DISCLAIMER: Ningún personaje me pertenece. Todos son propiedad de Rick Riordan y J. K. Rowling, respectivamente. Yo sólo escribo con ánimo de entretener, sin buscar ningún fin de lucro.

ACLARACIÓN: Este fic contiene escenas de alto grado de violencia, abuso infantil y agresión, y Slash, es decir, relación entre dos hombres. Si no es de tu agrado, abandona la página, por favor. ¡Lee bajo tu propio riesgo!


La frontera de la cordura

Harry IX

La próxima vez que Harry abrió los ojos supo que se encontraba en otro recuerdo. Pero si esperaba descubrir alguna otra aventura del semidiós con sus compañeros o monstruos griegos, estaba muy equivocado.

Lo que primero captó su atención fue una cocina pequeña, muy diferente a la que se encontraba en el número cuatro de Privet Drive, y en la cual él había tenido que aprender a hacer el desayuno cuando era niño; posteriormente le habían obligado a ayudar con el almuerzo y la cena hasta que él pudo finalmente hacerlo por sí mismo. No. No se parecía en nada a una cocina que los Dursley utilizarían, en nada a una cocina que su tía Petunia aprobaría en realidad.

Notó que estaba todo revuelto. Había una caja de cereales baratos medio volcada en la mesa; un tazón de leche abandonado casi sin tocar, con una cuchara salpicando el mantel azul de frutas rojas. Podía ver incluso algunos de los cereales azucarados sumergidos en la leche.

El agua de la canilla del fregadero se escapaba paulatinamente, gota por gota, creando una sinfonía constante.

Había también una cocina de horno muy limpia y una nevera pequeña, pero a simple vista se podría afirmar que su espacio era suficiente para almacenar lo justo y lo necesario. Una ventana escondida tras cortinas de un celeste claro dejaba filtrar apenas unos tenues rayos de luz gris, señal de un amanecer o un atardecer de invierno.

Como si el sonido se hubiese zanjado en sus oídos por un momento, luego comenzó a escuchar una voz ajena, interrumpida constantemente por una estática sospechosa.

… así es, Terry. Buenas noches a todos. Nuevamente aquí, con otra edición...

Su mirada cayó en la puerta que daba a una sala casi a oscuras. De repente, el hedor a humo y alcohol fue tal tuvo que cubrirse la nariz para concentrarse. Caminó hacia las voces ahora evidentes y muy audibles, encontrándose con una angosta sala de estar, donde cuatro hombres gordos (no tanto como su tío Vernon o su primo Dudley), casi calvos y con una apariencia de no haberse duchado en tres semanas. La iluminación de la habitación provenía de una bombilla titubeante, posiblemente pronto a quemarse, y de la pantalla de la televisión, cuya estática interrumpía la transmisión y borraba cada cinco minutos lo único medianamente visible en ella: un logo difuso con las letras ESPN.

Harry volvió a mirar a los hombres y reconoció a dos. A quien identificó al instante fue a Gabe Ugliano, quien si no mal recordaba había sido el padrastro de Percy hasta sus doce años, antes de que Sally Jackson se cobrara su venganza con ayuda de la cabeza de Medusa. Vestía una camisa a cuadros desprendida, sobre una camiseta blanca manchada en aceite y de mangas cortas. Pudo ver que tenía algo más de cabello a lo que recordaba y lucía un poco más joven. Afianzaba las cartas de póker en una mano mientras miraba severamente a sus tres acompañantes y masticaba la cola del cigarrillo que se consumía en el aire, pendiente de su boca.

El segundo fue Eddie, si es que recordaba acertadamente. Era posiblemente el más limpio de los cuatro y sus fracciones un poco más amables. Se veía igualmente concentrado en el juego, mirando con fijeza a sus cartas. El hombre era, como había guardado su mente muy atentamente, el que había demostrado algo de simpatía ante las demandas de Gabe a Percy.

La puerta principal se abrió y cerró con fuerza. Ninguno de los hombres se inmutó al sonido, salvo Gabe Ugliano, quien despegó la mirada de sus cartas y echó un vistazo hacia el marco de salida. Harry también se giró a ver, esperando a entrada de alguno de los Jackson.

