Hola!

Damalunely: Hey! Que bueno que te gusto! Besos!

Tregua

- ¿Vieron la cara de Malfoy está mañana?- interrogaba Ron mientras comenzaba a servirse los alimentos. Junto a él, Harry y Hermione también se sentaban. El azabache asintió rápidamente mientras se ubicaba frente al pelirrojo. La castaña apenas les presto atención, no quería escuchar hablar sobre el ojigris.

- Parecía muy enojado, todavía no comprendo cómo salió del armario. - comentó Harry tomando un sorbo de su zumo de calabaza.

- ¡Yo tampoco! Cuando regrese con Mclaggen ya el armario estaba abierto. ¿Tú donde te metiste Hermy?- cuestionó el pelirrojo, al escuchar su nombre la castaña saco su mirada de su plato y parpadeo varias veces.

- No pensaba quedar me allí vigilando a Malfoy, tenía que terminar un ensayo.- explicó la castaña con un tono desinteresado.

- ¡Tranquila, Mione!- se burló el pelirrojo.

- Chicos, recibí una carta de Fred y George; quieren que nos pasemos por sortilegios Weasley.- se les unió Ginny a la conversación sentándose al lado de la castaña.

- ¿Podríamos ir el sábado, no creen?- preguntó Ronald emocionado.

- Eso sería excelente.- susurró Harry con una sonrisa.

- ¿Tú que opinas, Mione?- cuestionó Ginny.

- Por mi está bien, podría aprovechar e ir a comprar también algunos pergaminos.- sentenció la castaña dibujando una sonrisa.

- Ahí entro Malfoy.- comentó Ron lanzando una mirada hacia la puerta del gran salón. Todos miraron hacia allá,incluso Hermione. Nott y Zabinni caminaban junto al rubio.

- ¿Crees qué haga algo para desquitarse?- interrogó Harry acomodándose los espejuelos.

-Créeme que lo hará.- dijo Ron

- ¿Está guapo el tonto, verdad?- le cuestionó Ginny a la castaña en un susurro; por un instante Hermione se atragantó con su zumo, y luego miro a la pelirroja con los ojos muy abiertos.

- No me mires así.- le dijo Ginny riendo.

- Malfoy es un insufrible.- sentenció Hermione en voz apenas audible, solo ella y la Weasley menor habían escuchado.

- Es uno que te parece lindo.- se burló Ginny.

-Dejaremos de ser amigas.- le amenazo Hermione.

- ¡Está bien!- exclamó Ginny riendo antes de comenzar con su desayuno.

- Defensa contra las artes oscuras tan temprano.- se quejó Ron mientras arrastraba los pies junto a sus amigos. Se llevaron una sorpresa cuando Draco Malfoy y Zabinni pasaron junto a ellos sin prestarles atención.

Hermione arrugó el entrecejo, y trazó un camino siguiendo con su mirada al rubio platinado. Le sorprendía que no estuviese molestándoles. Al final, eso era lo único que hacía bien. Atravesaron la puerta y comenzaron a ubicarse en los asientos de siempre sin prestar atención a los que ha estaban en el lugar.

En cambio, cierta castaña que al entrar lo primero que hizo fue, inconscientemente, percatarse de que Malfoy se había movido hasta el final del aula. "¿Desde cuándo se sienta tan lejos?" Se preguntó Hermy confundida. El solía ubicarse dos sillas lejos de ella...en una esquina donde, solo tenía necesidad de girar la cabeza para verle.

- Quizás me dejara en paz.- pensó la castaña para consolarse, y suspiró antes de sonreír. Podría olvidarse más rápido de esos tontos besos si el rubio cooperaba.

- No sabes lo que me acaba de ocurrir.- dijo Harry dejándose caer junto a Hermione, la castaña no se había percatado en que momento el azabache se había separado de ella y se había quedado rezagado...

- ¿Que ocurrió?- interrogó Hermy

- Acabo de tropezar con Parkinson.- explicó Harry.

- ¿Y?- interrogó Hermione confundida.

