¡Hola a todos mis queridos Nakamas! Feliz año nuevo 2011. Espero que este año les traiga muchas alegrías y triunfos, lamento haber tardado tanto, pero lo importante es que aquí les dejo otra parte de esta loca aventura, muchas gracias a todos los que me dejan o no un mensaje, lo importante es que este humilde trabajo les entretenga un poco y se pasen un rato aterradoramente agradable ¡Ñaca ñaca! ¡Je, je!
Bueno sin más por el momento…
Que empiece la función.
Capitulo 10.
- Ca, ca…Casey… ¿Eres tú?- con una gran sonrisa en el rostro, el hombre ante ellos contesta a un asustado Rafael.
- ¡Claro que soy yo, pendejo! ¿Pues a quien diablos esperabas?-
- ¡Hijo de tu…!-
Splinter y sus pequeños hijos suspiraron aliviados y agradecidos con la buena fortuna o con quien sea, por encontrarse con un rostro amigo en lugar de otra desagradable sorpresa, Rafael por su parte no pensaba así, él prefirió demostrar su "Alivio" de diferente manera.
- ¡ERES UN DESGRACIADO, CASEY JONES! ¡ ¿CÓMO TE ATREVISTE A ESPANTARNOS DE ESA MANERA?- y al grito de guerra, el temperamental quelonio salió corriendo tras su "Mejor amigo" para partirle la…cara, sin que nadie, ni siquiera Splinter le reclamara o detuviera.- ¡TE VOY A PARTIR EL CULO EN DOS! ¡ESTUPIDO HOMOSAPIENS!-
- ¡ ¿POR QUÉ? ¡SI YO NO HICE NADA!-
- ¡NOS DISTE UN SUSTO DE MUERTE!-
- ¡ Y HABRÁ SIDO ADREDE! ¡¿NO?- mientras Rafa y Casey se decían "Hola," Splinter, Mickey y Donny, se relajaban y tomaban asiento cerca de Leonardo, el cual por cierto, seguía inconsciente y ajeno a todo lo que estaban sufriendo sus compañeros.
- Vaya susto que nos diste Casey.- admitió el ninja tecnológico al ver llegar a su hermano junto a un apaleado pelinegro, este llevaba arrastrando consigo varias cadenas con cruces y medallas al cuello, además de una mochila tipo militar sobre el hombro derecho, donde cargaba algunas de sus prendas y zapatos, entre otras cosas.
- Si.- agregó Migue.- Por tu culpa necesitaré un caparazón nuevo.- los presentes prefirieron no preguntar por los detalles.
- Bien Casey, dinos ¿Qué te trae por aquí? ¿Qué cargas en esa mochila? ¿Y por qué tienes tantos collares en el cuello?- las palabras de Rafa, marcaron un nuevo tema, mismo al que todos prestaron atención.
- Sí, ¿Para qué quieres tantos abalorios? ¿Acaso vendarás joyería en las calles?- preguntó Donny en tono divertido.
- ¡Ja, ja! ¿Y a ti te llaman genio?- por respuesta a su pregunta, Donny solo le sacó la lengua.- Todo esto niño, significa que ya no estoy dispuesto a soportar más todas las cosas raras que han estado pasando últimamente en mi depa, ya no quiero más sustos ni ruidos raros, por eso me vine a quedar con ustedes ¿Qué les parece? ¿Me dan asilo?- señaló su mochila al decir esto. Como era de esperarse, la lluvia de preguntas comenzó.
- Espera un momento… ¡ ¿Te vienes a quedar aquí, para librarte de los fantasmas?- gritó sorprendido Rafael, antes de soltar la carcajada.- ¡Ja, ja, ja! Lamento decirte que llegaste en muy mal momento.-
- ¿Por qué? ¿Acaso no piensas darme refugio? ¡Que mendigo eres, quelonio de…!-
- ¡No Casey! No es por eso, lo que pasa es que…- Donny no continuó, por que no sabía como hacerlo, hasta que el ninja de rojo dijo en un tono más serio.
- Porque nosotros, ahora mismo, estamos pasando por el mismo infierno que tú.- el chico les miraba extrañado, en espera de más información, inmediatamente, Rafael le contó lo que él y Leo, vivieron en la noche, luego lo que les pasó en la cocina esa mañana y por último, el ataque sufrido en el recibidor. El guerrero de las calles estaba tan sorprendido, que no sabía por donde seguir el tema.
- ¡Por todos los cielos! ¿Y están todos bien? ¿Ya revisaron a Leo?-
Donny le contestó.
- Sus signos son estables, de la inconsciencia pasó al sueño, ahora solo debemos esperar a que despierte por si solo.- el rostro de cada uno, reflejaba preocupación y miedo por el estado de salud del chico de azul y en especial, por lo último que este dijo antes de caer. Dando un gran suspiro, el chico de melena negra, dijo…
- ¡Vaya! Ahora sí que estamos jodidos ¿Qué vamos a hacer?-
- Primero dinos.- contestó Rafael.- ¿Qué fue lo que te pasó en tu casa? ¿Y para que son todas esas cosas raras que traes en el cuello?- respirando hondo y ordenando las palabras, el joven guerrero del asfalto, comenzó a narrar su espeluznante experiencia.
