CAPITULO 10 PAPÁ, ME VOY CON MAMÁ

Al par de horas Jake me despertó y me llevó a mi casa. Hicimos como que Jake y yo nos encontramos en el baile por casualidad y se ofreció a traerme a casa.

A mi padre no le pareció bien que no fuera Edward el que me trajera a casa, pero cuando le expliqué que "accidentalmente" había tropezado y me había herido, comprendió que quisiera volver a casa un poco antes. Tampoco me hizo preguntas sobre mi accidente. Por una vez di las gracias por mi eterna torpeza. Subí rápidamente a mi habitación me quité el vestido y me metí debajo de la ducha. Cuando comenzó a caerme el agua empezaron a brotar mis lágrimas. Estúpida, estúpida, me decía mentalmente. ¡Como pude ser tan tonta! Mis lágrimas se convirtieron en sollozos que eran ahogados por el agua.

Definitivamente el lunes no iría a recoger las notas. No podría mirarle a la cara. Ni a e´l ni a nadie. No podría aguantar los comentarios hirientes de todo el mundo. Esta vez me tocaron mi punto sensible. Un dolor sofocante se empezó a abrir en mi pecho y me contuve las ganas de gritar hasta quedarme sin voz.

Cuando empezó a salir el agua fría salí de la ducha. Me puse mi ropa de dormir y me metí en la cama, tapándome con mis sábanas hasta la cabeza. Y seguí llorando hasta que el sueño me venció.

Al día siguiente me levanté con un horrible dolor de cabeza y la cara pegajosa de las lágrimas resecas. Me miré en el espejo. Definitivamente mi labio se había hinchado y la herida del hombro dejaría un bonito recuerdo en forma de cicatriz. Perfecto, cada vez que me mire recordaré lo estúpida que fui ese día.

Baje a la cocina para ver a Charlie. En su lugar había una nota.

Bella

Me he ido con Billy y con Harry a pescar. Regresaré tarde así que no me esperes a cenar. Cuidate.

Papá

Perfecto, así estaré sola para poder hundirme en la miseria.

Bella, ¿como vas a afrontar este golpe? ¿Como vas a mirarle a la cara? No, no podrás mirarle. Ni siquiera podrás estar en el misma sala que él. No podrías soportarlo.

Bien, mañana no iré al instituto. Dejaré que le lleguen las notas por correo a Charlie. Pero, ¿y después? ¡No puedes ocultarte eternamente!No puedes recluirte en casa. ¿Y cuando pase el verano y tengas que volver a clase? ¡Te quedan dos años!¿Vas a soportar dos años esa situación? No, gracias.

Las lágrimas comenzaron a hacer mi visión borrosa de nuevo mientras ponía fin a mi monólogo mental.

Y de repente se me ocurrió. Jamás en mi sano juicio se me hubiera ocurrido esa idea. Reneé.

Marcharme una temporada con mi madre a Phoenix era una idea muy tentadora. ¿Pero que le diría a Charlie? ¿Papa, me voy del pueblo porque Edward Cullen se ha reído de mi y me ha destrozado el corazón? No, definitivamente no. Además mi padre no tenía ni la más remota idea de lo que yo pasaba en el instituto. Un cambio de aires. Podría alegar eso. Además hace mucho tiempo que no paso una temporada con mi madre. Unos meses allí no me harían mal. Quizás cursar un semestre en Phoenix no me mataría. Creo.

Realmente me daba miedo conocer a gente nueva, pero haría lo que fuera por alejarme del instituto de Forks. Bueno, por alejarme en sí de Forks.

Pero...¿estaría dispuesta mi madre a recogerme durante una temporada? Parece ser que mi madre estaba comenzando una relación y justo meter ahora a tu hija adolescente en casa...

Corrí hasta el teléfono para llamarla. Ni siquiera me paré para ver si era buena hora. Simplemente llamé.

- ¿Sí?

- ¿Mamá?

- Sí hija, ¿qué hora es? ¿Te ha pasado algo?

- Oh mamá, no me digas que te he despertado – ansiosa.

- Sí, pero no pasa nada, dime hija, cuéntame. Oh, ¿que tal anoche?

