Capítulo 10
Pink Zebrese Beauty
El sonido de los sollozos de la batalla de Tsunayoushi resonó a través de los campos de entrenamiento.
Aunque Tsunayoushi peleó con uñas y dientes fue nada comparado con la experiencia de su padrino. Aunque le hubiese gustado salir victorioso contra el otro y, en el proceso, ganar el respeto de todos a su alrededor, no sucedió así. No podía, porque no era como estaba escrito.
El castaño exhaló ruidosamente, exhausto; cayó al piso después de pelear con su padrino por unos buenos treinta minutos. Francamente, todos estaban sorprendidos de que durase tanto. Squalo permaneció atrás de Xanxus, sus ojos observando al novato levantarse una y otra vez, pensando "No tiene sentido, no hay forma de que este chico logre algo aquí" y "¿Por qué este tipo de persona está aquí?". Xanxus, por otro lado, lucía aburrido, mortalmente aburrido. Sólo reaccionó cuando el castaño impactó con el muro al final del campo de entrenamiento, cómo entonces cayó duramente en el piso e hizo una mueca por el dolor. A pesar de todo esto, Tsunayoushi no aceptaba la derrota. Él fue prácticamente un saco de boxeo durante treinta minutos, y aún así se levanta, esperando un milagro.
—Tsuna inútil —el italiano le habla continuamente al hombre derrotado en el piso—. ¿Dónde aprendiste esto… llamado "artes marciales"?
Reborn encontró la fuerza física tan ridícula, justo como una gran broma. Seguro, Tsunayoshi era menos que un amateur, pero la forma en la que su ahijado estaba de pie, esas posturas lucían extrañamente familiares. Esas posturas fueron hechas para ser aprendidas, no podían ser imitadas tan fácilmente. Tsunayoushi tenía talento, pero no tenía práctica.
En las novelas que Tsunayoushi había comenzado a leer, su mentor, el único que le enseñó autodefensa y nutrió su crecimiento siempre fue —y será— Reborn. El hombre con los ojos aduladores nunca fue bueno diciendo mentiras y no quiere comenzar ahora, así que mira hacia arriba y le dice al hombre:
—Tú lo hiciste —tiembla mientras intenta levantarse—. Tú me enseñaste estas cosas.
En un arranque de ira Reborn se desliza con frenesí y le da a Tsunayoushi un último golpe. Era un golpe directo a la quijada (tal vez para regresarle el primer favor) lo que envía de vuelta la cabeza del joven al piso. El italiano cree que el otro ha tenido suficiente; no se levantará (no esta vez). Pero Tsunayoushi aún no acaba, aún intenta levantarse, sus rodillas temblando como un listón atrapado por el viento. Se está excediendo, lo sabía, pero quiere dejar un mensaje en el otro hombre.
"Sin ti, ¿quién soy yo?" Los ojos de Tsunayoushi parecen preguntarle a Reborn.
Ahora tengo una respuesta.
Su contacto visual fue muy corto, pero súbitamente parecía que el castaño estaba enfermándose. Arquea como si estuviera a punto de vomitar, pero lo único que sale de su boca es sangre y un diente. Cuando levantó su cabeza, su mirada era seria y honesta. Reborn nunca había visto a Tsunayoushi tan seguro de algo en su vida.
—Yo soy… Sawada Tsunayoushi.
El castaño permaneció conmocionado, pero lentamente cubre su rostro para cubrir su vergüenza, y Squalo silba, un tono de bajo a alto que iguala a cuán impresionante fue la vista sangrienta.
—Nunca me mientas —Reborn dice con frialdad en los ojos, y con eso se va hacia el elevador al final del gimnasio.
Xanxus rueda los ojos y se queda observando con decepción al joven presidente de Vongola, se voltea hacia Squalo quien ya estaba llamando a una enfermera de adentro del edificio, pero no antes sin escuchar, desde la distancia, a Tsunayoushi decir:
—Nunca lo he hecho.
El sonido del agua hizo eco a través del baño en el que Tsunayoushi está. Después de su batalla unilateral y el tratamiento de una enfermera de la instalación., hizo su camino hacia el baño para lavar su rostro.
Se veía terrible.
Se miró a sí mismo en el espejo y comenzó a tocar y picar su cara con curiosidad. Su rostro estaba amoratado e inflado; sus ojos estaban rojos e hinchados como si hubiera terminado un buen llanto (no se dejaría). Suspiró mientras pensaba en una explicación para sus dos hermanos, Dino y Giotto, sobre su apariencia. Nada parecía escapárseles e imaginó sus expresiones de preocupación cuando lo viesen después de este evento. Tsunayoushi comenzó a lavar sus manos y suspiró. —Pero estoy haciendo esto por ellos. No deberían estar envueltos…
El castaño miró alrededor del baño, buscando si había alguien más a su alrededor, no quería ser atrapado en un momento embarazoso, así que cuando está seguro de que no hay moros en la costa, toma acción. Abre grande y ampliamente su boca para ver exactamente qué diente fue el que Reborn logró sacarle y, para su fortuna, fue uno muy lejano, al fondo de su boca.
Tsunayoushi se sorprende cuando escucha la puerta abrirse, y se torna más ansioso cuando ve quién es el que ha entrado en la habitación. Era Xanxus. El hombre con los ojos violentos hizo un movimiento que indicó que era consciente de la presencia del otro, un rápido asentimiento de cabeza en la dirección de Tsunayoushi. Xanxus camina hacia un urinario mientras Tsunayoushi da una respuesta obvia de la situación; aleja la mirada, respetando la privacidad del otro. Tan pronto como se voltea, algo llama su atención en el rabillo de su ojo… era una pluma. Una explosión de plumas hace erupción en los dos hombres, dejando una alfombra de color, sus pasos ahora son suaves y se han amortiguado.
Tsunayoushi está impávido por todo esto, así que sólo traga y trata de tomar tanto como pueda de este fenómeno. Había plumas de cada color, forma y tamaño; le recordaban el día que firmó la aceptación para convertirse en el presidente de Vongola, aunque ahora piensa "Bien, ¿qué bien hizo eso?".
—¿Qué demonios estás mirando? —Xanxus pregunta mientras observa directamente el muro encima del urinario. El castaño se da cuenta de que observar a un hombre orinando era, ciertamente, extraño, así que pretende no notar la caída de las plumas.
—Na-nada, lo-lo siento mucho —tartamudea.
El sonido de una cremallera subiéndose es escuchado, después pasos pesados.
—Como sea —Xanxus dice mientras lava sus manos, el sonido del agua golpeando el lavabo se intensificó diez veces más de lo normal. Sonaban como tambores de guerra. —¿Qué carajo sucede con las plumas?
El rostro de Tsunayoushi lucía estupefacto y trastornado, sus pupilas desenfocadas y titubeantes. Voltea hacia un lado para mirar el espejo y en ese rápido movimiento de su ojo ve algo particular. Las plumas que claramente puede ver, tocar y sentir mientras caían en el baño no tenían reflejo en el espejo. Le recordaron los mitos de vampiros sobre los que Dino, siendo un niño, le leería, "los vampiros no son visibles en los espejos", recordó al rubio diciéndole.
—¿Quieres decir que puedes verlas?
Después del estallido del hombre desconcertado, Xanxus camina hacia él con una incrédula mirada en su rostro, destacando por encima de él fácilmente. Sus rojos ojos parecían decir "¿me tomas por un idiota?".
—¿Tú no puedes? —el hombre resopló—. Mocoso, la primera vez que hablamos en el cuarto del viejo también las vi. No sólo eres un idiota, ¿también eres ciego?