- Habían días en los que me pasaban varias cosas raras, lo clásico, ya han de saber, los aparatos que se encienden solos a diversas horas del día, las cosas que se pierden y luego las encuentras en los lugares más absurdos de los que se puedan imaginar, se escuchaban ruidos extraños en habitaciones que yo sabía estaban vacías, como por ejemplo, pasos o movimiento de muebles, también, un olor a carne podrida o animal muerto que se extendía a cierta hora del día por todo el depa, pero anoche, pasé por la peor experiencia de toda mi puta vida.- nuestros amigos prestaban atención a la historia de su compañero, sorprendiéndose con las similitudes en las experiencias que ellos mismos habían ya vivido.
- Bueno ¡Dinos ya!- exigió Rafael.- ¿Qué fue lo que te pasó anoche?- el joven guerrero, claramente se veía aún afectado por la horrorosa vivencia, ya que al recordar la situación, un fuerte escalofrío recorrió su cuerpo.
- Pues…verán.- inició.- Una de las cosas que noté y que comenzó a ser más recurrente en mi departamento, pasaba a las tres y media de la madrugada, las puertas del armario que está dentro de mi recamara, se abrían por si solas ¿Lo recuerdas?- Jones se dirigió a Rafael, quien a diferencia de los demás, es quien más tiempo a pasado en su depa.- Aquella de doble puerta color blanca que en lugar de ventanas, tiene pequeñas tablitas.-
- Aja ¿Y luego?-
- Pues, ese pequeño closet, siempre lo mantengo cerrado, ya que desde niño, no me ha gustado que los armarios se queden con la puerta abierta, no sé que fue exactamente, pero una noche, algo me despertó y vi que las puertas del guardarropa estaban abiertas, yo de inmediato encendí la lámpara y escuché que alguien estaba en la sala, claramente oí pasos y movimiento de revistas, con bate en mano, recorrí todo el lugar en busca del supuesto intruso, y nada, el lugar estaba vacío, así pasó una semana y todas las malditas noches fue lo mismo, le revisé la chapa, busqué entradas dentro del closet, bloquee las puertas con una silla y las desgraciadas, pasadas exactamente las tres y media de la madrugada, ya estaban abiertas otra vez, así que me harté y ayer las amarré con una cadena que tenía en una caja de herramientas.-
- ¿Y qué sucedió?- demandó saber Splinter.
- Pues, luego de ajustar una cadena de eslabones gruesos alrededor de las perillas, me metí a la cama a descansar…y a las tres y media en punto, empecé a escuchar el ruido clásico de la serie de metal, originalmente eso fue lo que me despertó, el ruido de la cadena, algo nervioso, me senté en la cama y encendí la lámpara de la mesa de noche, y presté atención, pues no quería creer que fuera la que enredé en el closet, cuando dirigí la vista al armario, todo parecía estar tranquilo, no pasaba nada, Bueno, pensé que era mi imaginación y decidí volver a dormir, no había alcanzado a apagar la lámpara, cuando de pronto, las puertas del armario comenzaron a moverse de adentro hacia fuera con fuerza, como si alguien estuviera por dentro agarrado de las manijas y tratara salir de ahí y no pudiera por culpa de las esposas.-
- ¡ ¿Y qué pasó?- preguntaron aterrados nuestros amigos.
- Pegué de gritos, estaba aterrado, en especial, por que vi desde las tablillas que adornan esas puertas en lugar de ventanas, unos ojos rojos en un enorme bulto negro que me miraban directamente.-
- ¡ ¿Ojos rojos y un bulto negro?- preguntó Rafael claramente asustado, pues era la descripción exacta de la cosa que él vio junto a Leonardo la noche pasada.
- ¡ ¿Y qué más hiciste Casey?- exigían saber los menores del grupo.
- Pues nada, la cadena no duró mucho tiempo en las perillas y las puertas del armario se abrieron de golpe, al tiempo que esto pasaba, yo ya estaba de pie al otro lado de la ventana… no sé como salí del cuarto y llegué a la escalera de emergencia, solo recuerdo el ruido de los vidrios y yo corriendo en camisa de tirantes, pantalón de pants y descalzo por toda la calle nevada, no caminando, volando, por que sentía como esa cosa iba tras de mí.-
- ¡ ¿Te estaba persiguiendo?- exclamó aterrado Mickey.
- Eso creo… ¡No lo sé!- contestaba muy asustado.- Yo miraba hacía atrás y solo veía oscuridad, no sé si estaba ahí, pero pude sentirlo, bueno, estaba aterrado y me sentía perseguido, incluso llegué a escuchar unos gruñidos y arañones, como si arrastraran garras o algo por el asfalto, yo no sé, pero pude sentirlo ¡Iba tras de mí! De eso sí estoy seguro.- el silencio se hizo al término de la historia, tanto los muchachos como el maestro Splinter, repasaban la espeluznante experiencia del guerrero de las calles y comparaban a la vez, los pequeños detalles de sus propias vivencias. Al cabo de unos minutos, Donatello preguntó.