- Mmmm...podía haber estado mejor – mentí. Todavía no quería que se enterase mi madre. Si en verdad iba a viajar a Phoenix posiblemente se lo contaría todo, pero allí.

- Oh, venga, ¡hija cuéntame los detalles!

- Mmmm...mamá, en realidad te llamaba por otro motivo...- a ver como se lo explico.

- ¿Que ocurre, Bella? ¿Te ha pasado algo? ¡No me asustes!

- ¡No! Mamá, no me pasa nada. Yo...me preguntaba... me mordí el labio nerviosa.

- Bella, suéltalo.

- Esto...mama, ¿podría pasar una temporada contigo? ¿En Phoenix?

- ¿Tienes algún problema, Bella? ¿Has discutido con tu padre?

- No, nada de eso. Creo...creo que me vendría bien un cambio de aires – mentí.

- Oh, si es eso...¡estaré encantada de que vengas! - chilló - ¡No sabes las ganas que tengo de verte hija! Pero dime...¿qué ha dicho Charlie de todo esto? - oh, buena pregunta.

- Yo...todavía no se lo he...dicho. Aunque creo que no se opondrá. Tengo derecho a estar contigo – alegué. Realmente no quería dejar a mi padre solo, pero dadas las circunstancias...

- Bueno, hija, habla con él. Yo tampoco creo que se vaya a negar. ¿Cuando vendrías?

- Pues no se...déjame hablar primero con Charlie y ya hablamos, ¿de acuerdo? Aunque me gustaría que fuera lo antes posible.

- Vale, hija, ¡voy a prepararlo todo para cuando vengas!Voy a pintar tu cuarto y te voy a comprar unas cortinas preciosas y...

- Mamá, mamá, no te molestes de verdad.

- Oh, no es ninguna molestia.

- Bueno, mamá te llamo cuando sepa algo, ¿vale?

- ¡Vale!¡Te quiero, hija!

Bueno, por lo menos habrá alguien contento. Mi padre será otra historia, pero como realmente dije, no se puede negar a que no visite a mi madre.

Legalmente puedo elegir libremente con que progenitor quiero vivir, así que llevo muchos años sin moverme de Forks con mi padre. Únicamente veía a mi madre en vacaciones unos cuantos días y algunas navidades. Ahora le tocaba el turno a ella.

Coloqué un poco la cocina y pasé de desayunar. No tenía hambre. El estómago se me había cerrado por completo. Me subí a mi cuarto a tirarme en la cama y no lo pude evitar, empecé de nuevo a llorar hasta que el sueño me venció de nuevo.

Oi el motor de un coche al despertar. Miré mi reloj y me sorprendí. Había estado durmiendo muchas horas. Probablemente el llanto me había dejado exhausta. Me miré en el espejo y me asusté. Entre la hinchazón y los ojos rojos parecía un zombie. Corrí a lavarme la cara antes de que entrara mi padre a casa y bajé rápidamente las escaleras. Ahora le contaría a Charlie mis planes.

- Bella, ¡ya he llegado!

- Hola papá – dije restregándome los ojos.

- Hey, que te pasa, ¿te encuentras bien?

- Sí, claro – mentirosa.

- Tienes mala cara, pequeña.

- Papá, tengo que hablar contigo – dije sentándome en una de las sillas de la cocina.

- ¿Te pasa algo?

- No, verás papá...he estado hablando con mamá...y

- ¿Le pasa algo a tu madre?

- ¡No! Ella esta bien, demasiado bien, creo. Es que...bueno, había pensado en irme una temporada con ella, y quizás cursar allí un semestre. Creo...que me vendría bien. Cambiar de aires y eso – esperé su reacción.

- Bella, ¿me estás ocultando algo? ¿Pasó ayer algo que no me hayas contado? - ahí vamos, cuando mi padre se pone en modo policía...

- ¡No! No es eso, es que...bueno, quiero conocer gente nueva y eso...ya sabes, este es un pueblo muy pequeño y...ver siempre las mismas caras - rodé los ojos - y...¡necesito un cambio!

- ¡Vaya! No voy a decir que no me sorprende. ¿Lo has pensado bien? Me refiero, ¿no vas a echar de menos el pueblo? ¿Estarás bien allí?

- Sí, supongo, además sabes como es mamá, no creo que me aburra con ella.

