Hola :D (no me maten) mil disculpas por no actualizar rápido, seguramente ya ni tengo lectores u.u pero aquí les traigo el capitulo. Las razones por las que me tarde fueron por varias: exámenes finales, y sobre todo y estúpido-horrible-asqueroso bloqueo de ideas -.-

Pero ya no los interrumpo mas, a leer! :)


10. CHARADA

Kendall caminó a pie de playa, buscando a su amigo James. Habían tenido una pequeña pelea hace un par de noches puesto que Frank Banes amenazó a James. Allí estaba su amigo de ojos avellana con su primo, abrazados mirando el paisaje que tenían frente a ellos. Cuando Kendall se acercó, se quitó las gafas.

– Yo iré a… – Carlos se levantó del suelo, se sacudió la arena y camino hasta la orilla para que las olas cubrieran sus pies.

– Mmm… busqué el verdadero significado de "amigo" en internet y decía que los amigos tienen peleas, deben darse cuenta de sus errores y pedir una disculpa. Si te puedo confesar algo, al encontrarte aquí pensé que serias sólo un socio de mi venganza, pero conforme el tiempo pasó no sólo fue un socio: también un mejor amigo – Se calló un momento y prosiguió – así que lo siento, James.

James sonrió, él no era orgulloso (bueno un poco) pero no en este tipo de situaciones.

– Disculpa aceptada.

Se quedaron en silencio unos instantes y fue James quien decir romper el hielo en esa conversación.

– ¿Y qué haremos con ese tal Frank? – preguntó James, y esto provocó que Kendall se sorprendiera.

– Acabar con él. No hay otra forma.

– Carlos ha estado revisando los movimientos de Michael, y al parecer Hellen aún no ha visto el video.

– Tiene que hacerlo, puedo que Hellen odie a Brooke pero eso no le da motivos para mandarla matar.

– Debes hacerle llegar el video.

– No me ocuparé de eso. Michael se lo dirá a su esposa, por precaución. Ya lo verás. Bien, debo irme. Tengo unos asuntos que atender, disfruten su día, chicos.

– Lo haremos – respondió James mientras Kendall se alejaba.

Caminó hasta su casa, descalzo para sentir la arena entre sus dedos. Cuando subió las escaleras del porche trasero, observó que la puerta de cristal estaba abriera y las cortinas flotaban en el aire. Se alarmó y optó por tomar su pistola oculta. Buscó pero no estaba en la medida donde solía guardarla.

– ¿Buscabas esto? – preguntó una voz. Frank Banes estaba en la sala, registrando la habitación sosteniendo la pistola.

– ¿Usted que hace aquí?

– Lo escuché hablar con James Diamond la otra noche, y decidí que era momento de conocer más acerca de tu pasado y me encontró con un oscuro secreto que al parecer no quieres que salga a la luz… ¿te suena el reformatorio? Tenías un pasado de delincuencia, señor Knight – dijo Frank soltando una carpeta con papeles dentro.

– Ese chico cambió.

– Genio y figura hasta la sepultura, señor Knight.

– ¿Cuánto quieres?

– Ugh, ustedes los ricos siempre quieren sobornar con dinero.

Frank ya se estaba retirando.

– Será mejor que sepas donde dejas tus pisadas, Knight – guardó la pistola en su bolsillo en el interior de su saco –. Y me llevaré esto – mencionó acerca del arma de fuego –. Es muy peligroso si no sabe usarla.

Cuando se largó de su propiedad, Kendall rápidamente subió a su habitación y buscó su apreciado cofre. Por suerte ahí seguía. Abrió el cofre y busco un teléfono celular que guardaba en caso de emergencias de este tipo (acerca de su pasado) y llamó al número de Gustavo Rocque.

Francis, no pensé que realizarías esta llamada.

– Ni yo, Gustavo. Tengo un problema.


– Así que díganme, ¿cómo les ha ido en estos años de espectacular matrimonio? – preguntó la entrevistadora, era una mujer de treinta años de cabello castaño. Estaba entrevistando a Michael y Hellen Taylor con un sólo propósito: celebrar otro aniversario llenos de mentiras y felicidad que sólo hacía creer a sus lectores que era verdad.