- Y… ¿Qué más pasó? ¿Llegaste a casa de Abril o a donde fuiste a pasar la noche?-
- Sí.- agregó Migue.- ¿Y de donde sacaste todas esas cosas?-
- No fui a casa de Abril, no corrí tan lejos, el primer lugar en el que se me ocurrió esconderme, fue a la iglesia de la cuadra, una pequeña que se encuentra frente a un parque muy viejo y maltrecho, no sé como fue o ya me tocaba llegar ahí, pero la puerta estaba abierta y pude entrar sin dificultad.-
- ¿Encontraste una iglesia abierta cerca de las cuatro de la mañana? ¿Cómo fue eso?-
- Yo tampoco lo entendía, bueno, en ese momento mi cabeza trataba de darle una explicación a lo ocurrido en mi apartamento, luego, el frío me hizo reaccionar y darme cuenta de cómo y donde estaba parado, cuando observaba las figuras y demás imágenes, la voz del párroco, un hombre pasando los 40 y medio calvo, me regresó a la realidad, que estaba descalzo en pleno invierno y en playera blanca de tirantes.-
- ¿Y qué le dijo el sacerdote?- preguntó esta vez Splinter.
- Me confundió con un indigente.- ante este punto, los chicos no pudieron evitar el soltar la carcajada, cosa que a Casey no le importó y continuó su historia.- Precisamente en estas fechas dejan las puertas abiertas de la iglesia para que los vagos se vayan a refugiar, de inmediato me atendió y me llevó a tomar algo caliente, me dio ropa de las de caridad y me preguntó por el tipo de adicción que sufría.- las risas de los muchachos continuaron, trayendo un poco de tranquilidad al momento, pues la tensión era mucha desde buen tiempo atrás.
- ¿Y le contaste sobre el bulto de ojos rojos?-
- ¡Claro que sí! Le dije que no era drogadicto ni borracho ni nada, que estaba en mi departamento, cuando una sombra negra con ojos rojos salió del armario y me persiguió por toda la calle.- las carcajadas se hicieron más fuertes.
- ¿Y te creyó?-
- Claro que no, me vio como si estuviera pasado de mota, me dijo que había alucinado, que era normal al usar esas cosas, que ya se me pasaría y esperaba que de esa manera ya tocara fondo y no sé que más cosas, ya que le puse el alto y le volví a contar toda nuestra historia.- las burlas y carcajadas pararon y los miembros de la familia Hamato volvieron a prestar atención al resto del relato.
- ¿Y que te dijo? ¿Te dio algún remedio?- preguntaba esperanzado Miguel Ángel.
- Pues tardó en creerme, nos pasamos toda la madrugada hablando sobre el tema, le pedí que me acompañara a mi apartamento por mis cosas, yo no quería ir solo ni mucho menos quedarme en este, le rogué por su apoyo, que me dijera como librarnos de esas apariciones, pues yo no era el único que las veía.- esto lo dijo por Leonardo, pues más de una vez, este les comentó sobre el hombre de gris y hasta ahora que le pasó, lo tomó en serio.- A regañadientes, a las ocho de la mañana, me acompañó al depa, al entrar, todo estaba tirado, los muebles rotos, la tele en el piso estrellada, la cocina como la de ustedes, mi ropa en todo el piso, el lugar apestaba a muerto y no por falta de limpieza, aclaro, vaya, era una verdadera zona de desastres, algo había en el ambiente o algo habrá visto el padre, que empezó a creerme y al llegar a la parroquia, me dio estas medallas, una Biblia, donde marcó algunas oraciones importantes, figuras, imágenes y mucha agua bendita, todo esta bendecido, hasta yo aproveche el remojo.-
- O sea que ¿Ya estas santificado?-
- Casi, lo importante es que traje un juego de medalla y crucifijo para cada uno, una botella de agua bendita y con respecto al libro, pues nos lo repartiremos, porque solo tengo uno, pero el punto es sacar lo que necesitamos y ver como nos libramos de esas cosas ¿No creen?- al tiempo que decía esto, fue repartiendo lo antes mencionado, tanto el viejo maestro como los muchachos examinaban los presentes.
-Y exactamente ¿Qué es esto?-
- Sí… ¿Para qué sirve?- Casey miró exasperado a Rafael y a Donatello, quienes miraban las prendas como si tuvieran que brillar o fueran a explotar en cualquier momento.
- ¡Por favor! Pensé que era obvio…- visto que ninguno de los dos decía nada, se contestó así mismo.- Son protecciones contra espíritus malignos.- dicho esto, tomó en su mano uno de los emblemas, lo mostró y dijo.- Esta es la medalla de san Benito, dijo el cura que junto a un crucifijo, son muy poderosas para cuidarnos de toda entidad maligna.- al oír esto, tanto los muchachos como Splinter, de inmediato se colocaron las efigies al cuello, pues era lo que tanto deseaban tener, una protección contra lo que estaba dentro de la guarida.
- Menos mal que el cura decidió ayudarte.- agradeció Miguel Ángel.
- Debió verte muy asustado.- agregó Donny, al tiempo que examinaba la medalla de san Benito.
- Pues, digamos que nos ayudamos mutuamente, ya que le di una buena donación por todo esto, también me dio unos libros de oraciones y varias cosas más que tengo dentro de la mochila.- los muchachos de inmediato se dieron a la tarea de examinar la mercancía que traía Casey Jones en la bolsa, varias botellas de agua bendita, como había dicho, además de imágenes, crucifijos de madera, rosarios, libros y velas, todo lo anterior abarcaba la mitad del equipaje.