Los ojos de Tsunayoushi se ampliaron. Xanxus podía ver, ¡podía sentir esta pausa de tiempo (o lo que fueran esas cosas) desde el principio! El hombre en el traje blanco sabía, tenía que hacer a Xanxus su aliado, no podía dejar que Reborn lo tuviera.
—Xanxus-san, por favor escúchame… —la voz de Tsunayoushi era un silencioso susurro, áspero y urgente.— Lo que estamos viendo… es causado por nuestras "vidas pasadas", por decirlo así. Sé que esto es disparatado y no tenemos mucho tiempo… —los ojos del castaño veían en cada dirección, asegurándose de que nadie pudiera escuchar, y al mismo tiempo observa el fenómeno tomando lugar.— Pero, por favor, ¿no me escucharías? Tú… estás siendo engañado, todos nosotros lo estamos…
El hombre más alto permanece pasmado, sin embargo permanece.
—Basura, ¿qué es lo que estás parloteando? Nada, sólo mierda y estupideces. Tu padrino te golpeó muy duro en la cabeza.
Xanxus le da la espalda al otro, pero tan pronto como lo hace siente la palma de una mano agarrando la parte trasera de su camisa. Puede sentir el temblor del otro, puede sentir la esperanza que el otro le ha concedido a su espalda.
—Quita tu mano o te mataré.
En lugar de tener cumplida su amenaza, se encuentra con una fría risa. Las plumas continúan cayendo, esta vez sólo las blancas, dejando pequeños puntos en el piso.
—No puedes matarme, no podrías hacerlo… no tienes control de mi destino. Pero, siendo honesto —Tsunayoushi mira hacia el piso—, tampoco yo.
—¡Mentira! —Xanxus se voltea, agarra al otro por la camisa y jala a Tsunayoushi hacia su rostro, levantándole del suelo—. ¡El destino no está malditamente dado, se gana tú patético pedazo de mierda!
Estuvo silencioso por un rato.
De repente, Xanxus siente la caída de gotas de agua en sus manos, su agarre aún en la camisa del más pequeño. En su vida entera no confió en los ojos de nadie, a excepción de los suyos, pero todo cambió cuando vio esas pequeñas gotas transformarse en cortes de cartulina en diferentes formas de estrellas. Lucían como papel de construcción, esas cosas que Xanxus odiaba cuando niño porque él nunca fue de los que cortaban dentro de las líneas. Mira hacia arriba para encontrar a la fuente del fenómeno extraño y ve que vienen de Tsunayoushi. Eran sus lágrimas.
Mientras Tsunayoushi se limpia sus lágrimas convertidas en estrellas de papel de construcción, estas caen al suelo, uniéndose a las plumas y la sangre que viene de las heridas reabiertas del castaño. Picaban.
Los ojos de Tsunayoushi estaban observando directamente a Xanxus, como si estuvieran consumiéndose en una desesperación que era más profunda que los siete mares. El castaño toma un respiro hondo, todo en un lento movimiento, por la estática y el dolor.
—Entonces, ¿¡qué demonios se supone que debo hacer!? —La observación de Tsunayoushi engulló la habitación entera. Esa fue toda su confusión acumulada, ese simple hecho, algo que él quería decir, su desesperación ni siquiera estaba en un nivel humano. Estaba volviéndose loco poco a poco.
El hombre más alto suelta su agarre en la camisa del otro, haciendo que Tsunayoushi cayera en su trasero y pregunta:
—¿Qué es lo que quieres?
Xanxus no sabía qué era lo que estaba diciendo, sólo estaba recitando frases como las de una interpretación. Los actores estaban ahí, ¡y acción! Acto 10 escena 2.
—Quiero salvarte.
Xanxus recupera el control de su cuerpo y grita: —¿Quién te crees que eres, tú idiota1? ¿¡Quién eres tú para salvarme!?
—Moriría por ti, moriría por todos, pero sólo quiero hacerlo porque puede ser la única manera.
—Eso me está molestando —pensó Xanxus— y no sé por qué…
En lugar de permanecer en silencio, Xanxus —inusualmente— dejó que sus hombros se relajaran. Algo que nunca hace con nadie.
—¿Me tienes miedo?
Tsunayoushi se levanta mientras las plumas se pegan a la sangre en su camisa. Estaban manchadas en agradables tonalidades de color.
—Sí, te temo. Temo tus gestos, tu personalidad y tu fuerza… —el castaño traga—. Le temo a todo el mundo. Pero aún así quiero protegerte, quiero proteger a todos, porque nadie se merece que le mientan. Todos… merecen vivir, pero esto no es vivir realmente… Hibari-san me ha enseñado esto. Realmente creo en eso.
Las plumas se detuvieron abruptamente. No había indicaciones de algo anormal tomando lugar unos minutos atrás. Sin piezas de una historia que tomaba lugar.
—Te escucharé —dice Xanxus.
—¿Y eso por qué?
Ambos se observan, aunque sus alturas tuvieran una increíble diferencia, por alguna razón ambos estaban mirándose a los ojos. Xanxus suspiró.
—Porque no eres un mentiroso.
Y con esto, el rostro del más joven cambió a uno de felicidad, la forma en la que sonreía era una rara y verdadera sonrisa. Y estaba dirigida a Xanxus, sin duda alguna.
—¡Gra-gracias!… ¡muchas gracias! —la gratitud era genuina, algo que nunca había pensado que sentiría por Xanxus, la vida es extraña, ¿cierto? Aclara su garganta y se sonroja. —Voy… voy a leerte estos dos capítulos de un libro, ¿sí?
Xanxus le da al otro una mirada de "¿estás bromeando?".
—Son un poco largos, ¡así que escúchame! Entenderás todo después de esto, lo prometo.
Tsunayoushi inhala profundamente… y está preparado para leerle el volumen en el que él era un jefe de la mafia y Xanxus el líder de un escuadrón de asesinato llamado Varia…
Los ojos del mayor de los Sawada lentamente se desvían de la revista hacia el reloj en su muñeca derecha. Ignora los sonrojos que las enfermeras dirigen hacia él, sólo observando hacia arriba cuando fue llamado para su cita.
—Giotto —habló un hombre con gafas y una incipiente barba—, te ves bien.
El rubio sonrió de manera educada. —Ha pasado mucho tiempo, Verde.
El mayor abrió la puerta para el otro y asintió.
—¿Cuál parece ser el problema? He escuchado de Reborn que te estás quedando con tu hermano más joven.
Verde y Giotto caminaron hacia la puerta abierta en el pasillo. Como la mayoría de las instalaciones de salud, olía a desinfectante, olía y lucía como vitaminas y píldoras. Jeringas. Giotto siempre odió ir a los hospitales, porque para él, no olían como esas cosas. Para él olía a muerte pura y sentía melancolía. Odiaba ir con el médico si no era necesario, y no le gustaba, especialmente, cuando Tsunayoushi estaba enfermo. Si Tsunayoushi estaba enfermo, tendría que buscar atención médica, y Giotto nunca quería que el menor estuviera cerca de uno. No sabía por qué, pero sentía que si el menor ponía un solo paso en esos muros inmaculados jamás le volvería a ver.
Cuando los dos hombres se sentaron en la oficina de Verde, Giotto comenzó a hablar.
—Estoy aquí para pedir tu consejo profesional; eres competente en Psicología, ¿cierto? —el rubio cruzó sus piernas y estrechó sus ojos en un profundo pensamiento mientras Verde comenzaba a voltear los archivos de sus pacientes.
—Ahora me has intrigado, ¿de qué se trata todo esto? —el hombre con el cabello de extraño color sonrió—. Giotto, ¿estás angustiado?
