Antes de que empiecen a leer les quiero pedir disculpa por la tradanza ya sé que son muchos meses sin actualizar y que las dejé mucho tiempo esperando. Ya no me justificaré porque las justificaciones agraban la falta. Solo les diré que lo siento mucho.

Este capítulo está sin betear (sin edicón) no creo tener muchas faltas de ortografía, pero si hay alguna por ahí, les pido disculpas. En lo que si soy pésima es en la puntuación así que también pido disculpas por eso.


Capítulo 10: "Mentiras verdaderas"

—¡Isabella, levántate! —Gritó Charlie entrando en el cuarto de Bella muy temprano en la mañana. Se le oía enojado

—¡ay, papá! Déjame dormir —reclamo ella dándose la vuelta para seguir durmiendo.

—Que te levantes te digo. —Volvió a hablar Charlie echando la ropa de cama hacia atrás, dejando a Bella completamente destapada.—Ponte esta ropa —dijo tomando la ropa que Bella tenía tirada en la silla de su escritorio—Te quiero en cinco minutos en la sala. Y Bella, dije en ¡Cinco minutos!

Salió del cuarto de su hija, enfurecido. Por más que trataba de calmarse no lo lograba y es que de tan solo recordar la escena que había presenciado la noche anterior sus ojos se oscurecían de ira. Su mejor a migo y su hija menor de edad tenían un romance. Un romance que a sus ojos era inconcebible.

—Pero ¿Se puede saber qué te pasa? —preguntó Renée anonadada ante la actitud tan hostil de su esposo.

Charlie evitó la mirada inquisidora de su esposa, no quería contarle que Edward; desde ahora su ex mejor amigo, le había estado comiendo la boca a Bella la noche anterior, hasta que estuviera todo solucionado.

—¿Estás sordo o qué, cariño? —preguntó Renée muy molesta ya que presentía que Charlie le escondía algo en lo que Bella, de seguro, estaba involucrada.

—No sucede nada, querida —contesto él intentando parecer tranquilo—es solo una cosilla pequeña. No te preocupes, amor —dijo acercándose a Renée para plantarle un tierno beso en los labios. Era increíble, pero a pesar de los años que llevaban casados se querían como el primer día o incluso más.

Isabella se talló los ojos intentando despertar, luego de unos segundos en la misma posición se levantó de la cama y comenzó a recordar lo sucedido la noche anterior, si bien, la noche había comenzado de mala manera, había terminado demasiado bien con aquellos besos, que Edward se había animado a darle, ahora sabía que todos sus locuras habían dado fruto. Ahora sabía que Edward la quería. Se vistió rápidamente con una gran sonrisa en sus labios, sonrisa que se agrandaba cada vez más al recordar los detalles de la noche anterior.

—Ya estoy aquí. Ahora me puedes decir cuál es el problema —habló Bella un tanto enojada. Aún tenía sueño, ya que, la noche anterior se había dormido demasiado tarde.

—Vamos —dijo Charlie agarrándola fuertemente del brazo.

—Papá ¿Qué te pasa? —preguntó Bella asustada intentando soltarse del agarre de su padre—papá, me estás lastimando —se quejó Bella, sin embargo Charlie se encontraba tan ciego por la furia que no escuchó las quejas de su hija.

Llegaron a la puerta de la casa de Edward, y Charlie comenzó a golpear fuertemente.

—¿Qué pasa? —Preguntó Edward quién había salido hace poco de la ducha. Pero ya se encontraba completamente vestido y con su pelo totalmente despeinado.

Charlie empujo a Edward para entrar en la casa con Isabella tras de él.

—Bésala ahora, jodido pervertido —dijo Charlie completamente rojo de furia, poniendo a Bella por delante de él.—Bésala como lo hiciste anoche, maldito hijo de perra —gritó Charlie, esperando alguna respuesta.

Bella miró a Edward asustada y Edward se quedó inmóvil y sin palabras al verse descubierto. Ninguno de los dos sabía qué hacer, jamás se imaginaron que lo que había sucedido la noche anterior se descubriera tan pronto. Tan pronto que ni siquiera tiempo de disfrutar el momento tuvieron.