- Bueno, ahora dime ¿Qué vamos a hacer exactamente con todo esto?- preguntó Rafael con un crucifijo en la mano derecha y agua bendita en la izquierda.- ¿Nos bañamos en el agua bendita o la preparamos con sabor a fresa?-
- ¡Rafael!- le llamó la atención Splinter.- No seas impertinente.- el chico se corrigió al escuchar el llamado, pues hasta él estaba de acuerdo en que se había pasado de la raya. Como era de esperarse, todos se sorprendieron, en especial Casey.
- Lo siento.- unos minutos después de la disculpa, la plática se volvió a encaminar rumbo al tema principal.
- Bueno.- tomó la palabra Migue.- Rafa tiene razón… ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo usamos todo esto?- Jones contestó.
- Pues el padre me dio indicaciones y me marcó algunas oraciones, las cuales sirven para limpiar la casa, también me dijo que si yo quería, él podía venir a bendecirla, pero, obvio que...-
- Sí, es obvio que no puede venir a bendecir una alcantarilla.- sentenció Rafael.
- Bueno, aún nos queda la tal Magia Negra ¿No creen?- las palabras de Migue fueron como era de esperarse, muy mal interpretadas por el guerrero de las calles.
- ¡Estás loco! No ves los líos en los que estamos metidos ¿Y tú quieres hacer magia negra?- las risas burlonas de los chicos no se hicieron esperar, molestando más a Casey, quien aún ignoraba el verdadero significado de esas palabras.
- No inventes Casey, lo que pasa es que Leo se metió a Internet y contactó a una mujer que se hace llamar Magia Negra, la cual investiga todo tipo de casos paranormales y se ofreció a ayudarle con nuestro problema.- respondió Rafael en nombre de toda la familia, dejando al rebelde aún más extrañado.
- ¿Una investigadora paranormal? ¿Leo? ¿En Internet? No pues, sí que han estado pasando cosas raras últimamente.- eso era algo en lo que todos los presentes estaban de acuerdo.
- Bueno.- inició Splinter.- Supongo que lo primero que debemos hacer, es limpiar todo este tiradero.- decía al tiempo que veía el pasillo y la cocina.- Luego comenzaremos a trabajar con todo lo que trajo el sr. Jones y buscaremos a esa mujer que contactó Leonardo.- los jóvenes aceptaron sin objetar ningún punto, a pesar del temor de tener que separarse y moverse por toda la guarida.
Donatello y Miguel Ángel de inmediato pidieron limpiar el recibidor de la casa, de ninguna manera se meterían a la cocina ni a las recamaras, con o sin medallas de san quien sea, nadie los haría meterse en esos lugares cerrados, a regañadientes, Rafael se encargó de la cocina, claro, acompañado del joven de melena negra, para el humano no era ningún problema, pero para el quelonio de rojo, le gustara o no admitirlo, esos lugares aún lo ponían nervioso. Splinter se quedó en la sala, recogió la mesa y mantuvo vigilado a Leonardo, el cual se veía inquieto, parecía que no estaba teniendo un sueño agradable.
La tarea de poner orden en la guarida, se veía prácticamente imposible, las pertenencias de cada uno de los miembros de la familia, estaban tan revueltas y esparcidas por el piso, que daban la impresión de estar sobre una alfombra multicolores o en uno de tantos basureros que los muchachos habían visitado, la cocina no se quedaba atrás, el suelo parecía el lienzo de uno de esos pintores modernos, que trabajan con las manos y no con pinceles, habían vaciado el contenido de bolsas y botellas por paredes y pisos, aceites, aderezos, lácteos y sus derivados, cubrían muebles y empedrados, una completa ensalada.
- ¡Cielos! Habrá que surtir la despensa.- comentaba Casey Jones, al tiempo que entraba con cuidado al lugar.
- Preferiría salir de aquí y no saber más nada de este sitio.- agregaba Rafael detrás de su compañero.
- No quiero perder nuestra casa.- agregaba el ninja de morado.- Hay muchas formas de resolver esto ¿No?-
- Sí, pero ¿Cómo vamos a contactar a la tal Magia Negra?- preguntó Migue buscando entre el montón de cosas, sus preciadas historietas.- ¿Preguntándole a Leo?-
- ¡Claro que no!- agregó Rafael en el umbral de la puerta de la cocina, con escoba en mano.- Dudo que a estas alturas, recuerde como hacerlo.-
- Y no quisiera alterarlo más de lo que ya está.- continuó con el tema Don, al tiempo que separaba la ropa de vestir de las colchas y almohadas.
- ¿Entonces como?- preguntó interesado Casey, que ya se encontraba sentado frente al refrigerador, metiendo algunas de las cosas que logró rescatar del piso.
- Puesss…creo tener una idea de cómo encontrarla, solo espero que funcione.- al tiempo que el niño genio decía esto, con cuidado se acercó a los restos de la laptop de Leonardo y comenzó a escarbar entre cables y placas.
- ¿Qué haces?- le cuestionaba Rafa con curiosidad.