- ¿Y Jake y los chicos de La Push? - ¡mierda! No había pensado en ello. Realmente Jake me quería y sabía que lo que iba a hacer lo necesitaba, así que supongo que lo entenderá. Además existen los mails y las video llamadas.

- Bueno, él no lo sabe todavía, pero supongo que lo entenderá. Además no me voy para siempre. Creo – esto último fue más bien un suspiro.

- ¿Y Cullen? ¿Cómo se llamaba? ¿Edwin?

- No, papá es Edward y no creo que nos echemos de menos...- frunció el ceño.

- Oh. Bueno, hija, pues no hay nada más que decir, no me puedo negar a que te vayas, pero tienes que saber que te echaré mucho de menos. Voy a sentirme muy solo – me sentí culpable. Me sentía como si fuera a abandonar a mi padre, aunque ya fuera mayorcito – ¿Cuando quieres irte?

- ¡Lo antes posible! - chillé. No quería tener la opción de cruzarme con ningún impresentable por el pueblo.

- Mmm, vale, déjame hacer unas llamadas y veremos lo que se puede hacer. Con un poco de suerte habrá billetes para el martes o el miércoles.

- Vale, gracias, papá.

Y se puso a hacer llamadas por teléfono.

Mañana debería de visitar a Jake para contarle mi viaje. Él lo entendería. Él me quería y sabía que eso era lo mejor para mí en ese momento. Huir.

Después de unas cuantas llamadas de Charlie, afortunadamente encontró un billete para ese mismo lunes a primera hora, es decir, al día siguiente. Perfecto. Todo rápido, sin que se enterase nadie. No quería que nadie supiese que estaba huyendo.

Eso sólo lo sabríamos Jake y yo. Bueno, la gente del instituto se enteraría cuando las clases comenzasen de nuevo. Probablemente ni se enterasen de que no estaba. O en realidad sí, echarían en falta alguien para ser blanco de sus bromas. Pero eso me daba igual. Para cuando eso ocurriera yo ya estaría lejos, muy lejos.

Me dispuse a hacer mis maletas, aunque la ropa que tenía no me valdría una vez llegase allí. Toda mi ropa era de invierno y en Phoenix hacía un calor sofocante. Bueno, supongo que ya me encargaría de eso cuando llegase allí. O más bien se encargaría Renée. Las compras no eran lo mío.

Terminé de hacer mis maletas y comprobé la hora. Jake ya estaría en su casa. Cogí mi camioneta y fui hacia la reserva. El ruido del motor de mi trasto alertó a Jake. Oh, mi trasto, le echaría de menos, tendría que dejarle aquí. En cuanto me oyó salió a recibirme.

- ¡Bella! ¡Qué sorpresa!¿Estás mejor? - dijo tocando la hinchazón del labio.

- Si...Jake, quería hablar contigo...

- ¿Pasa algo? Estás muy seria...- evité su mirada...¿cómo decirselo?

- Mmmm, Jake, ¿damos un paseo por la playa?

- Claro – y me cogió de la mano mientras caminábamos.

- Suéltalo – me dijo mientras nos sentábamos en el tronco.

- Verás, Jake...me voy con mi madre – solté de sopetón. Parpadeó un par de veces.

- Bueno, eso está bien, ¿cuando te vas?

- Mañana.

- Guau, anda que me lo dices con tiempo, ¿y cuando vuelves?

- No...no lo sé.

- ¿Cómo que no lo sabes? En un par de semanas estarás de vuelta, ¿no? - dijo confundido. Claramente no estaba entendiendo nada. Pensaba que me iba de visita.

- Jake, me voy una temporada, probablemente empiece allí el instituto...

- No...no puedes irte, ¿y Charlie? ¿Y...yo? - dijo enfadado.

- Charlie está de acuerdo y a ti...yo hablaré contigo todas las semanas y todos los días te dejaré correo. Casi no vas a notar que me he ido – bromeé.

- ¡Bella! ¡Me...me lo podías haber dicho antes! Se supone que soy tu amigo.

- No lo tenía planeado. Lo decidí ayer.

- Es por él, ¿verdad? - parecía que echaba humo por la nariz.

- Sí y no. Necesito alejarme de todo esto, necesito conocer gente nueva, sacar todo lo malo que he estado acumulando durante tanto tiempo aquí...