—Charlie, creo que lo puedo explicar —dijo Edward nervioso, una vez que salió de su aturdimiento y comprendió lo que hablaba Charlie.

—Sub oficial Charlie Swan, eso soy para ti de ahora en adelante —espetó Charlie mirándolo con odio—no quiero que te vuelvas a acercar a mi hija, oíste —exigió—no la mires, no le hables, no tengas ningún contacto con ella —volvió a exigir.

—Papá, por favor no más —pidió Bella suplicante, intentando que Charlie le soltara el brazo, pero él no la escuchó.

—Te he oído perfectamente, Char…—Edward iba a decir Charlie, pero ante la mirada de este se arrepintió—Sub oficial Charlie, pero por favor suéltala porque la estás lastimando —dijo intentando interceder por ella.

Charlie dirigió su mirada hacia Bella y ante la mueca de dolor y la mirada de sufrimiento de ella, le soltó el brazo.

—Papá …—comenzó a hablar Bella entre hipidos por el llanto.

—No quiero que vuelvas a contar la historia del otro día, Bella. Desde hoy en adelante te olvidas de este tipo —dijo despectivamente.

—Pero papá… no puedes tratarlo de esa manera. Edward es tu amigo.

—Él era mi amigo hasta el momento que se le ocurrió poner sus sucias manos en ti —explicó Charlie.

—Papá no puedes hacer esto, por favor —suplicó Bella con sus mejillas llenas de lágrimas.

—Déjalo Bella, él está en todo el derecho de hablarme de esa manera. Yo no debí…besarte —dijo con todo el dolor del mundo. Bella movió su cabeza de manera negativa, ella sabía perfectamente que Edward sólo lo decía para tranquilizar a Charlie.

—Te he dicho que no le dirijas la palabra. A la próxima te mato me oíste —dijo esperando que Edward asintiera con la cabeza.

Charlie sabía que su amenaza, era sólo eso, una amenaza. Él jamás sería capaz de empuñar un arma y matar al que fue su mejor amigo por años aunque Edward hubiera roto su más grande promesa Charlie nunca sería capaz de asesinarlo.

Muy por el contrario, Bella, abrió los ojos con miedo de que su padre hiciera realidad aquellas amenazas, mientras que Edward asentía sin decir ni una sola palabra. Sabía que todas las palabras que Charlie le había dicho se las tenía merecidas así como también el odio y desprecio de su amigo ya que su actuar no había sido el correcto, sabía que debía de haber esperado, pero el miedo a perderla para siempre por no aceptar frente a ella sus sentimientos pudieron más, ganándole la partida convirtiéndolo casi en un adolescente miedoso de perder a su primer amor.

—Una cosa más, de esto ni una palabra a nadie —sin más Charlie se llevó a Bella a empujones mientras ella le daba una última mirada a Edward.

Cuando entraron a su casa se encontraron con una Renée muy enojada.

—Ahora, ¿me dirás que es lo que está pasando? —Preguntó con una tranquilidad que asustaba, porque detrás de ella sólo había furia.

—Renée, luego hablamos. Ahora tengo que ir a trabajar.

—Nada de eso Charlie. Quiero saber qué es lo que está pasando. Quiero saber por qué sacas a Bella de esa manera de su cama, la llevas a casa de Edward y ella regresa hecha un mar de lágrimas—demandó Renée perdiendo casi la paciencia.

—¿Quieres saber? —Preguntó Charlie y Renée asintió —está bien te lo diré. Anoche vi a tu hija y a Edward besándose —habló Charlie con tono amargo.

Renée se llevó las manos a su boca para evitar la exclamación de sorpresa que quería salir de ella.

—Alguna explicación debe haber para ello —dijo cuando ya estuvo algo calmada.

—No encuentro explicación para lo que vi, y si es que la hay no me interesa saberla. Ahora lo único que quiero es que ese asqueroso pervertido no se acerque más a Isabella —dijo Charlie poniéndose la chaqueta de uniforme para luego dirigirse a comisaria —nos vemos a la hora de la comida —y salió de su casa sin despedirse de nadie.

—Isabella, por favor. Explícame lo que tu padre me acaba de contar.