- Dudo que esa laptop aún sirva Don, mejor agarra la mía.- ofreció Miguel con sus figuras de acción y videos en las manos.- Creo que está por aquí.-
- No necesitamos toda la computadora, solo el disco duro, si este esta intacto… ¡Bingo!- Donatello mostró a la familia una pequeña caja aún pegada a varios cables.
- Y ¿Para qué quieres eso?-
- ¡Obvio Miguelón! El disco duro almacena todas las operaciones que se hayan realizado últimamente…quizás, con un poco de suerte, aún estén las direcciones que Leo consultó anoche.-
- ¿Se puede hacer eso?- cuestionaba el menor del grupo.
- Siempre que no este dañado o lógico, borrado, se pueden consultar todos los datos.-
- ¡Eres un genio Donatello!- felicitó Rafael a su compañero.- ¡Eres todo un genio!-
- ¡Sip! Lo sé.- aceptó pícaramente el chico.
Mientras los muchachos festejaban y felicitaban al guerrero de bandana morada, Splinter reflexionaba sobre lo que ha estado pasando a sus hijos y a sí mismo en estos años, una cosa era segura…nada de esto era lo que él quería para ellos, este no era el resultado que deseaba por todo su esfuerzo. El viejo roedor meditaba sobre los pasos que siguió para terminar en el lugar y momento que estaba viviendo ahora mismo, como él, una simple mascota, se empeñó en no dejar caer al clan Hamato, parecía que el destino, de alguna manera, estaba de acuerdo con él y le brindaba la oportunidad de llevar a cabo todos sus sueños, como un "Accidente" le trajo a su nueva familia y la posibilidad de mantener vivas las costumbres y artes ninjas de su maestro Yoshi, de resucitar el clan Hamato…jamás pensó que todo se derrumbaría, que todo por lo que luchó, se volvería en su contra.
No, de ninguna manera se pintaría a si mismo como una victima, al contrario, acababa de darse cuenta de que se había convertido en un verdugo, el mismo tipo de opresor, que en una ocasión, apareciera para perturbar la tranquilidad y seguridad de su propio maestro Yoshi, encarnado en la imagen y persona de su propio líder de clan, vamos, no es un secreto que en la gran mayoría de las familias japonesas antiguas, los jefes o maestros, llegan a exigir mucho de sus hijos o alumnos, algunos cumplen a pesar de muchos sacrificios, otros, solo se salen del camino de la forma más "Honorable" que existe…o simplemente se convierten en criminales, de esos hay muchos.
No lo comprendía antes, cuando solo era una simple mascota, no entendía el porque la cabeza del clan era tan exigente y tampoco sabía lo que sentían los estudiantes bajo toda esa presión, lo único que comprendía, era lo que siempre su maestro se decía a si mismo "El clan es lo más importante" "Él sabe por qué lo hace" "No importa como, pero lo lograré". Cuando el mutágeno le trajo el conocimiento, al primero que vino a imitar, fue al jefe de la familia, pues su maestro Yoshi siempre le seguía y respetaba, a pesar de todas las dificultades que siempre sufría por cumplir sus expectativas, nunca pensó que Yoshi se decía todo eso, por que quizás trataba de auto convencerse y resistir.
Ahora que ve a su propio hijo, agotado, destrozado por realizar los sueños de su padre, Splinter se preguntaba… ¿Es así como mi maestro Yoshi, habría terminado de seguir con ese ritmo de vida? Leonardo en comparación con su dueño, empezó a una edad más temprana, Yoshi ya era mayor de 10 u 11, cuando le pidió instrucción a su sensei, de haber vivido más tiempo… ¿También habría sucumbido al estrés? ¿Qué haría su sensei Yoshi, para desahogarse? Su primogénito se corta a sí mismo para librarse de la tensión, Yoshi no tenía ninguna herida en su cuerpo ¿Cómo se libraría de la tensión? ¿Qué le ayudaba a sobrevivir?
- ¿Quieres que te diga como?- una grave voz susurró al oído del viejo maestro, sacándolo de sus pensamientos y a la vez, causándole un fuerte escalofrío.
- ¿Qué? ¿Quién dijo eso?- preguntó con cautela, pues Leonardo descansaba en el sofá y sus otros hijos limpiaban la guarida, obvio que no había nadie cerca y a la vez, no quería alterar a ninguno preguntando.
- ¿Quieres que te diga como se relajaba HamatoYoshi? Yo estuve ahí…yo lo vi.- ahora la presencia le hablaba desde su otro costado, sin que este pudiera verlo ni sentirlo, Splinter no comprendía como podía estar hablando con algo que al parecer, no estaba ahí.
- Tú no eres real.- respondió el maestro al intruso, al tiempo que trataba de concentrarse en las oraciones que ya conoce y en las protecciones que Jones le dio.
- Tú no existes y no debes estar aquí.- respiraba suave y profundamente, para tratar de controlar sus nervios, pero nada de esto silenciaba a esa voz.
- ¿No quieres saber como se relajaba tu maestro?- se volvió a escuchar la voz del intruso, solo que esta vez no fue al lado de Splinter, sino a un lado del mueble donde descansaba Leonardo.- Tú preguntaste, yo te lo diré.- el viejo roedor dejó su postura de oración y se dedicó a buscar con la mirada alrededor del sillón donde aún dormía su hijo, temiendo encontrarse con el famoso bulto negro o algo peor, pero no había nadie, solo estaban ellos dos en la sala, el chico estaba profundamente dormido, y sus otros dos hijos, Miguel Ángel y Donatello, aún en el pasillo, comenzaron a percatarse de que algo buscaba su maestro.