– ¿Que más podría decir? Este matrimonio va de mejor a maravilloso – sonríe Hellen con esfuerzo, puesto que su esposo pasa un brazo alrededor de ella y la abraza.

La mujer hace unas señas para apagar las cámaras que documentan todo el momento.

– Bien, prosigamos con las entrevistas a los familiares y amigos.

Unos minutos más tarde, la mujer se encontraba entrevistando a Mitchell Taylor, y posteriormente a Jo.

– Así que Jo, ¿no hay un chico esperando a que termines la entrevista para llevarte a una cita?

– No – cuando lo dijo, el rubio rio estúpidamente.

– Creo que no estás hablando con la verdad – le dijo sonriente.

– Bueno, si lo hay pero le gusta ser discreto.

– ¿Y es un amor pasajero, un amor de verano?

– No lo creo, pienso que vamos progresando como pareja. Yo siento que algún día me casaré con él.

– Bueno Jo, creo que hemos terminado. Tú y tu misterioso novio saldrán en el reportaje especial del periódico.

– ¡Qué bien! – dijo entusiasmada, mientras se retiraba de la sala. Sin embargo, este asunto no se iba a quedar atrás, puesto que Camille estaba cerca, escuchando cada pregunta y respuesta en la entrevista de Jo.

Camille se acercó a la mujer con discreción, como si hubiera escuchado sólo lo último de la conversación.

– Escuché acerca del novio misterioso.

La mujer se sobresaltó al oír la voz de Camille a sus espaldas. Volteo hacia ella y le sonrió.

– ¿Tú lo conoces?

– Claro, su nombre es Kendall Knight, es el dueño de la casa playera más hermosa de la costa. La del lado.

– ¿A si?

Camille asintió, y comenzó a narrar hechos acerca de su relación. Hizo que los hechos parecieran de cuento de hadas. Esto le disgustaría mucho a Kendall, y por eso mismo lo hizo.


Mientras Hellen subía las escaleras hacia su habitación que esposo la seguía.

– Hellen, tengo que hablar contigo acerca de algo muy delicado…

– ¿Delicado? ¿No querrás decir de tu amante que se encuentra instable?

– No Hellen, de algo mucho peor.

Entraron al dormitorio, y Michael cerró las puertas para evitar que alguien escuchara lo que estaba a punto de soltar.

– Verás… Frank intentó asesinar a Brooke.

– ¿De qué rayos hablas?

– Si no me crees, míralo tú misma – Michael le enseñó el video por medio de su Smartphone. Su esposa abrió mucho los ojos, no podía creerlo.

Se alejó rápido del celular, cubriéndose la boca para evitar emitir sonidos mientras lloraba.

– ¿Cómo es posible? – exclamó con los ojos inyectados de sangre y cubiertos de lágrimas.

– Dímelo tú… al fin y al cabo, ¡Frank te tuvo más lealtad que a mí!

– ¡Sólo le dije que se deshiciera de ella!

– ¡Eres una vil zorra!

– ¡Pero no me refería a que la matara!

– Será mejor que te cuides las espaldas, Frank ya no es de confianza – Michael advirtió a su esposa, mientras se retiraba de la habitación.

Hellen se quedó allí, llorando por tal motivo ocurrido. Por más fría que fuera, nunca hubiera deseado que su propio guardia de seguridad la matara, o hubiera hecho el intento.


Logan se estaba despertando alrededor de medio día, el fin de semana había sido exhausto para él. A veces se ponía a pensar como estaría horas tras horas trabajando dentro de un hospital y tener energía de sobra para el resto del día. El sol se asomaba por un hilo de luz en su ventana, precisamente ese hilo de luz cegaba uno de los ojos de Logan. Se sentó sobre su cama, apoyándose un principio por sus codos.

Talló sus ojos para quitarse el rastro de sueño y el lentamente salió de su cama. Traía un pijama de pantalón gris y camisa blanca. Iba descalzo por la casa y sus pies hacían contacto con el frío piso. Salió bostezando de su habitación y se encontró a su madre, trabajando en unos papeles. Logie abrazó a su madre por atrás mientras ella se encontraba sentada.