—Mamá, yo quiero a Edward. Eso ya se los dije. Y no hablaré más al respecto porque no tengo ganas —dijo Bella limpiándose las lágrimas.

—Pero yo necesito entender todo esto.

—Y yo procesarlo, mamá. Si quieres te lo contaré, pero no ahora.

Isabella decidió que tenía que hablar con Edward antes de que se arrepintiera de lo que había pasado la noche anterior, entonces, se secó las pocas lágrimas que aún le quedaban y comenzó a buscar su celular, cuando lo encontró comenzó a marcar el número de Edward. Marcó el número telefónico de su amado cuatro veces, pero Edward no contestó ninguna de sus llamadas.

—Quizás no lo ha escuchado —dijo esperanzada—volveré a llamar más tarde.

Cuando se sintió preparada para enfrentar las miradas inquisidoras de su madre, Bella, bajo para ayudarle en el bar como lo hacía cada día. Llevó consigo su celular por si Edward le devolvía la llamada, sin embrago, esto no sucedió.

—Esperas alguna llamada —insinuó Renée mirando curiosa a su hija mientras esta veía por vigésima vez la pantalla de su celular.

—Eh, no, es sólo que estoy un poco aburría. ¿Será que puedo salir a dar una vuelta?

—Isabella, no creo que sea correcto que andes sola por ahí. Tu padre…

—Mi padre no se va a enterar —la interrumpió Bella—Mamá necesito salir, por favor —Bella no acostumbraba pedir permiso para salir, pero viendo como estaban las cosas desde la mañana, prefiero que era mejor salir con el consentimiento de su madre.

—¿A dónde irás? —Quiso saber su madre.

—No lo sé, sólo sé que necesito tomar aire, despejar mi mente.

—Está bien, ve, pero procura llegar antes de la comida. No quiero tener problemas con Charlie.

—Gracias mamá —Bella se acerco a Renée y le dio un beso en la mejilla a modo de despedida.

Bella salió disparada del bar, le marcó nuevamente a Edward pero este no contesto.

—No permitiré que me evadas otra vez —sentenció a la nada, caminando rumbo a la comisaria muy segura de que esta vez no dejaría que Edward se arrepintiera de nada.

Camino lo más rápido que pudo al fin y al cabo la comisaria no quedaba tan lejos, camino pensando en las palabras que le diría a Edward.

Cuando llego intento escabullirse lo más que pudo de todos los que trabajaban allí, se acerco con cautela al cubículo de Edward, él se encontraba muy concentrado llenando un informe policial.

—Edward —dijo en un susurró.

A él se le erizó la piel con solo escuchar la dulce voz de Bella.

—¿Qué haces aquí?

—Shuu —dijo poniéndose un dedo en los labios, algo que a los ojos de Edward era sexy y comenzó a hacer estragos su cuerpo, pero ella jamás se imaginaria lo que esos simples gestos le hacían sentir a Edward—Baja la voz —pidió ella—necesitamos hablar —sentencio finalmente.

—No hay nada de qué hablar. Bella, por favor vete —dijo Edward exasperado ante la actitud inmadura que Bella aún se empeñaba en seguir teniendo.

—Edward, si te niegas a hablar conmigo haré un escándalo —dijo cruzándose de brazos. Ya estaban hablando un poco más alto de lo normal y algunos de los compañeros de Edward se estaban dando cuenta de la presencia de la hija del suboficial Swan.

—Baja la voz Isabella. Si quieres hablar lo haremos pero en los vestidores —Edward camino rápidamente mientras Bella intentaba pisarle los talones—Bella se puede saber que mierda haces aquí, sabes lo que puede pasar si Charlie te ve aquí. ¡Joder! Si ahora soy el Suboficial Cullen —dijo Edward exasperado cuando ya se encontraban dentro de los vestidores.

—Ya cálmate —respondió Bella con una sonrisa en su rostro.

—¡Qué me calme! Tú quieres que me calme cuando me vienes a buscar sabiendo que tenemos prohibido vernos —Edward hablaba mientras se apretaba la nariz intentando calmarse.