- ¡Maldito Cullen! - rugió Jake. Parecía que tenía ganas de pegar a algo...o a alguien.

- Jake, no me voy por Cullen – sí, Cullen, decidí no recordar su nombre mientras me fuera posible – me voy por mí. Esto me vendrá bien. Estoy segura. Además puedes ir a visitarme a Phoenix.

- Oh, Bella, te voy a echar tanto de menos – dijo abrazándome – ¿Te despedirás de los chicos?

- No, no quiero hacer un drama de todo esto, sólo diles que me voy un tiempo y que no me he despedido de ellos por no llorar – no quería que me dieran razones para quedarme. Eso era lo que me daba miedo.

- De acuerdo, aunque se enfadarán, lo sabes.

- Se les pasará pronto.

- Bella, nunca olvides que te quiero mucho – dijo abrazándome de nuevo.

- Y yo a ti, grandullón – dije reprimiendo las lágrimas.

Tras despedirme de mi amigo cogí mi camioneta y volví a casa a pasar mi última noche en compañía de Charlie. Quería pasar tiempo con él. No sabía exactamente mi fecha de vuelta y quería que se quedara con un buen recuerdo de mí.

Después de cenar con mi padre y fregar los platos me subí a dormir. Pero no pude. Me acordé de las palabras que le dije a Jacob, "quien sabe, quizás después de la cita con Edward me cambie la vida". Y tanto. Me va a cambiar la vida a miles de kilómetros de él. Uf, ya no podía decir en voz alta su nombre. Y la rabia que me daba era que yo a él no podría olvidarle, incluso después del daño que me había causado. En cambio él no tendría nada que olvidar, porque nunca me había tenido en su mente. Seguramente ni notaría mi ausencia en el pueblo.

Este pensamiento provocó que mis lágrimas volvieran a brotar. Estúpido Cullen...no, estúpida yo por creer que podía ser feliz con él.

Sólo espero que en Phoenix sean un poco diferentes las cosas.


Nos vamos de viaje...Os imaginais a quien se puede encontrar allí, ¿no? ¿Echará de menos a Edward? ¿Volverá?

Como dije en el anterior capitulo, la historia a partir de ahora va a avanzar a un ritmo más rápido, aunque seguiré actualizando cada dos días. Por cierto, aviso de que en el próximo capitulo los personajes pueden ser un poquito mal hablados.

Janalez: te me has adelantado, jeje. El próximo capitulo será de Edward...a ver que os parece. Gracias por tu comentario!

Andrea: Tienes razón. En el comienzo de la historia creo que Edward es el personaje más débil, aunque no lo parezca. Sólo quiere agradar a los demás, cuando primero debería agradarse a si mismo...Gracias por el comentario!

MaraGaunt: no hace falta decir que Tanya me cae super fatal en este fic...jejeje. Estoy encantada de compartirla con vosotros ;) Gracias por comentar!

Lolaki: le di mil vueltas al capitulo, aunque al final me gusto el resultado. Muchas gracias!

FlorVillu: ains, me alegro mucho de que te guste! Rose es la caña, es un personaje que me gusta mucho. Gracias por tu comentario!

Muchisimas gracias por los comentarios...¡que ilusión me hacen, en serio!

Nos leemos en un par de días. ¡Besitos!


EN EL PRÓXIMO CAPITULO

Me recosté de nuevo contra mi coche y cerré los ojos en un patético intento por calmar un poco mi conciencia, aunque fracasé estrepitosamente.

- ¡Cullen!

Me giré al oir la desconocida voz. Quien quiera que fuese, por el tono de voz estaba muy enfadado. Se trataba de un chico que venía montado en una moto negra y cuyo casco no me dejaba ver su cara. He de reconocer que cuando se bajó tragué en seco; el tipo era tan alto como yo, pero me doblaba en masa muscular y eso que hacía meses que me entrenaba a diario. Ese tío era enorme. Cuando se quitó el casco y dejó caer su melena lisa comprobé que su cara me resultaba vagamente familiar, aunque no sabía de qué. Por su tono de piel era evidente que era nativo, probablemente de la Push. Y en ese momento me miraba con un cabreo de la hostia.