Giotto no respondió.
—El orgulloso Giotto, ¿pidiéndome ayuda? —Verde chasqueó—. Los cuatro jinetes del apocalipsis harán una pronta apariencia, ¿no?
El hombre con el sol en sus ojos esperaba esta reacción de parte de Verde, por años Giotto siempre fue de los que hacían las cosas solo, pero ahora, esta vez él había pedido ayuda. Se tragó su orgullo y habló.
—He hecho creer a Tsunayoushi y Dino que me estoy quedando en casa de mi hermano menor por sólo una razón, y esa es recuperar el lazo perdido que había entre nosotros. Pero eso no es todo, ellos no saben por qué realmente escogí quedarme cerca de ellos —los ojos de Giotto titilaron, el tictac del reloj a la izquierda resonaba fuertemente—. Desde que tenía dieciséis, he estado teniendo sueños extraños sobre mi hermano más pequeño.
Verde colocó una mano como si fuera a interrumpir al otro. Como si hubiese escuchado esto millones de veces.
—Tener sueños sexuales que no entendemos es normal. No te indica que tienes deseos lujuriosos escondidos por tu hermano. Ahora, sería un problema si fuera todos los días, pero esto parece ser otro…
—¡No es eso! —el más joven masajeó sus sienes, obviamente el mayor estaba divirtiéndose con esto, Giotto pensó. Verde y Reborn se odian el uno al otro pero son iguales. —Tengo sueños con mi hermano menor, algunas veces parece que estoy siendo testigo en una película, otras veces estoy en ella y veo mis movimientos, pero todo termina igual.
El lapicero de Verde hizo un clic.
—En todos mis sueños Tsunayoushi muere.
El hombre con el cabello verde ahora lucía como un profesional, sus manos rápidas anotando su consulta con el paciente.
—¿La causa de muerte siempre es la misma? —Verde pregunta.
—No. Él muere de distintas formas. Algunas veces he visto a Mukuro, él es su amigo desde la infancia, matarlo; aunque siempre es en un extraño accidente. Algunas veces es Reborn y otras es en extrañas y perturbadoras situaciones. Hay tantos Tsunayoushis en mis sueños pero sé que es él. Algunas veces es una mujer, otras es un niño, siempre cambiando de ocupación, género y posición social. Hay tantos Tsunayoushis que he conocido en mis sueños pero todos son "él". No tengo otra manera de explicarlo. Pero recientemente… —Giotto apretó firmemente el dobladillo de su pantalón— los sueños parecen más reales, más bien que mis sueños se están filtrando en mi vida diaria. Veo cosas extrañas, algunas veces humo. Siento que estos sueños, o alucinaciones, vienen a alcanzarme. Me cuesta decir cuándo estoy soñando o viviendo… Y esa es mi justificación para quedarme con Tsunayoushi. Temo que mis sueños sean una advertencia de algún tipo, diciéndome que si no hago algo… entonces él desaparecerá un día inevitablemente, sin dejar rastro.
El tictac del reloj parecía estar al máximo volumen.
—Temo eso —Giotto habla en apenas un susurro—. Pero sé, que este sentimiento dentro de mí, puedes llamarlo híper intuición si quieres, está tan presente que debo usarlo con mi hermano pequeño.
Y como un científico y un médico profesional, Verde sabía cuándo era el momento para dibujar una línea.
—Hay una explicación científica para todo. Ahora, ¿no crees que estos sueños sean causados por algún tipo de culpa que puedas tener? Tal vez piensas que has fallado como hermano mayor, tal vez es algún tipo de trauma reprimido. Por la forma en que lo describes, no tener una distinción de la realidad es un síntoma de depresión mental, también de esquizofrenia.
Verde colocó los archivos de sus pacientes de vuelta al gabinete junto a él, mueve sus ojos para entrever la reacción de Giotto. No lucía muy convencido, se veía decepcionado, lo que era una reacción esperada de cualquier persona hacia un diagnóstico mental de esa magnitud.
—No es nada de eso —en este punto el joven estaba a punto de golpear al otro. ¿¡Es que acaso no entendía!? —Estos "sueños" han alcanzado terribles niveles, aún más desde que comencé a dormir en la casa de Tsunayoushi. Algunas veces me atormentan.
Los ojos de Verde titilaron y a Giotto no le gustó eso para nada.
—¿Atormentado? ¿Por quién?
—No lo sé. Otras veces estoy asesinando, soy algún tipo de mafioso, tal vez un líder. Algunas veces soy un príncipe con corona. Las veces en las que mis víctimas están gritando, o cuando alguien trata de herirme, se siente real. El sabor del miedo, la adrenalina, los siento por todo mi cuerpo.
—¿Estás familiarizado con el término "alucinación hipnogógica"? Ocurren cuando no estás completamente despierto, o viceversa. Los fenómenos mentales que ocurren durante esta fase incluyen sueños lúcidos, alucinaciones, experiencias "fuera del cuerpo" y parálisis del sueño. Esto usualmente ocurre cuando hay presión, y muchas personas las han experimentado en algún punto en sus vidas, pero las alucinaciones intensas y recurrentes pueden ser una señal de una condición médica subyacente que puede requerir tratamiento —el hombre continuó con el clic de su lapicero en todo momento—. O es un problema mental. En ese caso se necesita tratamiento psicológico.
Enfatizó el "tratamiento psicológico", mirando al rubio frente a él con una burlona superioridad y Giotto se regañó a sí mismo. No debería haber venido aquí, se dijo.
—Así que estás diciendo que soy esquizofrénico. ¿Es eso? —la paciencia de Giotto se estaba agotando—. ¿Cómo puede ser si nunca antes he sido hospitalizado por alguna enfermedad mental? Mi registro está limpio.
—Hay muchos casos cuando uno está bien, y de la nada les golpea la esquizofrenia. Usualmente ocurre en hombres jóvenes en sus veintes… —la sonrisa nunca dejó el rostro de Verde— De cualquier modo, esa es mi suposición científica, mucho mejor que tu hipótesis.
Giotto no pudo seguir soportando el tono condescendiente del otro hombre. Se levanta y toma su abrigo del perchero.
—La ciencia no lo es todo, Verde —el más joven de los dos dice en la puerta, malicioso y enojado.
—Sí, lo es —dice sabiamente el mayor, inconsciente e ignorante de cuán complejo y misterioso es el mundo. Cómo realmente no aplicaba a las leyes del universo, a excepción de las humanas—. Simplemente no tenemos toda la ciencia en estos momentos.
Giotto azota la puerta mientras Verde espera su próximo paciente.
Cuando Tsunayoushi regresa a su apartamento, no está sorprendido por la mirada en los rostros de sus dos hermanos mayores. Estaban absolutamente lívidos, Giotto ni siquiera le dio espacio o privacidad, tratando de ver qué estaba bajo su traje, dónde estaban las otras heridas.
—¿Quién te hizo esto? —Dino preguntó sin ayudar a su hermano menor de los agarres de Giotto. Esto es justificado, razonó. Hizo una mueca de dolor cuando vio una de las heridas en el pecho de Tsunayoushi.
Tratando de cubrirse a sí mismo, el más joven del trío se trabó un poco con sus propias palabras: —Me caí de las escaleras.
En ese momento la puerta se abrió para dejar pasar a Reborn. Se quitó su sombrero y abrigo, colocándolo en la percha pero no antes de que Dino notara un parche en el rostro de Reborn.
—Tsunayoushi, eres el peor mentiroso —Giotto dice, demasiado molesto para gritar, demasiado preocupado para detenerse—. Dime la verdad esta vez, ¿quién te hirió?