Cada tensión del recuerdo se suavizó un poco cuando la pequeña y rebelde figura de Percy se dio a ver en la sala. Lucía mucho menor a la primera experiencia, quizá de unos siete u ocho años. Sus fracciones eran más infantiles, más redondeadas, pero continuaba en posesión de aquellos distintivos ojos verde mar y el cabello oscuro un poco más lago y revuelto.

Harry también notó que estaba sucio en tierra, desde su pequeña nariz hasta las rodillas raspadas. Incluso la punta de sus tenis estropeados, como todo niño de su edad. Se sacudía las manos contra los pantalones, en lo que terminaba de ingresar a la sala.

Como un detonador, Percy quedó prendido de la mirada de su padrastro y su ceño se frunció.

—Así que... ya estás aquí—rompió el silencio Gabe, volviendo su atención al juego. Percy miró fijamente la puerta, con un palpable deseo de ir hacia ella.

—¿Dónde está mamá?—preguntó Percy, mirándolo nuevamente.

—Trabajando—respondió el mayor y luego agregó:—. Acércate.

Percy titubeó, y así lo hizo Harry. Había algo en la voz de Ugliano que despertaba su paranoia; aquella que tan extrañamente recordaba en Moody. Observó cómo Percy se acercaba con lentitud, mirando sospechosamente a Gabe, pero manteniéndose muy tranquilo. Harry dio un par de pasos hacia ellos, pero se detuvo ante la reanudación de la conversación.

—¿Tienes dinero?

El sorpresivo arrebato del hombre dejó estático a más de uno.

—¿Qué?—casi gritó Percy, y Harry sintió el aire volverse más pesado a su alrededor—. ¿Por qué te diría a ti?

Ugliano realizó su próximo movimiento, abandonó las cartas cuidadosamente en la mesa, boca abajo, y se respaldó, girando entonces a mirada hacia el menor. Harry titubeó.

—Has estado trabajando a esa florería barata por todo el verano, sé que te pagan y que vienes a pie para no malgastar el dinero que te dan cada día.

—El dinero es para mamá, no para ti—Percy le dirigió una mirada de odio—. La ayudo a ella como tú deberías hacerlo.

Gabe hizo un gesto con su mano, restándole importancia. Sus ojos fijamente puestos en el menor—. Son tiempos difíciles, un ignorante como tu no podría comprenderlo. Ahora, ¿tienes dinero o lo has tirado en alguna basura azul?

Las mejillas del semidiós se colorearon de un rojo intenso.

—¡No te voy a dar nada!—gritó Percy—. ¡Yo hago lo que tú no, trabajar! ¡Si quieres tus estúpidas cervezas y tu maldito tabaco, entonces levanta tu trasero y ve a conseguir un empleo porque yo no te voy a dar nada! ¡Deja de vivir de mi mamá!

Slap

Harry inspiró. Vio perdidamente cómo Percy recibía una bofetada demasiado fuerte de su padrastro, capaz de desviarle el rostro hacia un lado. Sintió que le picaban las manos pero su atención estaba muy situada en el conmocionado rostro del menor. Notó cómo su mejilla se tornaba rojiza, con las claras marcas de dedos grandes, y ligeramente hinchada.

Sus manos ardieron y se las miró. Lo primero que notó fue que su piel había perdido color. Lo segundo que notó fue que Percy había gritado de indignación.

—Escúchame un momento—cortó Ugliano y, arrebatadamente, sujetó a Percy del cabello.

—¡Oye!—espetó Harry, viendo a Percy quejarse, y siendo claramente ignorado.

—Tienes un techo, gracias a . Así que muestra respeto, después de todo lo que he hecho por tí—gruñó Gabe.

Harry sintió un déjà vu muy poderoso. "¡Muchacho desagradecido! ¡Después de todo lo que hemos hecho por ti y así nos pagas! ¡Tienes comida, ropa y un techo! ¡Te hubiésemos abandonado en un orfanato cuando tuvimos la oportunidad!". Sus manos quemaron y cuando las volvió a ver se encontró con dos extremidades blancas que brillaban de un verde menta.

