me hagas nada, Tsukino-sama!"
El muchacho cogió el libro que se le había caído y desapareció como una centella.
"¿Tsukino-sama? Vaya, me estoy haciendo popular..."
Al instante deduje que era uno de los chicos que me había visto luchar contra Ken.
Era algo un poco molesto para mí, porque desde ese día, todos me tenían miedo. Ken, con el
cuerpo completamente enyesado, iba por los pasillos dando tumbos, y cada vez que me veía, huía
despavorido. Lo bueno era que AL FIN había aprendido la lección y ya no volvería a hacer una
de las suyas.
Lo malo era que hasta las chicas me tenían miedo. Las únicas chicas de la escuela que
hablaban conmigo eran Usagi, Makoto y Ami. Para evitar ese tipo de situaciones me quedé parado
junto al pizarrón y traté de no moverme de ahí. Vi a Julian y a Ami, que estaban en sus
respectivos sitios, y mientras Julian escribía algo en un cuaderno, Ami conversaba con Greg.
-Julian-, dije, estableciendo contacto telepático con él.
Luego le conté acerca de nuestra pequeña salida del fin de semana. Al parecer, le
encantó la idea.
-¡Muy bien! Eso era lo que necesitaba. Me pudro en mi casa porque ahí no hay nada
que hacer. Además, ahora mis padres han viajado a Inglaterra y estoy solo, así que puedo
hacer lo que quiera.-
-Ahora TÚ se lo dices a Ami, ¿de acuerdo?-
-¡Claro!-
Todo había salido perfecto. Si Julian se lo decía a Ami ella no se negaría. Lo único
malo que podría ocurrir sería que Julian fuera tan tonto como para...
"¡Ami! ¿No quieres salir este fin de semana?"
... invitarla justo cuando Greg estaba presente.
Era ya la hora de salida, y yo estaba furioso. ¿Cómo se le había ocurrido a Julian
hacer tremenda estupidez? Mientras salíamos, yo le iba recriminando todo el camino.
"Julian, no quisiera ofenderte con esto, pero eres un IMBÉCIL. Ahora Greg también irá."
"¡Ya te he dicho varias veces que lo siento! Lo que pasa es que me emocioné un poco,
y en ese momento no me puse a pensar..."
"¡Cállate!", le dije, muy molesto. "Ya nada se puede hacer. Tendré que resignarme
a aguantar su presencia. Por lo menos Ami también dijo que sí."
Salimos, y a los lejos vimos a Usagi, Makoto y Ami con otra chica, una desconocida.
A lo mejor era amiga de una de las tres. Julian y yo nos acercamos.
"¡Nakago, Julian! Miren, quiero presentarles a una amiga...", dijo Ami.
Era una muchacha alta, y tenía el cabello y los ojos azules. No tenía un cuerpo
espectacular, pero era bien parecida.
Misao era compañera de clases de Ami a la academia que ambas asistían luego de la
escuela. Había estado esperándola para ir juntas a dicha academia. Por el rostro de Julian,
me di cuenta que sentía algo de interés por conocerlas MÁS a fondo...
-¿Qué opinas, Julian?-, le dije yo.
-Pues no está mal. Vamos a ver si tengo suerte con ella...-
"Misao, ellos son otros dos amigos míos, Julian Wright y Nakago Tsukino. Chicos,
ella se llama Misao Okita."
"Hola", dijo Julian, acercándose a ella. "Mucho gusto en conocerte."
"Hola...", dije yo, tímidamente.
Misao pasó de largo y se puso frente a mí, dejando al pobre de Julian hecho trizas
y a punto de caer, pero Ami lo sostuvo.
"Nakago...", dijo Misao. "Por favor... ¿me ayudas con esto?"
Me enseñó su maletín. Todos se quedaron pasmados, mientras Misao me miraba con un rostro
de mosca muerta. Yo no supe qué hacer en ese momento, pero luego reaccioné.
"¡Cla... claro!"
