Mainy

Mire a la pequeña pero macabra hada mirándose el pelo sentada en mi hombro—Mmmm…Hada, ¿nos dirías tu nombre?—el hada seguía peinándose se larga melena—Dios, me siente estúpida hablando con un ser que hasta ahora me era imposible creer.

El hada me empezó a mirar, examinándome como antes, detalladamente, iba de un lado para otro a su alrededor. Y de repente, me miro a los ojos, sus ojos desprendían una chispa de excitación, como si hubiese descubierto algo por lo que llevaba tiempo esperando.

—¿Ada?

—¿Perdona?—pregunte sorprendida—¿Te llamas Ada?

El hada se exalto, literalmente pego un brinco en el aire, me cogió un mecho del pelo y empezó a chillar, unos chillidos horripilantes, obligándonos a los tres a taparnos los oídos. De repente, un montón de hadas empezaron a salir de huecos de arboles, de debajo de la tierra, debajo de piedras, de los follajes de las hojas, de todas partes. De todos los colores; las alas eran únicas, todas distintas, diferentes colores, formas. Volaban a mí alrededor como una loca de atar. Y sonreía, tenía una sonrisa deslumbrante.

Me cogió del dedo y me guió por unos arbustos y enredadas lianas, no puse ninguna resistencia. No quería saber qué pasaría si me negaba. Mire detrás mío, Edward y Charlie parecían tener algún que otro problema para cruzar la línea de arbustos. Me reí, la hada seguía conduciéndome por el bosque son ningún miedo de chocarse, parecía conocerse el bosque como la palma de su mano, en tal caso su larga cabellera azul. Ella seguía tirando de mi con más fuerza que antes, me estaba haciendo añicos el dedo índice, de repente, como de la nada, un millar de hadas de elevaron del suelo, pude oír los gritos de Edward y Charlie tras de mí, supongo que a ellos también los abran alzado.

Al parecer tenían prisa porque solo podía ver borrones de distintos colores a mis lados; verdes, azules, grises, ocres, violetas…un millar de colores. Pasado unos momentos llegamos a una zona abierta, un lago bien grande ocupaba la mayor parte. Desde mi perspectiva podía ver todo el bosque y sus extensiones, era enorme, mas grande de lo que esperaba, demasiado, era grande y oscuro, algunas partes podías ver unos caminos de tierra con gente con carros ¿carros? Espera, ¿carros? ¿Carros de madera? Indagué con mi mirada, había pequeños pueblos cada ¿20 metros? No eran pueblos muy extensos, y para nada se parecía a Caprera ni a sus alrededores, ni si quiera tenía nada que ver con una ciudad, era lo más parecido a esos pueblos medievales que uno ve en las películas, con sus casa pintorescas y más arriba, en una colina….el castillo, ¡había un castillo enorme! Con banderas ondeadas el viento, desde mi situación ni podía ver los colores.

Por un momento me pareció ver a Edward y Charlie en el suelo, observándome, las hadas me tenían cogida de tórax y las axilas, y de repente, ya no estaba. Empecé a caer al agua rápido, lo veía todo borroso a mí alrededor, y así como así, toque el agua. Me hundí en ella como en un valle de rosas, por primera vez desde que llegamos aquí, me sentía limpia, fresca. Era una sensación de libertad indescriptible. Me salió la cola, las branquias, el pelo verde, todo el pack por así decirlo. Me pareció que el agua era salada, aun no se identificar el agua dulce de la salada ya que solo me bañaba en bañeras con agua con cal. Empecé a balancearme, dejando que las ondas del agua me arrullara como una madre arrulla a su hijo para que se duerma. Y sin avisar, mi cola, por iniciativa propia empezó a moverse como la cola de un perro feliz, podía sentí el rozar del agua en mis escamas, las algas tocando mi piel con suavidad, era todo tan…surrealista. Nadaba entre las algas que se movían con tranquilidad al movimiento del agua, habían muchos tipos de algas; verdes, rojas, lilas, moradas. También había un gran arrecife de coral, tenía unos colores impresionantes. Había peces, cangrejos, estrellas de mar, caballitos de mar, supongo que debía de ser agua salada.

Estando allí debajo conseguí olvidar el porqué estaba donde estaba, mi madre, las hadas, Edward y Charlie, los pequeños pueblos que parecían medievales. Todo. Estaba nadando tranquila cuando sentí como algo movía el agua con fuerza detrás de mí, me di la vuelta pero no vi nada, otra vez, me volví a girar, nada. Y volvía a estar ahí, me di la vuelta lo más rápido que pude, pero no fue necesario porque vi unas algas rojas moverse con el agua, me fije mejor en las algas, no eran algas…era pelo, mire más abajo para encontrar a su propietario. Era una chica, de mi misma edad con ojos verdes como las algas, su nariz era curva y no muy puntiaguda. En su pelo tenia ¿peces pequeños? Sacudí la cabeza. Entonces fue cuando me di cuenta de que me estaba observando. Abrí la boca y la volví a cerrar. Ella levanto su dedo índice y señalo hacia arriba para subir, no sin antes mirarme con detalle y sonreír. Me daba pena subir a la superficie pero de repente recordé el porqué estábamos aquí, mama, hadas, castillos, etc., con una bocanada de aire conseguí volver en mí.