Dino observa entre Tsunayoushi y Reborn. Sus ojos cafés intencionadamente le observaban y dijo: —Bien, ¿qué está sucediendo aquí? ¿Ustedes dos tuvieron una pelea de algún tipo? Porque si es así, Reborn… creo que te excediste.
—No hice nada, ¿verdad Tsunayoushi? —El italiano se sienta en el sillón, ni siquiera parpadeó. Estaba pensando "¿Qué recuerdas? ¿Cuánto recuerdas? ¿Ya es hora?".
Tsunayoushi no dice algo, pero tan pronto como Reborn se sienta en el sillón se levanta rápidamente y corre a su habitación.
—¡Tsunayoshi! —Giotto gritó preocupado. La puerta de la habitación de su hermano menor cerrada en su cara. Dino trata de forzar al chico para que salga, para hablar con él, pero se encuentran con la misma puerta blanca. El rubio suspira y se voltea hacia su hermano mayor, Giotto estaba fiero, más allá de la creencia. Miró a Reborn como si estuviera listo para abalanzársele justo ahí y en ese momento; así lo hizo. Dejó al rey de las bestias consumir su odio por el otro hombre.
—¡Lárgate de la casa de mi hermano! ¡Mejor aún, de su vida! —Dino trató de ponerse entre ellos pero sólo fue puesto a un lado por Reborn y Giotto. —Todo lo que haces es causarle dolor, porque no puedes pensar por ti mismo. Tú, quien ha alentado su baja autoestima. ¡Puede funcionar sin ti! ¡Él no es tuyo y nunca lo será! ¡Aléjate de mi familia! —Inhaló— ¡Él no te necesita!
Y con eso, Reborn se levanta y mira al otro con ojos que parecía que no mostraba remordimiento alguno. Un verdadero carnívoro con el entusiasmo de asesinar.
—Eres el único que no es querido aquí. No eres nada más que un hipócrita, siempre insensible a los sentimientos de tu hermano cuando era un niño, avergonzado de él por sus maneras y disposición cobarde. Tsunayoushi ni siquiera te quiere, te odia.
—Es de esperarse… —Giotto sonrió amargamente, como si todo fuera una gran broma— es lo que me merezco después de haberle tratado cruelmente, ¿cierto?
Justo cuando Giotto termina lo que tiene que decir, se voltea y se dirige hacia el cuarto que su hermano menor le ha dado, y en esa fracción de segundo Dino vio algo. En el momento en el que Giotto se voltea hacia el cuarto, hay algo en sus ojos.
Dino supo qué eran en el momento en el que su hermano dio un portazo. Eran sus lágrimas.
El grifo comenzó a gotear un poco, la luz del encendedor de Reborn era la única luz en la casa. Mientras titilaba, levantó el cigarro, lo fumó y sopló una nube blanca.
—Sabes…—Dino comenzó, el sabor del cigarrillo es vainilla, dedujo— Giotto y Tsuna son muy parecidos. No pensarías eso, pero lo son. Supongo que sólo las personas que han vivido con ellos su vida entera lo sabrían. Ambos son sensibles con sus sentimientos, también con los de otros. Ellos te conocen. Simplemente lo hacen —el rubio parecía maduro, su rostro de astucia estaba en él. Un gran semental—. También tienen las mismas respuestas, pero no las mismas reacciones a las cosas. Soy el único que es diferente entre nosotros tres. Yo no soy tan indulgente.
Y con esto, Reborn mira de reojo a Dino.
—La próxima vez que hieras a alguno de ellos con tus acciones o palabras, seré el único enojado.
El rubio salió hecho una furia de la casa, muy molesto y necesitando una bebida. No le dirige una segunda mirada al otro, demasiado envuelto en sus pensamientos para que le importara. Ahí deja a Reborn con sus propios pensamientos, sin reacción en su rostro a excepción de fría indiferencia. Continúa fumando su cigarrillo, la esencia del tabaco es una fuerte.
—Como una mariposa a un capullo —Reborn advierte y apaga la luz de su cigarro en el cenicero—. Ustedes dos pronto serán embaucados.
Mukuro levanta su cabeza para ver un salón vacío, una nostalgia le golpea con toda su fuerza. Un pizarrón de un verde oscuro que le rememoraba voces y risas, la tiza que le recordaba tomar notas. La única diferencia era que los asientos usualmente llenos con estudiantes estaban vacíos, era el único en el salón, y sólo entonces se dio cuenta de cuán grande el cuarto era actualmente.
—Ah —el hombre de cabello índigo dice mientras levanta su cabeza—. Estoy soñando otra vez.
Mukuro ajusta su visión para la otra persona en la habitación, su cabeza abajo y sus hombros moviéndose lentamente. Era Sawada Tsunayoushi, no el del tiempo presente sino el chico que estaba alcanzando la adolescencia, el Tsunayoushi del que Mukuro se enamoró. Mirando la forma del chico durmiente regresaron a él muchos recuerdos que eran queridas para él. Los hombros y espalda de Tsunayoushi eran de un gran confort para los días escolares del joven Mukuro. Si había un problema en casa, o un día aburrido en la escuela, esos hombros y mechones de cabello le aseguraban que él era fuerte. Tenía que ser fuerte porque quería estar a su lado.
Mientras el hombre hetero-cromático se levanta nota su reflejo en las ventanas a su lado. Su reflejo es uno de un joven adolescente vestido de una manera novedosa y a la vez rebelde. Joven e irritado.
Sonríe con esa cruel sonrisa suya y ríe a través de su nariz. "El tiempo vuela rápidamente, ¿no es así?" piensa cuando se voltea una vez más hacia Tsunayoushi. Camina y se quita su chaqueta, sólo para ponerla en los hombros del otro como un tipo de frazada.
Todas las ventanas del salón estaban abiertas y el sol comenzó a ponerse. Aunque el sangriento sol se imponía sobre el salón completo, Mukuro sólo podía observar a la persona frente a él. Se inclina más cerca, hacia la oreja del otro chico.
—No entiendes mi amor, ninguno de nosotros lo hace —Mukuro dice al chico durmiente, la Alicia atrapada en la tierra de los sueños—. ¿Por qué este tipo de cosas siguen sucediendo?
—Por culpa del destino.
Zapatos blancos y resbaladizos golpearon el suelo de manera juguetona. Byakuran permanece con un traje sin saco, su esquema monocromático es una deprimente comparación con el color y la vida de la escuela. Destacaba.
Saluda al chico confundido frente a él. —¡Hola!
Los ojos del muchacho de cabello índigo se estrechan en desconfianza, sus hombros se tensan y alertan al mismo tiempo mientras se detiene enfrente del escritorio del chico durmiente. Protegiéndole.
—¿Quién eres tú? ¿Qué estás haciendo en mis sueños?
Byakuran alcanza una bolsa pequeña de starbust2 que tenía en su bolsillo.
—¡Es un placer conocerte Muku-chan! —el hombre de cabello blanco exclamó—. Te he conocido desde siempre pero esta es mi primera vez que nos encontramos en esta vida. ¡Sigues siendo el mismo de siempre!
Mukuro nunca había visto en su vida al hombre frente a él pero le sigue el juego.
—Es un poco grosero, ¿no lo crees? Que tú sabes mi nombre pero yo desconozco el tuyo —no deja el lado de Tsunayoushi—. ¿Cómo debería llamarte?
—Hmmm, ¡mi nombre es Byakuran!¡Pero puedes llamarme Byaku-byaku!
—Encantador —Mukuro dice sin sentirlo—. Ahora, te preguntaré nuevamente, ¿quién eres? ¿Por qué estás en mis sueños?