- Que...no me ha insultado, incluso se disculpó.- explicó Harry con el ceño arrugado.

- Quizás estaba de buen humor.- comentó la castaña encogiéndose de hombros.

- Quizás...pero ha sido raro. Quizás Malfoy esta planeando algo contra nosotros y...- comenzó a especular el pelinegro.

- Harry no te compliques...creo que está vez no tiene nad que ver con Malfoy.- sentenció Hermione rodando los ojos; últimamente todas las conversaciones terminaban en Malfoy.

- ¿No les parece raro que el hurón no nos este insultado?- se unió Ron a la conversación, Hermione rodó los ojos... "¡No puede ser!" Pensó la castaña, no resistiría escuchar su nombre cada tres segundos.

- ¿Podemos dejar de hablar de él?- cuestionó La ojimiel enojada.

- ¡Buenos días!- la voz del profesor consiguió que los deseos de la castaña se hiciesen realidad y que todo tema que involucrase al pálido rubio de grises ojos fuese cancelado y olvidado.

Más tarde...

- Era un simple hechizo...- murmuraba Hermione mientras arrastraba sus pies hacia la oficina de Mcgonagall. A donde había sido enviada luego de arrojar un hechizo, no autorizado, a Parkinson. La pelinegra se había burlado de la castaña, y está no estaba de muy bien humor para soportar sus burlas así que había cedido ante la presión.

- Está asquerosidad.- se quejaba otra voz, la castaña le escucho quejarse así que se detuvo percatándose de que alguien venía desde el pasillo contiguo.

- ¿Malfoy?- cuestionó Hermione al ver aparecer el cabello platino delante de ella, el rubio venía cubierto de un líquido rojo y viscoso de pies a cabeza.

- Mcgonagall te espera, Granger. No le hagas esperar.- siseo el rubio pasando una mano por su cabello para sacar restos del líquido viscoso.

- ¿A ti que te ocurrió, Malfoy?- interrogó la leona, no quería burlarse; pero no podía evitar el tono burlón.

- Tú amigo Longbotton que no sabe utilizar su magia.- exclamó enojado el ojigris.

- Creo que si sabe usarla, mira lo bien que te ha dejado.- volvió a burlarse la leona elevando una ceja.

- Como digas...- susurró el rubio dispuesto a seguir su camino, pretendía comportarse indiferente con la Gryffindor. Pero está parecía feliz al ser ignorada, así que el rubio desistió de su plan inicial.

- Granger...- le detuvo el Slytherin.

- ¿Si?- interrogó Hermione girándose.

- Te ves más sabelotodo hoy...- le dijo con una sonrisa torcida, la castaña le miro sorprendida. "¿A que juega?" Se cuestionó mentalmente la chica.

- No iniciemos otra vez.- se quejó Granger exasperada.

- Por cierto, lo que ocurrió ayer...no te sientas muy importante. Te bese por besarte.- le dijo el rubio acomodándose la camisa, Hermione le miró fijamente, deseaba traspasarle con la mirada. Saber cuanta verdad había en sus palabras, entender porque era tan complicado Draco Malfoy.

- Que bueno, así no volverás a hacerlo.- dijo la leona orgullosa.

- Nunca. Fue solo un error.- comentó el rubio con rostro indescifrable.

- Varios errores.- le recordó la leona, comenzaba a sentirse enojada. ¿Ahora resultaba un error haberla besado?

- Podemos tropezar con la misma piedra en varias ocasiones.- comentó Draco desinteresado.

- Luego del primer tropiezo ya como que le cogiste el gusto.- le acusó la de ojos color miel.

- En realidad solo me parecía divertido ver cómo te rehusabas a responder.- mintió el ojigris.

- Idiota.- le dijo Hermione con el gesto contraído en una señal de enojo y asco.

- Soy un Malfoy...deberías haberlo esperado de mi.- susurró la serpiente antes de darse media vuelta.

- ¿También mentiste sobre el olor de tu amortentia cierto? - le interrumpió Hermione, deseaba quebrar todo vestigio de ¿ilusión? "No estoy ilusionada, solo tengo curiosidad" se convenció.