—Ada pensé que nunca volverías— dijo la pelirroja. Me di cuenta que solo estaban Edward, Charlie y la hada azul. Todas las hadas de antes se habían ido.

—¿Y tú eres?—le pregunte.

—¡Oh! Es verdad. Soy Eleonor, tu hermana mayor,102 años recién cumplidos— ¿102 años? Pues que vaya soltando ya lo que usa porque no aparente más de diecisiete.

—Y si mejor salimos y me lo cuentas todo—Ella asintió.

Salimos fuera del agua, ahora tendré que esperar a secarme, pero en poco tiempo ya estaba seca. Edward y Charlie se dieron la vuelta rápidamente, a Eleonor no pareció importarle los chicos porque estaba desnuda y no tenía aspecto de vestirse. Busque dentro de la mochila pero solo hallé ropa medieval, un vestido y un corsé. Mi hermana me ayudo a vestirme, siempre he querido vestirme así, pero juraría que puse ropa normal en la mochila. Me encogí de hombres, mientras fuera vestida. Mire a los chicos, ¡Dios!

—¿Qué lleváis puesto?— parecían payeses medievales, me empecé a reír.

—Mira quien fue hablar—se me corto en seguida la risa. Mi hermana se rio ante tal escena.

—Bueno Ada mejor siéntate—me senté en el mismo suelo—Todo empezó cuando naciste, mama te quería con toda su alma, debo admitir que llegue a estar celosa, pero eso fue antes de verte, eras tan pequeña e inofensiva. Pasados una semana, Igor Kravkavot, el reí de Selia nos ataco, mama te envió fuera de Gloswen, donde nos encontramos ahora, el reino que antes perteneció a mama.

—¿Antes?—pregunto Edward. Eleonor asintió.

—Igor se apodero de Gloswen, Kailklon, Blownt y Netria. Todo nuestro país está en manos de Igor, los reyes de los demás reinos se acobardaron ante él, pero papa no, no él (nuestro padre) lucho contra él, pero acabo nuestro padre fue el que acabo muerto, y no Igor. Desde entonces, todas las criaturas; desde hadas hasta sirenas, pasando por unicornios, fénix, duendes irlandeses, enanitos, y más criaturas viven en este bosque. A Igor y sus secuaces les da miedo profundizar porque se dice que viven las peores criaturas que hayas vistos. Pero es mentira—se pudo oír a los chicos soltar un largo suspiro de alivio— bueno no del todo.

—¿Y qué tiene que ver Bella, quiero decir Ada en todo esto?—pregunto Charlie.

—Bella… Mama dijo que Ada volvería para liberarnos, que ella tiene algo que yo no tengo.

—¿Y qué es eso que tengo pero tú no?—pregunte.

—La valentía de nuestro padre—dijo Edward bromeando.

—Y su instinto asesino también— concluyo Eleonor. Me levante.

—Yo no tengo instinto asesino. Ni de pequeña ni ahora.

Charlie se acerco un poco más, intentando no mirar el cuerpo de Eleonor, que estaba desnuda—En realidad, recuerdo que de pequeña, literalmente torturabas a los insectos y a tus peluches. Los atabas con una cuerda y los ahorcabas por la ventana, los abrías con cuchillos, pero desde que te hecho la bronca no has vuelto a hacer nada de eso.

Le mire incrédula, yo, una asesina, no, yo era una chica que descubrió que era sirena y busca respuestas—¿Y cómo era mi padre? ¿Y mama sigue viva?

—Mama murió de una infección de útero dos semanas después de que nacieras. Y papa, papa era un sádico asesino, pero cuando era cariñoso podía llegar a ser como los Fluffies. Papa te adoraba, a las dos. Cada una tenía algo que a él le fascinaba. Yo que me parecía a mama, en su forma de actuar pensar, y me parecía a papa, tú en cambio, eras como él, cuando naciste, te regalo una espada, su espada, y te parecías a mama— Eleonor me miro detalladamente— Eres idéntica.

Le sonreí.

—Bueno, supongo que querrás conocer el bosque y a los "Traidores"—Edward la miro extraño—Así es como nos apodo Igor. Seguidme—Rodeamos el lago hasta llegar a una división de lo que era el mismo bosque que antes. La pequeña hada se apoyo en mi hombro, yo le sonreí— Es tu hada, cuando un ser humano presencia el nacimiento de una hada, y la hada lo primero que ve, es ese ser humano, creerá de por vida, que es su madre, padre, amo, llámalo como quieras. Venga, ponle un nombre.

—Un nombre, te voy a llamar Mainy.

—Por cierto, cuando vinimos aquí, pasamos por un largo puente, y este se derrumbo. ¿Sabes cómo podríamos volver?—pregunto Charlie preocupado.

—Por el puente. Veras, una persona que ve el puente, quiere decir que tiene algo que hacer aquí, el puente se asegura de que no sea una persona con malas intensiones. Cuando aquella persona termine de hacer lo que quería y NO desea quedarse aquí, el puente le guiara el camino y podrá volver. Es fácil.

—Vale. Antes has dicho que había criaturas malas.

—Sí, son criaturas nocturnas. Mientras no salgas de noche no te ocurrida nada.

Charlie trago ruidosamente. A Eleonor le gusta meter miedo a Charlie. Me cae bien.