El hombre de cabello blanco suprime una risita, la bolsa de dulces haciendo ruido cada vez que alcanza uno más.
—Soy dios —dice entre mascadas, como si estuviese hablando del clima, como si dijese "2+2=4". Ese tipo de cosa.
Una campana alejada comienza a sonar, el destino estaba girando.
Los escritorios y sillas del salón habían comenzado a pudrirse, convirtiéndose en madera vieja y polvo. Unas cuantas plumas estaban creciendo de una pequeña y ancha pata, pero las tres personas en el cuarto permanecen exactamente en los mismos puntos, en las mismas posiciones.
Mukuro tenía su rostro impasible, un gesto de sonrisa con ojos perspicaces que había perfeccionado a lo largo de los años. No había señal de incredulidad, ni gran agitación en su mente. —Estamos dormidos —propuso—. Nuestra vida es un sueño. Pero a veces despertamos, sólo lo suficiente para saber que estamos soñando. ¿Estoy en lo cierto? ¿Pero sólo unas pocas personas se han dado cuenta de esto?
Entretenido por la hipótesis del otro, Byakuran mete otro starburst en su boca y camina hacia el escritorio del profesor. Se inclina en él. —¡Estás tibio! —dice en una voz cantarina—. No del todo. Todo lo que has soñado era meramente tú existiendo en todos los libros en los que estás escrito. Eres un chico listo Muku-chan, así que trata de entenderlo. El tú en este mundo, cuando está despierto está viviendo esta vida. Pero cuando estás dormido estás meramente reviviendo incontables vidas al mismo tiempo. Estás atrapando vistazos de lo que eras, o en lo que te has convertido. Por supuesto, el ciclo de sueño es de 90 a 110 minutos, que es cuando experimentas este "fenómeno".
Justo cuando Byakuran inserta otro dulce y cierra la boca, Mukuro aúlla de dolor y tensa su ojo descolorido. Nunca antes había sentido esta cantidad de dolor en su vida, se sentía como si la voz del hombre de cabello blanco estuviera alcanzando y descubriendo su cerebro. Demoliendo su cráneo. En ese momento había una cantidad arrolladora de imágenes siendo colocadas en su mente, era como un pase de fotografías con una velocidad inhumana e imposible. Colapsó en el piso, marchitándose en agonía, revelándole a Byakuran la vista de su ojo "infectado". No había pupilas o iris. En su lugar había una pequeña pantalla de película, exhibiendo cada cosa que Mukuro había visto en su mente en ese momento exacto.
—Todo lo que ves en este sueño, justo ahora, el encuentro entre tú y yo, está fuera de lo ordinario. Es un disturbio en el flujo de este universo. Esto nunca ha pasado antes.
Mukuro dejó de temblar, tranquilizándose a sí mismo como si nada hubiese sucedido. Su respiración era errática, pero no dejó que manchara su orgullo. Porque en este momento fue asaltado con incontables imágenes, vio incontables vidas pasadas como si estuviera leyendo cada una, y se detuvo justo cuando Tsunayoushi peleó con su padrino Reborn. Ahora, en el ojo derecho del hombre había un kanji para el número "seis".
Una flama de niebla se forma en su ojo derecho mientras su postura cambia a una de combate. Un tridente, mortal y amenazante está en su otra mano, apuntando al cuello del dios.
El Reino de los Demonios.
—Ahora entiendo todo. Bien, eso es todo lo que nos has dejado saber, ¿correcto? —Mukuro se veía absolutamente molesto, una larga sonrisa adornando su rostro, sus ojos salvajes como los de una bestia—. Por favor, diviérteme ¡oh, Divino Creador! Me temo que aún no he comprendido esto del todo —el otro ojo de Mukuro tenía un tic nervioso incontrolable, su voz era de un tono débil—. Esto significa que… ¿cada persona en este mundo tiene un libro escrito específicamente para ellos? ¿Les has repartido un alma y has estado usando sus almas una y otra vez? ¿Es así como el universo funciona? ¿Es esta la verdad de este universo?
Byakuran continuó comiendo sus mezclas azucaradas cuando Mukuro habló, ni siquiera estaba un poco preocupado por las puntas afiladas apuntando a su cuello.
—Tú eres la única persona que se ha dado cuenta de esto. ¡Mereces una estrella dorada! —El hombre de cabello blanco sacó, de la nada, un lanzador de confeti, liberando serpentinas y confeti—. Todos los demás, con ello quiero decir todas las personas en tu vida, esos quienes piensan que han aprendido algo sobre cómo funciona este universo, piensan que sólo tienen libros escritos sobre ellos, que son meramente personajes —los ojos de un amatista claro brillaron—… ¡pero eso no es del todo cierto! Seguro, los he usado para que aprendieran de sus experiencias, pero esta es una relación de dar y recibir. No saben nada, que todos en este mundo son exactamente como ellos. Esta es la forma en que funciona el mundo que creé. Es muy conveniente para mí, especialmente para dirigir. Esta manera es mejor que el mundo de Shoichi. Su universo apesta; ¡el suyo es tan pequeño comparado con este! Sólo hay un planeta en el que los humanos pueden vivir y se llama "Tierra". ¡Qué nombre tan tonto!
El tridente de Mukuro no tiembla. Quiere preguntar tantas cosas, principalmente "¿Quién es Shoichi? ¿Por qué Tierra? Todo el mundo sabe que es un planeta inhabitable. ¿Esto significa que hay distintos universos aparte de este? ¿Mi existencia es importante?".
—Así que Tsunayoushi y los otros sólo piensan que este problema existe dentro de nuestra pequeña esfera, pero realmente está en una escala mucho mayor. Esto afecta el universo entero que has creado —tan pronto como el hombre de cabello índigo murmuró estas impactantes revelaciones, anochece en el salón entero.
Mukuro no podía sentir por sí mismo; sólo podía sentir el viento pasando alrededor de donde sus orejas deberían estar. Huele una fragancia ligera de flores de loto y escucha el sonido de agua goteando. Un grifo que alguien olvidó cerrar.
—¿Viste todas esas veces en las que accidentalmente asesinaste a Tsunayoushi cuando estabas tratando de protegerle? Casi siento lástima por ti.
La voz provenía de todos lados, como si fuera un altavoz de una tienda departamental. No había escape para la voz de Byakuran.
Mukuro apretó los dientes.
—Él siempre escogió morir; no lo mataré esta vez. Estoy seguro de ello.
—No puedes pelear contra el destino —la voz de Byakuran hizo eco.
Repentinamente, Mukuro comienza a sentir nuevamente su cuerpo, pero sólo observa la oscuridad del cosmos. Siente algo pesado sobre él y su ropa se humedece. No lo ve, pero deduce cuál es la cosa con la que podía asociar este sentimiento. Un baño, una zambullida en la piscina, el océano. Atrapado. Encadenado. Frustrado.
Comienza a sentir ira. La ira de un adolescente apocalíptico.
—Este mundo puede quemarse entero, como si me importara.
—¿Estás molesto con Hibari? —Byakuran pregunta como un padre regañando a su hijo.
—Hibari no sabe lo que es el verdadero dolor —Mukuro no mueve sus labios y aún así está hablando, aunque no está seguro del por qué o el cómo—. Es egoísta y mimado. No tiene personalidad, ninguna en absoluto, y aún así Tsunayoushi… él…
El agua le envuelve completa y súbitamente, como el mar hundiendo un barco, su ancla atascada en su lugar.
Un dolor intenso le golpea en su ojo, tanto que le hizo querer morir justo ahí y ahora. Era el peor sentimiento en el mundo, no podía respirar, no podía ver, sólo dolor, nada a su alrededor.