- Maestro Splinter.- comentó en voz baja Donny.
- ¿Qué estará buscando?- le siguió Migue.
- No lo sé.-
- Te habrías divertido tanto.- dijo la voz de nuevo, obligando al anciano, a seguir buscando alrededor de los muebles de la sala.- Al principio lo tenía muy cerradito.-
- ¡ ¿Qué?-
- ¡Si! Tú maestro Yoshi lo tenía muy apretadito, pero yo lo desfloré… ¿Querías saber como se liberaba de la tensión, no es así?…Te lo diré, él se bajaba los calzones y le ofrecía el culo a todos en el dojo.-
- ¡Maldito! ¡ ¿De qué diablos estás hablando?-
- ¡Ja, ja, ja! Y todos empujaban tan fuerte dentro de él, que lo hacían chillar como a un cerdo.-
- ¡Desgraciado!- gritaba furioso Splinter.- ¡Estás mintiendo!-
- Kojiro siempre seguía después de mí y Yoshi lo recibía con una gran sonrisa en su rostro.- una risa infernal se escuchó solo en la sala para Splinter, pero sus gritos a un ser invisible llamaron la atención del resto de los miembros de la familia.
- ¡Maldito! ¡Guarda silencio!-
- Maestro… ¿Se encuentra bien?-
- ¿Qué está sucediendo?- preguntaba Rafael a sus hermanos desde el umbral de la puerta de la cocina.- ¿Está peleando con Leonardo?
- No tengo idea.- respondió Mickey poniéndose nervioso.- Sensei ¿Qué ocurre?- el anciano no prestaba atención a nadie que no fuera a esta cosa, él cual le dijo con gran seriedad.
- Ahora le toca a tu hijo.-
- ¡ ¿QUÉ? ¡No! ¡No lo permitiré! ¡No dejaré que lastimes a mis hijos! ¡Mucho menos que mientas sobre mi maestro!- al decir esto último, el roedor se paró junto al sofá donde descansaba el mayor de estos, para evitar que el ser que le estaba hablando cumpliera su amenaza. Cuando bajó la mirada para verificar que el chico estuviera bien, curiosamente lo encontró despierto y mirándole directamente a los ojos.- ¿Leonardo? ¿En qué momento despertaste? ¿Te encuentras bien?-
El muchacho no contestaba a sus preguntas, tampoco hacía movimientos propios de alguien que acababa de despertar de un sueño intranquilo o de haber salido de la inconsciencia, no tenía curiosidad por nada ni preguntaba por nadie, solo prestaba total atención a su padre, el cual, con horror se percató, de que este, su hijo, tenía los ojos en blanco, no había rastro de sus pupilas color miel, que lo destacaban de entre sus hermanos, solo había un globo ocular completamente limpio, en un rostro frío que poco a poco ostentaba una espeluznante sonrisa en sus labios.
- ¿Hijo mío?- preguntó Splinter al chico.
- No…- le respondió la misma voz sepulcral que venía conversando con él desde hacía varios minutos.
Al no recibir una repuesta, Donatello y Miguel Ángel se fueron acercando a la sala, para averiguar lo que estaba ocurriendo con su padre, grande fue su sorpresa, al ver que Leonardo se había levantado del sofá y con una velocidad nada natural para una persona en su estado de salud, se arrojaba contra Splinter y comenzaba a estrangularlo con sus propias manos.
- ¡Maestro Splinter, Leo! ¡¿Qué demonios…?- gritaron ambos chicos al llegar y ver la lucha entre la anciana rata y su primogénito.
El viejo roedor ya se encontraba derribado, con Leonardo sobre este, tratando de asfixiarlo con todas sus fuerzas, Splinter se defendía apenas sujetando a la tortuga de azul por las muñecas, al encontrarlos en semejante situación, Donatello de inmediato trató de detener a su hermano, mientras que el más joven, ayudaba a su padre, retirando las extremidades de este, del cuello de la rata, pero era prácticamente imposible, el muchacho de bandana añil, era increíblemente fuerte, ninguno de los chicos lograba moverlo un milímetro, a pesar de que Splinter ayudaba pateándolo en el estomago.
- ¡LEONARDO POR TODOS LOS CIELOS! ¡¿QUÉ DIABLOS TE PASA?- le gritaba Donatello al oído sin obtener una contestación.
- ¡ESTÁS LASTIMANDO A PAPÁ, REACCIONA!- agregaba Miguel Ángel, pero nada, por respuesta para ambos quelonios, un antinatural y espectral gruñido se escuchaba desde el interior del chico, sin que este retirara su horrible sonrisa.
- ¡TE MATARÉ ESTUPIDA RATA! ¡TE LLEVARÉ CONMIGO AL INFIERNO!- amenazó el espectral ser desde el interior de Leonardo, sin que este abriera la boca para articular palabra alguna, mismas que fueron escuchadas por sus pequeños hermanos, quedando aterrados ante el hecho.