Por un momento no supo qué enfocar. Luego reconoció que estaba mirando sus manos, las cuales literalmente ardían en lo que parecía ser fuego verde. Le recordó al color del fuego de la Red Floo, sólo que más claro.

"Siento que podría..." Detener el tiempo. No. Sanarlo. Había visto ese color antes, lo tenía muy claro, y recordaba especialmente haberlo visto cuando presenciaba una sanación profunda a mano de Madam Pomfrey... durante la guerra.

¿Guerra?

Sí. Madam Pomfrey gritaba a... al profesor Flitwick por ayuda, mientras sus manos ardían en fuego esmeralda sobre el hecho de Padma Patil, la hermana gemela de Parvati, quien yacía en el suelo, como otros tantos cuerpos, y cuerpos, y miraba a su hermana con el brillo extinguiéndosele en los ojos.

¿Por qué todos estaban muriendo? El rostro blanco cenizo de Colin Creevey le llegó a la mente. Sin su cámara, con las manos empapadas en sangre y su cuerpo colgando sobre el hombro de Neville.

Neville...

—¿A dónde vas tú solo?—Neville Longbottom lo había mirado, con recelo. Una herida en la sien le sangraba, abierta, pero no parecía percatarse de ello.

—Forma parte del plan; tengo que hacer una cosa. Escucha...—había dicho él.

Se sujetó la cabeza. De repente la cicatriz no era lo que realmente lo pesaba.

—Tómalo como... nuestro secreto de machotes—sonrió Gabe Ugliano sin afecto, apretando el agarre en la cabeza de Percy—. Si no le dices a tu madre, esto no se repetirá. Si ella se entera... será peor, mucho peor. ¿Comprendes?

"¡Huy, el pequeño engendro Potter! ¿No te basta apestar mi casa con tu presencia y ahora quieres avergonzarme en clase? ¡Le diré a papá y mamá lo que hiciste! ¡Espero te castiguen, como mereces! ¡Pero no antes que nosotros! ¡Vamos chicos, démosle una lección a este rarito! ¡Eh, primo, juguemos Cazando a Harry!"

Percy asintió rápidamente, con una mueca incómoda y la mejilla más hinchada que antes.

—Bien—Ugliano lo soltó sin delicadeza y regresó a su juego, donde sus acompañantes tenían la cabeza tras las cartas, actuando como si no hubiesen visto o escuchado nada. Harry sintió una oleada de asco incrustarse en el estómago.

Titubeante, Percy se alejó y le dirigió una renovada mirada de odio a su padrastro, amagando con salir de allí.

—¿No se te ha olvidado nada?—cuestionó Ugliano, sin despegar la mirada de sus cartas. El semidiós arrugó la nariz y metió la mano en uno de sus bolsillos, dejando sobre la mesa unos cuantos dólares. Gabe sonrió, asquerosamente, según Harry—. Muy bien. Ahora ve a limpiarte, que estás ensuciando el suelo. Y ponte hielo, no querrás que tu madre se preocupe por tu caída en el baño.

Harry no culpó a Percy cuando lo vio salir corriendo de la sala. Sus manos continuaron ardiendo a pesar de que no sabía qué había provocado una reacción semejante.

Entonces, el estallido despertó.


Cuando abrió los ojos lo primero que vio fue luz. Una luz tan poderosa que lo encegueció, pero el rugido lo devolvió a la realidad.

Duerme.

—¡No voy a dormir tranquilo nunca más gracias a ti, asqueroso intento de quimera! Te pondré a dormir a ti-¡Ah, carajo!

Harry abrió por completo sus ojos y se sentó. Ahora la cueva estaba iluminada y, cuando pudo ver bien, descubrió que era gracias a la espada que portaba Percy en ese momento. El semidiós maldecía mientras gritaba hacia los escasos huecos oscuros que aún quedaban a la vista. Cuando se levantó, los ojos del más alto se voltearon hacia él.

—¡Aléjate de la oscuridad! ¡Ven aquí!

Saltó de inmediato. Y mientras corría se percató de un detalle al que no había prestado atención hasta el momento: ninguno de sus bolsillos pesaba. No tenía su varita, ni los restos de ella. Sintió sudar frío. ¿Tal vez la había perdido en la caída? ¿En el río? ¿En el camino? ¿O durante los sueños?