"¡Gracias!"
Vi de reojo a los demás. Usagi reía maliciosamente, y Ami estaba como si nada pasara.
Julian tenia un rostro de decepción único, y Makoto... estaba echando humo por la nariz.
"Bueno, ¿qué pasa?", dije yo. "¡Sigamos caminando!"
Mientras Usagi, Makoto y Ami caminaban frente a nosotros, Misao se había pegado a mí,
e iba caminando cogida de mi brazo. Empezamos a hablar, y yo estaba haciendo un gran esfuerzo
por no mostrar mi incomodidad. Misao era una chica alegre y simpática; bueno, digamos que
era muy parecida a Usagi. ¡Pero yo no quería que nadie me viera así con ella!
"Misao", dijo Julian, "¿no quisieras salir con nosotros este sábado?"
Por lo visto no se había dado por vencido.
"¡Nakago! ¡¿Tú también irás?!", me preguntó, con voz chillona.
Que situación. Makoto volteaba a vernos con los ojos enrojecidos de furia. Usagi
seguía burlándose de mí.
"Eh... si..."
"¡Pues entonces yo también voy! ¿Dónde iremos?"
No me quedó más remedio que contarle acerca de todo lo que ya habíamos planeado. El
pobre de Julian se quedó callado.
-Julian, discúlpame... No es mi intención...-
-Ya no importa-, dijo él. -Cuando una chica te desprecia es mejor no insistir.-
"¡Qué chica más irrespetuosa!", exclamó Makoto cuando entré junto con ella a su
departamento. "Primero dejó a Julian botado, y después se aferra de ti como si fueran amigos
de toda la vida."
"Pero..."
"¡Y encima, tendré que soportarla mañana! No entiendo como una chica así puede ser
amiga de Ami", continuó hablando, mientras tiraba su maletín sobre el sillón.
"Oye, yo creo que..."
"¡Me ha dejado muy molesta! ¿Cómo se le ocurre a Julian invitarla?"
"A lo mejor..."
"¡Pero no dejaré que ella..."
"¡MAKOTO!"
Se quedó callada, AL FIN, y me vio con una expresión de culpabilidad.
"Perdón Nakago... ¿querías decirme algo?"
"Quería decirte que no tienes que molestarte así por Misao. Es sólo una chica demasiado
alegre, nada más. Puede que le atraiga, pero yo no me dejaré influenciar por ella... ¡AH!,
me alegra que te preocupe que ella pueda ser un obstáculo entre Ami y yo, pero no hay
problema. A mí sólo me gusta Ami, nadie más."
Makoto se quedó callada un buen rato y agachó el rostro, pensativa. Era doloroso
decirle eso, pero creo que captó el mensaje.
"Sí... tienes razón. Trataré de no mostrar mi desprecio hacia ella... Iré a preparar
la comida."
"¡Pero quiero que sepas...", exclamó ella, desde la cocina, "... que a pesar de
todo, seguirá cayéndome antipática!"
Lo que podría interpretarse como un 'no me rendiré'.
Esa noche mientras cenaba en casa, sonó el teléfono. Shingo fue a contestar.
"¡Nakago, es para ti! ¡Es una chica llamada Misao!"
Casi me atraganto. Mi tía Ikuko tuvo que darme varias palmadas en la espalda. ¿Pero
cómo había logrado ella... ¡Ah, claro! ¡Mi prima y su discreción!
"¡USAGI! ¡¿TÚ LE DISTE EL NUMERO, NO?!", exclamé, a punto de extrangularla.
"¡Pero qué querías que hiciera! Si me estuvo insistiendo y no me dejaba en paz..."
"¿Nakago, quién es Misao?", preguntó mi tío.
"¡Es una chica demasiado pegajosa! Pero a mí no me interesa ni en lo más mínimo.
Creo que es hora de poner algunas cosas en claro con ella..."
Mientras iba caminando hacia el auricular, mi decisión y coraje se desvanecieron
por completo. Empecé a temblar y a sudar frío. Estaba bajo el shock de tener que ser sincero
con alguien.