- ¡RAFAEL, CASEY, AYÚDENNOS!- gritaron los jóvenes luego de haber soltado a su hermano, pues estaban horrorizados con la voz que escucharon.
Ante el llamado de los muchachos, Rafa y Casey no se hicieron esperar, de inmediato dejaron lo que estaban haciendo y corrieron en su auxilio…bueno, al menos eso era lo que deseaban, pues al momento en que el guerrero de las calles se ponía de pie para dejar la cocina, la puerta de la nevera se cerró de golpe, atrapándolo por los costados.
- ¡Rafael ayúdame!- gritaba este tratando de abrir de nuevo la puerta, pero parecía haber alguien empujándola para mantenerlo en el lugar o peor aún…para matarlo.- ¡RAFAEL…ME…A…HO…GO!-
- ¡Ya voy, ya voy!- el quelonio de rojo no tuvo más remedio que ir a sacar a Casey del refrigerador, aunque suene curioso. Cuando llegó ante este, el chico de melena negra, hacía lo posible para zafarse, la orilla de la puerta le presionaba con gran fuerza, Rafael comenzó a jalar desde el mismo punto en el que estaba trabajando su compañero y juntos empujaban en dirección contraria.
- ¡No se mueve!- se quejaba el temperamental ninja.
- ¡Con más fuerza!- rogaba Casey con el poco aliento que tenía.
- ¡Eso hago! ¡Pero no quiere!- se esforzaba el chico de bandana escarlata, a pesar de que los gritos de sus hermanitos le distraían de su tarea. Como último recurso, el ninja de rojo volvió a maldecir.
- ¡HIJOS DE SU CHINGADA MADRE, DÉJENLO IR YA!- estás palabras bastaron para que la puerta cediera y liberara al joven de melena negra, ya libres del frigorífico y a prudente distancia de este, ambos notaron con horror, que la puerta del aparato, mostraba la marca de dos palmas de manos de tamaño adulto, e inexplicablemente, el ser que empujaba la portezuela contra ellos, contaba con seis dedos en cada una de sus extremidades. Ninguno quiso averiguar más al respecto y corrieron con todas sus fuerzas, en ayuda del resto del grupo.
No tardaron nada en llegar a la sala, la distancia que hay entre la sala y la cocina les pareció insignificante por la prisa que llevaban, al encontrarse frente al resto de la familia, vieron con horror, que Leonardo continuaba sobre el maestro Splinter, y que al no poder eliminarlo con la estrangulación, comenzó a golpearle en el rostro, solo algunos de los puñetazos del muchacho, dieron directo en el rostro de su padre, el resto fueron bloqueados por sus pequeños hermanos.
- ¡Leonardo por favor, despierta!- continuaba rogando Donatello.- ¡ ¿Qué no ves lo que estás haciendo?-
- ¡No es Leo, Donny! ¡No es Leo!- aseguraba Miguel Ángel, que a pesar del terror que le daba el momento, seguía sujetando una de las manos de su hermano.
- ¡DETENTE!- gritó Rafael al tiempo que llegaba de frente a su líder y lo derribaba en dirección contraria a donde se encontraba su padre, para someterlo sobre el suelo.- ¡CON UNA CHINGADA, LEONARDO! ¡¿QUÉ DIABLOS TE OCURRE?- lejos de hacer reaccionar al chico de azul, el joven solo se hecho a reír frente a este.
- ¡Ja, ja, ja!- esta carcajada no era para nada la de su hermano, lo que hizo que Rafael soltara a su compañero y le mirara asustado.
- ¿Qui…quien eres?- preguntó con un hilo de voz el segundo hijo.
- ¿Qué sucede? ¿Acaso no ibas a partirme el hocico a patadas? ¿Qué esperas…? Aquí estoy…-
Rafael no podía creer lo que estaba viendo y escuchando, el que estaba frente a él, parecía ser… sonaba igual a la cosa que tomó el cuerpo de su hermano en la casona de la carretera… ¿Cómo olvidar esa voz? ¿Cómo era eso posible? ¿Acaso la cosa que se apareció a Casey y a ellos en la madrugada es el mismo ente frente a él? para su buena o mala suerte, la respuesta a sus dudas nunca llegó, pues en ese preciso momento, Casey Jones se había retirado su propia cadena y la colocó alrededor del cuello de Leonardo.
- ¡EN EL NOMBRE DE JESUS TE ORDENO, DEJAR ESTE CUERPO, AHORA!- ordenó con todas sus fuerzas el guerrero de negra cabellera, recibiendo un estruendoso y espeluznante alarido por respuesta.
Los muchachos observaban mudos como el cuerpo de su hermano, se retorcía de dolor y luchaba por deshacerse de los objetos benditos que tenía al cuello, el chillido que daba esa cosa dentro del cuerpo del ninja azul, sonaba como una mezcla entre un cerdo, un perro y un toro ¡Todos juntos! algo completamente antinatural ¿Cómo una tortuga puede bramar de esa manera? ¡Es imposible!
- ¡AAARRRGGGHH MALDITOS!- aullaba la criatura.- ¡ ¿QUÍTENMELOS DE ENCIMA?-
Luego de un par de minutos que parecieron horas, la tortuga de bandana azul, cayó al suelo inconsciente al haber perdido la batalla, había maldecido, amenazado y gritado que esa cadena le quemaba el cuello, pero aún así, nadie le retiró las medallas de encima, cuando este ya no se movió, Donatello y Casey, se acercaron para verificar que el muchacho estuviera en buen estado, que fuera nuevamente él, bueno, eso lo sabrían más tarde, por ahora, el chico respiraba y sí, el cuello lo tenía muy lastimado.