Estaba desarmado, y eso no era reconfortante. De pronto, se sintió realmente inútil.

—¡Me alegra tanto que estés despierto!—gimió Percy cuando lo tuvo al lado, aún apuntando su espada hacia a negrura. Harry vio una cola negra y peluda retorcerse con la luz y desaparecer en la oscuridad. Percy debió haber visto su expresión, por lo que respondió—. La primera vez no pude, pero resistió esta vez. Es un monstruo, al principio pensé que era una quimera pero no lo es. Creo que la luz le hace daño, o le tiene miedo. Exhala, creo. Es el viento que hemos estado sintiendo. Cuando lo sientas, no lo respires, porque te pondrá a dormir.

Monstruos. Harry no quería monstruos, especialmente no tan cerca. Escuchó un gruñido provenir de alguna parte, pero mientras Percy movía la espada, nada los atacaba.

—¿Tienes tu varita?

La pregunta lo tomó por sorpresa y casi lo hizo saltar fuera de la piel. Miró al semidiós y sacudió la cabeza. Claro, pensó, Percy probablemente lo sabía todo de él. Así como Harry en aquel momento sentía saberlo todo de Percy.

—No la tengo. No sé si la perdí en el camino o... o no llegué con ella.

Pecy chasqueó la lengua pero asintió.

—No importa. Vamos a seguir. Todos vamos a seguir luchando, y vamos a salir de aquí. Y volverás a casa, Harry. Lo sabes, ¿verdad?—volvió a mirarlo.

Harry sintió un súbito sofoco.

"Todos vamos a seguir luchando, Harry. Lo sabes, ¿verdad?"

Sí... Sí, de acuerdo—asintió pausadamente. Vio a Percy sonreírle y tuvo el impulso poderoso de abrazarlo. Se detuvo a tiempo—. ¿Cómo salimos de aquí?—se compuso.

—No hay una entrada—informó el semidiós, aún con la espada en lo alto. Su rostro nuevamente serio—. Mientras dormíamos, esa cosa nos movía. Creo que la cueva es mucho más extensa de lo que pensaba. Nos ha llevado al fondo. Si seguimos hacia adelante... supongo...

Harry comprendió. Podía sentir el cuerpo de Percy terriblemente tenso a su lado y, mirando hacia la oscuridad, se decidió por sujetarle el brazo. Sin varita. Sin su capa. Sin el mapa, aunque no le iba a servir de nada. Se sentía desnudo, completamente desarmado e inútil. Nunca se había percatado tanto como en ese momento cuán dependiente era de la magia. Ni siquiera sabía luchar. Era bueno en defensa, y sus reflejos no estaban nada mal, y sin embargo... Tal vez podría volver a hacer aquellos con sus manos, como en el sueño. Pero mientras más lo pensaba, menos efecto sentía. Y menos convencido se iba sintiendo en cuanto a posibilidades.

Dioses, hasta una Snitch podía causarle más reacción. Resopló, sintiendo una memoria llegar rápidamente.

Él, en la entrada del Bosque Prohibido, con una Snitch en la mano. La Snitch que le había heredado Dumbledore en su testamento. Me abro al cierre. Su primera Snitch. La que atapó con la boca. En su primer partido de Quidditch. Inspiró.

"Estoy a punto de morir."

—En la batalla final—dijo Percy súbitamente—. Descubriste... todo. No se lo dijiste a nadie, sin embargo. Fuiste a enfrentar tu destino completamente solo.

El semidiós dobló la mano sobre el mango de su espada y giró a verlo, sonriéndole amablemente. Se inclinó un poco más hacia Harry, hasta que su brazo estuvo completamente apoyado en el pecho del mago. Aceptando el conforte, Harry terminó de aferrarse, abrazando con fuerza.

Había visto a Ginny en cuclillas junto a una niña que susurraba llamando a su madre. Harry había sentido un escalofrío. Le habían dado ganas de gritar allí mismo. Había querido que Ginny supiera que estaba allí y descubriera a dónde iba. Había querido que lo detuvieran, que lo obligaran a volver y lo enviaran a casa...