- Claro, Granger. Mi amortentia jamás olería a...a ti.- siseo el rubio siguiendo su camino. Hermione le siguió con su mirada, no le importaba: deseaba convencerse de eso. Al final, era solo Malfoy, jamás estaría interesada en él. Era solo un arrogante, orgulloso y presumido.

- Que bueno...saber que no le intereso: es un alivio.- se convenció la leona reanudando su caminata hacia la oficina de Mcgonagall.

- Pudo haber sido peor...- suspiró Hermione mientras se acomodaba en su asiento. La habían dejado supervisando a unos estudiantes que estaban elaborando una amortentia, el profesor Snape había tenido que salir y Macgonall ofreció a Hermione para vigilar la clase las última hora. La castaña suspiro aburrida, eran las cinco de la tarde y una estudiante era la única que quedaba por terminar.

- ¿Falta mucho?- interrogó Hermy deteniéndose delante de la estudiante de cuarto año, la chica bajo la mirada nerviosa.

- Creo que está mal.- dijo la chica sonrojada, Hermione la miró conmovida. Le recordaba a ella misma, cuando preparaba la amortentia, siempre tenía dudas.

- ¿Por qué dices eso?- interrogó Hermione acercándose más al caldero.

- Porque me huele a un...a un chico.- dijo la muchacha nerviosa. Hermione no pudo esconder su sonrisa, le parecía adorable aquella actitud.

- ¿Y qué tiene de malo? Quizás te gusta.- dijo la leona, la chica la miro aterrada.

- ¡Eso es imposible! Es mi mejor amigo. Debe estar mal. - insistió la muchacha, Hermione se inclinó hacia el Calderón dispuesta a comprobar por si misma si la pócima estaba mal.

La golpeó el olor de los libros. Eso tenía buena pinta. Seguido un olor a césped mojado. Definitivamente le gusta ese olor. Respiro más profundamente y el olor a menta se coló por cada uno de sus sentidos. Como si su mente hiciese rápidas conexiones se espantó al comprobar donde había olido eso antes. En su momento de sobresalto golpeó el caldero y lo derribo... gran parte del contenido se vertió sobre ella.

- ¡Que torpe! ¡Lo siento!- se disculpó Hermione realmente avergonzada.

- Snape se va a enojar.- dijo la muchacha pelinegra aterrada.

- Tranquila, la volveremos hacer...trae los ingredientes.- la tenquilizo la leona mientras recogía el caldero torpemente.

"¡No! No es su olor. Mucha gente huele a menta." Se convenció la castaña negándose a ver lo evidente.

- Aquí está todo...- murmuró la chica.

A las 6:35 minutos Hermione arrastraba sus pies hacia el gran salón. Recibía miradas de todos, algunos la miraban sorprendidos y otros intrigados; Hermione no comprendía el porque de aquellas miradas. Se dejó caer junto a Harry en la mesa del gran salón y suspiro mientras extendía su mano para servirse.

- ¡Ginny que...- Harry se giró hacia la chica emocionado pero detuvo sus palabras al percatarse de que no se trataba de la pelirroja Weasley.

- ¿Ginny?- interrogó Hermy confundida.

- Lo siento...creo que cambiaste de loción...hueles a Ginny.- dijo el azabache rascándose la cabeza confundido.

- ¿Bromeas? Creo que está usando la loción de Lavender.- le interrumpió Ron, quien estaba al lado de Harry.

- ¿De qué hablan? - interrogó Hermione arrugando el entrecejo.

-De que cambiaste tu perfume.- declararon los dos jóvenes al unísono.

- ¡Me asustaste, Hermy! Pensaba que eras Parkinson.- dijo Longbotton girándose sorprendido hacía la castaña que estaba a su lado.

Entonces Hermione cayó en cuenta acerca de lo que ocurría y se llevó una mano a los labios entre asustada y sorprendida. ¡No puede ser! Pensó la leona. "¿A Neville le gusta Parkinson?" Se preguntó a si misma con los ojos muy abiertos.