—No, Ed, a ti te lo prohibieron no a mi —explico Bella sonriendo—y si tu hubieras respondido mis llamadas yo no estaría aquí. Es que no te das cuenta que estamos volviendo al punto de partida —hablo ella acercándose a él y tomando el rostro de Edward en sus pequeñas y suaves manos para hacer que él la mirara a los ojos—Tú de nuevo huyes de mi y de lo que sientes.

—No siento nada, Isabella —dijo soltándose del agarre de Bella

—Mientes, Edward.

—No, deja de mentirte a ti misa. Yo no siento nada. Entiéndelo de una vez ¡maldita sea!

—Me besaste Edward, me besaste porque sentiste miedo de perderme, eso no puedes negarlo. Acepta que me quieres y yo me iré —Bella tomo la mano de Edward y la puso cerca de su corazón, mientras que ella también ponía una de sus manos en el corazón de Edward—acéptalo, Edward, solo así podremos luchar por esto.

—No…puedo —respondió Edward, cerrando sus ojos para no mirarla, ya que, si la seguía mirando estaba seguro que Bella lo terminaría convenciendo de algo que sabía no estaba bien.

—Si puedes. Sientes como late mi corazón —le preguntó, él asintió—es por ti y yo estoy segura que tu corazón late de igual manera por mí.

—¡Joder! Y tu padre, Bella —dijo Edward, intentando poner un poco de cordura en aquella conversación.

—Él lo entenderá, será difícil, pero lo entenderá —sin decir una palabra más Bella se aventuro a besar a Edward, ambos sintieron la misma corriente que habían sentido la noche anterior en sus cuerpos. Esta vez su beso fue más lento, ya que transmitían el amor que sentían ambos.

—Aquí no, Bella —pidió Edward separándose de Bella.

—¿Por qué? —pregunto un poco aturdida por el efecto del beso.

—Cualquiera nos puede ver, Bella. A parte no está bien que me andes besando.

—Pensé que ya lo había aceptado —dijo bajando la mirada, para que Edward no notara que sus ojos se habían llenado de lágrimas.

—Que lo acepte es una cosa —dijo levanto con su mano derecha el mentón de Bella para mirarla a los ojos—pero de igual manera necesito pensar las cosas. Esto no es tan fácil, detrás de todo lo que puedo sentir por ti esta nuestra familia —explicó.

—Pero…

—Bella, por favor no apresures las cosas. Todo llegará pero en el tiempo debido —explicó él.

—Suboficial Cullen, el Suboficial Swan lo busca —ambos se soltaron las manos cuando la oficial Kate entro en los vestidores. Quien los miró sospechosamente, no entendía que tenía que hacer Edward; el policía más guapo de aquella comisaría, y la hija del suboficial Swan en los vestidos y ¡tomados de la mano! Porque a ella no se le escapaba ese detalle. Sin esperar más salió de los vestidores dejando nuevamente a los tortolos solos, pero Edward no habló solo abrió la puerta para salir rápidamente de ahí.

—Edward —lo llamó Bella.

—Sí, Bella

—Solo quería decirte que ya no me iré —dijo sonriendo.

—En serio —preguntó y ella asintió—Me alegra mucho escuchar eso, Bella.

Bella se sentía eufórica, Edward por fin había aceptado que la quería y eso la tenía más que contenta, pero también le había pedido tiempo para pensar las cosas y eso no sabía si era para bien o para mal. Aunque decidió obviar ese hecho y disfrutar de lo bonito que la hacía sentir que Edward aceptara los sentimientos hacia ella.

—¿Dónde demonios estabas? —Preguntó Charlie con tono mordaz.

—Estaba en los vestidores Char…suboficial Swan —respondió.

—Se puede saber que mierda les pasa a ustedes dos —inquirió Carlisle queriendo saber el motivo de la actitud tan estúpida de sus dos mejores amigos.

—Nada, no pasa nada —respondieron Charlie y Edward al unísono.

—Tenemos que salir, hemos encontrado donde se refugian y guardan la droga los narcos que hemos estado siguiendo por meses —informó Charlie.

Los tres policías se pusieron sus chaquetas y verificaron que sus armas se encontraban en completo orden para salir detrás de los maleantes a los que le seguían la pista desde hace meses.