Logan vio un periódico sobre la mesa y le pareció completamente raro. Lo agarró y comenzó a leer algo que no debía hacer.

Mientras leía, salió al porche trasero y se sentó en una banca para sentir la brisa de verano.

"Por fin nuestra princesa de Los Ángeles ha encontrado a un apuesto príncipe azul, amistades aseguran que no es un simple amor de verano…"

Fue un golpe duro para su corazón, y rompió en llanto.

Con sus manos formo una bola hecha con el periódico que hace unos momentos sostenía. La arrojó con todas sus fuerzas, estaba lleno de ira, llenos de tristeza. Sin embargo era más intenso el dolor que la ira que experimentaba. Era como una cuchillo afilado entre sus costillas, perforado todos sus órganos hasta llegar al corazón.


Los tacones de Hellen provocaban eco por el hospital. Caminaba moviendo las caderas como normalmente lo hacen las mujeres, sin embargo Hellen parecía ser una reina experta en el arte de la caminata. Ella sentía las miradas de las enfermeras "envidiosas" que criticaban la hermosa apariencia de Hellen, y su cara marca de ropa. Hellen se alimentaba de la envidia y de los celos ajenos, era como una esponja.

Le preguntó a una secretaria que le dijera donde se encontraba la habitación de su amiga. La enfermera, de mala gana y moviendo los ojos de arriba a abajo para criticar en sus pensamientos a la mujer, le explicó cómo llegar a su destino.

Era imposible creer que la mujer que había costeado la habitación privada de Brooke no conociera siquiera el camino para arribar.

Llego a la habitación, y ahogó un grito al observar a su amiga tendida en la cama, con vendajes que le rodeaban la cabeza, consolas que monitoreaban su ritmo cardiaco, e intravenosas que le proporcionaban suero.

– Oh… mi querida Brooke – murmuró acercándose a la mujer inconsciente.

Sentía una gran carga sobre su espalda, puesto que la había mandado desaparecer aquella noche, era culpabilidad a un grado elevado. Reprimió una lágrima que estaba a punto de caer por su mejilla y se comportó como si fuera inocente de aquel acto homicida.

– ¿Cómo te atreves a poner un pie dentro de esta habitación? – preguntó una voz a sus espaldas, el terror y el pánico invadieron su cuerpo a tal grado de incrementar el temblor de sus huesos.

Temía voltear, pero se armó de valor y lo hizo, con la frente muy en alto.

Era nada más y nada menos que Frank, su ex–jefe de seguridad. La persona que casi había matado a su "amiga".

– Frank… – musitó –. ¿Q–Qué haces t–tu a–aquí? – logró articular. El pánico era como agua que fluía de todas partes, sin conocer la fuente. Caminó hacia atrás torpemente, horrorizada de sus pensamientos. ¿Y si Frank le hacía algo allí mismo?

– Vengo a explicarte…

– No quiero tus explicaciones – interrumpió Hellen, sin querer escuchar los argumentos que tenía preparados el hombre –. Lárgate de aquí, Frank.

– Escúchame un segundo.

– ¡Lárgate! ¡SEGURIDAD!

En unos segundos, cuatro guardias de seguridad estaban de pie fuera de la habitación listos para escoltar a Frank fuera del hospital.

El corazón de Hellen seguía latiendo con rapidez, y lo que menos quería es tartamudear frente a los hombres encargados de la seguridad en el edificio.

– Escolten a este caballero hasta la salida, y que no entré al hospital de nuevo.

– Bien, señora.

Cuando se alejaron con el hombre, Hellen llamó a una malhumorada enfermera que caminó frente a sus narices con el principal objetivo de presenciar el momento que se convertiría en chisme y posteriormente con la facilidad de divulgarlo entre las habladoras enfermeras durante sus descansos.

– Señorita, si no es tanta molestia le pediré que mantengan a un guardia de seguridad las veinticuatro horas vigilando la habitación de Brooke Diamond.

– Por supuesto, ¿algo más que desee agregar?

– Que si el hombre vuelve a pararse en el hospital, no duden en arrestarlo. Fue el hombre que intentó asesinar a la paciente Brooke Diamond.