"¡No, no ahora!", me dije. "¡Nakago, tienes que ser fuerte!"
"¿Aaaa..loo?", pregunté, con la voz mas temblorosa que tuve en mi vida.
"¡Hola Nakago! ¿Cómo estás? Habla Misao"
Era una voz muy agradable, era casi un placer escucharla... ¡NNNNOOOOOO!
"Ah, hola..."
"Quería saber... ¿quisieras salir conmigo mañana al centro comercial? Quizás podamos
pasar la tarde juntos antes de ir a la discoteca en la noche."
No Nakago, no caigas, inventa algo, tienes que decir que no...
"Cla... claro."
"¡Fantástico! Iré a tu casa mañana a las once. ¡Arigato, Nakago-chan!"
Clac.
... ¡¿NAKAGO-CHAN?!
"¡USAGIIIIIII! ¡¿TAMBIÉN LE DISTE LA DIRECCIÓN?!"
¡Qué demonios! Solamente iría a salir con ella una vez. Trataría de caerle lo más
antipático posible (el truco es no hablar, no decir nada, sólo limitarse a decir 'sí' o
'no'). Luego de eso ella ya no querría saber nada de mí.
"¿Qué te pasa Nakago?", me preguntó Eta, dando un salto hacia mi cama. "Te noto
algo intranquilo."
Dudé por un momento, pero había un tono extraño en su voz que me invitaba a contarlo
todo. Últimamente había estado muy amable, muy alegre... ¿algún amor secreto por ahí?
"Bueno... te lo diré, pero no te molestes. Mañana voy a salir con una chica."
"Ah, ya veo", respondió Eta, con voz calmada.
"Pero... ¡Yo no quería salir con ella! Siempre me pasa lo mismo cuando una chica me
invita a algún lado, no puedo decirle que no. Es una chica bonita, sabes... pero a mí no me
atrae. Si, ya sé lo que vas a decir : ¡Nakago! ¡Ya te he dicho que no debes interesarte en
chicas hasta que termine nuestra misión!"
"Sí, eso hubiera dicho yo", respondió Eta.
"Eso es imposible. Yo soy un hombre, Eta. También tengo ciertas necesidades. No
puedes pedirme de la noche a la mañana que me olvide de las chicas."
"Comprendo."
"Además, por el solo hecho de tener una novia no quiere decir que vaya a dejar de
lado mi misión. Cuando tenga que luchar, lo haré."
"Veo tu punta de vista, Nakago. Está muy bien. Puedes hacer lo que quieras. Es en
serio, no te detengo. No puedo prohibirte que lleves a cabo tu vida normal."
Me quedé sorprendido. ¿Ese era el Eta que yo conocía? No podía ser... posible. Eta
siempre había sido tan duro y rígido en sus opiniones. Bajó de la cama y se posó sobre la
ventana, contemplando el cielo y las estrellas con una mirada nostálgica en su rostro.
"La luna esta muy hermosa, ¿no lo crees, Nakago?"
Que raro que estaba ese gato. Observé aquel circulo plateado que brillaba en medio de
ese mar oscuro. Makoto me había dicho que un antiguo reino había existido ahí. El reino
donde ella solía vivir en su vida anterior.
"Si Eta, tienes razón."
"Nada de esto puede perderse. Nosotros ganaremos, Nakago. Y no porque sea un
presumido digo eso, sino porque TENEMOS que hacerlo. Creo... que estoy aprendiendo a
sensibilirzarme un poco más."
Ah, era eso. Tarde o temprano ese duro temperamento suyo tenía que desaparecer.
"Que te vaya bien en tu cita."
"Gracias... creo."
A la mañana siguiente, nada de extraordinario ocurrió con Misao (al menos no en ese
momento). Yo me limité a seguirla por todos los pasillos y por todas las tiendas de ropa,
algunas de las cuales yo ni siquiera sabía que existían. Los chicos que pasaban me miraban
con envidia. Supongo que el carisma es una de las mejores armas de las que chicas como Misao
disponen.