—Esto es en serio —dijo Edward— los narcos guardan la droga en esta carnicería —terminó de hablar un poco sorprendido cuando se encontraban a las afueras de una carnicería que se encontraba cerrada.

—Pues sí, estos malnacidos se cuidaron bien de no ser descubiertos. Mira que venir a esconder la droga aquí —habló Carlisle.

—Ya cállense y vigilen —ordenó Charlie molesto.

—Como ordene mi suboficial —se burlo Cralisle riéndose de la actitud de su amigo, sin embargo Edward y Charlie lo miraron de mala manera.—era solo una broma —explicó él levantando los brazos.

—Creo que se están moviendo —dijo Edward con lo binoculares puestos en los ojos—mueven cerdos a un camión frigorífico. Hay que entrar —dijo abriendo la puerta del coche patrulla.

—De ninguna manera vamos a entrar. No tenemos la orden del juez para entrar, suboficial Cullen —dijo Charlie tratando de desalentar al que fuera su mejor amigo por años.

—Y una mierda la jodida orden del juez. Yo entro porque entro no dejaré que esos malnacidos se nos escapen ahora —diciendo esto Edward salió del auto y corriendo rápidamente para que nadie lo viera saltó la reja con una agilidad que sólo el poseía. Agarrando su arma se dirigió al camión que se encontraba siendo cargado.

—¡Joder! Siempre hace lo que se le da la maldita gana —dijo Charlie imitando el comportamiento de Edward.

—No pretenderás que saltemos nosotros esa reja. Porque si eso es lo que pretendes se te está olvidando que ya no estamos en edad para esos trotes —dijo riéndose del nerviosismo y el miedo que le daba saltar aquella reja de mas o menos dos metros.

—No será tan difícil —diciendo esto Charlie intento escalar la reja—¡joder! Esto si que esta alto —dijo cuando ya se encontraba en la cima de aquella reja que protegía aquella guarida de maleantes, sin más saltó la reja cayendo como un saco de papas—maldita sea esto sí que dolió —dijo levantándose y caminando por el mismo lugar que Edward.

—No me queda más que saltar esa maldita reja —espeto Carlisle un tanto molesto.

Haciendo los mismo malabares que Charlie, Carlisle saltó la reja. Era innegable que los años no habían pasado en vano por ellos, ya que no tenían la misma agilidad que tenían cuando recién comenzaron en el cuerpo de policías.

—y ahora que se te ocurre que hagamos —espetó Charlie, haciéndole la pregunta a Edward.

—Tenemos que entrar al camión para ver si están cargando la droga junto a aquellos cerdos.

Entraron al camión aprovechando de que este se encontraba abierto y ningún hombre se encontraba custodiándolo. Revisaron aquellos cerdos y efectivamente dentro de ellos se encontraba cocaína que iba dirigida, seguramente, a muchos lugares de la cuidad.

—Lo sabía. Sabía que transportaban la droga en este camión —dijo Charlie.

—Está todo arriba, James —escucharon que alguien hablaba acercándose al camión.

Edward hizo un gesto de silencio con su mano mientras se escondía tras un cerdo. Charlie y Carlisle imitaron su acción.

—Sí está todo listo.

—Entonces cierra el camión y maneja al lugar que acordamos. Yo te sigo en la camioneta.

Haciendo caso a la orden de su superior, James cerró el camión sin saber que los tres policías se encontraban adentro.

—James.

—Si, jefe.

—No se te olvide bajarle la temperatura al frigorífico para que los cerdos no se pongan con mal olor.

—No se preocupe.

James se subió en el lado del chofer y de inmediato bajo la temperatura a menos diez grados, él no sabía a qué temperatura debía de estar aquellos cerdos para que no perdieran la cadena de frio por lo que decido dejarla en esa temperatura.

—Mierda. Nos dejaron aquí encerrados y la temperatura baja cada vez más —habló Carlisle.

—Y todo esto por seguir tus estupideces —reclamo Charlie.

—Párale con tu coraje.

—No voy a parar hasta verte completamente alejado de mi hija.

—Pueden explicarme qué es lo que pasa entre ustedes dos. ¿Por qué se tratan con tanta hostilidad? —preguntó Carlisle.