—Tsunayoushi…—Mukuro dice mientras eleva su brazo hacia la nada—…es un idiota.
Mientras Mukuro caía más y más profundo en esa oscuridad que consumía todo, recuerda un momento en su juventud.
Mukuro estaba en su cuarto, trabajando en su escritorio. Tenía una vitrina abierta y colocó un portarretratos dentro de ella. Junto a él había jarros llenos con una paleta de colores y formas. Eran mariposas muertas que había coleccionado duramente en las semanas anteriores. Era su pasatiempo más nuevo y él era el tipo de persona que una vez que lo declaraba pasatiempo, lo vivía y respiraba. Era un chico que creció para ser un hombre de múltiples talentos.
Mientras preparaba sus alfileres para sujetar a la primera mariposa para su preservación, la puerta se abrió.
—¡Mukuro-kun! —Tsunayoushi sonrió con ese gesto tímido suyo—. ¡Chrome-chan y yo terminamos de hacer el curry!
—Oya, oya, ¿es eso? Entonces estaré ahí en un momento.
—Ah, ¿Mukuro-kun? ¿Qué es esto? —el niño castaño movió su mano hacia los objetos en el escritorio del otro chico. En una inspección más cercana sus ojos se abrieron en una cantidad considerable. —¿¡Hiiee!? Mukuro-kun, ¿estas son mariposas?
—Sí —Mukuro le mostró rápidamente una sonrisa encantadora—. Es mi nuevo pasatiempo, preservación de mariposas. Hermosas, ¿no lo son?
El niño castaño asintió con poca energía.
—Pero…
—Pero ¿qué? —Mukuro preguntó cuando colocaba una mariposa monarca en el centro de su demostración.
—¿No es muy triste? Quiero decir… están muertas. ¿No es cruel?
—Con las cosas que amo, quiero preservarlas tanto como sea posible. No estoy contento con sólo mirarlas.
—Así que ese es el por qué atrapaste estas mariposas, ¿cierto? —Tsunayoushi tamborileó ligeramente en los frascos, sus ojos tristes.
—Sí. Prefiero matar las cosas que amo en lugar de que escapen de mí.
—Jaja, bien, al menos no eres así con las personas.
Mukuro sonríe.
—Qué es lo que serás, lo que eres es determinado antes de que nazcas. Pero en tu caso, justo como en el caso de Tsunayoushi, así como el de cada persona viva en este universo, sus almas son diferentes, porque todos ustedes jamás nacieron.
—¿Qué es lo que quieres decir con que nunca nacimos? Contéstame.
—No puedo. No serías capaz de entenderme justo como eres ahora Mukuro. Eres un mero humano, decirte todo esto no tendría sentido.
—¿Y por qué es eso?
—Porque te volverías loco. Un humano que sabe demasiado absolutamente se volvería loco.
—¿Realmente eres dios? Entonces respóndeme esto, ¿por qué unas personas sufren mientras otros no? ¿Quién es Shoichi?
—Soy dios. Pero no de verdad. Soy el dios de este universo, pero si me estás preguntando si soy el dios que ha creado todos los universos, entonces no, no lo soy. Él es mi jefe. Soy más como un director para reforzar la voluntad de dios. Sólo te diré esto sobre mí mismo.
—¿Así que eres el único que nos creó?
—Los creé, pero no a este mundo; sólo hay tres personas en este mundo que no creé. Dos fueron regalos de un colega, del otro… no tengo control sobre él, es un invitado que ha abusado de su recibimiento. Se podría decir que estoy en deuda.
Mukuro pudo sentir su cuerpo una vez más. Empezó a recuperar algún tipo de claridad en su patrón de pensamiento, frunció el ceño y sintió agua a su alrededor, se sintió flotando.
—¿Por qué me estás diciendo todo esto?
—El primer humano para ser creado en mi imagen eres tú, Mukuro. Eres tan cercano a Tsunayoushi… quiero pedirte que recuperes la llave por mí, si lo haces, quemaré el final de este mundo y escribiré uno que se ajuste a tus deseos.
—¿Por qué la llave es tan importante para ti?
—Está relacionada con el trabajo, no puedo revelar más información de ello. ¿Tenemos un trato o no?
Mukuro abrió sus ojos lentamente y se dio cuenta de que estaba en su pesadilla más odiada.
Estaba prisionero en un tubo, le mantenían atado con cadenas y una limpia chaqueta blanca. Era una tumba acuática; la única cosa que le mantenía vivo eran las docenas de tubos unidos a su cuerpo, la máscara de oxígeno en su rostro.
—Nosotros los humanos —habló en su mente— y todo lo que alguna vez hemos creado y conseguido sólo está con nosotros. ¿Es correcto?
—Por supuesto, los logros humanos no nos interesan en lo mínimo —Byakuran dijo frente al tubo, la única cosa que les separaba era simple cristal.
—Entonces, ¿por qué debería un ser supremo como tú hacer tratos conmigo? Seguramente puedes obtener la llave, después de todo eres el dios de este mundo —el cabello de Mukuro se movía hacia atrás y adelante en el agua, la cima del tubo tenía flores de loto que algunas veces flotarían dentro de su campo de visión.
—No puedo ir mientras Reborn esté ahí —esta fue la primera vez que la deidad lucía complacida—. Sabes eso.
—¿Reborn?
—¿No sabes quién es? —Byakuran se veía sorprendido, pero entonces, sus ojos se congelaron en un pensamiento profundo—. Supongo que no recuerdas eso. Él debe haber borrado todo recuerdo de eso —el hombre de cabello blanco llevó un dedo hacia su cabeza, como si resolviera un gran rompecabezas—. Entonces, me pregunto por qué dejó que todos recordaran cuando asesinó a Tsunayoushi, hmmm.
Las cadenas dentro del tanque repiquetearon.
—No entiendo qué está sucediendo, pero de la única cosa que estoy seguro es que no haré tu trabajo sucio. Todo lo que sé es que no eres tan poderoso, tienes tus límites. Hay una manera de derrotarte y la encontraré. Simplemente me quedaré pegado a Reborn.
Y con esto, las pupilas de Byakuran se llenaron de furia.
—¿Vas en contra de Dios? ¿Estás haciendo todo esto por un hombre? ¿¡Por Tsunayoushi y por culpa de tu ego!? ¡Ustedes los humanos me sorprenden! —el hombre de cabello blanco suspira como si realmente le importara, hace un último mohín y se aleja. Hace frente al elevador al final del cuarto.
»Bien Mukuro, desde que no tengo la llave conmigo, no puedo anticipar lo que le sucederá a este mundo. Y sobre Reborn, esta es la primera vez en todas tus vidas que has formado equipo con él… eso es extraño. ¿Quién en el mundo se alía con el Príncipe de la Oscuridad?
El ojo de Mukuro se abrió rápidamente. ¿Satán? ¿Lucifer? ¿Beelzebub? Reborn es… ¿Mefistófeles?
—¿A dónde vas? —Mukuro pregunta mientras el peliblanco entra al elevador.
—Tengo que ir con mi jefe y hacer algo.
—¿Y dónde es eso?
Cuando las puertas comienzan a cerrarse Byakuran abre una bolsa de malvaviscos blancos y rosas. El sonido de la bolsa abriéndose ofreció una esencia de sacarina.
—En la Puerta del Cielo, por supuesto.
Todo se oscureció.
Por favor despierta. Nada de esto es real. Sólo estás teniendo una pesadilla. Por favor despierta.
Cuando Mukuro abrió sus ojos, se dio cuenta de la voz que le estaba llamando, la mano alcanzándole no era otra más que la de Tsunayoushi.