"¡Mira esto, Nakago!", me decía ella, saliendo con alguna blusa o algún vestido.
"¿Me queda bien? ¿Te gusta?"
"¡Claro! Se te ve genial."
En realidad no la estaba pasando tan mal. Lo único malo sería que Makoto se apareciera
por ahí.
"¡Hola Makoto!", gritó Misao, agitando un brazo desde lejos.
"Sólo a mí me pasan estas cosas", pensé, mientras Makoto se acercaba a nosotros.
"Hola", dijo Makoto, con voz fría. "No esperé encontrarlos aquí. Mucho menos a ti,
Nakago..."
Maldición, estaba molesta. No sólo con Misao sino también conmigo, y para colmo,
Misao me tomó del brazo. Makoto frunció el ceño.
"¡Invité a Nakago a salir! ¿No quisieras venir con nosotros?", preguntó Misao, con
la voz más inocente del mundo. Makoto apretó un puño. Ya se veía venir...
"¡Deja en paz a Nakago! ¡Para que lo sepas, él no tiene ningún interés en ti!"
Las reacciones de Makoto siempre eran explosivas. Misao se quedó de una pieza.
"Pero... que te pasa..."
"¡¿Acaso crees que soy tonta?! ¡Ya sé que él te gusta!"
Misao tampoco se quedaba atrás. Se aferró más a mí, y gritó:
"¡Pues sí! ¡Nakago me gusta! ¡Y a mí no me avergüenza admitirlo!"
Makoto se ruborizó instantáneamente. Ese tipo de indirectas duele bastante, y si...
"¡...!"
Sin darme cuenta, Misao cogió mi rostro entre sus manos, y lo fue acercando al suyo,
hasta que nuestros labios se juntaron... y me besó en frente de Makoto.
Fue algo repentino, y era tal mi sorpresa que sólo cuando Misao me dejó ir después
de esos cinco interminables segundos, me di cuenta de lo ocurrido. Me besó... ¡Misao me
besó! ¡Frente a Makoto!
"¿Y? ¿Qué piensas decir ahora?", exclamó Misao.
Makoto estaba boquiabierta, y sus ojos se nublaron. Antes de que ocurriera lo
inevitable, desapareció de ahí como una exhalación.
"¡Makoto! ¡Espera!"
Yo corrí tras ella durante un momento, pero me detuve. Era inútil. Makoto iría a
odiarme por el resto de su vida. Volteé a ver a Misao... Pero por alguna extraña razón,
no estaba molesto con ella. Traté de buscar la ira dentro de mí... ¡pero no pude! Sus
labios... su cuerpo junto al mío... era familiar...
"Lo siento Misao, pero tengo que irme."
"Sí, lo entiendo", dijo ella. De repente ella había sentido lo mismo.
Me fui de ahí, para hablar con alguien acerca de lo que había ocurrido y buscar
consejo. Fui a la casa de Julian.
"¡¿QUÉ HICISTE QUÉ?!"
Julian puso el grito en el cielo, y me hizo sentir peor basura de lo que ya era.
"¡Ya te dije que yo no la besé! ¡Ella me besó a la fuerza! ¡Y lo peor de todo fue
que Makoto estaba ahí, viéndonos!"
"¡NO!"
"¡SÍ!"
Le conté todo lo ocurrido a Julian desde el principio. A cada evento él iba poniendo
un rostro cada vez más sorprendido, hasta que al final ya no tenia ninguna expresión en él.
"No lo puedo creer. No puede ser posible..."
"Esto es una pesadilla", dije yo, tirándome sobre su cama.
"Tienes razón. Ahora ya no iremos a la discoteca. Y yo que tenía tantas ganas..."
"¡DEJA DE PENSAR EN ESA IDIOTEZ! ¡Estamos hablando de mi vida arruinada!"