—No es el momento. Necesitamos pensar qué haremos cuando salgamos de este camión.—habló Charlie—por lo que pudimos escuchar solo nos enfrentaremos a dos hombres por lo tanto debemos sorprenderlos. ¿Alguno de los dos me puede dar alguna idea?

Los minutos fueron pasando y los tres amigos comenzaron a sentir que el frio comenzaba a calarle los huesos.

—Debemos hacer algo para salir luego de aquí, si no lo hacemos moriremos congelados —dijo Carlisle intentando que sus dientes dejaran de castañear por el frio.

—Eso no va a pasar. Debemos llamar a Tanya y preguntarle cuanto tiempo podemos estar a una temperatura bajo cero sin caer en hipotermia.—dijo Edward intentando dar una solución, ya que el tiempo pasaba y el camión en vez de parar seguía su camino.

Marcó el número de Tanya pero esta se demoro en contestar. Cada minuto que pasaba se les hacía más difícil soportar el frio que sentían.

—¿Cuánto tiempo llevamos encerrados aquí? —preguntó Charlie que hasta ese momento no había abierto la boca.

—Media hora más o menos.—contestó Carlisle.

—Tanya.

—Edward, ¿Qué necesitas?—contestó ella con tono hostil.

—Estamos en un operativo y nos surgió un inconveniente —contesto él.

—Con quién estás.

—con Charlie y Carlisle. Tanya escucha necesito saber ¿cuánto tiempo podemos estar bajo temperaturas bajo cero sin caer en hipotermia?

—Eso es relativo Edward. Todo depende cuantos grados bajo cero estén. ¿Dónde están metido Edward? —preguntó con voz preocupada.

—Estamos en un camión frigorífico a una temperatura más o menos de 9 grados bajo cero.

—¡Dios mio, Edward! ¿Hace cuanto tiempo…?

—Media hora más o menos.

—Deben salir de ahí lo antes posible, si la temperatura sigue bajando no creo que duren más de media hora. Edward, deben salir de ahí.

—El camión está en movimiento, no sabemos hacía donde se dirige ni mucho menos si estamos cerca de su destino. Necesito que rastrees mi celular y hagas algo al respecto. Carlisle es el que está peor y dudo mucho que pueda soportar mucho más tiempo bajo esta temperatura.

—Rastreare tu celular por el GPS y haremos que ese camión pare a como de lugar. Edward, por favor resistan. Colgó la llamada y sintió que ya no podía mover sus manos del frio que sentía.

Los minutos pasaban y ya tenían escarcha en el cabello, Carlisle no sentía ninguna extremidad, y Charlie no dejaba de mirar con odio a Edward.

—Charlie, necesito que sepas porqué besé a Bella.

—Entonces dímelo maldito infeliz —dijo con odio en su voz.

—La besé porque la quiero, porque estoy enamorado de ella —terminó confesándolo. Estaban en una situación extrema y él ya no podía seguir engañando a su amigo, ya no podía seguir ocultándole los sentimientos que sentía hacia su hija. Si se iban a morir congelados, Edward quería que supiera que ese beso había significado algo importante y que no había sido algo sucio y sin sentimientos.

—Si tanto la quieres a mi niña, entonces te contienes porque es mi niña y porque tiene dieciséis años. Te contienes ¡cabrón!

—Me contuve, Charlie. Pero la iba a perder y no pude seguir mintiéndome ni mintiéndole a ella.

—Si la amas tenías que haber dejado que se fuera y que conociera a un chico de su edad y se olvidara de tu estúpida cara—dijo Charlie—tú no eres el hombre que yo quiero para mi hija. Pretendes hacerle lo mismo que le hiciste a Tanya.

—Yo nunca le haría daño a Bella. Charlie, ¡la amo! —gritó.

—Así que estás enamorado de mi niña —dijo con voz que aparentaba calma, pero por dentro estaba muriéndose por el dolor que aquella confesión le causaba.

Eward asintió en respuesta y con vergüenza levanto la cabeza para mirar a Charlie a los ojos.

—Pues si la quieres, llámala ahora mismo y dile que no sientes nada por ella. Si la quieres no le jodas la vida, como se la jodiste a Tanya a otras. Prefiero que le hagas daño ahora, pero no cuando ya sea demasiado tarde —dijo suplicante.