– No me da buena espina – declaró Kendall mientras caminaba con la playa junto a su pareja de amigos, James y Carlos. Él rubio sostenía el periódico en una mano, el mismo que publicó el reportaje de la familia Taylor. Estaba lleno de coraje y de preguntas que mortificaban su cabeza por el hecho de que era el diario que regularmente leía Logan. ¿Y si lo había leído?

– Su comportamiento es extraño… – mencionó Carlos.

– Desde que llegó, sólo ha estado interfiriendo en mi falsa relación con Jo. Aunque debo atender el asunto con Frank. Si encuentra mi nombre y sé los menciona a los Taylor, estoy acabado.

– Nos ocuparemos de Camille – sugirió James –. Buscaremos en su pasado.

– No me gusta que se metan en toda esta tormenta, pero bien.


El juez Rocque estaba sentado en su oficina. Era de las pocas personas que conocían la verdad sobre Kendall Knight, por lo cual debía proteger ese secreto como si fuera suyo. Lo ayudó durante la estancia en el reformatorio, ya que conocía la verdad acerca de la farsa que habían montado los Taylor.

Él se sorprendió por la extraña visita de Frank, que buscaba el frío y oscuro pasado del rubio.

– Bueno, debe saber que Kendall Knight es uno de los mayores contribuyentes en este reformatorio. Ha donado una extensa biblioteca para que los chicos ejerciten sus mentes y no se metan en problemas. Está claro que él estuvo aquí durante la adolescencia, pero fue de aquellas personas que han superado sus traumas.

– ¿Y por qué estuvo aquí? – preguntó Frank mientras estudiaba cuidadosamente la oficina del juez.

– Esa es información clasificada. Pero vamos, le daré un recorrido por la biblioteca…


– James, dime de nuevo el nombre de la chica.

– Camille Roberts – le dijo James a su oído con voz sensual que hacia un cosquilleo en la oreja de Carlos. El latino estaba sentado frente al escritorio en la computadora de James. Él se sentía raro estando a solas en la casa de su novio mayor.

Tecleo en la computadora en nombre y esperó a que la búsqueda diera su fin. Cuando un mensaje con letras llamativas y parpadeantes anunciaron que los resultados de la búsqueda estaban listos, James dejó de juguetear con el lóbulo de la oreja de su novio, para así poder prestar atención a lo que estaban a punto de averiguar.

Lentamente le dio clic y apareció toda la información secretara de Camille. Ambos pusieron los ojos como platos al leer rápidamente la información.

– Debemos avisarle a Kendall – murmuró James sacando su móvil para marcar el número. El chico tardó en contestar y cuando Kendall terminó de saludar, James ya estaba hablando –. ¡Camille fue prostituta durante un tiempo!

¿Qué? ¿James, lo que me estás diciendo es verdad?

– Totalmente. Trató de esconder eso, pero le falló al parecer.

Debo acabar con ella, o al menos poner un ultimátum.

– Yo lo haré. Si no se enterará de tu secreto.

Bien, mucho cuidado James. No lleves contigo a Carlos.

– Tenía planeado amarrarlo a la cama…

Kendall soltó una carcajada y se despidió de James, finalizando la llamada.

Al otro lado de la línea, Kendall buscaba de nuevo el teléfono celular que usaba en casos de emergencia para llamar a Gustavo Rocque. El celular timbro tres veces antes de que el juez contestara.

– ¿Todo salió como lo teníamos planeado?

– Si, pero Francis: debes cuidar donde dejas huellas. Puede ser muy peligroso.

– Lo tendré en cuenta, Gustavo. Gracias de nuevo.

Pero algo más lo tenía preocupado: Frank no descansaría hasta obtener la verdadera historia detrás del nombre de Kendall Knight.

Entró a su casa, y nuevamente escondió su cofre en el lugar seguro. Tragó saliva, todo se estaba enredando cada vez más.


James tocó la puerta de la casa de piscina donde se alojaba Camille junto a la hija Taylor. James se había arreglado para lucir espléndido, claro que Carlos lo ayudó para que se viera mucho mejor. Debía vender su imagen hacia Camille para hipnotizarla y así llevar a cabo la amenaza. Tocó otra vez la puerta y Camilla abrió. James le sonrió con esa sonrisa que lo caracteriza, fue la misma sonrisa con la que hechizaba a todas las almas jóvenes, pero más aquella alma de Carlos.