- Donatello, hijo ¿Cómo está tú hermano?- preguntaba la vieja rata, con gran parte de su rostro hinchado y el cuello afectado.
- Creo que está estable sensei, pero no sé…-
- ¡Vamonos de aquí! Les digo, ¡Vamonos ahora!- rogaba Mickey ahogado en lágrimas.- Yo ya no aguanto más este lugar, por favor, vamonos.-
- ¡Pero! ¡¿A dónde?- exigía saber Rafael, que ante todos estos sucesos sobrenaturales, comenzaba a perder la calma.- El depa de Casey está igual o peor que el nuestro, no podemos llevarle estos problemas a Abril, no sería justo.-
- ¡NO ME IMPORTA SI ES JUSTO O NO, YA NO QUIERO ESTAS MÁS AQUÍ!- reventó el menor del grupo, pues la presión y los sucesos paranormales, lo tenían al borde de un colapso nervioso.
- Miguel Ángel tiene razón.- agregó Splinter.- Este lugar ya no es saludable para ninguno de nosotros, en especial para ellos.- dijo mirando a Leo recostado sin sentido en el suelo y a Migue buscando protección junto a su padre.- Debemos buscar refugio en otro lugar.- ninguno de los que no fueron mencionados puso objeción alguna, ya que estaban tan cansados y aterrados como el más pequeño del grupo, pero más por necesidad que por valentía, seguían manteniéndose firmes, todo por el bien de la familia. Dando un suspiro de resignación, Rafael dijo…
- De acuerdo, maestro Splinter…recojamos lo más que podamos y larguémonos de este lugar.-
La orden fue llevada a cabo de inmediato, Donatello tomó el disco duro y lo metió dentro de su sudadera, Miguel Ángel ayudó a su padre, Don y Rafael se encargaron de Leonardo, Casey tomó sus cosas, el collar que iba destinado a la tortuga mayor y algo de la ropa que cayó del segundo piso, ni siquiera supo de quien era qué, solo tomó parte del montón que los chicos habían separado y la envolvió dentro de una manta a modo de saco.
Como pudieron salieron con los brazos llenos de mantas, almohadas y ropa, de ninguna manera alguno de ellos volvería por otra cosa a la casa, al llegar al garaje, una pequeña duda los asaltó… ¿Qué auto nos llevamos? El acorazado llamaría mucho la atención y no podrían estacionarlo tanto tiempo fuera del edificio de Abril, por lo que, a pesar del terror que las viejas memorias les llegaban, tomaron de nuevo la pequeña camioneta familiar.
Al abrir el vehiculo, de inmediato acomodaron las mantas y recostaron a Leonardo, las maletas y los bultos volvieron a ocupar el lugar que las primeras en aquel fatídico viaje al campo, como no habían cambiado el encendido del auto, Rafael se fue a buscar los cables que uso su amigo en aquella ocasión, pero para rematar el día de espeluznantes sucesos, las llaves del transporte, las mismas que perdieron en la casa embrujada, colgaban del encendido del aparato.
Rafael estaba asombrado, el color se le fue del rostro y un escalofrío recorrió todo su cuerpo ¿De dónde diablos salió eso? El quelonio de ropas rojas reconoció el llavero de control de video juegos que el menor de sus hermanos colgara de las piezas de metal, los primeros días de su regreso, cuando mencionaban todo lo que debían recuperar, Miguel Ángel se preguntaba una y otra vez ¿Cómo haría para conseguir otro llavero igual? Ese venía de regalo en una de tantas revistas de tácticas que compraba, ya no había más ejemplares de la misma. Era más que obvio que este hecho contestaba a sus preguntas, sobre la identidad del ente.
El temperamental ninja no sabía que hacer, si decirles a los demás o callarse esto y arrancar fuera del lugar, metido en sus pensamientos estaba, cuando el guerrero de las calles tomó el asiento del copiloto y al ver que Rafa no se movía, le reclamó al tiempo que le daba un codazo.
- ¡Vamos! ¿Qué esperas? ¿Qué venga esa cosa a empujarnos? ¡Arranca!- el pelinegro no sabía nada del famoso adorno, por lo que no le afectó tanto el hallazgo,
Rafa no dijo nada y encendió el motor para salir lo más rápido posible, Casey iba a preguntar sobre lo que ocurría al notarlo tan ausente, pero el niño le dijo con una seña que luego lo hablarían. Abrigados, aterrados y con algunas de sus pertenencias en bultos, Casey, los muchachos y su padre, viajaron rumbo al apartamento de Abril en busca de ayuda. La vieja camioneta que una vez los sacara de la casa embrujada, ahora los volvía a llevar fuera del alcance de este ser sobrenatural, con el atardecer sobre ellos, la curiosa familia atravesaba las calles de Nueva York, en busca de un lugar seguro para aliviar sus heridas, descansar sus mentes y cuerpos, en busca de un poco de paz.
Fin del capitulo 10.