Edward sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón y marcó el número de Bella.

Bella se encontraba recostada en su cama, estaba tranquila ya no le preocupaba nada, porque ahora sabía que Edward la quería. Escuchó el timbre de su celular que se encontraba en la mesita de noche que tenía junto a su cama, lo cogió y vio el número de Edward.

—Edward —dijo sonriendo.

—Bella tengo algo que decirte —sin esperar contestación siguió hablando—no siento nada por ti —mintió y la sonrisa de Bella desapareció al instante que escucho aquellas palabras.

—¿Cómo? Edward no te entiendo.

—eso Bella, que no siento nada por ti, ni lo he sentido nunca —su corazón se estrujó de tristeza al tener que estarle haciendo daño una vez más.

—No te creo Edward. ¿Y el beso? —preguntó ella incrédula de aquellas palabras que Edward decía a través de aquella llamada.

—El beso…—Charlie lo miro amenazante—¿sabes lo que me hizo sentir ese beso? Me hizo sentir despreciable, me dio asco de mi mismo —al escuchar esas palabras lágrimas cayeron por el rostro de Bella.

—¡No! No es verdad, Edward yo sé que me quieres.

—No vuelvas a acercarte a mí, Bella —pidió Edward.

Isabella no contestó de inmediato, tan solo se quedó en silencio unos segundos, pero a Edward le parecieron años.

—Estás con mi padre —dijo mientras lágrimas caían de su rostro—estás con mi padres y por eso me estás diciendo todo esto—dijo desesperada. Edward no contestó—Edward, si me quieres, dime que no me quieres.

—No te quiero —contestó él sin dudarlo.

—Edward, si me quieres, dime que nunca estaremos juntos —dijo secándose las lágrimas del rostro.

—Nunca estaremos juntos —volvió a contestar sin titubear en la respuesta.

—Si me quieres, dime que soy una cría —dijo Bella ahora con una pequeña sonrisa en sus labios.

—Eres una cría.

Bella sonrío al escucharlo decir que la quería en aquel código que se había inventado.

—Te quiero, te quiero, te quiero, Edward.

—Adiós, Bella.

—Adiós —dijo riendo por lo contenta que estaba.

Edward cortó la llamada. Sus sentimientos eran confusos, sabía que si quería recuperar la amistad de Charlie no debía mentirle, pero simplemente no podía decirle mentiras a Bella, definitivamente ya no podía seguir lastimándola con más rechazos.

—Ya está, Charlie. Con todas las cosas que le dije no creo que quiera volver a verme —mintió Edward, para tranquilizar a Charlie.

Justo en ese momento ambos se percataron de Carlisle no había abierto la boca para intervenir en aquella discusión. Ambos dirigieron su mirada hacía él y se dieron cuenta que Carlisle se encontraba desmallado, seguramente por la hipotermia que el frio le había causado. Sintieron la imperiosa necesidad de acercarse a su amigo para darle; si es que podían, un poco de calor corporal, pero sus cuerpos no respondía, era tanto el frio arriba del camión que ya no sentían sus manos, ni sus piernas.

—Debemos acercarnos Carlisle y tratar de despertarlo. En cualquier momento el camión va a parar y debemos estar alerta a cualquier movimiento —habló Edward, mientras que con mucha dificultad se arrastraba hasta queda al lado de Carlisle.

Los tres amigos intentaban darse calor, el frió los tenía totalmente aturdidos que ni siquiera sabían cuanto tiempo llevaban ahí encerrados.

De pronto el camión se detuvo. Edward hizo el ademan de pararse al darse cuenta de que el camión había cesado su movimiento.

—Debemos acercarnos a la puerta, así cuando la abran los golpeamos sorpresivamente.

—No puedo moverme y Carlisle aún no reacciona —dijo Charlie con tono alarmado.

Edward haciendo acopio de la poca fuerza que le quedaba se pudo de pie y comenzó a caminar hacia la puerta de aquel camión esperando que en cualquier momento la abrieran.