- Yo...tengo que...salir.- se excusó torpemente Hermione, se tropezó con Ginny camino a la puerta del gran salón.

- ¿A dónde vas Hermy? ¿Por qué te has puesto la loción de Harry?- cuestionó la pelirroja confundida.

- No me he puesto nada.- exclamó la leona siguiendo su camino, salió apresurada y camino por un largo pasillo.

Estaba caminando cuando vio a Malfoy a lo lejos;estuvo tentada a darse media vuelta y buscar una ruta alterna hacía el séptimo piso pero decidió que simplemente le ignoraría. No se esperaba, que aún dándole la espalda, él reconociera quién era.

- Granger. Hoy más que nunca hueles a libros y a vainilla. - dijo el rubio sin girarse, si lo hubiese hecho, hubiese contemplado el rostro desencajado de la castaña. "Entonces...su amortentia...¿De verdad huele a mi? Eso quiere decir que yo le... ¿gusto?" Se preguntó la castaña espantada.

- No lo hago.- siseo la leona.

- Pues hasta acá me huele.- dijo el rubio dándose la vuelta para encararla, se había limpiado del anterior líquido rojo y vestía su resplandeciente túnica.

- Tengo prisa.- sentenció Granger intentando pasar, Draco le detuvo del brazo para impedírselo. El agarre ocasionó que la castaña le mirada desafiante, esperando algún comentario.

- ¿Por qué no podemos llevarnos bien?- preguntó el rubio mirándola fijamente a los ojos, Hermione jamás había sido conciente de cuánto brillaban esos ojos grises y cuánto podían hablar en el silencio.

- Comenzabas a agradarme, pero no puedo llevarme bien con un orgulloso que me besa a la fuerza.- siseo la castaña cruzándose de brazos.

- ¿Y si prometo no volver a hacerlo?- preguntó el rubio. Hermione ya no sabía que pensar sobre Malfoy, decía una cosa, luego decía otra, primero la trataba como una persona insignificante, luego le daba a entender que solo se divertía con ella y luego le decía cosas como las que acaba de decir.

- ¿Eres capaz de cumplir eso?- cuestionó la leona.

- Un Malfoy jamás rompe una promesa. Jamás te robare un beso.- sentenció el rubio con seguridad.

- Si es así, podríamos llevarnos bien.- le dijo la castaña sonriendo.

- ¿A dónde ibas?- interrogó el rubio.

- Pensaba subir a la sala Griffindor, pero pensándolo mejor...creo que me iré a realizar una asignación a la biblioteca.- comentó la castaña recordando que tenía que realizar un ensayo.

- Podría acompañarte, también iba para allá.- comentó el rubio, Hermione le miro dudosa, pero luego simplemente se encogió de hombros. Le daba igual si el rubio le acompañaba.

- ¿No te importa que te vean conmigo?- cuestionó la castaña arrugando el entrecejo.

- No me verá nadie, no creo que muchos vayan hoy para la biblioteca.- dijo Draco encogiéndose de hombros mientras comenzaban a caminar. Hermione no pudo evitar estudiarle con sus ojos color miel, Draco estaba hablando sobre el suceso con Longbotton en la clase de defensa contra las artes oscuras mientras la castaña le observaba.

Jamás había sido consciente de cuán pálido era el rubio. Ni de lo hermoso que era su cabello platinado...aunque se negaba a admitírselo así misma. Por primera vez, fue consciente de que tenía unos finos pero llamativos labios... se detuvo un segundo a observarlos pero se reprendió así misma aterrada. El olor de la amortentia se hacía más fuerte a medida que caminaba. "¡Debe ser un error! ¡Él no me gusta!" Se gritaba mentalmente Hermione.

- Entonces se preparó para realizar el hechizo y lo único que salió de su varita fue un montón de líquido pegajoso que me cubrió por completo.- terminaba Draco su narración mientras se dejaba caer en la silla junto a Hermy y sacaba dos libros.