Cerró ambos puños mientras seguía en cama, apretó sus ojos y suspira molesto y con indignación.
—Idiota.
Tsunayoushi abrió sus ojos para encontrarse a sí mismo en el fondo del mar con arrecifes de coral y anémonas. Una ballena jorobada pasó junto a él, así como un pequeño grupo de medusas. No usaba ropa alguna y tenía sus rodillas pegadas a su pecho mientras observaba a su alrededor.
Estaba inusualmente tranquilo para alguien que flotaba bajo los siete mares, pero tal vez la razón por la que estaba tranquilo era porque tenía la habilidad para respirar bajo el agua. Olía a lluvia y a sol. Miró hacia arriba para observar un caleidoscopio de colores en la superficie del océano, pero lo que más le interesaba era que había otro "él". Este tenía ropa que databa de la Europa de los siglos 18 a 19. Estaba vestido como un joven noble, permaneciendo en el terreno del océano con zapatos brillantes y un abrigo extravagante. Pero la cosa peculiar fue que el otro "él" abrió su boca; pequeñas burbujas rojas salían de ella. Había una herida en su estómago.
—Hola —es lo que Tsunayoushi le dice a su otro yo y el otro responde con el mismo gesto—. ¿Qué estás haciendo aquí?
El otro Tsunayoushi sonrió —Me estoy ahogando — dijo como si fuera una cosa obvia, como hablar sobre cartas y flores3—. Tuve un altercado en el bote en el que estaba, durante la conmoción fui arrojado.
—Ya veo —Tsunayoushi se recuerda a sí mismo tratar de encontrar en qué volumen de los libros estaría esa vida—. Bien, entonces, ¿cómo es que estoy aquí siendo yo, y tú acabaste ahí siendo tú?
—Sólo estamos juntos —el otro Tsunayoushi respondió mientras un pequeño banco de peces cebra les rodearon, dejando que la visión de Tsunayoushi se nublara con un blanco y negro. Los dos colores se mezclaron, el nivel del agua desapareciendo como si alguien quitara el corcho del océano.
—Tú eres otra versión de mí, ¿o tal vez soy otra versión tuya?
Tsunayoushi ahora estaba completamente vestido. Usaba solamente un camisón de hospital que le llegaba a las rodillas. Miró hacia arriba para encontrarse a sí mismo en frente de una pequeña cabaña, esas que parecían de cuentos de hadas. Una mujer joven salió de la casa, llevando dos baldes de leche fresca, comienza a caminar sólo para tropezar con una pequeña piedrita.
—No llores sobre la leche derramada —murmuró para sí misma mientras esnifaba. Miró hacia arriba para ver a un hombre que permanecía frente a ella con una mirada de preocupación. Ella y Tsunayoushi compartían el mismo rostro, lucían como auténticos gemelos aunque la longitud de su cabello variaba.
»Está bien que estés confuso —la chica le respondió a su contraparte masculina—. Si realmente estuviéramos juntos, entonces, ¿no experimentaríamos las mismas cosas?
Tsunayoushi se dejó caer en el piso para ayudar a recoger las cosas de la chica pero, tan pronto como tocó la leche, la escena cambió a una de un castillo aristócrata hecho de vidrio con flores a su alrededor. Todas florecieron al mismo tiempo, como si le dieran la bienvenida al invitante que había llegado de rodillas.
Estaba enfrente de un trono, con otro "él" observándole. Se veía un poco mayor, más gentil y menos como un niño. Alguien digno de ser un rey.
—Experimentamos las mismas cosas —el Tsunayoushi mayor dijo al otro en una voz relajante mientras se hincaba en una rodilla—. Tenemos que, y esto es porque todos somos fundamentalmente el mismo. Todos somos el mismo, somos uno, un alma. Siempre terminaremos de la misma manera.
El Tsunayoushi mayor le tiende la mano enguantada en apoyo. Tsunayoushi se levanta, luciendo un poco avergonzado cuando el hombre idéntico a él le mostró rápidamente una amable sonrisa.
¿Realmente este soy yo?
Como si leyera la mente del otro, el Tsunayoushi mayor ríe y dice: —Por supuesto que lo soy. ¿Quién más sería sino tú?
—Oh —dice el Tsunayoushi moderno, el que tenía el camisón de hospital—. Ahora entiendo. La cosa que experimentamos es cómo la vida en sí misma nos ata.
—Correcto —dice el aristócrata—. Es sólo una perspectiva diferente.
—¿Pero por qué existo? —una pregunta inocente—. ¿Por qué existimos?
—Por los Dioses.
Tsunayoushi ve repentinamente una fila de libros todos alineados delicadamente en un estante. El librero había destruido el techo porque era tan alto que llegaba al cielo, y encima de él había un árbol magnífico que tenía millones de nidos de aves. Un árbol de conocimiento. Un árbol de nacimiento. El piar de los pájaros podía ser escuchado y las ramitas caían ligeramente hacia la alfombra de la biblioteca. Byakuran estaba junto a las raíces del árbol, formando pilas de libros y registrando los números y títulos. Le sonrió tiernamente a Tsunayoushi, sus ojos brillando como estrellas y su bocacomo la de un pequeño gatito de pelaje blanco.
—¿Por qué tengo vida? —el castaño le preguntó a la deidad.
Byakuran caminó con pasos relajados y acarició lentamente el rostro del otro. Tsunayoushi no retrocedió ante el toque, le consolaba y le hacía sentir muerto. Paz eterna.
—Porque te anhelaba.
—¿Por qué tengo vida? —Tsunayoushi preguntó nuevamente mientras era encantado por los ojos amatista del otro.
—Porque deseé nada más que lo mejor para ti, para todos ustedes.
—Entonces, ¿qué lograré al final?
Pero no tenía a nadie que contestara sus preguntas porque la escena cambiaba una vez más. Era un pasillo con millones de puertas, y desde que Tsunayoushi no reconocía el edificio como el propio, comenzó a entrar en pánico. Le recordaba a la historia de Reborn. La casa con los millones de puertas. ¿Qué bien haría si diera un solo paso hacia adelante? Todo terminaría igual, todo sería igual. Estaría en el mismo pasillo con puertas distintas, seguiría siendo Sawada Tsunayoushi, el chico que solía llorar todos los días en el preescolar y que gustaba de su tibia sopa miso.
Bajó su cuerpo, agachándose en el pasillo.
—Me rindo. Ya no voy a pelear más.
Permanece así por un poco de tiempo, dejando que el tiempo pase hora tras hora. Tarde o temprano; iría a dormir. Quién sabe, pensó. Tal vez pueda dormir por millones de años como en esa historia. Sucumbe ante el sueño.
—Tsunayoushi.
¿Qué es?
—Tsunayoushi.
No enciendan las luces.
—¡Herbívoro!
Tsunayoushi despertó para seguir siendo rodeado por millones de puertas, el corredor aún angosto y sin fin. Trató de buscar nuevamente aquel sonido, confundido y preocupado que había imaginado la voz de Kyouya.
—Hervíboro, ¡mira arriba!
Por instinto, observa hacia el techo, sorprendido por lo que encontró ahí.
Era el brazo de Kyouya, sólo su brazo y nada más.
—¡Hibari-san! —Tsunayoushi arregló su bata y trató de alargarla por el frío—. ¡Estoy justo aquí!
—¡Toma mi mano!
Tsunayoushi salta en las puntas de sus pies, milagrosamente agarrando el brazo del otro. La mano de Kyouya se sentía fuerte, concreta. Estaba siendo jalado hacia arriba, el techo yendo a través de él como si fuese una cortina.