James abrió la puerta y se quedó inmóvil al ver a Edward de pie, Edward aprovechó el aturdimiento del chico y le propino un certero golpe en la mandíbula, golpe que hizo que el chico cayera al suelo aturdido. James no demoró ni un segundo en ponerse de pie, camino hacia Edward y comenzaron a forcejear y a golpearse cada vez más fuerte, ambos golpeaban a la par, pero James golpeo a Edward en el estómago haciendo que este se desequilibrara y cayera al suelo, Edward intentó ponerse de pie, pero una segunda persona la apunto con una nueve milímetros.

—Ni se te ocurra moverte porque te vuelo la tapa de los sesos con un solo disparo —amenazó aquel hombre, alto y musculoso—James, revisa sus pertenencias —ordenó.

James comenzó a registras el cuerpo de Edward hasta que encontró su billetera con los documentos, la abrió para saber su nombre, James silbo ante el asombro de descubrir de quien se trataba —Suboficial Edward Cullen —dijo en voz alta.

Charile que aun se encontraba escondido dentro del camión, estaba indeciso entre salir o quedarse ahí. Estaba seguro que si salía lo único que lograría era entorpecer aún más el procedimiento ya que no se encontraba en las condiciones para luchas contra aquellos delincuentes, pero tampoco podía dejar a su mejor amigo luchar solo. Aunque sentía que lo odiaba por haberle confesado l amor por su hija, también sabía que no podía olvidar todos los años de amistad que había de por medio.

—Así que eres un jodido poli, eh — espetó aquel hombre dándole un golpe con la culata del arma haciendo que el cuerpo de Edward se fuera hacia adelante —anda despidiéndote de este mundo porque de esta no te salvas —volvió a amenazar, ahora poniendo el caño del arma en la sien de Edward.

En ese momento apareció Charlie, arrastrando los pies, haciendo más ruido de lo que pretendía. Ambos delincuentes movieron su vista hacia donde provenía aquel molesto ruido. Aprovechando aquella desconcentración, Edward, dio un medio giro en su lugar y agarró el arma de las manos del hombre que lo estaba apuntando con la pistola iniciando un incesante forcejeó entre ambos, mientras tanto James se acercó a Charlie y sin luchar mucho lo inmovilizó; en condiciones normales Charlie hubiera dado una fuerte pelea, pero por el efecto que le produjo estar más de media hora a diez grados bajo cero hicieron que se viera como un tonto policía.

Edward luchaba con todas sus fuerzas para obtener el arma sin obtener resultados. Necesitaba esa arma para poder defender a sus amigos, a sus compañeros de vida, debía dar la pelea por ellos y si era necesaria daría la vida por ellos; aunque Charlie jamás lo perdonara por haberse enamorado de su hija, Edward jaás se perdonaría no luchar por sus dos mejores amigos.

Entre tanto forcejeó de escuchó un fuerte disparo.

Charlié miró la escena deseando que el afectado por aquel disparo no fuera Edward.

Ambos cayeron al suelo, pero el único que se levantó fue aquel hombre; del que aún no se sabía su identidad, dejando a Edward sangrando en el suelo. De pronto de escucharon sirenas muy cerca del sector donde ellos se encontraban. En un par de minutos ambos hombres de encontraban esposados, mientras que una ambulancia se llevaba a Edward; acompañado de una muy preocupada Tanya hacia el hospital para que fuera atendido de urgencias. Sus otros dos amigos se encontraban siendo atendidos por varios paramédicos.

—Edward, no cierres tus ojos por favor. Solo mírame —pedía Tanya, mientras intentaba no llorar. A pesar de los años que llevaban separados y a pesar de que ella estaba rehaciendo su vida con un hombre que la amaba, Tanya no era capaz de dejar de querer a Edward. Todos pensaban que ella lo odiaba por todo lo que había sufrido por él, pero el desprecio con el que lo trataba era solo una manera de protegerse; una máscara con la cual mantenía a Edward y sus encantos a raya para no volver a caer en sus redes.

Edward luchaba con todas sus fuerzas para no dormirse, pero se sentía muy cansado y sus parpado se fueron cerrando poco a poco —Bella —fue lo que dijo antes de caer en la inconsciencia.


Espero que hayan disfrutado del capítulo y también darle las gracias por esperarme tanto...si es que aún siguen leyéndome :)