– Hola, Camille.

– Hola, James – saludó Camille.

– Iré directo al grano… tengo un problema contigo y es acerca de que interfieres en la relación de Kendall y Jo.

Camille sonrió.

– Así que tú y el rubio son mejores amigos, no me lo esperaba – inquirió Camille –. Suéltalo de una vez, ricachón.

– Sé que eres prostituta, y que sólo eres una caza fortuna – espetó James.

– ¿Qué quieres que haga para que cierres el hocico?

– Simplemente no interfieras en la relación de Kendall y Jo. Y creo que eso es todo. Hasta luego, Camille.


La noche cayó rápidamente sobre la costa: fue un atardecer hermoso pintado con colores cálidos y nubes rosadas, el cielo fue pintado de un color naranja. El sol se reflectaba sobre el agua del mar, y cuando por fin se ocultó en el mar fue cuando Frank Banes logró forzar la cerradura de la oficina del juez Rocque.

La zona de oficinas está ya a esas horas completamente vacía, sin ningún alma vagando por los pasillos. Apagó las cámaras de seguridad, era un experto en el arte del espionaje puesto que todas esas habilidades las había aprendido mientras trabajaba en el FBI.

En la oficina, había muebles con los expedientes de cada chico que había entrado en el reformatorio. Buscó en la K, puesto que los papeles estaban ordenaos por apellidos. De igual manera, forzó la cerradura del mueble metálico que almacenaba la información. Abrió el cajón, y buscó el nombre "Knight".

« ¡Eureka!»

Sostuvo el expediente en su mano y lo abrió con cuidado, con sus manos protegidas por guantes de látex para no dejar rastro de huellas dactilares. Leyó, pero su historial no cuadraba. Sin embargo encontró una fecha y unos papeles que entregan cuando se realiza el acto de cambio de nombre. Abrió los ojos de par en par al leer el nombre anterior. Su nombre real no era Kendall Knight, sino Francis German.

Le tomó una foto al apartado, donde venía su anterior nombre junto una fotografía cuando era un adolescente y había ingresado al reformatorio.


Frank Banes y su molesta presencia, salió del reformatorio sin dejar rastro de su inesperada visita. En su móvil ya tenía la foto, y buscó el nombre de Hellen Taylor en su directorio telefónico y la llamó.

¿Hola?

– Hellen, soy yo: Frank.

Deja de hablarme…

– Kendall Knight no es quien dice ser.

¿De qué hablas? – el interés de Hellen pronto apareció con la última frase que artículo Frank a través del teléfono.

– Su nombre es…

Entonces fue interrumpido por un fuerte golpe en la parte trasera de su cráneo. Cayó al suelo, moribundo a causa de la sombra que lo seguía. Frank soltó el teléfono por el dolor potente que sentía, jadeaba y respiraba cada vez con mayor frecuencia. Entonces la sombra esbozó una maléfica sonrisa mostrando los dientes, Fran miró de reojo a la persona, ya que estaba boca abajo.

La sombra empuñaba un tubo de metal pesado, se agachó hacia su víctima y volvió a golpear con dureza el cráneo de Frank. Se escuchó como se rompieron los huesos, y la sangre resbalaba por su cabeza. Cuando la silueta se reincorporó, sostenía el tubo con la sangre goteando. Pateo por última vez al cadáver, recogió el móvil con sus guantes y lo guardó en su chaqueta. La silueta arrojó sobre el cuerpo, el arma asesina. Se limpió la sangre de las manos y se alejó de la escena del crimen…


Espero que les haya gustadop, tratare de actualizar lo antes posible. Sin embargo tengo un proyecto que realizo actualemente, y otro fic que publicare aunque no es Kogan ni nada relacionado. No dejaré esta historia pero si les ofreceré una disculpa si tardo un poco en actualizar.

Gracias por leer esta capitulo, me gustaría ver sus comentarios!

Ciao, hasta la próxima :*

-Josué, TributeRusher