-Quería realizar ese hechizo.- se lamentó la castaña, ya que tuvo que abandonar el aula de clases antes de poder si quiera intentarlo.

- Te pusiste brava hoy. ¿Qué te hizo Pansy?- le preguntó el ojigris.

- Nada en realidad, lo de siempre. Estaba un poco susceptible hoy...no ha sido mi mejor día.- aceptó la leona.

- Espero que el día este mejorando.- comentó el rubio comenzando a trazar algunas líneas en sus pergaminos. Hermione lanzó una mirada a lo que escribía, comprobando que le gustaba la letra del hurón.

- Debo admitir que venir a la biblioteca siempre arregla todo...- aceptó Hermione sacando sus cosas.

-Y aún más estar conmigo.- añadió el rubio orgullosamente.

- Si quieres creer eso...- susurró la leona.

- Si quieres niegalo...soy lo que toda chica quisiera tener.- se pavoneo nuevamente el rubio platinado.

- No empieces.- le advirtió Hermione.

- No haré comentarios.- susurró Draco, como si hiciese una tregua momentáneamente.

Ese día, por primera vez, pudieron estar juntos sin discutir. Apenas hablaron, era cierto, pero las veces que hablaron no se lanzaron indirectas ni comentarios dañinos. Parecían, no amigos, porque nadie podría verles como amigos, pero si conocidos que se llevaban de maravilla. Ese era el motivo por el cual, dos semanas luego, Hermione no comprendía porque estaba enojada.

Caminaba rumbo al gran comedor con las mejillas rojas de enojo y no llegaba a comprender porque. Había bajado muy temprano a la sala común Gryffindor, luego de una noche un poco intensa...ya que al parecer alguien aseguraba haber visto a un centauro rondando los pasillos de la biblioteca. Y al despertarse, encontró a Malfoy sentado con Parvati en la sala común de los leones. No tenía porque importarle. "¡Y no me importa!" Se repitió mentalmente la leona.

Lo que no podía negar era el calor que se extendió por todo su cuerpo ante aquella imagen. Ellos no estaban haciendo nada malo, solo dialogando. Pero la sonrisa seductora que cruzaba el rostro de Malfoy y la mirada intensa de Parvati: ocasionó que el estómago de la leona se revolviese dando a entender cuán desagradable le parecía la imagen.

- ¡Eso no me importa!- exclamó la leona a mitad de camino, el pasillo estaba desierto así que su grito retumbó ligeramente.

- ¿Qué no te importa, Mione?- le cuestionó Harry quien recién iba hacia el comedor. La castaña se giró espantada percatándose de que no estaba sola.

- Harry... ¿Puedo confiar en ti cierto?- interrogó Granger, necesitaba decirle a alguien.

- Claro, Mione, cuéntame.- respondió el pelinegro.

- Estoy aterrada...- reconoció la castaña, Harry le miro intrigado y preocupado.

- ¿Qué ocurre?- interrogó el pelinegro.

- Es que...estoy sintiendo cosas extrañas por alguien.- explicó la castaña.

- ¿Te gusta alguien?- cuestionó el azabache sorprendido, pero emocionado.

-¡No!- se apresuró a negar Hermione; Harry le miro confundido.

- ¿Entonces?

- Él no me gusta, ni siquiera me parece atractivo, pero...cuando le veo con otra...se me revuelve el estomago.- explicó la leona preocupada.

- ¿Segura que no te gusta?- interrogó el azabache elevando una ceja.

- Estoy segura, él jamás podría gustarme.- declaró la leona convencida.

- No se que decirte, Mione. A mí se me revuelve el estómago cuando veo a Cormac cerca de Gin.- dijo el azabache encogiéndose de hombros.

- Olvidado, quizás son cosas mías. Probablemente, solo se me revolvió el estómago por el hambre.- sentenció Hermione.

- ¿De quién hablábamos?- interrogó el pelinegro.

- De nadie...- dijo Hermy evasivamente.

- Vale, si no te gusta, no es importante.- sentenció Harry mientras apresuraban sus pasos para entrar al gran salón

Contianuara...