A casa...

Lo recordaba. Había visto morir a Snape, tras ser atacado por Nagini. Snape le había dado sus memorias; le enseñó cómo había conocido a su madre, cómo y cuánto la había amado, y todo lo que había hecho para protegerlo a él, debido a ella. Por ella. Snape había matado a Dumbledore, pero Dumbledore había asesinado a todos con sus mentiras, con sus engaños. Había ocultado la verdad y Harry se había sentido tan traicionado... Tan manipulado... Tan ingenuo...

Percy dio un empujón con su brazo apresado, llamando su atención, y cuando encontró sus ojos, volvió a sonreírle.

—No vale la pena ahora, ni la valdrá jamás. Hiciste lo que creíste y fue lo correcto. Es decir, ¡morir para que todos vivieran! No sé tú pero... yo me siento bastante orgulloso de ti.

Morir. Había estado caminando hacia su muerte. Se iba a entregar a Voldemort, para que lo matase finalmente, porque sabía que era lo correcto. Que debía ser así. Que tarde o temprano iba a tener que caer, que rendirse, porque era lo correcto.

"Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida."

Lo correcto.

Percy suspiró, mirando hacia la oscuridad, y continuó hablando como si no hubiese notado su desvarío.

—Crees que la gente espera mucho de ti, cuando eres el único que espera tanto de sí mismo. Nunca has tenido que preocuparte realmente por lo que pasó, nunca tuviste tiempo—Percy apretó los labios, hasta que formaron una línea blanca que le recordó demasiado al gesto de la profesora McGonagall—. Te prometo que te ayudaré a regresar a... tu hogar. Pero primero debemos salir de aquí, ¿de acuerdo? Ya hemos llegado hasta aquí, ¿verdad? No es momento de dejarnos atormentar por fantasmas del pasado. Es más, no deberías permitirte tener alguno.

Harry volvió a mirarlo. El resplandor de la espada iluminaba el magullado rostro de Percy Jackson más de lo que iluminaba la piel de Harry contra el otro. Por un momento, se preguntó si Percy le había mentido.

Se preguntó si no estaba, realmente, aferrándose a un dios.

—Tenemos que seguir, ¿sí? Vamos a salir de aquí—Percy volvió a mirarlo nuevamente, con atención.

Harry logró captar otra vez la cola de la criatura, del monstruo, y se encontró asintiendo tan rápidamente que no supo cuándo sus pensamientos habían sido procesados.

Ambos, sin abandonar el agarre que los mantenía unidos, se abrieron paso con la luz, escuchando un sonido gutural desde la oscuridad, que se iba haciendo cada vez más suave a medida que apresuraban el paso. Recorrieron el camino que habían hecho mientras dormían, el mismo por el cual los habían arrastrado. Cuando comenzaron a ver la oscuridad en penumbras, y una luz rojiza que les señalaba la boca de la cueva, Percy empezó a cantar muy bajo una tonada que a Harry le parecía muy familiar.

Y cuando sintieron nuevamente los efectos de Tártaro aplastarlos, cuando Harry volvió a sentir que el interior de sus fosas nasales ardían, cuando el calor se volvió insoportable, y cuando volvieron a caminar sobre el suelo arenoso de vidrios y desesperanza, lo descubrió.

Emitió un sonido de incredulidad y Percy uno que le sonó a pura diversión.

—Me gusta el himno de Hogwarts, no puedes culparme. Ahora, no te sueltes. Presiento que nos esperan más problemas. Vamos.


NOTA: Actualicé más rápido de lo que tenía previsto. Intento que la historia fluya un poco más rápido también, aunque sigue sin convencerme. ¡También intenté agregar un poco más de Percarry (Sí, el nombre. Pasen la voz. Que se haga ley(?)) como me pidieron!

En fin, espero les haya gustado. Tenía pensado hacer este capítulo sobre Leo pero como ya tenía este a medias y quería hacer el de Leo más decente, pues hubo un cambio de planes.

Nos leeremos en el siguiente. ¡Gracias por leer!

Con cariño,

RebDell'O.-