"Bueno", dijo Julian, tomándose la barbilla, "¿y qué tiene de malo que Makoto te
haya visto? Lo único que tienes que hacer es explicarle que no fue tu intención hacer eso.
Ella lo entenderá, y no le dirá nada a Ami."
"Tú no entiendes Julian. No es porque vaya a decirle nada a Ami, sé que no lo hará.
Lo que pasa es que Makoto... creo que está enamorada de mí."
No hubo reacción por parte de Julian. Sólo me dio unas amistosas palmadas en la
espalda.
"Compadre", dijo él, "no quisiera estar en tu pellejo. Tres chicas se mueren por ti.
Una es una desconocida. La otra es... quiero decir, era tu amiga. Y la única que te gusta
de verdad esta indecisa entre ti y otro amigo suyo."
"Gracias por levantarme el ánimo, Julian. Eres un buen amigo."
"No seas sarcástico. Es peor no tener a nadie con quién hablar de esto. Por lo pronto,
no quedará más remedio que salir esta noche. No puedes permitir que sólo Ami y Greg vayan
a la discoteca."
"Sí... ¡Tienes razón! ¡No dejaré que esto me desanime! ¡Recuperaré la amistad de
Makoto y luego Ami quedará rendida en mis brazos!"
"¡Eso! Ese es el muchacho que quiero ver. Ahora, te recomiendo que te quedes acá
hasta que nos vayamos. Acá Misao no podrá encontrarte."
Julian y yo llegamos a la discoteca. Habíamos acordado encontrarnos todos en la
entrada, y cuando llegamos sólo estaban ahí Greg y Ami.
"Entremos", dije yo, y Julian también propuso lo mismo.
"Oigan, ¿no íbamos a esperar también a Makoto y Misao?", preguntó Ami.
"Ya llegaran", respondí. "No tiene caso seguir acá afuera."
Estábamos a punto de entrar, pero escuchamos a lo lejos una voz.
"¡Esperen! ¡Allá voy!", gritó una voz alegre y chillona.
Era Misao. Vaya, que bien se veía. Con razón había querido que la acompañe al
centro comercial. Cuando yo la deje aún no había comprado nada, pero ahora se nos aparecía
con una blusa ceñida y una minifalda, y para rematar, dos pares de botas. Era la ropa con la
que yo le había dicho que se veía bien. Julian empezó a babear.
-¡Julian! ¡Tranquilo! No es para tanto... Ami está mejor.-
Eso era lo que en verdad yo pensaba. Nunca había visto a Ami en pantaloncillos
cortos... hmmm... tenía unas piernas muy... ¡eh! Ejem... perdón, lapsus.
Así, los cinco ingresamos por las puertas de la perdición... Apenas entramos Misao
me jaló de un brazo y me llevo a la pista de baile. ¡Pero que hiperactiva esa muchacha!
Bailamos como unas diez canciones seguidas, sin exagerar. Julian, Greg y Ami habían ido a
sentarse en una mesa y habían pedido gaseosas para todos. (¿Qué creían? ¿Cerveza? Eso es
para los borrachos).
Al fin Misao se cansó y me pidió que fuéramos donde los demás.
"¡Ami! Acompáñame un momento al tocador, por favor..."
"Ah, claro..."
Ambas se fueron. Julian, Greg y yo quedamos entre hombres.
"Greg, ¿qué esperas para sacar a Ami a bailar?", preguntó Julian.
"Bueno... creo que no quiere. Ya sabes cómo es. Pero no importa, es mejor estar
cerca a ella que no dirigirle la palabra", dijo él, observándome.
"Tranquilo Greg", dije yo, con una sonrisa. "La noche recién empieza."
"¡Arigato, Nakago-chan!" - ¡Gracias, Nakago! (expliquemos lo del "chan": cuando va después
de un nombre es porque el nombre se dice con mucho cariño. Solo he visto que se use entre
amigos y novios, por ejemplo, en "Mamo-chan").