Cuando fue completamente engullido por el techo, Tsunayoushi se encuentra cara a cara con Kyouya. El hombre más alto estaba usando un kimono negro para hombres, completando con un abrigo corto y, mientras más le observaba, Tsunayoushi se sentía despierto. El castaño no podía explicarlo, pero se sentía que este Kyouya era el real. No el que vería en sus sueños, si eso tenía sentido.
—Hibari-san —es todo lo que Tsunayoushi pudo decir, avergonzado (y por no mencionar con frío) por su bata de hospital. Olvida su vergüenza para mirar a su alrededor.
—Pero esto —Tsunayoushi susurró— es mi sala.
El hombre más alto se sentó en el sillón, inspeccionando al otro como si fuera algún intruso.
—¿Qué estás haciendo en mis sueños? —Kyouya preguntó rudamente.
Hibari-san también lo sintió —Tsunayoushi pensó—, sabe que soy yo.
—No lo sé… ¿qué nos está pasando Hibari-san?
—No lo sé.
—¿Despertaremos alguna vez?
La pregunta se encontró con el silencio.
—Este no es mi primer sueño de hoy. El lugar sigue cambiando, era muy diferente de otras veces. Se siente… como esos lapsos de tiempo, esas ilusiones extrañas que vemos en nuestra vida diaria —Hibari observó a Tsunayoushi, escudriñándole con la mirada—. Y tú, ¿por qué estás usando tal cosa indecente?
—¿¡Cómo que esto es indecente!? —Tsunayoushi preguntó con indignación.
—No eres una mujer —Hibari dijo casualmente—. Es un poco extraño usar un vestido.
—Es una bata de hospital… —pero antes de que el castaño pudiese defender su masculinidad Hibari le arroja su chaqueta. "Úsala" dicen los ojos de Kyouya.
»Gracias —tan pronto como Tsunayoushi se puso el abrigo, fue recibido con calidez. El abrigo era de buena calidad, demasiado grande, pero funcionaría—. Esto me recuerda algo…
Kyouya parpadeó.
—Cuando era pequeño, me gustaba ponerme los zapatos de mi padre y tratar de caminar con ellos. Era un secreto que no compartí con nadie. No sé por qué, pero cuando traté yo…
El hombre con los ojos amables detiene su discurso, cierra su boca y rememora profundamente. Sus ojos titilan por un segundo y Kyouya está observando todo. ¿Qué estaría pensando el herbívoro? Un momento pasa y los ojos de Tsunayoushi se convierten en los de un omnívoro.
—Hay billones de personas en el mundo, en el universo. Todos nosotros estamos definidos por nuestros sentimientos, pensamientos, ideas; estoy muy seguro de que, en algún lugar del mundo, en el cosmos, hay alguien como yo —Tsunayoushi observa el muro frente a él y no a Kyouya, su cuerpo entero se ha girado en la otra dirección—. Así que, si hay alguien como yo, entonces, para comenzar, ¿mi sentido del "yo" es tan importante?
»Y si nuestra entera existencia, la raza humana entera terminara en un día, ¿sería notado?
El semblante de Kyouya no cambió. —Estás asustado de tu autoconocimiento para detener nuestra muerte —añadió.
El castaño asiente, aún sin mirar al otro.
—Entonces eres un tonto y un cobarde —con este hecho Kyouya rechina sus dientes, sus ojos enfurecidos—. Es de conocimiento común que, aunque la "vida" parece permanente, es actualmente el momento más pequeño en la vida del universo. Sabrías esto si no fueses un herbívoro.
—No soy un cobarde —Tsunayoushi replicó, la manera en la que actualmente hizo un intento para contestarle a Kyouya era una conmoción que incluso le sorprendió a él mismo—. No le temo a la muerte… la cosa de la que realmente estoy aterrado es amor. Y por eso quiero decir amor platónico. La muerte es predecible mientras el amor, por otro lado, es algo que algunas veces te deja pudriéndote desde el interior sin importarte sobre si has tenido suficiente de ello.
El amor era algo que ninguno de ellos había abordado, así que ninguno incitó el tema más a fondo.
—Hi-Hibari-san… Hi-Hibari-san… —en ese momento Tsunayoushi se estaba concentrando duramente en contenerse a sí mismo para no llorar al punto de no poder hablar. Pero aún así, tartamudea la única cosa que puede decir. Cubre su boca, rudamente. Su voz opacada mientras habló—. No quiero morir, no quiero morir.
—Tranquilízate —Kyouya ordenó mientras se colocó enfrente de Tsunayoushi, asegurándose no tuviera otra opción más que observar su rostro.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? —Tsunayoushi inquirió mientras miraba hacia el suelo.
—Porque esto es un sueño.
—¿Cómo puedes estar seguro?
—Necesitamos despertar.
—¿Cómo haremos eso?
El hombre con el cabello del color del carbón caminó hacia el librero de Tsunayoushi, apuntando a los lomos de cualquiera que llamara su atención.
—Esperaremos, por supuesto —Kyouya tomó un libro titulado "Nipponia nippon". Ojeó a través de las páginas y observó las fotos de aves—. Para asegurarnos de que esto es un sueño del cual ambos estamos conscientes, lo confirmaremos encontrándonos en el pasillo de las entradas a nuestros departamentos.
El castaño asintió, nervioso mientras jugueteaba con sus pulgares. El sonido de las aves piando podía ser escuchado a la distancia.
—Tsunayoushi —la voz de Kyouya llegó a los oídos del otro, y en esa ocasión sus ojos se encontraron—. Sólo hay una cosa que debo comentar sobre tus preocupaciones.
El castaño tragó mientras los ojos de Kyouya se convertían en algo afectuoso, sin lo mordaz, sin la frialdad.
—No hay nada qué temer —su voz no podía ser la de nadie más que la de Kyouya— cuando estoy a tu lado.
En esa fracción de segundo, Tsunayoushi estuvo sin habla, ¿cómo podía responder a eso? No estaba seguro de sus sentimientos, el aire agridulce le envolvió y le dejó confundido. Pero mientras Hibari le seguía observando más pensamientos empezaron a brotar en su mente.
Sin la llave ahora tengo una opción. ¿Por qué estoy actuando como si estuviera muerto? Hay un número infinito de posibilidades, ¡puedo escoger una de ellas sin que alguien me diga lo contrario!
Kyouya le inspiró. La confianza que ambos tenían se filtraba a través de sus ojos.
¡Conozco mi valor! Tal vez yo… —imagina el rostro del Tsunayoushi que conoció en el castillo de cristal con los millones de flores—…tal vez también pueda convertirme en rey.
El más bajo de los dos se levanta orgullosa y abruptamente para decir: —¡Te juro que cambiaré este mundo! ¡Y nadie puede detenerme!
Entonces Tsunayoushi despertó.
Notas:
Sobre el título: Pink Zebre Beauty es una tarántula (Eupalaestrus campestratus).
1. Aquí Xanxus le dice "little shit". Al no haber algo neutral en español, decidí dejarlo así.
2. Son unos caramelos masticables con distintos sabores frutales.
3. En realidad hace mención a unas flores a las que se les llama botones de oro. Simbolizan la niñez, algo inocente.
Pido una disculpa por la enorme tardanza, la escuela se interpuso en el camino de todo lo que hago. Sólo me queda agradecerles por su paciencia y decir que, aunque tarde eones, no abandonaré la traducción.
Yuuna: ¡Muchas gracias por tu review! Se lo hice saber, no te preocupes. Sobre la película que mencionas, no la he visto, ¿podrías decirme cuál es?. Nuevamente gracias.
