09
"Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones"
Había tanta gente en el interior de la tienda de túnicas que parecía todos los futuros estudiantes de Hogwarts habían ido precisamente ese día a comprar sus uniformes ¡Y eso que aun había tiempo y no empezaban las compras de pánico!
Sev tragó saliva sintiéndose algo nervioso había tantos niños que parecía tardarían horas en ser atentidos.
¡Hola, guapo!- saludó una bruja vestida de color malva.
Era una bruja regordeta que tenía tras de sí flotando infinidad de agujas y alfileteros que la seguían como orugas gigantes.
¿Hogwarts?- preguntó al doctor Snape.
Mathew asintió. La bruja usaba unas gafas enormes, Sev se preguntaba si su túnica quedaría bien si la mujer apenas y veía.
-Tres túnicas sencillas de trabajo (negras)
-Un sombrero puntiagudo (negro para uso diario)
-Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante)
-Una capa de invierno (negra, con broches plateados)
"Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre"
De un solo movimiento Sev fue subido a un banquito por la bruja y comenzó a tomarle medidas como si las gafas que llevaban no le estorbaran.
Mathew se había sentado en junto al espejo donde poco a poco podía ver como la túnica iba tomando forma. Adeline estaba más interesada en ver cómo le hacían una capa escarlata a una jovencita.
¿Le gustaría una?- preguntó otra bruja que ayudaba en el negocio de Madame Malkin.
Oh, no, yo…- la doctora Moore se sonrojó.
¡Oh, le sentará maravillosa!- la bruja ya había comenzado a tomarle medidas también.
Sam se sentó en las piernas de su padre, ahora ambos padre e hija miraban sin parpadear como Sev estaba derechito prácticamente aguantando respirar mientras la túnica ya estaba en un ochenta por ciento lista.
Sammy- le habló su padre.
¿Mmh?- la niña no dejaba de ver cómo le marcaban las mangas a su hermano.
Estamos comprando las cosas para la escuela de Sev- le explicaba- y si tú quieres algo, aunque no vayas a Hogwarts no dudes en pedirlo- hizo una pausa- no quiero que vayas a pensar que estoy prefiriéndolo a él y no a ti ¿entendido?
Pero era un comentario irrelevante ya que Sam nunca hubiera pensado eso.
¿Tutú osa?- preguntó la pequeña.
No creo que tengan tutús rosas para tus clases de ballet pero podemos preguntar- sonrió su padre mientras Sev saltaba del banquito.
Las túnicas estarían listas en unos minutos.
…
¡No puedo creer que me comprará esa capa roja!- exclamó Adeline sin poder ocultar su emoción.
¡No puedo creer que pagará por esa capa roja!- exclamó Mathew cargado con todos los paquetes del uniforme de Sev y la capa de su cuñada.
La doctora Moore giró a verlo con una mueca arrugando la nariz que recordaba perfectamente a su hermana.
Te la pagaré- dijo como una jovencita berrinchuda.
Mathew no contestó, por un breve instante había sido su esposa y no la hermana de su esposa la que había girado su rostro hacia él.
¿Math?- preguntó Adeline solo ver la cara de tristeza de Mathew.
Éste negó con la cabeza.
¿Qué sigue en la lista, Sev?- preguntó sin atreverse a ver a Adeline a los ojos.
Sev revisó la lista.
Los libros- comentó el pequeño buscando con la mirada la librería- ¡Ahí!- señaló- ¿Flourish & Blotts?
…
¡Flourish & Blotts era el lugar ideal para cualquier amante de los libros! Había tantos que las estanterías estaban repletas y tenían que apilarse unos encima de otros hasta llegar al techo, tenías que serpentear entre ellos para no tirarlos.
Toda la lista de Hogwarts estaba en ese lugar, desde "El libro reglamentario de hechizos" hasta "Las fuerzas oscuras. Una guía para la autoprotección" además Mathew compró varios libros para él "Sanadores y medimagos" "Salud mágica de la A a la Z" tal vez la magia pudiera servir para algo después de todo, también Sev pidió libros extra para él y ya que Math era de la idea de qué todo libro es valioso no dudo en comprárselos "Quidditch, el deporte mágico" "Aprenda a jugar Quidditch" "Quidditch a través de los siglos" "Defensa contra las Artes oscuras guía básica" "Artes oscuras nivel avanzado" "Protección total contra la oscuridad" parecía que el niño tenía mucho interés en estos temas y sin que tuviera relación con los anteriores "El libro máximo de las pociones" y finalmente "Los cuentos de Beedle el bardo"
Al salir de esa tienda Mathew apenas y podía con los paquetes que llevaba.
¿Qué más falta, Sev?- preguntó cuando logró evitar que uno de los cuatro paquetes de libros de la escuela cayeran al suelo.
Falta el material complementario- apuntó Sev doblando la lista.
¿Adeline?- llamó Math a su cuñada viendo apenas por donde caminaba- ¿Puedes encargarte de eso mientras llevo todo esto al auto? No quiero que pierda algo en el camino.
Llevaré a los niños a comprar el caldero, balanza y telescopio- aceptó la doctora Moore- y te esperaremos para la varita.
Adeline tomó las extrañas monedas mágicas mientras Math tomaba camino de regreso al Caldero Chorreante.
…
El caldero de peltre número 2, el juego de frascos de cristal, el telescopio y la balanza de latón, toda la lista de ingredientes que se tenían que comprar en la drogería y hasta lo que no venía en la lista pero que a los niños les divirtió así como polvos de colores y de aromas a frutas y flores que Sam pidió para jugar estuvieron listos antes de que Math regresara, la tarde estaba más calurosa y la doctora Moore optó porque podrían comer algunos helados en lo que el padre de los niños regresaba. Cuando se acercaron al puesto donde todos los niños compraban los helados la doctora se sorprendió de la cantidad inverosímil de sabores que tenían.
¡Vaya!- exclamó sentada junto a los niños en la mesita del lugar- ¡Y yo que pensaba que capuccino ya era un sabor exótico!
Sam y Sev también comían su helado aunque habían querido probar algo nuevo la doctora pidió algo que conocieran para que no les fuera a caer mal.
Aquí dice que por regla- Sev sacó de nuevo su lista- no puedo tener una escoba propia.
¿Y para qué quieres una escoba, cielo?- la doctora Moore le limpió las mejillas sucias de helado- se ve peligroso.
Habían visto juntos las imágenes de los libros sobre Quidditch que el pequeño había comprado.
Me encantaría jugar Quidditch- exclamó Sev cerrando los ojos imaginando sentir el viento en la cara montado sobre una escoba de carreras.
No creo que tu papi lo permita ahora, cielo- le consoló Adeline- tal vez después ¿no crees?
Cierto, había olvidado que no podía esforzarse, aunque "volar" en una escoba parecía muy emocionante. ¿Qué se sentiría? Mientras la doctora Moore ayudaba a Sam con su helado, Sev volvió a cerrar los ojos imaginando estar montado en una escoba con cientos de personas en las altas gradas observando cada uno de sus movimientos, extrañamente podía sentirlo, como si ya lo hubiera hecho antes, lanzarse en picada, rápido, más rápido cada vez mucho más rápido mientras su corazón latía con fuerza por la emoción.
Angh…- el gemido escapó de sus labios.
Había sentido una fuerte punzada en el pecho.
¡Sev, qué tienes!- preguntó alarmada tía Adeline- ¿estás bien?
¡Oh no, no podía decir lo que había sentido o se irían a casa antes de que compraran su varita!
Estoy bien- mintió tratando que el desbocado latir de su corazón se calmara- me mordí la lengua…
Adeline lo miró con desconfianza pidiéndole le diera su mano.
"Por favor, por favor, tranquilízate- le pedía a su corazón- todavía no podemos irnos, todavía no…"
La doctora le tomó el pulso, Sev podía sentir como los ojos verdes lo observaban como si pudiera leer la mentira en su carita.
¿Te sigues sintiendo mareado?- le preguntó.
Sev negó con la cabeza.
La doctora sacó el medicamento de Sev de su bolso.
Es hora de tu medicamento- le entregó las pastillas- tu pulso todavía está algo alterado, necesitamos normalizarlo no quiero que sufras una taquicardia.
Sev tragó las pastillas dando gracias de que no fuera nada de qué alarmarse o al menos eso quería creer.
Un rato después regresó Math.
¿Todo bien?- preguntó al encontrar a los niños y Adeline descansando.
Sí, pero sugiero que vayamos por la varita y terminemos por hoy- comentó- Sev necesita descansar.
Mathew asintió.
…
Antes de la varita la siguiente parada fue "El emporio de las lechuzas" ya que como había insistido Sev les serviría para mandar cartas a Hogwarts porque ahora no sabrían cómo contactar de nuevo a Madame Sprout.
Aunque algo renuente al principio Mathew finalmente aceptó comprando una lechuza de plumas blancas y grises de profundos ojos negros en una cara tan blanca como la nieve delimitada por finas plumas cafés.
¡Es hermosa!- exclamó Adeline- ¡Me recuerda a las lechuzas de Ga'hoole.
¿Ga'hoole?- preguntó Sev quien cargaba la jaula de su nueva lechuza.
¿No sabes sobre los guardianes de Ga'hoole?- preguntó asombrada Adeline- ¿Soren? ¿El rey Boron? ¿Ezylryb? Te los leeré llegando a casa.
Sí, esa era buena idea… Después de salir del Emporio de las Lechuzas, Sev se sentía cada vez más cansado, con sueño, al menos ya solo faltaba ir por su varita…
…
"Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C" se leía con letras doradas la inscripción en una puerta de madera que tenía marcas como si en algún otro tiempo la hubieran quemado.
De todos los locales y tiendas que habían visitado ese día en el callejón Diagon, ésta era la tienda más estrecha y de peor aspecto de todas.
Solo entrar sonó la campanilla. Adeline y Sam esperaron sentadas en las sillas con la lechuza sobre el regazo de la doctora mientras Mathew y Sev (el último de puntillas) estaban de pie frente al escaparate.
¿Hay alguien en casa?- preguntó Math al no ver movimiento en el interior.
En el escaparate solo se veía un viejo cojín como todo en ese lugar con una vieja varita de madera picada encima, parecía que en algún momento de la historia el cojín hubiera tenido color pero ahora era tan difícil decir si era morado o vino como es difícil decir si lloverá mañana o no.
¡Por Merlín!- exclamaron de pronto haciendo saltar a todos en el local.
Detrás de una larga pila de cajas colocadas unas sobre otras salió una frágil figura de un anciano, si Sev había pensado que la anciana de la pipa que les indicará el camino al callejón tendría cien años ¡Este anciano debería tener mínimo unos mil años! Estaba algo encorvado por la edad y su piel era la marca del tiempo mismo pero a pesar de que cualquiera podría asegurar que semejante ancestro estaría mejor en un asilo que entre cajas y cajas de varitas, el señor Ollivander, pues de él se trataba, seguía en el negocio como el primer día en que tomó el control de la tienda.
Sus ojos eran como dos lunas de plata, tan pálidos que Sev se podía reflejar en ellos ¿vería ese señor?
¡Ah, señor Snape!- habló con una voz muy amable el señor Ollivander.
Sev y Math giraron a verlo ¿a cuál de los dos se refería? La voz de Ollivander era como el correr de un río.
¡No puedo creer que viviría para ver este día!- el señor Ollivander se perdió entre los pasillos de estantes- ¡El día en qué regresaría!
¿Regresar? ¿De qué hablaba? Era la primera vez que Sev ó Math estaban en este lugar ¿estaría cuerdo el venerable anciano?
¡Un nuevo inicio! ¡Una nueva varita!- comentó Ollivander apareciendo de pronto a la derecha de Sev- llevaba una hermosa varita tallada en madera color chocolate- pruebe esta… Pelo de unicornio y madera de Arce, Veinte centímetros exactos, flexible…
Sev la tomó entre sus manos después de mirar nerviosamente a su padre quien asintió con un movimiento de cabeza permitiendo al niño moverla.
En menos tiempo del que le tomó sujetarla el señor Ollivander ya se la había quitado.
No, no, ya sabía que esta no era- sonrió satisfecho.
Una tras otra una larga fila de varitas se fue amontonando en el suelo, probaron diferentes medidas, diferentes "núcleos" como le llamaba el anciano, rígida, flexible, todo, tantos tipos de maderas que el aroma parecía el del bosque y no el de una tienda olvidada.
Pasaron tanto tiempo eligiendo alguna que Sam se durmió en la silla y Adeline ya sentía dormida una pierna por estar en la misma posición.
¿No hay ninguna para mí?- preguntó Sev sintiéndose terriblemente cansado y mareado de nuevo.
La varita elige al mago, señor Snape- le contestó el señor Ollivander- cada varita es única y cada mago tiene a su compañera ideal.
¿Qué quiere decir con eso?- preguntó también Math cansado de que no lograrán algún avance- ¿No tiene ninguna varita que le sirva al niño?
Ollivander lo miró directamente a los ojos, los negros y los plata se analizaron por un breve espacio de tiempo.
Sí hay una varita para el señor Snape, SU varita- dijo el anciano de una manera misteriosa- Si no es su varita ninguna de estas le ofrecerá tan buenos resultados como ya se los ha brindado; pero, en lo que su varita regresa a él puede utilizar esta…
Le entregó una preciosa caja de color verde con una etiqueta plateada, la caja estaba cerrada y no podían ver qué clase de varita era.
Mathew estaba tan cansado que solamente gruñó un "gracias" pago el oro que le pedía el anciano.
Que anciano más extraño- comentó Mathew cargando los paquetes restantes ya la jaula con la lechuza dormida.
Muy extraño- secundó Adeline cargando a Sam igual de dormida como la lechuza.
Sev no dijo nada, las palabras del señor Ollivander daban vueltas y vueltas en su mente haciendo que se sintiera cansado y molesto como cuando te vas a enfermar "su varita" ¿Ya tenía una varita? ¿Cómo tenía ya una varita sin que él lo supiera? Y lo más importante, si ya tenía una varita ¿Dónde estaba?
Entre más se forzaba tratando de encontrar una respuesta a este enigma su corazón latía de forma más rápida; la molestia seguía presente cuando llegaron al auto.
Mientras su padre metía todo a la cajuela y tía Adeline dejó la jaula de la lechuza en el suelo para recogerle la caja de madera a Sev, éste aprovechó para llevarse la manita derecha al pecho, esto no estaba bien, podía sentir como su corazón golpeaba contra su mano.
¡Papá!- llamó asustado.
Adeline estaba terminando de acomodar a Sam en el asiento de atrás mientras Mathew estaba a punto de cerrar la cajuela cuando escucharon a Sev, inmediatamente notaron el miedo.
¿Qué tienes Sev?- preguntó Math acercándose al pequeño.
Sev lo miraba con ojos asustados aun con su mano en el pecho. Mathew retiró la mano del niño y colocó la suya, podía sentir las palpitaciones del corazón del niño.
No pasa nada, respira lentamente- le ordenó mientras pedía a Adeline sacara su maletín médico de la cajuela.
En plena calle, el doctor Snape revisó el pulso y presión arterial del niño.
No tengas miedo- le sonreía al terminar de realizar la revisión- es una ligera taquicardia, tu presión está un poco baja, respira lentamente, relájate- le ayudó a subir al auto- trata de dormir un poco. Fue demasiado para un solo día.
Sev se sintió aliviado, tenía mucho miedo de que terminaran llevándolo al hospital de nuevo.
¿Está bien?- preguntó Adeline aun con la jaula de la lechuza con ella antes de subir al auto.
Sí, se descompensó un poco pero estará bien, necesita descansar- Mathew le abrió la puerta del copiloto a su cuñada- fue un día muy largo, será mejor que todos nos tomemos un descanso…
Continuara…
